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Estudios internacionales (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-3769

Estud. int. (Santiago, en línea) vol.52 no.197 Santiago dic. 2020

http://dx.doi.org/https://doi.org/10.5354/0719-3769.2020.55477 

Artículos

El retorno de Japón hacia América Latina y el Caribe: ¿una estrategia de hedging ante el crecimiento de China?

Japan’s return to Latin America and the Caribbean: A hedging strategy in the face of China’s growth?

1Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile

Resumen:

En septiembre de 2020 se cerró en Japón un período de ocho años en los cuales gobernó el primer ministro Shinzo Abe. Uno de sus legados ha sido una política exterior activa y el reposicionamiento de Japón en el mundo. Un primer objetivo de este artículo es analizar lo que la diplomacia japonesa ha denominado el “retorno” de Japón a América Latina y el Caribe. Para ello se creó un índice de visitas gubernamentales que permite comparar por país y por año este aumento de la presencia japonesa. El segundo objetivo es analizar las posibles razones de esta revalorización de la región latinoamericana. Para ello se discuten varias hipótesis preexistentes, entre ellas una política exterior más internacionalista y determinantes económicos. En base a la literatura sobre cómo responden los países a los poderes crecientes, se plantea una tercera hipótesis que sostiene que el retorno se relaciona al aumento de la presencia de China en la región. El artículo sirve un objetivo doble, por un lado resume el debate de la literatura existente sobre las relaciones de Japón con América Latina, un tema olvidado por las Relaciones Internacionales en los últimos años, y por otro, ofrece datos nuevos que permiten observar el retorno de Japón a América Latina. A su vez, este artículo contribuye al debate sobre el rol de China en la región y sobre cómo responden los países al crecimiento de una potencia emergente.

Palabras clave: Política Exterior; Japón; China; América Latina; Hedging

Abstract:

In September 2020, an eight-year term of office ended in Japan, during which Prime Minister Shinzo Abe ruled. One of his legacies has been an active foreign policy and the repositioning of Japan in the world. A first objective of this article is to analyze what Japanese diplomacy has called the “return” of Japan to Latin America and the Caribbean. To this end, an index of government visits was created to compare this increased Japanese presence by country and by year. The second objective is to analyze the possible reasons for this revaluation of the Latin American region. To this end, several pre-existing hypotheses are discussed, including a more internationalist foreign policy and economic determinants. Based on the literature on how countries respond to growing powers, a third hypothesis is put forward that the return is related to the increased presence of China in the region. The article serves a double purpose, on the one hand it summarizes the debate in the existing literature on Japan’s relations with Latin America, a topic forgotten by International Relations in recent years, and on the other hand, it offers new data that allows us to observe Japan’s return to Latin America. In turn, this article contributes to the debate on China’s role in the region and on how countries respond to the growth of an emerging power.

Keywords: Foreign Policy; Japan; China; Hedging; Latin America

Introducción

A finales de agosto de 2020, el entonces Primer Ministro de Japón, Shinzo Abe, renunció a su cargo aludiendo problemas de salud y finalizando su mandato un año antes de la fecha establecida. Unos meses antes de su renuncia, Abe se había convertido en el Primer Ministro japonés que más años permaneció en el cargo. Los análisis sobre el legado de Abe en materia de política exterior subrayan el logro de volver a poner a Japón en la escena internacional y su acercamiento a distintas regiones del mundo. En este contexto, este artículo busca analizar las relaciones de Japón con América Latina y el Caribe (ALC) en los últimos años, detallando el nuevo acercamiento e hipotetizando sobre las razones de este “retorno” a la región.

La presencia japonesa en América Latina y el Caribe 1 data desde hace más de un siglo. Históricamente las relaciones entre Japón y la región han sido predominantemente económicas y orientadas al comercio ( Horisaka, 1993 ). Sin embargo, en los años ochenta comienza a aparecer en segundo plano otro tema importante: la cooperación ( Ross, 2012 ). Tras un período de distanciamiento, fruto de la desaceleración de la economía nipona, Japón se ha embarcado en una nueva fase de las relaciones buscando una mayor cooperación económica y política (Myers & Kuwayama, 2016).

En los meses posteriores a la gira de Abe por la región, en 2014, diplomáticos y académicos comenzaron a hablar sobre un “retorno” de Japón hacia ALC ( Kuwayama, 2015 ; Myers & Kuwayama, 2016; Uscanga & Florido, 2020; Uscanga & Mendoza, 2017). Buscando insertar este artículo en dicha literatura, la primera pregunta de investigación que planteo es si existe este “retorno” de Japón a la región. En ese caso, ¿cuáles son las causas por las cuales Japón se encuentra más interesado en la región? En otras palabras, en este artículo se ahondará en este denominado “redescubrimiento” de la región desde la llegada nuevamente de Abe al poder en 2012, aportando nuevos datos y los motivos por los cuales se produjo.

En lo que refiere al primer objetivo del artículo, analizar este “retorno” de Japón hacia la región, se evalúa la literatura especializada y se analiza las visitas oficiales de Japón a la región, a través de la construcción de un “índice de visitas” que permita observar su evolución y el desagregado por país. Para observar este retorno a la región también se observan los objetivos y prioridades temáticas de la política exterior japonesa, a través de los documentos oficiales (principalmente del Diplomatic Bluebook publicado por el ministerio japonés 2 ).

Respecto del segundo objetivo, analizar las causas del retorno de Japón hacia América Latina, este artículo hipotetiza sobre la posibilidad de que este redescubrimiento se deba a la creciente presencia de su vecino, China, en la región. Los debates sobre la presencia de China en América Latina y un posible desafío a la hegemonía de Estados Unidos inundan los análisis internacionales ( Jenkins, 2010 ; Paz, 2012; Reyes Matta, 2019 ; Urdinez, Mouron, Schenoni, & Oliveira, 2016). Sin embargo y salvo escasas excepciones (Levy & Rose, 2019; Uscanga & Florido, 2020; Uscanga & Mendoza, 2017), no ha existido en la academia una gran atención a posibles respuestas de Japón ante el involucramiento activo de China en ALC. Si bien este artículo no hace testeo de hipótesis, los datos exploratorios presentados hacen pensar que esta hipótesis podría ser confirmada en futuras investigaciones.

