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Psicoperspectivas

versão On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas vol.19 no.3 Valparaíso nov. 2020  Epub 15-Nov-2020

http://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-vol19-issue3-fulltext-2079 

Artículos de Investigación Sección Temática

Cartografías de la cotidianidad: Un estudio de la serie barrio/escuela/sujetos en contextos de pobreza urbana

Cartographies of everyday life: A study of the neighborhood/school/subjects’ series in urban poverty settings

Silvia Grinberg1  2 

1 Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas, CONICET, Buenos Aires, Argentina

2 Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Buenos Aires, Argentina, grinberg.silvia@gmail.com

Resumen

Enmarcado en los debates de los estudios de la cotidianidad, este artículo presenta una discusión conceptual y metodológica de la noción de cartografía a través de resultados de una investigación desarrollada en la intersección escuela/barrio/sujetos en contextos pobreza urbana de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA). La tarea de cartografiar se propone como un acercamiento metodológico capaz de captar lo múltiple, necesariamente selectivo, parcial y nunca exhaustivo. Una analítica de series en las líneas de la cotidianeidad: el deseo de vida, la voluntad de aprender, la precariedad urbana a través textos, fotos, mapas, videos, rap, entre otros artefactos de investigación, se ensamblan como retazos de historias que dialogan entre sí. Una metodología anfibia capaz de generar datos donde el mapa, la información estadística y la producción audiovisual o artística conforman un plano de cuerpos, objetos y sonidos situados. Un reservorio metodológico para acercarse al mundo multisensorial donde no hay buenas/malas, sino metodologías poderosas y mixtas. Mapear, en suma, es prolongar una singularidad, hasta el entorno de la otra, producir una configuración de acontecimientos, una conjunción de singularidades; esto es una cartografía anfibia del devenir de la vida diaria de los asentamientos precarios del sur global.

Palabras clave: campo de singularidades; cartografía de la cotidianidad; pobreza urbana; reservorio metodológico

Abstract

Framed in the debates of everyday studies, this article presents a conceptual and methodological approach to the art of mapping trough materials produced as results of a research carried out at the intersection of school/neighborhood/subjects in contexts of urban poverty of the metropolitan region of Buenos Aires. An analytic of series produced in between the lines of the everyday life of a slum: the desire for life, the will to learn, urban precarities; each of the texts, photos, drawings, video, rap, among others artifacts of research, assemble scraps of stories that dialogue one to each other. An amphibious methodology capable of generating multisensory data, where the map, statistical information, audio visual or art production make up layers of located bodies, objects and sounds. The methodological reservoir is used to approach the multisensory world/everyday life/daily life with powerful and mixed methodologies. Mapping, in sum, as prolonging one singularity into the environment of the other and producing a configuration of events, a conjunction of singularities. This give rise to an amphibious cartography in the becoming of daily life in the slums of the global South.

Keywords: cartographies of everyday life; methodological cache; singularity; urban slums

En aquel Imperio, el arte de la cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola provincia ocupaba toda una ciudad, y el mapa del imperio, toda una provincia. Con el tiempo, estos mapas desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al estudio de la cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado mapa era Inútil y no sin impiedad lo entregaron a las inclemencias del sol y los inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas ruinas del mapa, habitadas por animales y por mendigos; en todo el país no hay otra reliquia de las disciplinas geográficas.

Jorge L. Borges, Del rigor en la ciencia (Suárez Miranda)

En este microcuento, con la ironía propia de su escritura, Borges pone de manifiesto la tarea laberíntica que enfrenta la ciencia cuando procura el universal de aquello que no puede dejar de ser individual. Los estudios de la cotidianidad, aunque no de modo privativo, se han topado en su propia configuración con la encrucijada que enfrentaron los cartógrafos del imperio: consignar en el arte de la cartografía la inconmensurabilidad del territorio. Una cartografía que intentó sobreponerse, superponiendo aquello que separa al mapa del territorio. Generaciones siguientes, continúa Borges, se dieron cuenta de la inutilidad de esa tarea y, entonces, el mapa-territorio se volvió reliquia. El mapa se perdía en el universal, y por tanto se volvía inútil y quedaba despedazado como ruina.

Este sinsentido se lee en otro giro que ofrece la literatura, de la mano de Houellebeq, a la cuestión. “El mapa es más interesante que el territorio” sentencia Jed (protagonista de la novela El Mapa y el Territorio), ofreciendo una pista para escapar a la trampa en la que cayeron los cartógrafos del imperio, aquella que corre el riesgo de caer la investigación cuando procura estudiar la cotidianidad.

Los estudios de la cotidianidad tanto conceptual como metodológicamente han enfrentado esas tensiones. Spink y Spink (2017), remiten a tres giros en los estudios de la vida diaria. El primero involucra la pesquisa del mundo vivido donde nuclean a autores como Goffman, Garfinkel, De Certeau y Heller. En la búsqueda de fidelidad ese giro permitió de devolverle lo vivido al mapa. El segundo, refiere al lugar y luego al territorio como encuentro de tiempos y materialidades porque “todo acontece en lugares” (p. 595). El tercer giro que deriva de aquél, continúan Spink y Spink, refiere a la pregunta por la asociación entre lo humano y lo no humano. En esta línea se asienta la etnografía de dispositivos que Sisto y Zelaya (2015) abordan como interacciones de actores humanos y no humanos. En este giro y sus bifurcaciones se inscribe este artículo que propone una problematización metodológica en una doble mirada.

