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RIVAR (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-4994

RIVAR (Santiago) vol.9 no.25 Santiago ene. 2022

http://dx.doi.org/10.35588/rivar.v9i25.5434 

Artículos

Trayectoria socioproductiva, estructura empresarial, tendencias y desafíos del Torrontés Riojano

Socio-Productive Trajectory, Entrepreneurial Structure, Trends and Challenges of the Torrontes Riojano

*Universidad Nacional de Chilecito, Chilecito, Argentina, gabriel_gepl@live.com

**Universidad Nacional de Chilecito, Chilecito, Argentina, marilynestefanid@gmail.com

***Universidad Nacional de General Sarmiento, Buenos Aires, Argentina, sonia.filipetto@gmail.com

****Universidad Nacional de Chilecito, Chilecito, Argentina, gstarobinsky@gmail.com

*****Universidad Nacional de General Sarmiento y Universidad Nacional de Chilecito, Buenos Aires, Argentina, gonzalo.manolo@gmail.com

Resumen

El Torrontés Riojano se ha convertido en una variedad emblemática del sector vitivinícola de la provincia de La Rioja, Argentina, tanto por su relevancia productiva como por su raigambre cultural. Hoy el Torrontés Riojano constituye la única variedad autóctona de la Argentina, siendo reconocido en el mundo como un emblema del vino blanco nacional. No obstante, la cepa enfrenta una multiplicidad de desafíos por su contexto nacional e internacional, al tiempo que no existe suficiente literatura que registre y analice su desarrollo socioproductivo en la provincia de La Rioja. En este contexto, el propósito del presente trabajo es reseñar y analizar la emergencia y la trayectoria de la cepa Torrontés Riojano, abordando las principales características productivas, empresariales y tendencias de su producción en la provincia de La Rioja. Para ello, se trabaja con información documental, fuentes históricas, con el registro de archivos y se utilizan estadísticas nacionales, para finalmente plantear ciertos desafíos futuros.

Palabras clave: Torrontés Riojano; La Rioja; Argentina

Abstract

The Torrontes Riojano has become an emblematic variety of the wine sector in the province of La Rioja, Argentina, both because of its productive relevance and its cultural roots. The Torrontes Riojano constitutes the only autochthonous variety of Argentina is worldwide recognized as an emblem of Argentine white wine. However, the strain faces a multiplicity of challenges given by the national and international context, while there is not enough literature that records and analyzes its socio-productive development for the province of La Rioja. In this context, the purpose of this work is to review and analyze the emergence and trajectory of the Torrontes Riojano strain, addressing its main productive and entrepreneurial features and trends of production for the province of La Rioja. In doing so, we work with documentary information, historical sources, and national statistics. Finally, some future challenges are introduced.

Keywords: Torrontes Riojano; La Rioja; Argentina

Introducción

La vid es introducida al continente americano en el siglo XVI por los colonos españoles. En el actual territorio argentino, las favorables condiciones agroecológicas posibilitaron su difusión principalmente en las regiones de Cuyo y Noroeste. La convivencia de distintas cepas promovió el surgimiento de nuevas variedades híbridas, como el Torrontés Riojano, resultado del entrecruce entre la Moscatel de Alejandría y la Criolla Chica. A partir de su evolución histórica, el Torrontés Riojano se ha convertido en una variedad emblemática del sector vitivinícola de la provincia de La Rioja, Argentina, tanto por su relevancia productiva como por su raigambre cultural.

En la actualidad, el Torrontés Riojano constituye la única variedad autóctona de la Argentina y es reconocido en el mundo como un emblema del vino blanco nacional. La cepa destaca en Argentina por su mayor aptitud para vinificar, encontrándose mayoritariamente en las provincias de Mendoza y La Rioja. En La Rioja, la variedad representa el 27% del área cultivada de vid y el 33% de la producción de uvas (INV, 2019; Lacoste et al., 2016). No obstante, el Torrontés Riojano enfrenta una multiplicidad de desafíos: en los últimos años su producción ha descendido, su participación en las exportaciones argentinas es reducida, enfrenta la competencia de otras cepas y bebidas alcohólicas a nivel nacional, etc.

Entre la literatura especializada, un conjunto de trabajos resalta las reivindicaciones locales por parte de grupos de vitivinicultores de variedades coloniales y criollas, desde la Uva País a la Torrontés Riojano (Agüero et al., 2003; Lacoste, 2010). Otros estudios se han abocado a las particularidades y el potencial enológico del Torrontés (Gutiérrez Gamboa et al., 2020). Sin embargo, el caso de la provincia de La Rioja no ha sido abordado en profundidad, en contraposición, por ejemplo, a las provincias de Salta (Rainer, 2016) y Mendoza (Elías et al., 2019). Tampoco se ha indagado sobre los desafíos y las oportunidades que enfrenta la provincia y sus actores empresariales de cara al futuro.

Dada esta área de vacancia, el propósito del presente trabajo es reseñar y analizar la emergencia y trayectoria de la cepa Torrontés Riojano, abordando particularmente las principales características productivas y empresariales y tendencias para su producción en la provincia de La Rioja. Consecuentemente, se plantean ciertos desafíos futuros dado el actual contexto vitivinícola nacional y global. Para ello, se lleva a cabo una triangulación entre metodologías cualitativas y cuantitativas, a partir de un enfoque histórico-evolutivo del Torrontés Riojano, de las firmas y del sector vitivinícola provincial. Trabajamos con información documental, fuentes históricas y con el registro de archivos. Asimismo, se utilizan estadísticas nacionales. Cabe destacar que, para la provincia de La Rioja, se trata de información poco sistematizada y documentada y, en algunos casos, exigua.

Luego de esta introducción, el trabajo cuenta con cuatro secciones. En la sección que sigue contextualizamos la difusión y evolución de la variedad Torrontés Riojano en la provincia de La Rioja. A continuación, se esbozan las principales transformaciones del sector vitivinícola y su estructura empresarial en La Rioja, para posteriormente presentar las tendencias actuales del Torrontés Riojano en la vitivinicultura argentina y provincial, y concluir reflexionando sobre los desafíos futuros.