Utilizando el marco teórico de cómo los países responden a un poder creciente ( Roy, 2007 ; Schweller, 1994 ; Waltz, 1979), este artículo hipotetiza sobre la posibilidad de que el retorno se deba a una estrategia hacia la creciente presencia china. La hipótesis que se propone es que la política exterior de Japón hacia ALC posee características de dominance denial, como parte de una estrategia de hedging, ante un aumento de la presencia de China en la región ( Goh, 2005 ; Kang, 2003 ; Kuik, 2008 ). A su vez, también se analizan otras potenciales explicaciones de este “retorno”. Una explicación posible podría asociarse a un fenómeno más amplio, entendiendo esta presencia como parte de una política exterior más activa y un aumento de la presencia japonesa en diversas regiones como Medio Oriente y África ( Azad, 2017 ; Hughes, 2016 ). Mientras que otra razón que podría explicar el retorno de Japón a ALC se relacionaría con aspectos económicos, principalmente con el plan de desarrollo económico (Abenomics) y en línea con el concepto de “flag follows trade” ( Smith, 1998 ), en donde podría argumentarse que existe una mayor presencia política buscando asegurar intereses económicos. Cabe destacar que estas hipótesis no son mutuamente excluyentes y podrían ser todas ciertas.

Este artículo se diagrama de la siguiente manera. Luego de una introducción concisa, se analizan las relaciones entre Japón y ALC, haciendo referencia a los principales autores de este tema y abordando el mencionado redescubrimiento de la región. Una vez descrito este retorno de Japón, se analizan las posibles causas, entre las cuales se incluye la hipótesis principal de este artículo: el retorno de Japón se debe a una estrategia ante el crecimiento de China en América Latina y el Caribe. Posteriormente, se presentan ciertos argumentos para valorar la factibilidad de esta hipótesis. El artículo concluye con reflexiones finales y una agenda de investigación a futuro.

Relaciones Japón – América Latina

La presencia japonesa en la región se remonta hace más de un siglo, cuando miles de inmigrantes nipones se asentaron principalmente en Brasil y Perú, países con los cuales Japón estableció relaciones diplomáticas en el siglo XIX. México, interesado por el comercio con Asia, fue otro de los países con los cuales Japón estableció relaciones en forma temprana, firmando un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación en 1888 ( González Vaguéz, 2012 ), dos décadas después de la Revolución Meiji.

Estos antecedentes históricos de inmigración son fundamentales para el entendimiento de las relaciones entre Japón y la región. Cabe destacar que la historia de migración hacia ALC se puede dividir en dos grandes períodos: antes y después de la Segunda Guerra Mundial ( Kunimoto, 1993 ). Actualmente, Brasil posee la comunidad más grande de nikkei (personas descendientes de japoneses) en el mundo, con alrededor de 1.900.000 personas, mientras que Perú posee la tercera comunidad mundialmente más significativa (detalles en Tabla 1 ).

Respecto del vínculo histórico entre Japón y ALC, Horisaka sostiene que las relaciones han sido predominantemente económicas y orientadas al comercio, “Japón ha tenido muy poco involucramiento en la política doméstica de las naciones latinoamericanas o en los conflictos regionales” ( Horisaka, 1993 , p. 51). A su vez, este autor considera que el diálogo, la negociación diplomática y los intercambios culturales han sido aspectos característicos de dichas relaciones. Pese a este vínculo histórico, la presencia económica de Japón en la región es un fenómeno más reciente, que cobra importancia a partir de mediados del siglo XX. La amplia oferta de recursos naturales en América Latina hizo que la región resulte muy atractiva para Japón, principalmente por la escasez nipona de materias primas (Stallings & Székely, 1993). Un ejemplo de la importancia económica en dicha época es que en 1955, un 9.8% de las importaciones de Japón provenían de América Latina, mientras que el 9.2% de las exportaciones japonesas tenían como destino dicha región ( Horisaka, 1993 ).

Sumado a este aumento comercial, a mediados del siglo XX los países latinoamericanos comenzaron a ser destino de inversión extranjera directa japonesa, consolidándose una primera oleada de inversión ( González Vaguéz, 2012 ). La emblemática alianza estratégica japonesa-brasilera de la siderúrgica Nippon Steel en Usiminas (Usinas Siderúrgicas de Minas Gerais) es un ejemplo de las primeras grandes inversiones de Japón en la región. Otras apuestas se focalizaron en el rubro de fabricación de automóviles, con las inversiones de Toyota y Nissan, en Brasil, México y Perú.

A partir de los años setenta, el comercio y la inversión japonesa crecieron rápidamente y Latinoamérica consolidó su importancia para Japón, tanto por su abundancia de recursos (energéticos, materias primas y alimenticios) que satisfacían las necesidades de una nación económicamente creciente, como en la búsqueda de nuevos mercados para sus exportaciones ( Berríos, 2001 ). Esta situación generó que las tasas de comercio entre Japón y América Latina crezcan entre un 15 y 20% entre los sesenta y setenta (Myers & Kuwayama, 2016). Luego de este notable primer impulso, las relaciones económicas se enfriaron durante los ochenta, fruto de la crisis de la deuda en América Latina. Pese a ello, se observa en esta década un destacado aumento de la cooperación japonesa destinada a los países latinoamericanos, aunque dado que la situación económica de ambos era completamente diferente a finales de los ochenta, se sostiene que “había mucha retórica pero pocas acciones concretas para promover la relación” ( Horisaka, 1993 , p. 61).

En los años noventa y debido a la expansión económica de la región Asia-Pacífico surge una vasta literatura sobre el incremento de las relaciones entre América Latina y Japón (T. Di Tella & Hosono, 1998; Ninomiya, 1996), en la que se coincide que la prioridad japonesa en sus relaciones con América Latina era económica y comercial. Stallings y Székely (1993 ) remarcaron la importancia de Japón como un jugador dominante en la escena internacional en los noventa y su expansión considerable como donante y proveedor de préstamos a los países del tercer mundo. En América Latina, Japón se convirtió “en un actor económico significativo a pesar de la distancia geográfica” (1993, p. 3).

