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RIVAR (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-4994

RIVAR (Santiago) vol.9 no.25 Santiago ene. 2022

http://dx.doi.org/10.35588/rivar.v9i25.5147 

Artículos

Evidencias de la comunicación trasandina prehispánica en la quebrada de Agua Negra

Evidence of Pre-Hispanic Trans-Andean Communication in the Agua Negra Ravine

*Universidad Nacional de San Juan y CONICET, San Juan, Argentina, alegarcia@unsj.edu.ar

Resumen

En la zona central andina de Argentina y Chile los contactos entre poblaciones indígenas de ambas vertientes fueron relativamente frecuentes desde el Pleistoceno final. Una de las principales vías de comunicación fue la que actualmente coincide con el tramo occidental del Corredor Bioceánico que une Porto Alegre con Coquimbo. A fin de contribuir al conocimiento de esos vínculos, el presente artículo ofrece un panorama general de las evidencias arqueológicas del sector argentino resultantes de esos contactos, junto a una descripción de las representaciones rupestres que señalan la significación de la quebrada de Agua Negra en ese proceso.

Palabras clave: arte rupestre; caravanas de llamas; contactos trasandinos; San Juan

Abstract

In the central Andean zone of Argentina and Chile, contacts between the indigenous populations of both sides were relatively frequent since the late Pleistocene. One of the main communication routes currently coincides with the western section of the Bioceanic Corridor that connects Porto Alegre with Coquimbo. To contribute to the knowledge of these links, this article offers a general overview of the archaeological evidence of the Argentine sector resulting from these contacts and a description of the rock art that indicates the significance of the Agua Negra ravine in this process.

Keywords: rock art; llama caravans; trans-Andean contacts; San Juan

Introducción

El tramo final del Corredor Bioceánico proyectado para unir las ciudades de Porto Alegre (Brasil) y Coquimbo (Chile) sigue el curso de las quebradas de Agua Negra en Argentina y del río Elqui, en las vertientes oriental y occidental de los Andes, respectivamente (Figura 1). El valle del Elqui constituyó uno de los territorios principales del poblamiento humano del Norte Chico chileno, y su desarrollo en tiempos prehispánicos, desde la transición Pleistoceno-Holoceno hasta el Holoceno tardío, viene siendo reconstruido desde hace casi un siglo a través del estudio de un conjunto de importantes sitios arqueológicos. El panorama cultural resultante ha sido resumido en diversas obras (e.g., Ampuero Brito, 1978, 1989, 2007, 2012; Museo Chileno de Arte Precolombino, 2016; Troncoso et al., 2016), lo que exime su tratamiento en este trabajo. En contraste, los recursos arqueológicos de la quebrada de Agua Negra solo recientemente han comenzado a ser investigados (García, 2013). Esta quebrada tiene cerca de 45 km en el sector cordillerano y es la única vía de conexión binacional actualmente transitable con automotores en el territorio provincial. Dadas sus características geográficas, su relativamente fácil transitabilidad a pie o con animales, antes de la construcción de la actual carretera, permite vislumbrar su importancia para los vínculos interétnicos de las sociedades nativas prehispánicas.

Dado que tales contactos trasandinos se insertan en un marco de referencia de mayor escala, en este trabajo se ofrece una revisión general de las evidencias correspondientes descubiertas en los Andes Centrales Argentino-Chilenos (entre ca. 28° y 36° 30’ Sur). Asimismo, a fin de contribuir al conocimiento específico del patrimonio arqueológico de la quebrada de Agua Negra y a su eventual integración a planes de manejo de diversa índole y escala, se describen y analizan sucintamente los principales sitios arqueológicos recientemente registrados en este espacio.

Fuente: elaborado por el autor a partir de una imagen extraída de Yamdex. Source: prepared by the author from an image extracted from Yamdex.

