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Boletín de filología

versión On-line ISSN 0718-9303

Boletín de Filología vol.48 no.2 Santiago jul. 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-93032013000200005 

ARTÍCULOS

 

Actitudes hacia dialectos del español usados por inmigrantes en Santiago de Chile*

Attitudes toward dialects of Spanish used by immigrants in Santiago de Chile

 

Darío Rojas**

Universidad de Los Andes, Chile.

Tania Avilés

Universidad de Chile.


Resumen

En el presente artículo analizamos las actitudes que 400 hispanohablantes de Santiago (Chile) muestran hacia las variedades dialectales propias de los tres grupos de inmigrantes de habla hispana que hoy tienen mayor peso demográfico en el entorno lingüístico santiaguino: peruanos, argentinos y colombianos. Examinamos sus actitudes sobre la base de las nociones de corrección, agrado y similitud, así como a través de asociaciones con características extralingüísticas. Concluimos que en la valoración de estas variedades del español confluyen factores lingüísticos (correspondencia relativa de cada variedad con el perfil lingüístico de un modelo ideal de español correcto) y extralingüísticos (valoración social de los usuarios de estas variedades). Asimismo, señalamos que dichas actitudes lingüísticas, pertenecientes a la sociedad receptora, pueden afectar de manera diferenciada para cada grupo de inmigrantes su integración social en Santiago.

Palabras clave: actitudes lingüísticas, inmigración, dialectos del español.


Abstract

In this paper we analyze the attitudes that 400 subjects from Santiago de Chile show towards the dialects of Spanish spoken by the three main groups of immigrants in this city: Peruvians, Argentinians, and Colombians. We observe their attitudes on the basis of concepts such as correctness, liking, and similarity, and also on the basis of associations with a number of non-linguistic concepts. We conclude that valuation of these varieties depend both on linguistic and non-linguistic factors (correspondence of these varieties with the linguistic profile of an ideal model of correct Spanish and social valuation of their speakers, respectively). Moreover, we point out that the attitudes observed, which belong to the host society, may affect the social integration of these groups of immigrants, and in different ways in each case.

Key words: linguistic attitudes, immigration, dialects of Spanish.


 

1. INTRODUCCIÓN

La migración es uno de los fenómenos que más atención ha concitado por parte de la investigación de humanidades y ciencias sociales en las últimas décadas. En las ciencias del lenguaje, su relevancia ha llevado al planteamiento de una lingüística de la migración, desarrollada principalmente en el seno de la lingüística alemana (Zimmermann y Morgenthaler 2007).

Esa nueva disciplina se propone abordar los diversos aspectos en los que la migración tiene efectos en una situación lingüística determinada o en los que la lengua cumple un rol instrumental en los procesos migratorios, con el auxilio de herramientas teóricas y analíticas provenientes principalmente de la sociolingüística y de los estudios de lenguas y dialectos en contacto.

En Chile, a partir del crecimiento económico que el país experimentó durante la década de 1980, la inmigración ha sufrido un cambio importante: mientras antes esta era principalmente europea y árabe, hoy los inmigrantes proceden de países hispanohablantes del Cono Sur, especialmente de Argentina y Perú. Su perfil sociodemográfico y patrón de asentamiento, igualmente, ha cambiado de manera significativa. Los aspectos lingüísticos de esta inmigración reciente en Chile no han sido abordados de manera sistemática hasta ahora, de manera que no sabemos, por ejemplo:

a) si los inmigrantes hispanohablantes llegados a Chile mantienen o reconfiguran su identidad lingüística;

b) si pasan por procesos de acomodación lingüística, y en qué características estructurales y estrategias comunicativas se manifiesta esta eventual acomodación;

c) cuáles son las actitudes lingüísticas de los inmigrantes, tanto hacia su propia forma de hablar como hacia la de la sociedad receptora, y de qué manera estas se encuentran motivadas por creencias e ideologías lingüísticas;

d) cuáles son las actitudes y creencias que los miembros de la sociedad receptora tienen respecto del lenguaje utilizado por los inmigrantes;

e) cómo se vinculan las actitudes e ideologías lingüísticas con los procesos de acomodación y la construcción de identidades;

f) finalmente, si todo lo anterior afecta la integración social de los inmigrantes, y de qué manera.

Responder a estas preguntas permitiría contar con un insumo importante para las políticas públicas relativas a la inmigración en Chile, especialmente en lo relativo a los aspectos culturales de la integración social de los inmigrantes. Esto es especialmente relevante por el hecho de que se estima que la inmigración será en los años venideros un desafío en el que el Estado chileno deberá invertir importantes esfuerzos y recursos, debido al atractivo económico y social que el país ofrece a migrantes de diversas procedencias.

