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Logos (La Serena)

versión impresa ISSN 0716-7520versión On-line ISSN 0719-3262

Logos vol.31 no.1 La Serena jul. 2021

http://dx.doi.org/10.15443/rl3101 

Artículo de Investigación

Instrumentos de evaluación pragmática y comunicativa en español

Communicative and pragmatic assessment tools in Spanish

Claudia Prieto1 

Consuelo Sepúlveda1 

Guillermo Soto1 

1 Universidad de ChileChile.prieto.claudiacaro@gmail.com cv.sepulvedai@gmail.com gsoto@uchile.cl

Resumen:

En esta revisión bibliográfica completa, se analizan instrumentos de evaluación pragmática comunicativa utilizados durante la práctica clínica con población hispanohablante, con el objeto de caracterizarlos, establecer y comparar las conductas comunicativas y lingüísticas evaluadas y discutir su utilidad en la pragmática clínica. Se identifican doce instrumentos. Predomina una concepción amplia de la pragmática que la entiende como perspectiva más que como nivel del lenguaje y que se apoya no solo en estudios pragmáticos en sentido estricto, sino también en el análisis del discurso, el análisis conversacional y los estudios sobre comunicación no verbal. La mayor parte de los instrumentos analizados corresponde a pautas de cotejo centradas en la evaluación de la pragmática interactiva. La información sobre variables psicométricas es escasa. Se concluye que parece necesario desarrollar instrumentos formales con propiedades psicométricas establecidas que permitan determinar con precisión las habilidades pragmáticas alteradas, contribuyendo al diagnóstico y tratamiento de los pacientes.

Palabras claves: evaluación pragmática; trastornos pragmáticos; pragmática clínica; trastornos de la comunicación; competencia pragmática

Abstract:

In this complete bibliographic review, communicative pragmatic assessment tools used during clinical practice with Spanish speaking population were analyzed. It was carried out in order to characterize them, establish and compare the communicative and linguistic behaviors assessed and discuss their usefulness in clinical pragmatics. Twelve assessment tools are identified. A broad conception of pragmatics prevails that understands it as a perspective rather than as a language level and that is supported not only by pragmatic studies in the strict sense, but also by discourse analysis, conversational analysis and studies on non-verbal communication. Most of the tools analyzed correspond to checklists focused on the assessment of interactive pragmatics. Information on psychometric variables is scarce. It is concluded that it seems necessary to develop formal tools with established psychometric properties that allow to accurately determine pragmatic ability impairments, contributing to the diagnosis and treatment of patients.

Keywords: pragmatic assessment; pragmatic disorders; clinical pragmatics; communication disorders; pragmatic competence

1. Introducción

El conocimiento y manejo correcto del léxico y la gramática no es suficiente para una comunicación lingüística exitosa. Una expresión como “¿Puedes cerrar la puerta?” no cuenta comúnmente como pregunta, sino como petición cortés. Con todo, en algunos contextos puede ser una pregunta; por ejemplo, entre dos carpinteros que reparan una puerta. Si escuchamos que un perro devoró a su amo, no comprendemos solo que lo hizo un “mamífero doméstico de la familia de los cánidos”, como dice el diccionario: entendemos que se trata de un perro de cierto tamaño, probablemente de una raza peligrosa. Y si leemos que alguien perdió a sus hijos y se suicidó, relacionamos ambos eventos y pensamos que el suicidio responde al dolor originado por la pérdida. La comunicación cotidiana abunda en casos semejantes, en que la mera codificación y decodificación de signos no garantiza la comprensión: quién habla a quién, cuándo, cómo, en qué contexto, son factores críticos para la comprensión del mensaje. El estudio de lo que las personas quieren decir al comunicarse lingüísticamente y no solo de lo que las frases significan por sí mismas corresponde a la pragmática. Como precisa Escandell (2013, p. 16), la pragmática lingüística estudia “las condiciones que determinan tanto el empleo de un enunciado concreto por parte de un hablante concreto en una situación comunicativa concreta, como su interpretación por parte del destinatario”.

