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Revista de humanidades de Valparaíso

versión impresa ISSN 0719-4234versión On-line ISSN 0719-4242

Rev. humanid. Valpso.  no.13 Valparaíso ago. 2019  Epub 19-Ago-2019

 

Reseña de libros

La subversión de la democracia

David Plou Bordonaba* 

*FONDECYT / Universidad de Valparaíso, Email: david.bordonaba@uv.cl

Reseña del libro:, Levitsky, Steven; Ziblatt, Daniel. (, 2018. )., Cómo mueren las democracias, . Traducción de Gemma Deza Guil. ., Barcelona: Ariel: ,, 335p. pp.,, $15.105 (pesos chilenos), . ISBN:, ISBN: 978-987-3804-85-4. .

1. Introducción

En Septiembre de 2018, la editorial Ariel publicó la traducción de Gemma Deza Guil del libro How Democracies Die, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt. Ambos, profesores de Harvard, han dedicado sus carreras a investigar cuestiones relacionadas con la democracia y el autoritarismo. El trabajo de Steven Levitsky se centra en Latinoamérica y el de Daniel Ziblatt en Europa desde el siglo XIX hasta el presente. En Cómo mueren las democracias, los dos autores continúan la temática pero cambian de registro geográfico. El objetivo principal del libro es investigar si los eventos que han sucedido en los últimos años han puesto en peligro la democracia en Estados Unidos. Ya que el objeto de estudio es la democracia estadounidense, podría pensarse que las consecuencias de las tesis contenidas en el libro tienen más bien un alcance local. Sin embargo, el caso de Estados Unidos es solo un ejemplo de una tendencia general que puede verse en muchas sociedades democráticas actuales: la democracia, a día de hoy, se ve amenazada por personas y partidos políticos que usan los mecanismos democráticos en contra de los mismos sistemas democráticos. En el mundo actual, las democracias fracasan “en manos no ya de generales, sino de líderes electos, de presidentes o primeros ministros que subvierten el proceso mismo que los condujo al poder.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 11).

El libro está orientado a una audiencia muy amplia, desde público general no especializado a público académico. Para aquellas personas no familiarizadas con los debates centrales en filosofía política, la obra supone una perfecta y actualizada introducción al campo. Para el público especializado es una lectura obligada ya que es una pieza fundamental del nuevo paradigma que se está consolidando los últimos años: la subversión de la democracia por los mismos mecanismos de los sistemas democráticos (ver Stanley 2017; Sunstein 2017).

2. La subversión de la democracia

Como ya se ha comentado, los autores defienden que las democracias actuales ya no caen por golpes militares, sino por los mismos medios democráticos. Es lo que los autores llaman la “subversión de la democracia”: sistemas democráticos desmantelados por medios democráticos y en pos de causas democráticas. “Mientras que los dictadores de la vieja escuela solían encarcelar, enviar al exilio o incluso asesinar a sus adversarios, los autócratas contemporáneos tienden a ocultar su represión tras una apariencia de legalidad.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 101). Las democracias, en la actualidad, se desmantelan de manera paulatina, a pequeños pasos. Los autores citan varias etapas que suelen estar presentes en este desmantelamiento progresivo.

Primero, se cambian las reglas del juego de tal manera que el gobierno autocrático se asegure una permanencia continuada en el poder. Esto puede hacerse de varias maneras. Una de ellas suele ser cambiar las leyes electorales vigentes de tal manera que beneficien claramente al gobierno. Por ejemplo, el Fidesz, o Unión Cívica Húngara, de Víktor Orbán acometió una reforma de la ley electoral en 2010 que concernía tanto a los distritos como a las campañas electorales. Las consecuencias de esta nueva ley en las elecciones de 2014 fueron más que significativas. Pese a que “el porcentaje de votos del Fidesz cayó sensiblemente, de un 53 por ciento en 2010 a un 44,5 por ciento en 2014, el partido gobernante consiguió conservar su mayoría por dos tercios.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 107).

Segundo, se secuestra a aquellos organismos que tienen poder para investigar y penalizar las irregularidades del gobierno, por ejemplo, el sistema judicial, los servicios de inteligencia o las agencias tributarias. Esto puede hacerse de varias maneras, ya sea ocupando esos puestos con personas leales al partido que ostenta el poder, o simplemente comprando a las personas que ya ocupan el puesto. Si ninguna de estas dos maniobras resulta viable, siempre puede acusarse de prevaricación a aquellas personas que estén investigando al gobierno o, incluso, a aquellas que pudieran investigarlo en algún momento. Un buen ejemplo para ilustrar esto lo encontramos en la política de Fujimori. Cuando el Tribunal Constitucional peruano dictaminó que iba en contra de la Constitución que Fujimori se presentara “como candidato por tercera vez en 1997, los aliados de Fujimori en el Congreso acusaron de prevaricación a tres de los siete jueces del órgano.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 97).

