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Cuadernos de historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.43 Santiago dic. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432015000200003 

ESTUDIOS

 

El aporte de la migración chilena a la formación de una nueva clase obrera en el noreste de Chubut: 1956-1989

The contribution of the Chilean migration to the formation of a new working class in the northeast of Chubut: 1956-1989

 

Gonzalo Pérez Álvarez*

* Doctor en Historia recibido en la Universidad Nacional de la Plata y Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de la Patagonia, sede Trelew. Investigador del CONICET y de la UNPSJB. Mail: gperezalvarez@gmail.com. Una versión preliminar que incluía algunos de los elementos aquí abordados fue presentada en el X Congreso Chileno Argentino de Estudios Históricos e Integración Regional, donde se presentó la ponencia “¿Cómo pensar la relación entre represión e industrialización?” (en colaboración con Mónica Gatica) y fue publicada en sus actas.


Resumen

Pretendemos conocer el proceso de conformación de una nueva clase obrera en el noreste de Chubut, región central de la Patagonia argentina, a partir de la imposición de un proyecto de industrialización subsidiada por el Estado, abarcando el período 1956-1989. En ese proceso fue clave el aporte realizado por obreros provenientes de Chile, quienes incorporaron su experiencia y sus tradiciones de lucha y organización a esa dinámica de construcción. En la región se conformó un parque industrial textil, una fábrica de aluminio primario y diversas plantas de procesamiento pesquero, pretendiendo, desde el poder estatal, consolidar el ejercicio de la soberanía nacional sobre territorios poco poblados. Se procuraba construir así una clase obrera que se consustanciara con los objetivos “nacionales” y no estuviese “politizada”. Los obreros de origen chileno fueron parte de la resistencia a ese proyecto estatal.

Palabras clave: clase obrera, desarrollismo, migración chilena, Chubut.


Abstract

We tried to understand the process of formation of a new working class in north-eastern Chubut, central region of the argentinean Patagonia, from the imposition of an industrialization project subsidized by the state, covering the period 1956-1989. In this process was important the contribution made by workers from the neighbouring country of Chile, who incorporated their experience and traditions of struggle and organization in that construction. In the region was formed a textile industrial park, primary aluminium factory and fish processing plants, aiming the state power, consolidate the exercise of national sovereignty over under populated territories. It thus sought to build a working class who shared the “national” objectives and were not “politicized”. Chilean-born workers were part of the resistance to this state project.

Key words: working class, developmentalism, chilean migration, Chubut.


 

Introducción

Investigamos la formación de una fracción de la clase obrera argentina en una región del país. En este caso, esa fracción se conforma en el marco de la puesta en marcha de un proyecto de “polo de desarrollo” en el noreste de Chubut, en la porción central de la Patagonia argentina. Allí se impulsó una industrialización subsidiada desde la década del 60, a partir de la inversión del Estado nacional y provincial, que dio origen al Parque Industrial Textil de Trelew y la productora de aluminio primario, ALUAR, en Puerto Madryn.

Buscamos comprender cómo se conformó esta fracción de la clase obrera, cómo fue desarrollando sus primeras acciones, y en qué condiciones se encontró con los cambios que comenzaron a mediados de los años 80 y la impactaron de lleno durante los 90. Sostenemos que las regiones donde se pusieron en marcha proyectos de “polos de desarrollo” pueden funcionar como un “laboratorio” para analizar, en forma concentrada en el tiempo y el espacio, los procesos de organización y politización de los trabajadores y las diversas formas que esta dinámica adquiere en distintos contextos socio-históricos.

A su vez, el estudio de la dinámica puesta en juego por este entrelazamiento entre la conformación de un polo de desarrollo, la migración que se generó a partir de la oferta de puestos de trabajo en expansión y la formación de una nueva clase obrera, nos permite pensar nuevas dimensiones acerca de las dinámicas del poblamiento de Patagonia, dinámicas que van más allá de los períodos fundacionales.

 

Una revisión del contexto histórico

La provincia de Chubut abarca la parte central de la Patagonia argentina. La región estudiada (el noreste) se compone de dos departamentos: Rawson (ciudades de Rawson y Trelew) y Biedma (donde se ubica Puerto Madryn y la Península Valdés). Esta región recibió uno de los “polos de desarrollo” que el Estado nacional impulsó entre los años 60 y 80.

La política de generar “polos de desarrollo” proponía la creación de centros industriales que irradiarían “progreso” hacia las regiones cercanas al polo originario, superando así la supuesta imposibilidad de un desarrollo homogéneo de las regiones atrasadas. Esta formulación, elaborada centralmente por el economista francés Francois Perroux1, igualaba en lo teórico a la industrialización, el crecimiento y el desarrollo, y esa proyección se consideraba que se hacía posible merced al aporte de un factor exógeno2 (en especial, la intervención del Estado subsidiando inversiones privadas).

Un elemento para comprender los fundamentos de generar nuevos polos industriales en la Argentina de los años 60 tiene relación con el intento de dividir a la clase obrera, aislando a sus núcleos más combativos3. Ese propósito parte de la matriz ideológica de la Doctrina de Seguridad Nacional, la cual consideraba que en Argentina existía un “enemigo interno”, a quien se debía combatir. Esto se reforzaba con la constante referencia a la concepción de “soberanía”, observable en todas las formulaciones de polos de desarrollo, donde permanentemente se sostiene la necesidad de poblar la Patagonia en tanto región estratégica por sus recursos naturales4.

Un hito en el programa “desarrollista”5 está registrado en el decreto-ley 10.991/56 de la autodenominada “revolución libertadora”6, que eximía de impuestos a las importaciones hacia el sur del paralelo 42ºS. El impacto de esta política de franquicias se concentró en el noreste de Chubut (la región más cercana al límite norte del paralelo).

En los primeros años del 60, las franquicias de importación fueron reemplazadas por la exención de impuestos a las industrias que se instalasen en la región. A través de sucesivas leyes se dio impulso a la producción de fibras textiles sintéticas, proyecto que impedía la articulación con la producción ganadera tradicional en Patagonia: la lana de oveja7. Durante el período 1955-1960 se instalaron en Chubut 34 plantas textiles, cantidad que solo se compara con las que se instalarían entre 1970 y 1974. Eran empresas pequeñas y algunas cerraron rápidamente; se estiman en 29 las plantas que estaban en producción hacia 1969. Desde 1970, el flujo de radicaciones se hizo más dinámico, y entre 1970 y 1974 se pusieron en marcha 35 plantas en la provincia8. Al mismo tiempo, muchas de las viejas plantas fueron cerrando ante la nueva competencia y los constantes cambios en las normativas legales. Hacia 1974 se calculaba que existían 45 empresas textiles en producción, las que empleaban alrededor de 4.300 personas9.

Una de las consecuencias lógicas de la instalación de estas industrias fue el rápido crecimiento demográfico. El departamento Rawson duplicó su población entre 1960 y 1970 y volvió a duplicarla entre 1970 y 1980. Trelew pasó de 11.852 habitantes en 1960 a 38.664 en 1974. La población en el departamento Biedma, que se mantuvo casi sin cambios entre 1945 y 1970, se triplicó entre 1970 y 1980, y volvió a duplicarse hacia 199110. Este crecimiento estuvo directamente relacionado con la oferta laboral que generó la industrialización subsidiada.