Por un lado, un abordaje conceptual sobre la noción de cartografía y, seguidamente, la discusión de esta noción a través de resultados del trabajo de investigación desarrollado en la intersección escuela/barrio/sujetos en contextos pobreza urbana de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA). Ello a partir de materiales de campo multisensoriales que conforman un reservorio clave en el estudio de situaciones vida complejas como lo es el devenir cotidiano en los asentamientos precarios del sur global.

La noción de multiterritorialidades (Spink & Spink, 2017) nos adentra en los estratos que componen la serie escuela/sujeto/barrio, donde cartografía y cotidianidad y se vuelven potentes para su estudio. Si, como señalan Deleuze y Guattari (2000) todo agenciamiento es individual y social a la vez, cartografiar es encontrarse con sus líneas de fuerza. Ello porque “el deseo siempre es inseparable de agenciamientos complejos que pasan necesariamente por niveles moleculares, microformaciones que ya moldean las posturas, las actitudes, las percepciones, las anticipaciones, las semióticas, etc.” (p. 219), pero también siempre hay desestabilización, “siempre fluye o huye algo que escapa a las organizaciones binarias” (p. 220).

Cartografiar supone escapar del laberinto de las antinomias “de la única manera en que se puede, disolviéndola” (Deleuze, 2008, p. 11). Mapear involucra al plano, las líneas y los estratos donde mapa y territorio se intersectan, componen y ensamblan; ir tras los trazos del mapa del rizoma tratando de evitar dicotomías que nos fijan al caso, o, a la inutilidad. El mapa es inmanente, el cartógrafo compone las series donde la pregunta no radica en qué es tal o cual elemento de la descripción de eso que llamamos cotidianidad, sino cómo se conectan las líneas, cómo funcionan, qué efectos producen; en suma, se trata de encontrarse con las fuerzas, poder y potencia, en su devenir diario, en el caso que nos ocupa, en los asentamientos precarios del sur global.

En este marco de debates, y con el objeto de discutir la noción de cartografías y su aporte para los estudios de la cotidianidad recuperamos materiales producidos a lo largo de una investigación de larga duración desarrollada entre los múltiples territorios que componen la vida diaria de los barrios del sur global usualmente llamados slums, favelas, chavolas, o, como es el caso de Buenos Aires, villas. La serie escuela/sujetos/barrio se constituye en ensamble de vida diaria donde mapa y territorio necesariamente se vuelven uno y múltiple. Lejos de las imágenes donde la materialidad pensarse de modo aislado, mapear es encontrarse con los trazos de esa intersección e involucra describir la afección mutua (Sisto & Zelaya, 2015), en la configuración diaria de las políticas de la vida urbana.

La serie escuela/sujetos/barrio y la cartografía

El debate conceptual y metodológica propuesto en este artículo recupera un trabajo longitudinal realizado en la intersección escuela/sujetos/barrios. En este marco y a los efectos de debatir la noción de cartografía y sus aportes a los estudios de la cotidianidad retomamos una escena de campo que ocurrida en los inicios de la investigación ofrece elementos para la formulación del problema de investigación. En esta escena la analítica de series que proponemos adquiere especial densidad para el debate de la noción de cartografía atendiendo al proceso de campo y analítico que desarrollamos:

Una mañana de miércoles me encuentro parada en el patio de la escuela esperando hablar con las autoridades. Un patio donde la falta de cloacas y la precariedad edilicia propia de las villas queda a la vista. Se me acerca una alumna de 4to grado de primaria y me pregunta quién soy y qué hago allí. Le contesto y aprovecho para preguntarle qué hace ella allí. Me mira desconcertada, como quien no entiende esa pregunta y me contesta vengo a aprender (registro de campo, 2004).

No es la respuesta de la alumna, aquella que vuelve interesante al arte de mapear sino la pregunta que la motivó. Años y años de crisis social y económica han hecho crecer los asentamientos precarios de Buenos Aires de modo exponencial. En un decenio se triplicó la población que vive en las llamadas villas miseria y la escuela fue construida en el corazón de ese barrio. Al calor de ese crecimiento y de esas crisis, mucho se ha escrito y escribe respecto de la no funcionalidad de la educación, de su sinsentido y, que los alumnos sólo concurren en procura de comida. Son esas imágenes, las líneas molares que dibujan el mapa de la escolaridad en las villas, las que preguntaron: ¿a qué venís a la escuela? El sinsentido emerge en la respuesta de esa niña o mejor aun en su rostro desconcertado ante una pregunta cuya respuesta era obvia: vengo a aprender. Es la pregunta la que recuerda la inutilidad del mapa, pero también su capacidad de afectar.

Años de crisis no dejan de sedimentarse en instituciones cuyas paredes expresan el brete en sí de esa crisis. “El mapa no reproduce un inconsciente cerrado sobre sí mismo, lo construye” (Deleuze & Guattari, 2004, p. 18). Es imagen del mundo, es afecto. Esa escena, esa conversación ocurre en el patio de una escuela emplazada entre los pasillos de un asentamiento donde degradación ambiental y pobreza urbana (ver Figura 1) configuran la serie barrio/escuela/sujetos. La precariedad de los pasillos es la del patio. La escuela comparte medianera con las casas vecinas e idénticas precariedades. La pregunta ¿para qué venís? ocurre como parte de las lógicas con que pensamos estos espacios urbanos que, al momento de escribir este artículo, hace por lo menos cuatro decenios se realiza como crisis. El mapa es más interesante que el territorio. Ello porque nos remite a las condiciones de posibilidad del conocimiento, su inmanencia, el plano de los acontecimientos.

