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Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino

versión On-line ISSN 0718-6894

Bol. Mus. Chil. Arte Precolomb. vol.26 no.1 Santiago  2021

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-68942021000100093 

ARTÍCULOS

Arqueomineralogía de cuentas de los valles orientales del norte de Salta, Argentina

Archaeomineralogy of beads from the eastern valleys of northern Salta, Argentina

1 María Florencia Becerra, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Arqueología, Buenos Aires, Argentina. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (conicet), Buenos Aires, Argentina. E-mail: florenciabecerra@gmail.com.

2 Beatriz N. Ventura, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Arqueología, Buenos Aires, Argentina. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (conicet), Buenos Aires, Argentina. E-mail: beatrizventura2006@yahoo.com.ar.

3 Patricia Solá, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Arqueología, Buenos Aires, Argentina. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (conicet), Buenos Aires, Argentina. E-mail: patriciasola@gmail.com.

4 Mariana Rosenbusch, conicet, Centro Atómico Constituyente (cac), Buenos Aires, Argentina. E-mail: rosenbus@cnea.gov.ar.

5 Guillermo Cozzi, intemin-segemar, Buenos Aires, Argentina. E-mail: guillermo.cozzi@segemar.gov.ar.

6 Andrea Romano, intemin-segemar, Buenos Aires, Argentina. E-mail: andrea.romano@segemar.gov.ar.

Resumen:

Se presenta la caracterización de 1088 cuentas provenientes de colecciones de museos y recolecciones de campo del norte de Salta, Argentina. Se identificaron cuentas confeccionadas sobre toba, pizarra, vidrio, material malacológico y minerales. Para 27 de ellas se usó meb-edx y drx, registrándose turquesa, sodalita y ópalo, y se modificaron sus clasificaciones previas a partir de datos geoquímicos y observación macroscópica. Finalmente, se evalúan potenciales fuentes de aprovisionamiento líticas, malacológicas y alóctonas.

Palabras clave: Arqueomineralogía; Cuentas; Valles ori entales; Salta

Abstract:

This paper presents the characterization of 1088 beads from museum collections and field collections from the eastern val leys of northern Salta, Argentina. Beads made of tuff, slate, glass, malacological material, and minerals were identified. 27 beads were analyzed through sem-edx and xrd revealing turquoise, sodalite and opal, and their previous classifications were modified from geochemical data and macroscopic observa tion. Finally, potential lithic, malacological, and foreign supply sources were assessed.

Keywords: Archaeomineralogy; Beads; Eastern Valleys; Salta

En el mundo andino, ciertos bienes ornamentales fueron muy requeridos, entre ellos, las cuentas manufacturadas con rocas y minerales, sobre material malacológico, en metales y hueso. Estas piezas tuvieron valor como adornos personales, siendo también aplicadas en tabletas de madera, máscaras y vasos. Además, se depositaron como ofrendas funerarias y en las abras de las montañas junto a mineral molido, ritualidad vinculada con el culto a los cerros y los volcanes, con el tránsito de larga distancia y prácticas de pastores-mineros (Berenguer 2004, Nielsen et al. 2017). El pequeño tamaño de estas piezas y su durabilidad les otorgaron gran potencial para su circulación e intercambio (Soto 2019).

El color fue uno de los principales atributos con siderados en la selección de las materias primas, así como el brillo y textura del mineral, su facilidad para ser trabajado y su abundancia. Pudieron influir también en su valoración la distancia o la dificultad para adquirir el material, su carácter “exótico”.

Durante el Tawantinsuyu, los adornos del Inca y de la nobleza consistían en grandes tocados, pectora les, orejeras, coronas, brazaletes de metales preciosos y collares confeccionados con piedras semipreciosas -como la turquesa- o con materiales de profunda significación -como el mullu (Spondylus sp.)-. El valor simbólico de ciertos elementos o materiales y los ritos en que se utilizaban los hizo necesarios en la vida social y religiosa. Por esta razón, la actividad minera para fines metalúrgicos y manufactura lapidaria fue estimulada y controlada por el Estado (Berthelot 1978, Cantarutti 2013, Salazar et al. 2013), aunque también pudo efectuarse fuera del ámbito imperial (Garrido 2017).

