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Comunicación y medios

versión impresa ISSN 0716-3991versión On-line ISSN 0719-1529

Comun. medios vol.27 no.37 santiago jun. 2018

http://dx.doi.org/10.5354/0719-1529.2018.50432 

Reseñas

Television, Democracy, and the Mediatization of Chilean Politics

Claudia Lagos* 

*Institute of Communications Research, University of Illinois at Urbana-Champaign, Estados Unidos, lagosli2@illinois.edu.

Salazar, Simón; L., Harry. 2018. Television, Democracy, and the Mediatization of Chilean Politics. Lanham (Maryland): Lexington Books, 190p. ISBN: 978-1-4985-5954-6.

“15 minutos en 15 años no es mucho tiempo”, fue lo que dijo Patricio Bañados al abrir la franja de propaganda electoral previa al plebiscito de 1988. Tal como recuerda el libro de Harry L. Simón Salazar, cada comando, por el y por el No, contaba con 15 minutos, diariamente, por 27 días, desde las 10:45 p.m. El promedio diario de espectadores fue de 4,5 millones y se convirtió en el programa más visto, incluso más que Sábados Gigantes (p. 27). Para el día del plebiscito, el 93 por ciento de los chilenos había visto la franja al menos un día.

El trabajo propone un enfoque teórico que describa el proceso y giro sociocultural que tuvo lugar en un momento post-dictatorial en el cual los medios masivos jugaron un papel central, en particular la franja que, según el autor, inauguró la mediatización de la política en Chile. La franja, dice Simón Salazar, “ofrece evidencia empírica sobre cómo una nación aprende a aceptar la noción de que la política en una democracia moderna es una función del contenido mediático a consumir y […] suplanta las formas tradicionales de compromiso político” (p. x).

El libro está organizado en cuatro secciones: El contexto histórico de la campaña del No; el enfoque teórico sobre mediatización; el análisis empírico de la Franja de Propaganda Electoral previa al plebiscito de 1988, y cierra ofreciendo algunas conclusiones y proyecciones para el campo de los estudios en mediatización. La franja es analizada en todo su círculo de producción, posproducción y contenidos.

En la primera parte, el autor propone cuatro períodos en la historia de la televisión en Chile: Su introducción como proyecto universitario (1958-1964); la polarización política de los medios (1964-1973); el período que expande la dictadura pinochetista, el desarrollo y consolidación del sistema nacional de televisión, el plebiscito y la transmisión de mando a Aylwin (1973-1990), y el período de la privatización y concentración de la televisión y la mediatización de la política bajo la Concertación (1990-2013, p.35). Sin embargo, esta periodización omite sutilezas que otros trabajos ofrecen para entender mejor dicha historia (Fuenzalida, 1983; Hurtado, 1989; Lira, 1987; Munizaga, 1981).

El enfoque teórico es el de la mediatización en tanto proceso en el cual los medios actúan como intermediarios, resignificando las esferas de lo político, lo social y lo cultural. Este enfoque destaca que las prácticas y lenguajes de lo político o lo social son alterados y adoptan las lógicas propias de los medios. El autor reconoce que los enfoques acuñados en contextos de países industriales son insuficientes o inapropiados para aplicarlos a contextos autoritarios o con culturas políticas diversas. Por lo tanto, propone ampliar teóricamente el enfoque. El autor afirma que “la política mediada sigue siendo conceptualmente relevante para el caso chileno, aunque con ciertas revisiones […] La política puede describirse como mediada cuando los medios masivos son el principal canal a través del cual la información política es comunicada, y la política mediada se refiere a un contexto en el cual los medios se han vuelto el vehículo más importante para la auto representación política, por un lado, y la representación de las instituciones involucradas en la gobernanza, los procesos electorales, y la formación de opinión, más ampliamente” (p. 65).

Sin embargo, el autor no problematiza este enfoque sobre la mediatización a la luz de las propuestas de autores latinoamericanos sobre medios, mediaciones, y mediatizaciones. Esto es particularmente sorprendente sobre todo cuando señala que “aquello que es percibido como una lógica mediática/comercial en el caso de las Franjas se entiende mejor como una estética popular” (p. 105), ignorando el cuerpo teórico sobre las estéticas populares en comunicación que han desarrollado diversos autores de la escuela Latinoamericana de comunicación, como Jesús Martín Barbero.

