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Cuadernos de historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.43 Santiago dic. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432015000200004 

ESTUDIOS

 

Jorge Prat y Acción Nacional (1963 -1966). La antesala del Partido Nacional

Jorge Prat and National Action (1963-1966). The antecedent to National Party

 

José Díaz Nieva*, Mario Valdés Urrutia**

* Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (1993). Doctor en Historia por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (2013). Profesor Titular de la Universidad Santo Tomás (Chile). jdniev@gmail.com.

** Magíster y Candidato a Doctor en Historia por la UNED (Madrid). Profesor de la Universidad de Concepción (Chile). mario.valdesurrutia@gmail.com


Resumen

Acción Nacional fue una pequeña agrupación política de corte nacionalista surgida a raíz de la frustrada candidatura presidencial de Jorge Prat Echaurren en 1964, y que tras las elecciones parlamentarias de 1965, en las cuales la derecha obtuvo una menguada representación parlamentaria, lanzaba la propuesta de la reagrupación de conservadores, liberales, nacionalistas e independientes no marxistas en una sola agrupación política. Esta es una aproximación a su breve existencia.

Palabras clave: Chile, derecha, nacionalismo, Jorge Prat, Acción Nacional, Partido Nacional.


Abstract

National Action was a small nationalist political party that emerged from the 1964 frustrated Jorge Prat Echaurren’s presidential candidature. After the parliamentary elections of 1965, in which the right obtained a residual parliamentary representation, National Action proposed to merge conservatives, liberals, nationalists and non-marxist independents in a new political group. This is an account of its short existence.

Key words: Chile, Right, Nationalism, Jorge Prat, National Action, National Party.


 

Introducción

En los recientes estudios sobre la derecha chilena apenas se aborda el papel protagonizado por una pequeña agrupación de corte nacionalista que llevó el nombre de Acción Nacional (AN). Llenamos ese vacío historiográfico al aproximarnos a su breve existencia: con su nacimiento en 1963; su frustrada participación en la elección presidencial de 1964, con el nombre de Jorge Prat Echaurren (su principal inspirador y conductor); y su marginal presencia en las elecciones parlamentarias de 1965. El énfasis está colocado en su concurrencia en el proceso de fundación del Partido Nacional en 1966.

Desde una perspectiva de historia política y explicativa, pretendemos responder interrogantes tales como el porqué de su descontento con el sistema institucional, cuál era su proyecto político para la sociedad chilena en la elección presidencial de 1964 y parlamentaria de 1965, y cuáles los motivos que lo llevaron después a proponer la formación de un partido nuevo junto a una alicaída derecha. Intentaremos probar que la primera iniciativa para formar un nuevo referente político incluyendo a conservadores y liberales, provino precisamente de AN. Este movimiento político lo integraban elementos republicanos y autoritarios, nacionalistas1, distantes de la derecha económica liberal, y anticomunistas2.

Para responder las interrogantes esbozadas y reunir elementos de juicio que permitan cumplir nuestros objetivos, se ha examinado la prensa diaria de la época, las declaraciones públicas de representantes destacados de la derecha, el nacionalismo de la época y, ciertamente, la historiografía sobre el tema. En este último aspecto cabe destacar a Marcos Fernández3, Verónica Valdivia4 y Juan Carlos Arellano5. Hemos utilizado además diversas entrevistas a figuras públicas de la época hechas por la prensa; y las realizadas por la Universidad Finis Terrae. Todo este material ha contribuido a recomponer la historia de esta pequeña pero significativa colectividad.

 

La figura de Jorge Prat Echaurren

El conductor de AN, Jorge Prat, fue hijo de Arturo Prat Carvajal y Blanca Echaurren; nieto de Arturo Prat Chacón. Nació un 24 de abril de 1918, en el seno de una familia liberal6. Su primera militancia sería en el Partido Conservador, participando a los 15 años en la reconstrucción de sus exiguas juventudes en lo que se conocería como la Falange Nacional7.

Cuando en 1939 el grueso de FN rompe con el viejo tronco pelucón, Prat fue llamado por la dirección del partido para recomponer y reestructurar su organización juvenil. Desde la presidencia de la Juventud Conservadora trató de mantener los ideales portalianos y corporativistas que años atrás había impulsado Manuel Garretón e Ignacio Palma. En uno de los primeros manifiestos dados a conocer por las renovadas juventudes se proclamaba la lucha contra el totalitarismo estatal y el liberalismo individualista. Se afirmaba no creer en la excelsitud del régimen democrático, aseverando tener una inmensa fe en una organización política que tuviera en cuenta las diferentes actividades económicas y sociales en un régimen de corporaciones, abogando por un sistema de sufragio que asegurase el gobierno de los capaces8.

Prat no tardaría mucho tiempo en desencantarse de las prácticas políticas del conservadurismo chileno, lo que a la larga provocaría su salida de dicha colectividad. Tal suceso le llevó a reafirmarse en sus postulados antipartido. Años más tarde comentaría:

Cuando vi que en ese partido se confundían el interés propio con el del país, sacrificando este último y que, más aún, los representantes en el Parlamento de ese partido sacrificaban todo, incluso la doctrina, por su directo interés electoral, comprendí que era la organización partidista la que estaba mal en Chile9.

Por aquel tiempo vieron la luz dos pequeños libros de su autoría. En el primero, El fracaso de un triunfo, criticaba duramente al Gobierno de Juan A. Ríos, al cual acusaba de estatista y corrupto. La segunda obra, Jonathan Lasky, corresponsal de guerra (novela entre la ciencia ficción y la realidad política), narraba las aventuras de un periodista que denunciaba el avance del comunismo ante la pasividad y permisibilidad de los aliados occidentales.

En 1946, en los inicios de la Guerra Fría, fundó la revista Estanquero, réplica al periódico El Siglo, órgano del Partido Comunista10. La publicación de Prat se encontraba ligada, inicialmente, a la fundación de la Acción Chilena Anticomunista11, aunque, también, desde un principio dejó claros cuáles eran sus objetivos:

...crear una nueva fe en Chile, en las virtudes tradicionales de su raza, en la potencialidad de su pueblo, en las posibilidades de su desarrollo futuro. La fe en un Chile sin políticos aprovechadores y mendaces, sin funcionarios públicos prevaricadores o indolentes, sin especuladores ni agiotistas, sin agitadores profesionales que medran con la esperanza y la credulidad de las masas, sin prensa envenenadora del alma popular... Hay, finalmente, que crear en la juventud un sentido heroico y sobrio de la vida, de la responsabilidad social y del respeto a la personalidad humana... Hay que movilizar a la juventud en torno a grandes y nobles ideales, señalándole una senda, un destino histórico, un sentido profundo de la vida de su pueblo y de su época12.

Los estanqueros jugaron un modesto papel en la elección del general Carlos Ibáñez del Campo, quien, tras su caída del poder en 1931, intentara sin éxito en 1938 y 1942 ser elegido Presidente de la República. Ahora, pese a ser un personaje controvertido, se alzaba como el único capaz de sacar al país de la situación en la cual se hallaba a mediados del siglo XX. Ibáñez había pasado de ser un odiado dictador y peligroso conspirador a ser el General de la Esperanza, el portaestandarte de esa Revolución Pacífica que iba a barrer la corrupción y los malos usos de la política chilena13.

Tras el triunfo electoral de Ibáñez, Prat fue designado presidente de la Caja Nacional de Ahorro, desde la cual impulsó la creación del Banco del Estado, tras fusionar el citado organismo con la Caja de Crédito Agrario, la Caja de Crédito Hipotecario y el Instituto de Crédito Industrial14. En 1954 pasa a ocupar la cartera de Hacienda, por un período de seis meses. Como representante de su Gobierno asiste a la X Conferencia Interamericana de Caracas, donde lanza la idea de crear una institución financiera cuyo objetivo debía ser el impulso del autofinanciamiento de las economías americanas y su desligamiento del tutelaje económico de Estados Unidos15. Esta idea cobró vida, tras la decisión de la Conferencia de Quintandinha, con la creación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La figura de Prat volvería a tener presencia durante la gestión de Jorge Alessandri. Su nombre se mencionó como posible responsable del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, pero la radical oposición de los sectores liberales y de una buena parte de los conservadores frustraron el deseo presidencial. No queriendo éste desprenderse de su colaboración, le encarga la realización de la reforma previsional. Prat se coloca, de esta forma, al frente de una comisión encargada de llevar a cabo una profunda modificación de la previsión. Después de tres años de trabajo entrega un informe de veinticinco tomos; en ellos se critica las jubilaciones millonarias, enfrentándolas a las paupérrimas pensiones que recibían los sectores populares. Prat encabeza su trabajo con la siguiente máxima: “lo que se da debe darse a todos; lo que no puede darse a todos no debe darse a ninguno”, defendiendo un sistema de Seguridad Social comunitario, único e igualitario, que contemplara la existencia de beneficios complementarios diferenciados en conformidad a las rentas de actividad y a los años de servicio, y que atendiera al estado de necesidad, procurando unas condiciones de vida mínimas suficientes a los sectores menos favorecidos, y una mayor redistribución de la riqueza16.