En 1971 se creó formalmente el Parque Industrial de Trelew. Las tareas de infraestructura fueron aportadas por las diversas instancias del Estado, ya sea nacional, provincial o municipal, realizando una constante transferencia de recursos a los empresarios privados. Hacia 1973, la rama textil de Chubut ocupaba el segundo puesto a nivel nacional en varios rubros11, y en 1975, el noreste de la provincia pasó a producir más del 70% de la producción industrial provincial, en comparación con un 36% que concentraba en 1970. A su vez la industria textil representaba el 65% de la producción industrial de la provincia12.

También en 1971 se adjudicó a ALUAR (Aluminio Argentino S.A.) el proyecto de una empresa nacional de aluminio, que se instalaría en la localidad de Puerto Madryn. Al igual que en Trelew, la inversión fundamental fue aportada por el Estado, realizando una enorme transferencia de fondos públicos a una empresa privada. La evaluación del conjunto de inversiones ejecutadas para la instalación de ALUAR demostró que el sector público aportaba más del 84% del capital de ALUAR13.

El parque de fábricas textiles instalado en Trelew generó miles de puestos laborales bien remunerados mientras se sostuvo la política de promoción. En la planta de ALUAR los salarios eran superiores a la media nacional en su rama. Fue en los años 80 cuando comenzaron a vislumbrarse los problemas. Los cuestionamientos a la promoción industrial crecieron con el avance de los sectores ligados al proyecto neoliberal en el seno del aparato estatal, especialmente en el Ministerio de Economía de la nación. En 1985 se registró la primera caída en la producción industrial y en 1986-87, el Estado nacional canceló los subsidios a nuevos emprendimientos. A partir de allí los despidos y cierres de fábricas se hicieron noticias cotidianas: las condiciones de vida cambiaron para miles de trabajadores que se habían formado en la fase de crecimiento.

Este marco histórico nos invita a reflexionar sobre algunos ejes. Los vertiginosos cambios que fue viviendo esta joven fracción de la clase obrera nacional, y la posibilidad de estudiar esas transformaciones en un marco espacial y temporalmente acotado, nos posibilita sostener que las regiones donde se instrumentaron “polos de desarrollo” pueden funcionar como un “laboratorio” para analizar los procesos de poblamiento, la conformación de nuevas clases y las dinámicas de organización y politización de los trabajadores en distintos contextos.

En términos de fuentes hemos registrado los diarios y publicaciones periodísticas de la región. Se relevaron archivos gubernamentales y fuentes menos trabajadas, como documentos partidarios y actas de sindicatos. También ha sido central el aporte de entrevistas a trabajadores, ya que las fuentes orales nos brindan parte del significado que tuvieron estos hechos para los sujetos que los desarrollaron, aportándonos una porción de los acontecimientos que las fuentes escritas suelen ocultar.

Recuperamos el enfoque gramsciano, que postula la necesidad de una aproximación “molecular” al proceso de organización de las clases subalternas. En Apuntes sobre la historia de las clases subalternas…14, desarrolla algunos de los obstáculos que se presentan para quienes pretenden investigar la historia de los trabajadores. Lo fundamental es que las acciones de los obreros tienden a ser borradas de la historia por los grupos dominantes, que en general consiguen derrotar los proyectos organizativos de los grupos subalternos. Por ello los que estudiamos a los sectores oprimidos debemos partir de un …proceso molecular, minucioso, de análisis extremo, capilar15.

 

El lugar de los trabajadores chilenos en la clase

En el desarrollo de esta investigación nos hemos encontrado con un dato que ya conocíamos, pero que no habíamos dimensionado en su importancia para comprender las dinámicas de formación y organización de la clase obrera en la región. Ese elemento es la gran presencia de trabajadores chilenos en el seno de la clase y el rol central que tuvieron, tanto en términos estructurales como en el aspecto político y sindical, por la experiencia que habían construido en su país de origen.

En este apartado trabajaremos algunos elementos, que consideramos permiten una visión general del proceso, pero en el resto del artículo podrán encontrarse diversas referencias al papel que algunos de los trabajadores de origen chileno en forma individual tuvieron en los procesos de lucha de la clase obrera regional. Si bien pueden no ser elementos que permitan expresar conclusiones taxativas sobre el papel que tuvieron los trabajadores chilenos como colectivo, sí son indicadores clave de que los obreros de ese origen tendieron a jugar un rol específico, y claramente político, en la formación de esta joven clase obrera.

Retomamos aportes sustanciales de la investigación de Mónica Gatica, quien sostiene que los trabajadores chilenos que llegaron a la región durante la década del 70 realizaron un “exilio político no público”. Al ser obreros y obreras su exilio no fue reconocido como “político”16 y quedó subsumido en la apariencia de la tradicional migración económica de obreros desde Chile hacia Argentina.

La industrialización en curso del noreste de Chubut necesitaba fuerza de trabajo y por ello estos obreros fueron relativamente bien recibidos, a diferencia de la fuerte persecución que sufrieron en otros contextos regionales de Argentina: …nuestra región sumida en un proceso de desarrollo y expansión, por el contrario, cobijó e invisibilizó a miembros de distintas organizaciones políticas: socialistas, miristas, comunistas, demócratas cristianos17.

Se trata de una migración especialmente obrera, joven y de izquierda: En términos identitarios lo nacional aparece intersectado por lo generacional y la experiencia ideológica de clase18. La experiencia de organización y lucha que estos obreros portaban será un aporte fundamental para el proceso de conformación de la clase obrera en la región. Su contribución puede observarse en diversas fuentes y se hace evidente a nivel estructural, por ejemplo, cuando se repasa prácticamente cualquier comisión directiva de los gremios, o la conformación de los cuerpos de delegados: siempre hay trabajadores y trabajadoras provenientes de Chile.

Sin embargo, la relación entre los trabajadores de ambos orígenes, y entre trabajadores chilenos y gobiernos y/o empresarios argentinos, no estuvo para nada exenta de conflictos. Como ya lo expresamos, la Doctrina de Seguridad Nacional fue constitutiva de los proyectos de polos de desarrollo, y en ese horizonte ideológico Chile aparecía como el “enemigo externo” fundamental, mientras que los obreros de izquierda constituían el nicho clave del “enemigo interno”.

Ante la presencia de estos chilenos “agitadores”, que unían en su ser ambas “amenazas” al “orden nacional”, parece obvio que tarde o temprano se desatarían algunas persecuciones desde los grupos dominantes, y que los trabajadores de ese origen siempre vivirían y desarrollarían sus actividades políticas y sindicales sobre una delgada y peligrosa cuerda floja. Especialmente los sectores dominantes utilizaron la presencia de trabajadores chilenos para dividir las luchas, lanzando rumores sobre prácticas a favor de la “desestabilización del país” o haciendo eje en denuncias xenófobas y/o racistas.

Así recuerda René19 dos momentos en los cuales esa persecución se agravó: la guerra de Malvinas (…cuando cae el helicóptero en territorio chileno hubo toda una persecuta contra los chilenos, me decían que los estábamos ayudando… no éramos nosotros, eran los golpistas, era Pinochet, el mismo que nos había perseguido a nosotros…¿Qué culpa teníamos?) y la situación de 1978, en la cual se estuvo cerca de la declaración de guerra entre ambos países (…tenía un compañero de trabajo que me dice que su hijo estaba en la colimba y que si a su hijo lo matan al primer chileno que él iba a matar era a mí).