Figura 1 Post en redes de puerta de la escuela, sobre foto tomada desde la ventana de un aula hacia las casas vecinas 

La respuesta de la alumna fuga. No plantea soluciones, pero escapa y al hacerlo nos ubica, nos reubica. Como las siguientes generaciones del imperio entiende de la inutilidad y, en ese vengo a aprender, nos arroja a las inclemencias del sol y del invierno. La pregunta, las paredes precarizadas y ese vengo a aprender componen las líneas de una cartografía donde la serie barrio/escuela/sujetos se vuelve como campo de singularidades; esto es no un individual, sino acontecimiento, devenir (Deleuze, 2010).

Desde esta perspectiva, la tarea para los cartógrafos del presente es producir un acercamiento metodológico que permita captar lo múltiple. En esa búsqueda nos detenemos en la noción de singularidad procurando una discusión conceptual, para luego discutir a través de artefactos de investigación modos de presentar un arte otro de la cartografía, uno que procure, aunque más no sea, escapar a la inutilidad. Una tarea que sería también fútil sino procurara ser ella misma imagen del pensamiento, una que al perturbar las propias vidas ordinarias consiga abrir, no sólo el pensamiento del presente sino muy especialmente, en tiempos en que un nuevo normal parece dibujarse en nuestros cuerpos devenidos zoom-bie, de futuro.

Es la sentencia vengo a aprender, aquella que disuelve la antinomia, y nos instala en la tarea de cartografiar como modos adentrarnos en las tensiones, luchas y fisuras del presente. Una crítica de la cotidianidad y sus laberintos, en tanto cuestionamiento de las condiciones históricas que nos hacen ser quienes somos (Foucault, 2009). Un cuestionamiento que ocurre entre las líneas de la pregunta, de paredes y pasillos que condensan degradación ambiental, y, una afirmación que abre el cuestionamiento de las escenas sedimentadas de la vida urbana. Y al hacerlo no solo desestabiliza el presente sino los conceptos con los que pensamos y delineamos futuro. Si esta tarea ya era clave, la incertidumbre del presente reclama aún más una interrogación, capaz de captar lo otro. Adentrarnos en las líneas de lo singular puede colaborar en esta tarea.

Cartografiar la cotidianidad: Campo de singularidades

La pregunta por la cotidianidad suele dirimirse en el caso, el individual. Los giros de los estudios de la cotidianidad constituyen sin duda una búsqueda para escapar a esa trampa, donde proponemos instalar esta cartografía, para acercarnos a la problematización del devenir diario en tanto que historia en el presente. Aquí, la empiria, se vuelve campo de singularidades y la cartografía una analítica de los procesos de racionalización, sus condiciones de aparición que involucran la multiplicidad de lo vivido, sus conexiones y fisuras. En esta tarea se trata de escapar acercarnos a lo vivido, como aquello que “goza de las singularidades por sí mismas y las deja aisladas, pero también el <concepto>, que las ahoga en lo universal y las convierte en simples momentos” (Deleuze, 2010, p. 25). El mapa es más interesante que el territorio porque vuelve a eso vivido campo de singularidades, historia no del sino en el presente y en ese proceso, nos ayuda salir del laberinto, diluir la dicotomía, como camino de pesquisa de aquello que por definición sólo puede ser accesible en su actualidad, en su estar siendo (Deleuze, 2008). No se trata de contrastar el mapa con la realidad y menos aún esperar que se vuelva fidedigno de la experiencia. La experiencia como el lenguaje “no se sustrae al horizonte concreto sociohistórico y cultural en el que se despliega por el contrario se constituye en este” (Sisto, 2015, p. 14).

Así, la búsqueda de fidelidad, como la pretensión de objetividad no puede más que rendirse a la inutilidad, al tiempo que volverse reliquia. “Lo fundamental es que el árbol-raíz y el rizoma-canal no se oponen como dos modelos: uno actúa como modelo y calco trascendente, incluso si engendra sus propias fugas; el otro actúa como proceso inmanente que destruye el modelo y esboza un mapa, incluso si constituye sus propias jerarquías” (Deleuze & Guattari, 2004, p. 18). Esto es trazar y mapear no constituyen un dualismo, sino que la relación entre el trazado y los mapas refiere a las fuerzas, paradojales, que trabajan juntas (Masny, 2013). Pared estriada y voluntad de aprender funcionan juntas. Una, máquina abstracta, la otra fuga, escapa, máquina deseante.

Si la experiencia, si el territorio involucra la vivencia de, tanto como sus trastornos, el mapa nos acerca irónicamente a comprender lo cotidiano como campo de singularidades. Si el mapa ya no representa nada (Thrift, 2007), el mapa se constituye en parte central de la experiencia de ese territorio, cuya demarcación conforma sus bordes y las luchas que se establecen en él y en torno de; incluyendo aquellas que involucran su delimitación.

Los mapas constituyen un punto central de la voluntad de control y producción de territorio. Ya sea como voluntad planificadora, como expresión técnica, o, siguiendo a Deleuze y Guattari (2000), como estriación en tanto tarea fundamental del Estado. Las cartografías, la obsesión por el mapa, han crecido al calor de la colonización. Los mapas, los planos, el trazado es herramientas de administración tanto como expresión de deber ser. Autores decimonónicos como Verne hacen eje en el mapa, la descripción de los espacios "naturales" que los vuelve posibles. Y, para ello no hace falta haber estado allí, transitarlos. Lo que importa es el mapa. Es en base a esos mapas que se describen territorios, con precisión increíble; la racionalización del espacio que obsesionó a los cartógrafos del Imperio. Es, quizá, por ello que Jed Martin, el protagonista de la novela de Houellebeq, encuentra en el mapa lo interesante. Probablemente porque la racionalización del espacio que supone el mapa configura lo vivido, y entonces, lo vuelve sugestivo para su interrogación, para la crítica del presente, pero también para la comprensión del devenir diario.