Matsushita (1993 ) sostiene que el vínculo de Japón con la región solo puede entenderse dentro del contexto de la política exterior japonesa de postguerra, la cual hizo énfasis en la separación de los temas políticos de los económicos. En esta línea, este autor destaca tres aspectos importantes por los cuales Japón no se centró en aspectos políticos durante la segunda mitad del siglo XX: a) por la consideración de América Latina como una zona de influencia de Estados Unidos; b) por el motivo que cualquier acción política hubiese podido provocar efectos negativos sobre una gran población de descendientes japoneses, y c) debido a que Japón no poseía conflictos con países de la región, la situación le permitió concentrarse en objetivos económicos ( Matsushita, 1993 , p. 78).

A pesar de esta situación, a partir de los ochenta Japón apoya y muestra interés en la ola de democratización que se da en varios países del continente, atando la ayuda oficial a este proceso. Tsunekawa (1998 ) sostiene que debido a la demanda por parte de Estados Unidos de asumir mayores responsabilidades para sostener el orden internacional liberal, el gobierno japonés hizo hincapié en la promoción de la democracia en el mundo, lo cual supuso un desafío para Japón. “Latinoamérica se transformó en una suerte de centro de entrenamiento en el que Japón aprende la política de promoción democrática” ( Tsunekawa, 1998 , p. 60).

En definitiva, se pueden distinguir varios períodos en las relaciones de Japón y América Latina luego de la segunda Guerra Mundial. Matsushita (1998 ) identifica tres: el primero relacionado principalmente con aspectos migratorios en los años cincuenta; luego un período a partir de los sesenta en donde la prioridad se centra en la región como mercado para los productos industriales japoneses y como fuente de materias primas, y por último, en los años ochenta y comienzos de los noventa, una época en la que la diplomacia japonesa adquiere un nuevo carácter, reconociendo su rol político.

Tabla 1 Tabla 1. Descendientes de japoneses en LAC 

The Association of Nikkei and Japanese Abroad

El retorno de Japón hacia América Latina

Hacia finales del siglo XX, Japón era un actor de peso en la región, el segundo socio comercial de países como Brasil, México, Chile y Perú ( Stallings, 1991 ). Era entonces una época en la que era posible preguntarse sobre la eventualidad de un escenario en el que Japón se convierta en una superpotencia económica en América Latina ( Horisaka, 1993 ). Sin embargo, a partir de 1991 la economía japonesa entró en la recesión más seria y prolongada de la posguerra, creciendo en promedio un 1% entre 1992 y 1995 ( Tsunekawa, 1998 ). Esto fue un factor importante para la caída en la presencia diplomática en ALC, dado lo costoso que supone mantener una diplomacia activa, considerando las distancias geográficas que separan Japón de la región.

A pesar de que las relaciones a comienzos del siglo XXI se han caracterizado por una combinación entre negocios y cooperación ( Ross, 2012 ), los aspectos políticos no han estado ausentes. En 2004, el Primer Ministro Junichiro Koizumi visitó México y Brasil y presentó su política “Vision for a New Japan – Latin America and Caribbean Partnership”, planteando dos objetivos guía: cooperación e intercambio. Los pilares de la política japonesa en aquel entonces apuntaron a revitalizar las relaciones económicas y lidiar en conjunto con los desafíos de la comunidad internacional. En las reuniones con el Presidente de México, Vicente Fox, y de Brasil, Luiz Inácio “Lula” Da Silva, uno de los temas principales que se trató fue la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En este sentido, resulta interesante comprender a qué se debió que desde aquel entonces y durante una década no se haya producido ninguna visita oficial a América Latina por parte de un primer ministro japonés 3 .

La visita del Primer Ministro Shinzo Abe 4 a cinco países de la región entre julio y agosto de 2014, es un punto de referencia de una aparente nueva fase de las relaciones. Unos meses antes, el Ministro de Asuntos Exteriores, Fumio Kishida, sostuvo en un discurso en Ciudad de México que Japón se embarcaba en un nuevo viaje con ALC. Asimismo, durante la gira de Abe en 2014, una funcionaria del Ministerio de Asuntos Exteriores dejó bien claro lo que se estaba palpando: “during the trip people told us there was the feeling that Japan had returned to Latin America” ( Whitefield, 2014 ). Los estudios académicos van en la misma línea al asegurar que “en los últimos años ALC ha retornado a la lista de prioridades de la política exterior de Japón” ( Kuwayama, 2015 , p. 7). Se observa que “Japón se ha embarcado en una nueva fase en sus relaciones con América Latina, (…) buscando una mayor y más profunda cooperación económica y política” (Myers & Kuwayama, 2016, p. 1). Uscanga y Florido (2020 ) también denotan un aumento de reuniones de alto nivel y un incremento en la celebración de comités y foros económicos.

Para aportar a la literatura sobre este retorno de Japón a ALC se elaboró una base de datos con las visitas diplomáticas hacia la región desde 2000 a 2018. Para construir este indicador se le otorgó un puntaje a las visitas: primeros ministros (5), ministros de relaciones exteriores (4), otros ministros de Estado (3), parlamentarios (2) y funcionarios ministeriales (1). La justificación respecto de esta diferencia radica en la significancia que supone una visita oficial encabezada por la figura principal del Poder Ejecutivo, el ministro encargado de llevar adelante las relaciones internacionales, ministros de Estado, miembros del Poder Legislativo y otras figuras con un estatus menor. Para elaborar este “índice de visitas” se procedió a sumar los puntajes de cada país y se obtuvo un total por año. En el gráfico 1 se puede observar que desde la llegada al poder de Shinzo Abe existe un aumento considerable de la presencia diplomática de Japón en ALC.

Fuente: elaboración propia en base a datos del MOFA

Figura 1 Gráfico 1. Índice de visitas de Japón hacia LAC (2000–2008) 

Determinantes del retorno de Japón a América Latina y el Caribe

Una vez analizada la literatura que describe las relaciones entre Japón y ALC y el retorno a la región en los últimos años, el segundo objetivo de este artículo es plantear posibles hipótesis sobre el por qué de este redescubrimiento. En las siguientes subsecciones se analizarán dos hipótesis: el retorno como parte de un fenómeno global que implica un aumento de la presencia japonesa en todo el mundo y un redescubrimiento debido a factores económicos, asociados a un plan de desarrollo económico doméstico.