Emergencia y evolución del Torrontés en La Rioja, Argentina

La introducción de la vid al continente americano se remonta al siglo XVI en el marco de la conquista española. Si bien existían en el continente variedades de vides silvestres, las primeras viníferas fueron introducidas por los españoles al Virreinato del Alto Perú y de allí se expandieron al Reino de Chile1 hacia 1551. En el actual territorio argentino las primeras vides se establecieron a mediados del siglo XVI, donde las condiciones climáticas y geográficas presentes en determinadas regiones tuvieron un papel central en la difusión de la vitivinicultura. Específicamente, en 1591 Juan Ramírez de Velasco introdujo la primera vid en la actual provincia de La Rioja (Griguol, 2002).

A principios del siglo XVII, los cultivares de vides junto con la elaboración y comercialización de vinos y sus derivados a escala artesanal ya proliferaban en las regiones correspondientes a las actuales provincias de Mendoza, San Juan y La Rioja. Perteneciendo estas regiones al Virreinato del Alto Perú la producción de vinos y aguardientes se encontraba en manos del Imperio Español, el cual desarrolló rutas de comercialización por todo el subcontinente americano, conectando así las zonas ubicadas al este de la Cordillera de Los Andes (Lacoste et al., 2016; Lacoste, 2010). En ese sentido, la figura del arriero ocupaba un papel central en el enlace de las áreas productivas con los mercados, asegurando así un flujo continuo de las mercancías intercambiadas (Lacoste et al., 2016).

La creciente demanda interna de vinos2 estimuló la especialización y mejora de las cadenas productivas artesanales y promovió la introducción de nuevas cepas. Las principales variedades implantadas correspondían a viduños procedentes de Europa que adquirieron características particulares en la región. Entre ellas destacaron la variedad Cereza, la Criolla Chica, la Criolla Grande Sanjuanina y la Moscatel Rosada Mendocina. La Criolla Chica ―también conocida como Listán Prieto―, variedad originaria de las Islas Canarias y una de las primeras en ser introducidas a la actual Argentina, fue el cepaje dominante durante todo el periodo colonial dado que logró una notable adaptación al clima y a las propiedades edafológicas del suelo. Con relación a las variedades blancas, los conquistadores españoles adaptaron localmente la cepa Moscatel de Alejandría, que rápidamente se expandió por el continente americano (Lacoste et al., 2016).

Las misiones jesuitas arribadas a la región de la actual Mendoza contribuyeron a la proliferación de dicha variedad, como así también de la Moscatel Blanca, Negra y Rosada, hacia comienzos del siglo XVIII. De allí, la variedad se propagó por diversas regiones del sur de América de la mano de los arrieros, figura encargada de diseminar la variedad Moscatel de Alejandría y de llevarla a lugares en donde esta convivió con la variedad Criolla Chica. Las características heterocigóticas de la vid permitieron, a partir de la convivencia de diversas cepas, el surgimiento de nuevas variedades híbridas. Tal es el caso del entrecruce entre la Moscatel de Alejandría y la Criolla Chica, que derivó en un nuevo varietal que más tarde se identificaría como Torrontés Riojano (Lacoste, 2010).

En sus primeros tiempos, este cepaje convivió y prosperó con otros sin que los productores lograran percibir su diferencia. Si bien no se conoce con certeza el lugar de origen del Torrontés Riojano, se estima que su desarrollo ocurrió hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX en el territorio de la provincia de Mendoza. En un estudio comparativo realizado por Hudson (1867), se consideró a la cepa local análoga a la variedad riojana-española “Turrontel” (o Torrontés). De allí su nombre, Torrontés Riojano, en referencia a su contraparte europea (Lacoste et al., 2016; Griguol, 2002). Aproximadamente durante 150 años, las variedades Torrontés Riojano “argentino” y “español” fueron consideradas idénticas. Tal como señala Lacoste (2010), equívocamente Hudson (1867) denomina Torrontés a una cepa muy distinta a la cultivada en el terruño español, aun reconociendo que la uva argentina presentaba una percepción organoléptica bien marcada y diferente a la variedad con la que se la asociaba. La distinción entre las diferencias de las vides desarrolladas localmente y las provenientes del Viejo Mundo fueron identificadas recién en el siglo XX, en la investigación ampelográfica realizada por Alcalde (1989).

En paralelo a esta problemática, la difusión de los cultivos por distintas zonas de Argentina dio origen a diversas cepas, como el Torrontés Sanjuanino y Mendocino, también disimiles entre sí (Lacoste, 2010). Sin embargo, el Torrontés Riojano es considerado como el primer cepaje autóctono de la Argentina. Es una variedad de altísima calidad enológica y una de las cepas insignias de los vinos blancos de la actual República Argentina (Lacoste, 2010), que presenta características organolépticas únicas de gran caudal aromático, floral y herbáceo. Su color más habitual es el amarillo pálido con leves destellos verdosos. En boca, algunos lo definen como un vino rústico, fresco y versátil (Griguol, 2002).

Difusión de la vitivinicultura en La Rioja

La provincia de La Rioja, ubicada en el noroeste argentino, es una de las regiones vitivinícolas más importantes y de tradición del país. Su extensión ocupa 89.680 km2, poco más del 3% del territorio nacional. La provincia se encuentra atravesada de norte a sur por los sistemas de las Sierras del Famatina (6.000 msnm) y del Velasco (2.765 msnm), delimitando importantes valles. La altitud promedio es de 515 msnm, aunque en algunas zonas, como en el Valle Antinaco-Los Colorados, la altura media alcanza los 1.100 msnm. Se compone administrativamente por 18 departamentos, siendo los más importantes en términos poblacionales la Capital, Chilecito y Chamical. Limita con las provincias de Catamarca, Córdoba, San Juan y San Luis y la República de Chile (Tedín, 2010) (Figura 1).

