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Psicoperspectivas

versão On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas vol.20 no.1 Valparaíso mar. 2021

http://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-vol20-issue1-fulltext-2001 

Artículos de Investigación

Representaciones de la clase alta en Chile: La construcción de la categoría “cuicos/as”

Representations of the upper class in Chile: The construction of the “cuicos/as” category

Claudia Jordana Contreras1  * 

1Universidad Alberto Hurtado, Santiago, Chile

Resumen

Este artículo presenta los resultados de una investigación empírica sobre un apelativo utilizado en Chile para nombrar a los miembros de la clase alta: los cuicos. A partir de una metodología cualitativa basada en 64 entrevistas y seis grupos de discusión desarrollados con hombres y mujeres pertenecientes a distintos estratos socioeconómicos y de distintas edades, en la ciudad de Santiago, analizamos los significados asociados a esta palabra y, de esta manera, las percepciones y representaciones sobre la clase alta en Chile. El análisis muestra que la palabra tiene distintos significados, asociados a la pertenencia de clase, por una parte, y a una actitud de pretendida superioridad, por otra. A través de su uso, los individuos manifiestan representaciones negativas de la clase alta, trazando fronteras sociales y culturales, pero también raciales y sobre todo morales, con respecto a sus miembros.

Palabras clave: categorización social; clase alta; clases sociales; desigualdad social

Abstract

This article presents the results of an empirical investigation on a denomination used in Chile to name the members of the upper class: the cuicos. Using a qualitative methodology based on 64 interviews and 6 discussion groups conducted with men and women belonging to different social classes and of different ages in Santiago city, we analyzed the meanings associated with this word and, therefore, the perceptions and representations of the upper class in Chile. The analysis shows that the word has different meanings, associated with a sense of class belonging, on the one hand, and an attitude of alleged superiority, on the other. Through its use, individuals manifest negative representations of the upper class, drawing social and cultural boundaries, but also racial and above all, moral bounds ones with respect to their members.

Keywords: social categorization; social class; social inequality; upper class

En Chile, la desigualdad social persistente (Espinoza et al., 2013; Rodríguez Weber, 2017) y la concentración de la riqueza económica (López & Sturla, 2020) ha llevado a muchos investigadores a preguntarse por el carácter y las transformaciones de la clase dominante en el país (Atria et al., 2017). Entendiendo que se trata de un actor clave para comprender las dinámicas de cambio o reproducción social, los estudios desarrollados en el último tiempo no solo han analizado la fuerte concentración de la riqueza en manos de este grupo, sino también su clausura en términos de movilidad social (Espinoza et al., 2013; Espinoza & Núñez, 2014), y las redes de poder que mantiene (Joignant & Güell, 2011; PNUD, 2004).

Por otra parte, también han recibido atención sus comportamientos sociales y culturales, como la íntima relación que ha entretejido con movimientos religiosos conservadores y elitistas (Thumala, 2007), y la persistencia de un “sentimiento aristocrático” que animaría sus conductas y visión de mundo (Stabili, 2003). Asimismo, se ha estudiado su fuerte cohesión como clase dominante, así como también sus estrategias de cierre o clausura social, atendiendo a los espacios en los cuales reproduce sus redes de sociabilidad, como los barrios (Rasse, 2015), matrimonios (Huneeus, 2013) y particularmente los colegios (Bellei et al., 2020; Gayo et al., 2019; Ilabaca & Corvalán, 2020; Madrid, 2016).

Sin embargo, si bien se ha avanzado bastante en el conocimiento que tenemos sobre los comportamientos y representaciones de los grupos dominantes, menos atención ha recibido la visión que el resto de la sociedad tiene sobre la élite económica. Ámbito de análisis que resulta sumamente relevante, no solo desde el punto de vista académico, sino también en términos públicos, si pensamos en las posibilidades de articulación de discursos críticos con respecto a la desigualdad y la concentración del poder socioeconómico. Esta relevancia se ve reafirmada con la nueva ola de movilizaciones desarrolladas desde octubre del año 2019 que han vuelto a situar la desigualdad, y los abusos que esta conlleva, como uno de los principales puntos críticos del modelo de desarrollo chileno (Araujo, 2020; Mac-Clure et al., 2020). Entender a las élites socioeconómicas, y entender cómo éstas son percibidas por la sociedad, puede ser de gran ayuda a la hora de descifrar los procesos que se están viviendo en Chile en el último tiempo.

Una línea de investigación ha intentado hace algunos años avanzar en ese sentido apoyándose en los aportes teóricos de Bourdieu (1979) y la sociología cultural de Lamont (1992; 2009). A través de metodologías cualitativas y cuantitativas, y en el marco de una pregunta más amplia sobre los mecanismos de crítica y legitimación de la desigualdad, se han abordado los mapas mentales y clasificaciones sociales realizadas por los individuos en su representación pragmática del mundo social (Mac-Clure et al., 2015, 2016, 2019). En este contexto, han sido analizados algunos aspectos de las representaciones de la élite económica, que dan cuenta de la mirada positiva que tiene la sociedad sobre sus miembros. Estos son muchas veces vistos como objeto de admiración, y sus comportamientos y gustos culturales valorados como elementos a imitar (Castillo, 2013; Figueroa & Illarramendi, 2012).