Figura 1 Ubicación del tramo final del Corredor Bioceánico Figure 1. Location of the final section of the Bioceanic Corridor 

Antecedentes regionales

El inicio de la comunicación transcordillerana en los Andes Centrales Argentino-Chilenos podría remontarse a la transición Pleistoceno-Holoceno (García et al., 1999). El registro cultural más antiguo descubierto a ambos lados de la cordillera está constituido por las puntas denominadas “colas de pescado”. Ese tipo de artefactos ha sido hallado al sur de Santiago, en el área de la antigua laguna de Tagua Tagua (Kaltwaser et al., 1986; Núñez et al., 1994), en el norte de Mendoza ―sitio La Crucesita― (Schobinger, 1971a) y en el sur de Mendoza (Lagiglia, 2002). De acuerdo con los fechados disponibles, las ocupaciones que contienen estos artefactos tendrían una antigüedad de ca. 11.000-10.000 años C14 AP.

Desde esa época y hasta ca. 8.500-7.000 años C14 AP se utilizaron tanto en la costa y quebradas occidentales como en los valles interandinos argentinos conjuntos artefactuales que comparten la presencia de puntas triangulares pedunculadas o lanceoladas de similar diseño (Schobinger, 1971b; Gambier, 1974, 1985, 1991; Bárcena, 1982; García, 1990, 2004; Llagostera et al., 1997; Weisner et al., 1997; Jackson, 1997). Estos conjuntos han sido denominados San Pedro Viejo de Pichasca y Huentelauquén en Chile (Jackson, 1997) y Fortuna en Argentina (Gambier, 1974). Dicho tipo de registros aparece además en numerosos sitios de San Juan y Mendoza, como La Colorada de la Fortuna, Cerro Valdivia, Estación Uspallata Oeste, Cruz del Paramillo, cercanías de la Ciénaga de Yalguaraz, margen derecha del Arroyo del Tigre, terraza superior del Arroyo del Chiquero y margen derecha del Arroyo Tambillos, Los Medanitos-Sitio Sur, El Manzano, Yacimiento Peladero, Yacimiento del Túmulo, Cuevas de Guemán y Gruta El Manzano (García, 2005). En algunos sitios orientales (Los Morrillos) también se han encontrado fragmentos o artefactos de valvas de moluscos del Pacífico (Gambier, 1974, 1985).

Recientes hallazgos en la zona limítrofe entre San Juan y el Norte Chico revelaron ocupaciones de unos 9.000 años C14 AP (Cortegoso et al., 2012), probablemente vinculadas con el tránsito entre ambos sectores. Más al sur, en las excavaciones de Los Morrillos de Ansilta, aparecieron en ocupaciones del Holoceno medio (8.000-4.000 años C14 AP) algunos elementos provenientes de la vertiente occidental andina, como fragmentos de caña coligüe, cuentas de collar realizadas en valvas marinas y caracoles marinos (26 de estos forman una muñequera); otros materiales cuya procedencia no se ha consignado también podrían provenir del territorio chileno (lascas y puntas de obsidiana y un fragmento de malaquita). Finalmente, también se han hallado varias piedras horadadas en forma de anillo similares a las encontradas en varios sitios chilenos, como Taguatagua, Cuchipuy, la Herradura y Las Cenizas, microinstrumentos similares a los de La Fundición, Punta Teatinos, Guanaqueros, La Herradura y Altos de Vilches; instrumentos manchados de color rojo, como sucede en La Herradura, San Pedro Viejo de Pichasca, La Fundición, Las Ventanas, Las Cenizas y Altos de Vilches, y morteritos múltiples similares a los de sitios chilenos entre 30 y 39° S (Gambier, 1985: 149-156).

Las vinculaciones trasandinas también se han constatado para el Holoceno tardío. Gambier vinculó las ocupaciones a la Cultura de Ansilta (ca. 3.800-2.000 años C14 AP) con grupos de la costa del norte de Chile, del valle del Encanto (Ovalle) y de varios sectores de la provincia de Coquimbo (Gambier, 1977: 5-6). El registro “Ansilta” incluye cuentas de collar realizadas en conchillas marinas y elementos de funebria y textilería con características similares a las observadas en sitios de Chile (Gambier, 1977: 112, 134; Michieli, 1977: 169).