Fuente: elaboración propia. Source: own elaboration

Figura 1 Ubicación geográfica de la provincia de La Rioja, Argentina Figure 1. Geographic location of the province of La Rioja, Argentina 

La combinación del relieve montañoso y de su ubicación geográfica establecen un clima semidesértico y subtropical, con precipitaciones promedio de 385 mm concentradas en el verano. La temperatura media en invierno es de 12.4°C, mientras que en el periodo estival la misma alcanza los 25°C en promedio. Los conos de deyección o abanicos aluviales representan la forma característica de la provincia (regolitos arenosos y gravosos y en menor medida rocosos), denotando una escasa consolidación edafológica de los suelos (Tedín, 2010; Plaza Karki, 2017).

Tales características geográficas y climáticas han permitido el desarrollo de la vitivinicultura a lo largo de los valles del centro-oeste provincial como el Valle Antinaco-Los Colorados y del Bermejo desde fines del siglo XVI (Plaza Karki, 2017) (Figura 2). Los primeros viñedos fueron establecidos por colonos españoles hacia el año 1600 en la localidad de Anguinan, actual departamento Chilecito (Foster, 1999). A partir de 1611, el cultivo de vid se expandió a las zonas ―por ese entonces haciendas― de Nonogasta, Vichigasta (1631), Sañogasta (1640), Malligasta (1643) y Villa Santa Rita3 (1715) (Griguol, 2002).

Fuente: elaboración propia. Source: own elaboration

Figura 2 Principales características físicas de la provincia de La Rioja Figure 2. Main physical characteristics of the province of La Rioja 

Hacia fines del siglo XVII, las campañas jesuitas que arribaron a la provincia de La Rioja impulsaron fuertemente la actividad vitícola, dando un carácter intensivo a las producciones sobre la base de mano de obra diaguita y esclava.4 Si bien predominaban las variedades tintas, los jesuitas adaptaron, entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, variedades blancas, como el Torrontés Riojano, las cuales fueron ocupando una proporción incremental de las tierras cultivadas. Aunque no existen registros específicos sobre los varietales blancos algunos historiadores suponen que se trata, principalmente, de las cepas Moscatel de Alejandría y Torrontés Riojano (Foster, 1999). La primera, de acuerdo a Lacoste (2010), fue introducida en la región con demasiada anterioridad gracias al comercio gestado entre La Rioja, Catamarca, San Juan, Mendoza, Santiago del Estero y la zona chilena de Coquimbo.

A partir de la organización colonial del Virreinato del Río de La Plata en 1776, se establecieron importantes líneas comerciales entre las provincias. La Rioja, alejada de los puertos principales ―Buenos Aires y Lima― continuó subsistiendo gracias al intercambio con regiones que hoy corresponden a Bolivia y Chile. Las nuevas oportunidades de comercialización, junto con la adaptación de las diversas vides a los suelos y al clima provincial, rápidamente promovieron la configuración del esquema vitivinícola local. Destacaron a lo largo del siglo XVIII la creación de pequeñas bodegas y mejoras tecnológicas, como el lagar para la molienda y el majuelo como sistema de conducción de las plantas, adaptadas por familias provenientes de España (Foster, 1999).

Luego de la Independencia Nacional (1810-1816), la vitivinicultura argentina fue beneficiada por las leyes nacionales de riego y de tierras, y por políticas de incentivo que permitieron la expansión de los cultivos y su industrialización, principalmente en Mendoza y San Juan, entre 1870 y 1910 (Fondo Vitivinícola, 2016). No obstante, en La Rioja, hacia principios del siglo XX, fue la minería la actividad de mayor desarrollo, con la explotación de los yacimientos de la sierra del Famatina. Así, la vitivinicultura quedó circunscripta mayoritariamente a la producción artesanal y al mercado provincial. Ante el declive de la actividad minera en La Rioja a inicios del siglo XX, se observó un repunte de la actividad vitivinícola que resultó beneficiada por el ferrocarril y la interconexión con otras provincias (Rojas, 2013).

Conformación y desarrollo del entramado empresarial local

La expansión de los cultivos de vid, fundamentalmente en los valles del oeste, convirtió a La Rioja en una de las principales provincias productoras de vinos del siglo XIX. Esto atrajo paulatinamente a familias provenientes de distintos países de Europa ―Italia, ex Yugoslavia, España y ex Impero Turco-Otomano―, quienes a partir de sus conocimientos técnicos y productivos fomentaron la sofisticación de las actividades de labranza y de elaboración de vinos. De gran relevancia ha sido la incorporación de toneles y barriles de madera que reemplazaron a los precarios recipientes de conservación y transporte cubiertos con pieles de animales, como así también los nuevos métodos de riego y sistemas de conducción, como el parral. Ello posibilitó un aumento de la producción y mejor conservación de vinos y aguardientes (Plaza Karki, 2017; Foster, 1999).

Hacia el año 1803, la compra de viñedos por parte de don Inocencio Gordillo en el departamento Chilecito conllevó una profunda renovación y extensión de los cultivos, aumentando la superficie implantada a favor de las variedades blancas, en particular, del Torrontés Riojano. Hacia 1870, la familia Gordillo emplazó cuatro bodegas artesanales logrando una producción de 240.000 litros de vino. Si bien los detalles exactos son escuetos, se calcula que un 75% del total producido correspondió a la cepa del Torrontés Riojano. Así, esta variedad adquirió relevancia entre los productores del medio, consolidándose a la par de la demanda a nivel nacional (Foster, 1999).

Recién hacia la década de 1920 se vislumbran los primeros rasgos notables de modernización e industrialización del sector. Tal es el caso de la Bodega de la Familia Pisetta, instalada cerca de 1870, que adquirió maquinarias italianas, constituyendo así el primer registro de tecnificación de las labores vitícolas (Plaza Karki, 2017). A fines del decenio de 1920 se instalaron en Nonogasta establecimientos familiares ―Bodega La Rioja y El Águila― que comenzaron a procesar uvas cultivadas en sus propios viñedos dando lugar a la elaboración de vinos semi-industriales fraccionados principalmente en damajuanas de cinco y diez litros, predominando el varietal Torrontés Riojano (Foster, 1999).