Liderazgo global de Japón

Una primera hipótesis plausible es que el incremento de las visitas a ALC se hayan dado en el marco de una política exterior más internacionalista y en la búsqueda de un mayor protagonismo global. En este sentido, cabe remarcar algunos aspectos de la política exterior del primer ministro, Shinzo Abe, nieto del ex primer ministro Nobusuke Kishi, quien accedió al Parlamento en los años noventa, representando al Partido Liberal Democrático (PLD). En su actividad parlamentaria, Abe demostró gran apoyo a las familias de los secuestrados por Corea del Norte, un tema que le brindó una plataforma política para su crítica hacia la política exterior japonesa de posguerra por la incapacidad para defender a sus ciudadanos ( Maslow, 2015 ). Desde aquel entonces, Abe demandó la revisión de la constitución pacifista de 1947 y el fortalecimiento de las capacidades militares de Japón.

Para entender la política externa del gobierno de Abe debemos retroceder y referirnos a la política exterior de Japón luego de la segunda Guerra Mundial, marcada por lo que se conoce como la “Doctrina Yoshida”, una estrategia que le permitió a Japón focalizarse en el desarrollo económico, dejando los temas de defensa en manos de Estados Unidos. Esta doctrina no fue una estrategia diseñada para la incertidumbre de post Guerra Fría (López i Vidal & Pelegrín, 2018). La caída del muro de Berlín quebrantó dos de los tres centros de poder político en el Parlamento (el mainstream conservador del PLD que adhería a la Doctrina Yoshida y el Partido Socialista de Japón), manteniéndose firme el ala nacionalista del PLD, que se convertía en el nuevo mainstream del partido ( Pyle, 2018 ).

En este marco, el PLD hizo campaña para las elecciones de 2012 con la promesa de “take Japan back”, una visión asociada a la revisión de la constitución y hacia un rol más independiente de Japón en el contexto mundial. Así lo especificó el propio Abe en un discurso dado en Washington, en el que definió el rol internacional de Japón como un promotor de reglas, así como un gran aliado de Estados Unidos y de otras democracias ( Maslow, 2015 ). El aspecto de la democracia no es un detalle menor, ya que se remonta a una política diplomática basada en valores que Japón plantea desde los años noventa.

El objetivo de Abe en su nueva llegada al poder fue convertir a Japón en un “normal power”, un país con aliados, intereses, soft power y hard power (Hemmings & Kuroki, 2013). En esta línea, Pyle argumenta que el primer ministro diseñó “un cambio sísmico en la política exterior de Japón, desde una posición de dependencia y subordinación de la posguerra, en el orden liderado por Estados Unidos, a un papel proactivo e independiente” (2018, p. 70).

En su discurso de apertura de la 198ª sesión del Parlamento, a comienzos de 2019, Abe hizo referencia a una “diplomacia que tome una perspectiva panorámica del mapa mundial” ( Abe, 2019 ), remarcando no solo las relaciones con Estados Unidos, China, Rusia y el Indo-Pacífico, sino también haciendo referencias a otras regiones que históricamente no han sido centrales en la política exterior japonesa. Un ejemplo sobre esta incorporación de otras regiones en el radar de la política exterior japonesa es el cambio de orientación en Medio Oriente a donde Abe ha realizado frecuentes viajes, más que cualquier otro líder de Japón en el pasado ( Azad, 2017 ), o la resurgencia del interés japonés en África ( Hughes, 2016 ).

En la literatura se puede encontrar cierto consenso sobre la existencia de una política exterior de Japón más activa en búsqueda de un mayor protagonismo global, lo cual podría explicar de cierta manera el aumento en el índice de visitas presentado anteriormente. Sin embargo, si bien esta situación podría explicar el incremento global de visitas a ALC, no revela las razones por las cuales el gobierno japonés se enfocaría en unos países y no en otros. Por ejemplo ¿por qué no se han producido visitas de ningún tipo a Bolivia o Venezuela a pesar de un aumento de las visitas a ALC? Se podría argumentar que es por razones comerciales, pero como veremos más adelante Japón también ha incrementado su presencia en países con escaso potencial comercial.

Una limitación para analizar la factibilidad de esta hipótesis es que no se posee el indicador de visitas para el resto del mundo. Si se observase que el aumento de la presencia diplomática se produce también en otros continentes, se podría argumentar que el incremento de las visitas a ALC se debe a un fenómeno global o incluso a que la actividad de viajar para los representantes del Estado se ha incrementado fuertemente con el tiempo ( Nitsch, 2007 ).

Causas económicas: relaciones comerciales Japón - ALC

Otra hipótesis posible que podría explicar el retorno de Japón a ALC puede asociarse a las relaciones económicas, en particular un mayor intercambio comercial que sugiriese una mayor presencia política bajo la idea de “flag follows trade” ( Smith, 1998 ). Se podría argumentar que un incremento de las relaciones económicas con la región podría haber motivado a los diplomáticos japoneses a acercarse a ALC en busca de asegurar sus intereses. A su vez, también se podría plantear que la presencia política y este “retorno” se debe a un objetivo de recuperar terreno perdido o buscar oportunidades de comercio, asociado a la idea de “trade follows flag” (Keshk, Pollins, & Reuveny, 2004; McEvoy, 2019 ; Pollins, 1989 ) y vinculado a un plan de desarrollo económico doméstico, un aspecto muy significativo para la política exterior japonesa.

Si la idea “flag follows trade” es correcta, deberíamos observar un aumento de las relaciones económicas entre ALC y Japón en los últimos años. Para observar la plausibilidad de esta hipótesis se plantea un análisis del comercio y la inversión extranjera directa de Japón en la región. Cabe resaltar que una limitación de nuestro abordaje es la dificultad de comprobar la idea contraria (trade follows flag), en el sentido que este aumento de relacionamiento diplomático pueda deberse a una estrategia de buscar oportunidades comerciales a futuro.

El comercio total entre Japón y ALC se incrementó desde 2003 a 2011, con un pequeño retroceso en 2009. A partir de entonces el comercio descendió ubicándose en 57 billones de dólares en 2018 ( gráfico 2 ). Mientras que el porcentaje de participación de ALC en el comercio total de Japón se ha mantenido relativamente estable desde 2001 a 2018, con un promedio de 3,91, fluctuando entre un 2,9 en 2003 a un 4,7 en 2010. Es interesante destacar que en el gráfico 3 se observa un leve declive en la importancia de ALC para el comercio japonés desde 2010 hasta la actualidad.