Al decir del autor, la franja fue una catarsis televisiva (p. 73), relevando el carácter único y excepcional de dicha producción cultural y su consecuente consumo y circulación. El autor conceptualiza las franjas como un artefacto cultural, como la idealización de una transición pacífica a una democracia procedimental (p. 77). La paradoja de la democracia chilena es que el plebiscito se ganó por vías democráticas, dice el autor, pero consagra el marco construido durante la dictadura y que es éste el hito que marca el devenir posterior de la mediatización de la política chilena. Sin embargo, la transición se decide varios años antes del plebiscito y éste es, más bien, un hito, lo que más resalta en la superficie de un proceso que data al menos de 1984, cuando lo que luego sería la Concertación de Partidos por la Democracia acepta el cronograma de la Constitución pinochetista (Otano, 1995, ver especialmente el primer capítulo "Tupahue: Transición, hora cero"). Entonces, aun cuando resulta interesante, provocativo y productivo definir la franja como un artefacto cultural, el autor atribuye centralidad a un evento que fue, más bien, síntoma y resultado de un proceso mayor, que es la decisión estratégica de la entonces oposición de disputar el poder bajo el marco ilegítimo de la dictadura, legitimándolo.

Aun así, el trabajo es notable desde el punto de vista del acceso al material de archivo que tuvo y debiera ser un material de consulta obligada en el futuro. De hecho, los detalles que el autor ofrece sobre las dificultades para acceder y reconstruir el material audiovisual de las Franjas ilustran los problemas de acceso y de existencia misma de archivos audiovisuales en Chile, lo que tiene repercusiones no sólo para la investigación en medios y sobre medios, sino también para la memoria cultural contemporánea chilena.

El material es agrupado y analizado en tres grandes categorías: Segmentos recurrentes, Series, y Segmentos únicos. El trabajo describe detalladamente el tiempo total de la franja, el número de segmentos de cada franja, por día; el tipo de material más recurrente y provee también especificidades tanto de la franja del Sí como de la del No. Además, especifica el carácter del contenido (positivo, neutral o negativo). Entre los resultados interesantes y que complejizan los sentidos comunes en torno a este material se cuentan la notable similitud temática entre ambas franjas, una baja mención de derechos humanos en la Franja del No, la constatación de que solo un tercio del contenido de la Franja del Sí atacaba directamente al No, y una campaña del No saturada de mensajes de “alegría” y “esperanza”, donde la política está ausente.

La conclusión del libro es un resumen apretado de la historia política de Chile desde 1990, pero desconectada del estudio mismo, lo que es una de las debilidades del texto. De hecho, el texto contiene algunos errores o simplificaciones que ediciones sucesivas debieran enmendar. Por ejemplo, afirma que Evelyn Matthei es abogada, cuando en realidad es licenciada en economía. Señala que Salvador Allende fue asesinado durante el asedio al Palacio de La Moneda y que su muerte fue declarada como suicidio por el régimen militar golpista (p. 5), pero luego afirma que la muerte de Allende ha sido debatida por décadas e “investigaciones recientes confirmaron que efectivamente cometió suicidio” (p. 21) (ver Montes, 2014).

Al abordar los conflictos políticos al interior de la televisión pública durante la Unidad Popular, el autor afirma que TVN estaba más alineado con los Demócratas cristianos (p. 40). Sin embargo, de acuerdo a diversos testimonios, los miembros DC eran minoritarios en el directorio de TVN durante la UP (Lira, 1987).

El autor también señala que la banda de rock Los Prisioneros apareció por primera vez en la televisión chilena en la franja de propaganda electoral (p. 27). Sin embargo, la banda ya había aparecido antes en la Teletón de 1985, en Más Música de Canal 13 y en el programa infantil, Patio Plum, del Canal de la Universidad de Chile, en 1986.

El texto afirma que “la franja se ubicaba como un artefacto mediador de la cultura política chilena, ofreciendo una vía sociocultural secundaria hacia una imaginada reconciliación pacífica y a un gobierno civil para Chile por fuera de lo que sería, por el contrario, una insurrección armada inevitable y una guerra civil” (p. 80 y p. 81). Sin embargo, el autor no provee referencias que sustenten su afirmación de un pueblo al borde de la guerra civil y previos estudios no sustentan tal afirmación.

El autor afirma que el plebiscito sucedió en un contexto abrumadoramente antidemocrático, pero luego afirma que el campo democrático estaba limitado a la conexión pública mediada que proporcionaba la franja (p. 76). Aunque es indudable el carácter antidemocrático del contexto en el que se realizó el plebiscito, la sociedad chilena había comenzado desde inicios de 1980 a reconstruir cierto tejido político y social, a como las organizaciones estudiantiles (la FECh), así como también a ocupar, no sin riesgos, los espacios públicos a través de las jornadas de protesta nacional que buscaba disputar la esfera pública en la calle.

Con todo, el libro de Simón-Salazar sin duda es una contribución a trabajos previos sobre la franja electoral de 1988 (Boas, 2009; Cronovich, 2013; Hirmas, 1993; Piñuel, 1992; Portales & Sunkel, 1989; Quilter, 1989; Tironi, 2013; Valdés, 1988).

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