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Si Somos Americanos

versión On-line ISSN 0719-0948

Si Somos Americanos vol.20 no.2 Santiago dic. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-09482020000200210 

Reseña

L’agê des migrations (La era de las migraciones)

The age of migrations

1Universidad Católica del Norte (UCN), Antofagasta, Chile. Correo electrónico: martina.baeza-kruuse@univ-rennes2.fr

Le Bras, H. . (, 2017. )., L’agê des migrations, (La era de las migraciones). ., París: :, Ediciones Autrement,

El libro L’agê des migrations1 (La era de las migraciones), escrito por Hervé Le Bras -demógrafo e historiador, director de investigación en L’Institut national d'études démographiques (INED) y en L’École des hautes études en sciences sociales (EHESS) de Francia-, nos entrega una línea de tiempo actualizada sobre los procesos de migración desde la prehistoria hasta la actualidad, enfocándose en lo que ocurre en Europa, específicamente en Francia. El texto invita a pensar la migración desde una nueva perspectiva, objetiva y potente. Asimismo, es un aporte a las discusiones actuales con respecto a la migración y contribuye a la desmitificación de algunas ideas existentes en el mundo entero en relación con la imagen de los migrantes, al ofrecer una descripción de las transformaciones de dicho fenómeno en el mundo y al analizar las maneras en cómo estos procesos son captados y descritos.

Escrita en francés, esta obra se compone de 151 páginas y está organizada en seis capítulos, además de una introducción y una conclusión. En un comienzo, el autor revela el tema a tratar a través de una reflexión de lo acontecido hace algunos años en Calais, ciudad donde se percibió una clara falta de solidaridad de parte de las comunas francesas al momento de la relocalización de los 9.000 migrantes que se encontraban estancados en ese territorio. Luego, describe los ejes que desarrolla a lo largo del texto: los inicios de la migración, la movilidad estudiantil, la migración por razones climáticas y la migración en Francia. Cabe destacar que estos ejes van concordando a medida que se avanza en la lectura de los capítulos del libro.

El primer postulado de Le Bras es el cambio de paradigma en torno a las migraciones tras analizar la historia del fenómeno migratorio desde un periodo que abarca el 4000 A.C. hasta la actualidad. Una de las conclusiones que señala es que la migración y el mestizaje han cumplido un rol muy importante en la preservación de la especie humana. Asimismo, apunta que las primeras migraciones eran vistas como desplazamientos por territorios vecinos y no como invasiones, y permitieron la evolución del ser humano en diversos aspectos, por ejemplo, contribuyeron al desarrollo de la agricultura.

Sin embargo, las relaciones entre comunidades se vieron afectadas con el conflicto entre pastores y agricultores. La forma en que la larga historia de estos episodios de disputa

ha sido relatada en los manuales escolares, se convirtió en una influencia importante en la representación de la migración actual. Hoy en día, el encuentro con alguien que viene desde lejos es visto como una invasión, lo que se contrasta con las motivaciones de los migrantes, quienes son personas que buscan valorizar sus competencias, idea que se concreta gracias a la facilidad al acceso del transporte y a la mundialización de la información.

Un elemento importante que propone el autor es el momento en que la noción de inmigrante toma importancia en el vocabulario, en este caso francés. En 1891, la mayor parte de los migrantes en Francia provenían de países vecinos: 94% eran europeos y los más numerosos correspondían a italianos y belgas. Sin embargo, en un siglo esta lógica cambió, siendo los desplazamientos de proximidad remplazados por migraciones de larga distancia. Además, a raíz de la competencia entre países desarrollados, los migrantes eligen ir donde encuentran mayores ventajas en términos de integración. Los puntos importantes para tomar esta decisión son, por ejemplo: la lengua que se habla, la proximidad geográfica y la presencia de compatriotas en el país de destinación, lo que el autor denomina como “diáspora”.

Por otro lado, es posible distinguir diferencias entre migraciones antiguas de larga distancia y migraciones contemporáneas: las antiguas eran provocadas por la superioridad militar de los grupos nómades que poseían la capacidad de juntar o de dispensar rápidamente un número considerable de hombres, y que obedecían a una organización jerárquica (p. 26), tal como lo hacía el Imperio romano. En cambio, actualmente las migraciones son de civiles, sin armas ni jerarquías, por lo tanto, la idea de mostrar las migraciones antiguas y actuales como invasiones que responden a una presión demográfica es equivocada.