La comprensión de lo que se quiere decir supone procesos de integración de información lingüística y no lingüística. Esto implica tener “las habilidades cognitivas para enriquecer el significado lingüístico de los enunciados” 1 y poseer capacidades que “incluyen la habilidad para generar inferencias, razonar sobre estados mentales e integrar información contextual de distintas fuentes” (Zufferey, 2015, p. viii). En este sentido, puede hablarse de una pragmática cognitiva, cuyo objeto son “los estados mentales de las personas que participan en la comunicación” (Bara, 2010, p. 1) y una neuropragmática, centrada en el estudio del papel del cerebro en el procesamiento del lenguaje en uso (Bambini, 2010). Existe también una pragmática clínica, cuyo objeto es “el estudio de las diversas maneras en que puede verse alterado el uso individual del lenguaje con fines comunicativos” (Cummings, 2009, p. 6).

En las últimas décadas, ha habido un gran avance en la investigación y tratamiento de trastornos pragmáticos, tanto del desarrollo, como en el espectro autista y el síndrome de Asperger2; como adquiridos, como en la esquizofrenia o la lesión cerebral traumática (Cummings, 2009). Recientemente, la quinta versión del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (American Psychiatric Association, 2013) ha incluido el trastorno de la comunicación social (pragmático) como déficit primario de la comunicación verbal y no verbal (Velarde, Vattuone & Gómez, 2017), diferenciándolo, entre otros, de los trastornos del lenguaje3 y del espectro autista (Rapin & Allen, 1983). El trastorno de la comunicación social afecta el uso del lenguaje en contextos sociales, tanto en lo expresivo como en lo comprensivo (Simms & Ming Jin, 2015).

Si bien el estudio del uso del lenguaje tiene antecedentes de larga data, la pragmática, como campo, se estableció hacia la década de 1970 (Jucker, 2012), comenzando, a la par, el desarrollo de herramientas que permitieran la observación y evaluación de los procesos pragmáticos con el fin de comprender y caracterizar el desempeño comunicativo de personas sin condición patológica de base en condiciones naturales de interacción (Scherer, 1974; Jucker, 2012). El estudio y la evaluación de las implicancias del desempeño comunicativo en la interacción social se ha ido ampliando en la medida en que los estudios se han expandido (De Sousa, Gimeniz, Freitag & Almeida, 2010; Ramsay et al., 2010). Un ejemplo de esto es el análisis de poblaciones clínicas que incluyen, como ya se ha indicado, el trastorno del espectro autista (Baixauli, Berenguer, Roselló & Colomer, 2018; Deliens, Papastamou, Ruytenbeek, Geelhand & Kissine, 2018; Loukusa, Mäkinen, Kuusikko-Gauffin, Ebeling & Leinonen, 2018), lesiones de hemisferio derecho (Sobhani-Rad, Ghorbani, Ashayeri, Jalaei & Mahmoodi-Bakhtiari, 2014; Joanette et al, 2008; Shields, 1991), traumatismos cráneoencefálicos (Angeleri et al. 2008; McDonald et al., 2013) y patologías psiquiátricas como la esquizofrenia (Martínez, Martínez-Lorca, Santos y Martínez-Lorca, 2018; Parola, Berardinelli & Bosco, 2018; García, Soto, Aliste, Astroza y Astudillo, 2019). Este tipo de análisis ha pasado a ser el modelo de estudio del modo en que las habilidades pragmáticas son afectadas por una condición de base, lo que ha llevado a caracterizar comunicativamente estas enfermedades y actualizar la entidad diagnóstica que las define.

La delimitación de la pragmática ha sido controvertida debido al poco consenso que se tiene sobre su alcance, situación problemática para la clínica (Cummings, 2007). Los conceptos que estudia abarcan desde actos de habla, implicaturas y deixis, hasta las definiciones de contexto y discurso cohesivo y coherente, y fenómenos gramaticales, fonéticos y no verbales. Aunque suelen emplearse distinciones como significado vericondicional vs. no vericondicional o literal vs. inferencial, resulta particularmente difícil delimitar semántica de pragmática (Zufferey, 2015). De modo general, se reconoce una pragmática restringida, propia del enfoque anglosajón, y otra amplia, característica de la pragmática europeo-continental (Jucker, 2012). Mientras la primera trata la pragmática como un componente más del lenguaje, la segunda la entiende como una perspectiva que ve el lenguaje en su conjunto (Escandell, 2013).