De manera similar, Lagiglia (1968: 166-169) estimó que la presencia de Olivia peruviana y de ciertas características de la funebria permitía relacionar los grupos asentados en el centro sur de Mendoza (sitio Gruta del Indio) con los de la costa peruana y chilena, durante el periodo denominado Atuel III (ca. 3.800 años C14 AP).

Para momentos más recientes, se observaron estrechas asociaciones entre algunos elementos del centro-norte de Chile que forman parte del registro típico de la Cultura El Molle, junto a otros hallados en sitios argentinos. En la provincia de San Juan estos artefactos corresponden a la denominada Fase Punta del Barro de los valles de Iglesia y Calingasta (ca. 2.000-1.500 años C14 AP) y entre ellos destacan las pipas en “T” invertida, las cuentas de collar de valvas marinas, las puntas de proyectil pedunculadas con aletas y el acabado de superficie (no las formas) de la cerámica gris/negra pulida y rojo pulida (Gambier, 1988). También en los valles interandinos se han constatado estas semejanzas, fundamentalmente en el Yacimiento Guillermo del río Sombrero. Allí se identificaron dos sitios de habitación y un cementerio que brindaron varios elementos “Molle” (Michieli y Gambier, 1998:39): valvas de loco (Concholepas concholepas) utilizadas como recipientes, pipas de cerámica en forma de “T” invertida, cerámica y cuentas de collar en forma de barrilito (Gambier, 1979). Tales registros han sido datados entre 900 y 1.030 años C14 AP.

Las relaciones con “El Molle” también se han observado en la provincia de Mendoza. En el sitio Potrero El Canal (Valle de Uspallata), constituido por una serie de túmulos funerarios con ajuares, se hallaron dos vasijas pequeñas pulidas con doble asa (Rusconi, 1962; Lagiglia, 1979), una de ellas con incisiones dispuestas en guardas verticales. Más confiables son las comparaciones con los materiales del ajuar del enterratorio de Uspallata-Usina-Sur (Schobinger, 1976). Aquí se encontraron un vaso y una fuente de piedra, un tembetá alargado y una pipa en forma de “T” invertida, además de algunas piezas metálicas y un conjunto de puntas de proyectil realizadas principalmente en obsidiana. En la precordillera se ha hallado cerámica con decoración similar a la Molle en la Cueva del Toro (García, 1988), en un nivel que ha sido fechado en 1230±70 C14 AP. En el sitio San Ignacio, ubicado en la localidad de Potrerillos, se halló un nivel de ocupación fechado en 1310±40 C14 AP (URU-0301) vinculado con cerámica “Agrelo” (sensuCanals Frau, 1956) y con fragmentos asignables al Complejo El Molle. En la cercana Cueva El Jagüelito se han hallado fragmentos de cerámica que parecen corresponder a piezas de la Tradición Llolleo del centro de Chile (Falabella y Stehberg, 1989). Se trata de cerámica pulida/bruñida con decoración de líneas finas grabadas en campos (Sacchero et al., 1988), presente en un componente datado hacia fines del primer milenio d.C. Además, en la llanura norte de Mendoza se han encontrado una vasija zoomorfa Molle con posible decoración en pintura negativa y un vaso rojo pulido (ambas piezas se encuentran en el Museo C. Rusconi de Maipú).

Hacia aproximadamente 1.000 años C14 AP se observan elementos similares a los de la Cultura Aconcagua en varios sitios cuyanos. En la Gruta del Río de los Patos, en el Alero del Río de los Indios, en la Colorada de la Fortuna, en las Tinajitas y en los Difuntos, sitios ubicados en el SO de la alta cordillera de San Juan, Michieli y Gambier (1998) han hallado registros culturales con cerámica Aconcagua salmón, Aconcagua rojo engobado y Aconcagua pardo alisado, valvas de molusco del Pacífico y puntas de proyectil semejantes a las de sitios Aconcagua de Chile.