Escribir, ¿investigar?, “no tiene nada que ver con significar sino con deslindar, cartografiar, incluso futuros parajes” (Deleuze & Guattari, 2004, p.11). Este es el desafío mayor del estudio de la cotidianidad: realizar una cartografía del presente que pueda devolverle el potencial al futuro: “un mapa que muestre la variedad de caminos que ni siquiera se tomaron nos puede indicar diferentes potenciales futuros, para ello es importante reconocer que… vivimos en el medio de diferentes historias” (Rose, 2007, p. 5).

En esa tarea, escapar a las dicotomías, a lo binario es un problema conceptual que supone un modo en que la investigación interviene en las fisuras del presente, franqueando muros, creando conceptos o, a veces, simplemente, levantándolos en el campo de batalla, en el devenir de las luchas que ocurren en eso que llamamos cotidianidad entre las formas sedimentadas, lo molar, lo estriado de la urbe, las distribuciones, las poblaciones y los flujos codificados. De otro modo podemos rendirnos a la seducción de lo que fluye o fuga y perdernos en ellas. Una seducción que puede vanagloriarse del que fuga.

Perderse en el universal como en el particular es lo que una cartografía de la cotidianidad debe evitar. Es en el plano de consistencia, aquel que Deleuze (2017) resalta en su lectura de Spinoza, materia y sustancia, contenido y expresión, humano y no humano que se componen nuestras vidas ordinarias donde la tarea de mapear, el estudio de la cotidianidad se vuelve anfibia. Ello porque la cotidianidad no deja de realizar(se) entre principios de conexión y de heterogeneidad. Al respecto, Deleuze y Guattarri señalan:

cualquier punto del rizoma puede ser conectado con cualquier otro, y debe serlo (13). Lo múltiple hay que hacerlo… siempre es n-1 (12). Principio de multiplicidad, solo cuando lo múltiple es tratado efectivamente como sustantivo, multiplicidad, deja de tener relación con lo Uno (14). (Deleuze & Guattarri, 2004, p. 223)

Ahora cómo se traduce esto en términos del desarrollo de la investigación del cotidiano y sus afecciones múltiples. Se trata de captar lo cotidiano por lo menos en dos aspectos su condición cambiante como cosas que ocurren, sensaciones, expectativas, impulsos, sueños siempre en movimiento, inmanentes, palpables y con un potencial que excede y evade (Stewart, 2007). Captar esa afección ordinaria requiere afinar los artefactos de investigación de modo que permita examinar lo múltiple, lo díscolo, lo impredecible e inesperado.

Retomando a Berlant, la “vida ordinaria se vuelve zona de convergencia de muchas historias donde la gente administra las incoherencias de la vida que proceden, también, de las amenazas a aquello que imaginan como buena vida” (2011, p. 10). Eso, requiere ir más allá de la lectura del trauma que se ha convertido en los últimos ochenta años en el género principal para describir el presente histórico como un escenario de (Berlant, 2011). En el caso específico de los asentamientos precarios del sur global esas historias de trauma suelen no sólo referir a vidas inestables, sino que definen un presente signado por el padecer que abona la lógica de trauma. En la escena del patio de la escuela es, justamente, esta lógica aquella que entra en colisión con la afirmación de vida, la voluntad de aprender.

Se trata de, entonces, de escapar a la tentación del pensamiento binario y a las dicotomías para procurar una comprensión del devenir. Seguridad y criminalidad (Auyero & Berti, 2013), pero también una cierta romantización de la vida en estos barrios que películas como Slumdog millonaire expresan con claridad (Arabindoo, 2011; Hicky-Moody, 2013; Roy, 2011), se diluyen en el hacer y vivir diario. Yuxtaposiciones y tensiones que vuelven interesante a la cartografía. Adentrarse en las líneas de fuerza que implica la cotidianidad es encontrarse con lo que se solapa, entrecruza, puja y también sedimenta. Ello, metodológicamente, se vuelve una tarea anfibia capaz de encontrarse con los peros y los posibles. Esto es acercarse a una comprensión que pueda captar lo que bifurca, las líneas que permiten captar el trauma y sus tensiones escapando al estigma y al padecer, pero también a su estetización.

El trabajo de investigación que discutimos en el próximo apartado está plagado de relatos e historias de vida que se construyen y se hacen posibles en unos trazos multisensoriales siempre discordantes. La villa se realiza como la posibilidad de tener un hogar y por tanto es querida, valorada y afirmada. Sin embargo, ese tener un lugar, ocurre en la escena de la precariedad. No es a pesar de ella, sino en ella donde tendremos que apoyarnos para acercarnos a su comprensión. En los y, en la conjunción y sus tensiones, más que en los o, y las dicotomías. Siempre n-1. barrio/escuela/sujetos se afectan de modo crucial en los múltiples solapamientos.

No se trata de aprender a pesar de las condiciones de vida, sino de un aprender que ocurre en esas condiciones. Allí radica la densidad de lo ordinario, de una cotidianidad que se realiza en esa materialidad, en sus afectaciones múltiples. Las paredes de la escuela serían otras sin ese deseo de aprender y ese deseo sería otro sin esas paredes, esa afección es lo que interesa a la cartografía de la cotidianidad. Las líneas y las bifurcaciones, pero también lo sedimentado. Un reservorio metodológico que permite múltiples entradas, al que se puede entrar por cualquiera de sus líneas porque la cartografía siempre “es necesariamente selectivo, parcial y nunca exhaustivo” (Braidotti, 2018, p. 3).