Tercero, se desmantela la oposición. Esto también puede hacerse por varios medios. El modo más sencillo para hacerlo, según Levitsky y Ziblatt, es “ofrecer puestos políticos, empresariales o mediáticos destacados, favores, ventajas o, directamente, sobornos a cambio de su apoyo o, al menos, de su silencio y su neutralidad.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 99). Con aquellos políticos, empresarios o medios de comunicación que no se pueden comprar, pueden utilizarse otros medios: marginación económica y legal, demandas de difamación o campañas de desprestigio.

Cuarto, se silencia a aquellas figuras culturales (artistas, escritoras, músicos, intelectuales, deportistas) que pudieran suponer una amenaza en algún momento.

Esta nueva estrategia, una subversión silenciosa y paulatina en vez de un derrocamiento violento, implica una diferencia fundamental. Cuando la democracia se subvierte por medios democráticos, no puede identificarse un momento concreto en el que el sistema está en peligro, a diferencia de lo que sucede en los golpes militares donde el momento en el que una sociedad pierde su libertad democrática es claro. Por esta razón, es muy posible que la población de una sociedad cuya democracia está siendo subvertida no advierta que su sistema democrático está bajo amenaza. Para evitar que esto suceda, los autores proponen un test basado en cuatro indicadores clave para detectar a posibles autócratas:

  1. 1. Rechazo de las reglas democráticas del juego.

  2. 2. Negación de la legitimidad de los oponentes.

  3. 3. Tolerancia de la violencia.

  4. 4. Voluntad de restringir las libertades civiles de los opositores.

Como lo propios autores señalan, el test no es infalible. Sin embargo, sí que puede servir como mecanismo para detectar posibles futuras amenazas y, de este modo, poder actuar a tiempo para así poder poner sobre aviso a la población.

3. La subversión de la democracia en Estados Unidos

En el caso específico de Estados Unidos, el desmantelamiento de la democracia “dio comienzo hace décadas, mucho antes de que Trump descendiera por unas escaleras mecánicas para anunciar que se presentaba a la presidencia de Estados Unidos.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 170). En Estados Unidos siempre han existido autocrátas y demagogos. Los autores citan, como ejemplo, a Charles Coughlin, “un sacerdote católico antisemita cuyo programa de radio de un nacionalismo impetuoso llegaba a un público de cuarenta millones de oyentes cada semana.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 46); y a Huey Long, un gobernador y senador de Luisiana que construyó en su estado “la mayor aproximación a un estado totalitario que la república de Estados Unidos haya conocido.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 47). Tanto Coughlin como Long eran apoyados por una buena parte de la población. Sin embargo, nunca tuvieron opción real de poder llegar a postularse como candidatos. ¿Por qué? La razón era que estas figuras no contaban con prácticamente ningún apoyo dentro del partido republicano. La elección del candidato solía hacerse a puerta cerrada y, aunque pueda parecer extraño, esto tenía una ventaja: “evadía y mantenía a las figuras demostradamente inadecuadas fuera de las votaciones y de la Casa Blanca y, por ende, cumplía una función de proteger la democracia.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 51).

El momento en el que esto cambió fue el año 1968. Tras la intensificación de la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King Jr. y de Robert F. Kennedy, y la llamada Batalla de la Avenida Michigan, el Partido Demócrata creó una comisión que elaboró una serie de recomendaciones, adoptadas por ambos partidos, que crearon un sistema de primarias presidenciales vinculantes. Eso quería decir que, “por primera vez, las personas que elegirían a los candidatos a la presidencia de los partidos … reflejarían fielmente la voluntad de los votantes de las primarias de sus estados.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 64). Antes de eso, personas influyentes de cada partido se encargaban de apartar a personajes extremistas como Coughlin o Long en reuniones a puerta cerrada. Sin embargo, ahora esta “función de filtración” (Levitsky y Ziblatt 2018, 54) ya no existía.

Con el paso del tiempo, otros factores externos agravarían la situación antes descrita, haciendo posible que alguien como Trump, alguien que da positivo en los cuatro indicadores del test propuesto por Levitsky y Ziblatt, llegara a la Casa Blanca. Según los autores, algunas de las causas principales de la victoria de Trump fueron, entre otras, la pérdida paulatina de poder de los partidos políticos debida tanto al aumento de la financiación externa como al aumento del número de medios de comunicación alternativos; y, de manera más importante, el hecho de que la polarización de la sociedad estadounidense beneficiara a los candidatos con ideologías extremistas, como Trump.