El hallazgo de cuentas manufacturadas con diversos materiales se ha registrado en sitios arqueológicos de distintas cronologías en el Noroeste Argentino (noa), pero en pocos casos se hicieron análisis específicos de sus materias primas. Generalmente, la identificación fue únicamente macroscópica, lo cual muchas veces confundió especímenes minerales de coloración similar1. La sola distinción cromática ha llevado a clasificar, por ejemplo, a la sodalita como lapislázuli o a la turquesa como malaquita, subestimando la variabilidad mine ralógica y geoquímica de los minerales empleados en determinada región. Asimismo, desde la arqueología no se ha logrado aún un estudio cabal de la literatura geológica sobre posibles fuentes de extracción de minerales para manufacturas lapidarias en el noa.

En diversos asentamientos de los valles orientales del norte de Salta, Argentina, se ha recuperado una gran cantidad de cuentas, la mayoría de ellas confeccionadas con minerales de color verde, turquesa y azul y, en menor proporción, líticas, malacológicas y de vidrio. Como parte de los estudios de colecciones y de cam po que hemos realizado en esta región, presentamos aquí una caracterización de las mismas, evaluando materia prima, cantidad, forma, color y su potencial confección in situ (presencia de preformas y accesi bilidad a materias primas). Completamos el análisis con el estudio geoquímico de 27 cuentas minerales y una lítica, desde una visión analítica sustentada en la arqueomineralogía. Esta subdisciplina de la arqueometría permite caracterizar y clasificar materiales, analizar procesos posdepositacionales y plantear posibles fuentes de aprovisionamiento (Rapp 2009). Sobre la base de los resultados obtenidos, y a partir del análisis de bibliografía especializada, mencionamos las principales fuentes de los minerales detectados en la muestra, principalmente en los actuales territorios de Argentina, Chile, Bolivia y Perú.

Los valles orientales del norte de Salta

Nuestros trabajos arqueológicos se realizan en los valles de Iruya, Nazareno y Bacoya, en el norte de Salta (Argentina), ubicados en la ladera oriental de las serranías de Santa Victoria (cordillera Oriental) (Figura 1). Este sector limita al oeste con la Puna de Jujuy y, al este, con los bosques montanos y la selva de las Yungas salteñas. Abarca desde los 4000 msnm en las serranías hasta los 2000 msnm en los valles de los ríos. La intensa disección fluvial ha generado un relieve escarpado con pendientes pronunciadas y quebradas profundas. En la franja de los 2700-3300 msnm, se extienden los pas tizales de Neblina (Brown & Grau 1993), que durante la estación lluviosa (verano) se transforman en verdes praderas. Allí, gracias a las condiciones microclimáticas y edafológicas, se han emplazado los asentamientos humanos, antiguos y actuales, y se ha construido una extensa andenería agrícola en las terrazas fluviales y en las laderas de los cerros.

Figura 1 Mapa del área de es tudio con los sitios arqueoló gicos mencionados. Figure 1. Map of the study area with the archaeological sites mentioned in the text. 

Geología

La estructura de la serranía de Santa Victoria se debe a una tectónica esencialmente vertical (“tectónica de bloques”) que elevó el basamento precámbrico conservando una configuración longitudinal de rumbo dominante nne-sso. Las rocas más antiguas son las metasedimentitas plegadas de la Formación Puncoviscana representadas por pizarras, filitas, cuarcitas y metagrauvacas. En forma paralela al rumbo predominante y en discordancia sobre el basamento prepaleozoico, se disponen potentes se cuencias estratigráficas de conglomerados y ortocuarcitas (Cámbrico), seguidas de lutitas, fangolitas y cuarcitas (Ordovícico), areniscas, limoarcilitas, conglomerados y calizas (Cretácico), y areniscas, limolitas y arcilitas margosas (Paleógeno). Los materiales cuaternarios son escasos depósitos aluvio-coluviales, lacustres, palustres y fluvioglaciares emplazados en los flancos de las que bradas y formando conos de deyección. La secuencia culmina con ocasionales tobas preservadas en la porción cuspidal de algunos cerros, a menos de 10 km de las localidades de Iruya y Rodeo Colorado. Los recursos minerales del área incluyen filones polimetálicos con cobre, plomo, zinc, níquel, uranio y baritina, y placeres auríferos (Rubiolo et al. 2003).