El ofrecer respuestas convincentes a dichas preguntas, sin duda, es una tarea compleja. En el presente artículo nos proponemos simplemente plantear una discusión de algunos datos obtenidos en el marco de un estudio de actitudes lingüísticas de hispanohablantes de Santiago de Chile (ejecutado en 2010), entre cuyos objetivos se contaba el conocer las actitudes y creencias que estos sujetos tenían acerca de las distintas variedades geopolíticas de la lengua española en el mundo, mediante una aproximación metodológica de tipo directo. Pudimos comprobar que entre las variedades más prominentes para la percepción de los participantes se encontraban las asociadas con los grupos de inmigrantes más numerosos hoy en la capital chilena: argentinos, peruanos y colombianos. En Chile, a pesar de que existen estudios sobre actitudes lingüísticas de hispanohablantes (Díaz Campos 1986, 1990; Figueroa 2007; Makuc 2011; Rojas 2008; Salamanca 2010; Salamanca y Valverde 2009; Tassara 1992, 1993-1994; Valdivieso 1981, 1983), la investigación acerca de las actitudes hacia variedades habladas por inmigrantes hispanohablantes no ha concitado interés, de manera que los datos que ofrecemos pueden considerarse útiles para una aproximación preliminar al problema de las actitudes lingüísticas de la sociedad receptora chilena y cómo estas pueden afectar la integración social de estos inmigrantes. Una parte de los datos que analizamos han sido presentados de forma más detallada en trabajos nuestros anteriores (Rojas 2012c y 2012d, en que se analiza lo relativo a la corrección y el agrado, respectivamente), pero en aquellas ocasiones no fueron analizados desde el punto de vista de la problemática que ahora nos ocupa.

En la sección siguiente presentaremos algunos antecedentes relativos a la inmigración reciente en Chile y discutiremos el papel de las actitudes lingüísticas en los procesos de migración. Luego de mostrar los aspectos metodológicos de nuestro estudio, presentaremos y discutiremos los resultados de manera pertinente en relación con el problema que señalamos en el párrafo anterior. Finalmente, señalamos algunas conclusiones y vías de continuación de esta aproximación preliminar.

2. MARCO CONCEPTUAL

2.1. Antecedentes: la inmigración de hispanohablantes en el Chile de las últimas décadas

Aunque en Chile la inmigración es un fenómeno que ha crecido en fechas relativamente recientes (este país ha tenido históricamente más emigración que inmigración), se proyecta como un desafío de relevancia nacional para los años venideros (Departamento de Extranjería y Migración 2010: 1). Aún más importante es el hecho de que su estudio e intervención social requerirá también una consideración lingüística y discursiva.

Hasta comienzos de la década de 1980, la mayor parte de los inmigrantes llegados a Chile era de origen europeo y árabe. Solo en las dos últimas décadas del siglo xx, en consonancia con el crecimiento económico experimentado por el país, esta situación se modificó: la mayor parte de los inmigrantes llegados en estos años procedía de países vecinos sudamericanos. Entre los factores que transformaron a Chile en un nuevo polo de atracción migratoria en Latinoamérica, se encuentran las condiciones económicas, la estabilidad política, la abundante oferta de educación superior, la relación distancia-costo/tiempo, las condiciones de ingreso al país y la oferta laboral, junto con, en casos como el peruano, la existencia de redes de apoyo establecidas previamente (Schiappacasse 2008). Por otra parte, los polos de atracción tradicionalmente escogidos por los migrantes latinoamericanos, Estados Unidos y Europa, han hecho más restrictivas sus políticas de inmigración (Stefoni 2002).

Según el Censo Nacional de 2002, la mayor parte de los 102.014 inmigrantes residentes en la provincia de Santiago procedía de países hispanohablantes, principalmente del Cono Sur (27.635 peruanos, 18.642 argentinos, y cifras menores de ecuatorianos, venezolanos, colombianos y bolivianos), mientras que la cifra de inmigrantes no hispanohablantes era significativamente menor (solo los colectivos estadounidenses, alemanes, franceses, italianos y chinos superaban el millar de personas). Al 2009, según datos del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior chileno, la cifra total de extranjeros residentes en la Región Metropolitana ascendió a 228.366 personas, es decir, un 64,8 % del total de inmigrantes en el país. A nivel nacional, se mantiene la condición mayoritaria de los inmigrantes procedentes de países hispanohablantes: peruanos, argentinos, bolivianos, ecuatorianos, colombianos y españoles, entre los más numerosos. En el Área Metropolitana de Santiago, a 2002, los peruanos conformaban un 26,1 % de la población inmigrante, mientras que los argentinos constituían un 19,2 % (Schiappacasse 2008). Según las cifras del Censo de 2012, el total de inmigrantes en el país ha llegado a cerca de 340.000 personas (frente a los cerca de 185.000 en 2002), de los cuales un 30,52 % (103.624) son peruanos, un 16,79 % (57.019) son argentinos y un 8,07 % (27.411) son colombianos, nacionalidades que ocupan los tres primeros puestos en la jerarquía por número de inmigrantes (Número de inmigrantes 2013). En resumen, en la última década ha habido un crecimiento sostenido de la inmigración, y los colombianos se han sumado a peruanos y argentinos en el liderazgo numérico.

Las mujeres son mayoría en la población inmigrante (especialmente en el caso peruano), así como son mayoría las personas laboralmente activas (la proporción de menores de 15 años es muy baja). Además, cabe destacar que esta población habitualmente se desempeña como mano de obra en la construcción, la industria o los servicios domésticos, o, en menor medida, en el comercio minorista.