Método

Este artículo propone un debate metodológico a partir de una investigación longitudinal que desarrollamos en la intersección escuela-barrio en contextos de pobreza urbana y degradación ambiental en la región metropolitana de Buenos Aires. La cartografía de la cotidianidad “tiene como objetivo rastrear la producción de conocimiento y subjetividad y exponer el poder como potestas y como potentia” (Braidotti, 2018, p. 3). Se trata de un un diseño de base múltiple que incluye largas instancias en terreno entre la escuela y el barrio. En un primer momento involucró la observación participante y la realización de entrevistas, así como la sistematización de información georreferenciada de modo. Y, como lo describimos a continuación, progresivamente esas instancias se enriquecieron a través talleres de producción audiovisual y artística. Una búsqueda y construcción metodológica para comprender realidades complejas, capaz de encontrarse con las múltiples, contradictorias, solapadas y yuxtapuestas líneas que se ensamblan en la cotidianidad y se componen como palimpsesto (De Certeau, 2007).

Diseño

La investigación iniciada en 2004 ha atravesado momentos diferentes que han supuesto instancias en el desarrollo del trabajo campo, tanto como técnicas de obtención de información diversas. En este artículo retomamos material producido, principalmente entre 2016 y 2018, compuesto como reservorio metodológico que, como señalan Renold y Mellor (2013), conforma una batería de instrumentos multisensoriales de obtención de información y un repertorio analítico capaz de captar aspectos lingüísticos e imágenes y en esa línea también las afecciones múltiples que involucran cuerpos y cosas.

El diseño de investigación involucró el trabajo con sistemas de información geográfica (SIG) georreferenciando información censal de modo de ubicar al barrio en el mapa de la urbe y sus desigualdades sedimentadas. La estadística cobra importancia porque permite ocuparse de cantidades sociales, de “los máximos y no de la zona estacionaria de las representaciones” (Deleuze & Guattari, 2000, p. 223). Mapear es acercarse a lo vivido. El trabajo en la escuela y en el barrio involucró entrevistas con estudiantes y docentes e instancias de observación participante. Un lugar especial, lo tienen los espacios de producción de palabra a través del lenguaje escrito y visual (en sus diversos formatos) desarrollados con el objeto de volver cognoscibles experiencias que muchas veces asumen formas traumáticas (Das, 2004). Ello procurando romper la abyección que suele atravesar a estos asentamientos (Grinberg, 2010), y producir espacios creativos que no sólo nombren, sino que enuncien los muy diversos lugares de la experiencia (Kristeva, 1984).

El material fue producido por lo/as estudiantes en el marco de talleres de producción artística y audiovisual desarrollados en la escuela que proponen narrar la escuela y el barrio en su cotidianidad. Trabajaron en la intervención del cuadro “sin pan y sin trabajo” (Figura 3). Resultado de ello produjeron un video fruto de la improvisación teatral de la escena del cuadro. Los talleres se realizan en el horario escolar y son diseñados de manera conjunta con el equipo directivo y docentes de la escuela.

Este trabajo se realiza entendiendo que la producción audiovisual y artística tienen una “capacidad políticamente efectiva, de reelaborar los límites de un cuerpo, de reconfigurar arreglos individuales de estructura/agencia, de aumentar lo que un cuerpo es o no

es capaz de comprender, producir y al cual podría conectarse" (Hickey-Moody, 2017, p. 11). Prácticas que permiten memorias y afectos y se constituyan en textos tejidos en las interfaces entre imagen y palabra (Tittoni et al., 2017). Este conjunto de artefactos nos ha permitido construir el reservorio y componer la analítica de series que discutimos aquí.

Participantes

En el terreno hemos trabajado con estudiantes y docentes de la escuela secundaria del barrio, así como con vecinos y familias. En la escuela, como se observa en la Figura 1, nos topamos con las líneas políticas de la precariedad urbana que involucra la escasa o nula urbanización propias de los asentamientos urbano del sur global (Curutchet et al. 2012), donde la escuela no solo no queda al margen, sino que se hace entre esas mismas precariedades (Grinberg, 2019).

Consideraciones éticas

Se respetaron los lineamientos éticos de la institución de afiliación de la autora. En cada etapa del proceso de investigación, se generó́ consentimiento informado y autorización para grabar las entrevistas, observar, así como para producir videos y otras prácticas visuales y artísticas.

Resultados

Me detengo, entonces, en tres líneas con el objeto de problematizar la tarea de cartografiar, sus afectaciones y su carácter múltiple: una analítica de series. Cabe señalar que aquello que importa aquí es una reflexión metodológica a través de la analítica del material de campo, aun cuando, desde ya, es muy difícil realizar una tarea sin la otra.

El arte de mapear

Los mapas que componen la Figura 2 se hablan mutuamente. El verde que demarca un espacio en uno de ellos es el espacio dibujado a mano alzada del otro. El primero es resultado del procesamiento georreferencial de datos censales. En un degradé que va del negro al blanco, los asentamientos en los polígonos más oscuros aparecen a su vez demarcados con rojo. En verde Carcova, el barrio donde desarrollamos la investigación. El otro mapa es aquel que traza un alumno en la escuela. Allí, gana en densidad el arte de la cartografía, pero más aún cuando dialoga con el otro.