Esa práctica discriminadora la vemos reflejada en algunos de nuestros entrevistados. Cuando le preguntamos a Oscar20 sobre los problemas para organizar a la clase, él remarcó: Los chilenos siempre fueron fuleros para llevarlos a la lucha. Y si te acompañan se te daban vuelta en el camino, casi nunca terminan con vos. Eso es lo que yo pude ver en esos compañeros ¿viste? El dato es relevante porque lo está planteando un militante de izquierda, politizado, que además proviene de un barrio de Trelew con fuerte presencia de migración chilena.

Por otro lado, Mónica Gatica encuentra una respuesta semejante entre obreros chilenos, también de izquierda y politizados: Son, no sé, muy poca decisión, eso es lo que tiene el chileno, que en ese sentido es más decidido… (Intervino su esposa señalando: ¡Acá lo que son, es coimeros!!! ¡Mucha coima hay acá!). Retomando la palabra Mario insistió: Y eso es lo que tiene el chileno, allá son más decididos y acá no21. En ambos casos, el traidor o el cobarde es el otro; aquí no hay un “nosotros trabajadores”, sino un “nosotros argentinos” o un “nosotros chilenos”. Esa división fragmentaba y debilitaba a la clase.

Esta discriminación se daba en varios casos y de diversas formas. Gatica destaca que …muchos de nuestros entrevistados, incluso remiten a cierta discriminación positiva, en tanto su origen nacional los asoció a una mayor dedicación y consagración al trabajo, muy valorada por las distintas patronales que los convocaron22. Esa fue otra de las maneras en que desde los grupos dominantes se fomentó la división entre fracciones de la clase. Hoy pueden encontrarse elementos semejantes en la actitud de las patronales ante los migrantes bolivianos, reconocidos como trabajadores más esforzados y menos “conflictivos” que los obreros argentinos o los de origen chileno.

Creemos que a lo largo del trabajo se hace evidente que la presencia de trabajadores chilenos aportó elementos clave para el desarrollo, la organización y la lucha de la clase obrera en formación del noreste de Chubut. Ellos traían una experiencia de conflictividad social muy profunda, así como provenían de una cultura obrera de izquierda clasista que planteaba la necesidad de la unidad entre los trabajadores. Esta cultura tendrá un diálogo complejo (que aquí no exploraremos por razones de espacio) con la cultura de izquierda argentina y con el peronismo y la perspectiva de la “armonía de clases” como horizonte ideológico mayoritario de la clase obrera en la región.

Para observarlo realizaremos un recorrido por la historia de esta joven clase obrera desde la puesta en marcha del polo de desarrollo hasta el comienzo de su caída, hacia la década del 80 y 90. El rol destacado de los trabajadores de origen chileno se concentrará en las décadas del 70 y 80, coincidente con la migración forzada de muchos obreros politizados a partir del golpe de Estado de Pinochet en 1973 contra el gobierno constitucional de Salvador Allende.

 

Formando la clase obrera

Sostenemos que durante los primeros años de la industrialización subsidiada se conformó una nueva clase obrera en esta región, producto del arribo de diversos contingentes migrantes. Esta clase obrera, heterogénea y que en muchos casos no tenía experiencia23 de trabajo fabril o vida urbana, se encuentra con un contexto que le posibilitaba mejorar sus condiciones de vida, a partir de la construcción del polo de desarrollo y el nuevo poblamiento de la región.

Consideramos que esta “nueva” clase no estableció vínculos fuertes con las experiencias y tradiciones previas; esto no implica que hasta allí no existieran conflictos u organización obrera24, pero sí que la clase que se conformó no parece haber construido relaciones de importancia con esa historia de organización de los trabajadores desarrollada durante la primera mitad del siglo XX. El rasgo central de esta joven clase será el de su heterogeneidad, la ausencia de tradiciones en común y de experiencia colectiva en tanto trabajadores industriales y/o urbanos. Estos rasgos explican, en parte, el tipo de conflictividad25 que se hace observable en la región durante diversos períodos, y la identificación de intereses entre estos trabajadores y los grupos dominantes del proyecto industrializador.

ALUAR seleccionó la mayoría de su personal originario entre trabajadores rurales, a los cuales la empresa les aseguró la vivienda familiar, la mudanza hasta Puerto Madryn y un trabajo bien remunerado, buscando garantizar la “fidelidad” de estos obreros.

En el parque textil no se observa un comportamiento homogéneo debido a la presencia de diversas empresas, pero se hace evidente que un importante sector de la clase se conforma con migrantes sin experiencia sindical y, en muchos casos, sin historia de trabajo fabril. Esto en el marco de una fuerte heterogeneidad: es una clase que se conforma a partir de la integración de múltiples y diversos afluentes.

Uno de nuestros entrevistados era en 1981 un recién llegado de Buenos Aires, que por primera vez trabajaba en fábrica. Daniel26 ilustra la complejidad de esta clase obrera con una anécdota: … el primer asado que como, lo como el 20 de diciembre, una cosa así, antes de las fiestas. Y estoy sentado al lado del sereno de la fábrica, que era un compañero aborigen. Entonces al tercer vino el loco se paró y empezó a cantar un lamento indio. Y yo cuando lo escuché no entendía nada, se me cayeron las uñas de los dedos, las pestañas, todo… Cuando termina de cantar lo abrazo, lo beso, yo también ya estaba medio copa (risas). Y le digo “para que nos vayamos conociendo Ancamil, yo al personaje de la historia argentina que más aborrezco es al general Roca”. Y salta uno, laburante eh, “si no fuera por Roca vos no estarías comiendo un asado en la Patagonia”.

La contraposición de diversas historias es evidente y esas múltiples experiencias se expresaban en las diferentes posturas ideológicas. La matriz del proyecto de ocupación de Patagonia por parte del Estado fue una de las claves del proceso. Esa perspectiva, que para nosotros se hizo dominante en la clase, planteaba la existencia de una comunidad de intereses entre obreros y patrones de la región, cuyo objetivo era consolidar el desarrollo y poblamiento de la Patagonia. Esta posición se reforzaba con la idea de que era fundamental sostener la “paz social” en la región, para no poner en riesgo la industrialización subsidiada.

Ese planteo se asentaba en elementos objetivos. La subsistencia de las industrias dependía de los aportes estatales, que al comenzar la década del 80 empezaron a ser cancelados. Los trabajadores eran conscientes de esto, y la mayoría de ellos desarrollaron los conflictos de esos años alrededor de una estrategia de alianza con la burguesía que tenía intereses en la región27, donde los empresarios eran quienes dirigían el proceso. Dicha alianza tenía como programa la “defensa de la región”, demandando el sostenimiento de los subsidios estatales para las inversiones en Chubut.

 

Avanzando en organización: 1966 a 1971

A mediados de los 60 se dieron los primeros pasos de organización de esta clase obrera en formación. Los obreros que se instalaban en la región para trabajar en las industrias subsidiadas comenzaban a desarrollar distintos procesos de lucha. Retomamos aquí aportes de Axel Binder28 y Mónica Gatica29, integrantes del proyecto Historia y Memorias de la Clase Obrera en el Noreste del Chubut30, y de Mauricio Fernández Picolo31.