La población de origen peruano, en particular, se ha posicionado como el grupo migrante más visible en la capital chilena (Ducci y Rojas 2010). Las motivaciones de la emigración peruana a Chile corresponden a la mala situación económica y política en el lugar de procedencia, el interés por surgir, la existencia de redes sociales ya establecidas en el lugar de llegada y la cercanía geográfica. Además de ser el grupo mayoritario, la inmigración peruana, durante la década 1992-2002, mostró un crecimiento muy superior al de los demás países de procedencia, con una tasa de 20,4 %, muy por sobre el 2,86 % de los argentinos o el -0,79 % de los españoles (Schiappacasse 2008) . La inserción laboral de los peruanos inmigrantes se diferencia de acuerdo con el género: los hombres ocupan puestos en servicios, comercio y construcción, mientras que las mujeres se concentran fuertemente en el servicio doméstico (Ducci y Rojas 2010). En cuanto a los aspectos culturales, los inmigrantes peruanos muestran un marcado sentimiento de pertenencia a su lugar de origen y un fuerte orgullo de ser peruanos, lo cual se refleja además en un alto grado de asociatividad (Torres e Hidalgo 2009) . Su autopercepción en el contexto chileno conjuga elementos positivos (sentido de comunidad, espíritu festivo, espíritu conversador y bromista, buena educación) y negativos (exceso de consumo de alcohol, violencia, desorden, falta de higiene e improvisación) (Ducci y Rojas 2010). La percepción que los chilenos tienen de ellos, por otra parte, está marcada por la discriminación. Entre las ideas que sustentan esta actitud negativa, sobresale la percepción de que los peruanos llegan a quitarles el trabajo a los chilenos.

De acuerdo con Stefoni (2007), Argentina, que históricamente ha sido un país receptor de inmigrantes, atestiguó una emigración masiva a raíz de la crisis económica del 2001. La mayor parte de los inmigrantes argentinos en Chile se concentra en Santiago (46,4 %), y en general existe un equilibrio entre el número de mujeres y de hombres. Por otra parte, en la inmigración argentina existe un número importante de sujetos menores de 15 años, lo cual es explicado por Stefoni (2007) por tratarse de hijos de padres chilenos nacidos en Argentina durante el exilio. El nivel educacional de los argentinos inmigrantes en Chile es relativamente alto, y se desempeñan laboralmente en servicios de la economía, comercio e industria, lo cual revela congruencia entre formación y desempeño laboral. De acuerdo con un estudio (cit. en Stefoni 2007: 79) de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), los inmigrantes argentinos en Chile se sienten muy bien recibidos. Stefoni cree que los argentinos, a diferencia de los peruanos, son construidos por los chilenos como un otro más próximo, "mucho más semejante al nosotros que otros grupos sociales, incluso grupos dentro de Chile, como es el caso de las comunidades indígenas" (2007: 80). Esto motivaría que existiera menos discriminación hacia los argentinos que hacia otros grupos de inmigrantes, como los peruanos. Por otra parte, puede influir en esto que existan muchos casos de redes familiares que cuentan con elementos a un lado y otro de la cordillera y que, por tanto, facilitan la integración. Desde el punto de vista de la sociolingüística, Salamanca (2010) ha propuesto que lo argentino tiene prestigio encubierto para los chilenos, es decir, existe un discurso negativo acerca de los argentinos pero, paradójicamente, funcionan como modelos de conducta en diversos ámbitos, lo cual se manifiesta, por ejemplo, en la adopción de argentinismos léxicos por parte de los chilenos: mina, cafiche, gil, chanta, etc. Los hallazgos de San Martín (2011), respecto de la presencia de más de un centenar de voces del lunfardo en un periódico chileno que refleja el lenguaje popular (La Cuarta), corroboran la tendencia chilena a adoptar argentinismos léxicos. El discurso negativo acerca de los argentinos parece contraponerse a lo observado por Stefoni, pero es, de hecho, observable "en las reacciones de reprobación de que son objetos quienes pertenecen a esta nacionalidad cuando son nombrados en instancias públicas como festivales, presentaciones deportivas, etc." (Salamanca 2010: 128).

Los colombianos, por último, aunque tradicionalmente constituían un grupo menos numeroso, han incrementado su número en un 406% durante la última década, con cerca de 21.000 personas al 2012, una cifra similar a la de peruanos y argentinos (Olivares 2012). Más de la mitad de los colombianos en Chile está radicado en Santiago. Las motivaciones principales de estos inmigrantes para venir a Chile son la mala situación económica en la nación de origen y la seguridad; de hecho, un número importante de ellos ha llegado a Chile en condición de refugiados a causa de los conflictos entre el bloque gubernamental colombiano, las guerrillas de izquierda y los grupos paramilitares (Ortegón 2008). De este modo, la migración en Colombia funciona como una "válvula de escape" frente a los problemas internos del país (Soler 2004, cit. en Ortegón 2008: 31). A diferencia de los peruanos, la composición sociodemográfica de la inmigración colombiana es más variada, pues muchos de ellos son profesionales altamente especializados y ocupan puestos bien remunerados. Sin embargo, entre ellos mismos reconocen procedencias sociales diversas y presentan distribución territorial distinta dentro de Santiago (Olivares 2012).

2.2. Actitudes lingüísticas e inmigración

El estudio de las actitudes lingüísticas resulta de interés transversal para variados campos de estudio dentro de las disciplinas que deben enfrentarse con problemas en que los aspectos sociales afectan al uso del lenguaje. El concepto de actitud proviene de la sicología social, ámbito en que se define como la tendencia a evaluar de manera favorable o desfavorable una entidad particular (Albarracín, Zanna, Johnson y Kumkale 2005). Lo específico de una actitud lingüística es que la entidad particular evaluada corresponde a un rasgo lingüístico, una variedad lingüística o los hablantes de esta. De acuerdo con el modelo más aceptado, las actitudes son concebidas en términos de una estructura tripartita: creencias (componente cognitivo), emociones (componente afectivo) y conductas (componente conductual) (Bizer 2004), elementos cuya discreción ha sido comprobada empíricamente, pero que se encuentran estrechamente interrelacionados. La función principal de las actitudes es la de actuar como evaluaciones preelaboradas disponibles para hacer más eficiente, flexible y adaptable nuestra interacción con los estímulos del entorno (Olson y Kendrick 2008).