Ahora, cuando la gestión presidencial de Jorge Alessandri entraba en su último año, la figura de Prat se alzaba como una opción para la presidencia de la república; él mejor que nadie representaba, además, la simbiosis de lo más destacado de los dos últimos mandatos presidenciales: austeridad en la administración e independencia de los partidos políticos y sus camarillas de intereses.

 

Breve historia de una frustrada candidatura presidencial17

El 26 de mayo de 1963, Jorge Prat fue proclamado candidato presidencial durante el transcurso de un acto político celebrado en el Teatro Central de Temuco, en el que tomaron la palabra diferentes personalidades conocidas de la zona: Raúl Álvarez, en representación de los industriales de Cautín, Arturo Meissner, en nombre del comercio y Tulio Serafín, en delegación del Comando Provincial. En el teatro se encontraban también representantes de las juventudes conservadora y liberal de Temuco, así como delegaciones independientes de Osorno, Valdivia, Concepción, Malleco, San Bernardo y Santiago18.

El citado acto tuvo como antecedente inmediato el telegrama que un centenar de independientes de la citada ciudad envió a Prat comunicándole que habían logrado recolectar 5 mil firmas en respaldo de su candidatura presidencial, incitándolo a que se lanzara a este “abordaje e iniciara su campaña simbólicamente desde las provincias”19. En su discurso de presentación, Prat dejaba claro cuáles eran sus principios y su programa:

Pero sí es ésta la oportunidad de decir que dicho programa independiente no puede estar ligado a concepciones doctrinarias rígidas, producto del estilo irreal y vaporoso de los tratadistas o de los ideólogos. Por el contrario debe responder a las exigencias de la vida moderna en el que se gobierna para las masas y no para los grupos dirigentes y privilegiados… Si hubiera, pues, de anticiparse los que deben ser los principios de un programa nacional de unidad nacional y de progreso, habría de decirse que tendría que ser socialista en aquellas partes de sus concepciones que atañen a la defensa del asalariado y a su nivel de vida mínimo… y tendrá que ser liberal en muchos otros… Señores: he llegado ante vosotros… para tomar en mis manos esta bandera nacional y para hacer con ella ésta que podemos llamar la revolución del hombre libre20.

Un conocido político del momento nos recuerda que no había faltado quien le insinuara a Prat que diera comienzo a su campaña el día 21 de mayo en la ciudad de Iquique. La fecha y el lugar serían de mucha significación para el candidato, ya que ellas recordaban la gesta en que encontró heroico fin su ilustre abuelo, don Arturo Prat [Chacón], muriendo en defensa de su Patria… Pero Prat repudió esta insinuación porque no quería explotar en su personal provecho la gloria de su antepasado que, más que a nadie, le pertenecía al país21.

La candidatura de Prat fue apoyada inicial e incondicionalmente, por una sola organización política: el Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista (MRNS), el cual contribuiría con experiencia, organización, capacidad de trabajo y dirigentes22. Prat también logró reunir a un grupo de antiguos militantes nacionalistas, como fueron los casos de María de la Cruz23, Gastón Acuña Mac-Lean24, Jorge Vargas Díaz25 y Sergio Miranda Carrington26, así como a conocidos intelectuales defensores del tradicionalismo hispánico, como el caso de Héctor Herrera Cajas27. Pese a ello, no cabe duda de que su campaña nacía prácticamente en la marginalidad.

Lo que podría parecer una aventura política sin posibilidad de éxito, comenzó a cobrar fuerza, provocando inquietud en el Frente Democrático. Día tras día, Prat sumaba nuevas adhesiones, como la del Partido Democrático Nacional que se debatía entre prestar su apoyo al candidato de la izquierda o a Frei Montalva. Esto ocurrió en los inicios de julio, cuando la prensa publicó una declaración suscrita por cerca de 200 padenistas en la que se manifestaba su decisión de romper con la organización donde militaban y se pronunciaban a favor de la candidatura pratista:

Tenemos la convicción de que las mayorías nacionales buscarán en Chile, como en todo el mundo, frente a la crisis de los partidos políticos y las indecisiones demoliberales, una expresión más auténtica de sus anhelos de una revolución nacional.

El manifiesto estaba encabezado por los dirigentes Enrique Soto Bascuñán (presidente provincial de Santiago), Enrique Cereceda (regidor de Parral), el exsenador Guillermo Izquierdo Araya y otros dirigentes nacionales o locales: Ignacio Garcés, Arturo Domínguez, Domingo Calabresse, etc.28.

En julio se dirigió a Antofagasta, donde fue recibido por dirigentes de las diferentes fuerzas políticas de la derecha local: José Papic (liberal), Manuel Olivares (conservador), Dinka Geiger (liberal), Luis Echevarría (presidente provincial del Partido Democrático), Willy Lyons, Ismael Molina, Carlos Rewe y Delia Valdés29.

Sería precisamente en las filas del Partido Liberal donde la candidatura de Prat sumaría un mayor número de apoyos30. Para ello se debería retroceder a la ruptura en las filas de sus juventudes, cuya directiva, Germán Fajardo (presidente), Miguel Retamales Salas y Francisco Orrego Vicuña (vicepresidentes) y Ricardo Rodríguez Onfray (tesorero nacional), renunciaba a continuar militando en dicha tienda política31. Después, con la formación del llamado Movimiento Liberal Balmacedista32, integrado por Enrique Campos Menéndez, el exministro Hugo Gálvez33, Erika Iglesias e Ismael Molina, se impulsó la idea de una reforma constitucional para facilitar la reelección de Jorge Alessandri; fracasados sus intentos optaron por respaldar la candidatura pratista34, pese a los llamados de prudencia de Hugo Gálvez35.

Pero también el Partido Conservador, e incluso el Radical, vieron cómo algunos de sus militantes daban muestras de respaldo a esta nueva candidatura. Así fue como el 26 de enero de 1964, durante el transcurso de un acto en el Teatro Municipal de Linares, junto a Prat estuvieron Adolfo Silva Henríquez, regidor de San Javier, Hernán Rojo Avendaño, exgobernador de Loncomilla, a los que habría que sumar al radical Marcio Silva36.

Por aquel tiempo también se decidió inscribir una nueva formación política que le diera una mayor cobertura. Se trataba de Acción Nacional. Figuraba como presidente Sergio Onofre Jarpa; Gonzalo Vial, Emilio Puebla y Balilla Migno de Cocke eran sus vicepresidentes; Renato Maino, su secretario general. Personalidades como Mario Arnello, Gastón Acuña, Héctor Herrera Cajas, Patricio Silva, Sergio Santander, Jaime Sanfuentes Yrarrázabal y Rubén Díaz Neira, figuraban como vocales. También destacaba el General (r) Eduardo Yáñez Zavala, del Comando Ejecutivo de la candidatura pratista. Pese a ello, Prat no integró la nueva colectividad, la cual contaba con la firma de 11.600 electores para su inscripción en el Registro Electoral37.

AN se definía, al decir de uno de sus integrantes, como “un movimiento político independiente, nacionalista y renovador, que aspiraba a revivir el impulso vital que caracterizó a Chile hasta fines del siglo XIX”. Se proponía “instaurar un nuevo orden político, económico y social que incorporara a los sectores marginados, rechazando la propaganda disociadora de organizaciones políticas de inspiración extranjera”. Su nacionalismo “se fundamentaba en la tradición chilena, y siguiendo a Encina y a Alberto Edwards, [buscaba] restablecer el Estado en forma”38.

Pero el transcurso del proceso electoral iba a dar un giro inesperado. En diciembre de 1963 había fallecido un diputado socialista de la circunscripción de Curicó y Mataquito. Para cubrir su vacante se hacía necesario realizar una elección complementaria, pero la proximidad de los comicios presidenciales hizo que esta elección (que ha pasado a la historiografía con el sobrenombre del “naranjazo”) alcanzara unas dimensiones que no le correspondía, convirtiéndose en un auténtico anticipo de lo que podría avecinarse más tarde.

 

La candidatura de Prat ante una inesperada elección complementaria39

Efectivamente, el diputado socialista por la XI Agrupación Departamental de Curicó y Mataquito, el socialista Óscar Naranjo Jara, fallecía el 18 de diciembre de 1963. Para reemplazarlo se fijó una elección complementaria para el 15 de marzo de 1964 a la que los diferentes frentes electorales presentaron sus candidatos.