Como un dato sobre la actividad que despuntaba en esa clase obrera, la AOT regional adhirió al primer paro general contra la dictadura de Onganía, convocado por la CGT en diciembre de 1966. También ese año se registraron movilizaciones de trabajadores de la construcción por mejores salarios32, y un conflicto en la fábrica textil Cualicrón por aumento salarial.

Hacia 1967 comenzaron diversos conflictos nacionales entre los ferroviarios, marítimos, trabajadores de automotrices y de ingenios azucareros. En febrero, la CGT nacional definió un Plan de Lucha que planteaba la división del país en zonas, correspondiendo a Comodoro Rivadavia, Trelew y Río Gallegos la zona 14. El plan tuvo escaso impacto en la región, excepto una huelga de 24 horas de la UOCRA (Unión de Obreros de la Construcción de la República Argentina). Se produjo una huelga en la textil Prenyl contra el despido de un delegado gremial en 1967, y varias movilizaciones de la UOCRA durante 1967 y 1968.

Recién tras la emergencia del Cordobazo y los Rosariazos, los trabajadores de la región dieron muestras de una creciente actividad, aunque la mayoría de la dirigencia sindical regional seguiría sosteniendo una praxis colaboracionista con el gobierno y las patronales. La seccional regional de la CGT no adhirió a las medidas de fuerza por el Cordobazo, limitándose a un acompañamiento moral y espiritual, postura acompañada por los gremios de empleados de comercio, municipales, construcción y gastronómicos. En cambio sí se sumaron a la huelga el gremio de Luz y Fuerza, el personal de circulación aérea y los profesores del Colegio Nacional y la Escuela Superior de Comercio33.

Se inició allí una nueva etapa de conflictividad en la región. Esa naciente clase obrera empezaba a tomar forma y a desarrollar acciones más contundentes. La UOCRA realizó una huelga en solidaridad con los trabajadores de El Chocón, en agosto de 1969. En 1970, el mismo gremio se sumó a las huelgas nacionales de abril, octubre y noviembre (convocadas por la CGT) y desarrolló conflictos contra algunas empresas locales.

En ese año, la AOT protagonizó un largo conflicto, cuando alrededor de 600 trabajadores fueron suspendidos por las textiles Tycora y Cualicrón, ubicadas en Puerto Madryn, que eran parte de las fábricas “pioneras”, instaladas desde 1956. La AOT desarrolló reclamos formales y convocó a una huelga con cierre de comercios junto a la Cámara de Industria, Comercio y Producción de Madryn, dándole al conflicto un carácter “regional” y planteando la defensa de la ciudad en tanto “corporación económica”34. Solicitaron que se garanticen los mismos subsidios estatales para todas las empresas (Tycora y Cualicrón denunciaban haber sido “discriminadas”), reclamando un crédito especial para estas empresas en conflicto.

La suspensión de los trabajadores continuaba, mientras la dirigencia sindical seguía el reclamo únicamente por vías formales a través de notas y telegramas a las autoridades. Finalmente ambas empresas cerraron sus puertas, sin que se produjeran conflictos de importancia en la calle. El Estado provincial otorgó 50 millones de pesos a la AOT como subsidio para los trabajadores35 y bonos para comprar alimentos en los comercios de “La Anónima”.

También la UOCRA protagonizó diversos conflictos reclamando el respeto de las empresas a la legislación laboral y el compromiso del Estado para evitar los abusos empresariales. Denunciaba que las empresas no abonaban salarios familiares, horas extras, días de enfermedad, aguinaldos y vacaciones.

Hacia fines de 1970 se comenzó a perfilar en la región la construcción de una fracción del movimiento obrero que cuestionaba el “participacionismo” y avanzaba hacia posturas más combativas. Integrantes del gremio municipal, la UOCRA, transporte, administración pública y agrupaciones textiles opositoras, denunciaron la connivencia de algunos dirigentes con el gobierno y reclamaron medidas de lucha.

La disputa se expresó en las elecciones de la AOT, entre el oficialismo de la lista “Granate” y el movimiento textil “Lealtad”, cuya lista fue rechazada. En noviembre de 1970 se produjeron las elecciones en la CGT regional, donde se impuso el sector que planteaba una línea confrontacional, dirigida por UOCRA y municipales. Esta elección fue anulada por la dirección nacional de la CGT, encabezada por José Ignacio Rucci. Tras diversas instancias legales, solo se permitió la presentación de la línea dirigida por Gilberto Hughes, de Luz y Fuerza, y Ayala.

El apoyo expreso de la CGT nacional a esta CGT regional (que en varios casos no había acatado las medidas de fuerza nacionales), evidencia que la praxis colaboracionista no era exclusiva de la dirigencia local o del efecto que la industrialización subsidiada generaba en los trabajadores, como factor de presión para buscar acuerdos con los empresarios. De hecho, el colaboracionismo con patronales y gobierno fue una matriz evidente en la mayoría de la estructura sindical oficial durante los años 60 y 70 en Argentina. Aun así creemos que en el caso del polo de desarrollo del noreste de Chubut esa línea fue reforzada por la estructura objetiva del mismo, que hacía a estas industrias dependientes del sostenimiento de los subsidios estatales. Esto no impedía el surgimiento de luchas y de sectores con una línea más confrontacional, como ya lo vimos, pero esas corrientes nunca conseguirán dirigir la mayoría del movimiento obrero.

A inicios de los 70 comenzó el proceso de organización de sindicatos en la administración pública, que tendrían un perfil combativo, como el Sindicato de Obreros y Empleados de la Administración Pública (SOYEAP). En 1971 avanzaron en su organización los docentes de la región, plegándose a huelgas nacionales desde el Centro de Maestros del Valle del Chubut y la Asociación de Docentes Provinciales. El SOYEAP realizó en abril de 1971 una manifestación frente a la Casa de Gobierno en reclamo de aumentos salariales, conquistando un aumento del 22%.

 

Avances y retrocesos: 1972 a 1975

Hacia marzo de 1972 nacía el Sitravich (Sindicato de Trabajadores Viales del Chubut), tras un proceso que se inició con distintas luchas en 1968 y 1969. Los trabajadores de Vialidad Provincial construyeron su sindicato con un modelo basado en asambleas y un estilo de confrontación con el gobierno, basado en su definición como “clasistas”.

El 2 de mayo, el gobierno provincial reprimió una nueva protesta del SOYEAP frente a la Casa de Gobierno, utilizando gases lacrimógenos y otros elementos antimotines hasta entonces desconocidos en la región. La dirigencia de la CGT no repudió la represión, alertando a los dirigentes sindicales y políticos acerca de la necesidad de orientar a los compañeros hacia el objetivo fijado y evitar la penetración de elementos disolventes que están en otro juego. Alguien quiere prefabricar un mártir, pero nosotros trataremos que ese mártir no salga de la fila de los trabajadores36. Se delineaba una distinción entre sindicatos estatales y privados, siendo estos últimos, en su mayoría, más afines al colaboracionismo. Son esos sindicatos los que representaban a los trabajadores de las ramas económicas dependientes de la industrialización subsidiada.

Durante 1972 se sucedieron relevantes conflictos sociales en la región. El traslado de presos políticos a la cárcel ubicada en Rawson generó la solidaridad de parte de la población, entre ellos trabajadores y gremios. Se conformaron Comisiones de Solidaridad con los presos políticos, que apoyaron a los detenidos y sus familiares37.

