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Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino

versión On-line ISSN 0718-6894

Bol. Mus. Chil. Arte Precolomb. vol.26 no.1 Santiago  2021

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-68942021000100113 

ARTÍCULOS

Uña tambo: Materialidad, espacialidad y cronología de un sitio local intervenido por los Inkas en las tierras altas del valle Calchaquí norte (Salta, Argentina)

Uña tambo: Materiality, spatiality and chronological data of a local site intervened by the Inkas in the highlands of the northern Calchaquí valley (Salta, Argentina)

1 Alejandro A. Ferrari, Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (iMHiciHu), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Argentina. E-mail: alejandroferra@gmail.com.

2 Iván Leibowicz, Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (iMHiciHu), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Argentina. E-mail: pinocarriaga@hotmail.com.

3 Joaquín Izaguirre, Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (imhicihu), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Argentina. E-mail: joaquin.izaguirre@gmail.com.

4 Félix A. Acuto, Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (imhicihu), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Argentina. E-mail: facuto@gmail.com.

Resumen:

Numerosos trabajos refieren sitios inkas en cumbres, precumbres y laderas de altura, pero hay poca evidencia de copresencia de representantes imperiales y locales allí, y menos de la existencia de sitios preinkaicos. Se discuten aquí los resultados de investigaciones en el sitio de Uña Tambo (X = 4707 msnm), incluyendo análisis de la arquitectura, de la cerámica y fechados radiocarbónicos sobre carbones vegetales recuperados en las excavaciones. Argumentamos que Uña Tambo es el resultado de una larga historia iniciada al comienzo del Período Intermedio Tardío y continuada durante la ocupación inka.

Palabras clave: Período Intermedio Tardío; Adoratorios de altura; Período Inka

Abstract:

Several studies account for Inka sites on summits, pre sum mits and high-altitude mountainsides. However, evidence of a co-presence of imperial and local representatives and pre-Inka settlements in these highlands is scarce. This article discusses the results of research at Uña Tambo (X = 4707 masl), including analyses of architecture and potsherds recovered at the site, as well as radiocarbon dating of vegetal charcoals recovered from the excavations. We argue that the Uña Tambo site is the result of a long history that began in the early Late Intermediate Period and continued during Inka occupation.

Keywords: Late Intermediate Period; Inka Period; High altitude shrines

Introducción

A lo largo de los Andes, las montañas cuyas cumbres estaban nevadas de modo permanente o semipermanente jugaron un rol fundamental en las cosmologías inka y preinka. Algunas de ellas eran consideradas entidades ancestrales tutelares -apus, wamanis, awkillus, mallkus, entre otras variantes regionales (Gil García 2012)- responsables del clima y de los fenómenos meteorológicos, de las aguas y de todo lo que pudieran modificar con su discurrir, como también de los animales y plantas que se encontraban en sus dominios. Prácticamente, también eran dueñas de todo aquello que la cumbre (la cabeza del apu) tenía a la vista y lo que regaban las aguas que de allí descendían. En muchos casos, la cumbre era tanto lugar de origen (pacarina) como de residencia ancestral, al igual que manantiales, afluentes y cuevas de sus dominios (Cieza de León 2005 [1553]: 225, Albornoz 1967 [1568]: 20, Reinhard 1985: 309). Todas ellas eran consideradas sagradas o huacas (wak'a) y a menudo estaban integradas a circuitos de peregrinaje más amplios. En estos circuitos, las personas visitaban lugares específicos durante el recorrido (cimas menores, afloramientos, geoformas destacadas e intersecciones tinku) para vincularse con otros rasgos del paisaje, personas no humanas y sustancias (Molina 2011 [1553]: 21-28 y 30-39). Sin desmerecer la importancia del destino final de los peregrinajes, los encuentros con ciertas entidades no humanas y lugares durante el recorrido también eran elementos esenciales. Dada la peligrosidad que implicaba adentrarse en sus terrenos más íntimos, en ocasiones se recurría a dispositivos y lugares que facilitaban la interacción a distancia con ellas, especialmente si se estimaban poderosas, difíciles de controlar o simplemente demasiado distantes (Ávila 1966 [ca. 1598]: 65, Hyslop 1984: 23, Besom 2000: 91, Pimentel 2009, Dean 2010: 56, Nielsen et al. 2017).

Existen numerosos trabajos que dan cuenta de sitios inkas en cumbres, precumbres y laderas de altura (Beorchia Nigris 1985; Reinhard 1985, 1993; Ceruti 1999; Schobinger 2001; Vitry 2008; Mignone 2010; Jacob & Leibowicz 2011; Moyano & Uribe 2012; Ibacache et al. 2016; Leibowicz et al. 2018, entre muchos otros). Mucho menos documentada ha sido la copresencia de representantes imperiales y locales en esta clase de lugares, y menos aún la existencia de sitios preinkaicos (Hershey 2008, Ratto et al. 2012, Casaverde 2014, Orgaz & Ratto 2015, Farfán 2019).

A lo largo de los años, nos hemos ocupado de investigar la naturaleza del dominio inka en el Valle Calchaquí Norte (en adelante vcn), Noroeste Argentino. Para ello, nos hemos dedicado al estudio de la mate rialidad y la espacialidad de sitios que corresponden al Período Intermedio Tardío1 (ca. 900-1430 dc, en adelante pit) e Inka (ca. 1430-1532 dc). Inicialmente nos concentramos en los sitios mixtos, es decir, aquellos en que cohabitaron representantes del Tawantinsuyu y grupos locales en las tierras bajas y fondos de valle (Figura 1, áreas 1 y 2; Acuto 1999, 2010, 2012; Acuto et al. 2012; Ferrari 2016; Ferrari et al. 2017a).