Arqueología

Las primeras excavaciones arqueológicas en estos valles se realizaron en el santuario de altura de Cerro Morado por Eduardo Casanova (1930) y en Titiconte por Salvador Debenedetti y Eduardo Casanova (1933-1935) durante la xxv Expedición Arqueológica de la Facultad de Filo sofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (xxve). Fernando Márquez Miranda (1939) excavó también en Titiconte y en algunos de los diversos poblados que registró en el área, recuperando numerosas piezas que integran la Colección Márquez Miranda (cmm) del Museo de La Plata (mlp) de la Universidad Nacional de La Plata2.

Titiconte es considerado un centro administrativo inca, rodeado por una importante andenería agrícola (Raffino et al. 1986). Presenta una compleja arqui tectura con recintos rectangulares y grandes recintos subterráneos circulares, techos en falsa bóveda y pisos cubiertos con lajas, con vanos trapezoidales en las aberturas y nichos en las paredes. Por el contrario, los otros sitios de la región que habrían estado habitados durante la ocupación inca son asentamientos residen ciales conformados por 10 a 30 recintos de formas circulares-elípticas, de 4 a 7 m de diámetro, con paredes dobles y, en algunos casos, uso de piedras canteadas. En las cercanías hay extensos andenes de cultivo. Una excepción por su mayor dimensión es Pueblo Viejo de Rodeo Colorado (pvrc) con unos 100 recintos de formas circulares-elípticas y muros dobles. Este sitio presenta formas de entierro similares a las detectadas en Titiconte y materiales asignables a momentos incaicos, aunque registra también ocupaciones previas al 1000 ad y preincaicas. Hasta el momento, solo se han fechado las ocupaciones más antiguas del sitio.

El estudio de las mencionadas colecciones arqueo lógicas, los nuevos trabajos de campo, el análisis de documentación, de cartografía histórica y de bibliografía geológica permite plantear la posibilidad del desarrollo de actividades minero-metalúrgicas en los yacimientos de cobre, plata y oro de la región por parte del Estado inca (Ventura & Scambato 2013, Ventura & Oliveto 2014). Para ello, se habrían trasladado poblaciones y grupos jerarquizados especializados en minería, meta lurgia, tareas administrativas y de control. El Memorial de Ledesma Valderrama de 1631 menciona que estos valles orientales estaban ocupados por “dos naciones de indios naturales del Perú”, una de churumatas y la otra de “ingas del Cusco”, y ambas son “gente rica de plata y minerales” (Ventura & Oliveto 2014). Junto con estas actividades extractivas se habría generado un fuerte desarrollo agrícola, con grandes obras de andenería y almacenaje para abastecer a los trabajadores, y la instalación de Titiconte como centro administrativo y de un santuario de altura en Cerro Morado (Casanova 1930, Raffino et al. 1986).

En este contexto, cobran relevancia los numerosos elementos suntuarios recuperados en los sitios pvrc, Molino Viejo, Huaira Huasi, Zapallar y Titiconte. Se trata de piezas de metal, adornos y posibles amuletos halla dos mayormente en entierros en el interior de recintos habitacionales (Márquez Miranda 1939). Algunas de estas piezas -de oro, plata y bronce (tincurpas, chipanas)- han sido consideradas insignias y adornos de jerarquía de la sociedad inca (Horta Tricallotis 2008) y de valor ritual en ámbitos mineros (bolsas conteniendo mineral, instrumentos musicales, bola de plomo) (González & Westfall 2008, Brooks et al. 2013). Además, en dichos sitios, se registraron abundantes cuentas, cuyas materias primas fueron catalogadas, sin mayores análisis, como malaquita, lapislázuli, barro cocido, valvas de molusco y nácar. Las mismas son el objeto de esta investigación.