Tras la fuga de los principales líderes de las organizaciones PRT-ERP38, Montoneros y FAR39, realizada el 15 de agosto de 1972 hacia Chile, se produjo el asesinato de 16 dirigentes de estos grupos a manos de integrantes de la Armada en las instalaciones de la Base Aeronaval Almirante Zar, ubicada en Trelew. Estos hechos generaron la ocupación militar de las ciudades de la región y la persecución de toda actividad política o sindical. Así fue hasta el 11 de octubre de ese año, cuando las fuerzas represivas secuestraron a 16 habitantes de la región, acusados de haber colaborado con la fuga. Ante esto se generó una movilización popular que se autodenominó “Asamblea del Pueblo”, estando presentes integrantes del SOYEAP, Sitravich, UOCRA40 y sindicato de municipales. La conducción de la CGT regional se opuso a este proceso, que culminó al producirse la liberación de todos los detenidos.

Durante esos días se produjeron diversas movilizaciones, y fue impactante la huelga general del 13 de octubre. El paro fue total en la salud, comercios, bancos, administración pública, estaciones de servicio, transporte público y en la educación primaria, secundaria y superior. Se paralizaron las obras de construcción y las fábricas textiles cerraron sus puertas. Los obreros que estaban construyendo la planta productora de aluminio en Madryn finalizaron su jornada al mediodía. Las radios adhirieron, resolviendo no difundir publicidad, y los estudiantes realizaron piquetes frente a algunos colegios. Nuevas huelgas generales se realizaron el 16, 20 y 27 de octubre, siendo enfrentadas permanentemente por la CGT, pero manteniendo un impacto relevante. Se realizaron piquetes en algunas fábricas y hubo enfrentamientos con la policía provincial.

Tras la apertura electoral, en 1973, la mayoría de los gremios se alinearon con el candidato a gobernador por el peronismo. Al mismo tiempo se consolidó la división entre las dos orientaciones del movimiento obrero en la región: el sector mayoritario, que sustentaba una estrategia participacionista alineada con el proyecto de polos de desarrollo, y el que buscaba mayor autonomía para los trabajadores.

En diciembre de 1973 fue reprimido por la policía provincial el corte del puente del río Chubut, realizado por el Sitravich en el marco de una huelga por tiempo indeterminado. Se trató de la primera acción de la reciente “brigada antidisturbios”. Se expresó una amplia solidaridad de diversos sindicatos, y finalmente el Sitravich logró gran parte de sus demandas.

En el conflicto docente de mayo de 1974, la solidaridad entre los trabajadores volvió a manifestarse, con la huelga de Sitravich en apoyo a la Asociación de Docentes Provincial y el acompañamiento a sus marchas junto al SOYEAP. Pero en 1975, estas articulaciones fueron quedando en el pasado y comenzaba un cambio de signo. La práctica solidaria se vio reemplazada por una línea más corporativa en la consecución de sus reclamos.

Ese año ganó la conducción del Sitravich una dirigencia ligada a la conducción del Partido Justicialista. Y en el marco de un nuevo conflicto docente declararon que no adherían por encontrarse en positivas tratativas a nivel provincial y nacional41. Sin embargo, sí realizaron una medida junto a otros gremios y el gobierno provincial reclamando la continuidad de los proyectos de promoción industrial, planteando el pasaje de una estrategia basada en la unidad de los trabajadores, hacia la que se sustentaba en la alianza con el gobierno y los empresarios en nombre del “desarrollo de la Patagonia”42.

 

Los trabajadores durante la dictadura: 1976 a 1982

La construcción de alianzas con las empresas con inversiones en la región y la sintonía en el discurso acerca de la necesidad de potenciar el desarrollo de Patagonia fueron elementos clave a lo largo de la historia de esta “joven” clase obrera y ello incidió en el tipo de conflictividad que los trabajadores desarrollaron.

Como lo vimos, esto no significa que no haya habido luchas. Pero sí que ellas tomaron una coloración particular, que debemos asimilar para comprender la dinámica de la clase y las formas de conflictividad que se hacen presentes en el contexto de esta industrialización subsidiada. Durante la dictadura, y en un marco de intensa vigilancia, los conflictos que relevamos fueron de dimensiones reducidas y, en lo general, estrictamente vinculados a las condiciones de trabajo por planta.

La iniciativa más evidente fue la negativa a trabajar horas extras: hemos registrado este hecho entre los textiles de Trelew y en la planta de ALUAR. La demanda de mejores condiciones de trabajo se realizaba a través de este método, que no contradecía la legalidad pero sí enfrentaba las “costumbres” de la región, donde se hacía necesario el uso intensivo de la relativamente escasa fuerza de trabajo disponible.

Era un reclamo que tenía relación con la posibilidad de esos trabajadores de disfrutar su vida. El testimonio de Miguel ilumina esta realidad: …vine con 19 años de Buenos Aires a trabajar acá, supuestamente a ganar un muy buen sueldo y casa, era el compromiso. No fue tan así, el sueldo era bueno, pero porque no tenías ni tiempo de gastarlo. Te obligaban a trabajar 12 horas, entonces yo llegué en julio… Te podes imaginar ¡julio en Trelew!… entrabas a las 6 de la mañana, salías a las 6 de la tarde, no podías hacer nada, ni veías el sol.

Otro reclamo relevado (en este caso por Tania Pérez Aguilar43) es un planteo por productividad en la fábrica Supersil. Fue impulsado por trabajadores de origen chileno, que además coordinaban el campeonato de fútbol textil, otra manera en la cual los obreros lograban reunirse durante aquellos años44. Uno de sus entrevistados, Joel, narra: Recuerdo que el petitorio fue redactado por Adolfo Pérez Mesas, quien primero llevó el borrador y lo revisamos dos o tres compañeros, luego que lo aprobamos, al día siguiente apareció el original listo para firmar45.

Por su parte, Adolfo explica que: Fue una situación especial. Creo que al lograr la respuesta positiva a nuestra carta, sentimos un alivio natural, donde pusimos a prueba un trabajo político que había quedado trunco el 11 de septiembre de 1973. Actuamos en forma coordinada y cada cual tenía un trabajo específico que se magnificó con la actividad deportiva (…) habíamos constituido la Liga Textil de Fútbol que llegó a mover a unas 15 fábricas con más de 1.500 personas en la cancha todos los domingos. En plena dictadura militar, los trabajadores textiles se reunían todos los domingos en torno a una pelota de fútbol46.

Es más que interesante, y abre todo un horizonte de exploraciones, el vínculo que Adolfo realiza en su testimonio entre el conflicto fabril que un conjunto de trabajadores de origen chileno dirigió ya en el exilio que vivió en Argentina, con las luchas que desarrollaron en el Chile de la Unidad Popular.

José Saramago sostiene que [l]a derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva. En definitiva, la derrota nunca es absoluta, así como tampoco lo es la victoria. Esos trabajadores de origen chileno, tan atacados por la dictadura de Pinochet, lograban volver a poner “a prueba” ese trabajo político, esa acumulación de fuerzas y experiencias que venían realizando como clase en su país y que aquel golpe de Estado pretendió cortar de raíz.