Más allá de esta distinción, muchos instrumentos se centran en la pragmática interaccional, porque lo que interesa en estos casos es evaluar el uso social de la comunicación. La evaluación de la pragmática en la interacción implica dificultades para quien la ejecuta, ya que el contexto que crea el evaluador resulta fundamental para asegurar la validez ecológica de la herramienta (Moreno Campos, 2006; Cummings, 2009). Esto explica por qué las pautas de observación son la principal forma de evaluación pragmática utilizada por los clínicos en desmedro de la aplicación de test estandarizados, dadas las dificultades en la estandarización de las pruebas. Más aun, hay una opinión extendida de que diversos fenómenos pragmáticos no podrían evaluarse de manera formal (Cummings, 2009).

Como puede desprenderse de lo expuesto, la evaluación de las habilidades pragmáticas o competencia pragmática4 es relativamente reciente en comparación con la competencia gramatical o la léxica, lo que puede constatarse al revisar la historia de la neurolingüística. Los primeros estudios del lenguaje se remontan a los trabajos de Broca (1965) y Wernicke (1908), en el siglo XIX. Con Geschwind (1965) se sientan las bases teóricas para la caracterización y evaluación de los trastornos lingüísticos, considerando la estructura y no el uso comunicativo del lenguaje. Desde un principio, la afasiología ha sido el eje del estudio del deterioro del lenguaje producto de lesión cerebral adquirida y, en este contexto, se han desarrollado test formales que cuentan con estudios psicométricos aprobados, tales como el Test de Boston para el diagnóstico de las afasias (Goodglass & Kaplan, 1976), la Batería de afasias de Western (Kertesz, Pascual-Leone & Pascual-Leone, 1990), la Batería para la evaluación de los trastornos afásicos (BETA) (Cuetos & González-Nosti, 2009) o el Test de Barcelona (Peña- Casanova, 2019). Aunque los últimos se han diseñado de acuerdo con un modelo de procesamiento lingüístico más reciente (Patterson & Shewell, 1987), sus ámbitos de evaluación continúan centrándose en la estructura lingüística. En contraste con esta situación, las primeras descripciones de evaluación pragmática se remontan recién a la década de 1980 con Prutting y Kirchner (1987), cuyo trabajo ha servido de base para los posteriores (Cummings, 2007).

La evaluación de aspectos estructurales y del habla -como la gramaticalidad o la fluidez discursiva- no permite por sí sola caracterizar las dificultades comunicativas en contextos sociales que presentan las personas tras una lesión cerebral u otra causa clínica (Muñoz-Céspedes & Melle, 2004; Toloza, 2017). Durante la interacción comunicativa se deben compartir estados mentales y desplegar habilidades lingüísticas y extralingüísticas con el objeto de cumplir finalidades comunicativas que resultan vitales para el funcionamiento social, laboral y académico de las personas (Bara, 2010). De ahí la relevancia de evaluar las habilidades pragmáticas.

Como se ha mencionado, desde el origen del estudio pragmático hasta la actualidad se han diseñado instrumentos que permiten registrar o cuantificar las observaciones del clínico o de los cercanos al paciente, o las respuestas de este último a tareas específicas. Estas evaluaciones son relevantes no solo para caracterizar los trastornos, sino también para establecer una línea de base y diseñar el tratamiento clínico (Cummings, 2009). Por su utilidad clínica, muchos instrumentos han alcanzado popularidad y han sido traducidos o adaptados a diferentes lenguas.

Los instrumentos de evaluación con frecuencia no se limitan a la pragmática lingüística, sino que incluyen aspectos estructurales y componentes no lingüísticos, de naturaleza cognitiva, social o comunicativa. La dificultad para restringir el alcance no parece independiente de la relación entre trastornos pragmáticos y trastornos estructurales. Como precisa Cummings (2009), suele distinguirse entre trastornos pragmáticos primarios, en que no están afectados los niveles estructurales del lenguaje, y trastornos pragmáticos secundarios, derivados de problemas en componentes estructurales, como la morfosintaxis . La distinción, de carácter analítico y de límites difusos, muestra la dificultad para aislar el procesamiento pragmático del resto del procesamiento del lenguaje. Por otro lado, la cognición social y la interacción comunicativa también se relacionan estrechamente con la pragmática, al punto que, por un lado, no todos concuerdan en la inclusión de los fenómenos en una u otra categoría y, por otro, se indaga en la eventual dependencia o inclusión de la pragmática en la cognición social (Cummings, 2009; Toloza, 2017; Parola et al, 2018; García, Soto, Aliste, Astroza y Astudillo, 2019). Finalmente, no hay que olvidar que los instrumentos tienen un fin aplicado y que la evaluación está al servicio del diagnóstico y la intervención.