Figura 2 Mapa con información censal georreferenciada según NBI y delimitación de asentamiento/mapa del barrio realizado a mano alzada 

Carcova es un asentamiento precario, una villa que presenta los niveles más altos de necesidades básicas insatisfechas (NBI1) de Buenos Aires. Allí, el alumno traza en los pasillos y en la vera del barrio, del otro lado de las vías del tren, muchas figuras de personas en la zona que denomina la quema. Esto es el relleno de residuos de la metrópolis, a donde los vecinos del barrio y de los tantos otros aledaños se dirigen a diario a buscar mercadería tanto para alimentarse como para vender en las ferias, una de ellas figura en el mapa hecho a mano alzada.

En ese mapa también nos encontramos con gente que camina por las calles, la canchita de futbol y un bosque del otro lado de las vías. Mientras que el primero nos ofrece la imagen de lo sedimentado, de las relaciones de fuerza, de la sedimentación de la desigualdad urbana y sus precariedades, el segundo narra su vida. Como la plaza que es fácilmente visible está la Escuela No. 50. Un camino ancho que simula una avenida la separa del resto del mapa. Mucho menos visible, como indiferenciada entre los pasillos y calles del barrio, hay otra escuela, la No. 51. Aquella donde ocurre la escena del patio que narramos anteriormente.

Una georreferencia que se realiza sobre la fórmula estadística, que mide el índice NBI, explica el mapa dibujado, las condiciones de posibilidad de la quema. Si nos preguntamos cómo es posible que haya tanta gente en la quema, recuperando mercadería en el basural, el primer mapa, la profunda desigualdad, ofrece las pistas para ello. Y, el segundo devuelve vida a esa precariedad y lo aleja de las lecturas del padecer.

Sobre multiplicidades, afectos y prácticas artísticas

Esta segunda serie se compone de un cuadro, un video y un rap que produjo un alumno de la escuela. Un video que filmamos con los estudiantes con motivo de la intervención de ese cuadro “sin pan y sin trabajo2” (Figura3). Una pintura realizada por Ernesto de la Carcova que fuera presentada en el salón de Bellas Artes en 1894. En esa obra narra la pobreza, las barriadas pobres del fin de siglo XIX, la indignación, la lucha obrera, así como la represión policial. El video, realizado más de un siglo más tarde, narra la vida y también las luchas, de los barrios empobrecidos del siglo XXI. A los efectos de la discusión metodológica que proponemos, importa resaltar uno de sus hilos. En él vuelven a aparecer los cartoneros, aquellos del mapa de la serie 1, quienes viven de la recolección, reciclaje y venta de mercadería. A diferencia de los relatos donde cartonear queda del lado de la amenaza o la pena, en el video cartonear es un trabajo: “conseguimos trabajo ya no vamos a pasar hambre, Jorge te ofrece salir a cartonear con él” le dice la mujer a su pareja que había quedado desocupada.

En el rap, Alexis, dice “estoy rejugado”. Ha sido afectado. Eso le permite saber que nadie “lo jode”. Ahora no son los malos los que le preocupan, son los que hablan de su barrio, y es allí cuando afirma que vive en su barrio. Como quien decide hacerlo. No importa lo que digan. Su barrio se respeta. Al hacerlo, echa por tierra todas las imágenes y supuestos que la mirada abyecta posa sobre los asentamientos precarios. ¿Cómo alguien puede elegir vivir en su barrio?, ¿cómo se puede respetar aquello que siempre es objeto de negación?

Este rap dialoga, contesta y afirma las muchas sentencias que pesan sobre las villas. Aquí vale citar una de tantas. Quien la enuncia es un periodista que procura narrar la vida del barrio, de los asentamientos y el trabajo que allí hacen, en este caso, las instituciones religiosas:

Fui testigo de muchos cambios para dar respuesta a las necesidades de la gente en alimentación, educación, formación profesional, deporte, contención... pero el cambio más impresionante es una confianza nueva en sí mismos, que hace que esta gente mire al futuro con nuevos ojos (Periodista)

En toda esta narración resalta el modo de referir al barrio cuando. Esta gente, dice el periodista. Y, allí en ese enunciar, anuncia. Son quienes carecen de futuro, de confianza en sí mismo, que ahora resultado de ese trabajo reciben la posibilidad de ver futuro. Un enunciado que no sólo se expresa en la estigmatización, sino que afirma ese borde, esa avenida que separa al barrio del resto de la ciudad. Aquella del mapa de la Figura 2.

Nos encontramos con dos afirmaciones, una que contiene la negación del siempre otro, niega al afirmar “esta gente”. Aquella que narra un barrio que suscita pánico, pero también pena. Por eso se desarrollan actividades que cubren necesidades. Pero, como señala Das (2020) la caridad no puede ganar la guerra porque nunca es suficiente. La caridad, la filantropía supone ese “esta gente”. Un otro abyecto que se teme mientras que da pena, aquel que debe civilizarse, evangelizarse, o asistirse. Esta gente incluye, el borde, el límite. La avenida que demarca, lo molar. Una avenida que también narra la sedimentación de las desigualdades urbanas, o, más bien, de las políticas de la vida urbana cuya sedimentación se expresa en esos bordes y demarcaciones.