Figura 1 Valle Calchaquí Norte (Salta, Argentina). Áreas y sitios locales inkas y mixtos, entre los que se destaca el sitio que tratamos en este trabajo. Figure 1. Calchaquí Norte valley (Salta, Argentina). Inka and mixed local sites and areas, among which stands out the site discussed in this article. 

En los últimos años hemos puesto el foco en los sitios de altura (Figura 1, área 3), investigando especial mente la infraestructura desplegada por los inkas (Jacob & Leibowicz 2011; Jacob et al. 2011, Jacob et al. 2013; Leibowicz et al. 2014; Ferrari et al. 2017b; Leibowicz et al. 2018; Ferrari 2019). Teniendo en cuenta que la expansión inkaica no solo implicó ir al encuentro con nuevas personas, sino también entablar y negociar las relaciones con las entidades no humanas de veneración local, ¿cómo puede la materialidad y la espacialidad de los sitios mixtos de altura ayudarnos a entender cómo se acoplaron los inkas a las interacciones (humanas y no humanas) que encontraron en los territorios que anexaron? ¿Cómo eran estas interacciones en paisajes y lugares de particular relevancia para la cosmología andina en general e inka en particular? ¿Cuándo, quié nes, y por qué construyeron en las tierras altas del vcn?

Para responder a estos interrogantes nos centra mos en el Nevado de Cachi (Figura 2). Se trata de un gran macizo montañoso con nueve cumbres entre los 5300 y los 6380 msnm, cuya ladera oriental se ubica ente ramente en el vcn. Esta ladera está surcada por varias quebradas que se fusionan hacia los 4600 msnm para dar lugar a la quebrada La Hoyada, alimentar el río Las Pailas hacia los 3800 msnm, regar la concentración de campos de cultivo más amplia del sitio local homóni mo (potencialmente la más extensa e importante del vcn) y finalmente, hacia los 2300 msnm, contribuir al principal curso de agua de la región (río Calchaquí) a lo largo del cual se ubica la mayor cantidad de poblados arqueológicos.

Figura 2 Cursos y cuerpos de agua principales camino a la cumbre Meléndez. Destacamos Uña Tambo y el área de residencias y campos de cultivo principales del sitio local Las Pailas (SSalCac 18). Figure 2. Main bodies and courses of water on the way to Meléndez peak. We have highlighted Uña Tambo and the primary residential and crop field areas of the local site Las Pailas (SSalCaC 18). 

En este trabajo expondremos los resultados de las últimas investigaciones llevadas a cabo en el sitio Uña Tambo (SSalCac 169). Estas consistieron en una planimetría detallada con estación total, un análisis minucioso de las técnicas constructivas de sus recintos, el estudio macroscópico de los materiales recuperados durante las excavaciones y prospecciones intensivas en el sitio, y fechados radiocarbónicos.

Ocupaciones preinkaicas en precumbres y laderas de altura

Las numerosas crónicas e investigaciones que nos an teceden han dejado claro que la veneración de cumbres y geoformas destacadas es una práctica panandina am pliamente extendida que precede a los inkas. Al referirse a los nativos de la provincia de Guamachuco en épocas previas al dominio inkaico, Cieza de León escribió:

En los tiempos antiguos tenían sus religiones y supersticiones, y adoraban en algunas piedras tan grandes como huevos, y otras mayores de diversos colores. Las cuales tenían puestas en sus templos o guacas que tenían por los altos y sierras de nieve (Cieza de León 2005 [1553]: 219, capítulo Lxxxi).

No obstante esta clase de referencias, la construcción de sitios en precumbres y laderas de altura en tiempos preinkaicos ha sido poco documentada (Casaverde 2014, Farfán 2019). En el Noroeste Argentino se encuentran dos casos destacables que ejemplifican la intervención inka de sitios preinkaicos en tierras altas, y nos ayudan a contextualizar la discusión que presentamos en este artículo. En primer lugar, resaltamos los sitios registra dos en la zona cordillerana del Paso de San Francisco (Catamarca, Argentina) e investigados por Norma Ratto, Martín Orgaz y David Hershey. Allí, entre la evidencia de ocupación humana prehispánica, se destaca el sitio Fiambalá 1. Es un sitio multicomponente ubicado a 5000 msnm y cuenta con cinco estructuras pircadas de forma circular y subcircular. La evidencia material recuperada y los fechados radiocarbónicos indican que estuvo ocupado desde el Período Formativo (Orgaz & Ratto 2015: 223). Dada su ubicación al pie del impo nente volcán Incahuasi (6638 msnm), donde existe un adoratorio inka de altura, el registro arqueológico y los fechados preinkaicos obtenidos, Orgaz y Ratto (2015: 225) argumentan que en Fiambalá 1 se realizaron acti vidades ceremoniales relacionadas con la adoración de los volcanes, tanto por sociedades formativas del primer milenio de la era como por los inkas. Otro ejemplo destacable se localiza en la Puna de Salta (Argentina), donde se encuentra el sitio Cueva Inca Viejo (4312 msnm). Las ocupaciones de este sitio se remontan al menos al pit, y la parte exterior de la cueva, en particular, fue objeto de varias intervenciones claramente inkaicas entre las que destacan una escalinata, una plataforma, una pequeña plaza y un monolito (López et al. 2018, López & Coloca 2019), posiblemente huanca. A juzgar por las coordenadas y fotografías presentadas por los investigadores (López et al. 2015), las estructuras ri tuales inkas se encuentran en conexión visual no solo con el salar de Ratones sino también con el volcán Antofalla -ubicado a 121 km de distancia, orientación 247°, con una altura que alcanza los 6437 msnm- en cuya cima existe un adoratorio inka conformado por una plataforma circular de 9,5 m de diámetro máximo y una apacheta con una roca en sentido vertical en su centro (Beorchia Nigris 2001: 283-284).