Esta revisión bibliográfica presenta los instrumentos de evaluación pragmática comunicativa utilizados en población hispanohablante y su utilidad en la práctica clínica. Se identificaron los instrumentos en español disponibles en Internet, se establecieron y compararon los fenómenos pragmáticos que evalúan y se discutió su utilidad en la pragmática clínica.

2. Metodología

Se realizó una revisión narrativa de la bibliografía especializada, considerando artículos científicos publicados en español en las bases de datos electrónicas Google Scholar, Pubmed, Elsevier, Web of Science, Scopus y Scielo. Se utilizaron las siguientes palabras claves en la búsqueda: evaluación pragmática, habilidades pragmáticas, protocolo pragmático, protocolo de evaluación pragmática, evaluación pragmática autismo, evaluación pragmática afasia, evaluación pragmática TEC, evaluación pragmática niños, evaluación pragmática adolescentes, evaluación pragmática adultos. La búsqueda se realizó entre octubre de 2018 y marzo de 2019 y no hubo restricción del año de publicación, así como tampoco del tipo de artículo. Tras la evaluación del título y del resumen, se identificaron textos que hicieran referencia al uso de test estandarizados, pautas de cotejo, cuestionarios para padres, familiares y/o cuidadores y protocolos autoadministrados, que permitieran evaluar el desempeño pragmático y comunicativo de población infantil o adulta, con patologías de origen neurológico o no asociadas. Se excluyeron los trabajos sin referencia a un instrumento específico de evaluación pragmática en español5.

Los instrumentos se clasificaron según su metodología de aplicación, distinguiendo entre test estandarizados, pautas de cotejo, cuestionarios para padres, familiares y/o cuidadores, y protocolos autoadministrados. Se analizó el objetivo y nivel de aprobación psicométrica respecto de la validación, estandarización, traducción y/o norma de los instrumentos, de acuerdo con la información accesible en Internet. La validación supone la comprobación de que un instrumento sirve para medir aquello que se propone; la estandarización, por su parte, implica el establecimiento explícito de un método de trabajo o aplicación del instrumento, en relación al tipo de material que se utiliza, consignas, tiempo de aplicación, etc.; finalmente, la norma se refiere a qué rendimiento esperar en ausencia de trastorno, estableciendo el rendimiento considerado normal para una población definida

Además, se revisaron las habilidades pragmáticas evaluadas por cada herramienta y las interdisciplinas lingüísticas pertinentes. También se consideró la forma en que estos contenidos eran -o no eran- aplicados a poblaciones clínicas determinadas.

3. Resultados y discusión6 7 8

Siguiendo el método expuesto, se identificaron doce instrumentos de evaluación, publicados entre 1987 y 2016, lo que es consistente con el estatus relativamente reciente de la evaluación de las habilidades pragmáticas. Como anticipamos, no todos los instrumentos evalúan exclusivamente habilidades pragmáticas lingüísticas; con frecuencia, consideran también aspectos estructurales, del habla y de la comunicación no lingüística, la interacción u otros aspectos cognitivos o sociales. La Tabla 1 presenta los instrumentos, asignando un número correlativo a cada uno de ellos.

Tabla 1 Instrumentos de evaluación pragmática en español. 