En el seno del Frente Democrático40, tras desechar diversas precandidaturas, se optó por presentar al conservador Rodolfo Ramírez Valenzuela, regidor en varias oportunidades en Curicó. El izquierdista Frente de Acción Popular (FRAP), sin más preliminares, reconoció el mejor derecho a ocupar el cargo a Óscar Naranjo Arias, hijo del diputado fallecido. La Democracia Cristiana proclamó candidato a Mario Fuenzalida Madriaza, militante de la misma desde los tiempos de la FN; además era uno de los regidores del partido en la zona, habiendo obtenido la segunda mayoría individual en las elecciones municipales de 1963.

El pratismo y disidentes del liberalismo consideraron –inicialmente– la posibilidad de presentar a Hugo Gálvez como su candidato; pero esta opción no cristalizó41. Otra posibilidad considerada por los adherentes a Prat fue la de Américo Porcille, presidente del comando de su candidatura en la zona42; se pensaba que su nombre podría atraer a elementos alessandristas, liberales y conservadores de la región. El propio Prat hizo ver sus esperanzas de que elementos disidentes de los partidos históricos se unieran a los independientes para ayudar a rectificar las bases del edificio político chileno43. Pero Porcille no aceptó el ofrecimiento; porque –entre otras razones– enfrentaba la dificultad de reunir las dos mil firmas necesarias para oficializar su eventual candidatura ante el Registro Electoral44. Prat tampoco fue una opción; declaró a la prensa que no se le pasó ni por la mente tal posibilidad, considerando que no creía en “la voz de las cifras”, las cuales daban resultados favorables45.

Tras el escrutinio, Óscar Naranjo alcanzó una ajustada victoria con el 39,30%. Los resultados causaron pánico en las filas del Frente Democrático, sobre todo en las filas del Partido Liberal46 y el Partido Conservador47. El grueso de conservadores y liberales, atemorizados por lo que veían como el peligro rojo, pasaron a respaldar a Eduardo Frei, sin ningún tipo de contraprestación (eran los que se llamó “freístas a la fuerza”). El candidato radical se quedó con el único respaldo de una parte de su partido; su candidatura pasó de ser una de las favoritas a ser simplemente testimonial.

Pese a la fuerte oposición que provocaba Allende en algunos sectores de derecha, hubo algunos que no dudaron en prestarle su apoyo. Entre ellos cabría destacar a un veterano líder del liberalismo, el senador Gregorio Amunátegui Jordán48, y a algunos conservadores, tales como Mario Correa Prado (presidente de la Organización Gremial Conservadora)49 o Yanil Flores y Ricardo Castro, alcalde y regidor de la comuna de Galvarino50.

En las filas del pratismo se optó por retirar a su candidato, no tomando partido ante un proceso electoral que estaba a punto de entrar en su recta final51:

Esta candidatura que no será inscrita y se retira, no va a entregar sus fuerzas, no va a apoyar a nadie, no va a comprometerse, no va a contaminarse con ninguno de los frentes partidistas; decretaré, por el contrario, la libertad de acción, o mejor, porque queremos mantenernos unidos, no participaremos en ninguno de los dos frentes: decreto una libertad de voto52.

Poco antes, el propio Prat había invitado a los diversos partidos no marxistas a levantar una candidatura unida. Había sugerido los nombres de Julio Philippi Izquierdo (varias veces ministro en los gabinetes de Jorge Alessandri), Felipe Herrera Lane (presidente del BID) o Raúl Sáez Sáez (exgerente general de ENDESA e integrante del Comité Asesor de la Alianza para el Progreso)53.

En unas declaraciones a Paul D. Bethel, Prat matizaría su postura: “Si ellos [el FRAP de Allende] ganan, nadie podrá escribir en la historia que yo facilité una victoria comunista”;54 sin duda se estaba refiriendo a esas comparaciones que la derecha realizaba, cuando le comparaban con el cura de Catapilco y la elección de 1958, en las que un candidato independiente (el exsacerdote Antonio Zamorano Herrera) impidió la victoria de Allende.

Al igual que lo que ocurriera en las filas de los partidos de la derecha, un sector del pratismo, encabezado por Luis Karquir, Jaime Sanfuentes y Arturo Domínguez, pasó a respaldar a Eduardo Frei Montalva, constituyendo para ello una plataforma política que adoptó el nombre de la Unión Nacional Independiente55. Otro tanto hizo el MRNS, que por medio de su fundador y líder proclamaba: “Chile está en peligro. Sería criminal exponer a Chile a transformarse en una nueva Cuba… por esos motivos hemos ya decidido apoyar al senador don Eduardo Frei”56.

 

Acción nacional en búsqueda de una presencia parlamentaria

Una vez asumida la presidencia de la República el 4 de noviembre de 1964 tras su rotunda victoria en la elección presidencial del 4 de septiembre57, Frei se dedicó a conquistar el Congreso en las próximas elecciones parlamentarias, las cuales se debían llevar a cabo el 7 de marzo de 196558. La consigna demócrata cristiana proclamada a los cuatro vientos decía: “Un Parlamento para Frei”.

En aquella ocasión, AN presentó una lista de candidatos al Senado por Santiago59, integrada por Jorge Prat60 y Hugo Gálvez Gajardo61. También concurrían a la Cámara de Diputados postulantes en Antofagasta, Valparaíso, todos los distritos de Santiago y Talca, presentando un total de 30 candidatos62.

Entre estos últimos cabría destacar a candidatos procedentes de otras agrupaciones políticas: Sergio Onofre Jarpa (Partido Nacional Popular), Juan Diego Dávila Basterrica, Misael Galleguillos y Ramón Callís Arrigorriaga (todos ellos del MRNS); Mario Arnello (antiguo colaborador de Prat desde los tiempos de Estanquero); Germán Domínguez Gajardo (expresidente de la Juventud Liberal), José Ducci Claro63, Velia Valdés Olmedo, Delia Molina Donoso, Renato Maino Schiavetti (también liberales); Carlos Cruz Coke (antiguo conservador)64; Emilio Puebla Quijanes (regidor viñamarino entre 1956-1960 por una agrupación Gremial Independiente) y Santiago Chesta Peigna (agrario laborista)65; Joaquín Martínez Arenas (que en su juventud había sido comunista y que fue secretario General de Ibáñez del Campo en su segundo mandato); Alvaro Villamandos Espinosa (un antiguo ibañista procedente del Partido Socialista Popular); Waldo Violic Adams, joven dirigente estudiantil de la Comunidad Nacionalista de la Universidad de Chile. Pese a ello, un importante contingente de estos candidatos los configuraban independientes y profesionales, tales como Mario Prado Bascuñán (gerente de la Sociedad Protectora de la Infancia y profesor universitario), Mario Luis Mora Concha (arquitecto y profesor universitario), Rodolfo Pazzani Barbageleta (corredor de seguros), Sergio Gordon Cañas (Caja de Ahorros de Empleados Públicos), Felipe Walker Lillywhite (Sindicato de Dueños de Establecimientos Comerciales), Fernando Labayru Arestizabal (industrial panadero viñamarino), José Córdova Rojo (comerciante e industrial antofagastino) y Roberto Llona Llona, reputado ingeniero agrónomo de la zona de Maipú. Alguno de ellos estaba relacionado con las Fuerzas Armadas y de Orden, como era el caso del suboficial de carabineros José Bonifacio Navarrete Vega. Aunque entre todos ellos cabría destacar la presencia de dos familiares del expresidente Ibáñez del Campo: a su hijo Rodolfo Ibáñez Letelier y a su nieta María Teresa Koch Ibáñez.

A fines de 1963, Prat consideraba que en las elecciones parlamentarias de 1965, los conservadores no sacarían más de 3 diputados [en lo cual acertó] y los liberales no elegirían más de 9 [en verdad eligieron 6]. El líder de AN estaba seguro de que le robaría diputados a los dos partidos históricos en las elecciones de 1965; y, que finalmente, “liberales y conservadores se refundirán” con ellos66.

No cabe la menor duda de que la campaña electoral del AN fue de oposición al gobierno freísta y a la “prepotencia gobiernista”. Observaba críticamente el aumento de impuestos que propondría la administración demócratacristiana y que afectaría a la clase media. Acusaba a la politiquería y a los parlamentarios de legislar para “grupos privilegiados”. Denunciaba además que la previsión para los asalariados era “insuficiente, cara y desfinanciada”67.

Sergio Gordon Cañas, joven candidato a diputado por el primer distrito de Santiago, resumió los postulados de la agrupación en aquella campaña electoral. Indicó que el movimiento pratista era “nacionalista de izquierda”68, partidario de establecer un sistema político “corporativo”, en el cual la representación popular se ejerciera a través de las agrupaciones sindicales; debía existir sindicalización obligatoria y por funciones. Ello no significaba terminar con los partidos sino solamente con sus vicios. La Constitución ha permitido al Congreso legislar para grupos e individuos, no para todos los chilenos. De allí que una forma de mejorar la democracia sería establecer el plebiscito; que el pueblo tuviera la decisión última en materia legislativa, lo cual daría vigor a la autoridad presidencial. En economía se impulsaba una mayor intervención del Estado: un mayor control de los bancos y de sus créditos, para evitar especulaciones o actividades improductivas. Asimismo, debía impulsarse la elaboración de una ley de delito económico para sancionar la evasión de tributos o la generación de “ilegítimo lucro”69.