Los estereotipos de la migración contemporánea han evolucionado. Hoy en día es la clase media la que migra, tanto para sobrevivir como para “realizarse”. Según la encuesta Gallup,2 el deseo de migrar de la mayoría de las personas se basa en ir a siete países, principalmente, los que a la vez coinciden con ser las naciones con más estudiantes extranjeros inscritos en sus universidades. No obstante, existen condiciones que facilitan esta migración, tales como: la presencia de la diáspora del país de origen, la presencia de personas con diplomas universitarios dentro de esta diáspora y la proporción de estudiantes; todo esto genera una red de relaciones que favorece el asentamiento.

Asimismo, el deseo de migrar tiene diferentes lógicas según la región del mundo que se observe. Por un lado, existe una relación entre la disminución del deseo de migrar con el aumento de los ingresos y, por otro lado, hay dos capitales inmateriales que favorecen la migración: el idioma y las facilidades de libre circulación. El autor plantea que se presenta conjuntamente una dicotomía en el pensamiento de los habitantes de países ricos, ya que por una parte niegan el ingreso de migrantes, pero por otra, ellos mismos desean migrar. Un claro ejemplo al respecto son los franceses que buscan partir a Canadá o a Estados Unidos. “Ellos mismos, por su deseo de migrar, nutren el mecanismo que denuncian” (p. 49). Por lo tanto, se puede decir que actualmente existe una jerarquía migratoria provocada por la globalización: “El deseo de progresar en la jerarquía del mundo al dirigirse hacia los Estados más calificados, se mezcla con el miedo de que los que llegan de los Estados menos calificados degraden la posición del país” (p. 53).

Durante el desarrollo de los capítulos, Le Bras propone la descripción de diferentes motivos o formas de migración que ocurren en la actualidad, enfocándose en la movilidad estudiantil, la migración por razones climáticas y la migración en Francia.

Al hablar de la movilidad estudiantil, el autor plantea que dicho fenómeno está estrictamente ligado con el proceso de globalización, ya que genera una mayor fluidez de mercancías y de personas entre diversos países. Esto se traduce, como es sabido, en una liberación del mercado, en la suscripción de acuerdos comerciales internacionales y en el desarrollo de las telecomunicaciones, entre otros. A su vez, la educación también ha sido influenciada por este fenómeno, lo que se refleja, por ejemplo, en la movilidad de estudiantes, la que se caracteriza por ser una movilidad de personas que buscan continuar sus estudios en un país extranjero. Le Bras afirma que la elección del país de destino por parte de los estudiantes se fundamenta en experiencias anteriores, ya sea de familiares o de las relaciones sostenidas entre el país de acogida y el de origen. Agrega que a la hora de elegir el país donde migrar, se evidencia la relación de poder entre los Estados. Es así como el desplazamiento de los estudiantes evidencia cómo el imperialismo colonial ha sido reemplazado por un imperialismo cultural, que exhibe la competencia sostenida por las grandes potencias para atraer a estudiantes y formarlos culturalmente y así convertirlos en los nuevos misioneros de sus ideologías políticas.

Otra idea es la de las migraciones motivadas por los cambios climáticos. El autor propone que estos fenómenos afectan en mayor proporción a las poblaciones rurales, las que se ven perjudicadas por tres tipos de crisis: las crisis brutales (por ejemplo, huracanes), las crisis recurrentes (por ejemplo, inundaciones periódicas de tierras bajas) y las crisis lentas (por ejemplo, la desertificación). Como es evidente, la migración en este caso sería una respuesta a los cambios medioambientales; sin embargo, esta depende también de las condiciones sociales y de vida de las personas, relacionadas con los conceptos de capital físico, que se refiere a las propiedades, dinero y pertenencias de las personas; y de capital social, que alude a la educación y a las relaciones personales que pueden brindar ayuda en casos de necesidad. Entonces, la migración ocurre cuando estas dos formas de capital son lo más “movible”. He ahí que no porque una persona sea más rica tomará la decisión de migrar; bien por el contrario, probablemente esta decida no migrar porque tendría mucho más que perder al desplazarse. En cambio, quienes cuentan con un bagaje educativo, pero no gozan de una situación económica holgada, tienen la ventaja de poder migrar en búsqueda de nuevos proyectos.