La aplicación del concepto de actitud en las ciencias del lenguaje cuenta ya con una larga tradición, que se remonta a la década de 1970 (Garrett 2010). Los hallazgos de los estudios de actitudes lingüísticas en diversos ámbitos han iluminado diversos problemas, entre los cuales se encuentran el cambio lingüístico y la revitalización y mantenimiento de lenguas amenazadas. Asimismo, han contribuido a comprender problemas de índole no lingüística, sino social: de acuerdo con Edwards (2011: 61), las percepciones y evaluaciones del lenguaje constituyen "ventanas" a través de las cuales podemos observar la vida social. Una de las conclusiones fundamentales de los estudios de actitudes lingüísticas, en efecto, es que las valoraciones de variedades lingüísticas reflejan percepciones sociales de los hablantes de dichas variedades y en realidad no tienen que ver estrictamente con las características mismas de las variedades en cuestión (Edwards 2011).

En relación muy estrecha con las actitudes hacia el lenguaje, en los últimos años ha crecido el interés por las ideologías lingüísticas, esto es, sistemas o conjuntos de creencias acerca del lenguaje, los cuales reflejan usualmente los intereses político-económicos de determinados grupos de la sociedad (Kroskrity 2010). El punto de encuentro entre ideologías y actitudes lingüísticas corresponde al componente cognitivo de estas últimas, es decir, las creencias acerca del lenguaje que las motivan. En la ideología lingüística hispánica, caracterizada por Del Valle y Gabriel-Stheeman (2002) como monoglósica (pues defiende el monolingüismo y el monodialectalismo, en perjuicio del respeto por la variedad), ocupan un lugar central los conceptos de unidad y de corrección idiomàtica. En particular, puede presumirse que la mayor o menor corrección que los sujetos inmersos en esta cultura lingüística perciben en ciertos rasgos idiomáticos o en variedades del español los predispone a valorar dichos rasgos o variedades de manera positiva (a mayor corrección) o negativa (a menor corrección). Además de la corrección, dimensión perteneciente al ámbito cognitivo, la dimensión del agrado (vinculada al componente afectivo) ocupa un lugar principal en las actitudes lingüísticas de los hablantes de diversas comunidades. Aunque no existan ideas o conocimientos previos sobre un hablante o su variedad lingüística, es posible observar reacciones de naturaleza emocional hacia su forma de hablar, tales como la de considerar que suena agradable o desagradable. En cuanto a la similitud, es razonable suponer que, si un sujeto considera un objeto lingüístico (un rasgo o variedad) como similar al que es propio de su grupo se sentirá identificado con él y, consecuentemente, tendrá una actitud positiva hacia el mismo. A la inversa, si percibe el mismo objeto como diferente, no tendrá una base para la identificación y desarrollará una disposición negativa hacia él. Esto se condice con la tendencia sociosicológica denominada favoritismo intragrupal y es congruente con el hallazgo de los estudios sobre acomodación lingüística que señala que, en general, los seres humanos tendemos a preferir a quienes son parecidos lingüísticamente a nosotros (Edwards 2011). De este modo, en el sistema ideológico-lingüístico de la cultura hispanohablante, las nociones de corrección, agrado y similitud configuran actitudes de acuerdo con una matriz en que la percepción de una variante o rasgo lingüístico como correcto, agradable o similar conlleva actitudes positivas, mientras que su percepción como incorrecto, desagradable o diferente motiva actitudes negativas (Rojas 2012a).

La investigación sobre actitudes lingüísticas en situaciones de migración se justifica por la importancia de las actitudes en los procesos de integración social, es decir, los procesos en que "grupos étnicos o sociales diferentes llegan a compartir valores dentro de una comunidad y a establecer relaciones de interdependencia" (Moreno Fernández 2009b: 131). Como señala este mismo autor, la actitud "es consecuencia y parte de un proceso de construcción intersubjetiva que es esencial para la integración" (Moreno Fernández 2009b: 135). Lo mismo se cumple en el caso del lenguaje: las actitudes hacia lenguas o variedades son elemento constitutivo del proceso de integración. Moreno Fernández (2009b), por otra parte, propone distinguir entre integración lingüística e integración sociolingüística: la primera solo requiere conocer la lengua del lugar de llegada, mientras que la segunda exige manejar pautas sociolingüísticas y comunicativas propias de la comunidad de acogida. La integración completa requiere del logro de la integración sociolingüística, y es en esta, precisamente, donde juegan un rol central las actitudes. De esta manera, es imprescindible "el estudio de las actitudes lingüísticas, tanto de la población inmigrante como de la población residente. [...] Ello es esencial para conocer los procesos de asimilación y tolerancia" (Moreno Fernández 2009b: 150).