En la década de 1930, la cooperativa Colonia Caroya La Caroyense, fundada en Córdoba, amplió sus cultivos hacia los departamentos riojanos de Chilecito y Famatina. Muchos de los productores locales dedicados al cultivo de la vid establecieron lazos comerciales con esta empresa permitiéndoles una rápida salida de sus producciones primarias (Starobinsky et al., 2020). Hacia 1939, la fusión de algunas pequeñas bodegas dio lugar al complejo Nacarí, la primera cooperativa vitivinícola y hortícola de la localidad de Chilecito, la cual logró agrupar a 44 productores locales que proveían de uvas a la bodega principal instalada en Nonogasta (Neyra, 2000; Foster, 1999).

Hacia fines de 1930 La Rioja contaba con aproximadamente 4.494 hectáreas cultivadas de vid y alrededor de 1.300 viñedos distribuidos principalmente en el Valle Antinaco-Los Colorados. En lo que respecta a las variedades labradas, se registra que un 45% aproximado del total de la superficie implantada se destinaba al cultivo de Torrontés Riojano. Acompañaban a este número cepas tintas. A partir del desarrollo de la actividad vitivinícola, en las décadas de 1960-1970 se amplía considerablemente la frontera agrícola provincial,5 que, junto con el “Plan Rioja”, tuvo una repercusión significativa sobre la expansión de la vitivinicultura riojana, exhibiendo un crecimiento de la superficie implantada del 14.72% ―unas 1.300 has. adicionales entre 1968 y 1979― (Tedín, 2010).

A principios de los años de 1980 las bodegas Nacarí y La Rioja comercializaban sus vinos en Europa y Norteamérica (Foster, 1999). Ambas empresas alcanzaron logros importantes en 1987, cuando resultaron premiadas en las exposiciones internacionales de vinos de Francia (Vinexpo) y México (Expo Baco) por sus versiones de Torrontés Riojano -Nacarí Torrontés Riojano Esmerilado y Waidatt Torrontés Riojano- (Neyra, 2000; Foster, 1999). Asimismo, a fines de la década de 1980, se conforma La Riojana Cooperativa Vitivinifrutícola de La Rioja Limitada, al separarse de la cooperativa La Caroyense. Dicho establecimiento productivo, que agrupaba por entonces a casi 700 socios productores, condujo una renovación de la actividad vitivinícola de La Rioja en términos tecnológicos y de comercialización (Mazzola, 2014).

El auge de la vitivinicultura en la provincia fomentó el establecimiento de sedes locales de instituciones gubernamentales destinadas a la investigación científica y tecnológica, que permitieron fortalecer la actividad local. Así se establecieron el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en 1956; la Dirección Nacional de Vinos y Otras Bebidas (DNVB), en 1943, y el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) en 1959. A su vez, la cepa alcanza notable impronta sociocultural reflejada en las festividades provinciales y nacionales como el Festival del Torrontés Riojano,6 que perdura desde la década de 1960 (Neyra, 2000), y la Semana del Torrontés.7 Del mismo modo, cabe destacar la impronta que la vitivinicultura riojana ha marcado en el desarrollo de actividades educativas y de ciencia y tecnología. En efecto, destaca el rol de la Universidad Nacional de Chilecito (UNdeC) con la incorporación de una Licenciatura en Enología, única en la provincia de La Rioja, y del Colegio Provincial de Educación Secundaria, con orientación técnico-profesional en enología e industrias de procesos,8 localizado desde 1984 en Nonogasta.

De esta forma se fue consolidando, a lo largo del siglo XIX y hasta el último decenio del siglo XX, un entramado empresarial conformado por bodegas locales privadas y cooperativas establecidas por inmigrantes y productores argentinos. Incorporando tecnologías e industrializando la producción de vinos a nivel regional, lograron una inserción tanto en el mercado interno como externo. Las bodegas se abastecieron de materia prima tanto de cultivos propios como de la provisión por parte de pequeños y medianos productores tradicionales, destacándose la centralidad de la variedad Torrontés Riojano hasta la década de 1990. El cultivo de la vid, y en particular de dicha cepa, ha constituido históricamente al sector vitivinícola como una de las principales actividades productivas de la estructura económica de la provincia, y en torno a la cual se ha consolidado no solo parte importante del aparato industrial y del entramado empresarial local, sino también una serie de instituciones y una identidad cultural raigambre.

Transformaciones del sector vitivinícola y la estructura empresarial

Históricamente, Argentina elaboró vinos genéricos cuyo destino principal era el mercado interno. Desde los años noventa toda la cadena de valor de los vinos experimentó un punto de inflexión, orientándose a la producción de vinos de mayor calidad enológica tanto para el mercado nacional como internacional, proceso que se extendió hacia la primera década del siglo XXI (Filipetto, 2016). Sin embargo, la introducción, aunque somera, del sector vitivinícola argentino en general, y del riojano en particular, al mercado mundial, se había empezado a gestar entre los años 1970 y 1989 (Foster, 1999). Siguiendo a Filipetto (2016), al final de la década de 1990 y comienzos del decenio de los 2000 la industria ya había experimentado una profunda transformación, fundamentalmente en términos de exportaciones de vinos. Esa sostenida inserción de la vitivinicultura argentina al mercado internacional incluyó una considerable inversión extranjera y una nueva institucionalidad hacia el interior del sector.

Para la etapa primaria, el proceso implicó la erradicación de viñedos, la plantación de nuevos varietales y la introducción de nuevas tecnologías. Dado el alto nivel de heterogeneidad de los actores del complejo no todos han podido reconvertirse ante el nuevo paradigma productivo, lo que resultó en la desaparición de productores y establecimientos tradicionales y la instalación de productoras de gran envergadura atraídos por políticas de promoción productiva (Rofman, 2006).

En las provincias de La Rioja, San Juan, Salta y Catamarca, se evidenció una profunda extensión de los cultivos favorecidos por la Ley Nacional de Diferimientos Impositivos N° 22.021/1979 (Mazzola, 2014). Ello repercutió en una disminución en la cantidad de viñedos y en el aumento del tamaño de las explotaciones. Entre los años 1996 y 2000 la superficie cultivada en La Rioja aumentó un 6.78%, mientras que la cantidad de viñedos se redujo un 45.87% ―de 2.402 a 1.300 viñedos―. En 1996 existían 1.271 plantaciones cuyo tamaño promedio no superaba la media hectárea, y en 2001, apenas existían 489 viñas con estas condiciones (INV, 1999; INV, 2002).