Verificada la elección parlamentaria, la victoria del PDC fue rotunda. A escala nacional, el oficialismo obtuvo un 42,36% de votos; los radicales lograron un 13,28% de sufragios; el Frente de Acción Popular (FRAP) alcanzó el 26% de la votación; en tanto la derecha se derrumbaba estrepitosamente, al obtener el Partido Conservador un 5% y el Liberal un 7%, perdiendo 14 y 22 diputados, respectivamente.

Acción Nacional tuvo votación marginal; sus 15.058 votos (un magro 0,6%) no le conferían la elección de ningún diputado. Sin embargo, convendría detenerse, aunque sea brevemente, en la elección senatorial, en la que logró el 4,18% de la votación electoral por la 4ª agrupación provincial Santiago con 55.287 votos. En este caso, su líder máximo, con 44.942 sufragios preferenciales, se alzaba con la votación individual más elevada de los postulantes presentados por la derecha, pero en cualquier caso insuficiente para su elección. Con estos resultados en la elección parlamentaria, el partido liderado por Prat dejaba de tener existencia legal70. No obstante, proseguiría actuando políticamente, al incorporarse a la discusión junto a los partidos de derecha por conformar un partido nuevo que fuese una alternativa política a la Revolución Socialista promovida por la izquierda y a la Revolución en Libertad impulsada por la democracia cristiana.

 

Acción Nacional impulsa la unión de las derechas en un solo partido

El rotundo fracaso de una derecha en franca descomposición quedó reflejada en la pluma de Enrique Campos Menéndez, de quien provino la expresión más cruda al afirmar que fue “el desastre electoral más grande que recuerda nuestra historia política”. Ante ese panorama proponía la renuncia de las directivas partidistas de conservadores y liberales.

Enseguida, las bases de estas colectividades, juntamente con las de Acción Nacional y otras entidades afines y grupos independientes, deberían ir a la formación de un nuevo y amplio movimiento de centro. Esta nueva entidad (…) agruparía a aquellos que no se sienten interpretados por el partido oficialista y debe (…) inspirar su programa en una acción (…) dirigida (…) a realizar la justicia social y el progreso del país71.

Por su parte, y en relación con esta propuesta, Sergio O. Jarpa recordaba que poco después de aquellas elecciones, tanto él como Prat se reunieron en la casa de Sergio Fernández Larraín con Bernardo Larraín Vial (presidente del Partido Conservador), Jorge Errázuriz (presidente del Partido Liberal) y otros dirigentes políticos de ambas colectividades, tales como Francisco Bulnes Sanfuentes y Pedro Ibáñez. Allí se conversó por primera vez de la “posibilidad de juntar fuerzas y hacer un solo partido”72. Desde ese entonces hasta fines de año diversas declaraciones de conservadores y de liberales apuntaron en dicha dirección, al calor del debate político dominado por las tendencias colectivizadoras, negadoras de la libertad, según la expresión del propio Larraín73.

De lo que no cabe duda, y al tenor de las declaraciones de Prat, es el interés que mostraban los sectores nacionalistas por unir fuerzas de “todos los sectores”, gremios, independientes, asociaciones y partidos políticos “para intentar evitar la introducción solapada del marxismo y del totalitarismo en Chile”74.

Cuando finalmente esa nueva agrupación política veía la luz, AN no dudó en concurrir definitivamente a su formación75. Este hecho le daría la oportunidad –como afirma una conocida historiadora– de acercarse a los centros de poder, influir en lo venidero y plantear sus ideas en la contingencia nacional76.

Pese a ello había en los sectores de la derecha clásica serias reticencias a admitir a los militantes, o por lo menos a algunos de ellos, de Acción Nacional. Así, por ejemplo, Sergio Sepúlveda Garcés77, uno de los pocos senadores del Partido Liberal, afirmaba de forma rotunda y tajante que él nunca había “tratado con nazis”78.

Por su parte, entre algunos militantes de AN circularon cartas reticentes a constituir una alianza con la derecha. En una de esas misivas se aludía al fallido putsch contra Arturo Alessandri el 5 de septiembre de 1938, el cual finalizó con el asesinato de 59 nazistas –al parecer– por orden de aquel gobierno:

hicimos la revolución [del 5 de septiembre de 1938] y esta fracasó ahogada en sangre. Y nuestra revolución era contra del liberalismo individualista que imperaba en el país; era contra el caudillo liberal Arturo Alessandri y su ministro Ross Santa María. Era contra la derecha política y económica que oprimía a los trabajadores con altos impuestos, bajos salarios y látigo. Perdimos en la revolución a nuestros mejores soldados. Fueron 62 los muertos, cuya sangre cubrió nuestros estandartes. Ahora, se trata de que los estandartes nacionalistas, ensangrentados como están desde entonces, sean desplegados junto a las banderas del liberalismo chileno, allí donde siguen militando militarán siempre los tradicionalistas explotadores de la clase trabajadora, los que ostentan los más gigantescos sellos del capitalismo.

Llamaban enseguida a resistir la unificación con la derecha: “Es cuestión de conciencia que los ex nazistas dirigentes de Acción Nacional, quieran o no quieran alianza con los tradicionales enemigos nuestros. ¿Podrán olvidar tan fácilmente lo acontecido el 5 de septiembre?”79.

Está claro que las relaciones entre liberales y nacionalistas parecieran no ser de lo más amigables. Entre los integrantes de uno y otro sector hubo frecuentes encontronazos, llegando incluso a la violencia física al interior de los locales del Partido Nacional. A los antiguos sectores liberales no les gustaba que algunos antiguos integrantes de Acción Nacional entonaran determinados himnos de clara connotación fascistoide, al menos eso es lo que nos recordaba Mario Arnello:

Había liberales que no tragaban a las generaciones más jóvenes de los nacionalistas. Un día se agarraron a puñetes con algunos, porque los encontraron en el patio cantando Cara al Sol. Cosas que eran chiquilladas tontas de los dos, pero agarrarse a puñetes era una cosa inverosímil80.

Otro aspecto donde chocaron los liberales y los integrantes de Acción Nacional en el proceso de formación del nuevo partido fue a propósito del papel que debieran jugar las Fuerzas Armadas, dado que los primeros rechazaban de plano la idea nacionalista de darle mayor influencia a éstas en los asuntos públicos del país, participando en las tareas de desarrollo nacional y no solamente llevando a cabo tareas de defensa nacional81.

 

La integracion de Acción Nacional en el nuevo partido de derecha

En abril de 1966, Acción Nacional confirmaba su deseo de ingresar a una nueva colectividad que agrupase a las formaciones de la derecha, del nacionalismo y de diversos sectores independientes. No obstante, la declaración de su presidente –Sergio O. Jarpa– y de su secretario general –Rolando Maino– puntualizaba los principios y condiciones sobre la base de los cuales se realizaría dicha incorporación. Formar un “movimiento nacional, merece la especial atención de las fuerzas políticas de inspiración chilena y del mayoritario sector independiente del país”. Dicho movimiento debía estar alejado “de la desquiciadora derecha económica”. El llamado conservador-liberal reflejaba al mismo tiempo el “afán patriótico” que dio “forma y prestigio” a la República: “el Estado de Derecho, impersonal y nacional; la autoridad de la Ley; el respeto a la libertad y dignidad de las personas; el ejemplar desarrollo cultural y económico; y una política externa activa y visionaria”. Aunque no se ahondó en esta interpretación, se señalaba que “una integración de fuerzas no debe olvidar” los siguientes puntos. El movimiento político nuevo “Unitario y Nacionalista” debía tener el “claro propósito” de alcanzar el poder para realizar “un vasto plan de renovación nacional”. La política externa debía orientarse hacia el Pacífico, impulsando la unidad latinoamericana para la defensa de las materias primas. Debía haber “complementación económica” y perfeccionamiento de los organismos regionales de desarrollo. La defensa de la “libertad de trabajo” y de la “iniciativa privada” eran considerados “factores dinámicos” de la producción. La base para la expansión económica debía ser “la nacionalización de la propiedad minera”, una reforma agraria realista y una “política industrial de exportación”82.

Por nacionalización de la propiedad minera, AN entendía un sistema legal que señalara plazos para que las riquezas mineras del subsuelo pasaran a manos de empresas chilenas, sin perjuicio de la inversión extranjera sometida a la ley. Por otra parte, la reforma agraria era entendida como un conjunto de medidas para aumentar la producción agropecuaria, “expropiando y redistribuyendo las tierras improductivas; pero sin someter a la agricultura chilena a ensayos de teóricos” fracasados83.