Sin embargo, también desde estos estudios se ha destacado la existencia de visiones críticas con respecto a los grupos dominantes, en particular en lo que concierne al mérito de su posición y al trato que esta mantiene con el resto de la sociedad. Un estudio particularmente significativo a este respecto es el de Mac-Clure, Barozet y Moya (2015a). A partir de la aplicación de un juego de cartas, los autores analizaron cómo las élites son percibidas y juzgadas por miembros de la clase media. Distinguiendo entre dos tipos de élites según su origen tradicional o reciente, los autores dieron cuenta de la existencia de juicios críticos frente a ellas, en especial frente a la élite tradicional, y en menor medida frente a la élite reciente.

El presente trabajo se inserta en esta línea de investigación, intentando dar cuenta de cómo la sociedad percibe a la élite o “clase alta” , pero no a partir del análisis de un juego de cartas, ni de una representación abstracta de lo que élite o clase alta significa para los individuos, sino a partir del estudio de cómo éstos mismos, en su representación cotidiana del mundo social, nombran a este grupo o a determinados individuos que forman parte de él. En este artículo analizamos la construcción de la categoría “cuicos/as”, categoría surgida en Chile en los años 1990, y utilizada de manera bastante transversal en la sociedad chilena, como una ventana que nos va a permitir comprender cómo la sociedad en su conjunto percibe y establece diferencias con respecto y al interior de la clase dominante.

Al tratarse de una palabra fuertemente cargada en términos valorativos, una denominación construida a partir de estereotipos y prejuicios, ha sido por lo general excluida de los estudios sociológicos que han abordado a las élites. Sin embargo, veremos que justamente porque proviene del habla común, es capaz de expresar lo que está en juego en las relaciones entre las clases o estratos sociales (Bourdieu, 1979; Goblot, 2010).

Por otra parte, es interesante notar que el uso de este tipo de categorías no es exclusivo de Chile, habiendo en otros países latinoamericanos distintas denominaciones para referirse a los mismos -o similares- grupos: los “gomelos” en Colombia, los “fresas” en México o los “chetos” en Argentina. Inversamente, también existen en Chile y en otros países otro tipo de categorías utilizadas para referirse a otros grupos o personajes sociales, identificados ya no con la clase alta, sino con los grupos marginales o las clases bajas peligrosas, como los “flaites”, los “ñeros” o los “chorros” . Por lo tanto, la relevancia de este estudio va más allá del caso chileno, ya que nos habla de prácticas de categorización y estigmatización social en base a la clase social que parecen ser comunes en contextos de marcadas desigualdades socioeconómicas.

De esta manera, la pregunta de investigación que nos planteamos aquí tiene que ver con intentar dilucidar quiénes son los cuicos/as en Chile, o más específicamente, qué significa ser identificado y catalogado como cuico/a en el Chile actual. Dado que este objeto de investigación no ha sido abordado en estudios previos, lo que se pretende, en primer lugar, es identificar los distintos significados asociados a la palabra cuico. Pese a la transversalidad en el uso de esta categoría, sus significaciones varían dependiendo del punto de vista del hablante, y para alguien de estrato alto, la denominación cuico no implica exactamente lo mismo que para alguien de estrato medio o bajo. Por eso, los sujetos considerados en esta investigación comprenden a hombres y mujeres, habitantes de la ciudad de Santiago, pertenecientes a distintos estratos socioeconómicos y de distintas edades.

A continuación, presentamos brevemente el marco de referencia y la metodología adoptada en nuestra investigación. Posteriormente, revisamos los principales resultados obtenidos, refiriéndonos por un lado a la comprensión general del significado de la categoría cuico, y por otro a su significación en términos de las representaciones existentes entre los distintos estratos sobre la élite socioeconómica en Chile. Finalmente, concluimos resaltando la importancia de abordar este tipo de categorías en tanto constitutivas de fronteras simbólicas entre los grupos.

La categoría cuico puede ser entendida a partir de la idea de representaciones sociales (Jodelet, 2015; Lynch, 2020; Moscovici, 1982). Si bien existen distintas definiciones de las representaciones sociales, hay cierto consenso en que consisten en “sistemas de opiniones, conocimientos y creencias propias de una cultura, categoría o grupo social y relativas a objetos del contexto social” (Rateau & Le Monaco, 2013, p. 24). En una sociedad diferenciada existen sistemas de ideas compartidos por el conjunto social, pero también ideas y valores propios a cada grupo y que dan cuenta de sus modos particulares de pensamiento e integración en la vida social (Moscovici, 1982). En ese sentido, la categoría cuico debe ser aprehendida en la pluralidad de significados que puede tener asociados.

Por otra parte, también es importante considerar que las representaciones que son objeto en este trabajo no son representaciones “expertas”, científicas o institucionales, sino representaciones que podríamos llamar “profanas” o “pragmáticas” (Mac-Clure & Barozet, 2014), consisten en clasificaciones que no tienen la rigurosidad científica de las taxonomías expertas, sino que sus contornos son más bien borrosos y su carácter dinámico y cambiante (Rosch & Lloyd, 1978). Son categorizaciones que se constituyen en el sentido común, nacen de la experiencia práctica y cotidiana de los individuos, y su objetivo es simplificar la información proveniente del entorno para permitirnos actuar (Tajfel, 1981).