En lo que respecta a los cepajes, para el año 1996 un 44% del total de la superficie se encontraba implantada con Torrontés Riojano (3.093 has.) mientras que en el año 2005 representó el 32% (2.714 has.). Las variedades tintas presentaron un aumento del 150% (1.512 has. más que en 1996), encabezadas por los varietales Cabernet Sauvignong, Syrah, Bonarda y Malbec, dando cuenta de la fuerte conversión varietal ocurrida a nivel nacional y provincial (INV, 1997; INV, 2001).

Las transformaciones de la década de 1990 profundizaron a nivel provincial la heterogeneidad intra-sectorial. Así, hoy existen productores de uvas independientes o no integrados ―venden uva para vinos comunes o mostos y uva de alta calidad enológica a bodegas―; productores integrados a través de Cooperativas Vitivinícolas; terceros asociados ―que entregan su producción a bodegas para vinificación―, y bodegas integradas de mediana y pequeña escala, dedicadas a la producción y fraccionamiento de vinos varietales y de alta gama (CIECTI, 2020).

En relación al tamaño de las explotaciones, en la actualidad, el 80% de los viñedos presentan una superficie de hasta 10 has., el 12% ocupa una extensión entre 10 y 50 has. y solo un 8% más de 50 has. (INV, 2019). Evidenciamos entonces una presencia mayoritaria de minifundios con bajo nivel de capitalización, gran participación de trabajo familiar, escaso nivel de profesionalización y bajos niveles de rentabilidad (CIECTI, 2020).

Los productores con superficies entre 10 y 50 has. exhiben una mejor calidad enológica, mayor reconversión y diversificación varietal de uvas, producción y calidad. Llevan a cabo de manera continua labores culturales y emplean sistemas de riego más eficientes, como el sistema de riego presurizado por goteo. Por último, aquellos que cuentan con más de 50 has., tienden a trabajar en el mejoramiento continuo de la producción, invierten en la diversificación varietal y cultivan cepas para elaborar vinos de alta calidad y orgánicos, y emplean sistemas de riego por goteo, de fertilización y labores culturales más sofisticados (Mazzola, 2014).

La reconversión de la vitivinicultura también tuvo lugar en el eslabón industrial mediante la modernización de bodegas tradicionales y una importante radicación de nuevas bodegas de capitales extranjeros que orientaron su producción a vinos varietales, adecuándose a los estándares internacionales. En este marco, se registró una expansión de las bodegas elaboradoras que integraron la etapa primaria, el procesamiento, el fraccionamiento ―mediante la incorporación de líneas de embotellado y de mayor escala― y la comercialización (Mazzola, 2014).

En el segmento de bodegas elaboradoras, entre 2010 y 2019 en la provincia se ha registrado una disminución de 24 a 19, respectivamente (INV, 2020). Entre los modelos empresariales activos resalta principalmente La Riojana Cooperativa Vitivinifrutícola de La Rioja Limitada, con ochenta años de trayectoria, que reúne a más de 350 productores asociados ―más del 70% son pequeños productores― y posee establecimientos productivos en Chilecito y Felipe Varela (La Rioja), también en Tinogasta (Catamarca) y Tupungato (Mendoza) (ver Recuadro 1).

Otra bodega destacada en territorio riojano es Finca y Bodega Valle de La Puerta S.A., instalada en la localidad de Vichigasta en 1994 y 2002 respectivamente, favorecida por la Ley Nacional N° 22.021/1979. Su establecimiento industrial es uno de los más modernos y tecnológicamente avanzados del Noroeste Argentino. Posee 104 has. implantadas con vid y comercializa sus vinos tanto en el mercado interno como en el externo.9

Otro modelo a resaltar es el de Bodega San Huberto,10 establecimiento productivo que elabora vinos en Argentina y en China. En el país, posee unidades productivas ubicadas en el Valle de Aminga (La Rioja) y en Mendoza. Sus productos abarcan todos los segmentos del mercado argentino de vinos finos. Uno de sus principales distintivos es el establecimiento de sus viñedos al pie de la Sierra del Velasco, a unos 1.450 msnm. Resulta relevante también la Bodega Chañarmuyo,11 ubicada en Chañarmuyo,12 que desde 2001 produce vinos de alta gama con reconocimiento internacional. Además, posee servicios de hospedaje en su moderna “Casa de Huéspedes”, que, en línea con prácticas de las demás bodegas, integran proyectos enoturísticos combinando la vitivinicultura con atractivos locales.

Adicionalmente existe un conjunto de bodegas artesanales, en su mayoría familiares, que producen con una escala productiva y tecnológica acotada vinos artesanales o caseros destinados principalmente al mercado local y nacional. Entre ellas encontramos la Bodega Casa India (localidad de Agua Blanca), Bodega Aicuña (Felipe Varela), Bodega Tiempo de Chaya (Chilecito) y Bodega Aminga SAPEM13 (Castro Barro), entre otras.14 En relación al cultivo y producción de vino de la variedad Torrontés, a nivel nacional no solo en la provincia de La Rioja se producen vinos de esta cepa. Los actores locales compiten en el país con una serie de renombradas bodegas que han adaptado e insertado en el mercado internacional vinos de alta gama, logrando capitalizar la altísima calidad enológica de la variedad. El Torrontés Riojano se ha diseminado por las provincias de Mendoza y Salta, zonas donde se lo cultiva, vinifica y exporta15 (Gutiérrez Gamboa, 2020). Resaltan los casos de la Bodega Etchart (Salta),16 Bodega Colomé (Salta)17 y Bodegas Trivento (Mendoza).18

Recuadro 1. “La Riojana”, valor agregado para la cepa insignia

Box 1. “La Riojana”, added value for the flagship variety

La Riojana Cooperativa Vitivinifrutícola de La Rioja Limitada, “La Riojana”, es una de las principales bodegas productoras y exportadoras de Torrontés Riojano de La Rioja.