3. METODOLOGÍA

En nuestro estudio participaron 400 individuos, distribuidos en grupos sociodemográficos1 según se muestra en la tabla 1:

Tabla 1. Distribución de los sujetos de la muestra según estrato socioeconómico (bajo, medio, alto), grupo etario (20-34, 3554, 55 o + años) y sexo (H = hombre, M = mujer)

Todos los encuestados vivían, al momento de la encuesta, en el núcleo urbano del Gran Santiago desde hace 20 años o más (la mayor parte lo ha hecho toda su vida). Aunque no asignamos una cuota de acuerdo con la representatividad demográfica de cada comuna, la mayoría provenía de un grupo de comunas que resultan prototípicas de cada estrato social. Así, por ejemplo, la mayor parte de los individuos de estrato alto proceden de Vitacura, Las Condes y Lo Barnechea, mientras que la mayor parte de los de estrato bajo proceden de La Pintana, Cerro Navia, San Ramón y Quilicura.

Para medir las actitudes lingüísticas de los sujetos utilizamos el método directo. En este enfoque metodológico, a los encuestados se les pregunta directamente por sus preferencias, opiniones, evaluaciones, etc., sobre el lenguaje, es decir, la indagación se fundamenta en la elicitación manifiesta de actitudes (Garrett 2010). El instrumento utilizado consistió en un cuestionario de 40 preguntas, las que, fueran de respuesta cerrada o abierta, permitían que los encuestados explicaran la razón de sus respuestas. Los datos presentados en este artículo provienen principalmente de cuatro secciones del cuestionario. En primer lugar, corresponden a las respuestas ofrecidas por los encuestados a las preguntas 14 y 15 del cuestionario, donde se les pedía que mencionaran un país donde se hablara el español más correctamente y más incorrectamente, de manera respectiva. En segundo lugar, los datos relativos al agrado provienen de la pregunta 26, donde se pidió mencionar, en orden de preferencia, tres países donde a los encuestados les gustaba cómo se hablaba el español, y del ítem 31, consistente en una escala de acuerdo tipo Likert en que se solicitó a los participantes expresar su grado de acuerdo (según escala de 5 puntos) con la afirmación "Me agrada la manera de hablar en [nombre de país hispanohablante]". En tercer lugar, los datos acerca de la similitud percibida en otras variedades respecto de la propia corresponden a las preguntas 29 y 30, en que se pedía mencionar tres países en que los encuestados sintieran que se hablaba parecido o diferente a como ellos mismos hablaban, respectivamente. Finalmente, las asociaciones con conceptos extralingüísticos fueron elicitadas mediante el ítem 28, en que se listaban 11 conceptos (cariño, enfado, tecnología, elegancia, vulgaridad, sentido del humor, bajos recursos económicos, altos recursos económicos, confianza en el trato, respeto y autoridad), más una casilla abierta para ser completada con conceptos sugeridos por el propio encuestado, y se pidió asociar a cada uno de ellos la forma de hablar español de uno o más países.

El cuestionario fue aplicado a los sujetos por tres colaboradoras, licenciadas con especialización en lingüística o profesoras de lenguaje, entre marzo y noviembre de 2010. Las colaboradoras encuestaron a los individuos en sus lugares de trabajo, en sus hogares o en lugares públicos, poniendo por escrito las respuestas en el formulario, con total fidelidad a las palabras de cada encuestado. La aplicación de cada encuesta demoró 20 minutos en promedio.

Una vez finalizada la recolección de datos, estos fueron ingresados a un formulario electrónico (de SurveyXact) desarrollado especialmente para el proyecto, que permitió automatizar el análisis cuantitativo de los datos. En el caso de las preguntas de respuesta abierta, realizamos primero un análisis cualitativo identificando categorías emergentes en los datos y luego estas categorías fueron cuantificadas.

4. PRESENTACIÓN Y DISCUSIÓN DE RESULTADOS

4.1. Corrección

Perú ocupa el primer lugar de preferencias en cuanto a los países que los santiaguinos piensan que hablan el español de manera más correcta, con un 37,8% de las respuestas, seguido por España (28,8%) y Colombia (9,5%). Las razones que los encuestados entregan para preferir Perú aluden principalmente a su pronunciación y vocabulario. En cuanto a la pronunciación, señalan que los peruanos "pronuncian bien", "modulan mejor/más lento/más pausado (que en Chile)", "marcan todas las letras" y "pronuncian/no se comen las eses". En cuanto al vocabulario, les atribuyen riqueza léxica y poca presencia de modismos, muletillas y vulgaridades. A los colombianos, igualmente, les atribuyen mayor corrección por su pronunciación: "pronuncian todas las letras", "pronuncian bien la ese", "modulan", "hablan pausado", "es entendible", "se entiende lo que hablan", es "bonita"; y por su vocabulario: "tienen mucho vocabulario", "no usan malas palabras", "tienen pocos modismos", "no tienen tantas palabras propias, muletillas o garabatos". Adicionalmente, algunos encuestados aluden al respeto y cortesía que perciben en el habla colombiana, lo que algunos ejemplifican con el uso del pronombre usted en contextos donde los chilenos usarían normalmente tú.