La categoría cuico, al igual que otras categorías de este tipo, surge precisamente como una manera de expresar las diferencias y jerarquías sociales que los individuos experimentan todos los días. Surge, por lo tanto, como un marco de referencia que permite ordenar y clasificar, de manera inmediata y prereflexiva a los “otros”, personas desconocidas, que se encuentran en la interacción cotidiana. Efectivamente, este tipo de categorías están cargadas de estereotipos, prejuicios y tipificaciones que son asumidos sin mayor reflexividad por los sujetos que las movilizan (Jodelet, 2015). Son incorporadas de manera pre-reflexiva como esquemas de percepción del mundo social a partir de los cuales se actúa y se entra en contacto con los demás (Bourdieu, 1980).

Por último, es importante considerar que son actividades de conocimiento que no cumplen una función de puro conocimiento (Jodelet, 2015). Las representaciones sociales tienen una naturaleza a la vez constituida y constituyente, es decir, no son un mero reflejo de la realidad social, sino que participan en su construcción (Kalampalikis & Apostolidis, 2016).

En ese sentido, en la medida en que se aplican a un objeto como las clases sociales, las representaciones y categorizaciones que son nuestro objeto de análisis presentan la particularidad de estar ligadas a la cuestión de la distinción social (Bourdieu, 1979). Efectivamente, la distinción entre las clases o estratos sociales no solo se desarrolla a partir de las condiciones materiales de existencia, sino también a partir de una serie de operaciones, más sutiles, pero no por ello menos importantes, de distanciamiento cultural y simbólico.

En este contexto, el concepto de fronteras simbólicas (Lamont, 1992; 2009), es decir, las fronteras y límites que trazan espontáneamente los individuos y colectivos entre “ellos” y “nosotros” (Hoggart, 1970), a partir de ideas y juicios de valor sobre estas categorías, será de particular importancia para nuestro análisis. Efectivamente, el acto de denominación y categorización que implica el uso de una palabra como cuico supone siempre una puesta a distancia, una estigmatización (Goffman, 2006) y, en definitiva, el trazado de una frontera, entre ciertos grupos o individuos y otros. Ahora bien, como veremos, esta estigmatización no se produce aquí en el sentido habitual, hacia los más pobres, sino hacia los grupos privilegiados y dominantes en la sociedad.

Método

Los datos para nuestro análisis provienen de 64 entrevistas en profundidad y seis grupos de discusión que tuvieron lugar en la ciudad de Santiago entre los meses de diciembre 2012 y marzo 2013, y diciembre 2013 y marzo 2014. Las entrevistas individuales (E) fueron realizadas con mujeres (32) y hombres (32) provenientes de distintos estratos socioeconómicos, y pertenecientes a distintos grupos etarios (entre 18 y 68 años). Los grupos de discusión (GD) también fueron realizados con personas provenientes de distintos estratos socioeconómicos, todos fueron mixtos y la muestra estuvo restringida en este caso a personas jóvenes (18 a 35 años), que eran quienes mostraban mayor familiaridad con las categorías de habla común sobre las clases sociales.

Considerando los criterios más frecuentemente utilizados en los estudios de estratificación social (Franco et al., 2007), los estratos socioeconómicos se definieron en base a tres dimensiones: ocupación, ingresos y nivel educacional. Se conformaron cinco estratos: alto (17 entrevistados), medio alto (6 entrevistados), medio (11 entrevistados), medio bajo (9 entrevistados) y bajo (21 entrevistados). Al final de cada entrevista, se les solicitó a los entrevistados llenar una ficha con sus datos personales, incluido su rango de ingresos, y de esta manera se logró llegar a una mejor clasificación de cada uno. Para los grupos de discusión se consideraron los mismos estratos socioeconómicos. Se realizó un grupo -de cinco personas en promedio- para cada estrato, y se incluyó un sexto grupo con personas que hubieran experimentado un proceso de movilidad social ascendente a lo largo de su vida.

Complementariamente, se revisaron artículos de prensa, notas televisivas y de Internet, que aportaron información pertinente sobre estas categorías y su representación en los medios de comunicación. Este material se utilizó principalmente para contextualizar y relevar hitos importantes en la emergencia y evolución en el uso de las categorías, pero el grueso del análisis está centrado en los discursos de las personas entrevistadas.

El terreno fue realizado en su totalidad en la ciudad de Santiago, debido a la alta concentración de la población chilena en esta ciudad, su fuerte segregación socioeconómica (Sabatini et al., 2001), y la concentración residencial de la élite en determinados barrios de la capital (Rasse, 2015). Si bien las categorías como cuico existen y son utilizadas en el resto de Chile, en Santiago adquieren una significación y visibilidad particular debido a estas características.

Este artículo se inserta en una investigación más amplia, que tomó como foco principal el análisis de las representaciones asociadas a distintas clases sociales en Chile. Junto a la figura del cuico, también fue analizado el flaite, categoría representativa de las clases bajas peligrosas. Esta investigación, realizada en el marco de una tesis doctoral, pretendía construir un mapa de las distintas categorías sociales utilizadas para referirse a las clases sociales en Chile, intentando abarcar los distintos significados y usos asociados a cada una de estas palabras.