Agrupados según el rango etario al que están dirigidos, se encontraron seis instrumentos de evaluación infantil (3, 4, 5, 9, 10 y 12), cinco para adultos (2, 6, 7, 8 y 11) y uno para población general (1). No se encontraron instrumentos destinados específicamente a adolescentes ni a adultos mayores, etapas en que pueden presentarse particularidades en el uso comunicativo del lenguaje (Nippold, 2000; Messer, 2015). Con respecto al tipo de metodología empleada, tres instrumentos (3, 4, 6) corresponden a pruebas formales o test estandarizados que arrojan una puntuación final que ubica al participante en un segmento definido por cada instrumento. Seis (1, 2, 5, 7, 10, son pautas de cotejo sobre la base de la observación del evaluado en una situación natural familiar y/o dentro de un contexto sanitario o educacional. Dos (9, 12) son cuestionarios para padres o informantes cercanos a la persona evaluada. Finalmente, uno (8) corresponde a un cuestionario autoadministrado, dirigido a adultos con SA, con el objeto conocer su nivel de conciencia pragmática. Solo uno de cada cuatro instrumentos es un test estandarizado, mientras que la mitad corresponde a pautas de cotejo, lo que es consistente con la afirmación de que estas últimas constituyen la principal herramienta de evaluación pragmática clínica. En cada caso, se recogieron los antecedentes generales de elaboración del instrumento. En lo que sigue se presentan los instrumentos que se encontraron en la búsqueda junto con las áreas de evaluación y la población adulta, infantil o mixta a la que cada uno está dirigido. Empleamos el término área para designar los distintos aspectos que evalúan los instrumentos. La Tabla 2 caracteriza los test estandarizados, considerando la población a la que se dirigen y las áreas que evalúan:

Tabla 2 Test estandarizados para la evaluación pragmática y comunicativa en español 

La Tabla 3 presenta las 6 pautas de cotejo para la evaluación pragmática y comunicativa en español que encontramos. Como en el caso anterior, se informa la población a la que se dirigen y las áreas que evalúan.

Tabla 3 Pautas de cotejo para la evaluación pragmática y comunicativa en español 

En la Tabla 4 se presentan los 2 cuestionarios de evaluación pragmática y comunicativa en español que, destinados a niños, son respondidos por padres, familiares y/o cuidadores. Se precisan las áreas evaluadas.

Tabla 4 Cuestionarios para la evaluación pragmática y comunicativa en español destinado a padres, familiares y/o cuidadores de niños. 

Finalmente, la Tabla 5 presenta el único cuestionario autoadministrado para la evaluación pragmática y comunicativa en español que se encontró en la búsqueda.

Existe bastante diversidad en la manera en que los instrumentos presentan los bloques e ítems evaluables, como puede advertirse en las Tablas 2, 3, 4 y 5, que normalmente no exponen el nivel más bajo de desagregación. Mientras en algunos casos se usan términos de la pragmática y las ciencias del lenguaje -como acto de habla o proxémica-, en otros, se emplean expresiones del lenguaje común, priorizando las funciones sociales que desempeñan ciertos usos -p. ej. “comunicar sus emociones” (2)-. Esta diversidad, que probablemente obedezca, al menos en parte, a los fines y al empleo de los instrumentos -que en ocasiones son aplicados por personal especializado y otras por familiares o incluso el propio sujeto-, dificulta la comparación. No obstante, cuando los ítems se agrupan por áreas, pueden observarse patrones recurrentes, aunque no absolutos. Al generalizar, se advierte una primera distinción entre áreas tradicionales en la evaluación del lenguaje y áreas centradas en el uso y la comunicación lingüísticos.

Tabla 5 Cuestionario autoadministrado para la evaluación pragmática y comunicativa en español 

Las áreas tradicionales se concentran en la estructura del lenguaje y en propiedades del habla. Por ejemplo, 3 y 9 evalúan fonología; 1, 6 y 9, entre otros, evalúan prosodia, distinguiendo con cierta frecuencia entre la lingüística y la emocional; también se evalúan propiedades paralingüísticas (p. ej., 1, 8, 10). La mitad de los instrumentos evalúa explícitamente morfosintaxis (3, 4, 8, 9, 10 y 11) y la mayoría evalúa léxico, empleando distintas herramientas. Un ejemplo de ello es la batería BLOC (4), que incluye morfología, sintaxis y semántica. Otro, el Cuestionario de conciencia pragmática (8), que evalúa prosodia, recursos paralingüísticos, léxico y morfosintaxis. El Children’s communication checklist-2 (9) es el más completo en este sentido, pues evalúa tanto fonología tradicional como prosodia, recursos paralingüísticos, morfosintaxis y léxico. Como se señaló antes, tiene sentido incluir estas áreas en la medida en que pueden reconocerse trastornos pragmáticos derivados de trastornos del nivel estructural; por ejemplo, un déficit sintáctico que afecta el reconocimiento de actos de habla. Además, la frontera entre trastornos pragmáticos primarios y secundarios es difusa y ambos tipos pueden coexistir en un mismo sujeto e incluso en un mismo acto comunicativo (Cummings, 2009). Por otro lado, en tanto la tarea léxica o gramatical se observe en el discurso, puede considerarse que el fenómeno es visto desde una perspectiva pragmática y no puramente estructural.