Materiales y métodos

La muestra registrada comprende cuentas de las co lecciones Márquez Miranda (cmm-mlp), de la xxv Expedición depositada en el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti, Buenos Aires (xxve-me) y de una colección privada reunida por un poblador de la zona. También incluye cuentas recuperadas durante las campañas de 2013 y 2016 (Tabla 1), sumando un total de 1088 cuentas.

Tabla 1 Cuentas clasificadas por materia prima y color. N/D=No determinadas. Table 1. Beads classified according to raw material and color. N/D=Undetermined. 

Las cuentas de la cmm-mlp están organizadas en 77 lotes que tienen entre 1 y 129 cuentas. De estos, 10 no fueron localizados en el depósito, por lo que el total de cuentas estudiadas corresponde únicamente a 67 lotes (994 cuentas), provenientes de pvrc, Molino Viejo, Cuesta Azul, Titiconte, Huaira Huasi y Zapallar3.

La colección xxve-me está conformada por cuentas recuperadas en Titiconte y Cerro Morado, aunque la cantidad de piezas en el museo (61) es menor que la informada en las publicaciones (100 “cuentas de mala quita y lapislázuli” en Titiconte y 30 en Cerro Morado) (Casanova 1930, Debenedetti & Casanova 1933-1935).

La colección privada consta de 21 cuentas halla das en superficie en pvrc. Las muestras recuperadas en nuestros trabajos de campo provienen de este sitio y de Alero Mal Paso. La mayoría son de recolección superficial excepto tres de pvrc: una hallada en la excavación de un recinto habitacional (estructura 7) y dos dentro de una vasija funeraria registrada en un rescate arqueológico.

La muestra analizada comprende cuentas manu facturadas sobre diversas materias primas clasificadas como minerales (N=783), líticas (N=201), malacológicas (N=57), de vidrio (N=4) y no determinadas (N=43). En el caso de la cmm-mlp, casi la mitad de los lotes agrupan cuentas de aparente similar composición; el resto combina cuentas líticas, minerales de distintos colores y malacológicas provenientes, probablemente, de un mismo hallazgo. Respecto de los lotes, 39 tienen entre 1 y 5 cuentas, 14 lotes tienen entre 6 y 20 cuentas; otros 14 alcanzan más de 20 piezas, y de ellos, 5 lotes tienen entre 50 y 129 cuentas. Si consideramos que cada lote proviene de un contexto funerario distinto y que estas piezas han sido adornos (collares, pulseras, colgantes), la mayoría de ellos tendría pocas cuentas. También podrían tratarse de ofrendas de cuentas sueltas, individuales (N=20) o de conjuntos muy pequeños, tal como las dos obtenidas del rescate realizado en pvrc (pvrc25 y 26). Al iniciar este estudio, contábamos con la identificación de dos cuentas de toba y una malacológica, e informa ción mineralógica del análisis previo realizado sobre seis muestras de la cmm-mlp mediante difracción de rayos X: dos cuentas de color verde (claro y oscuro) determinadas como turquesa, una cuenta azul verdosa identificada como ópalo, una de vidrio y dos cuentas azules de sodalita, una de ellas con una costra de tara- nakita (Ventura & Scambato 2013).