Acción Nacional insistía en la procura de una legislación “laboral y previsional” que garantizara a los trabajadores “salarios justos y previsión integral e igualitaria”, con participación gremial que permitiera superar los sindicatos de resistencia y avanzar hacia la creación de cooperativas de producción, “síntesis moderna del capital y el trabajo”.

La pequeña agrupación nacionalista también abogaba por la defensa de los derechos de los ciudadanos y de las libertades públicas, “amagadas hoy por intentos colectivistas y totalitarios”. La Iglesia Católica –agregaba– no debía participar de las luchas políticas. Un punto de la declaración estuvo totalmente dedicado a la “clase media”. “Defensa de la clase media como estrato fundamental de la sociedad chilena, de manera que la evolución económico-social se realice en un proceso ascendente en lugar de nivelar por abajo”. Pero este nuevo movimiento político, unitario y nacionalista, debía “trascender los anticuados conceptos de izquierdas y derechas, y que supere el artificial dilema entre democracia cristiana y marxismo”, ambas, ideologías consideradas “foráneas”84.

Con respecto a las posibilidades de hacer coincidir en un proyecto político a nacionalistas y liberales, Mario Arnello señaló claramente que el nacionalismo podía conjugarse con el liberalismo, tal como en su día lo hizo el presidente José Manuel Balmaceda. El nacionalismo tampoco rechazaba a los liberales que sostenían el respeto a la iniciativa individual, la defensa de los derechos individuales, el derecho a la propiedad privada y la defensa de la independencia del poder judicial85.

Por otra parte, los sectores más liberales, coincidían con los nacionalistas en rechazar a la Derecha Económica, definida por Miguel Otero como la conformada por los grandes monopolios, trusts “y los grandes intereses de grupo que desconocen toda moral o interés nacional”; un “tumor” que hay que extirpar por constituir una fuente de inmoralidad. El industrial, el trabajador independiente, el profesional, el empresario independiente –y todos los que no viven de un sueldo burocrático– no forman parte de esa derecha económica86.

Un punto controvertido fue la actitud en relación con la Iglesia Católica, sobre todo teniendo en cuenta el carácter laico de liberales y nacionalistas, fieles a su pasado librepensador de unos y monttvarista de otros. El conflicto se resolvió en la coincidencia del respeto a la libertad religiosa; así lo indicó el conservador Fernando Ochagavía. Los conservadores no negaban su condición de católicos, pero ello no implicaba exigencia confesional al nuevo partido, lo cual además tampoco lo deseaba la Iglesia, o por lo menos gran parte de su jerarquía y sacerdotes, más próximos al Partido Demócrata Cristiano87.

Trescientos consejeros provenientes de Santiago y otras partes del país fueron los que participaron en el Consejo Nacional de AN reunido en su sede en la calle Catedral n°. 1674, los días 16 y 17 de abril, donde se pronunciaron sobre la unión a conservadores y liberales. Dicho Consejo también nombraría a los 50 militantes que formarían la asamblea constituyente del nuevo partido88. Después de las deliberaciones se acordó de forma mayoritaria (176 contra 10) proseguir las acciones tendientes a formar parte del nuevo partido89. Pese a ello, los elementos de AN procedentes del MRNS optaron por marginarse de dicho proyecto, no ingresando el Partido Nacional. Así lo declaró Ramón Callís Arrigorriaga, su jefe nacional, aclarando, no obstante, que mantendría con el Partido Nacional un statu quo de “alianza independiente (…) en defensa de la soberanía y la nacionalidad contra el marxismo y toda clase de Internacionales”90.

Las discusiones para materializar la fusión de conservadores, liberales, nacionalistas e independientes en un nuevo partido, se realizaron en la sede de los liberales en la ciudad de Santiago y comprendieron desde el sábado anterior al 24 de abril hasta inicios de mayo. Los estatutos y la declaración de principios de la nueva colectividad fueron la preocupación principal91. En el proceso de discusión y formación del nuevo partido, permanentemente se hizo mención a los sectores de independientes que formarían parte del nuevo referente político. Pareciera que estas alusiones se referían a los sectores alessandristas y a algunos de sus colaboradores, los cuales actuaban al margen de cualquier partido. Ellos eran las personas “de trabajo”, amantes de la libertad y de la democracia; como “la gran masa silenciosa” de “vocación democrática”92. Su presencia en el nuevo partido fue importante, aunque no sea posible cuantificarla numéricamente. Su primer presidente –Víctor García Garzena–93 sería un claro exponente de esos sectores; y no olvidemos que en su primer discurso saludó a esos independientes ingresados al Partido Nacional en aras de conservar la libertad y las garantías individuales94.

 

El surgimiento del Partido Nacional a la vida pública

Con el acto realizado el 10 de mayo en la sede del Partido Liberal –el Club de Septiembre– se inició la transformación de dicha institución en Partido Nacional. En la sesión presidida por Jorge Errázuriz se leyó la declaración de principios de la nueva colectividad política. En ella se identificaba al Partido Nacional con los valores de la civilización occidental y cristiana, junto a su oposición al marxismo. Se propiciaban mayores facultades para el Presidente de la República y una mayor participación de las fuerzas armadas en el desarrollo nacional, especialmente en lo educativo, técnico y económico. La “clase media” era calificada como el estrato fundamental de la sociedad chilena. Planteaba la declaración también la necesidad de recuperar el cobre y el hierro para Chile, calificando de injusto el mejor trato dado por el país a los capitales extranjeros95.

Después de la firma de las actas respectivas, se hizo ingresar a la sala al presidente del Partido Nacional, Víctor García Garzena. Éste, en su discurso, recalcaba que estando en peligro la estabilidad nacional, la libertad y la propiedad, los partidos tradicionales habían decidido abandonar parte de su acervo doctrinario para conformar una nueva alianza. La directiva, encabezada por Víctor García también quedaba configurada por Sergio Miranda Carrington, secretario; Alfredo Alcaíno Barros, tesorero; y tres vicepresidentes, uno por cada una de las fuerzas políticas que concurrían a formar el nuevo partido: Sergio O. Jarpa Reyes (por Acción Nacional), Domingo Godoy Matte (por los liberales) y Tomás Puig Casanova (por los conservadores). Posteriormente a lo acontecido en la sede liberal, en el Club Fernández Concha se reunieron los constituyentes que militaron en el Partido Conservador, en Acción Nacional y sectores independientes, acordando los fundamentos doctrinarios y programáticos del Partido Nacional, y ratificando su directiva. En ambos casos levantó acta de lo acontecido el notario Arturo Carvajal96.

En la segunda semana de mayo estuvo listo el nuevo partido para su inscripción en el Registro Electoral, lo cual se materializó el 12 de ese mes97. Esa misma fecha, en la noche, un acto en el Salón de Honor del Congreso señaló oficialmente el nacimiento del nuevo partido. El público “repletó” dicho recinto y vitoreó a la flamante nueva directiva98. En esa ocasión, Víctor García realizó una síntesis de la propuesta programática de la nueva colectividad. El partido –afirmó– se organizaba para “preservar el régimen republicano, nuestra libertad y el respeto a la dignidad de los ciudadanos”99. Anhelaba poder elegir, fiscalizar y criticar “sin estar presionados por la falsa disyuntiva de escoger entre comunismo y democracia cristiana.” Consideraba además la finalidad del PDC de perpetuarse en el gobierno “la forma más corruptora de la política”. “Angustia patriótica” producía a los nacionales “cuando un partido habla de treinta años de Gobierno, o de cien años de Gobierno, porque aún resuenan los ecos de aquellos que hablaban de los mil años de Gobierno y que terminaron en la catástrofe más grande que conoce la historia.” Clara alusión a los afanes de poder del PDC, comparándolos con los del nazismo alemán.

El Estado de derecho propuesto por los nacionales iba dirigido a los hombres de trabajo, quienes anhelaban “progresar en un orden legal” sin burocracia, sin cambios estructurales que les impidieran ahorrar, con la seguridad necesaria para proteger a sus familias, desplegar su capacidad económica y dar al Estado los tributos que necesite. Junto con indicar que a la mayoría de los chilenos “les repugnó” el comunismo, “tampoco quieren la dictadura de un partido que pretende tener la infalibilidad de todas las soluciones (sic)”. Conforme el Gobierno de Frei ofreciera resolver los problemas coincidentes con las propuestas del Partido Nacional, se anunciaba la actitud de colaborar; pero habrá oposición si los principios del partido “continúan amenazados”.

Entre los mayores problemas del país, García mencionaba el hecho de que el Estado se estaba convirtiendo en “dueño de todas las fuentes de producción o las está totalmente controlando”. Llamaba la atención el incremento de los créditos y los tributos, pero aun así la existencia de déficit. Desconfiaba de una reforma agraria sin recursos para mejorar las condiciones de vida de los campesinos, y preocupaba la situación de comerciantes e industriales “agobiados por los tributos”. El aumento de las riquezas, la colaboración entre los hombres y la solución de los problemas nacionales eran tareas que declaraba acometer el Partido Nacional, “sin fomentar odios, envidias ni resentimientos… libre de mezquinos intereses y con una consciente, eficaz y estricta disciplina”100.