Resultados

Sobre el origen etimológico de la palabra

Cuico es una palabra que no proviene ni del español ni del mapudungun, lengua de los mapuches, principal grupo indígena del país. Gracias a los diccionarios etimológicos de Zorobabel Rodríguez (1875) y Morales Pettorino (1985), sabemos que la palabra ya existía en Chile desde el siglo XIX, y era utilizada para designar peyorativamente a los bolivianos a mediados del siglo XIX. La utilización del apelativo es de larga data en nuestro país, sin embargo, su significado no se va a asociar a la “clase alta” hasta después de 1985. El diccionario de chilenismos de 1985 todavía se refiere al cuico como “boliviano”, mientras que el Diccionario de uso del español de Chile de 2010, habla del cuico como la “persona de clase alta” (DUECH, 2010).

Una etimología popular señala que la palabra cuico provendría del mundo del hampa, y resultaría de la combinación de dos palabras, frecuentemente utilizadas como insultos en Chile, “culiado y conchetumadre”; las dos primeras sílabas de cada palabra constituirían el acrónimo “cuico” (Reutter, 2014; Wikipedia, s. f.). A pesar de la inexistencia de estudios lingüísticos que permitan confirmar la veracidad de esta hipótesis, nos parece muy interesante en tanto etimología popular, ya que da cuenta de la fuerte carga peyorativa de la palabra cuico en el contexto de la sociedad chilena actual.

Ahora bien, estas distintas explicaciones no suelen aparecer en los discursos de los entrevistados. Preguntados acerca del origen etimológico de la palabra, los entrevistados han manifestado no conocerlo, ni en su interpretación lingüística ni en su etimología popular. Es una palabra que la mayoría de los habitantes de Santiago utiliza, teniendo alguna idea de su significado, pero sin conocer su procedencia.

La definición de lo cuico: Entre la clase y la actitud

La categoría cuico/a es menos simple de lo que podría parecer a simple vista. La descripción de lo cuico, en los discursos recogidos, abarca distintas dimensiones, que van desde los rasgos físicos, más externos, hasta ciertos aspectos de carácter o de comportamiento. Pero a veces los discursos son contradictorios, y si bien hay una opinión bastante compartida de que los cuicos pertenecen a la “clase alta”, no queda tan claro si todos los miembros de esta clase son cuicos, o solo unos pocos. Esta complicación proviene probablemente del hecho que existen dos definiciones de lo cuico, que no necesariamente son complementarias: cuico refiere por un lado a una pertenencia de clase, y por otro, a una actitud, la actitud cuica. Cuando se señala “esta persona es cuica”, se puede estar aludiendo tanto a su pertenencia de clase como a su actitud. Veamos a continuación en detalle cada una de estas definiciones.

Cuando los individuos describen a los cuicos, efectivamente, uno de los aspectos que resalta de inmediato es su pertenencia a la “clase alta”. El cuico -señalan los entrevistados transversalmente- “tiene plata”, vive en los sectores acomodados de la ciudad, “en el barrio alto”. Es interesante constatar la correspondencia entre las expresiones “clase alta” y “barrio alto” particularmente en Santiago, debido a que la clase alta reside en los sectores ubicados a mayor altura en la capital. Este aspecto que puede parecer banal o una simple coincidencia, tiene en realidad una significación simbólica importante, porque contribuye a producir, a ojos de los habitantes de Santiago, la imagen de una clase alta que mira desde arriba al resto de la ciudad.

‘O sea, ellos se ubican en un sector que les permite estar en altura (…), en el sector alto de Santiago, ¿y por qué? Porque (están) arriba de los 600-800 metros, ‘la cota mil’, entonces tienen otra visión, el mundo es diferente, se ve diferente. Y estratégicamente están en los lugares más altos’ (Hombre, estrato medio, 49 años (E))

En torno a su definición como “miembro de la clase alta”, una serie de características son mencionadas, aunque menos trasversalmente. Una de estas características son sus rasgos físicos: los cuicos son más rubios, altos, delgados, tienen la piel más clara. Esta característica racial es destacada como algo que permite distinguir fácilmente a un cuico en el espacio público. El reconocimiento de los cuicos pasa, por ende, menos por la vestimenta que por algo más difícil de imitar: el color de la piel. Otra característica que permite reconocerlos fácilmente es su particular acento: los cuicos hablan “con una papa en la boca” . Un tercer aspecto que se menciona al describir la pertenencia de clase de los cuicos es su educación: más allá del nivel educacional, que en los cuicos siempre es universitario, se destaca el tipo de establecimiento al cual asisten en la enseñanza media y básica: colegio particular pagado, pero no cualquiera, sino colegios cuicos.

Es interesante señalar que la categoría de cuico no se asocia a un solo género o a una sola edad, existen cuicos y cuicas, jóvenes y viejos. Sin embargo, existen ciertos estereotipos generizados que son destacados en los discursos como ejemplos arquetípicos de los cuicos: uno de ellos es la “vieja cuica”, otro son las jóvenes cuicas llamadas “pelolais” , otro los jóvenes identificados como “zorrones” . Estos estereotipos dan cuenta de la diversidad de conductas que pueden ser atribuidas a los cuicos, y hasta qué punto es importante la dimensión de género en la construcción de estas categorías.