Para este trabajo, la estrategia seguida consistió en agrupar las cuentas minerales en conjuntos de posible similitud composicional de acuerdo con características macroscópicas, especialmente el color. Aunque es una propiedad poco diagnóstica, resultó operativa para abordar la cantidad de piezas de la muestra total, considerando que el análisis físico-químico de muestras de cada conjunto permitiría confirmar si se trataba de un mismo mineral o si habíamos agrupado cuentas de diferentes especies minerales. Se formaron así conjuntos de color turquesa (tonalidades azul claro y oscuro, y verdes), verde claro y verde oscuro, azules y marrones (a veces, parcialmente moteadas y con bandas verdes y/o azules). Luego, se selec cionaron 20 muestras de la cmm-mlp4 (19 representativas de cada conjunto de color y una lítica con venilla verde), una cuenta azul de la colección privada de pvrc y seis recuperadas por nosotros en este sitio (NT= 27) (Tabla 2).

Tabla 2 Descripción de la muestra analizada. * Análisis drx previos realizados por Ventura. ** Análisis drx realizados sobre polvo mineral. Table 2. Description of the sample analyzed. * Previous drx analyses carried out by Ventura. ** drx analyses on mineral dust. 

Las cuentas minerales seleccionadas fueron estu diadas mediante dos técnicas analíticas instrumentales complementarias: 1) espectrometría de rayos X por dispersión de energía incorporada a un microscopio electrónico de barrido y 2) difracción de rayos X por polvo.

La espectrometría de rayos X por dispersión de energía (edx) permite el análisis cualitativo y semi- cuantitativo de la superficie de muestras sólidas sin necesidad de producir la destrucción o alteración de estas, cumpliendo con uno de los objetivos primordia les en la práctica analítica de muestras museísticas que es la preservación de los materiales. Por motivos de disponibilidad, se utilizaron dos equipos meb-edx, un microscopio electrónico de barrido ambiental Philips xl 30 esem con microsonda dispersiva en energía marca edax del intemin-segemar y un microscopio electró nico de barrido Philips 515 provisto de un analizador edax del Centro Atómico Constituyentes (cac), ambos en Buenos Aires.

Los resultados de edx presentados en la tabla composicional son el promedio de un mínimo de tres mediciones puntuales en distintas zonas de las mues tras, considerando para la cuantificación los elementos detectados a partir del sodio (Na).

La difracción de rayos X (drx) por polvo permite identificar y cuantificar fases cristalinas, en particular minerales, que requieren preferentemente de una preparación previa de la muestra. Esta incluye la micronización por pulverizado y la disposición al azar de las partículas con el propósito de obtener un difractograma experimental que pueda ser comparado con los patrones de difracción de cada fase. Dado que, por ser materiales de colección no podían ser pulverizados, se seleccionaron para el estudio solo aquellas cuentas que presentaban una superficie plana y un espesor menor a 5 mm y que podían ser montadas en portamuestras especiales. Para la interpretación de los difractogramas se tuvo en cuenta el tipo de montaje especificado pre viendo que, en función de la orientación preferencial y del tamaño de grano de algunas de las fases cristalinas presentes en las cuentas, se producirían variaciones en la intensidad relativa e incluso, posiblemente, la extinción de algunos picos.

La colección de datos se realizó con un difractómetro de rayos X Philips, modelo X'Pert pro, con radiación Ka de Cu, en intervalos de barrido 2 theta de 4 a 70° con tamaño de paso/tiempo de 0,03°/2 segundos. El análisis de datos se llevó a cabo utilizando el programa High Score Plus de PANalytical y la base de datos pdf del icdd (1997). Los estudios por difracción se hicie ron en ciga-intemin-segemar, Parque Tecnológico Miguelete, Buenos Aires.

Las 27 muestras seleccionadas se analizaron me diante sem-edx y se compararon los resultados con las fórmulas estequiométricas de turquesa y sodalita, dos de las especies minerales determinadas previamente por drx. Las difracciones se efectuaron directamente sobre las cuentas, salvo tres muestras (recolección de campo 2013), de las cuales se extrajeron diminutos fragmentos para su pulverización. El tamaño de las cuentas pvrc5 y pvrc20 (cmm-mlp) imposibilitó su análisis por drx.