Este último punto, la polarización política, es de suma importancia a la hora de explicar por qué los sistemas democráticos se han debilitado las últimas décadas. Como los autores señalan, “la polarización puede despedazar las normas democráticas.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 137). Varios estudios1 apuntan al hecho de que desde hace tiempo, especialmente en las dos últimas décadas, las sociedades de muchos países han sufrido procesos de polarización. La polarización puede entenderse de varias maneras (ver Bramson et al. 2017), pero quizá la más extendida suele ser hablar de un desplazamiento hacia los extremos del espectro político o, en otras palabras, de un “centro político en desaparición” (Abramowitz 2010). Es decir, cada día que pasa más porcentaje de la población tiende a adoptar creencias y actitudes más extremas o radicales. Las personas que simpatizan con los partidos de izquierda cada vez son más de izquierdas, y las personas que simpatizan con los partidos de derecha cada vez son más de derechas. En Estados Unidos, por ejemplo, un 49% de la población estadounidense ocupaba el centro político en 1994, pero solo un 39% en 2014. Esto ha hecho que los republicanos liberales y los demócratas conservadores, quienes ejercieron una influencia considerable en sus respectivos partidos, casi hayan desaparecido (Abramowitz 2010, 158). Esta situación conlleva un peligro importante. Como algunos estudios señalan2, el aumento de la polarización puede estar asociado con un aumento de la hostilidad hacia las personas que se sitúan en el extremo político opuesto. Esto hace muy difícil que pueda haber entendimiento entre partidos de distinto signo político y que, por ejemplo, puedan llegar a acuerdos. Además, esta situación se ve agravada por otros fenómenos como las “cámaras de eco” (ver Jamieson y Capella 2010; Sunstein 2017) o las “burbujas de información” (ver Pariser 2011). Es decir, sitios, ya sean físicos o virtuales, donde la práctica totalidad de la información a la que acceden las personas que están dentro de la cámara o la burbuja es información que confirma las creencias que ya tienen previamente. Estos mecanismos de selección de información hacen que la polarización y la hostilidad hacia el oponente político aumenten.

La polarización política en Estados Unidos es uno de los casos mejor estudiados. Algunos de los hitos que los autores señalan como claves en este proceso de polarización son:

  1. 1. El triunfo de la concepción agonística de la política de Newt Gingrich en el seno del partido republicano a finales de los años 80 y principios de los 90. Poco a poco, gracias al GOPAC3, una organización de entrenamiento para los candidatos republicanos, la línea dura de Gingrich fue imponiéndose en el partido. El punto culminante del cambio quizá pueda situarse en la adopción por parte del partido republicano del memorándum del GOPAC titulado “Lenguaje: Un mecanismo clave de control”, en el cual se exhortaba a los candidatos republicanos a emplear “ciertos palabras peyorativas para descalificar a los demócratas, como por ejemplo: «patéticos», «enfermos», «raros», «antibandera», «antifamilia» y «traidores».” (Levitsky y Ziblatt 2018, 172).

  2. 2. El aumento del filibusterismo como práctica política habitual. Los autores señalan los dos primeros años de gobierno del demócrata Bill Clinton como el periodo donde más se ha usado este método para impedir acuerdos políticos entre los dos partidos.

  3. 3. El total abandono del respeto y la tolerancia mutua por parte de algunos sectores políticos y mediáticos del partido republicano después del 11-S. Incluso hubo quien, como Ann Coulter, llegó a vincular a los demócratas con Al-Qaeda.

  4. 4. El cuestionamiento de la legitimidad de Barack Obama como presidente en 2008 tanto por el Tea Party, como por el movimiento natalista. El natalista más conocido fue, de hecho, Donald Trump, quien ocho años más tarde se convertiría en presidente de los Estados Unidos.

La polarización política en Estados Unidos no solo atañe a cuestiones políticas, sino a cuestiones identitarias. En palabras de los autores, “los dos partidos están ahora divididos por temas de raza y religión, dos temas profundamente polarizadores que tienden a generar una mayor intolerancia y hostilidad que los temas políticos tradicionales.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 200). Ante una situación como la descrita por los autores, ¿qué se puede hacer? La respuesta a la pregunta, en su opinión, pasa por reconocer y recuperar los valores democráticos que se han perdido en este proceso: la tolerancia mutua y la contención institucional.

4. Tolerancia mutua y contención institucional: Dos valores democráticos básicos

Para los autores, una de las causas principales de que las democracias actuales se vean amenazadas está relacionada con la pérdida de dos valores democráticos básicos: la tolerancia mutua y la contención institucional. Ambas son reglas informales en el sentido de que no figuran de manera explícita ni en Constitución ni reglamento alguno. Sin embargo, las dos son fundamentales porque “todas las democracias de éxito dependen de reglas informales” (Levitsky y Ziblatt 2018, 121), siendo las dos antes comentadas las más importantes a su juicio.