Estos dos ejemplos son únicos y de una importancia capital al encuadrar el caso concreto que presentamos aquí, y para una discusión más amplia respecto de los modos de interacción entre los representantes imperiales y las personas y entidades no humanas de los paisajes locales. Más aún teniendo en cuenta que la expansión inkaica no solo implicó ir al encuentro con nuevas per sonas, sino entablar y negociar nuevas relaciones con las entidades no humanas de veneración local.

Cuando los inkas imprimían su visión del mundo en paisajes y lugares, plasmaban relaciones de jerarquía ligadas a un parentesco real y mítico para las personas y las entidades no humanas (Rostworowski 1983, Kolata 2003, D’Altroy 2005, Gose 2006, Chase 2015). Apropiar, expropiar, destruir, convertir y, llegado el caso, asignar nuevas wak'as, eran prácticas habituales que convertían el paisaje en un dispositivo permanente de memoriali- zación de las relaciones y del contexto más amplio en el que las personas estaban insertas (Nielsen & Walker 1999, Bray 2009).

Uña tambo (SSALCAC 169, 24° 59' 24.53" S, 66°19' 17.74" W - WGS 84). Su emplazamiento y su paisaje circundante

El sitio arqueológico Uña Tambo se ubica en la ladera oriental del Nevado de Cachi (Salta, Argentina) y cuenta con recintos individuales, pequeños complejos arquitectónicos y módulos de dos recintos, todos ellos emplazados en una superficie poco accidentada hacia los 4700 msnm.

El área de emplazamiento de este sitio tiene una particularidad fundamental y es que permite ver direc tamente el lado frontal de una geoforma muy destacada conocida como La Uña (también nombrada La Aguja o pirámide Alejandro Lewis), la que se eleva en solitario y de modo abrupto desde los 4657 msnm (4713 msnm en la sección más alta de la base) hasta los 4782 msnm (Figura 3). Su curvado lateral, aún más impactante en la medida en que nos aproximamos a ella desde el oriente por la quebrada de la Hoyada, y la notable sombra que proyecta hacia el cuadrante sur sobre la falda del cerro durante la mayor parte del día son características que pueden ser advertidas desde muchos sitios del vcn. Acercarse desde el sur y desde el sudeste no solo permite apreciar de primera mano su notable curvatura, sino que además expone el color rojo de su cara frontal y un desprendimiento que presenta una sección en color negro, a lo que se suman las vetas de cuarzo lechoso de su base. Su lado norte no resulta tan llamativo, pero sí puede advertirse que está coronado por una cima aborregada de color beige (Figura 3e).

Figura 3 Vistas de La Uña: a, b, c) laterales; d) vista desde la cumbre Meléndez; e) trasera; f) frontal. Figure 3. Views of La Uña: a, b, c) lateral views; d) view from Meléndez's summit; e) back view; f) front view. 

El último aspecto notable de esta geoforma es que se eleva abruptamente a tan solo 200 m de la intersec ción entre tres cursos de agua (Figura 2) y (Figura 3). Uno de ellos, sin nombre, corre al norte de La Uña y es alimentado fundamentalmente por el Pilar de Las Pailas (5960 msnm). Al sur de La Uña corre un segundo curso de agua alimentado por el deshielo de la cumbre Meléndez y el escurrimiento de un cuerpo de agua ubicado a los 5290 msnm. Un tercero es alimentado fundamental mente por el deshielo de las cumbres Meléndez (6020 msnm) y Pellicelli (5840 msnm). Estos tres cursos de agua corren cerca de los tres sitios arqueológicos más importantes de las laderas orientales de este macizo: El Apunao (SSalCac 174, 4750 msnm; Jacob & Leibowicz 2011, Ferrari et al. 2017b), los recintos y rasgos en la cumbre Meléndez (6020 msnm; Leibowicz et al. 2018) y Uña Tambo. Estos cursos confluyen al pie de La Uña para dar lugar al que usualmente se denomina quebrada La Hoyada, que alimenta el río Las Pailas, riega (junto a la quebrada de Las Arcas) una concentración de campos de cultivo en el sitio Las Pailas y finalmente contribuye con sus aguas al río Calchaquí hacia los 2300 msnm.

Sin dudas se trata de un paisaje potente. A sus cumbres nevadas y geoformas destacadas se suman lagunas, manantiales, cursos de agua y valles de altura que conectan ambientes marcadamente distintos. La importancia de la cumbre del cerro Meléndez en este paisaje ha sido ampliamente discutida (Vitry 2008, Ceruti 2009, Leibowicz et al. 2018). Nos concentraremos aquí en la relevancia que pudo haber tenido La Uña en este paisaje y quiénes, cuándo y por qué construyeron el sitio más extenso de este macizo al pie de ella.

Objetivos y metodología

El objetivo central que motivó nuestras intervenciones en el sitio Uña Tambo fue determinar si el área en que se emplazó era visitada por grupos locales con ante rioridad, o si los representantes imperiales eligieron un lugar que no era frecuentado previamente. En línea con este objetivo central, nuestras actividades estuvie ron dirigidas a establecer la profundidad temporal de las intervenciones en este paisaje y quiénes fueron los responsables. Para ello realizamos un análisis detallado de la arquitectura de los recintos, relevamientos del material de superficie en los recintos, prospecciones intensivas entre ellos y en el área circundante del sitio, y excavaciones destinadas a identificar contextos claros y establecer secuencias íntegras susceptibles de ser fechadas. Detallamos a continuación las estrategias, métodos y técnicas empleadas.