Un conflicto interesante se produce en la pesquera Ventura, de Madryn. En 1981 se desarrolló una ocupación de la planta, reclamando mejores condiciones de trabajo, centradas especialmente en reivindicaciones de las trabajadoras mujeres. Así lo cuenta Eliana, también de origen chileno y migrante reciente: Tomamos la empresa porque no respetaban ninguno de los derechos, no respetaban la ropa adecuada, las mujeres cargaban y descargaban los camiones. Había mucho abuso. Era la única pesquera en ese momento, trabajaban como 3 mil personas ahí (…) y como no nos tomaron en cuenta les tomamos la empresa. Estuvimos siete días más o menos, en plena dictadura47.

Obviamente, no siempre las acciones de protesta culminaban en una victoria. Gatica48 reveló el siguiente caso en la fábrica de indumentaria “Dos Muñecos”, ubicada en la ciudad de Trelew: …una vez empecé a reclamar porque las condiciones eran paupérrimas, comíamos encima de las máquinas: hicimos una asamblea, había una delegada pero no podía hacer nada. Hicimos una protesta y vino el viejo y nos dijo que si no nos dábamos cuenta que estaban los militares, que no se podía protestar, y dijo que ¡al que le gusta se queda y al que no, se va! …Así que me fui…49.

Por la presión represiva, las acciones se restringieron a aquellas que no trascendían la legalidad, buscando no contravenir el discurso oficial acerca de la coincidencia de intereses entre obreros y empresarios que invertían en la región. Pese a ello es evidente que esta joven clase obrera desarrolló diversas formas de protesta durante la dictadura, aunque las mismas no dejan de ser episodios más o menos aislados en un marco general donde seguía siendo mayoritaria la tendencia a apoyar el proyecto de industrialización subsidiada. De hecho, las protestas se producen cuestionando aspectos parciales del proyecto, como las horas extras obligatorias y excesivas o la falta de cumplimiento de los derechos laborales, pero sin cuestionar el modelo de desarrollo impuesto por el Estado nacional.

 

Una nueva etapa: 1983 a 1986

Aun así, para nosotros es durante el período dictatorial cuando se conformaron las primeras experiencias significativas de autorganización obrera entre los trabajadores privados, que se expresaron en los años 80 y fueron derrotadas en los 9050. A través de esos procesos de lucha, por más que no dejaban de ser relativamente episódicos, se estructuraron comisiones internas en algunas fábricas textiles y en ALUAR. Son esas experiencias las que generaron una acumulación de fuerza que se expresó tras el regreso al régimen constitucional.

El fin de la dictadura no pareció alumbrar una clase obrera débil. En ese momento surgían nuevos agrupamientos sindicales, y se evidenciaba una mayor dinámica de los trabajadores. Las fuerzas que se habían acumulado en los años previos, y que estaban contenidas en el contexto represivo, parecieron liberarse para avanzar en la búsqueda de nuevas conquistas. El miedo empezaba a disiparse; así puede verse en el testimonio de Daniel sobre una asamblea realizada en 1984: …cuando estamos en la puerta sale el capataz, la ingeniera de fábrica y el gerente, a intimidar, a que no se realice la asamblea. Yo hablo y digo que hagamos la asamblea compañeros, no tengamos miedo, estamos en democracia (…) y de ahí sale la comisión interna…

También esta situación se expresa en el recuerdo de René: …no teníamos todavía la cosa esa de salir a la calle, darnos a conocer, porque había mucho miedo (...) Fuimos y les leímos la constitución a los compañeros, el 14 bis, el derecho a la huelga, para que tengan un sustento de donde agarrarse. Esa tarde a las 6 se toma la fábrica.

Es evidente el rol de aquellos que tenían experiencia de militancia política, quienes explicaban al resto de los trabajadores las posibilidades que el régimen constitucional abría. Y es destacable que esta intensa actividad evidenciaba la acumulación de experiencias que, al menos una parte de los trabajadores, venía desarrollando de forma subterránea, y que ahora, en esta nueva etapa, podían exponer públicamente.

En la AOT, la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) y la UOCRA se comenzó a debatir la necesidad de conformar listas que plantearan la disputa contra la conducción sindical. Las historias en la AOT y la UOM coinciden: en la elección de 1985 ganaron listas que se definían como pluralistas y combativas, siendo reemplazadas por las anteriores conducciones en la siguiente elección.

En los casos en que las listas opositoras triunfaron, fueron procesos de amplia movilización social que luego no se tradujeron en una modificación profunda de los sindicatos. Si bien en los primeros años plantearon cambios hacia una mayor democracia interna y presencia en las calles, luego las nuevas direcciones se fueron apartando de ese modelo. En la UOCRA, la elección no pudo ganarse, en medio de denuncias de fraude por parte de la lista opositora.

La nueva conducción de la AOT se fue adaptando a las características de la dirigencia nacional. Los trabajadores destacan en sus testimonios la importancia que tuvo la presión de la conducción nacional a través del ahogo financiero a la regional, cuando se intentaba tomar posturas propias51. La experiencia de ganar la conducción regional de la UOM tampoco logró consolidarse como un proyecto alternativo.

En esos años aparecía una mayor conflictividad en la región, en especial en el parque textil de Trelew. Se desarrollaron algunas luchas ante el cierre de fábricas. Gebco (que empleaba 200 trabajadores) anunció la quiebra y los obreros ocuparon la fábrica, reclamando las indemnizaciones. Registramos constantes conflictos en otras plantas textiles, y tomaron importancia las luchas de docentes y estatales provinciales. Tanto ATE como Atech52 realizaron en 1987 huelgas de varios meses de duración contra el gobierno provincial, que atravesaba una profunda crisis política y económica. Desde el gobierno nacional se habían puesto en marcha diversas medidas de corte neoliberal que desfinanciaban las provincias; en Chubut esto se traducía en la disminución de las regalías petroleras y la finalización de las licencias de radicación para nuevas industrias bajo el régimen de promoción industrial.

Los trabajadores de la región se encontraban ante un nuevo marco. Las fuerzas con las que se enfrentaban eran novedosas y parecía difícil enfrentarlas con las armas que su experiencia había forjado. Su historia de luchas pasaba por el reclamo de mejores condiciones laborales y de vender su fuerza de trabajo a mejor precio. La experiencia no les había dado herramientas para saber cómo actuar ante una situación como la que allí se planteaba, donde a las empresas ya no les interesaba comprar su fuerza de trabajo.

El programa de la mayoría de los trabajadores (y de sus dirigencias) dejaba la lucha circunscripta a cada grupo de obreros, y en ese estrecho círculo sus intereses parecían igualarse con los de sus patronales: la posibilidad de seguir trabajando residía en que a “sus” respectivos patrones les fuera bien. La conclusión parecía simple: no quedaba otra posibilidad para mantener el trabajo más que defender a las empresas, exigiendo la continuidad de las políticas de promoción industrial o el otorgamiento de subsidios especiales a los empresarios.

En la región, los sindicatos fueron incapaces de generar lazos entre las distintas fracciones de trabajadores. Esto se hizo evidente en la escasa reacción ante el proceso de despidos masivos y cierre de fábricas. Casi todos los sindicatos restringieron el reclamo a la indemnización; esto es, se apelaba a que se respetase la “legalidad”.