En cuanto a los países hispanohablantes a los que los santiaguinos atribuyen mayor incorrección lingüística, se da la situación paradójica de que Perú ocupa el cuarto lugar, con un 7,5% de preferencias, solo por debajo de Bolivia (9,8%), Argentina (19,5%) y Chile (29,3%). Curiosamente, las razones que los santiaguinos aducen para atribuir incorrección a los peruanos son similares a las que usaban en el caso contrario: pronunciación y vocabulario. Mencionan con mayor frecuencia la pronunciación, que consideran poco clara (señalan, por ejemplo, que "sesean mucho", es decir, que pronuncian muy marcadamente la /s/) y a su acento o entonación. Asimismo, opinan que en Perú se modula mal, se habla muy rápido y con un volumen de voz muy bajo. En cuanto a vocabulario, las razones de tipo léxico, censuran el uso de modismos, indigenismos y muletillas. Uno de los informantes critica el uso de diminutivos. Otros reconocen abiertamente que su opinión se fundamenta en razones extralingüísticas ("no tienen educación", "no me gustan estas gentes", "es un español sumiso") o lingüísticas pero imprecisas ("no hablan igual que nosotros"). Los argentinos, por otra parte, son objeto de crítica principalmente por su vocabulario: se percibe en ellos un uso excesivo de modismos, groserías y muletillas, así como poca riqueza léxica. También recibe atención el plano gramatical: uso de terminaciones verbales voseantes del tipo andá, comé y vení, que los informantes denominan "cambio de acentos", y el uso generalizado del pronombre vos. Por último, reciben críticas por su pronunciación, como por ejemplo la /y/ "estridente", o por su volumen excesivo de la voz y ritmo apresurado. Los santiaguinos encuestados mencionan, además, que el habla argentina tiene un tono "demasiado cantado" y "copiado a los italianos". Por último, su forma de hablar se percibe como de tono agresivo e irrespetuoso y poco cortés.

4.2. Agrado

Los encuestados consideran que los colombianos hablan de modo más agradable que cualquier otro país hispanohablante. En una escala de agrado tipo Likert que va de 1 (muy desagradable) a 5 (muy agradable), los santiaguinos puntúan a Colombia con un 4,21, lo que sitúa su forma de hablar dentro del intervalo "muy agradable" (4 a 5), seguida de cerca solo por los acentos de España (4) y de Chile (3,94). El habla de Perú solo obtiene un 3,61 (= "agradable"), ubicándose en el undécimo lugar de la escala. Argentina, por otra parte, ocupa el antepenúltimo lugar, con un 3,14. Debe tenerse en cuenta, que el 3,14 de Argentina supera solo levemente el umbral de lo "agradable", casi quedando dentro de lo "indiferente". Cabe destacar, además, que algunos de estos puntajes varían de acuerdo con estratos socioeconómicos. En el estrato bajo, Argentina alcanza solo un 2,65 (cercano a lo "desagradable"), pero en el estrato alto alcanza un puntaje muy alto, de 4,43 ("muy agradable"). El español peruano, de manera similar, alcanza un 3,04 en el estrato bajo (justo en el límite entre "indiferente" y "agradable"), pero mejora notoriamente su valoración en los estratos medio y alto (4,04 y 4,08, respectivamente).

Otro ítem del cuestionario empleado estaba destinado igualmente a medir el agrado de los encuestados. En este, Perú obtuvo un 4,21, Colombia un 4,13 y Argentina un 3,99. Al igual que en el ítem anterior, se observa un incremento del agrado hacia el habla peruana en la medida en que se asciende en la escala socioeconómica: estrato bajo 3,88, medio 4,36 y alto 4,45.

4.3. Similitud

Los resultados numéricos del ítem destinado a saber qué países consideran los santiaguinos que hablan de manera más similar o distinta a ellos mismos no pueden considerarse concluyentes, por su poca sustancia numérica, pero será interesante, de cualquier modo, sopesarlos en el marco del perfil general que estamos esbozando en este artículo.

Perú ocupa el primer lugar en percepción de similitud lingüística con un 15,5%. Argentina alcanza un 10,9% de preferencias, y Colombia no logra un porcentaje significativo de respuestas. Uno de los encuestados considera el habla peruana similar a la chilena debido a que "no tienen un acento tan marcado", y otro especifica que se trataría solo del sur del Perú. En cuanto a Argentina, un sujeto señala que en dicho país "tienen tantos modismos como en Chile" y otro encuestado precisa que la similitud se nota si no se considera el acento. Otros individuos hacen especificaciones: la similitud se daría solo en la clase alta de ambos países o bien en enclaves específicos como Córdoba y Mendoza. El español de Perú es mencionado especialmente por sujetos de estrato alto.

En cuanto a la percepción de diferencia lingüística, Argentina lidera la escala con un 16,2%. Perú, paradójicamente, ocupa el cuarto lugar con un 10,1%, y Colombia queda en la sexta posición con un 7,6%. En este caso, los encuestados omitieron sus razones. El habla de los argentinos es sentida como diferente especialmente por parte de sujetos de estrato bajo, y lo mismo sucede con el español peruano.

4.4. Asociaciones

En otra tarea del cuestionario, a los encuestados se les mencionó una serie de características extralingüísticas que pertenecían bien a la esfera valorativa del estatus (enojo, tecnología, elegancia, altos recursos económicos, respeto, autoridad) o bien a la de la solidaridad (cariño, vulgaridad, humor, bajos recursos económicos, confianza), y se les pidió que mencionaran un país con cuya forma de hablar español asociaran cada una de estas características. El español peruano tuvo porcentajes relativamente elevados en respeto y en bajos recursos económicos; Colombia en cariño y confianza; Argentina en enojo, autoridad, elegancia, vulgaridad y confianza.