Análisis arquitectónico

Respecto del análisis arquitectónico, prestamos especial atención a los gestos y técnicas constructivas. Esta di visión entre gestos y técnicas es meramente expositiva y claramente permeable. Por “gestos” nos referimos a decisiones de diseño general, tales como el diseño de planta (forma del perímetro), la decisión de construir complejos arquitectónicos o recintos individuales y la posición de los accesos. Por “técnicas” entendemos variables como el ancho de los muros, los ángulos de contacto internos y externos (que aquí llamaremos “esquinas”), la presencia de selección o trabajo en las rocas que los componen y otra clase de características que mencionaremos más adelante. Contamos con una amplia base de datos respecto de las técnicas construc tivas aplicadas en diferentes tipos de recintos de origen local, sitios inkas y sitios con ambos componentes en el vcn (Tarragó 1977; Tarragó & Díaz 1977; Díaz 1983, 1992; DeMarrais 1997; Gifford 2003; Baldini et al. 2004; Kergaravat et al. 2015; Ferrari 2016; Ferrari et al. 2017b). En estas técnicas nos basamos tanto para diseñar el relevamiento arquitectónico como para discutir los resultados.

Existe para el vcn una división distintiva, persis tente y comúnmente aceptada entre modos de edificar muros locales e inkas. De modo sintético, la forma de construir durante el pit en el vcn consistía en diseños de planta con ángulos de contacto redondeados en las esquinas de los recintos, en terminaciones redondeadas en los accesos y en, al menos, tres técnicas concretas (a menudo predominantes pero no exclusivas) para edifi car y asentar los muros (descritas en Ambrosetti 1907, Tarragó 1977, Gifford 2003, Baldini et al. 2004, Ferrari 2012, Kergaravat et al. 2015). Una técnica consistía en excavar un área (mayoritariamente subrectangular) y revestir posteriormente las superficies verticales con un lienzo de rodados fluviales. Esta técnica predomina en algunos sitios puramente locales (por ejemplo, Mariscal, SSalCac 5) y en los sectores locales de determinados sitios mixtos (por ejemplo, La Paya, SSalCac 1). Una segunda técnica consistía en edificar paredes de muros dobles sin relleno, levantadas mediante la superposición y encastre oblicuo de rocas subtabulares. Esta técnica predomina en el sitio próximo de Las Pailas (SSalCac 18), ubicado al pie del Nevado de Cachi. Una tercera resulta en muros de lienzo doble con relleno, levantados con rocas angulares y subangulares, y es dominante en sitios locales en el extremo norte del vcn (por ejemplo, Esquina Azul, SSalLap 5).

El modo típicamente inka en la región consiste en diseños de planta rectangular y cuadrangular con ángulos de contacto rectos o casi rectos, selección a favor de rocas tabulares con caras planas y ocasional canteo de las caras expuestas de las rocas. Por supuesto, existen casos “extremos”, como el de la Casa Morada de La Paya, donde hay selección a favor de una deter minada materia prima (arenisca) o de un color (rojo), y se aprecia evidente canteado no solo para las caras expuestas, sino también para dar una forma tabular a las rocas que componen los muros (Ambrosetti 1907, González & Díaz 1992).

Inspirados en investigaciones propias y prece dentes, resolvimos generar un lenguaje observacional de base para identificar regularidades y correlaciones constructivas, con el propósito de reconocer todos los tipos edilicios y técnicas posibles en Uña Tambo, y asignar la arquitectura de los recintos a intervenciones locales o inkas. En cada recinto se registró la forma general del perímetro (cuadrangular, subcuadrangular, rectangular, subrectangular, circular, semicircular, elip soidal, subtrapezoidal, subtriangular, irregular, muro único), la presencia de accesos o aperturas, su ancho y posición cardinal. Se estableció también la superfi cie interna y el tipo de muro construido (presencia o ausencia de relleno o refuerzo en algún segmento particular o en todo el muro); se hizo una apreciación general del tamaño de las rocas (grandes, medianas y pequeñas) y de su disponibilidad (local o no), como también del número de hileras horizontales y verticales que componen los muros. Se identificó la presencia o ausencia de selección o trabajo en las rocas y el tipo de selección cuando correspondía (p.e., a favor de rocas tabulares o subtabulares, “caras planas” cuando la selección es clara y mayoritaria o bien “preferencia por caras planas” cuando exista una buena cantidad de rocas con caras planas entre rocas sin selección aparente); la disposición de las rocas (indetermina da, irregular, horizontal, vertical, perpendicular al eje o plano vertical del muro, en encastre oblicuo o mixta); la densidad de rocas en las fachadas (cantidad por m2); la cantidad de rocas para encastre por m2; el tipo de contacto entre las esquinas internas y externas de los muros (redondeado o en ángulo); el ancho de los muros, la altura actual, el tipo de terminación de los accesos allí donde estaban bien preservados (p.e., indeterminado, recto, bloque sin modificar, en án gulo); la presencia o ausencia de infraestructura o de algún rasgo adicional en el recinto; los hallazgos en la superficie de los muros, y la presencia o ausencia de visibilidad de la cumbre del cerro Meléndez y de La Uña, desde el interior y el exterior inmediato del recinto en cuestión (Figura 4). Los valores morfométricos (superficie, altura, ancho del acceso, etc.) fueron tomados con una estación total y el plano resultante se georreferenció con Gps.

Figura 4 Ejemplos de variables consideradas en el relevamiento arquitectónico. Figure 4. Examples of variables considered during the architectural surveys. 