En cierto sentido, pese a que la dimensión económica sea muy importante, no es ella la que define al cuico, sino más bien una cierta manera de comportarse, ciertos hábitos, o en palabras de Bourdieu, un habitus. Efectivamente, para ser cuico, es necesario vivir en el “barrio alto”, veranear en ciertos lugares, haber asistido a colegios de elite, pertenecer a ciertos círculos sociales o compartir las redes que permiten el acceso al “mundo cuico”. Todas las personas que poseen poder económico no cumplen,

necesariamente, con todas estas características.

Entrevistados de todos los estratos socioeconómicos lo destacan aludiendo a la clara diferenciación que existe entre los cuicos por un lado, y los narcotraficantes y los futbolistas, por otro, caracterizados precisamente como personas que “tienen plata”, pero no tendrían “clase”.

‘Pero no todos los que tienen plata son cuicos… porque las personas que viven en una población y tienen plata porque son narcotraficantes, no tienen nada de cuicos. Tienen plata, pero no son cuicos, aunque se vayan a vivir allá (al barrio alto)’ (Mujer, 20 años, estrato medio-bajo (E))

Sin embargo, como señalamos, lo cuico no alude solo a esta pertenencia de clase, sino también a una determinada “actitud” -como señalan los entrevistados- que nos habla del comportamiento de algunos de sus miembros.

‘Generalmente uno clasifica cuico a aquella persona que nunca ha bajado de plaza Italia, que no conoce la realidad más allá de su comuna (…). Entonces muchas veces tienen una percepción de la realidad, y de aquellos que tienen menos, que lamentablemente, en muchos casos, no es la correcta. Entonces uno se encuentra con una persona muchas veces arrogante, petulante… Y más que nada el cuico se caracteriza por algo muy particular: porque se creen que son los dueños de la razón’ (Hombre, estrato medio, 27 años (E))

Tres actitudes son las que más aparecen en los discursos para describir al personaje cuico. En primer lugar, el cuico tiene una actitud arrogante, busca demostrar su poder, imponer su voluntad. En segundo lugar, tiene una actitud de ostentación de la riqueza, habla frecuentemente de sus bienes y posesiones, intentando mostrar su prestigio y posición social. Por último, y quizás el elemento más significativo de su actitud, el cuico es despectivo con quienes se encuentran en una posición inferior. Este hecho, en particular, lo vemos reflejado innumerables veces en los discursos, con la expresión que señala que el cuico es quien “mira por encima del hombro” o “ni te mira”. El cuico es ese que desprecia abiertamente o, peor aún, “no mira”, invisibilizando y humillando de esta manera a quienes pertenecen a una clase más baja.

‘El cuico a veces se cree lo máximo. [Es el] que mira así por encima del hombro, que porque andas un poquito menos vestida, “ya, a esta no hay que pescarla”. Un cuico es una persona… para mí es mirar como indiferente a la gente, como humillarla’ (Mujer, estrato bajo, 48 años (E))

Ahora bien, no todos los cuicos -entendidos como miembros de la clase alta- van a ser identificados con esta actitud cuica de pretendida superioridad. En las representaciones de los entrevistados, muchos cuicos aparecen como personas humildes, cercanas, que no tienen problemas para relacionarse con personas de clase social más baja. Al interior de la clase alta habría entonces una frontera imaginaria entre quienes tienen una actitud moralmente reprochable, es decir, quienes tienen una actitud cuica, y quienes se comportan de manera moralmente correcta, que si bien pueden ser llamados cuicos, no serían “tan cuicos” . Se puede decir, por lo tanto, que en este uso, la palabra cuico sirve para trazar una frontera moral entre los “buenos” y los “malos ricos”.

Pero las fronteras son porosas entre ambas acepciones de la palabra cuico, por lo que el paso de una a otra suele ser algo frecuente. En ese sentido, el rechazo a la clase alta depende en gran medida de hasta qué punto la “clase social cuica” puede ser identificada con la “actitud cuica”.

A continuación, veremos cómo los distintos estratos representan estas distintas imágenes de quienes son los cuicos.

Estigma y autopercepción de la clase alta

Para los entrevistados de estrato alto y medio alto que participaron en esta investigación, la palabra cuico los pone en una situación un tanto incómoda. En el entendido de que cuico es una palabra peyorativa, los miembros de estos estratos intentan desmarcarse constantemente de ella en sus discursos, y si bien en ocasiones pueden reconocerse a sí mismos como cuicos, lo harán con cierta reserva, señalando siempre que el “verdadero cuico” es otro, que “hay otros más cuicos”, o que “hay cosas mucho peores”, tal como señala esta entrevistada.