La división entre barrios ricos y pobres no sólo no es nueva, sino que incluso ha sido referenciada en la bibliografía en el siglo XIX, e, incluso mucho antes en la obra de Moro. Se trata de demarcaciones cuya genealogía excede los límites de este artículo. Aquí cabe señalar algunos de sus trazos, en especial atendiendo a esa forma de palimpsesto (De Certeau, 2007) que asume el territorio urbano. En el caso particular de Buenos Aires, esta gente ha sido narrada por Sarmiento quien con el término huangalí (tomado del pueblo mapuche), describe a las periferias urbanas que “acechan la ciudad”. Sobre ellas, mientras que se lamenta por la vagancia que caracteriza a esa “progenie bastarda” que dejaron los españoles (sic) desarrolla los principios que guiarán su civilización, la instrucción popular. Esta gente una y otra vez esa gente.

Figura 3 Producción audiovisual como intervención del cuadro “Sin pan y sin trabajo” 

Yo me llamo Alexis y siempre rapeo en la calle y en cualquier lado, nadie me jode porque yo ya estoy rejugado

y si me hacen los malos los voy a agarrar a plumazos. No me importa lo que digan, yo vivo en mi barrio y mi barrio se respeta.

Aunque digan los demás que esto es una mierda, yo a mi barrio lo veo de otra forma,

No me importan los pibes malos, no me importan los drogados

Porque los pibitos buenos están jugando,

a veces hay cumpleaños, hay joda en todos lados.

Esta gente, esa gente es Alexis, y Alexis exige respeto. Vale esa afirmación para encontrarnos con la materialidad, ese plano de consistencia donde lo uno y lo múltiple queda en escena. Las prácticas artísticas se vuelven modo clave para (des)ensamblar y hacer aparecer percepciones y afecciones en la materialidad cotidiana, donde se corporeizan sentimientos, miedos y deseos. Quizá por ello cambian nuestra imaginación y fantasías y, entonces, cartografiar se vuelve acto político, terreno DE estéticas otras de la cotidianidad.

Viejas-nuevas normalidades

En días de COVID-19, con los inicios del aislamiento obligatorio múltiples memes aparecieron en redes. No se trata de centrarnos en una analítica de la pandemia. Sin embargo, importan las resonancias y afinidades entre viejas-nuevas normalidades. Desde ya la idea misma de normalidad tiene especificidad en sí, aquí importa resaltar algunas de sus líneas en lo que refiere al hacer de la cotidianidad en sí. La Figura 4 presenta un post en red social y una producción en la escuela. Ambas nos ofrecen una mirada donde ese nuevo normal se ensambla y adquiere densidad en el, ahora, devenido viejo normal.

Por un lado, una foto del barrio intervenida con un relato, publicada en abril de 2020 junto con comentarios que con altas dosis de ironía remiten a la inmunidad desarrollada resultado de vivir en las villas de José León Suarez, aquellas del mapa de la Figura 2. A la izquierda se observa una foto intervenida, en la que el presidente de la república aparece desde un helicóptero indicando con el dedo esos barrios, y con sarcasmo dice que al COVID-19 no se le anima. Barrios protegidos porque el mismo virus que atemoriza al mundo, tiene miedo de entrar allí.

Ambas imágenes, funcionan como contracara de la afirmación que Esposito (2005) realizara al respecto. Si para el autor italiano inmunitas era la exclusión vía la inclusión, esos comentarios se dirigen en otra dirección. Se trata de intervenciones en redes en las que nos encontramos con otras capas de esa inclusión excluyente que llegan como afirmación en su ironía. Aquella que se ensambla en el saberse “esa gente” y contesta con humor. Un humor que no solo supone atravesar o tramitar una realidad, sino también contestarla.

No se trata de discutir acerca de esa inmunidad que desde ya no existe, o, del efecto COVID-19. Son las series, la afección, las condiciones de posibilidad de ese pensarse inmune las que importan. Esas que funcionan como capas de y para una cartografía de la cotidianidad. Las formas en que lo humano y lo no humano se afectan y producen mutuamente; las formas en que la ironía las expone y, en cierta medida, las hace estallar. Lejos del padecimiento, de las imágenes que narran los barrios como víctimas y necesitados de caridad, pero también de aquellas que ubican románticamente a los sectores populares en una gesta que consigue sobreponerse a la adversidad. La ironía viene a cumplir una tarea otra. En esa imagen intervenida nos encontramos con las políticas de la vida urbana. Ese territorio que es señalado con el dedo del presidente e involucra años de nula urbanización y degradación ambiental. La foto compone el territorio. Lo molar, el espacio estriado y degradado, pero también las fugas.

En la Figura 4, pero a la derecha nos encontramos con una foto que es parte de una serie donde los alumnos de la escuela capturaron las ventanas de su barrio. Al volver a la escuela trabajaron con relatos sobre aquello que se ve desde la ventana. La figura compone la foto y el relato de ese mirar que concluye con la vida es así. Ese “es así”, de la vida del barrio es el que compone la normalidad, aquella que pareciera que hoy es vieja. Es lo molar, aquello que es tan diario y cotidiano que es donde se hace vida. Lo estriado, las demarcaciones no quedan del otro lado de la vida diaria, componen el plano, su afección múltiple. Es ese normal, la vida es así, el plano también del actual normal. Uno al que como lo narra la foto ni el COVID-19 se le atreve.

Figura 4 Meme posteado en redes por alumno de la escuela y trabajo de narración sobre ventanas en el barrio de la escuela 

Inmunitas, aquí, es mucho menos un deseo, es una afrenta. Porque la vida es así. Una provocación. Aquella que realiza quien se sabe habiendo nacido y vivido en uno de los tantos barrios del sur global donde la contaminación ambiental atraviesa los cuerpos. Aquella que indica que en estos espacios de la vida urbana se trata de hacerse vivir o dejarse morir. Y, principalmente, aquella que recuerda que el nuevo normal se asienta en los sedimentos del, ahora, viejo normal.