En el último capítulo, Le Bras se enfoca en la migración en Francia, planteando que este fenómeno ha traído ciertos beneficios. Lo ejemplifica con el problema del envejecimiento de la población francesa, respecto de la cual la migración se convierte en una solución al permitir mantener el aumento constante de la población. No obstante, existe una evidente oposición entre la política de “nacionalidad” y la política de migración del país galo, acompañada de otra oposición: la de la política de migración con la del trabajo. A raíz de esto el autor afirma que “la oposición entre el llamado a las migraciones y la prolongación del tiempo de vida activa permanecerá modulada por la evolución de la productividad” (p. 114).

Asimismo, se evidencia que existe una clara contradicción entre el discurso de los franceses y lo que muestran las cifras oficiales respecto de la percepción de los migrantes. Por ejemplo, antes de 1973, los argelinos y marroquíes que trabajaban en Francia eran llamados “trabajadores migrantes”, pero luego de la promulgación de la ley “Zero Migración”, estos pasaron a ser denominados “inmigrantes” y tratados con todo lo que este término conlleva. El término migrante presupone un acto activo y voluntario, en cambio, el término inmigrante presupone un acto pasivo, que da a entender una condición impuesta, aparte de tener un sesgo peyorativo. Con esto, surge también la idea de la “integración” de los inmigrantes, la cual propone que los nuevos habitantes se adapten al comportamiento y conocimientos de los habitantes del país de acogida, de tal manera de hacer “sociedad” con ellos y, por supuesto, dejando de lado su cultura de origen.

Al observar las cifras, se distingue que existe una anomalía respecto al número de migrantes en Francia, ya que hasta el 2015 las estadísticas de las migraciones solo contaban las entradas de las personas, pero no las salidas. Debido a esto, el autor propone que convendría utilizar mejor el término “circulaciones” en reemplazo del de migración.

Finalmente, a modo de conclusión, Le Bras se plantea que la palabra “miseria”, utilizada por ciertos políticos contemporáneos (Sarkozy y Rocard) para referirse a las comunidades migrantes en Francia, no representa el fenómeno migratorio actual en el país. Según el autor, los pobres no tienen ni los medios financieros, ni las relaciones en el extranjero, ni las competencias profesionales para poder migrar. Por lo tanto, hoy en día los grupos migratorios se componen en su mayoría de jóvenes diplomados que pertenecen a la clase media y a la pequeña burguesía de los países del sur, confirmando una vez más los postulados expuestos anteriormente en torno a la migración en la actualidad.

Como corolario, la obra literaria número 35 de Hervé Le Bras es un texto dinámico, interesante, que logra poner en perspectiva las visiones que existen hoy en día acerca de la migración, además de justificar por qué son falsas las hipótesis que muestran a los inmigrantes como “invasores” y “aprovechadores” del sistema, evidenciando cuáles son las realidades actuales de los migrantes en los países desarrollados. Este autor logra identificar los nuevos paradigmas mundiales y los nuevos circuitos que se han desarrollado en torno a este tema. Sin embargo, a mi parecer, lo más relevante del texto es la idea que Francia proyecta sobre el fenómeno migratorio actual: una imagen contradictoria e injustificada.

Finalmente, este libro constituye una buena base para entender la evolución de la migración desde el punto de vista europeo y, por lo tanto, serviría como un elemento base para realizar este mismo análisis desde otros continentes y comprender, por ejemplo, lo que pasa actualmente en América, planteándose la pregunta: ¿cómo es posible vincular estas experiencias con las realidades latinoamericanas?

1 Las citas textuales que aparecen en esta reseña son de traducción propia, ya que no existe aún una versión en español del libro.

2La Gallup World Poll es una encuesta que desde el año 2016 recoge datos que permiten medir las reacciones de las personas frente al fenómeno migratorio a nivel mundial.

* Licenciada en Artes, Universidad Arcis, Chile. Máster en Sociología, Université Rennes 2, Francia. Máster en Estudios Americanos, Université Rennes 2. Doctoranda en Antropología, Universidad Católica del Norte (UCN), Antofagasta, Chile, en cotutela con el doctorado en Sociología, Université Rennes 2., Francia. Miembro del laboratorio ERIMIT, Université Rennes 2, y del programa IRP ATACAMA-"Sciences humaines et sociales en territoires minier", Centre national de la reserche scientifique (CNRS)-UCN. Correo electrónico: martina.baeza-kruuse@univ-rennes2.fr

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