Finalmente, se les pidió que hicieran otras asociaciones libres con la forma de hablar de cada uno de los países hispanohablantes. Perú no fue objeto de asociaciones en esta instancia. Colombia fue asociado principalmente con características positivas de tipo afectivo: alegría, amabilidad (dos menciones), amistad, carisma, disfrute, espíritu libre, fiesta, personalidad, sabor y sensualidad (dos menciones), pero asimismo, aunque muy minoritariamente, con el estereotipo negativo de la violencia (dos menciones). Argentina, en cambio, fue asociado principalmente con características negativas: adulación, arrogancia,jactancia (dos menciones), charlatanería, corrupción, desconfianza, desorden, fanfarronería, intolerancia, ironía, mal hablados,prepotencia, soberbia (cinco menciones) y vanidad, aunque también recibe asociaciones positivas, principalmente relacionadas con el estatus: alegría (cuatro menciones), buen vestir, carácter, cultura, desplante, diversidad, seguridad (tres menciones), simpatía (dos menciones) y urbanidad.

4.5. Discusión

La figura 1 intenta esquematizar de manera sintética las actitudes lingüísticas descritas en el presente estudio. En este esquema mostramos, en cada franja horizontal, el lugar relativo que ocupan las variedades en el continuo entre la actitud positiva y la negativa. Así, por ejemplo, en la franja del agrado, tanto Colombia como Perú se encuentran orientados hacia el polo positivo, pero Colombia tiene una valoración positiva mucho más acentuada que la de Perú. En la misma franja, Perú y Argentina tienen puntajes relativamente cercanos, pero el de Perú se encuentra en el sector positivo, mientras el de Argentina en el sector negativo:

Figura 1. Actitudes hacia dialectos del español usados por inmigrantes en Santiago de Chile

La figura 1 muestra que el dialecto colombiano es objeto de actitudes positivas de manera muy predominante. En primer lugar, es percibido como uno de los más correctos y no aparece entre los dialectos considerados como incorrectos, a diferencia de la variedad peruana (como veremos más adelante). En segundo lugar, es considerado muy agradable. Estas valoraciones positivas se ven reforzadas por la asociación de este dialecto con conceptos no lingüísticos positivos y de índole principalmente afectiva.

El español peruano, en cambio, es objeto de actitudes ambivalentes que, en nuestra opinión, lo dejan en una especie de "limbo" valorativo. En la figura 1, este se refleja en que ocupa un lugar que siempre ronda en torno a la línea vertical central. A pesar de ser considerado por la mayoría como la variedad más correcta del español, es igualmente considerada como la más incorrecta por un grupo de los encuestados, lo cual aminora la fuerza positiva de la primera valoración. En cuanto al agrado, el dialecto peruano se ubica en un punto intermedio de la escala, que cae dentro del punto medio de lo agradable, pero que podría explicarse simplemente por la conocida tendencia de los participantes en este tipo de estudios a evitar hacer valoraciones negativas de manera abierta. En cuanto a la similitud, es percibido como el dialecto más similar al propio de los encuestados, pero lo exiguo de los porcentajes no permite sacar conclusiones certeras en este caso. Las asociaciones, finalmente, también dan cuenta de valoraciones ambivalentes: por un lado, es asociado con bajos recursos económicos, concepto de polaridad negativa, pero, por otro, es asociado con el respeto, de polaridad positiva.

El español argentino, finalmente, es objeto de valoraciones principalmente negativas. Esto se aprecia, primero, en su consideración como una de las variedades más incorrectas. Segundo, se puede observar en que apenas logra superar el punto de la indiferencia en la dimensión del agrado. Por añadidura, es percibido como muy distinto del habla propia de los encuestados y es asociado predominantemente con conceptos de polaridad negativa.

En nuestra opinión, en las actitudes señaladas influyen dos factores principales: (1) el perfil lingüístico de cada uno de los dialectos considerados y (2) el estatus social que los encuestados perciben en cada uno de los grupos que hablan dichos dialectos en Chile. Es en este segundo factor donde cobra especial relevancia la presencia de inmigrantes de cada uno de estos orígenes en la comunidad lingüística santiaguina.

En cuanto al perfil lingüístico, la historia cultural de la comunidad hispanohablante se ha construido sobre la base de un modelo de lengua centrado en la variedad culta peninsular y codificada en las obras de la Real Academia Española (Guitarte 1991). Aunque han pasado ya un par de siglos desde los procesos independentistas, en Chile el modelo de lengua ideal de los santiaguinos sigue teniendo un carácter lingüísticamente conservador y claramente asociado al dialecto metropolitano de España, según revela el estudio de Rojas (2012b). Esto se aprecia, por ejemplo, en que el modelo ideal de lengua de estos sujetos tiene consonantismo conservador: conserva la /s/ implosiva y la /d/ intervocálica, entre otras características. No es coincidencia que los dialectos de Perú y Colombia, entonces, sean considerados entre los más correctos, pues sus formas estereotípicas (basadas en el habla de sus capitales respectivas) tienen consonantismo conservador. El español de Argentina, en cambio, se caracteriza por ser sumamente innovador en el consonantismo, como revela la generalización de la aspiración o pérdida de /s/ implosiva y el yeísmo rehilado característicos de la variedad rioplatense (Moreno Fernández 2009a). Esto explicaría el que sea considerado por nuestros encuestados como uno de los dialectos más incorrectos.

Por otra parte, el estatus social percibido en los hablantes de estas variedades motiva que el español peruano sea objeto de actitudes negativas que contrapesan su valoración como el dialecto más correcto. Como señalamos en los antecedentes, la inmigración peruana en Santiago suele ocupar los nichos inferiores de la escala socioeconómica. De este modo, en la valoración del español de Perú influye el estatus social de los peruanos inmigrantes. Debe tenerse en cuenta, igualmente, que en el Chile actual la pertenencia a un estrato social determinado marca fuertemente la tendencia a valorar de manera positiva o negativa a las personas (Sabatini y Brain 2008). De este modo, a pesar de que el perfil lingüístico del español peruano corresponde en líneas generales con las características del español correcto ideal, para varios de los encuestados esto no es obstáculo para valorarlo negativamente, pues tiene más peso la valoración social negativa que se hace de sus usuarios.

