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Si Somos Americanos

versión On-line ISSN 0719-0948

Si Somos Americanos vol.20 no.2 Santiago dic. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-09482020000200215 

Reseña

La geopolítica ambiental global del siglo XXI. Los desafíos para América Latina

Global environmental geopolitics of the 21st century. The challenges for Latin America

* Instituto de Estudios Avanzados (IDEA), Universidad de Santiago de Chile (USACH), Chile. Correo electrónico: cristian.garay@usach.cl

Estenssoro, F. . (, 2019. )., La geopolítica ambiental global del siglo XXI. Los desafíos para América Latina. ., Santiago: :, Ril Editores, .

Fernando Estenssoro propone varias entradas a un debate ambiental muchas veces simplificado o “espectacularizado” en figuras de la mass-media como Greta Thunberg y que, en sus 230 páginas, plantea sus propias directrices respecto a una discusión hipersimplificada desde una y otra trinchera.

Este autor ha seguido una línea de análisis geopolítico bastante consistente, que se constata en obras anteriores, tales como Historia del debate ambiental en la política mundial. 1945-1992. (2014) y Medio ambiente e ideología (2009). Ilustrativos resultan los subtítulos respectivos de cada texto aludido: el del primero, La perspectiva latinoamericana”, y el del segundo, La discusión pública en Chile, 1992-2002. Estos subtítulos precisan desde donde el autor hace su reflexión, ya que, si bien su objeto de atención es la discusión ambiental a escala global, trata esta a partir de tres planos: el eje Norte-Sur, el papel latinoamericano en la discusión de los recursos y la significación simbólica y material para los pueblos y países del “Sur” de este debate.

Por cierto, Estenssoro entiende por Norte y Sur global los bloques que contraponen poder, población y recursos, afirmando que en el Norte se localizan menos población y recursos versus a mayores poblaciones y recursos disponibles en el Sur (p. 20). Al respecto, se debe considerar una tercera variable, el poder internacional, que en el caso del Sur “global” no cuenta. El adjetivo de global que emplea para Sur y Norte dice relación con la certeza de que -en términos de distribución de poder, recursos y población- hay partes del Sur en el Norte y viceversa. Lo que hace a cada cual ser lo que es no solo se remite a la situación geográfica, sino a la asimetría entre poder, recursos y población. Bajo esta perspectiva, en el Sur global, América Latina es una región más débil que otras debido a su ausencia de poder global y baja densidad demográfica, que contrasta con sus abundantes recursos naturales y su consiguiente provisión de bienes comunes a toda la humanidad. Y esa precisión exime a su autor de reduccionismos puramente geográficos.

Desde el punto de vista analítico, el autor combina dos formas de análisis en el examen geopolítico: el clásico, tendiente a identificar dinámicas de poder que tienen valor para los Estados y el orden internacional; y el crítico, expresado en el registro de imaginarios, sensaciones y percepciones que configuran en su seno las políticas exteriores antes de ser lo que llegan a ser, donde destaca el papel de los actores sociales. Aquí hay eclecticismo para poner en distintos niveles la percepción de actores estatales y no estatales, y su convivencia con actores supranacionales en el sistema internacional. Estos tres actores conviven en la descripción del autor.

Estenssoro recoge el hilo cronológico de una discusión ambiental que fue formulada desde el Norte en términos de escasez, catástrofe y temor respecto de la explosión demográfica y material de los pueblos del Sur. La imagen del apocalipsis ambiental ha reemplazado a la del apocalipsis nuclear que dominó durante la Guerra Fría (p. 203). Frases tópicas de esta percepción son “el mundo se acabó”, “no vale la pena tener hijos”, “estamos en cuenta regresiva para la extinción”, “más valdría la extinción del género humano para que el planeta pueda subsistir”, etcétera.

Hoy, en todas partes se repite esta idea, sin reparar en que nuestra escasa población (y baja natalidad), abundancia de recursos y escasa injerencia en las reglas de poder, es imposible de equiparar con la contribución al desastre ambiental de las conductas de Estados Unidos, China, Rusia, India y la Unión Europea, gigantes demográficos y económicos, absorbentes de materia prima y de generación de carbono en grado eminente. Aquí el autor, sin concesiones, explica que hay un “Norte” Global -que también abarca zonas ricas de Asia como Japón, Corea del Sur o de la Polinesia, Australia, y que se singulariza al advenimiento de la segunda década del siglo XXI por el ingreso de China a ese “Norte Global”- que conduce el debate ambiental según sus necesidades y órdenes.

El ambiente cultural en que se discute es el de las ideas posmaltusianas que definen el mundo futuro por la escasez y la hiperpoblación, y que repercute en el debate ambiental de los países del Sur en forma de imperativos de reducción de la población (antinatalismo) y del consumo, conservación de espacios naturales y supervisión externa a esos países respecto de recursos comunes como el aire o el agua existentes en ciertos dominios espaciales (por ejemplo, la Amazonía). Es decir, en agendas impuestas por Estados Unidos o por la Unión Europea, que desconocen el escaso peso demográfico de América del Sur o su escasa incidencia en el consumo de agua per cápita frente a otras regiones, en las que el papel asignado a la región es de ser proveedores de las necesidades de terceros, como el África subsahariana, tal como lo postularon los franceses en una convención mundial sobre el agua.