Las cuentas malacológicas de Alero Mal Paso y Cerro Morado (me) (N=7) fueron identificadas por Sergio Miquel (coNiCET/Museo de Ciencias Naturales B. Rivadavia, Buenos Aires).

Las cuentas

Cuentas minerales

Son las más numerosas (N=783) y fueron agrupadas por color en: 718 verdes (491 de diversas tonalidades turquesas, 188 verde claro y 39 verde oscuro), 53 azules y 12 marrones (con bandas o motas verdes y/o azules). Veinte cuentas azules de la cmm-mlp presentan una costra irregular blanquecina a castaña.

Los análisis físico-químicos permitieron caracterizar esos conjuntos preliminares, confirmando dicha agru pación. Las composiciones elementales determinadas por edx en 16 cuentas de pvrc y Molino Viejo, selec cionadas por sus tonalidades verde claro, verde oscuro y turquesa, muestran niveles elevados de aluminio (Al), fósforo (P) y cobre (Cu) en la proporción característica en que se encuentran constituyendo el mineral turquesa. El hierro (iii), un elemento sustituyente habitual del Al en dicho mineral, está también presente en proporciones variables en estas muestras. Es factible que el resto de los elementos determinados en este grupo -Mg, Si, S, Ca y K-, en concentraciones bajas a intermedias, provenga de otros minerales presentes en aquellas cuentas que, a simple vista, exhiben heterogeneidades cromáticas. El análisis drx confirmó, en todos los casos, la exis tencia de turquesa asociada ocasionalmente con otros minerales como cuarzo, feldespato, lazurita y apatita (Tabla 3 y Figura 2).

Tabla 3 Análisis de las cuentas por edx y drx. * Análisis drx previos realizados por Ventura. ** Análisis drx sobre polvo mineral. (?) Componente de identificación dudosa. Ópalo-CT: ópalo (cristobalita-tridimita). Table 3. edx and drx beads analyses. * Previous drx analyses carried out by Ventura. ** drx analyses on mineral dust. (?) Component of uncertain identification. Ópalo-ct: opal (cristobalite-tridimite). 

Figura 2 Cuentas confeccionadas con turquesa. El armado de los collares es actual: a) pvrc13, 14 y 15, MLP-Ar-CMM-7920-26150; b) pvrc25 y pvrc26, rescate arqueológico; c) pvrc24, recolección de campo; d) Molino Viejo-Mv200, MLP-Ar-CMM-8016-26284; e) pvrc23, MLP-Ar-CMM-7890-26118; f) pvrc9, MLP-Ar-CMM-7286-24628 a 24683; g) pvrc, MLP-Ar-CMM-7291-24872 a 24932. Figure 2. Beads made of turquoise. The assembly of the necklaces is contemporary: a) pvrc13,14 and 15, MLp-Ar-cMM-7920-26150; b) pvrc25 and pvrc26, archaeological rescue; c) pvrc24, field collection; d) Molino Viejo-Mv200, MLP-Ar-CMM-8016-26284; e) pvrc23, MLP-Ar-CMM-7890-26118; f) pvrc9, Mlp-ar-cMM-7286-24628 a 24683; g) pvrc, Mlp-ar-cMM-7291-24872 to 24932. 

También se realizaron análisis edx en seis cuentas azules de pvrc. Tres arrojaron altos porcentajes de Na, Al, Si y Cl, elementos característicos del mineral sodalita, aunque en proporciones no perfectamente concordantes con la composición estequiométrica del mineral; sin embargo, el mineral fue identificado por drx en las cinco muestras analizadas por esta técnica (pvrc7, 19, 27, 28 y 29). En todas estas cuentas se registraron bajas concentraciones de Mg, K y Ti, y bajas a intermedias de Ca y Fe; así como variable contenido de P, siendo pvrc7 y pvrc28 las que tienen elevado porcentaje de este elemento. Los porcentajes de P determinados indican la presencia de un fosfato.