Con el objetivo de identificar regularidades y correlaciones que nos permitan aislar tipos edilicios y casos particulares, anómalos o sobresalientes, realizamos análisis de contingencias y conglomerados bietápicos. La imposibilidad de definir agrupamientos de buena calidad susceptibles de ser descritos de acuerdo a una jerarquía de variables directrices será justamente uno de los aspectos a discutir en este trabajo. Al ejemplificar ciertas tendencias, el número de recintos cambia de acuerdo al número de descartados por su estado de preservación deficiente.

Recolecciones de superficie y excavaciones

El análisis de la arquitectura fue complementado con prospecciones intensivas y recolecciones de superficie dirigidas a identificar materiales diagnósticos. A fin de determinar la profundidad temporal de las inter venciones, planteamos un total de ocho unidades de excavación (cobertura total de 22 m2) en complejos arquitectónicos, en un módulo de dos recintos y en un recinto individual (Figura 5). Para clasificar los restos cerámicos nos basamos en la gran cantidad de antecedentes arqueológicos y revisiones respecto de las características y las cronologías de la cerámica de estilo Santa María e Inka en el Noroeste Argentino (Ambrosetti 1907, Bennett et al. 1948, Márquez Miran da & Cigliano 1957, Podestá & Perrotta 1976, Weber 1978, Calderari 1991, Bray 2004, Nastri 2005, Tarrago et al. 2017), y nos concentramos exclusivamente en elementos diagnósticos susceptibles de determinarse mediante observación macroscópica.

Figura 5 Plano del sitio Uña Tambo, distribución de las unidades de excavación y recintos numerados. Figure 5. Uña Tambo site plan, distribution of the excavated units and numbered enclosures. 

Resultados

Generalidades, regularidades y particularidades arquitectónicas

En primer lugar, destacamos que no se trata de cons trucciones expeditivas. Contrariamente a lo que sucede en cotas más bajas de la quebrada de La Hoyada, donde se encuentran pequeños refugios de baja altura em plazados en torno a recursos estratégicos, los recintos presentes en Uña Tambo son relativamente altos y están bien construidos. La gran mayoría presenta al menos cuatro hileras de roca en sentido vertical (78,94%, n=30, N=38) y hasta ocho hileras (n=2) con segmentos que alcanzan 1,56 m de altura respecto de la superficie ac tual. Las excavaciones contra los muros internos de los recintos 3, 7, 8, 14, 40 y 42 indican que el derrumbe ha sido bajo, lo que implica alturas no muy superiores a los máximos registrados durante las actividades de campo. Independientemente de la frecuencia de las visitas a esta zona, las edificaciones parecen haber estado diseñadas para perdurar y para albergar personas de modo más prolongado que un simple refugio.

En segundo lugar, se observa que no son recintos de gran superficie. Es claro que, al menos en tiempos inkaicos, en Uña Tambo no existían los grandes espacios públicos presentes en algunos sitios locales (como Las Pailas, con superficies a partir de 510 m2 (Kergaravat et al. 2015, Izaguirre & Ferrari 2018), en sitios mixtos como Guitián en el extremo sur del vcn (Ferrari et al. 2017a), y sitios inkas como Cortaderas Bajo o Potrero de Payogasta hacia el extremo noreste del vcn (Raffino 1981, Acuto & Gifford 2007). Los recintos de Uña Tambo son relativamente pequeños, ya que tienen una superficie media de 9,79 m2 (con extremos de 68,9 y 1,73 m2). Los espacios relativamente grandes y claramente delimitados son únicamente aquellos localizados en las dos kanchas ubicadas en las secciones superior e inferior del sitio (68,9 y 68,5 m2, respectivamente; Figura 6, F.2 y F.3).

Figura 6 Complejos arquitectónicos en Uña Tambo. Figure 6. Architectural complexes in Uña Tambo. 

El tercer aspecto significativo de este sitio es que no detectamos vías de circulación claras. En las cotas inferiores del vcn, la gran mayoría de los sitios locales estaban organizados en sectores circunvalados por anchas vías de circulación, a menudo sobreelevadas, que se en contraban entrelazadas y atravesaban los asentamientos de modo longitudinal y transversal (Alfaro de Lanzone 1985, González & Díaz 1992, Kergaravat et al. 2015, Fe rrari 2016). Esto también se ha visto en el caso de sitios mixtos (por ejemplo, La Paya, SSalCac 1), aunque con modificaciones en las vías de circulación que limitaban la accesibilidad al sector inkaico del sitio (Ferrari 2016). En la mayor conglomeración de residencias (SSalCac 18-1), en el sitio ubicado inmediatamente bajo el área prospectada (Las Pailas), las vías de circulación son un componente esencial de sus 5 ha de residencias y espacios públicos (Kergaravat et al. 2015). En Uña Tambo, por el contrario, no detectamos claros senderos que puedan haberse formado ni siquiera por la circulación reiterada de personas por los mismos trayectos, lo que es una consecuencia esperable de un contexto de ocupaciones poco frecuentes y poco numerosas. La división espacial y topográfica más notable está dada por un desnivel que secciona el sitio en mitades (Figura 5), y lo único que puede haber regulado finamente la movilidad de las personas es la presencia de cuatro complejos arquitectónicos, que aquí definimos operativamente como dos o más recintos vinculados por accesos directos y con un único acceso al complejo desde el exterior. Además de las dos kanchas, documentamos un pequeño complejo arquitectónico de tres recintos en la sección superior del sitio (descrito en Jacob et al. 2013) y un complejo arquitectónico de cinco recintos en la sección inferior (Figura 6, F.2 y 3).