Cerámica trasandina ha sido encontrada también en un importante asentamiento de altura ubicado en el centro-sur de Mendoza, denominado El Indígeno (Lagiglia, 1997). En este sitio, fechado entre 1470±60 y 980±90 C14 AP (Lagiglia et al., 1994; Neme, 2016), se hallaron numerosas estructuras habitacionales y fragmentos de cerámica Llolleo, Diaguita Chilena y Aconcagua (Falabella et al., 2001; Sanhueza et al., 2004). Esta última cerámica también ha sido hallada en el valle de Uspallata (Túmulo II de El Canal) y en el centro de Mendoza -sitios Arbolito I, Viluco, Rincón del Atuel y Puesto Valenzuela- (Lagiglia, 1979: 546-549; Morgan et al., 2017).

Michieli (2015) ha asociado con la vertiente chilena algunos restos cerámicos y valvas de moluscos del Pacífico hallados en el sitio Quebrada de las Máquinas-Confluencia y fechados en 790±50 años C14 AP, al igual que parte de la alfarería hallada en el sitio El Despunte (Michieli, 2008), en este caso fechada entre 1010±50 y 800±50 C14 AP. Asimismo, para el periodo comprendido entre 750 y 550 años C14 AP, la autora propuso relaciones entre diversos textiles hallados en el Departamento de Iglesia (correspondientes a la Cultura Angualasto) y los del Cementerio Coyo Oriental en San Pedro de Atacama (Michieli, 2001). Fundamentalmente señala en ambos sectores la presencia de camisetas con refuerzos decorativos en los extremos de la abertura para el cuello, y la aparición de este rasgo en los jarros patos de la cerámica diaguita chilena clásica y diaguita inca.

La relación con los grupos diaguitas chilenos también está dada por la aparición reiterada de cerámica diaguita chilena en sitios del centro-oeste argentino. Además de hallarse en algunos sitios del valle de Uspallata (tambos de Ranchillos, Tambillos y Tambillitos, Potrero La Chanchería) (Rusconi, 1956; Bárcena, 1998; Terraza y Bárcena, 2017); y del centro de Mendoza (Agua Amarga, Rincón del Atuel, Puesto del Álamo, Arbolito 1) (Lagiglia, 1979; Ots, 2008), la cerámica diaguita chilena se ha encontrado también en regiones tan alejadas como el departamento de Malargüe, en el sur de Mendoza (Puesto Galdame, Laguna Llancanelo, Campo El Trapal) (Lagiglia, 1979: 550-553). En el sitio Cortaderas la cerámica diaguita apareció en superficie junto con la “Viluco” (Sacchero y García, 1991) y en la precordillera del norte de Mendoza fue registrada en estratigrafía en el Alero Agua de la Cueva (Sacchero y García, 1989). En San Juan, esta cerámica ha sido hallada en varios tambos incaicos, fundamentalmente en el de Tocota (Berberián et al., 1981) y en torno a algunos sectores del Qhapaq Ñan (García, 2017; García y Rodríguez, 2020).

Finalmente, resulta notoria la presencia en varios sitios del centro de Chile de jarras similares a las del estilo Viluco del centro-norte de Mendoza, y también se ha llamado la atención entre las similitudes que presentan algunos motivos decorativos de las cerámicas Viluco y Aconcagua (García, 1992).

Si bien no es exhaustiva, la revisión anterior alcanza para percibir claramente la significación de las comunicaciones entre ambas vertientes en la zona central andina argentino-chilena. No obstante, en algunos sectores se dispone de poca información acerca de las vías de comunicación utilizadas, problema que se observa especialmente en el oeste de San Juan.

Las evidencias arqueológicas de Agua Negra

En el extremo norte sanjuanino existen diversos pasos que probablemente fueron utilizados al menos durante la dominación incaica, según sugiere la cantidad y distribución de sitios de ese periodo. Más al sur las travesías prehispánicas pudieron realizarse por varios pasos utilizados más tarde en época histórica, como los de la Deidad, de la Gloria, de Doña Rosa, etc. Para definir cuáles eran las vías preferidas en distintos momentos del pasado prehistórico del área es necesario intensificar la búsqueda de evidencias directamente asociadas a estos caminos. En algunos casos, como en los de Las Tórtolas y de la parte alta del río de las Taguas (Michieli, 2015; Cortegoso et al., 2012) los indicios están restringidos a sitios muy cercanos al límite, y no presentan continuidad en el sector argentino como para poder señalar claramente un camino hacia los asentamientos ubicados en los sectores bajos. La única excepción parece haber sido la quebrada de Agua Negra, vía que permitía articular directamente el valle del Elqui con el piedemonte cordillerano oriental y el valle de Iglesia.