Entre los estatales, la situación guardaba algunas diferencias. Los conflictos que protagonizaron en 1987 mostraron el desarrollo de gremios que se fortalecían ante un gobierno debilitado. Pero en 1988 hay un cambio, con la asunción del Partido Justicialista (hasta allí gobernaba la Unión Cívica Radical) que integró a dirigentes de Atech en cargos ministeriales (lo mismo haría en 1989 con dirigentes de ATE).

El año 1989 aparece como un punto de quiebre. La hiperinflación, la revuelta, los saqueos y la asunción de Menem generaron las condiciones de realización hegemónica del neoliberalismo. En ese marco, los trabajadores vieron arrasadas gran parte de sus conquistas y sus organizaciones: en la región se aceleró la caída del proyecto de polo de desarrollo y se registraban despidos en todas las actividades. Ese año fue un punto de quiebre para las construcciones sindicales de los trabajadores; la derrota ahora sí parecía una realidad.

 

A modo de reflexiones finales

En este artículo avanzamos en el conocimiento sobre una clase obrera en formación en el marco de un proyecto de industrialización subsidiada. Buscamos demostrar que las regiones donde se implantaron proyectos de “polos de desarrollo” pueden funcionar a modo de “laboratorios sociales” para estudiar la formación de una fracción de clase obrera, ya que allí pueden investigarse profundas transformaciones en forma concentrada en el espacio y en períodos temporales relativamente breves.

Nuestro trabajo pone de manifiesto la realidad de que la clase obrera argentina se compone de múltiples fracciones, y que una de esas complejidades clave es la regional. En cada región, la clase se conforma de diferentes maneras y sufre distintos procesos sociales. Para el noreste de Chubut hay dos elementos clave que explican su dinámica y sus características fundamentales.

El primero es que se trataba de una clase en formación. Esto implica diversas diferencias con la clase a nivel nacional. Una particularidad es que la clase obrera de esta región no sufrió, por parte de la dictadura, un ataque tan significativo como en otras partes del país. No existía una fuerte tradición obrera revolucionaria o de izquierda que se considerase imprescindible destruir.

El segundo elemento, claramente conectado con el anterior, es que la clase dominante de la región necesitaba que esa clase obrera asegurara la provisión de fuerza de trabajo capacitada y disponible para las necesidades de un parque industrial en desarrollo. Necesitaba trabajadores y por ello estaba dispuesto, como lo vimos en el caso de la migración chilena, hasta a aceptar la presencia de obreros politizados, que contribuyen a consolidar y politizar esta joven clase obrera. Esto no implica que no hubiese persecuciones y despidos. Pero aun los obreros despedidos por su activismo en una fábrica, rápidamente volvían a conseguir trabajo en otra empresa.

Este dato es clave para comprender la especificidad del desarrollo en Patagonia durante las décadas del 60 y el 70. El desarrollo capitalista en la región atravesaba un momento diferente al que ya se vivía a nivel nacional. Por ello, para la clase dominante eran necesarias distintas políticas hacia la clase obrera: mientras en la mayoría de las regiones del país se expulsaba a los trabajadores de sus antiguos territorios sociales (en el marco del avance del dominio del capital financiero), aquí se los recibía y se los incorporaba, en una perspectiva cercana a la fase de hegemonía del capital industrial53.

Todo comenzaría a cambiar a mediados de los 80. En el final de esa década ya se planteaba la hegemonía neoliberal sobre todo el país. Allí se unificó la política hacia la clase obrera y se avanzó de manera uniforme sobre sus derechos sociales y laborales. Entonces sí la derrota de la clase obrera se presentó como una realidad en todo el territorio nacional.

 