Obvio que me comparas y voy a ser cuica al lado de alguien… y yo te voy a decir “¡no, yo no soy cuica!”, pero sí, (…) aunque no quiera serlo. Porque vienes de una familia así, estudiaste en un colegio así, te mueves con gente que es cuica no más. No sé si ser cuico es algo tan malo… es como ‘chao, eris no más’ hay que asumirlo… uno lo tiende a relacionar con algo malo, como despectivo, pero hay cosas mucho peores… el arribismo también es terrible entonces… puede ser mucho más perverso (Mujer, estrato alto, 25 años (E))

El discurso en torno a lo cuico en estos sectores busca constantemente establecer una clara diferenciación entre la pertenencia de clase y la actitud. Entendido como pertenencia de clase, el hecho de ser cuico no es percibido como algo tan malo, y se establecen una serie de diferenciaciones, para marcar distancia tanto con respecto a quienes serían más cuicos, por su origen o apellido más aristocrático, por ejemplo, o quienes tendrían una actitud más cuica, en términos de ostentación, prepotencia y arrogancia. También en este intento de establecer distinciones al interior del grupo, aparecen una gran cantidad de subcategorías de cuicos: el cuico conservador, el cuico Opus Dei, el cuico “progre”, el cuico “hippie”, el cuico “zorrón”, etc., como una manera de señalar que “no todos somos lo mismo”.

Ahora bien, la diferenciación con respecto a la actitud cuica es la que adquiere mayor importancia a la hora de presentar una imagen positiva de la propia identidad, o presentarse a sí mismo como un “buen cuico”. El cuico verdaderamente despreciable es el que tiene una actitud cuica, el que ostenta su riqueza e intenta mostrarse superior. Particular importancia adquiere el tema de la ostentación, que se convierte en el eje de los discursos de los miembros de estos estratos.

‘Hay una clase alta que le gusta ostentar y, no sé, va todos los años a Miami, va a restaurantes que son como… o de mal gusto… que le gustan las cosas muy llamativas, o que tiene su casa decorada con muchos cuadros, pero es tanto que caen en lo excesivo ¿cachai?’ (Mujer, estrato alto, 35 años (E)

‘Yo trabajé con mucha gente que no tiene ingresos… y me parece que es una falta de respeto, hacia esa gente, mostrar la riqueza. Entonces nosotros siempre hemos sido iguales, siempre ‘low profile’, y siempre… lo menos ostentosos. Eso definitivamente es tradición de mi familia desde siempre’ (Hombre, estrato alto, 57 años (E)

Estamos aquí en presencia de una distinción en el sentido de Bourdieu (1979), a partir de los criterios del “buen gusto”, pero también en un sentido distinto, un sentido moral (Lamont, 1992), que nos habla de la “falta de respeto” contenida en el acto de ostentar. El “buen rico” debe mostrarse humilde, sobrio, discreto, porque la ostentación es una forma de despreciar al que no tiene o tiene menos. En ese sentido, la demostración de la riqueza aparece como falta de cultura no solo en el sentido cultural del término, sino también moral.

Por otra parte, la ostentación está directamente ligada al arribismo. El hecho de ostentar, de mostrar la riqueza, tal como se muestra en los discursos, significa “aparentar”, aparentar ser algo que no se es. En este contexto, se pone en duda el verdadero origen social de los cuicos que ostentan. La persona que siempre ha tenido no necesita aparentar nada, porque está segura de su condición, en cambio, quien acaba de ascender socialmente, quien “viene llegando a la repartición de la riqueza”, como señala el siguiente entrevistado, necesita demostrarlo.

‘Bueno, los cuicos andan mostrando, andan con las marcas, llenos de marcas por todos lados. Hablando de cosas que algunas son ciertas y otras no son ciertas. Lo que los define es la apariencia. El cuico tiene que aparentar, el que no es cuico no tiene que aparentar. (…) por eso yo creo que son los tipos de plata reciente. Que se nota que efectivamente vienen llegando a la repartición de la riqueza. Yo creo que son clases medias que les ha ido bien, y quieren hacerlo saber. El tema tiene que ver con el éxito económico reciente. No son tres generaciones de altos ingresos. Es lo que le pasó a él, y lo quiere hacer saber’ (Hombre, estrato alto, 57 años (E))

A partir de esta idea, tal como lo han demostrado los historiadores que han trabajado sobre las elites chilenas desde el siglo XIX (Stabili, 2003; Vicuña, 2010), la clase dominante establece fronteras simbólicas muy fuertes ante a la llegada de nuevos miembros, en particular, los nuevos ricos, llamados siúticos hacia fines del siglo XIX y principios del XX (Araya, 2003; Contardo, 2011). Aquí, la imagen del cuico ostentoso vuelve a reactivar esta frontera o distanciamiento con respecto a las clases medias en ascenso, percibidas como amenaza para la concentración del poder social y simbólico por parte de los ricos “de tradición”.

La distancia frente al “mundo cuico”

El discurso de los miembros de los estratos medio y bajo a propósito de los cuicos es muy distinto. Si bien hasta cierto punto se repiten las distinciones entre “buenos” y “malos ricos”, el discurso preponderante tiende a enfatizar las grandes diferencias que separan a “ellos” de “nosotros” (Hoggart, 1970; Lamont, 2009). Por otra parte, la dimensión más importante en la construcción de los discursos en torno al cuico no será la ostentación, sino más bien el trato (Araujo, 2013; PNUD, 2017): el hecho de comportarse de manera despectiva con quien se encuentra “más abajo” en la escala social.