El cuarto punto notable remite a la estandarización de las kanchas (Figura 6, F.2 y 3). Aquella de la sección superior del sitio contiene cinco recintos pequeños (X = 4,99 m2) con accesos directos a un gran recinto de 68,5 m2 (Figura 5). La kancha de la sección inferior tiene cuatro recintos pequeños (X = 6,9 m2) con accesos directos a un gran recinto de 68,98 m2. Ambos diseños de planta obedecen a lo que se conoce como Recinto Perimetral Compuesto (rpc, sensu Raffino 1978: 97). Sin embargo, su diseño de planta difiere de aquel que puede observarse en sitios inkas y sectores inkas de sitios mixtos en las áreas 1 y 2 del vcn (Figura 1), caracterizadas por una estricta rectangularidad en su perímetro general y en sus recintos internos (véase Raffino 1981, D’Altroy & Williams 1998, Acuto & Gifford 2007, Acuto et al. 2012, Ferrari 2017a).

En quinto lugar, respecto de las técnicas construc tivas aplicadas en los muros, apreciamos que una gran mayoría de ellos fueron construidos con rocas que no parecen haber sido trabajadas o elegidas por su forma (n=24, 63,15%, N=38), y en general dispuestas de modo irregular (34,21%, n=13, N=38) o mixto (irregular con predominancia horizontal) (42,1%, n=16 / N=38). En los casos en que existen ejemplos claros de selección y disposición, la frecuencia de selección es baja y may- oritariamente a favor de rocas que tienen caras planas (n=10, 23,31%, N=38, recintos 14, 16, 25, 26, 27, 28, 35, 41, 42 y 43). Solo en un único caso se observó selección a favor de rocas tabulares con caras planas (recinto 42 en Figura 5).

El sexto punto a destacar es la presencia de rocas figurativas en los muros. Llamamos rocas figurativas a aquellas que, de modo natural o con intervención de las personas (ya sea por labrado, grabado, rotación, traslado o cualquier forma de reposicionamiento y retoque), emulan montañas y rasgos geológicos específicos. Han sido ampliamente documentadas y se las ha denomi nado “piedras eco”, ya que no solo emplean la mímesis visual, sino que además comparten una esencia común con aquello que encarnan (Dean 2010: 55-56). En otras palabras, no se trata de simples representaciones en miniatura sino de auténticas extensiones sustanciales y materializaciones del rasgo o la montaña que emulan. En Uña Tambo hemos detectado varias rocas figurativas (N=11), todas ellas empotradas en los muros de los recintos (n=7) o entre ellos (n=4), pero siempre en el sector superior del sitio. Tienen tamaños y posiciones variables, y algunas fueron claramente modificadas para emular el lado frontal de La Uña (Figura 7).

Figura 7 Distribución y ejemplos de rocas figurativas empotradas en muros de recintos y entre ellos. Figure 7. Distribution and examples of figurative rocks built into enclosure walls and between them. 

El séptimo aspecto a destacar es el emplazamiento de los recintos y su relación con la visibilidad de la cumbre del cerro Meléndez y La Uña. Mencionamos que Uña Tambo se construyó en un llano entre fuertes pendientes al este y al oeste. Las pendientes hacia el oeste no solo separan al sitio del valle de altura que lleva a la cumbre del cerro Meléndez, sino que además bloquean la posibilidad de ver la cumbre desde allí. Lo contrario ocurre con la cara frontal o sur de La Uña, que es visible desde el exterior de todos los recintos de este sitio. La visibilidad desde el interior de estos es algo particularmente difícil de estimar, ya que no contamos con información concluyente respecto de la existencia de techumbre. Las excavaciones no nos permitieron detectar agujeros de poste, aunque la poca superficie de muchos de los recintos y una ocupación no permanente, posiblemente no ameritaban más que una techumbre simple. En todo caso, sí vale afirmar con seguridad que la cara frontal de La Uña era visible desde el exterior de todos los recintos de este sitio y desde el interior de los patios de las kanchas (recintos 7 y 45) a los que suponemos no techados con relativa confianza.

Finalmente, y en línea con la visibilidad de La Uña, queremos resaltar que en aquellos casos en que hay accesos o aperturas claramente determinables (79,48%, n=31, N=39), la gran mayoría (80,64%, n=25, N=31) se ubica en el cuadrante sur de los recintos (entre 135° y 225° respecto del norte). Solo seis casos escapan a esta regularidad: tres accesos posicionados al este, un caso al norte, uno al oeste y un único caso al noreste (este último en el recinto 1 en el complejo arquitectónico más elevado del sitio). En otros términos, los constructores procuraron que casi todos los accesos evitaran apuntar hacia La Uña, con un único caso (recinto 1) apuntando en esa dirección.

Recolecciones de superficie y excavaciones

Un aspecto relevante con relación a los resultados de las excavaciones y las recolecciones de superficie es la baja cantidad de cerámica recuperada y su alto grado de fragmentación y erosión. Más importante aún para lo que se discute aquí es la dominancia de estilos locales entre aquellos fragmentos que podemos asignar con fiabilidad a algún estilo diagnóstico (Tabla 1) y (Tabla 2). Concretamente, en las prospecciones intensivas de 2015 identificamos en superficie los estilos locales Santa María Bicolor Negro sobre Rojo y Santa María Baño Crema con Diseños en Negro (sm n/r y sm n/c en Tabla 1) y solo en un único caso recuperamos en superficie un tiesto de estilo Inka (fig. 8c, recinto 42; Tabla 2).

Tabla 1 Frecuencias observadas y relativas de los hallazgos en superficie recuperados en 2015 en el interior de los recintos, fuera de ellos y en el área circundante al sitio. Table 1. Observed and relative frequencies of the surface finds recovered in 2015 within and outside the enclosures and in the area surrounding the site. 