En el componente propiamente comunicativo, podemos distinguir cuatro grandes áreas. Por una parte, muchos instrumentos incorporan ítems relacionados con propiedades discursivas o textuales9, como la coherencia (p. ej., 7, 10), la cohesión (p. ej., 11) o la estructura informativa y topical (p. ej., 5, 10). Por otro lado, son frecuentes los ítems relacionados con aspectos de la conversación y la interacción comunicativa, como los que evalúan la estructura y funcionamiento de los turnos conversacionales (p. ej., 3, 5). En tercer lugar, varios instrumentos abordan la conducta en procesos típicamente pragmáticos, en sentido restringido, como la comprensión del lenguaje figurado, entre ellos la ironía (8, 10); los actos de habla (p. ej., 1, 11), o la deixis (5, 12). Se trata, en este caso, de la pragmática como componente lingüístico más que como perspectiva. Por último, también es muy frecuente la evaluación de componentes no verbales de la comunicación oral y la interacción, como la proxémica (p. ej., 1, 8), la kinésica (10, 12, entre otros) o la mirada (p. ej., 7, 11). A estas áreas se añaden otras menos frecuentes, como las relacionadas con la conciencia pragmática, como en 6 y 11, o con la adecuación social y situacional de los enunciados (p. ej. 1, 8), categoría que también podría incluirse en el discurso. La Tabla 6 sintetiza las grandes áreas que identificamos en los instrumentos, con ejemplos de categorías evaluadas en cada área. No incluye las menos frecuentes. Los términos empleados no reflejan necesariamente los alcances de cada área específica de cada instrumento.

Tabla 6 Áreas en que se concentran los instrumentos para la evaluación pragmática y comunicativa en español 

Finalmente, la Tabla 7 entrega información sobre el nivel de aprobación, la psicometría y la población clínica objetivo de los instrumentos, en aquellos casos en que esta es relevante.

Como se advierte, en solo tres casos encontramos en Internet información de validación en español: dos en España (4, 8) y la otra, preliminar, en Chile (10). Dos instrumentos han sido traducidos y adaptados considerando el español peninsular (9,12), y uno de ellos cuenta con adaptación y posterior estandarización de su aplicación en Argentina (6). En el resto, no se encontró información de variables psicométricas. Esto no significa que dicha información no exista, sino que no se halló en la búsqueda metódica realizada en Internet. En cuanto a la población clínica a la que están dirigidos, uno está destinado a personas con síndrome de Asperger (8), uno a personas con afasia (2), uno a lesionados de hemisferio derecho (6), mientras que el resto no se dirige a población clínica específica.

Como puede deducirse de lo expuesto, los instrumentos descansan en una visión amplia de la pragmática lingüística que considera esta no como nivel de análisis, sino como perspectiva transversal a los niveles, es decir, predomina la visión europeo- continental por sobre la anglosajona. En esta visión, la pragmática estudia el lenguaje desde una perspectiva comunicativa centrada en el uso y en relación con los niveles del lenguaje y otros componentes de la interacción comunicativa (Escandell, 2013). Consecuentemente, en varios instrumentos se evalúa también el uso de aspectos estructurales del lenguaje, aunque hay evaluaciones más tradicionales a este respecto, como la batería BLOC (4), que evalúa forma (morfología, sintaxis), contenido (semántica) y uso del lenguaje (pragmática), focalizando este último en la evaluación de actos comunicativos y factores situacionales. Como precisa Cummings (2007), la concepción amplia que identifica la pragmática con la comunicación se encuentra ya en el protocolo pragmático de Prutting y Kirchner (1987), el primer instrumento de evaluación pragmática en el periodo. Crítica de esta amplitud, Cummings (2007) sostiene que para que se hable propiamente de pragmática es necesario que el lenguaje desempeñe un papel central en la conducta observada. Por ejemplo, continúa, dos parámetros que Prutting y Kirchner (1987) evalúan, la fluidez y el tiempo de pausa en un turno, no serían pragmáticos y dependerían de muchas variables, no siempre lingüísticas. Considerando el papel que disciplinas e interdisciplinas lingüísticas y comunicativas desempeñan en la construcción de los instrumentos, se observa la contribución no solo del estudio pragmático en sentido restringido, sino también de la lingüística del texto y el análisis del discurso, el análisis conversacional y el estudio de la comunicación no verbal. La influencia del primero se advierte, por ejemplo, en la inclusión explícita de ítems sobre actos de habla, implicaturas, ironías y otras expresiones de significado no literal. La del análisis del discurso, en la evaluación, entre otras, de la correferencia, la estructura informativa, la microestructura y superestructura textuales, y la narración. El análisis conversacional, por su parte, en evaluaciones como las de manejo de pares adyacentes, estructura de interacción o toma de turnos. Por último, los estudios de comunicación no verbal se relacionan con la inclusión de la proxémica, la kinésica, la gestualidad y la mirada, componentes también relevantes de la interacción conversacional. Como ya se indicó, la conciencia pragmática desempeña un papel menor.