A lo largo de su trayectoria se han detectado acciones importantes en relación a su producción y al desafío de valorizar la cepa como el único varietal emblemático originario de Argentina, en particular, de La Rioja, ya que el 50% de la producción primaria que recibe la cooperativa corresponde a esta variedad. Su enólogo principal, el Dr. Rodolfo Griguol, creó la levadura ecotípica LRV94/9519 que logró eliminar los defectos organolépticos en la producción de vinos Torrontés Riojano, posibilitando una excelente calidad y manteniendo sus características varietales típicas. La caracterización y originalidad del Torrontés Riojano motivó que su utilización sea incorporada por ley para la elaboración de “Torrontés Riojano con Denominación de Origen Controlada Valles del Famatina”. Asimismo, como resultado de actividades de I+D se ha insertado exitosamente en el mercado el jugo de uva Torrontés Riojano “Natuvid”.

Atendiendo a las nuevas demandas de consumo de vinos desde la década de 1990 cuenta con hectáreas de Torrontés Riojano y otras variedades certificadas como orgánicas y desde el año 2000 produce y exporta vinos orgánicos. Además, a partir de 2017, inicia un proceso de reconversión de producción orgánica a biodinámica con la selección de dos cuadros, uno de Torrontés Riojano y otro de Malbec.

La Riojana logró adaptar el Torrontés Riojano a los requerimientos del mercado y producir un varietal de calidad superior, lo que además la posiciona como integrante relevante en la denominada Ruta del Torrontés Riojano. En la actualidad, los vinos de esta variedad destacan dentro de la cartera de productos20 y son premiados por organismos internacionales.21

Fuente: elaboración propia en base a Starobinsky et al., (2020). Source: own elaboration based on Starobinsky et al., (2020).

Tendencias actuales del Torrontés Riojano en la vitivinicultura argentina y de La Rioja

Los principales países productores de vino a nivel mundial son Italia, Francia y España, que en 2019 concentraron casi el 50% del total producido. Argentina se ubicó en el quinto puesto ―5% de la producción mundial―, siendo el principal productor de América del Sur (OIV, 2020).

En 2019, Alemania fue el principal importador mundial de vinos (14.6 M hl.). Junto a Reino Unido, Estados Unidos, Francia y China, representan el 54% de las importaciones. Asimismo, se ha evidenciado un importante crecimiento en las importaciones en Portugal, Rusia y Japón, como así también el incremento de la participación del vino espumoso, principalmente en Reino Unido y Estados Unidos. Respecto a las exportaciones, el 54% se ha distribuido entre Italia (20.5%), España (20.13%) y Francia (13.09%). Argentina ocupa el décimo lugar como exportador, con un 2.6% (OIV, 2020).

En relación a las tendencias de cultivo y producción en Argentina, en 2019 se registraron 215.169 has. de vid; donde un 98% está concentrado en cinco provincias, con Mendoza a cargo del 70% del total. La Rioja representó el 4%, sumando 7.680 has. Según el INV, la producción de uva en 2019 se ubicó en los 25.198.862 qq. de los cuales el 94% se elaboró en Mendoza y San Juan, mientras que La Rioja se mantuvo en tercer lugar. La producción de vino en 2019 fue de 13.019.472 hl.; Mendoza concentró el 79%, San Juan el 15% y La Rioja el 3%. Dicha producción mostró una tendencia a la baja en los últimos años influenciada por la dinámica de las provincias de Mendoza y San Juan (Gráfico 1).

Fuente: elaboración propia en base a datos del OVA (2019). Source: own elaboration based on OVA (2019)

Gráfico 1 Evolución de la producción de vinos. Principales provincias productoras (en hectolitros) 2010-2019 Graphic 1. Evolution of wine production. Main producing provinces (in hectoliters) 2010-2019 

En cuanto a las variedades cosechadas a nivel nacional, en 2019, el 47% correspondió a uvas tintas, el 32.4% a rosadas y el 20.4% a blancas (OVA, 2019; INV, 2019). Dentro de las principales variedades cosechadas para elaboración de vinos, la Malbec y la Cereza representaron cada una alrededor del 19% del total, mientras que las blancas Pedro Giménez y Torrontés Riojano alcanzaron 5.5% y 4.7%, respectivamente. Cabe mencionar que la variedad Torrontés Riojano se elabora junto al Sanjuanino y el Mendocino, bajo la denominación “Torrontés”. La variedad riojana es la más cultivada de acuerdo a los datos registrados por el INV para 2019, tal es así que representó el 77% del total de hectáreas de Torrontés (Tabla 1).

Tabla 1 Superficie cultivada con variedades Torrontés, 2019 Table 1. Cultivated area with Torrontes varieties, 2019 

Riojano Sanjuanino Mendocino
Provincia Hectáreas Provincia Hectáreas Provincia Hectáreas
Mendoza 3474.5 San Juan 1460.5 San Juan 346.6
La Rioja 2054.5 Mendoza 143.8 Mendoza 158.9
Salta 915.1 Río Negro 51.1 Río Negro 76.5
Total país 7731.5 Total país 1661.9 Total país 583.4

Fuente: elaboración propia en base a datos del INV (2019). Source: own elaboration based on INV (2019).

Dentro del total nacional el Torrontés Riojano se extendió sobre el 4% de las hectáreas totales implantadas con vid, principalmente en Mendoza y La Rioja. Sin embargo, la superficie nacional cultivada con Torrontés Riojano ha disminuido entre los años 2010 y 2019 un 8.8% (Gráfico 2) mientras que la producción de uvas ha crecido alrededor del 4.4% en relación a 2010, lo que puede explicarse por el aumento del rendimiento por hectárea, que pasó de 130 qq. a 149 qq. (+15%). Respecto al precio del kilogramo de uva Torrontés Riojano, entre 2010 y 2019 se ha incrementado un 318% ($1.16 a $4.85) aunque para el último año se observa una caída del 8% respecto a 2018 (INV, 2019; OVA, 2020).