En lo que refiere a la inversión extranjera directa (IED), a mediados de siglo XX ALC era el principal recipiente de IED japonesa, representando un 25% del total acumulado. Sin embargo, América Latina se perdió la segunda ola de inversión japonesa de los años ochenta (Inter-American Development Bank, 2013). En el gráfico 4 se puede observar el comportamiento de la IED Stock de salida de Japón en América Latina en este siglo, con un monto máximo en 2010 y una posterior caída. Si se observa la evolución de la participación de ALC en el total de la inversión extranjera directa de Japón se puede percibir un aumento desde 2002 hasta 2009, cuando alcanza un 13% del total, y luego un decrecimiento importante hasta llegar a un mínimo de 6% en 2015, con una leve recuperación en los últimos dos años ( gráfico 5 ").

En base a los datos de comercio e inversión extranjera directa expuestos, se podría sostener que el aumento de la presencia en ALC no respondería a una mayor importancia de la región en términos de comercio e inversión. Sin embargo, con estos datos no podemos descartar tajantemente que las visitas puedan ser una reacción en la búsqueda de nuevas oportunidades de comercio como parte de un plan de desarrollo económico doméstico. De hecho, Uscanga y Florido (2020 ) remarcan el objetivo de la política exterior japonesa de fomentar el diálogo entre empresarios y gobierno para fomentar la expansión de empresas japonesas. Sin embargo, incluso si nos centramos en el aspecto económico, Uscanga y Florido sostienen que “la diplomacia económica tuvo como misión abrir más oportunidades para las empresas japonesas frente a la creciente competencia de corporaciones chinas con ofertas muy atractivas” (2020, p. 43).

Fuente: elaboración propia en base a datos de Trade Map

Figura 2 Gráfico 2. Evolución del Comercio Total entre ALC - Japón 

Fuente: elaboración propia en base a datos de Trade Map

Figura 3 Gráfico 3. Participación de ALC en el Comercio Total de Japón 

Fuente: elaboración propia en base a datos proporcionados por JETRO

Figura 4 Gráfico 4. Evolución de Inversión Extranjera Directa (stock de salida) de Japón en ALC (millones US$) 

Fuente: elaboración propia en base a datos proporcionados por JETRO

Figura 5 Gráfico 5. Participación de LAC en Inversión Extranjera Directa (stock de salida) total de Japón 

¿Estrategia de hedging hacia China en América Latina?

En base a la literatura sobre cómo los países responden a un poder creciente, en esta sección presento una hipótesis que sostiene que el retorno de Japón se debe al aumento de la presencia china en la región. Los conceptos de balancing y bandwagoning podrían ser utilizados como una herramienta teórica para el análisis de la política exterior de Japón hacia ALC. Para Waltz (1979) balancing significa una estrategia mediante la cual los Estados, en la búsqueda de preservar su seguridad, perciben a los poderes crecientes como una amenaza que debe ser contrarrestada por alianzas (balance externo) y/o armándose (balance interno). Mientras que la opción contraria de bandwagoning sería tomar el camino del acoplamiento, que implica resguardarse bajo ese poder creciente, aceptando un rol de subordinación a cambio de algún beneficio ( Schweller, 1994 ).

La división entre balancing y bandwagoning puede que no sea suficiente para entender ciertas posiciones de los países ante un poder creciente. En este sentido, diversos autores ( Goh, 2005 ; Kang, 2003 ; Kuik, 2008 ; Roy, 2007 ) han propuesto el concepto de hedging, buscando cubrir el espectro que une los dos tipos de comportamiento que proponen los neorrealistas y que son difíciles de identificar en una realidad internacional compleja 5 . En este sentido, Goh define hedging como “un conjunto de estrategias dirigidas a evitar una situación en la que los Estados no pueden decidir alternativas más directas como el balanceo, el acoplamiento o la neutralidad. En su lugar, se cultiva una posición intermedia que impide el tener que elegir un lado a expensas de otro” (2005, p. 8).

En esta misma línea, Kuik (2008 ) intenta identificar los atributos claves de una estrategia de hedging y operacionalizarlos. Define hedging como “un comportamiento en el que un país busca compensar riesgos mediante la aplicación de múltiples opciones de políticas que tienen la intención de producir efectos mutuamente compensatorios, bajo una situación de alta incertidumbre y alto riesgo” ( Kuik, 2008 , p. 163). Este autor concibe el hedging como una estrategia de componentes múltiples en un espectro que va desde balancing puro (que implica un alto grado de rechazo al poder

creciente) hasta bandwagoning puro

(que supone una forma extrema de aceptación al poder creciente). Dentro de la estrategia de hedging destaca cinco posturas: pragmatismo económico, compromiso vinculante, acoplamiento limitado, negación de dominio y balanceo indirecto ( Tabla 2 ) 6 .

Actualmente no existe un consenso sobre la estrategia mediante la cual Japón ha respondido al crecimiento de China en los últimos años. López i Vidal & Pelegrín (2018) sostienen que Japón no está balanceando ni subiéndose al carro de China, sino que adopta una estrategia de hedging, coherente con su status de poder medio. Contrastando este enfoque, Koga (2017 ) argumenta que la conducta de Japón con respecto a China se asocia más al concepto de balancing. En esta misma línea, Pugliese (2017 ) sostiene que Abe aborda la creciente influencia china a través de un balancing externo e interno, el primero a través de profundizar relaciones con estados estratégicos y el segundo aumentando su propia proyección de poder.

Una visión alternativa es la de Hornung (2014 ), quien argumenta que la respuesta de Japón hacia China ha ido cambiando con el tiempo desde un soft hedge a un hard hedge, que implica adoptar un set de estrategias similares al balancing, incluyendo el crecimiento de las capacidades de defensa propias o la creación de alianzas con otros poderes. Otra visión es la de Hughes (2016 ), quien sostiene que a partir de 2012 la política exterior japonesa ha virado desde un soft balancing y un incipiente hard balancing, a una política de cercar diplomáticamente a China.