Tabla 2 Frecuencias observadas y relativas de tipos identificados y no identificados de los fragmentos de cerámica recu perados en las excavaciones en los recintos 14 y 42. Table 2. Observed and relative frequencies of identified and unidentified types of the pottery fragments (potsherds) recovered during the excavations of enclosures 14 and 42. 

Respecto de las excavaciones (Tabla 2), nos deten dremos a exponer en detalle aquella que dirigimos al lado interno del muro norte del recinto 42 en la kancha inferior. Se trata del único recinto en el que documenta mos una selección a favor de rocas tabulares con caras planas en disposición horizontal. Además, el único donde documentamos en superficie un tiesto inka que presenta decoración del tipo “Patrón clepsidras en trans lación vertical” (González Carvajal 2004: 379), también llamado X & Bar y común en las vasijas cuzqueñas, pero no tan frecuente en las piezas provinciales (Bray 2004: 371). Adicionalmente, en el primer y segundo nivel de excavación detectamos dos fragmentos muy pequeños de una forma abierta, cuya decoración de superficie hacia el borde se corresponde con motivos descritos como guardas geométricas con motivos triangulares (Tarrago et al. 2017: 110) o como “triángulos negros invertidos en translación horizontal” (González Carvajal 2004: 379) y potencialmente Inka provinciales (Figura 8d). Una pieza de similares características es aquella documentada previamente en superficie en este sitio (Figura 8e), a su vez parecida a un fragmento hallado en contextos inkas de las tierras altas de la puna salteña (véase Coloca 2020: 275, Figura 19b).

Figura 8 Distribución de hallazgos de superficie y ejemplos de cerámica: a) ordinaria; b) Santa María; c-d) Inka, con e) foto de archivo de fragmento inka recuperado en 2011 en el patio de la kancha inferior. Figure 8. Distribution of surface finds and samples of pottery: a) ordinary; b) Santa María; c-d) Inka, with e) archive picture of Inka fragment recovered in 2011 in the yard of the inferior kancha. 

Tal como se observa en las tablas, dominan los fragmentos de estilo local (Tabla 1) y (Tabla 2). Las dataciones radiocarbónicas sobre carbón vegetal en los niveles de excavación 4 y 3 arrojaron, respectivamente, fechas de 895-1131 cal. ad (rango de 1 σ, p=1) o 873-1159 cal. ad (rango de 2 σ, p=0,977) (1090±70 ap [lp-3339]) y 1158-1268 cal. ad (rango de 1 σ, p=1) o 1137-1282 cal. ad (rango de 2 σ, p=0,911) (880±50 ap [lp -3332])2. En definitiva, en un recinto de arquitectura inka y ubicado en una kancha, dominan los fragmentos locales y las dataciones muestran que las actividades comenzaron a inicios del pit. Los resultados de la excavación en el recinto 14 replican parcialmente aquello que sucede en el recinto 42, aunque únicamente identificamos fragmentos de cerámica de estilos locales.

Discusión

Iniciamos este artículo preguntándonos por la profun didad temporal de las construcciones en estos terrenos de altura y por sus responsables. Dados los antecedentes en la zona, siempre que tratamos la arquitectura de los recintos buscamos una clara división entre grupos locales e inkas que se materializara en sus modos de construir. En Uña Tambo, trazar divisiones claras entre tipos edilicios e inferir la filiación étnica de los constructores no es tan sencillo como en los sitios mixtos en las cotas bajas del vcn. Aun las técnicas constructivas de las kanchas muestran una coexistencia de técnicas y gestos locales y foráneos en conjunto con una fuerte impronta local en la cerámica recuperada. ¿A qué podrían deberse estas mixturas y coocurrencias?

Tal como adelantamos en la introducción a este trabajo, creemos que las evidencias indican que Uña Tambo es el producto de una larga historia de cons trucciones y remodelaciones. Los fechados disponibles, una ausencia generalizada de contextos claros y un alto grado de fragmentación en los materiales encontrados nos llevan en esa dirección. La secuencia del recinto 42 en particular refuerza esta posibilidad; un recinto con técnicas constructivas inkaicas en un complejo arquitectónico con diseño de planta y cerámica Inka en superficie y en los primeros niveles de excavación, pero con depósitos que se remontan hasta inicios del pit y presentan una fuerte impronta local en la secuencia cerámica general. Es posible que el intervalo de ocupación de este sitio no solo haya implicado modificaciones de recintos previos, sino también nuevas modalidades de construir surgidas de la interacción entre representantes locales e inkas.

¿A qué se debían las visitas tempranas a este lugar en particular? Sabemos que el cerro Meléndez tuvo una gran importancia en esta región, pero algunas características arquitectónicas de los recintos de Uña Tambo nos llevan a pensar que La Uña también era una importante entidad no humana en este paisaje. Una entidad poderosa que inspiraba respeto y ante la cual las personas que transitaran sus inmediaciones debían tomar recaudos. Investigaciones etnográficas y documentos históricos nos señalan que ciertas zonas, lugares, franjas de la montaña y rasgos son inherentemente peligrosos. Dirigirse a las tierras altas implica acercarse a la posible interacción con seres del inframundo o, particularmente en el caso de las cumbres y precumbres, a espacios fuera de este tiempo en el que moran todo tipo de entidades y fuerzas potencialmente perjudiciales (Ávila 1966 [ca. 1598], Bakewell 1984, Cruz 2006, Ra món Joffré 2009, Allen 2011). También debemos tener en cuenta que a las entidades no humanas del paisaje andino se las considera ambiguas en sus disposiciones, por lo que un afloramiento puede proporcionar refugio y descanso, pero también “comerse” a las personas o provocar enfermedad y muerte (Allen 2011: 112-118). Para estar a salvo en sus dominios, había que pedir permiso y tomar recaudos. Una práctica regular era pautar cuidadosamente los encuentros e interacciones con ciertas entidades no humanas, lo que a menudo implicaba enmarcar rasgos y eventos específicos del paisaje terrestre y celeste mediante caminos, marca dores en el horizonte y accesos. La posibilidad de ver y ser visto por ciertas wak'as no era un asunto menor, y así lo muestra la solemnidad y cautela con la que las comitivas hacían largos recorridos sin levantar la vista (Murúa 2008 [ca. 1590]: f. 283v). En las laderas orientales de la cumbre Meléndez, es claro que locales e inkas procuraron construir Uña Tambo en un área que los ocultaba de la “vista” de la cumbre. Asimismo, buscaron no estar permanentemente expuestos a La Uña, evitando que los accesos a los recintos apunten en dirección a ella. En otras palabras, con la arquitectura de los recintos reprodujeron parcialmente los recaudos que tomaban respecto de la cumbre Meléndez.