Notas

1 Perroux, Francois, “Notes sur la notion de pole de croissance”, Economie Appliquée, Francia, Nº 8, janvier-juin, 1955.         [ Links ]
2 Ver Benko, Georges y Lipietz, Alain, Las regiones que ganan. Distritos y redes. Los nuevos paradigmas de la geografía económica, Valencia, Edicions Alfons El Magnanim, Generalitat Valenciana, 1994;         [ Links ] y José Luis Coraggio, “Hacia una revisión de la teoría de los polos de desarrollo”, EURE vol. 2, Nº4 (1972), pp. 25-39. En: http://www.eure.cl/numero/hacia-una-revision-de-la-teoria-de-los-polos-de-desarrollo/.         [ Links ] Para abordar los debates actuales sobre la(s) teoría(s) del desarrollo, ver la extensa compilación de artículos contenida en Vidal, Gregorio y Guillén, Arturo (comps.), Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización, Bs. As. CLACSO, 2008;         [ Links ] Aronskind, Ricardo, ¿Más cerca o más lejos del desarrollo?, Bs. As. Libros del Rojas/EUDEBA. 2001;         [ Links ] Katz, Jorge, Una nueva visita a la teoría del desarrollo económico, Santiago de Chile, CEPAL, 2008;         [ Links ] Ornelas Delgado, Jaime, “Volver al desarrollo”, en Problemas del Desarrollo. Revista Latinoamericana de Economía, UNAM, México, vol. 43, núm. 168, enero-marzo, 2012, pp. 7-35.         [ Links ]
3 Ver la hipótesis de que estos proyectos buscaban “despromover” el trabajo industrial en las áreas tradicionales, para descomprimir la conflictividad existente, en Schvarzer, Jorge, Promoción industrial en Argentina. Características, evolución y resultados, Bs. As. Documentos del CISEA, 1986.         [ Links ]
4 Gatica, Mónica, ¿Exilio, migración, destierro? Trabajadores chilenos en el noreste de Chubut (1973-2010), Bs. As., Prometeo, 2013.         [ Links ]
5 Para su aplicación en Patagonia, ver Perren, Joaquín y Pérez Álvarez, Gonzalo, “Las “nuevas” provincias como problema historiográfico. Una aproximación a los casos patagónicos (1958-1991)”, Revista Pasado Por-Venir, Chubut, Nº 5, 2011, pp. 75-101.         [ Links ]
6 Dictadura que había derrocado en 1955 al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón.
7 Ibarra, Horacio, Patagonia Sur. La construcción interrumpida de un proceso de desarrollo regional, Chubut, UNPSJB, 1997.         [ Links ] El autor explica que el proyecto original planteaba la instalación de un polo petroquímico en Comodoro Rivadavia, que debía producir las fibras sintéticas que procesaría el polo textil de Trelew. Al no instrumentarse el polo petroquímico, el parque de Trelew se constituyó en un enclave sin encadenamientos productivos en la región.
8 Altimir, Oscar, Análisis de la economía del Chubut y de sus perspectivas de desarrollo, tomo I, II y III, Rawson, Provincia del Chubut – Asesoría de Desarrollo, 1970.         [ Links ]
9 Beccaria, Luis (director), El caso de la industria textil en Chubut, Bs. As. BANADE, 1983.         [ Links ]
10 Ibarra, 1997, op. cit.
11 Aunque era un segundo lugar muy alejado del centro textil tradicional, Chubut ocupaba el segundo puesto en producción de medias (15%, contra un 83% del área metropolitana), tejido de punto (11% contra un 81%) e hilado de fibras textiles (6,4% contra un 76%). Datos de Cimillo, Elsa, Bloque textil: dinámica en la provincia del Chubut. 1973-1984, Bs. As., CFI – CEPAL, 1985, pp. 12-13.         [ Links ]
12 Gatica, Mónica, “Trelew, ¿un polo de desarrollo y modernización?”, Actas IV Jornadas de Historia, Caleta Olivia. UNPA, 1998.         [ Links ]
13 Rougier, Marcelo, Estado y empresarios de la industria del aluminio en la Argentina. El caso Aluar, Bs. As. Editorial UNQ, 2011, p. 356.         [ Links ]
14 Gramsci, Antonio, Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el estado moderno; Bs. As. Nueva Visión, 1997.         [ Links ]
15 Gramsci, 1997, op. cit. p. 99.
16 …es de destacar que la mayoría de los chilenos con los que trabajamos salieron en forma clandestina o abierta, sin ninguna protección, con la condición legal de turista o inmigrante. Gatica, 2013, op. cit. p. 110.
17 Gatica, 2013, op. cit. p. 125.
18 Gatica, 2013, op. cit. p. 56.
19 René, entrevista realizada el 4/7/2009. Fue trabajador textil en Huamac y Supersil, y militante del Partido Comunista (PC). También es de origen chileno.
20 Oscar, obrero de la construcción y militante político. Entrevista realizada en el café Touring Club, el 14/4/2012.
21 Gatica, 2013, op. cit. p. 207. Entrevista con Mario y Adriana en su casa de Trelew, en junio de 2006.
22 Gatica, 2013, op. cit. p. 133.
23 La utilización del concepto recupera la formulación que desarrolla Thompson, Edward P., La formación de la clase obrera en Inglaterra, Barcelona, Crítica, 1989.         [ Links ]
24 De hecho relevamos importantes conflictos en el inicio del siglo XX: Gatica, Mónica y Pérez Álvarez, Gonzalo, “No solamente pasaba el viento: sindicatos, huelgas, boicots, cortes de vías y lucha política en los primeros pasos del movimiento obrero en el noreste del Chubut (1917-1922)”, en Arias Bucciarelli, Mario (Dir.), Diez territorios Nacionales y catorce provincias, Argentina, 1860-1955, Bs. As., Prometeo, 2012, pp. 187-214.         [ Links ]
25 Donde se observan formas y niveles de conflictividad moderadas, especialmente en comparación con lo que acontecía en los centros industriales tradicionales del país.
26 Daniel, entrevista realizada el 4/4/2012 en la sede Trelew de la Universidad. Militante del Movimiento Al Socialismo (MAS), llega a la región a principios de los 80.
27 Nos referimos a una “burguesía con intereses en la región” y no a una “burguesía regional”, ya que se trata de empresarios con inversiones diversificadas, que en su gran mayoría no viven en Chubut.
28 Binder, Axel, Crónica de una protesta anunciada: conflictividad regional y nacional a través de la prensa del noreste de Chubut (Diario Jornada, 1966-1971), Tesis Licenciatura en Historia, UNPSJB, 2012.         [ Links ]
29 Gatica, Mónica, Hacedores de caminos, Bs. As. Imago Mundi, 2007.         [ Links ]
30 Proyecto con asiento institucional en la UNPSJB, dirigido por la Dra. Mónica Gatica y codirigido por el Dr. Gonzalo Pérez Álvarez.
31 Picolo, Mauricio Fernández; Western, Wilda y De Oto, Alejandro, Autoritarismo y participación popular: Trelew, Octubre de 1972, Tesis de Licenciatura en Historia, UNPSJB, 1990.         [ Links ]
32 Diario Jornada, 18/11/66.
33 Diario Jornada, 30/5/69.
34 Esto se hace evidente en el siguiente telegrama dirigido a Levingston y citado por Binder en su tesis: Asociación Obrera Textil Seccional Trelew, interpreta su obligación hacer conocer al Excelentísimo señor Presidente de la Nación angustiosa situación aproximadamente seiscientas familias textiles por cierre establecimientos Cualicrón y Tycora de Puerto Madryn, solicitando respetuosamente su intervención personal para posibilitar solución urgente evitando no la quiebra de dos establecimientos, sino la de una ciudad patagónica. Diario Jornada, 22/9/70 (subrayado del autor).
35 Por los cuales se produjeron denuncias de malversación contra el dirigente regional de la AOT, César Ayala.
36 Declaraciones de Gilberto Hughes; Diario Jornada, 6/5/72.
37 Para conocer en profundidad estos hechos, ver el citado trabajo de Fernández Picolo, Western y De Oto.
38 Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo.
39 Fuerzas Armadas Revolucionarias.
40 La UOCRA es el único sindicato de rama privada que adhiere en forma permanente a estas medidas. Además del hecho de tener una conducción regional afín a una perspectiva más combativa, sus trabajadores se desempeñaban centralmente en obras estatales, a partir del gran impulso de construcciones públicas que en esos años se desarrollan en este territorio, que recién había sido conformado como provincia desde 1957. No eran, en este sentido, directamente dependientes de los subsidios estatales para la industria.
41 Diario Jornada, 12/8/75.
42 Se tienden a robustecer las gestiones que se llevan a cabo en forma conjunta con otros gremios y el gobierno provincial, ante el poder ejecutivo nacional a fin de que se aporten los fondos necesarios. Diario Jornada, 13/8/75.
43 Pérez Aguilar, Tania, Avance de la investigación, Licenciatura en Historia, UNP, sede Trelew, 2002.         [ Links ]
44 Pérez Álvarez, Gonzalo, “Juego, resistencia y cultura obrera en la Patagonia Argentina: el fútbol ante contextos represivos”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos. http://nuevomundo.revues.org/65161, 2013.         [ Links ]
45 Entrevista a Joel Sánchez, realizada por Tania Pérez Aguilar en su casa de Trelew, 2001.
46 Entrevista a Adolfo Pérez Mesa, realizada por Tania Pérez Aguilar en su casa de Trelew, 2001.
47 Eliana, entrevista realizada junto a su esposo, Alirio, el 6/3/2012 en su casa de Puerto Madryn. Alirio fue dirigente del PS en Chile y del PC en Puerto Madryn. Eliana fue militante social y sindical.
48 Gatica, 2013, op. cit. pp. 186-187.
49 Patricia, entrevista realizada por Mónica Gatica, en la casa de la entrevistada, el 12 de Noviembre de 2008.
50 Ver Pérez Álvarez, Gonzalo, Patagonia, conflictividad social y neoliberalismo. El noreste de Chubut (1990-2005), Bs. As., Imago Mundi, 2013.         [ Links ]
51 Pérez Álvarez, Gonzalo, “Con hilos rotos vamos tejiendo otra historia. Lucha y experiencia obrera en el parque textil de Trelew”, en Sociohistórica, La Plata, Revista de la FAHCE-UNLP, Nº 27, 2011, pp. 13-39.         [ Links ]
52 Asociación de Trabajadores del Estado y Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut.
53 Para un mayor desarrollo sobre las formas que toma el desarrollo capitalista en Argentina durante los años 70, ver Pérez Álvarez, Gonzalo, “Una discusión con el concepto de “des industrialización” desde el caso del noreste de Chubut”, Revista de Estudios Marítimos y Sociales, Mar del Plata. GESMar-UNMdP, Nº 5, 2013, pp. 175-185.         [ Links ]

 


Recibido: agosto 2014
Aceptado: julio 2015

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