Pese a las diferentes opiniones existentes en la literatura sobre cómo responde Japón al crecimiento de China, la mayoría de los autores debate sobre los conceptos centrándose en la relación directa entre Japón y China o en la política exterior japonesa hacia el sudeste asiático. Maslow (2015 ) sostiene que Abe hizo de la región asiática su principal y más frecuente destino de viaje, con India y los países de la ASEAN como socios claves en el balanceo hacia China. Asimismo, Wijaya ( 2017) argumenta que Abe buscó darle a Japón una mayor influencia diplomática a través de la búsqueda de socios con el objetivo de implementar una estrategia de “hedge” ante el crecimiento de su vecino China.

López i Vidal & Pelegrín aplican el concepto de hedging y su operacionalización al caso de Japón vis a vis con China. Argumentan que el dominance denial “se adopta cuando un país busca prevenir o negar la emergencia de un poder creciente en una región donde pueda desafiar el statu quo” (2018, p. 198), buscando prevenir su dominio y cualquier tipo de deseo de hegemonía que pueda acarrear. Kuik (2008 ) argumenta que el modo operandi del dominance denial es político por naturaleza y que se busca dicho objetivo a través de envolver a otros poderes en los asuntos regionales y fortalecer su propia influencia diplomática colectiva. Este autor sostiene que el dominance denial se diferencia del balancing puro en que el primero es un balance de poder político y el segundo es militar.

Tal como lo plantea Matsushita, “para analizar los cambios en la diplomacia japonesa hacia América Latina, es necesario tener en cuenta las modificaciones genéricas en la diplomacia japonesa, porque la primera es frecuentemente un reflejo de la segunda” ( Matsushita, 1993 , p. 78). Dada la importancia de China en la política exterior japonesa actual, planteo que el redescubrimiento de ALC por parte de Japón se podría deber a una estrategia ante el crecimiento de China en la región.

Esta idea ha sido mencionada anteriormente por diversos autores (Uscanga & Florido, 2020; Uscanga & Mendoza, 2017). En este caso, sostengo que en la política exterior de Japón hacia ALC se podrían observar características de un dominance denial (negación de dominio) como parte de una estrategia de hedging, tal como lo entiende Kuik (2008 ). La búsqueda de Japón de ampliar sus socios en ALC para fortalecer su influencia diplomática ante el creciente poderío de China, la política “Juntos” con una insistencia en un discurso de valores como la democracia, libertad y Derechos Humanos, que claramente se diferencia con su vecino autoritario, y la política para fomentar la conectividad entre las regiones como posible respuesta a Belt and Road Initiative (BRI), podrían ser características de dominance denial.

Tabla 2  Tabla 2. Respuestas ante la re-emergencia de China según Kuik (2008 )  

Fuente: Kuik, Cheng Chwee. 2008. “The Essence of Hedging: Malaysia and Singapore’s Response to a Rising China”. Contemporary Southeast Asia 30(2): 159–85.

Relaciones Japón – ALC con una mirada en China

En 2013 el Ministro de Asuntos Exteriores, Fumio Kishida, sostuvo que Japón se embarcaba en un nuevo viaje con ALC (Kishida, 2013), siendo este un antecedente clave para la visita que al año siguiente realizó Abe a la región. 2014 puede considerarse un punto de inflexión en las relaciones, principalmente por la visita del Primer Ministro a México, Trinidad y Tobago, Colombia, Chile y Brasil. En Sao Paulo, el mandatario presentó su política denominada “Juntos” con tres principios básicos: progresar juntos (fortaleciendo las relaciones económicas), liderar juntos (trabajando en conjunto en la arena internacional) e inspirar juntos (promoviendo los intercambios pueblo a pueblo) ( Abe, 2014). Estos tres pilares implican diplomacia económica (asegurar aprovisionamiento de recursos y alimentos), cooperación intergubernamental (influencia en la toma de decisión política y votos en organismos internacionales) e intercambio cultural (incrementar los intercambios entre funcionarios públicos, periodistas o líderes jóvenes para promover más cooperación) (Uscanga & Florido, 2020). Cabe destacar que la imagen de Japón en América Latina ya es bastante positiva. En un estudio reciente realizado por el autor, las principales palabras a las que encuestados en seis países (Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México y Perú) relacionan con Japón: son tecnología, disciplina y cultura (ver cuadro 1 ) 7 .

En la visita de 2014, Abe también lideró el primer encuentro Japón – CARICOM (Comunidad del Caribe), y un año después continuó con su esfuerzo de acercamiento a los países del Caribe con una visita a Jamaica. En 2016, el Primer Ministro visitó Argentina para reunirse con Macri y participar de un foro económico; viajó a Cuba (convirtiéndose en el primer mandatario nipón en visitar la isla); estuvo presente en Brasil (en el marco de los Juegos Olímpicos), y en Perú, en el contexto de APEC. En 2018, Abe regresó a la región para concurrir al G-20 en Argentina, para posteriormente trasladarse a Uruguay y Paraguay, países a los cuales nunca había llegado anteriormente un primer ministro japonés.

Al observar el detalle de las visitas por país ( Tabla 3 ) se puede percibir desde la llegada de Abe al poder (2013-2018) cierta priorización hacia países a los cuales los mandatarios japoneses anteriores no habían llegado. En ese sentido podemos ver aumentos a distintos países como Uruguay, Trinidad y Tobago, Paraguay, Nicaragua, Jamaica, Ecuador, Cuba, Costa Rica y Argentina.

Uscanga y Mendoza sostienen que “los imperativos estratégicos y motivaciones de China y Japón para los espacios de competencia en América Latina, una región históricamente bajo el influjo de Estados Unidos, son fundamentalmente de naturaleza económica, más que ideológica o militar” (2017, p. 40). Este argumento parece plausible dada la importancia que Japón le ha dado a los temas comerciales luego de la segunda Guerra Mundial y debido a que existe cierto consenso que China y Japón observan la región como una fuente de materias primas y como mercados de exportación. En un artículo reciente, Uscanga y Florido (2020 ) plantean la posibilidad de una estrategia de Japón más asertiva frente a China, incluso en el terreno político.

Observando el índice de visitas elaborado para este artículo se percibe que desde la llegada al poder de Abe hubo una mayor presencia diplomática japonesa en países que no se podrían considerar grandes socios comerciales para Japón y que incluso poseen escaso potencial económico para la tercera economía del mundo. En Paraguay, Uruguay, Cuba, Costa Rica o Ecuador se observa una mayor presencia diplomática desde 2013 y si bien en los últimos dos casos Abe no ha viajado personalmente, se percibe un aumento de la actividad oficial. En este sentido, en el gráfico 6 se observa que la presencia que más ha aumentado desde 2013 no corresponde a los principales socios comerciales de Japón en la región: Brasil, México, Chile, Perú y Panamá ( gráfico 6 ).