La tolerancia mutua alude a la importancia que tiene el que podamos tolerar y respetar a aquellas personas que tienen ideas políticas distintas a las nuestras. Como dicen Levitsky y Ziblatt: “siempre que nuestros adversarios acaten las reglas constitucionales, aceptamos que tienen el mismo derecha a existir, competir por el poder y gobernar que nosotros.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 122). Si vemos a las personas que no comparten nuestras creencias políticas como enemigos, como personas que no merecen respeto, esto puede tener consecuencias nefastas. Primero, es probable que sea prácticamente imposible llegar a acuerdos con partidos políticos de tendencia contraria, pudiendo acabar incluso en situaciones de bloqueo total. Segundo, es posible que se adopten medidas autoritarias en un contexto en el que el oponente político es considerado una amenaza peligrosa.

La contención institucional hace referencia a “evitar realizar acciones que, si bien respetan la ley escrita, vulneran a todas luces su espíritu.” (Levitsky y Ziblatt 2018, 126). Es decir, refrenarse de llevar a cabo ciertas acciones que, aunque dentro del marco de la legalidad, no se ven como adecuadas, por ejemplo porque infringen alguna ley no escrita. Los autores ponen como ejemplo claro de contención institucional el respeto por parte de los presidentes estadounidenses de emular a George Washington y no postularse como candidatos para un posible tercer mandato. Antes de 1951 la Constitución no obligaba a los presidentes de Estados Unidos a abandonar el cargo una vez que su segundo mandato hubiera concluido. El único presidente que lo hizo fue Franklin D. Roosevelt en 1940. La falta de contención a la hora de respetar la norma no escrita de no postularse como candidato por tercera vez causó gran malestar entre amplios sectores tanto demócratas como republicanos. De hecho, fue lo que causó que en 1951 se aprobara la vigésimosegunda enmienda, la cual dictamina que los presidentes tienen que abandonar la Casa Blanca tras dos mandatos.

En conclusión, la democracia en Estados Unidos, aunque amenazada en ocasiones, siempre ha sobrevivido por el respeto a “dos normas que a menudo damos por supuestas: la tolerancia mutua y la contención institucional” (Levitsky y Ziblatt 2018, 246). Aunque estos dos principios no están recogidos en ninguna ley, son fundamentales ya que posibilitan que las instituciones sigan funcionando, posibilitan que las instituciones puedan velar por el bienestar de la democracia.

5. Conclusiones

Cómo mueren las democracias es una obra de obligada lectura para entender los cambios políticos globales que han acontencido los últimos años en muchos países. Las democracias actuales han dejado de serlo en muchos casos no por la acción violenta de dictadores, sino por las acciones de presidentes y primeros ministros que usan los mismos mecanismos de los sistemas democráticos para subvertir la democracia. En sociedades polarizadas, como lo son buena parte de las sociedades actuales, la posibilidad de que autócratas demagogos lleguen al poder es aún mayor. Para combatir esto los autores de la obra proponen una serie de criterios que permitan detectar a los autócratas antes de que lleguen al poder, así como la recuperación de dos reglas democráticas no escritas esenciales: la tolerancia mutua y la contención institucional.

Referencias bibliográficas

Abramowitz, A. I. (2010). The Disappearing Center: Engaged Citizens, Polarization, & American Democracy. New Haven & Londres: Yale University Press. [ Links ]

Bramson, A. et al. (2017). Understanding Polarization: Meanings, Measures, and Model Evaluation. Philosophy of Science 84(1): 115-159. [ Links ]

Jamieson, K. H. and Cappella, J. N. (2010). Echo Chamber: Rush Limbaugh and the Conservative Media Establishment. Nueva York: Oxford University Press. [ Links ]

Levitsky, S. y Ziblatt, D. (2018). Cómo Mueren las Democracias. Barcelona: Ariel. [ Links ]

Pariser, E. (2011). The Filter Bubble: What Internet is Hiding from You. Londres: The Penguin Books. [ Links ]

Stanley, J. (2017). How Propaganda Works. Nueva Jersey: Princeton University Press. [ Links ]

Sunstein, C. R. (2017). #Republic: Divided Democracy in the Age of Social Media. Nueva Jersey: Princeton University Press . [ Links ]

1Ver el estudio de Pew Research Center realizado en Junio de 2014 (ver http://www.people-press.org/2014/06/12/political-polarization-in-the-american-public/); o el estudio de IPSOS MORI para la BBC realizado en 2018 (ver https://www.ipsos.com/ipsos-mori/en-uk/bbc-global-survey-world-divided).

2Más información: https://www.people-press.org/2014/06/12/section-2-growing-partisan-antipathy/.

3Más información: https://www.gopac.org.

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