El tamaño de la cuenta pvrc20 imposibilitó su análisis mediante drx. Presentaba una costra blanquecina- amarronada, similar a la de la muestra pvrc4 analizada previamente por Ventura, cuyos resultados drx habían indicado sodalita y taranakita. La composición elemental de la costra (sobre el mineral azul de base) determinada por edx sería compatible con taranakita. Las otras cin co cuentas azules no contenían la mencionada costra; sin embargo, las composiciones elementales medidas, además de ser compatibles con sodalita, denotan la presencia de otro mineral, no detectado por drx, cuyo elemento dominante es fósforo. Estas indefiniciones podrían deberse a la imposibilidad de pulverización de las muestras para su análisis, siendo pvrc27 la única cuenta azul analizada mediante drx por polvo en esta etapa (Tabla 3 y Figura 3).

Figura 3 Cuentas confeccionadas con sodalita. El armado de los collares y pulseras es actual: a) pvrc27, recolección superficie; b) pvrc29, hallazgo en capa (E7 C1c2); c) pvrc28, colección privada; d) Titiconte, MLP-Ar-CMM-7341-25350 a 25355, junto con otras cuentas; e) pvrc, MLP-Ar-CMM-7936-26167, junto con otras cuentas; f) Titiconte, xxve-me-48211 (-37944-), junto con otras cuentas; g) pvrc4, MLP-ar-CMM-7293-24934 a 25058, con taranakita. Figure 3. Beads made of sodalite. The assembly of the necklaces and bracelets is contemporary: a) pvrc27, surface collection; b) pvrc29, find in layer (E7 C1c2); c) pvrc28, private collection; d) Titiconte, MLp-Ar- cmm-7341-25350 to 25355, together with other beads; e) pvrc, MLP-Ar-CMM-7936-26167, together with other beads; f) Titiconte, xxve- me-48211 (-37944-), together with other beads; g) pvrc4, Mlp-ar-cMM-7293-24934 a 25058, with taranakite. 

El resto de las cuentas minerales analizadas consiste en una marrón (pvrc6), una azul claro (pvrc21), una verde oscuro-marrón (pvrc11) y una azul-verde-marrón (pvrc22). Los análisis edx arrojaron valores muy ele vados de Si, indicativos de la presencia masiva de un compuesto silíceo, identificado por drx como ópalo en las muestras pvrc6, pvrc11 y pvrc22. La muestra pvrc21 contiene elevado Si y Cu. Su difractograma de baja intensidad no permitió determinar la especie mineral, aunque su composición es compatible con crisocola (Tabla 3 y Figura 4).

Figura 4 Cuentas confeccionadas con ópalo: a) Zapallar, Z100, MLP-Ar-CMM-7554-25782; b) pvrc11, MLP-Ar-CMM-7294-25059 a 25181; c) pvrc6, MLP-Ar-CMM-7932-26162. Figure 4. Beads made of opal: a) Zapallar, Z100, MLp-Ar-OMM-7554-25782; b) pvrc11, MLp-Ar- cmm-7294-25059 to 25181; c) pvrc6, MLP-Ar-CMM-7932-26162. 

Las formas de las cuentas son variadas. Del con junto de cuentas azules, 32 son tubulares (NT=53), y 657 del conjunto de color turquesa azul/verde (NT=718) y 9 marrones (NT=11) son circulares planas. Este tipo de cuentas presentan diámetros entre 1,5 y 23 mm, aunque la mayoría no supera los 10 mm, y las tubulares tienen largos comprendidos entre 4 y 29 mm. En la cmm-mlp registramos tres cuentas planas verdes de mayor tamaño, con formas ovalada, rectangular y de medialuna. No se hallaron preformas de cuentas minerales, aunque algunas piezas están parcialmente fragmentadas.

Cuentas líticas

Este conjunto (N=201) está conformado principalmente por cuentas de toba5. Unas pocas fueron identificadas como pizarra, lutita y probable caliza. La morfología de estas piezas es mayormente circular plana (N=156) con diámetros entre 5 y 45 mm y espesores entre 3 y 24 mm. Hay cuentas tubulares de 9 a 51 mm de longitud.