Esta mirada de las visitas podría hacernos pensar que el objetivo de este retorno va más allá de lo económico. Desde comienzos de siglo, China se transformó de un socio insignificante de ALC a un actor clave, dado su involucramiento activo en términos de comercio, inversión extranjera y financiamiento (Urdinez, López, & de Oliveira, 2016). Actualmente Beijing posee una Asociación Estratégica (Strategic Partnership) con Argentina, Brasil, México, Perú, Chile, Venezuela, Ecuador, Costa Rica y Uruguay, y a su vez posee Tratados de Libre Comercio con Chile, Perú y Costa Rica (Song, Borquez, & Zibetti Wust, 2019).

En lo que refiere a las visitas a la región del Presidente de China, Xi Jinping realizó cuatro viajes desde su llegada al poder. En la tabla 4 se puede observar una comparación de las visitas de Xi Jinping y Shinzo Abe a ALC desde sus respectivos comienzos de mandato. Observando el índice de visitas desagregado por país (ver tabla 3), se podría decir que se ha incrementado la presencia japonesa en todos los países que ha visitado Xi Jinping con la excepción de Venezuela, a donde no han llegado delegaciones oficiales japonesas en el siglo XXI.

Uscanga y Mendoza (2017 ) argumentan que se puede observar una preocupación mutua entre China y Japón sobre sus movimientos diplomáticos en ALC. “La visita de Xi Jinping (de 2013) generó una respuesta del gobierno de Abe para articular una estrategia más focalizada para esta región del mundo. Es posible que Japón se haya confiado de su ya añeja y consolidada presencia en la región, pero al observar el rápido avance de China, tuvo que reaccionar” (Uscanga & Mendoza, 2017, p. 41). Sin embargo, Levy & Rose (2019) argumentan que a pesar de que se presente en la prensa a China y a Japón como competidores por recursos y poder en América Latina ( Lee, 2014 2014), la percepción de rivalidad no ha afectado las decisiones políticas de estos dos países.

A diferencia de Levy & Rose (2019), en este artículo se plantea que la política exterior de Japón hacia ALC sí toma en cuenta la presencia de China. En este sentido sostengo que se podrían observar características de un dominance denial como parte de una estrategia de hedging, tal como la entiende Kuik (2008 ). Como se mencionaba anteriormente, López i Vidal & Pelegrín argumentan que el dominance denial “se adopta cuando un país busca prevenir o negar la emergencia de un poder creciente en una región donde pueda desafiar el statu quo” (2018, p. 198), buscando prevenir su dominio y cualquier tipo de deseo de hegemonía que pueda acarrear. Para el caso de Japón y ALC, sostengo que la búsqueda de nuevos aliados ante el creciente poderío de China, la política “Juntos” con un énfasis en la diplomacia basada en valores, y la política de conectividad como respuesta a BRI podrían ser consideradas estrategias de dominance denial, en un contexto en el que China se asocia con gobiernos sudamericanos para la renegociación del orden internacional establecido ( Strüver, 2014 ).

A través del índice de visitas se observa que el mayor aumento de la presencia de Japón se da en países con los cuales Japón no tiene gran volumen comercial (y quizás ni potencial), por lo cual la presencia diplomática allí podría hipotetizarse como una estrategia de negación de dominio de China a través de la búsqueda de nuevos socios políticos como Argentina, Paraguay, Uruguay, Colombia, Cuba, Costa Rica y el Caribe. En estos casos se perciben situaciones distintas: países en donde Japón competiría con China (Argentina, Uruguay, Costa Rica y el Caribe), donde Pekín no está presente (Paraguay) o donde China no posee gran influencia (Colombia).

La política “Juntos” desarrollada para ALC en la que se equipara a Japón con la región, debido a que comparten valores como la democracia, libertad y derechos humanos, iría en línea con lo que plantea Hughes (2016 ), quien sostiene que las campañas diplomáticas de Japón son para controlar la creciente influencia de China a través del aumento de su reputación internacional (remarcando el internacionalismo japonés) y promoviendo el estado de derecho, en un contraste implícito al autoritarismo de China. A su vez, esta política “Juntos” puede también tener líneas de conexión con lo que plantea Hornung sobre el intento de Japón de incrementar su influencia para “empujar a China hacia un comportamiento más aceptable” (2014, p. 108).

Otro aspecto que se observa en el análisis de la política exterior de Japón hacia ALC de los últimos años, que también podría caracterizarse como de negación de dominio, es la propuesta que presentó Abe durante el G-20 en Buenos Aires en 2018, para fomentar la conectividad entre Japón y ALC. Esta nueva iniciativa de Japón de fomentar la conectividad se basa en tres pilares: conectividad económica (a través de las cadenas globales de valor e infraestructura), conectividad de valores (multilateralismo basado en reglas) y conectividad de sabiduría (para enfrentar los desafíos a través de la innovación) ( MOFA, 2018 2018). En este sentido esta estrategia se podría concebir como una forma de contrarrestar el proyecto BRI de China, que ha tenido un fuerte impacto en la región a partir de la invitación en 2018 en el foro China-CELAC de Santiago (Serrano Moreno, Telias, & Urdinez, 2020).

En definitiva, tal como lo expresan Myers y Hosono, “Japón ve a ALC cada vez más como un socio estratégico en la defensa del orden internacional basado en normas” (2019, p. 9). Estos autores sostienen que la importancia estratégica de la región ha crecido a la par del crecimiento mundial de China y que la política de conectividad propuesta por Abe tiene puntos en común con la Estrategia Indo-Pacífico Libre y Abierto, que apunta a la construcción de infraestructuras y vías marítimas, libres y abiertas. En esta línea es que se plantea que el crecimiento de China en la región ha sido un factor importante en la política exterior de Japón y el “redescubrimiento” de ALC.

Fuente: elaboración propia

Figura 6 Cuadro 1. ¿Qué piensas cuando te dicen Japón? 