Una de las particularidades del registro arqueológico de la quebrada de Agua Negra actualmente conocido es que está constituido principalmente por manifestaciones de arte rupestre. Los sitios correspondientes se ubican en el tramo cordillerano final de la quebrada, lo que puede deberse en parte a la falta de relevamientos en los sectores más altos y a la posible destrucción de evidencias localizadas en zonas afectadas durante la construcción de la actual ruta internacional.

Se trata de tres sectores que presentan diversos frentes con petroglifos, emplazados en quebradas transversales que desembocan en la de Agua Negra. Dos de ellos, denominados previamente Agua Negra 1 y 2 (AN1 y AN2) ya habían sido referidos en una publicación anterior (García, 2013), mientras que el tercero (Agua Negra 3) se informa por primera vez en este trabajo, junto con nuevos datos del primero.

Agua Negra 1

Agua Negra 1 (AN1) abarca una superficie aproximada de 4.000 m². Allí se observan restos de una estructura baja de forma subcircular y dos rocas aisladas y cinco sectores con varios frentes rocosos con petroglifos. La estructura, localizada en la parte alta de una loma, no ha sido excavada. En una de las rocas (Figura 2a) se observan trece camélidos erguidos, de perfil, cuerpo relleno, con las cuatro patas visibles, y las orejas y la cola bien marcadas. No se observan indicios de que se trate de animales domesticados, y aunque no puede desestimarse que se trate de llamas, el conjunto aparenta una manada con su correspondiente relincho. En la otra roca, que muestra algunas raspaduras realizadas con maquinaria pesada, se observan seis camélidos de perfil, similares a los anteriores, distribuidos en dos caras (Figura 2b).

Fuente: fotografías del autor. Source: personal record.

Figura 2 Bloques con camélidos de Agua Negra 1 Figure 2. Blocks with camelids of Agua Negra 1 

Cerca de estas rocas se encuentra un frente de granodiorita en el que se realizaron cuatro camélidos. Tres de ellos se ubican en un extremo, y están de perfil absoluto o casi absoluto (en uno se observan las dos orejas) (Figura 3a). La otra figura se ubica en el sector medio del frente rocoso y muestra la silueta de un solo animal, con las cuatro patas visibles.

Separado por una pequeña quebrada se encuentra otro conjunto de rocas con petroglifos. La mayoría se encuentra en diversos paneles localizados en tres sectores de un afloramiento de granodiorita. Se observan aquí 18 figuras de camélidos de perfil, representadas en perspectiva biangular (generalmente se observan las cuatro patas y las dos orejas). Uno de los animales se encuentra en una posición superior y presenta una pequeña figura en el lomo, probablemente una representación esquemática de una persona (Figura 3c).

En otro afloramiento cercano aparecen las figuras de dos camélidos y dos concentraciones de puntos que probablemente representan concentraciones de excrementos de estos animales. Un último sector expone por lo menos 17 figuras de camélidos. El panel principal muestra un grupo de ocho animales representados en perspectiva biangular, uno de los cuales está montado y es guiado con una rienda (Figura 3b).

Fuente: fotografías del autor. Source: personal record.

Figura 3 Representaciones de camélidos en afloramientos rocosos de Agua Negra 1 Figure 3. Representations of camelids on rocky outcrops of Agua Negra 1 

Agua Negra 2

El sitio más llamativo conocido en la quebrada (y el más afectado antrópicamente) es Agua Negra 2 (AN2). Está constituido por otro frente de granodioritas, ubicado en la ladera de una quebrada subsidiaria de la principal. El frente presenta dos partes principales, una situada en una posición superior y otra en una inferior (Figura 4a).