Como se esperaba, predominan los instrumentos centrados en la pragmática interaccional y las pautas de cotejo, mientras que existen pocos instrumentos estandarizados que permitan contrastar la conducta comunicativa contra una norma. Las pautas de cotejo son instrumentos que privilegian una evaluación naturalista que considera el ejercicio de habilidades comunicativas en contexto. La finalidad aplicada de los instrumentos ayuda, en principio, a explicar el predominio de pautas centradas en el uso comunicativo en la interacción. Por ejemplo, entre los criterios diagnóstico DSM-5 del trastorno de comunicación social (pragmático), se identifica la existencia de “dificultades persistentes en el uso social de la comunicación verbal y no verbal” (American Psychiatric Association, 2013, p. 47) que limitan funcionalmente “la comunicación eficaz, la participación social, las relaciones sociales, los logros académicos o el desempeño laboral” (p. 48). Sin embargo, las pautas presentan limitaciones con respecto a la precisión de las categorías y conductas evaluadas y, por ello, en la determinación de las capacidades neurocognitivas, de cognición social o de pragmática cognitiva asociadas a las conductas. Dado que se espera que los instrumentos permitan determinar las habilidades pragmáticas alteradas, establecer una línea de base y ayudar al clínico en la planificación del tratamiento (Cummings, 2009), estas limitaciones afectan su utilidad práctica.

Adicionalmente, la mayoría de los instrumentos utilizados por hispanohablantes no se concentran de manera suficiente en la evaluación específica de los procesos inferenciales implicados en la comprensión de significados implícitos (3, 6, 7, 8, 10, 11 y 12), aunque este ámbito particular se incluye en algunos de ellos. Esto contrasta con el hecho de que en muchas condiciones clínicas se ha evidenciado dificultad en estas habilidades inferenciales (Holck, Sandberg & Nettelbladt, 2010; Leinonen & Letts, 1997; Ribeiro, Mansur & Radanovic, 2015). Más ampliamente, pensamos que faltan herramientas de evaluación que consideren las propiedades específicas de los diferentes trastornos y patologías en que existe déficit pragmático. Al respecto, solo dos instrumentos estaban diseñados para evaluar habilidades pragmáticas en población clínica adulta con una caracterización pragmática distintiva: personas con afasia (2) y lesiones de hemisferio derecho (6). Se podría pensar que el uso de estas herramientas evaluativas podría extrapolarse a la evaluación de otras poblaciones con déficit pragmático; no obstante, para poder establecer un perfil comunicativo específico, resulta indispensable que los instrumentos se basen en modelos teóricos explicativos para la patología de base. A modo de ejemplo, las tareas que presenta 6 podrían no ser precisas para la evaluación de personas con esquizofrenia, donde se han identificado deficiencias en el uso del lenguaje no consideradas en el protocolo (Tavano et al., 2008; Haas et al., 2014).

Finalmente, existen instrumentos traducidos al español, de amplio uso por clínicos e investigadores (1 y 2), con buenas medidas psicométricas en sus versiones originales, pero de los que no se conocen publicaciones que expliciten la metodología de traducción aplicada ni el proceso de validación desarrollado. Esta consideración es particularmente importante en un instrumento pragmático, que debe ser adaptado para mantener la validez de constructo de su versión original y ser útil en su aplicación. Se necesitan trabajos que validen en español las pruebas que en otras lenguas han sido efectivas para la evaluación de la competencia pragmática.