Nacía un nuevo partido. Así se encargó de remacharlo su publicación Nueva República en su primer número de octubre de 1966. No obstante “las valiosas tradiciones” que le legaron los partidos Conservador, Liberal y Acción Nacional “…el Partido Nacional no será la continuación de ninguno de ellos. Nuestra misión consiste en interpretar mediante nuevos pensamientos políticos y nuevos métodos de acción a los vastos sectores que no integraron o que desertaron de los partidos tradicionales y que en el futuro habrán de dar consistencia al nuestro”101.

 

Conclusiones

La figura de Jorge Prat ocupa un papel protagónico en el devenir del nacionalismo chileno, al menos en el periodo comprendido entre 1946, con la aparición de la revista Estanquero, y 1966, año en que se constituye el Partido Nacional, tras la fusión de conservadores, liberales y los integrantes de Acción Nacional. Esta última había nacido para sostener la candidatura presidencial de Jorge Prat en la campaña de 1964, concurriendo a las elecciones parlamentarias de 1965, en las cuales no logró elegir a ninguno de sus candidatos. Tras el hundimiento de la derecha en las elecciones parlamentarias de 1965 frente a la aplanadora demócratacristiana, provino de Acción Nacional la idea de aunar todas las fuerzas del sector en una nueva formación, independientemente de la forma jurídica que se acordase para que ello fuera posible.

Acción Nacional entroncaba con el discurso nacionalista, anticomunista y portaliano de muchas de las agrupaciones de corte nacionalista precedentes. Pero también incorporaba otras notas innovadores a dicho campo, tratando de jugar una especie de “poujadismo” a la chilena; prueba de ello es el alto número de candidatos independientes presentados a las elecciones parlamentarias de 1965, destacando la relación de los mismos con el mundo laboral en sus diferentes facetas: sindical, pequeños comerciantes y artesanos.

Al Partido Nacional, la formación pratista contribuyó con una cierta estética, sobre todo en sus juventudes, con un lenguaje beligerante frente a una izquierda emergente; o con un buen número de sus cuadros (Sergio O. Jarpa, Mario Arnello, Carlos Cruz-Coke, Jorge Vargas, et al.), de los cuales Jarpa llegaría a ser su presidente desde 1968, dejando aspectos como el económico a otros sectores; pese a ello, no renunció a una política económica donde la propiedad minera estuviera en manos chilenas; a una mejor redistribución de las tierras improductivas o políticas de previsión igualitarias.

Pese a todo lo indicado, Prat abandonaría la formación muy tempranamente, disconforme con algunas posiciones económicas impuestas por los sectores neoliberales, sin que ello significase una fractura en el seno del Partido Nacional. Sus posteriores actuaciones políticas (sus críticas a la Unidad Popular o formación de la Unión Cívica Democrática) escapan del objeto de estudio del presente trabajo.

 