Estando de acuerdo el autor con la gravedad de la situación ambiental, no se le escapa que estas exigencias van en correlación con los intereses de las grandes potencias y sus necesidades de todo tipo. Las negociaciones de la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro de 1992 y la celebrada en esta misma ciudad en 2012 marcaron el tránsito de la ilusión al desengaño, y se reflejaron en las conductas paliativas que redujeron el problema al cambio climático y al calificativo de crisis ambiental.

Aquí interesa la historia de este debate. Estenssoro describe la deriva del tema ambiental desde la Cumbre de la Tierra de Estocolmo de 1972 hasta la fecha, marcada hoy por el tránsito de China Popular hasta convertirse en una gran potencia, que desde lo económico y político, en ese orden, reproduce órdenes ya conocidos de carácter asimétrico respecto de África subsahariana y América Latina, y que merced a su incremento productivo afecta su propio ecosistema (pp. 127-129). En 2017, la suma de las emisiones de la Unión Europea y de Estados Unidos era comparable con el total de la China Popular. En este ámbito, Latinoamérica pasa a ser más un actor pasivo, por lo que Estenssoro ve a la región conflictuada entre visiones vinculadas al ancestro indígena (la Iniciativa Yasuni-ITT ecuatoriana) y la influencia de la hegemonía del Norte en materias de imaginario geoambiental.

Este imaginario parte, entre sus múltiples variables, de la premisa de la sobrepoblación del Sur y pasa a otras como el manejo descuidado de los recursos naturales, la pérdida de la biodiversidad, el cambio climático o calentamiento global, la contaminación, la destrucción de la capa de ozono y otras. Se piden contribuciones respecto de los bosques, del consumo y de la reducción demográfica, las que no hacen sentido respecto de la necesidad incesante de nuevos recursos para promover el modelo de desarrollo y el ascenso de vida del Norte global. En suma, las responsabilidades se cargan hacia el Sur global, en lugar de reducir el consumo en el Norte global. Este traspaso de responsabilidades explica, añado, la actitud evasiva de Estados Unidos, Rusia y China Popular, los tres gigantes con más poder del escenario actual. Y sumemos a ellos Brasil e India.

Sobre esto último, el autor sostiene que el concepto de crisis ambiental es prohijado en el ambiente de un modelo de los países poderosos, específicamente de Estados Unidos (p. 21). Supone una visión pesimista, “apocalíptica”, adjetiva en algún párrafo, que sería producto del propio desarrollo del capitalismo avanzado. ¿Cuál es la salida que plantea el autor? Estenssoro valora la (frustrada) propuesta ecuatoriana, de Rafael Correa, referida a la no explotación de recursos petroleros a cambio de un subsidio internacional que inhiba el consumo de recursos fósiles. Tal propuesta no fue considerada por la comunidad internacional.

En el remate final del libro, el autor contrapone el ecologismo del príncipe Carlos (p. 201), basado en formas de consumo ultrasofisticado y en tecnologías cuyas patentes requieren de grandes inversiones, con el modelo de José Mujica, consistente en reducir el consumo y reenfocar la crisis desde lo ecológico hacia lo político (p. 203). Añade que el esfuerzo global que se menciona no configura una propuesta concreta del Norte global para detener y luego bajar el consumo, desmilitarizar y desindustrializar. Constata que, contradictoriamente, se hacen llamados a emprender esfuerzos “colectivos” dirigidos a actores bastante menos trascendentes en el contexto de la situación. Se ofrecen a cambio bonos verdes para bajar la huella de carbono y someter a control los mismos recursos que el Norte global no puede cautelar, como los grandes bosques.

A nuestro modo de ver, Estenssoro esboza un análisis localizado desde el Sur para completar aquel giro necesario que el realismo periférico de Carlos Escudé plantea para alcanzar valor analítico, pues el uso puramente mimético de categorías como poder, influencia, área de influencia o soberanía, es absurdo en países donde cada una de ellas es relativizada en el tablero mundial. Tal como reconoce el autor, desde nuestra minoridad, por llamarla de algún modo, replantea el debate ambiental, enfatizando en que los recursos, la biodiversidad y los ecosistemas deben estar protegidos de otra forma.

Aquí vemos el nervio de su consideración. No es un problema o crisis ambiental, o ecológica, sino una crisis política que puede ser analizada geopolíticamente (p. 135). Y en esa perspectiva, América Latina ocupa un lugar “muy relevante en la geopolítica ambiental global” (p. 135) entre los subsistemas del gran ecosistema terrestre. Un lugar frágil en el equilibrio de poder y configuración de reglas. Su análisis, infrecuente, trasciende simplismos de ciertas visiones antiimperialistas y configura un enfoque latinoamericano de geopolítica crítica, respecto de lo que Schmitt llamaría “grandes espacios”, en los que subyace, por cierto, el valor de la Amazonía como eje de este dilema sistémico. Ello no supone abrogar el valor universal del conocimiento científico social, sino determinar la validez de perspectivas desde un pensamiento situado, como si fuera un estudio de caso a gran escala para este tema crucial para la supervivencia de la humanidad y del planeta, y también para nuestro vivir. En suma, un libro trascendental en el exacto sentido del término.

* Doctor en Estudios Americanos, IDEA, USACH. Director del magíster en Política Exterior, IDEA, USACH. Correo electrónico: cristian.garay@usach.cl

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