La evaluación detallada y exhaustiva de habilidades pragmáticas es relevante, como venimos diciendo, para los procesos de intervención de personas con trastornos en la comunicación verbal, como se observa en sujetos con trastorno del espectro autista, trastorno del lenguaje, afectados por traumatismos cráneoencefálicos y lesiones de hemisferio derecho, entre otros (Ingersoll, Meyer, Bonter, & Jelinek, 2012; Gabbatore et al., 2015). De lo hasta aquí expuesto, concluimos, sin embargo, que no es claro que actualmente los clínicos puedan, mediante la evaluación de componentes comprensivos asociados a la pragmática, establecer adecuadamente perfiles de los sujetos. En este sentido, si bien existen varios instrumentos de evaluación, es posible que la pragmática siga siendo un dominio secundario en comparación con las dimensiones estructurales del lenguaje, que tienen una larga tradición de instrumentos de evaluación de calidad.

Tabla 7 Procedimientos de validación de los instrumentos para la evaluación pragmática y comunicativa en español 

4. Conclusiones

Durante los últimos treinta años se han venido desarrollando instrumentos de evaluación del uso comunicativo del lenguaje con el fin de contribuir a la identificación y caracterización de los trastornos pragmáticos y apoyar su tratamiento clínico. Desde el primero de ellos, Prutting y Kirchner (1987), ha predominado una concepción amplia de la pragmática que la entiende como una perspectiva más que como un nivel de análisis lingüístico. Además de los estudios pragmáticos en sentido restringido, los instrumentos se han apoyado en otras interdisciplinas del lenguaje: el análisis del discurso y la lingüística del texto, el análisis conversacional y los estudios sobre comunicación no verbal. Ello ha redundado en la presencia de categorías propias de estas interdisciplinas en instrumentos de evaluación.

La mayoría de los instrumentos analizados privilegian la evaluación de la pragmática interactiva por sobre la enunciativa o textual, centrándose en aspectos que, en un contexto clínico, cuesta consignar por lo difícil que resulta crear una situación comunicativa con validez ecológica. En este nivel, pese a sus limitaciones, las pautas de cotejo constituyen la alternativa más frecuente de evaluación pragmática.

En contraste, hay menor desarrollo de instrumentos estandarizados que permitan objetivar la competencia pragmática en base a una norma. Esto puede deberse a que son fenómenos pragmáticos distintos del interaccional los que mejor se prestan para ello. Desde esa perspectiva, parece necesario desarrollar instrumentos formales con propiedades psicométricas establecidas y acordes a la base teórica que la población clínica en cuestión requiere. Parece importante también que este desarrollo se extienda a rangos etarios específicos, considerando la adolescencia y vejez como hitos relevantes en el ciclo vital humano que suponen cambios en la competencia pragmática, tanto interactiva como enunciativa y textual, y que requieren, por tanto, de herramientas particulares.

Agradecimientos y financiamiento

El presente trabajo forma parte del proyecto Fondecyt 1181240.

Referencias bibliográficas

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Notas

11 Las traducciones son de los autores.

22 Incluida en el DSM-4 (American Psychiatric Association, 1984), la categoría Síndrome de Asperger fue excluida del DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013). También se discute, por razones éticas, el uso de Asperger (Baron-Cohen, 2018).

33 Antes Trastorno Específico del Lenguaje.

44 No hay consenso sobre la pertinencia del término competencia pragmática como conocimiento representacional responsable del procesamiento de enunciados (Huang, 2015). Lo usamos en un sentido amplio para dar cuenta de la capacidad de comprender y producir actos comunicativos apropiados en contextos social y culturalmente determinados.

55 Se ha hablado también de trastorno pragmático primario para referirse al trastorno de comunicación social y de trastornos pragmáticos secundarios para casos de comorbilidad (Crespo-Eguílaz, N., Magallón, S., Sánchez-Carpintero, R. & Narbona, J. (2016).

66 Referencias completas de las fuentes en la sección de Referencias bibliográficas.

77 Los autores corresponden a la versión original del test. Hay versión en español sin atribución de autoría en Internet.

88 Los autores corresponden a la versión original del test. Hay versión en español sin atribución de autoría en Internet.

99 No hay consenso en la distinción entre texto y discurso. Usamos indistintamente ambos términos.

Recibido: 01 de Agosto de 2020; Aprobado: 20 de Enero de 2021

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