En el caso de los colombianos, quizá lo reciente de su inmigración hace que predomine la percepción lingüística por sobre una percepción social cuya polarización se ve dificultada por la heterogeneidad socioeconómica de este grupo de inmigrantes. En el caso de los argentinos, también presentan dicha heterogeneidad socioeconómica, por lo cual puede pensarse, igualmente, en un predominio de la percepción del perfil lingüístico. No obstante, las asociaciones revelan que algo de actitud positiva hay hacia el habla de este grupo, y que se relaciona fundamentalmente con la percepción de estatus. De este modo, la propuesta de Salamanca (2010), corroborada por San Martín (2011), que postula un prestigio encubierto para el habla argentina entre los chilenos, es coherente con nuestros resultados.

5. CONCLUSIONES

La motivación de nuestro trabajo era contribuir con elementos iniciales para una exploración de las actitudes lingüísticas que los chilenos muestran hacia las variedades dialectales usadas por inmigrantes hispanohablantes provenientes de Perú, Argentina y Colombia, y encontrar pistas respecto de cómo estas actitudes podrían influir en el proceso de integración social de dichos grupos de inmigrantes. De acuerdo con nuestros datos, los colombianos son quienes se encuentran en mejor posición de alcanzar una integración social exitosa, si se tiene en cuenta únicamente el aspecto lingüístico-social de dicha integración. Los santiaguinos muestran actitudes positivas generalizadas hacia su forma de hablar. Con los peruanos, en cambio, la situación es más complicada: a pesar de que el perfil lingüístico de su dialecto puede llevar a actitudes positivas, su estatus social hace un fuerte contrapeso en dirección al polo negativo. El acento peruano, de esta manera, puede llegar a ser un signo identificador negativo para los santiaguinos, y puede convertirse así en un obstáculo para la integración sociolingüística de los hablantes de dicha variedad. El caso argentino presenta la particularidad de que, por corresponder a una instancia de prestigio encubierto, podría revelar discordancias entre discursos y prácticas. De este modo, a pesar de que en el nivel explícito existan actitudes negativas hacia el español argentino, en los hechos el acento argentino probablemente no sea percibido tan negativamente por los chilenos, como muestra la constante adopción de elementos de la variedad argentina por parte de la variedad chilena, lo que da cuenta del rol de modelo que ejerce la primera para la segunda.

Esperamos que esta aproximación preliminar al problema de las actitudes lingüísticas hacia el lenguaje de los inmigrantes en Chile sirva para estimular la investigación en torno a dicha temática que se proyecta como de gran relevancia para el futuro. Como es evidente, las investigaciones siguientes podrían mejorar el método empleado en nuestro estudio y plantear de manera explícita la condición de inmigrante que tienen los hablantes de estas variedades, con el fin de afinar la precisión de las respuestas que se puedan obtener. Asimismo, consideramos que es necesario enriquecer cualitativamente los datos mediante trabajo de tipo etnográfico que permita superar lo escueto de las respuestas que se pueden conseguir a través de simples cuestionarios. Por último, es imperativo indagar en cómo estos propios grupos de inmigrantes construyen su identidad lingüística en el marco de la sociedad receptora, detectando sus actitudes tanto hacia sus propias formas dialectales como hacia las de la sociedad receptora.

 

NOTAS

* Esta investigación se enmarca en el proyecto NFR-193742, Linguistic Identity and Attitudes in Spanish-speaking Latin America - LIAS (Identidady actitudes lingüísticas en Hispanoamérica - LIAS), financiado por el Consejo Noruego de Investigación (Research Council of Norway).

** Para correspondencia, dirigirse a: Darío Rojas (darojas1@miuandes.cl), Universidad de los Andes, Instituto de Literatura, Monseñor Alvaro del Portillo 12455, Las Condes, Santiago, Chile, o Tania Avilés (taviles@ug.uchile.cl), Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades, Programa de Magíster en Lingüística, Av. Capitán Ignacio Carrera Pinto 1025, Ñuñoa, Santiago, Chile.

1 La representación de cada uno de los estratos y grupos es proporcional a la que tienen en el universo de la población de Chile, según el censo nacional de 2002 (www.ine.cl). Las proporciones son las siguientes: estrato alto = 11%, estrato medio 44,5%, estrato bajo 44,5%; 20-34 años = 36%, 35-54 años = 40,5%, 55 años o más = 23,5%; hombres = 48%, mujeres = 52%. Para la determinación de los estratos socioeconómicos empleamos los datos de ICCOM (Instituto Consultor en Comercialización y Mercado Limitada), en su versión del año 2007 (tablas disponibles en www.iccom.cl). Las equivalencias y proporciones empleadas en nuestra investigación son las siguientes: estrato alto = ABC1; estrato medio = C2 + C3; estrato bajo = D + E. ICCOM clasifica a los sujetos de acuerdo con los siguientes criterios: barrio, tipo de vivienda, nivel educacional, profesión y actividad del jefe de hogar, ingreso familiar y posesiones.

 

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Recibido: 31/08/13, Aceptado: 07/10/13.

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