En la parte superior se ha representado una caravana de llamas (Figura 4b). Es una escena con 22 animales distribuidos en cuatro niveles verticales contiguos, realizados en perspectiva biangular, con las cuatro patas visibles. Seis de los animales están montados y los jinetes están representados esquemáticamente, con bultos verticales alargados.

En la parte inferior sobresalen varios conjuntos de representaciones indígenas, en gran medida afectados por inscripciones o rayones modernos. Uno muestra un grupo de cuatro camélidos de perfil no absoluto, uno de los cuales parece ser una hembra preñada y atada a un palo o tronco (Figura 4a, abajo a la izquierda). A la izquierda y debajo de las figuras zoomorfas se observa una línea ondulada inclinada, realizada con marcas finas y cortas discontinuas, que parecería ser la representación de una senda.

Fuente: fotografías del autor. Source: personal record.

Figura 4 a. Vista general de AN2, con la ubicación de los sectores con petroglifos; b. Caravana de llamas de la parte superior de Agua Negra 2 Figure 4. a. General view of AN2, with the location of the sectors with petroglyphs; b. Caravan of llamas from the top of Agua Negra 2 

Fuente: fotografías del autor. Source: personal record.

Figura 5 Principales paneles de la parte inferior de Agua Negra 2 Figure 5. Main bottom panels of Agua Negra 2 

A continuación del anterior, la misma roca (Figura 4a y Figura 5a) presenta un frente dividido por dos fracturas longitudinales. En el tercio superior aparecen quince camélidos de perfil. Cuatro de ellos están montados y otro está atado a un poste o palo. En la parte inferior se observa un conjunto de diez camélidos, con uno de ellos atado en una de sus patas.

Dos rocas ubicadas cerca de la anterior muestran escenas vinculadas con caravanas de llamas. En una de ellas aparecen diez camélidos de perfil no absoluto, orientados preferentemente hacia la derecha, en actitud de movimiento. El segundo animal de la fila está montado y el jinete presenta los brazos abiertos. Cerca de los camélidos se observan algunas agrupaciones de puntos, un ñandú, dos semicircunferencias abiertas hacia la izquierda y un círculo.

En la cara frontal de la otra roca se observan once camélidos enteros y la parte posterior de otro (por fractura de la roca) (Figura 5b). Uno, ubicado en el extremo inicial y enfrentado a la fila de animales, está montado; la figura antropomorfa parece sostener una soga atada a la cabeza de animal. Debajo del anterior, otro camélido parece mostrar una soga que cae hacia el suelo. Otros dos animales de la fila también están montados y uno de los jinetes tiene sus brazos en cruz. En un plano inferior se observan cuatro camélidos de perfil no absoluto, el primero de ellos montado por una persona con los brazos en cruz. El animal ubicado detrás tiene una pata delantera aparentemente atada a un poste.

Agua Negra 3

El tercer sitio, al cual se accedió gracias a las indicaciones de dos agentes de Gendarmería Nacional Argentina, se encuentra en otra quebrada transversal ubicada entre Agua Negra 1 y 2. Presenta tres grandes frentes con representaciones de llamas. El más importante es una gran pared surcada por grietas en el que pueden reconocerse cuatro agrupaciones principales de animales de cuerpos delgados a normales; se observan aproximadamente 150 camélidos, todos representados en perspectiva biangular. Matizan el conjunto cuatro representaciones de ñandúes y un aparente sector con deyecciones. En el conjunto del sector izquierdo se observan tres animales montados, un camélido con un antropomorfo parado junto a él y otro con una especie de rienda atada a un poste (Figura 6a). En el extremo superior se observa claramente una fila de animales que están subiendo por un sendero marcado con una línea continua (Figura 6b). Un grupo situado a la derecha del frente muestra un total de 48 animales muy delgados o delgados en perspectiva biangular (Figura 6c). En el centro se observa un camélido montado cerca del anca y guiado por una rienda; a su derecha, un antropomorfo está parado sobre la senda por la que transitan los animales.