Fuente: elaboración propia en base a datos del OVA (2019). Source: own elaboration based on OVA (2019)

Gráfico 2 Evolución nacional de superficie cultivada de Torrontés Riojano (en hectáreas) 2010-2019 Graphic 2. National evolution of cultivated area of Torrontes Riojano (in hectares) 2010-2019 

En relación al comercio de vinos en el mercado interno argentino cabe resaltar que son los vinos sin variedad22 los que tienen la mayor participación (75.5%). Por variedad, el vino Malbec es el tinto más comercializado (10.82%) y el Torrontés Riojano es el blanco con mayor demanda (1.41%) (OVA, 2019).

Ya en torno al comercio externo, los vinos sin variedad representan el 52% y el Malbec 28% mientras que por el lado de los blancos se exporta principalmente el Chardonnay (3.26%) y el Torrontés Riojano (2.39%). Para el Torrontés Riojano, que se exporta desde Mendoza (61%) y La Rioja (28%), los mayores volúmenes ―entre 800 y 1.000 miles de litros― se dirigen a Canadá, Suecia, Reino Unido y Dinamarca, mientras que Estados Unidos y Reino Unido son los principales en términos de valor (FOB en dólares) (INV, 2019; OVA, 2020).

Un dato no menor refiere a que la comercialización del Torrontés Riojano durante el periodo 2010-2019 presenta un incremento del 14.75% en las ventas internas ―pese a que entre 2018 y 2019 se registra una contracción cercana al 20%― mientras que las ventas externas alcanzan un crecimiento en torno al 5.29% (Gráfico 3). No obstante, el precio promedio en dólares del litro de vino exportado ha experimentado una reducción del 20% en igual periodo (OVA, 2020).

Fuente: elaboración propia en base a datos del OVA (2019). Source: own elaboration based on OVA (2019)

Gráfico 3 Comercialización Torrontés Riojano (en litros), Argentina 2010-2019 Graphic 3. Torrontes Riojano commercialization (in liters), Argentina 2010-2019 

En La Rioja, en 2019, el registro de 7.680 hectáreas se distribuye en 1.195 viñedos ubicados en Chilecito, Coronel Felipe Varela y Famatina, que integran el 91% del total de viñedos (Tabla 2).

Tabla 2 Superficie implantada (en hectáreas) y viñedos por departamento, 2019 Table 2. Area planted (in hectares) and vineyards by department, 2019 

Departamentos Superficie Viñedos
Hectáreas % sobre el total Cantidad % sobre el total
Chilecito 6083.8 79.21 519 43.43
Coronel Felipe Varela 745.5 9.71 416 34.81
Famatina 375.9 4.89 144 12.05
Castro Barros 258.1 3.36 20 1.67
San Blas de los Sauces 74 0.96 15 1.26
General La Madrid 66.3 0.86 36 3.01
Vinchina 48.1 0.63 40 3.35
Sanagasta 28.8 0.37 5 0.42
Total provincia La Rioja 7680.5 100.00 1195 100.00

Fuente/source: INV (2019).

En relación con las principales variedades cultivadas destaca la Torrontés Riojano, la cual abarca el 27% del total de superficie implantada con vid, seguida por la Malbec (10%) (Gráfico 4). Igual dinámica se observa en la producción por variedad, dado que la Torrontés Riojano representa el 33% (235.622 qq.) mientras que la Malbec alcanza el 12% (INV, 2019).

Fuente: elaboración propia en base a datos del INV (2019). Source: own elaboration based on INV (2019)

Gráfico 4 Principales variedades cultivadas en La Rioja (en hectáreas), 2019 Graphic 4. Main varieties grown in La Rioja (in hectares), 2019 

Respecto a la evolución de las hectáreas implantadas con Torrontés Riojano durante los años 2011-2019, estas disminuyeron en un 4%. La misma tendencia decreciente, pero más marcada, se verifica en términos de producción de uva Torrontés, con una caída del 40% en 2019 respecto a 2011 (Gráfico 5).

Fuente: elaboración propia en base a datos de INV (2019). Source: own elaboration based on INV (2019)

Gráfico 5 Evolución de la producción de uva Torrontés Riojano (en quintales) 2011-2019 Graphic 5. Evolution of Torrontes Riojano grape production (in quintals) 2011-2019 

La producción de vinos para 2019 en La Rioja se encuentra concentrada principalmente en Chilecito (87%). La mitad son vinos tintos, el 38% blancos, 89% Torrontés Riojano y el 12% rosados (INV, 2019).

Respecto al mercado externo, las exportaciones ascendieron a 6.510.511 litros. En contraposición al mercado interno, se comercializa mayormente vino varietal (89%), principalmente Malbec y Torrontés Riojano; luego vinos sin mención varietal (10%), y por último, vinos espumosos (1%). El Torrontés Riojano es uno de los más exportados entre las cepas blancas y tiene por destino países como Dinamarca, Reino Unido, Suecia, China y Estados Unidos (OVA, 2019).

Desafíos y oportunidades para el Torrontés Riojano

Argentina ocupa un lugar destacado a nivel internacional en la producción y exportación de vinos siendo La Rioja la tercera provincia de mayor importancia. La variedad Torrontés Riojano es la principal cepa de la provincia tanto en términos de hectáreas implantadas como de producción de uvas. Como se mostró, la relevancia de la cepa a nivel provincial deriva de su larga trayectoria histórica en la región y de su rol en la configuración de la estructura productiva, empresarial y sociocultural provincial.

No obstante, el Torrontés Riojano enfrenta una multiplicidad de desafíos dados por el contexto nacional e internacional. A nivel nacional, en los últimos años su producción ha descendido mientras que, si bien las exportaciones han crecido levemente, su participación en el total exportado por Argentina es reducida. A esto se suman otros desafíos relativos a la competencia de otras cepas y bebidas alcohólicas a nivel nacional, los cambios en las preferencias de los consumidores, las transformaciones de las prácticas productivas, las exigencias de calidad y trazabilidad, la emergencia de nuevos mercados y estrategias de comercialización, entre otros factores.