Fuente: elaboración propia en base a datos del MOFA

Figura 7 Gráfico 6. Comparación del índice de visitas entre los 5 principales socios de Jaón en LAC y el resto de los países 

Tabla 2  Tabla 3. Índice de visitas por país y año 

Fuente: elaboración propia basado en datos del MOFA.

Tabla 4 Tabla 4. Resumen de visitas China y Japón a ALC 

Fuente: elaboración propia.

Conclusiones

En septiembre de 2020 se cerró un período de gobierno en Japón de ocho años liderado por Shinzo Abe. En este contexto, este artículo analiza los principales lineamientos de la política exterior de Abe hacia América Latina y el Caribe. Esta investigación se plantea dos objetivos. El primero fue observar si realmente existió este retorno de Japón a ALC, tal como se declara oficialmente y lo sostienen diversas investigaciones ( Kuwayama, 2015 ; Myers & Hosono, 2019; Myers & Kuwayama, 2016; Uscanga & Florido, 2020; Uscanga & Mendoza, 2017). El segundo objetivo es proponer hipótesis sobre las causas de este retorno.

Para lograr el primer objetivo se elaboró un índice de visitas para observar si ha existido un aumento de las visitas oficiales a la región desde 2012 en adelante. En este sentido, este artículo contribuye a la literatura que explora este “retorno” o descubrimiento. En lo que refiere al segundo objetivo se plantearon posibles explicaciones sobre los factores que llevaron a dicho retorno: búsqueda de liderazgo global, causas económicas y una posible hipótesis sobre que este redescubrimiento se deba a una estrategia ante la expansión de China en la región. Si bien se acepta que la hipótesis sobre el retorno de Japón como parte de una política exterior más internacionalista puede ser correcta, ya que diversos estudios dan cuenta de un aumento de la presencia diplomática japonesa en otras regiones como Medio Oriente y África, sostengo que esta explicación no permite entender por qué Japón se centraría en algunos países más que en otros. En lo que refiere a una explicación de este retorno asociada a cuestiones económicas, planteo que la importancia relativa de ALC para Japón en el ámbito comercial no ha cambiado desde el 2000 en adelante y el monto de FDI ha caído en el último tiempo. A pesar de ello, si bien se sostiene que el redescubrimiento no se debe a la idea de “la bandera sigue el comercio”, no se puede descartar que el retorno pueda corresponder a un intento de recuperar terreno perdido en lo económico.

Utilizando literatura sobre cómo responden los países a un poder creciente y el concepto de hedging, este artículo utiliza la operacionalización que hace Kuik (2008 ) de este concepto para plantear una hipótesis de que Japón desarrolle en ALC una estrategia de dominance denial. Sostengo que la negación de dominio se podría observar en un incremento de la presencia diplomática en países con los cuales Japón no tiene gran volumen comercial (y quizás tampoco potencial) y en donde no había tenido mayor presencia en el pasado; en la política “Juntos” que hace énfasis en valores como democracia, libertad y derechos humanos en clara oposición a China, y en el lanzamiento por parte de Abe en 2018 de una política para fomentar la conectividad entre Japón y ALC, en una clara respuesta a la llegada de BRI a la región.

Uno de los aportes de este artículo es que, salvo excepciones como Uscanga & Mendoza (2017) y Levy & Rose (2019), no se ha debatido profundamente sobre cómo ha respondido Japón a China en ALC, ni se han analizado en profundidad las causas de esta nueva era de las relaciones a partir de la segunda década del siglo XXI. Considero que la reacción de Japón es importante de observar debido a que es un actor clave en la escena internacional, que posee una presencia desde hace más de un siglo en ALC y que considera el desarrollo de China como uno de los temas principales de su política exterior.

En futuras investigaciones se debería comprender hasta qué punto juega la relación entre Japón y Estados Unidos en la política exterior japonesa hacia ALC. La pregunta que surge es si existe coordinación o independencia entre ambos países. Un segundo aspecto de profundización es en los intereses de China en la región, de modo de poder comparar con más profundidad la política exterior de ambos países hacia ALC. Un análisis detallado sobre los países y objetivos a lo que ha apuntado el gobierno de Xi Jinping puede brindar una herramienta potente y necesaria para comprender cabalmente la estrategia de Japón hacia la región, así como los desafíos que tiene por delante a la hora de acomodarse al creciente poder de China en LAC.

Por último, considero que la disciplina debe continuar debatiendo acerca de las teorías sobre cómo se comportan los países ante los poderes crecientes. Lim y Cooper (2015 ) han argumentado que el término hedging se redujo a una etiqueta más que a un concepto analítico sustantivo. En este artículo se plantea que los intentos de utilizar los conceptos de balancing (soft y hard) o hedging han mostrado ser muy valiosos para entender cómo Japón responde ante China vis a vis o en el Sudeste Asiático. Sin embargo, resulta complejo caracterizar la política japonesa hacia ALC dentro de estas teorías. La pregunta que queda pendiente es cuánto nos ayudan estos conceptos para entender la política de ciertos países en regiones geográficamente distantes.

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1Cabe remarcar que en este artículo me refiero a la región “América Latina y el Caribe” debido a que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón (MOFA - por su sigla en inglés) agrupa de esta manera a los países de la región (“Latin American and Caribbean Affairs Bureau”).

2Estos Diplomatic bluebook se encuentran disponibles en https://www.mofa.go.jp/ policy/other/bluebook/index.html

3Es importante hacer la salvedad que Taro Aso en 2008 visitó Perú en el marco de APEC, mientras que Yoshihiko Noda en 2012 concurrió al G-20 que se realizó en México.

4Abe se convirtió en 2012 en el primer ministro de Japón por segunda vez, ya que había ocupado dicho cargo durante un breve período entre 2006 y 2007.

5Para una discusión profunda sobre Hedging se recomienda el debate planteado por López i Vidal & Pelegrín (2018).

6Se mantienen los nombres en inglés en la tabla debido a que la traducción podría no captar fehacientemente los conceptos propuestos por el autor

7Este estudio fue realizado en conjunto con el profesor Francisco Urdinez mediante la empresa Netquest Marketing, el 21 de mayo. Esta encuesta a 3200 individuos en seis países fue realizada on-line. En ella se le preguntó a las personas que opinaban con respecto a una serie de países, entre ellos Japón.

Recibido: 14 de Octubre de 2020; Aprobado: 26 de Octubre de 2020

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