A la derecha y a unos tres metros por encima de la pared principal, otro frente muestra nueve camélidos ascendiendo en zigzag una ladera (Figura 7a). Todos presentan cuerpos delgados o muy delgados y están en perspectiva biangular. Otra figura parece representar un camélido echado, descansando. Si bien no están montados o atados, están próximos los anteriores y su diseño es similar, por lo cual se considera que se trata de llamas. Finalmente, en una pared cercana se observan nueve camélidos a distinta altura, que dan la misma sensación de ascenso por una ladera (Figura 7b).

Fuente: fotografías del autor. Source: personal record.

Figura 6 Representaciones rupestres del frente principal de Agua Negra 3. Obsérvese en b. cómo los animales suben por una senda marcada en la escena Figura 6. Cave representations of the main front ofAgua Negra 3. Observe in b. how the animals climb a marked path in the scene 

Fuente: fotografías del autor. Source: personal record.

Figura 7 Otras agrupaciones de camélidos en Agua Negra 3 Figura 7. Other groups of camelids in Agua Negra 3 

Discusión

Los tres sitios consignados ofrecen un extraordinario registro vinculado con la comunicación trasandina. En este caso no se trata de las materialidades más frecuentes (vasijas de cerámica, artefactos líticos, textiles, etc.) sino de la reiterada representación gráfica de los viajes a través de la quebrada, desde y hacia el valle del Elqui.

Uno de los aspectos más llamativos es que casi la totalidad de las figuras están vinculadas con escenas que reflejan actividades de manejo de llamas y caravaneo (animales en fila, a veces transitando sobre sendas marcadas con líneas sinuosas, montados o atados a postes). Las restantes generalmente parecen matizar las escenas (posibles deyecciones de los animales, aparición de ñandúes, etc.), con la excepción de escasos motivos geométricos cuyo significado desconocemos (una circunferencia y algunas líneas curvas). La cantidad de representaciones de camélidos es elocuente: 65 en AN1, 85 en AN2 y más de 170 en AN3; en conjunto, el agrupamiento más grande conocido en San Juan, con el significativo agregado de la restricción temática.

Por un lado, esta exclusividad indica la posible ausencia de otras actividades significativas en el sector (por ejemplo, rituales, o de cacería); por el otro, resalta la gran importancia asignada a las acciones graficadas. De hecho, es probable que gran parte de los intercambios de productos entre grupos del Norte Chico y del valle de Iglesia se haya materializado a través de las caravanas que pasaban por la quebrada de Agua Negra. Al respecto, si bien es cierto que no se han registrado hasta el momento conjuntos materiales foráneos asociados a esta vía de comunicación, esto podría deberse en gran medida a la falta de estudios. De hecho, tales evidencias podrían hallarse, por ejemplo, en la parte pedemontana baja aledaña a la quebrada, en la zona del sitio El Jarillal (García, 2013), donde hay noticias de tumbas saqueadas hace algunas décadas y que aún no cuenta con investigaciones posteriores.

La cronología de estas manifestaciones rupestres es difícil de estimar, debido a la falta de asociación con otros tipos de materiales arqueológicos diagnósticos y a que todavía no se han establecido secuencias estilísticas para camélidos en San Juan. Sin embargo, existen algunos indicios que permiten comenzar a avanzar en el tema. En primer lugar, se ha propuesto (García, 2018) que en la región las representaciones de camélidos en el periodo incaico se realizaban de perfil absoluto, con diseños ortogonales y con la diferenciación de las pezuñas (de manera similar a las estatuillas de llamas). Por lo tanto, la iconografía descripta correspondería a momentos anteriores a la anexión estatal del área, lo que no excluye la posibilidad de que manifestaciones rupestres de este periodo puedan haberse ejecutado en localidades aledañas a la quebrada principal aún no descubiertas. Otro dato a considerar es la escasa visibilidad de algunos paneles con petroglifos (fundamentalmente uno de Agua Negra 2, Figura 5b), lo que podría indicar una mayor antigüedad. No obstante, esto puede deberse en parte a las características diferenciales de los soportes, y no constituir un factor importante de variabilidad interna. En este sentido, se observa una gran uniformidad en la ejecución de los diseños (generalmente en perspectiva biangular, con cuerpos lineales o rellenos), si bien esa homogeneidad estilística no supone automáticamente un periodo breve de realización. Un elemento que puede contribuir a establecer la antigüedad máxima aproximada de los sitios descriptos es la cronología asignada a la aparición de llamas en San Juan. Si bien esta no es precisa, las evidencias más claras y abundantes sobre la presencia de camélidos domesticados en la provincia dataría de mediados del primer milenio a.C. Al respecto, el fechado más temprano para esos registros proviene de una capa de estiércol de llama en un basurero del sitio Punta del Barro, datada en 2270±120 C14 AP (Gak-8832) (Gambier, 1988: 56, 123). Por lo tanto, es muy probable que el arte rupestre de Agua Negra evoque caravanas que pasaron por el lugar en distintas ocasiones durante los 2.000 o 1.500 años previos a la dominación incaica regional (que quizá comenzó a mediados del siglo XV) (García, 2021; García et al., 2021).