El posicionamiento de los accesos no fue la única precaución que tomaron los constructores de Uña Tambo. Tan crucial como no exponerse demasiado a La Uña en su territorio más íntimo, fue disponer de rocas figurativas a modo de dispositivos públicos y privados con el fin de agasajarla o pedir permiso para permanecer en su territorio inmediato. Algu nos ejemplos paradigmáticos de esta clase de rocas pueden hallarse justamente en Machu Picchu (Perú), donde varias rocas y afloramientos fueron claramente modificados para emular cerros circundantes como el Putucusi, el Huayna Picchu y el Yanantin (Brittenham 2014). Con su miniaturización y ofrendas, las personas cuidaban, controlaban y ganaban favores de entidades no humanas que eran demasiado poderosas, grandes, distantes o rebeldes (Dean 2010: 56). El rol de La Uña en este paisaje bien pudo haber estado vinculado a aquella intersección tinku de cursos de agua al pie de esta, como también oficiado de mediadora entre las personas y la cumbre del cerro Meléndez, circunstancia ya registrada en otras regiones de los Andes (Ramón Joffre 2009: 39).

¿Por qué los representantes imperiales también se asentaron allí? Mencionamos que la expansión inkaica implicó entablar y negociar las nuevas relaciones con las entidades no humanas de veneración local. Considerando la importancia que tuvo este paisaje para las sociedades locales, no es de extrañar que los inkas hayan prestado especial atención a esta zona. En otras oportunidades hemos mostrado que en los sitios mixtos del vcn, los representantes imperiales utilizaban la arquitectura de los espacios públicos y los recintos adjuntos para segregar a las personas y transmitir claramente su posición en un esquema social y cosmológico más amplio (Ferrari et al. 2017b). En el caso de Uña Tambo, es particularmente difícil estimar cuántas personas iban allí en tiempos preinkaicos, pero sí sabemos que los grandes espacios públicos locales estuvieron ausentes durante la época inka. Si su lugar lo tomaron los espacios semipúblicos de las kanchas, entonces es posible que los representantes imperiales hayan buscado cooptar o controlar las prácticas locales relativas a La Uña.

Consideraciones finales

Los datos generados por las últimas investigaciones en Uña Tambo deben insertarse en un esquema interpre tativo amplio. Es decir, que tenga una cronología más extensa de la que habíamos previsto cuando iniciamos las investigaciones en este sitio, y que integre aprecia ciones respecto de las relaciones entre las personas y entre estas y las entidades no humanas del paisaje. En este esquema, las visitas a la zona comenzaron al menos hacia inicios del pit, ya sea para venerar a La Uña por derecho propio o por considerarla un eslabón no humano más en una jerarquía local de entidades no humanas, encabezada por la cumbre Meléndez. Al construir en Uña Tambo, los representantes imperiales se focalizaron en un área que ya era importante para las sociedades locales y, si bien dejaron su impronta, no parecen haberse ocupado de borrar la presencia local para construir un paisaje nuevo “desde cero” y plenamente imperial. Por el contrario, todo indica que se ocuparon de acoplarse a la liturgia local e incorporarla a la gran red de entidades humanas y no humanas que configuraron a medida que anexaban nuevos territorios. El caso y las interpretaciones vertidas en este trabajo, nos ofrecen un nuevo ejemplo para discutir la com plejidad de las dinámicas de interacción que los inkas mantuvieron con las personas humanas y no humanas que integraron durante su expansión.

Agradecimientos:

Los contenidos vertidos en este artículo fueron generados en el marco de investigaciones financiadas por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina y por la National Geographic Society (exploration grant #9769-15). Agradecemos a todos aquellos que han participado de las actividades de campo y a la comunidad Diaguita-Kallchakí por interesarse y contribuir activamente a las discusiones y trabajos de campo, así como por la hospitalidad y predisposición que han mostrado a lo largo de los años.

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1 Se corresponde con lo que en Argentina se denomina Período Tardío o Período de Desarrollos Regionales, cuyo intervalo temporal varía ligeramente entre investigadores y regiones.

2Lamentablemente, el segundo nivel de excavación no pudo ser fechado pese a un gramaje adecuado y un pretratamiento exitoso. Todos los fechados fueron realizados en el latyr (Laboratorio de Radiocarbono del Centro de Investi gaciones Geológicas, La Plata, Buenos Aires, Argentina) con el método de 14C tradicional y luego calibradas con la curva SHcal20 en el software Calib 8.1.0 (Stuiver & Reimer 1993, Hogg et al. 2020).

Recibido: Abril de 2020; Aprobado: Diciembre de 2020

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