Notas

1 De una forma u otra, desde los años treinta del siglo XX, después de que algunos autores de la Generación del Centenario revitalizasen la figura de Portales, el nacionalismo chileno vendría a constituir “una actitud vital, en la que en armónica convivencia se aúnan y dinamizan ideas, sentimientos y conductas. Es voluntad, paso y camino; es enlazar el pasado y el porvenir por el quehacer del presente” (Enrique Campos Menéndez, “Las perspectivas del nacionalismo”, en Enrique Campos Menéndez et al., El pensamiento nacionalista, Gabriela Mistral, Santiago, 1974, p. 8).         [ Links ] Y a esa labor se encaminaron las acciones de diversas personalidades, de algunos grupos políticos y de no pocas experiencias periodísticas, no precisamente unidas por una coherencia ideológica entre ellas, pero vinculadas de una forma u otra a organizaciones de carácter fascista y/o de extrema derecha. Pese a ello habría que puntualizar que: a) no ha existido una continuidad histórica; el nacionalismo ha ido emergiendo y desapareciendo cada cierto tiempo en la política chilena; b) no ha existido una continuidad en sus líderes; y c) tampoco ha habido una unidad doctrinal.
2 El anticomunismo es la actitud tomada por distintas fuerzas políticas en diversos momentos de la historia política chilena, en aquellas etapas en las que el socialismo y el comunismo se veían como un peligro real, y/o imaginario, para el normal desarrollo de las instituciones políticas: fue el caso de Ligas Patrióticas frente al nacimiento del Partido Obrero Socialista, cuna del Partido Comunista; la Milicia Republicana como reacción a la llamada República Socialista; La revista Estanquero, nacida en el inicio de la Guerra Fría y de persecución del comunismo; o la Acción Nacional de Jorge Prat en las campañas electorales de 1964 y 1965, como intento de contención a una victoria electoral de Salvador Allende. En los años de la Unidad Popular, esta corriente podría relacionarse con el llamado Frente Nacionalista Patria y Libertad.
3 Fernández, Marcos, “Crisis de identidad: La derecha en los setenta. La fundación del Partido Nacional”, Revista de Historia, Universidad de Concepción, Vol. 8, 1998, pp. 119-135.         [ Links ]
4 Valdivia, Verónica, Nacionales y gremialistas: el “parto” de la nueva derecha política chilena 1964-1973. Santiago, LOM Ediciones, 2008.         [ Links ]
5 Arellano, Juan Carlos, “El Partido Nacional en Chile: Su rol en el conflicto político 1966- 1973”, Atenea, Universidad de Concepción, N° 499, 2009, pp. 157-174.         [ Links ]
6 Se recuerda que su padre, Arturo Prat Carvajal, integrante del Partido Nacional, desempeñó varios cargos políticos, entre ellos, el de Ministro de Hacienda del presidente Juan Luis Sanfuentes Andonaegui desde el 20 de noviembre de 1916 al 14 de julio de 1917; cargo que vuelve a ocupar durante la vicepresidencia de Manuel Trucco Franzani desde el 2 de septiembre de 1931 al 14 de noviembre de 1931. El Partido Nacional formó parte de la Alianza Liberal.
7 El nombre de Jorge Prat aparece en uno de los primeros números del órgano oficial de la Falange Nacional (Lircay, N° 3, 13 de agosto de 1934, p. 3), firmando un breve artículo titulado “Notas de Actualidad”.
8 “La Juventud Conservadora, disciplinadas sus filas, entra a la lucha de sus ideas”, El Diario Ilustrado, 15 de noviembre de 1939, p. 3. Salvo que se indique otro lugar, la prensa es de Santiago de Chile.
9 “Jorge Prat responde a Tacna”, Tacna, N° 3, 1ª. Quincena de 1971, pp. 4-6.
10 Barros van Buren, Mario, “Historia de la revista Estanquero (1946-1954)”, Boletín de la Academia Chilena de la Historia, N° 107, Santiago de Chile, 1997, pp. 337 - 355.         [ Links ]
Jorge Prat, fundaría en la década del 50 otro medio de comunicación, el vespertino P. M., abreviatura de Pasado Meridiano, y que bajo el lema de “Una meta: el bien de Chile, un camino: la verdad”, se editaría entre el 6 de julio de1955 y el 4 de octubre de 1956.
11 Maldonado Prieto, Carlos “AChA y la proscripción del Partido Comunista en Chile, 1946-1948”, Contribuciones FLACSO, N° 60, Santiago de Chile, 1989.         [ Links ]
12 “Fe en Chile”, Estanquero, N° 3, 14 de diciembre de 1946, p. 1.         [ Links ]
13 En noviembre de 1950, tras llegar de Buenos Aires, cuando Ibáñez anunciaba su candidatura, desde la revista se escribía que él representaba “los imperativos portalianos de eficacia, honradez y austeridad en la administración; justicia y trabajo en el pueblo; apartidismo y criterio nacional…; espíritu social, progresismo y producción en el capital; y servicio público, selección y patriotismo”. Estanquero, N° 197, 25 de noviembre de 1950, pp. 6-7.
Poco después, la revista recibía en sus oficinas al ya candidato a la presidencia para entrevistarlo. Estanquero, N° 214, 7 de marzo de 1951, pp. 14 -15.
14 Acuña, Gastón, “Jorge Prat y el Banco del Estado”, La Nación, 9 de septiembre de 1983, p. 3.
15 Prat, Jorge, “La situación económica latinoamericana”, Dinámica Social, N° 44, Buenos Aires, abril de 1954, pp. 35-36 y Diná         [ Links ]mica Social, N° 45, Buenos Aires, mayo de 1954, pp. 32-34.
16 Prat, Jorge, Seguridad Social Integral - Igualitaria, MAR, Concepción, 1963.         [ Links ]
17 Sobre ese proceso electoral, véase: Gazmuri, Cristian; Alvaro Góngora, “La elección presidencial de 1964. El triunfo de la revolución en Libertad”. En Alejandro San Francisco y Ángel Soto (Ed.), Camino a La Moneda: las elecciones presidenciales en la historia de Chile 1920-2000, Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile - Centro de Estudios Bicentenario, 2005, pp. 301 -331.         [ Links ]
18 El Diario Austral (Temuco), 25 de mayo de 1963, p. 7; 26 de mayo de 1963, p. 8; y 27 de mayo de 1963, p. 7.
19 Ercilla, N° 1461, 22 de mayo de 1963, p. 15.
20 Arnello, Mario, Proceso a una democracia. Pensamiento político de Jorge Prat, Tall. Gráf. El Imparcial, 1965, pp. 136 y 139.         [ Links ]
21 Olavarría, Arturo, Chile entre dos Alessandri, Ed. Nascimento, Santiago de Chile, 1965, t. III, p. 285.         [ Links ]
22 Galleguillos, Misael, Nacional Sindicalismo chileno. Aspectos doctrinarios e históricos, Eds. Patria Vieja, Santiago de Chile, 1986, p. 10.         [ Links ]
El Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista era un movimiento político representativo del nacionalismo criollo, creado en 1949 y oficializado en 1952. Se inspiró en la Falange Española, que en los años 30 del siglo XX lideraran José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos. Entre los cofundadores del MRNS estaban Ramón Callís Arrigorriaga, el sacerdote Osvaldo Lira Pérez y Delfín Alcalde Wetson. En la época de nuestro estudio, el MRNS carecía de existencia legal.
23 Esta veterana líder política, y primera senadora de la república, lideraba una organización conocida como los “Guerrilleros de Prat”.
24 Procedente del MRNS.
25 Sobrino de Gustavo Vargas Molinare, diputado nazista entre 1937-1941 y 1941-1945.
26 A los 20 años fue presidente del sector tradicionalista de la juventud conservadora y luego presidente del Centro de Alumnos de la Universidad de Chile. Se licenció en derecho en 1952, con una tesina sobre el Ideario político de José Antonio Primo de Rivera. Subsecretario de Salud con Carlos Ibáñez del Campo. Premio Nacional de Periodismo en 1952 por una serie de entrevistas a los principales líderes políticos bolivianos tras la Revolución del 9 de abril de ese mismo año.
27 El reconocido medievalista escribía del candidato: “En estos momentos, creemos que, de las distintas postulaciones presidenciales… la más capacitada para separar la verdad del engaño, la realidad de la fantasía, la eficiencia de la mediocridad, es la postulación de don Jorge Prat Echaurren, quien… ha demostrado fehacientemente que es un hombre de pensamiento creador, de visión acertada, de acción serena, de trato cordial, de comprensión amplia, de voluntad inquebrantable… es la proyección en el plano de la alta política nacional… como poseedor de estas virtudes, quiere transmitirlas al país con la colaboración decidida de todos los que creemos que el porvenir de Chile es obra entregada… a la dedicación de los que por su espíritu… están… más para hacer de Chile lo que merece, sobre todo si se tiene en cuenta la grandeza de su raza y la riqueza de su territorio”. Héctor Herrera Cajas, Dimensiones de la responsabilidad educacional, Ed. Universitaria, Santiago de Chile, 1988, p. 135.         [ Links ]
28 El Diario Ilustrado, 9 de julio de 1963, p. 4.
Entre los apoyos de militantes procedentes del ibañismo también cabría destacar la del exdiputado Armando Palma Gallardo. En una carta pública de apoyo al candidato escribía: “Yo como dirigente ibañista que fui, no puedo trabajar por el actual candidato del Frente Democrático, que tan dura e injusta campaña hizo en contra del presidente hoy fenecido. En cambio, lo haré con gusto por Prat que ha sabido mostrar su preparación y patriotismo al servir ad honores a los gobiernos del presidente Ibáñez y al presidente Alessandri, ambos Mandatarios independientes”. El Mercurio, 22 de diciembre de 1963, p. 49.
29 El Mercurio (Antofagasta), 17 y 18 de julio de 1963, p. 2, en ambos casos.
30 “Juventud Liberal Balmacedista apoya candidatura de Prat”, El Diario Ilustrado, 29 de febrero de 1964, p. 4.         [ Links ]
31 El Mercurio, 13 y 14 de diciembre de 1963, p. 38 y 43, respectivamente.
Pese a ello, Fernando García Zavala, nuevo dirigente de las juventudes liberales, aseguraba que el 95% de sus integrantes permanecían fieles al citado partido. El Mercurio, 19 de diciembre de 1963, p. 33.
32 Ver manifiesto de esta organización en El Mercurio, 7 de marzo de 1964, p. 31.
33 Esta circunstancia había motivado su expulsión del partido. El Mercurio, 17 de noviembre de 1963, p. 55.
Ver respuesta del interfecto: “He sido expulsado, no tanto por el episodio de la campaña presidencial, sino por encabezar un movimiento renovador, inspirado en el liberalismo de este siglo, comprensivo con los problemas sociales”, El Mercurio, 18 de noviembre de 1963, p. 37.
Véase también: “Don Hugo Gálvez y el Partido Liberal”, El Mercurio, 22 de noviembre de 1963, p. 25.
34 El Diario Ilustrado, 3 de abril de 1964, p. 4.
35 El Diario Ilustrado, 11 de marzo de 1964, p. 4.
36 La Provincia (Linares), 28 de enero de 1964, p. 1. Sobre la visita de Prat a la zona, ver ediciones de los días 23, 24, 25 y 26. La información referida apareció siempre en la portada de la citada publicación.