En lo concerniente a la gestión de los bienes arqueológicos de la quebrada, se observa una situación compleja. Por un lado, los sitios aquí analizados ofrecen la posibilidad cierta de aprovechamiento turístico, directamente relacionado con el tránsito binacional. Desde este punto de vista, los petroglifos de Agua Negra constituyen un recurso fundamental para la gestión cultural de la zona. Sin embargo, por otro lado, está comprobado que en San Juan el grado de alteración de los sitios con arte rupestre está vinculado directamente con la facilidad de acceso a los mismos (García, 2013, 2020), lo que se observa con claridad al comparar los conocidos (y afectados) petroglifos de Agua Negra 1 con los hasta ahora ignorados e intactos de Agua Negra 3. Por lo tanto, su socialización requiere indefectiblemente la puesta en marcha de ciertos procedimientos que garanticen un manejo controlado y sustentable de estos bienes, de lo cual no existen antecedentes en la provincia de San Juan. En este sentido, será necesario profundizar el estudio arqueológico de la zona y elaborar e implementar planes específicos de manejo de cada sitio, lo que supone un desafío para ensayar nuevas vías y estrategias de protección, estudio y gestión del patrimonio arqueológico, comenzando con la ineludible búsqueda de asesoramiento de arqueólogos profesionales.

Consideraciones finales

Las manifestaciones rupestres de Agua Negra son un reflejo de la importante comunicación mantenida entre el valle del Elqui y el oeste de San Juan a través de caravanas de llamas. Naturalmente, las relaciones entre ambas vertientes existieron mucho antes de la utilización de animales domesticados en la región, aunque llamativamente esos vínculos no quedaron plasmados en el arte rupestre local. El registro arqueológico descripto ofrece la oportunidad de realzar esos lazos mediante una gestión criteriosa y responsable de los sitios involucrados. En este sentido, constituye un recurso significativo que puede contribuir a la creación de nuevas propuestas de turismo cultural y a la aparición de estaciones intermedias en el sector cordillerano del corredor. Tales instancias podrían asimismo incorporar otras materialidades arqueológicas relevantes, cercanas al corredor, como los sistemas de canalización prehispánica aledaños al río Blanco-Jáchal, los restos de asentamientos aldeanos tardíos (como el poblado de Angualasto) y algunos tramos de la vialidad incaica que atravesaba los valles preandinos del oeste sanjuanino.

A tal efecto, urge incentivar el estudio de estos recursos, la búsqueda de otros (tanto naturales como culturales), la evaluación de su posible gestión sustentable y la promoción de instancias de diálogo regionales y binacionales que permitan por un lado la concreción de alternativas específicas para su articulación y aprovechamiento a nivel local y, por el otro, su posterior coordinación con emprendimientos similares en el sector chileno.

Agradecimientos

Agradezco al Sgto. Villalba y al Mayor Julio Aballay (Gendarmería Nacional) los datos que permitieron la localización de Agua Negra 3, y a Eduardo Martínez Carretero, Carlota López y Susana Carrizo por su colaboración en las tareas de relevamiento.

Bibliografía

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Recibido: 20 de Septiembre de 2021; Aprobado: 26 de Noviembre de 2021

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