Efectivamente, si en el discurso de los miembros del estrato alto y medio-alto lo que más se destacaba era una frontera interna a la clase alta, cuando nos situamos desde la perspectiva de los miembros de los estratos medio y bajo, la frontera tiende a desplazarse hacia una demarcación de diferencias y de una profunda distancia con respecto a “clase alta” o los cuicos, entendidos como el conjunto de la clase alta. Esta distancia es descrita no sólo en términos económicos, sino también sociales, culturales e incluso raciales. El siguiente entrevistado describe con claridad cómo las diferencias en términos de ingresos o de recursos económicos influyen en la posibilidad de tener mayores “facilidades” en la vida, lo que a su vez determina la calidad de vida de las personas:

‘Para los cuicos es todo más fácil. En cambio el pobre tiene que arreglárselas con lo que le salga. Los cuicos viven en casas grandes de repente, las tremendas mansiones, y los pobres como hormigas, casas chicas, apretados, mal’ (Hombre, estrato bajo, 54 años (E).

Efectivamente, la vida es más confortable para los cuicos, representación que también aparece en los discursos de los miembros de la clase media. Como señala este entrevistado, esta facilidad les da no solo una mayor libertad, la “posibilidad de elegir”, sino también una mayor tranquilidad y seguridad en la vida. Los cuicos son así concebidos como habitantes de un “mundo aparte”, una “burbuja”, en la cual están a salvo, protegidos, y de la cual no pueden caer. A diferencia del resto de la población, los cuicos serían inmunes a las tragedias.

‘Lo que llamamos cuico es justamente la persona que tiene acceso a más cosas, con poder adquisitivo un poco mayor, ¿ya? Y algunos bastante mayor (…) las personas que sí se les nota una seguridad, por ejemplo, porque no tuvieron carencias quizás, o falta de oportunidades como tú decías, entonces claro, se crían de una manera un poco más bien llevada… como natural, donde pudieron elegir…’ (Hombre, estrato medio, 35 años (GD))

Estos aspectos convierten a los cuicos en sujetos que tienen hábitos, estilos de vida, y hasta un carácter fundamentalmente distinto a las demás clases sociales. “Ellos” tienen una manera distinta de enfrentar la vida que “nosotros”. Pero si bien esto les permite una mayor tranquilidad y seguridad, también los hace “menos espontáneos”, “más fríos” e “inhumanos”. En los discursos recogidos de los estratos medio y bajo abundan estas dicotomías con respecto a los cuicos.

Es interesante destacar además que la distancia está dada no sólo porque tienen costumbres completamente distintas, sino también porque no existen espacios donde se pueda compartir o simplemente encontrar a un cuico: el cuico, por ejemplo, no utiliza el transporte público. A esto se suma la referencia, persistente en los discursos, al hecho de que los cuicos residen en comunas distintas que las de las demás clases sociales, viven en el barrio alto y “no bajan de Plaza Italia”. En el siguiente discurso, observamos cuán infranqueables son vistas estas distancias.

‘Entonces si nosotros vamos para el lado de ellos, nosotros no vamos a encajar al lado de ellos, no vamos a encajar porque se nota al tiro la raza. Se nota al tiro la raza, ¡al tiro! Que no somos igual que ellos. Aunque nosotros andemos enteros de Nike, de Puma... Y ellos lo más simple… entonces nosotros distinguimos al tiro que no somos iguales’ (Mujer, estrato bajo, 37 años (E))

Efectivamente, como vimos, muchas veces la distancia también se expresa en términos raciales, los cuicos son “blanquitos, rubiecitos, no parecen chilenos”, señalaba un entrevistado. El hecho de aparecer a ojos del resto de la población como “extranjeros” refuerza la idea de una frontera intransitable entre “ellos” y “nosotros”. Llevada al extremo, esta diferenciación los posiciona irónicamente casi como “no humanos” que viven alejados “de los mortales” .

‘Y estos gallos parten, si tú te fijas, hacia arriba, y cada vez más arriba, se van alejando, y desde allá tienen una visión un poco lejana, pero panorámica, de todo lo que pasa aquí abajo, donde vivimos los mortales’ (Hombre, estrato medio, 34 años (E))

Así, incluso si la mirada que se tiene con respecto a los cuicos no es siempre negativa, el sentimiento de distancia está fuertemente presente. La separación y distancia con respecto a “ellos” no es sólo cultural o social, también es física y espacial. No se da sólo con respecto a los más pobres, sino también con las clases medias (Castillo, 2013; Mac-Clure et al., 2015a). El cuico es distinto, distante, es extraño y extranjero, y esto no solo tiene que ver con el hecho de que tienen otros recursos, otra educación y un modo de vida distinto, sino también con el hecho de que “se alejan”. El cuico establece distancias en la ciudad, no solo a través de sus barrios, sino también de sus colegios, clínicas, universidades, etc. y la construcción de toda una red social cerrada, de la que el resto de la población está excluida. Los cuicos “no se mezclan” con personas de otra clase social.