37 El Diario Ilustrado, 6 y 7 de enero de 1964, p. 10 y 4, respectivamente; El Mercurio, 6 y 7 de enero de 1964, pp. 23 y 21, respectivamente.
38 Arancibia Clavel, Patricia; Claudia Arancibia Floody e Isabel de la Maza Cave, Jarpa. Confesiones políticas, La Tercera/Mondadori, Santiago de Chile, 2002, p. 90.         [ Links ]
39 Etchepare, Jaime y Mario Valdés, “El Naranjazo y sus repercusiones en la elección presidencial de 1964”, en Política, N° 7, Santiago de Chile, julio de 1985, pp. 117-153.         [ Links ]
40 Coalición política de la centroderecha existente entre 1962 y 1964, de la que formaba parte el Partido Conservador Unido, el Partido Liberal, el Partido Radical y los Comandos Populares. Al frente de la misma se encontraba el expresidente Gabriel González Videla.
41 Ercilla, 25 de diciembre de 1963, p. 9; El Mercurio, 24 de diciembre de 1963, p. 27.
42 El Mercurio, 21 y 22 de diciembre de 1963, p. 51 y 49, respectivamente. El Mercurio, 9 de enero de 1964, p. 21.
43 Ercilla, 1 de enero de 1964, p. 7.
44 El Diario Ilustrado, 14 de enero de 1964, p. 4. El Sur (Concepción), 21 de enero de 1964, p. 12.
45 Entrevista a Jorge Prat en Canal 9 de Televisión. Citada por Arnello, 1964, op. cit., p. 333.
46 El Diario Ilustrado, 25 de abril de 1964, p. 4. Para Hugo Zepeda –según sus propias declaraciones– el apoyo liberal a Eduardo Frei era la única opción viable de “mantener el régimen democrático”.
Véase también, por ejemplo, “Puntos de coincidencia entre el liberalismo y el programa del candidato D. Eduardo Frei”, El Mercurio, 25 de agosto de 1964, p. 23.         [ Links ]
Con anterioridad a estos hechos, algunas agrupaciones conservadoras, como en el caso de Quemchi (Chiloé), encabezada por su presidente Antonio Montoya y el regidor Héctor González, ya habían apostado por su apoyo al candidato democratacristiano. El Diario Ilustrado, 12 de febrero de 1964, p. 4.
47 “Llamado a unidad democrática para detener al marxismo”, El Diario Ilustrado, 18 de marzo de 1964, p. 1 y 4.         [ Links ]
Véase también, por ejemplo, “Conservadores de Santiago proclaman candidatura de Don Eduardo Frei Montalva”, El Mercurio, 24 de agosto de 1964, p. 27.         [ Links ]
48 Agnic, Ozren, Allende el hombre y el político. Memorias de un secretario privado, RIL Edit. Santiago de Chile, 2008, pp. 143-146.         [ Links ]
49 Clarín, 31 de agosto de 1964, p. 10.
50 Clarín, 28 de agosto de 1964, p. 8.
51 El Diario Ilustrado, 26, 27 y 28 de abril de 1964, p. 4, en las tres ocasiones.
Poco antes de su retirada, Jorge Prat había contado con la adhesión de Enrique Edwards Orrego (diputado liberal por el primer distrito de Santiago). El Diario Ilustrado, 23 de marzo de 1964, p. 4.
Se daba la circunstancia que éste fue uno de los pocos dirigentes del partido Liberal que mostró su solidaridad con los jóvenes liberales escindidos de la formación por su inicial apoyo a la reelección de Jorge Alessandri. El Mercurio, 18 de diciembre de 1963, p. 45.
52 Arnello, 1964, op. cit., p. 319.
53 El Diario Ilustrado, 4 de abril de 1964, p. 4.
54 Tomado de Whelan, James, Desde las cenizas, Zig-Zag, Santiago de Chile, 1993, pp. 148-149.         [ Links ]
55 El Mercurio, 30 de agosto de 1964, p. 33.
56 El Mercurio, 27 de agosto de 1964, p. 30.
57 Se recuerda que en aquella ocasión el candidato demócratacristiano obtuvo el 56,08% de los votos, frente al 38,92% de Salvador Allende, su más directo competidor. Julio Durán tan solo obtuvo un testimonial 4,98%.
58 Morodo, Raúl, Política y partidos en Chile. Las elecciones de 1965, Taurus, Madrid, 1968.         [ Links ]
59 En otros casos, como en la elección complementaria de Valparaíso, se optó por respaldar a otros candidatos, como fue el caso del conservador Edmundo Eluchans. El Mercurio (Valparaíso), 6 de marzo de 1965, p. 68.
60 Esta sería precisamente la primera candidatura en ser inscrita. El Mercurio, 1 de noviembre de 1964, p. 43.
Se la presentaba como un hombre con “una posición valiente y nacional ante los problemas del país”, El Mercurio, 9 de febrero de 1965, p. 21.
61 El Mercurio, 6 de octubre de 1964, p. 23. Interesante resultan algunos de los anuncios electorales: “Hugo Gálvez Gajardo. Hacia un nuevo liberalismo. Representa al liberalismo de Avanzada Social”, El Mercurio, 7 de febrero de 1965, p. 37.         [ Links ]
62 En algún caso, las listas de Acción Nacional entraron en franca competencia con las presentadas por la agrupación Comandos Populares, cuya cabeza de lista por el primer distrito de Santiago era el General (r) Horacio Gamboa, vinculado con el Partido Nacional Socialista Obrero, quien incluso pensó en haber levantado su candidatura presidencial el año anterior.
Por su parte, el citado PNSO también intentó levantar una candidatura por Santiago, presentando a Hugo Plaza, su secretario del Departamento de Solidaridad, candidatura que no llegó a prosperar. Cruz Gamada, 1 de septiembre de 1964, p. 1.
La citada organización, dirigida por Franz Pfeiffer Richter, se mostró sumamente crítica con la postulación senatorial de Jorge Prat, al que acusaba de no tener el valor suficiente como para romper con las estructuras “partitocráticas” y el sistema demoliberal. Cruz Gamada, 19 de marzo de 1965, p. 1 y 2.
63 En este caso, respaldado por el Frente de Trabajadores Libres de América Latina.
64 Pese a su origen conservador, Carlos Cruz-Coke ingresa al pratismo desde el Movimiento Liberal balmacedista, el cual no dudó en hacer publicar un inserto en la prensa mostrando su respaldo a su postulación como diputado en las listas de Acción Nacional. El Mercurio, 6 de marzo de 1965, p. 38.
65 Su padre, Juan Bautista Chesta Pastoureaud, fue diputado de dicha formación por Temuco (1945-1949).
66 Así lo declaró al periodista Luis Hernández Parker. Ercilla, 18 de diciembre de 1963, p. 9.
67 Ver anuncio electoral en El Diario Ilustrado, 7 de marzo de 1965, p. 20.
68 Con anterioridad, Samuel Escobar, un líder sindical allendista, había proclamado: “Es una lástima que don Jorge Prat no pertenezca al Partido Socialista”, El Diario Ilustrado, 13 de marzo de 1964, p. 4.
Los antiguos militantes de AN lo caracterizaban como nacionalista, estatista y con un sentido corporativista. Entrevista Álvaro Góngora y Joaquín Fernández. Documento del Centro de Investigación y Documentación (CIDOC), Universidad Finis Terrae. Santiago de Chile, 8 de abril de 2011.
69 Ercilla, 24 de febrero de 1965, p. 15. El Mercurio, 1 de febrero de 1965, 18.
70 El Diario Ilustrado, 1 de marzo de 1965, p. 4.
71 Llamado público de Enrique Campos Menéndez en inserción de El Mercurio, 9 de marzo de 1965, p. 21.
72 Arancibia et al., 2002, p. 100.
73 Valdivia, Verónica, Nacionales y gremialistas, el “parto” de la nueva derecha política chilena, 1964-1973, LOM, Santiago de Chile, 2008, pp. 84-85.         [ Links ]
74 El Mercurio, 11 de diciembre de 1965, p. 27. Citado en Walker, María Bernardita, “El Partido Nacional: 1966-1969”, Tesis de Licenciatura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 1995, p. 61.         [ Links ]
75 El Diario Ilustrado, 17 y 20 de marzo de 1966, pp. 3 y 2, respectivamente.
76 Valdivia, Verónica, Camino al Golpe el nacionalismo chileno a la caza de las Fuerzas Armadas, Universidad Blas Cañas, Santiago de Chile, 1996, p. 22.         [ Links ]
77 Éste había iniciado sus actividades políticas al integrarse al Partido Liberal en 1931, donde ocupó los cargos de vicepresidente entre 1952 y 1959, y de presidente en 1963.
78 Desfile, 28 de marzo de 1966, p. 3.
79 El Sur (Concepción), 25 de abril de 1966, p. 16.
80 Véase la entrevista referida de Álvaro Góngora y Joaquín Fernández. Documento CIDOC.
81 El Sur (Concepción), 25 de abril de 1966, p. 16. El planteamiento del líder nacionalista Jorge Prat en la campaña presidencial de 1963-1964 en relación con las fuerzas armadas es brevemente indicado por Valdivia, Camino al Golpe…, op. cit., p. 19.
82 El Diario Ilustrado, 17 de marzo de 1966, p. 3.
83 Ercilla, 23 de marzo de 1966, p. 4.
84 El Diario Ilustrado, 17 de marzo de 1966, p. 3
85 El Sur (Concepción), 1 de abril de 1966, p. 16.
86 El Sur (Concepción), 2 de abril de 1966, p. 16.
87 El Sur (Concepción), 3 de abril de 1966, p. 20.
88 El Mercurio, 18 de marzo de 1966, p 37. El Diario Ilustrado, 18 de marzo de 1966, p. 3.
89 El Diario Ilustrado, 16, 17 y 18 de abril de 1966, p. 3, en todos los casos.
90 Esta declaración del MRNS fue entregada a la prensa probablemente el 1° de mayo de 1966. Fue firmada por Ramón Callís Arrigorriaga, jefe nacional del movimiento, además de Werner von Bischoffshausen, secretario general. En esa ocasión, Callís aclaraba su punto de vista en cuanto a simpatizar con la idea de Unidad Nacional bajo bases nacionalistas, agregando que no debiera permitirse bajo ningún concepto la integración al nuevo partido de los representantes de la derecha económica. Estos eran los “verdaderos culpables de la situación del país y de la debilidad actual de los partidos tradicionales”. El Diario Ilustrado, 3 de mayo de 1966, p. 3.
91 El Diario Ilustrado, 23 y 25 de marzo de 1966, p. 3, en ambos casos.
92 Al respecto, véase El Diario Ilustrado 1, 3 y 15 de mayo de 1966, p. 3, en todos los casos.
93 Víctor García Garzena había nacido en Viña del Mar en 1913. Abogado por la Universidad Católica desde 1937. Profesor universitario desde los años 40 hasta mediados de los años 60. Asesor de Pedro Ibáñez. Participó en diversas empresas agrarias y comerciales. Asesor político del Gobierno de Jorge Alessandri.
94 El Diario Ilustrado, 11 de mayo de 1966, p. 1. La Nación, 11 de mayo de 1966, p. 2.
95 “Como Partido Nacional trata de camuflarse la derecha”, El Siglo, 11 de mayo de 1966, p. 3. “En torno al Partido Liberal se fusionan los momios”, El Siglo, 4 de mayo de 1966, p. 3.
96 La Nación, 11 de mayo de 1966, p 2; El Diario Ilustrado, 11 de mayo de 1966, p. 1.
97 La Segunda, 12 de mayo de 1966, p. 3. El Mercurio, 12 y 13 de mayo 1966, p. 23, ambos casos.
98 El Diario Ilustrado, 11 de mayo de 1966, p. 1.
99 El Diario Ilustrado, 13 de mayo de 1966, p. 3.
100 El Mercurio, 13 de mayo de 1966, p. 23 y El Diario Ilustrado, 13 de mayo de 1966, p. 3.
101 Nueva República, N° 1, Santiago, octubre, 1966, p. 14.

 


Recibido: diciembre 2014
Aceptado: agosto 2015

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