Ante este complejo escenario, a modo de cierre, introducimos una serie de desafíos que podrían ser aprovechados para una mejor inserción nacional e internacional del Torrontés Riojano. En lo que respecta al consumo interno, si bien los tintos encabezan la demanda, existe una fuerte preferencia entre mujeres y jóvenes por las variedades blancas. Ello denota una oportunidad en términos de posicionamiento de mercado que podría alentar a los productores a encontrar nuevos nichos de comercialización y consumo (COVIAR, 2020; CIECTI, 2020).

Asimismo, reconociendo la alta heterogeneidad que existe actualmente entre los compradores, las campañas publicitarias se orientan según las características de los grupos (edad, nacionalidad y hábitos) enmarcando mensajes más precisos y perfilados. Por ejemplo, hoy los millennials son un público clave de productos verdes, a quienes se podría apuntar para posicionar vinos orgánicos, biodinámicos y veganos. Dicha tendencia implicará también, desde el punto de vista productivo, una conciencia medioambiental en los viticultores mediante la adopción de procesos e insumos amigables con el ecosistema local y el medioambiente. Por su parte, el aumento del consumo en el hogar y el auge ―y refuerzo― de los canales online de ventas y comunicación gestadas por la pandemia mundial de Covid-19 expresa una potencialidad importante para la industria vitícola local (OVA, 2020).

Otra oportunidad significativa es la consolidación del enoturismo, hoy desarrollado en La Rioja de manera exigua. Esto abre la posibilidad de combinar la producción vitivinícola local con el turismo receptivo, aprovechando los paisajes, las tradiciones culturales y la gastronomía de la provincia. La creación de la denominada Ruta del Torrontés, que recorre los principales departamentos productores, presenta oportunidades plausibles para su explotación; destaca, por ejemplo, la experiencia de la provincia de Salta, que ha logrado combinar la vitivinicultura con el turismo (CIECTI, 2020).

En relación a las tendencias de la demanda mundial, el consumo de vinos blancos adquiere protagonismo en tanto las variedades Chardonnay, Sauvignon Blanco, Viogner, y otras variedades blancas autóctonas, como el Torrontés Riojano, se expanden con fuerza internacionalmente (COVIAR, 2020). A su vez, una de las oportunidades que se detectan es el crecimiento de la demanda de vinos monovarietales. La búsqueda de la autenticidad del entorno cada vez más valorada por los consumidores lleva a que los productores y productoras exploren la elaboración de vinos de una sola cepa. Otra de las tendencias en torno a los gustos de los consumidores se orienta hacia vinos de menor graduación alcohólica y menos dulces. Los gustos viran hacia sabores más ácidos o naturales ―sobre todo en blancos y espumosos―, sin azúcares añadidos, y aparece una conciencia saludable que implica beber menos alcohol. El emblemático Torrontés Riojano puede reconfigurar su integración al mercado global integrándose en dichas tendencias (Rainer, 2016).

Atendiendo a las diferencias de variedad de uva entre los vinos en el mapa mundial resulta importante destacar que los países del Nuevo Mundo se han inclinado por una estrategia de diferenciación basada en las variedades de uva empleadas donde, además de esta característica, tiende a prevalecer la marca de la firma por sobre la región o el vintage. Ello es lo que, probablemente, haya facilitado que otras regiones argentinas se “apropien” del emblemático Torrontés Riojano. Dado que la competencia entre los productores de vino ha aumentado en las últimas décadas, las indicaciones geográficas se convierten también en señales distintivas en el Nuevo Mundo. Aquí tanto los productores riojanos tienen el desafío de impulsar y consolidar estrategias claras de posicionamiento comercial (Makrides et al., 2019).

En suma, a lo largo de la trayectoria de emergencia y expansión regional del Torrontés Riojano se ha desarrollado una estructura empresarial orientada a la producción de vinos de dicha cepa, adquiriendo una destacada relevancia tanto productiva como sociocultural. Si bien las tendencias actuales en términos de demanda y producción muestran una tendencia decreciente, el contexto nacional e internacional también presenta oportunidades de cara al futuro. Todas ellas representan potenciales horizontes para reorientar estrategias productivas y políticas públicas para el sector.

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1Denominado también Capitanía de Santiago (Imperio de España).

2Se comerciaban vinos a Potosí, al norte de Santiago, a Córdoba y Buenos Aires. Dado que ambos territorios pertenecían al Imperio Español, se consideraban comercio interno (Fondo Vitivinícola, 2016).

3Actual ciudad de Chilecito.

4Los jesuitas contaban con personas esclavas en Nonogasta (Quarleri, 2001).

5Aplicación de la Ley Nacional N° 17.424/1967.

6La Legislatura riojana declaró en abril de 2011 al Torrontés Riojano como variedad insignia de la provincia de La Rioja. En https://legislaturalarioja.gob.ar/ (consultado 10/01/2022).

7Al respecto, véase https://ecocuyo.com/semana-del-torrontes (consultado 10/01/2022).

8El Colegio imparte enología a sus alumnos a la vez que elabora vinos del tipo artesanal bajo la marca Los Saberes del Vino. En https://escuelasarg.com/cue/42239/colegio-secundario-provincial-enologico-de-nonogasta (consultado 10/01/2022).

9En https://www.valledelapuerta.com/ (consultado 10/01/2022).

10En http://www.bodegassanhuberto.com.ar/ (consultado 10/01/2022).

11En https://chanarmuyo.com/ (consultado 10/01/2022).

12Zona de Identificación Geográfica.

13Sociedad Anónima de Participación Estatal Mayoritaria.

16Desde 2011, Etchart es el mayor proveedor de Torrontés en Argentina. En http://areadelvino.com/articulo.php?num=22027 (consultado 10/01/2022).

17Elabora más de medio millón de litros, con una alta orientación exportadora de Malbec y Torrontés. Destaca su producción orgánica. En https://www.bodegacolome.com/ (consultado 10/01/2022).

19La denominación LRV94/95, tiene origen en el procedimiento llevado a cabo en La Riojana durante las vendimias 1994-1995.

22Vinos genéricos, regionales y dulces naturales según clasificación del INV.

Recibido: 28 de Diciembre de 2020; Aprobado: 10 de Mayo de 2021

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