‘Yo a los cuicos (los veo) como un poco sobrados, como grupo social cerrado, no se van a venir a juntar con una persona de Renca, yo creo que son grupos más cerrados. Sí, son ellos y nada más, no creo que alguien pueda, que cualquier persona pueda acercarse a ellos’ (Hombre, estrato bajo, 30 años (E))

Es en este punto, precisamente, donde parecen encontrarse ambas definiciones de lo cuico, asociando directamente la pertenencia de clase a la actitud. Si bien se repite muchas veces que individualmente no todos los cuicos son despectivos, y que hay algunos cercanos y sencillos, considerados como colectivo, los cuicos son percibidos como “clasistas”, como un grupo que desprecia, a través de su indiferencia y distanciamiento, a las demás clases sociales.

Conclusiones

Hemos intentado, a lo largo de este artículo, abordar el significado de la palabra cuico en el Chile de hoy. El nacimiento de este término está histórica y socialmente situado, se vincula a la evolución de las clases dominantes en nuestro país en las últimas décadas, pero también está relacionado al hecho de que la concentración de la riqueza sigue siendo un rasgo característico de nuestra sociedad, así como también el cierre y auto-exclusión social de los grupos privilegiados. Efectivamente, cuico no constituye la primera palabra usada en Chile para referirse a estos grupos, siendo posible establecer una continuidad entre ella y otros términos existentes desde el siglo XIX para denominarlos: futres, pitucos, jaibones, etc.

Es importante tener en cuenta, como hemos visto, que en tanto representación social (Moscovici, 1982), la palabra cuico tiene significaciones diversas. Cuico es una categoría dinámica, cuya significación se desplaza según el enunciante, pero también según el uso que se le da: cuico puede remitir a una pertenencia de clase, la clase alta, o a una actitud, y en ese sentido, podemos hablar de “cuicos muy cuicos” y “cuicos poco cuicos”. La distinción entre estas dos significaciones no siempre se da de manera tan clara en los discursos de los entrevistados, dando cuenta del carácter pre-reflexivo de la categoría (Jodelet, 2015).

A este respecto, uno de los elementos más interesantes destacados por nuestro análisis es que los discursos en torno a lo cuico varían entre estratos sociales. Así, mientras que los miembros del estrato alto, que sienten que pueden ser ellos mismos identificados como cuicos, intentan construir discursivamente al cuico ostentoso como un “otro” al interior de su clase, los miembros de los estratos medios y bajos van a describir al cuico a partir del sentimiento de distancia -económica, cultural, racial, espacial, etc.- con la clase alta, enfatizando en el trato como el elemento determinante.

Como vimos, en ambos casos, la descripción de la categoría cuico se desarrolla a partir de elementos morales. Ya sea que enfaticen en el comportamiento ostentoso o en el trato despectivo de los cuicos, los entrevistados tienden constantemente a superponer una descripción supuestamente neutral de estos grupos con el análisis de sus comportamientos y actitudes desde el punto de vista moral (Lamont, 2009). Sin embargo, el uso del elemento moral tiene consecuencias prácticas muy distintas en uno y otro caso. Como señalamos, si en un caso la descripción de la actitud cuica sirve para trazar una frontera al interior de la clase alta, en otro caso la categoría cuico es movilizada para trazar una frontera entre la clase alta y el resto de la sociedad. Así, si para el estrato alto lo más importante es distanciarse de los “nuevos ricos” -las clases medias en ascenso-, para los estratos medios y bajos, en cambio, la palabra cuico establece un quiebre entre la “clase alta” y “nosotros” (Hoggart, 1970), donde el recurso al elemento moral sirve para revalorizar ciertos aspectos de la propia identidad ante la “pobreza” moral de “los ricos”.

Podemos preguntarnos, retomando este último punto, qué significación tiene la construcción de la categoría cuico desde el punto de vista de las representaciones de la desigualdad y de las clases dominantes en nuestro país. A este respecto, podemos notar que si en un caso el discurso en torno a la actitud cuica de ostentación opera reproduciendo distinciones fundamentales para la preservación de la élite socioeconómica, estigmatizando y excluyendo a los “nuevos ricos” como grupos que no pertenecerían legítimamente a ésta, en el otro caso, la categoría cuico opera en el sentido opuesto, generando, a ojos de los estratos medios y bajos, la imagen de una elite distinta y distante del resto de la población, y permitiendo la articulación de un discurso crítico con respecto a ella. Ahora bien, es importante señalar, como vimos, que este discurso crítico está basado fundamentalmente en elementos morales, como el trato despectivo y clasista de la clase alta, y no pone tanto el acento en aspectos como la injusticia en la distribución del ingreso o la concentración de la riqueza.

Sería interesante, en el contexto de ruptura que ha significado el “estallido social” de los últimos meses en Chile, especialmente en cuanto al cuestionamiento de la legitimidad del orden establecido, analizar cómo puede haber evolucionado la categoría cuico. Los múltiples rayados referidos a los cuicos que es posible apreciar en los muros de la ciudad hacen pensar que esta categoría, y los grupos a los que designa, son parte del problema que se quiere denunciar. Podríamos hipotetizar que, en el contexto actual, la palabra cuico ha comenzado a ser movilizada en un sentido más político, que se relacionaría precisamente con la identificación de un “otro” como responsable de la situación de desigualdad y abusos perpetrados desde hace décadas en el país. Será necesario emprender nuevas investigaciones que permitan abordar estas preguntas en el futuro.

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Recibido: 08 de Junio de 2020; Aprobado: 14 de Enero de 2021

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