Discusión y conclusiones

La analítica de series que presentamos procuró instalarse en las líneas de la cotidianidad: el deseo de vida, la voluntad de aprender, cada uno de los textos, fotos, planos, video, rap, entre otros artefactos de investigación ensamblan retazos de historias contadas que dialogan entre sí. Historias que en su narración constituyen textos que cuentan algo sobre el devenir, de la cotidianidad en las villas del sur global. Asimismo, esos relatos al contar, al afirmar, al decir algo sobre alguien nos interpelan, nos arrojan a la pregunta sobre las condiciones de posibilidad que configuran la cotidianidad política de la vida urbana. Las líneas estriadas, pero también las luchas, las fugas conforman ese plano.

La noción de cartografía de la cotidianidad en este sentido se conformó no como la voluntad de los cartógrafos del imperio, sino para identificar, trazar líneas, componer series que nos acercan al devenir de los sujetos en la historia, más allá de la “dicotomía clásica de las teorías sociales: el foco exclusivo en las acciones de los sujetos o en las estructuras sociales” (Coutinho et al., 2017, p. 290). Agenciamientos y afecciones múltiples, cuerpos y cosas, lo humano y lo no humano. Una mirada en procura de la comprensión de algo tan inconmensurable como la sensación de inmunidad de un cuerpo dada su fuerte exposición a un ambiente degradado. Nos hemos instalado en el tercer giro que proponen Spink y Spink (2017), desde las apuestas del posestructuralismo y el viraje del nuevo materialismo.

La búsqueda metodológica procuró componer una cartografía en tanto que actualización del pensamiento crítico, como “creación de nuevos conceptos o herramientas de navegación” (Braidotti, 2018, p. 7). Una metodología anfibia capaz de generar datos multisensoriales donde el mapa, la información estadística o la producción audiovisual más que antinomias, conforman un plano de cuerpos, objetos y sonidos situados, un reservorio metodológico para captar “las segmentaciones molares rígidas como también a aquellas moleculares que conforman las condiciones de posibilidad (Foucault, 1978) de lo que un cuerpo puede hacer” (Renold & Mellor, 2013, p. 24). Un caché para aprehender tanto lo estriado como discontinuidades y rupturas; un caché que manifieste no sólo al otro, sino como otro. Generar canales donde aparezcan en la escena de la investigación formas diferentes de pensarnos en el mundo, que nos acerquen a eso “que somos diferencia, que nuestra razón es la diferencia de los discursos, nuestro yo la diferencia de las máscaras.

Que la diferencia, lejos de ser origen olvidado y recubierto, es esa dispersión que somos y que hacemos” (Foucault, 1999, p. 223). Modos de procurar captar y acercarse a lo no esperado. Captar lo cotidiano, lo actual, lo jamás acabado requiere ocuparse de lo sedimentado, de lo molar, tanto como de lo molecular porque ambos conforman el mismo plano. En otras palabras, en el caso que nos ocupó es sencillo acercarse a escuelas y barrios donde a través de entrevista comprobamos cómo vive “esa gente”, sus padecimientos. Pero ese caché nos acerca a modos otros de la narración de ese cotidiano, a afirmaciones hechas rap que asertivamente reclaman “a mi barrio se lo respeta”.

Un empirismo radical (Deleuze & Guattari, 1997) que presenta acontecimientos, mundos otros como expresiones de mundos posibles; “un plano que no tiene más regiones que las tribus que lo pueblan y que se desplazan en él” (p. 43). Los conceptos resultan acontecimientos, y, el plano el horizonte que los conceptos pueblan, pavimentan ¿Por qué nos importa esta mirada? Porque nos habilita a asir eso que llamamos cotidianidad de un modo en que lo abstracto no explica, sino que es aquello que debe ser explicado; partir de lo singular, lo molecular de la experiencia que no deja de ser organizada molarmente (Colebrook, 2002). Cada una de las líneas de las series funcionan de ese modo.

De hecho, por qué si la realidad es confusa y enmarañada procurar metodologías que la conviertan en algo liso, coherente o preciso (Coleman & Ringrose, 2013), como los cartógrafos del imperio. Si hacer el mapa político de un individuo, de un grupo o de una sociedad no difiere esencialmente, se trata es de prolongar una singularidad, hasta el entorno de la otra, producir una configuración de acontecimientos, una conjunción de singularidades (Deleuze, 2010), una cartografía anfibia del devenir de la vida diaria. Pensar en términos de reservorio nos acerca a capas, estratos y líneas heterogéneas cuya ubicuidad gana en densidad. El estudio de la cotidianidad como relaciones de fuerza: lo sedimentado y las estratificaciones, lo molar que captura, pero también lo actual, lo molecular y sus fugas. En suma, una cartografía como campo de singularidades en el estudio de la compleja trama de relaciones, fisuras, tensiones y luchas que componen mapas y territorialidades de la cotidianidad.

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2https://www.youtube.com/watch?v=8IofnlesamY&t=36s

Financiamiento

PICT 2017 Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, Argentina.

Recibido: 06 de Julio de 2020; Aprobado: 20 de Octubre de 2020

Silvia Grinberg es licenciada en Ciencias de la Educación (Universidad de Buenos Aires, UBA), magíster en Ciencias Sociales (FLACSO, Buenos Aires) y doctora en Educación (UBA). Directora e Investigadora en Argentina del Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas de la Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)/Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

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