Se registraron 13 preformas, es decir, cuentas inacabadas de formas circulares planas o tubulares sin orificio (N=7) o con perforación incompleta en uno o ambos lados (N=6) y piezas fragmentadas (Figura 5).

Figura 5 Preformas y cuentas líticas de pvrc. El armado de la pulsera es actual: a) MLP-Ar-CMM-7290-24860 a 24871; b) MLP-Ar- cmm-7905-26135, MLP-Ar-CMM-7908-26138, MLP-Ar-CMM-7895-26123, MLP-Ar-CMM-7907-26137, MLP-Ar-CMM-7899-26129, mlp -Ar-CMM-7909-26139, MLP-Ar-CMM-7299-25192 a 25195; c) MLP-Ar-CMM-7903-26133 (19 cuentas); d) MLP-Ar-CMM-7898-26127 (18 cuentas); e) MLP-Ar-CMM-7287-24684 a 24719. Figure 5. Preforms and lithic beads from pvrc. The assembly of the bracelet is contempo rary: a) Mlp-ar-CMM-7290-24860 to 24871; b) Mlp-ar-CMM-7905-26135, Mlp-ar-CMM-7908-26138, Mlp-ar-CMM-7895-26123, Mlpar- cmm-7907-26137, Mlp-ar-CMM-7899-26129, Mlp-ar-CMM-7909-26139, Mlp-ar-CMM-7299-25192 to 25195; c) Mlp-ar-CMM-7903-26133 (19 beads); d) Mlp-ar-CMM-7898-26127 (18 beads); e) Mlp-ar-CMM-7287-24684 to 24719. 

Difiere del resto una cuenta cuadrangular (pvrc5) que ha sido formatizada y tiene una perforación, pero está parcialmente fragmentada. Fue confeccionada en una roca atravesada por una venilla verde que se analizó mediante edx, evidenciando altos porcentajes de Cu, Ca y S (Tabla 3).

Cuentas malacológicas

Se registraron 57 cuentas malacológicas. Son mayor mente circulares planas con una perforación central, con diámetros de 5 a 14 mm y espesores de 0,5 a 1 mm. Una excepción es la cuenta de Cerro Morado, rectangular (10 por 16 mm y 4 mm de espesor) de color rosa fuerte y manufacturada sobre Spondylus sp. (mullu).

Las cuentas de Alero Mal Paso fueron confeccio nadas con Megalobulimus sp. (antes Strophocheilus sp.). En uno de sus lados tienen el brillo propio del gasterópodo. También se halló un fragmento sin formatizar que presenta una leve curvatura que se condice con ciertos sectores de la conchilla de este molusco (Figura 6).

Figura 6 Cuentas malacológicas. El armado del collar es actual: a) cuenta de Spondylus sp. Cerro Morado, xxve-me-48228; b) fragmentos de cuenta y de Megalobulimus sp. Alero Mal Paso; c) cuentas de Megalobulimus sp. Alero Mal Paso; d) pvrc, MLP-Ar-CMM-7329-25231 a 25277. Figure 6. Malacological beads. The necklace assembly is contemporary: a) Spondylus sp. bead Cerro Morado, xxve-me-48228; b) bead and Megalobulimus sp. fagments Alero Mal Paso; c) Megalobulimus sp. beads Alero Mal Paso; d) pvrc, MLP-Ar-CMM-7329-25231 to 25277. 

Cuentas de vidrio

En Cuesta Azul se registraron cuatro cuentas de vidrio europeo conocidas como “Nueva Cádiz” que ingresaron tempranamente en el territorio peruano y que en el año 1560 fueron reemplazadas por estilos menos complejos y costosos (Sherr Dubin 1987: 258). Una es de color turquesa y tres de color azul oscuro. Todas son tubulares de sección cuadrangular (3-4 mm) y tienen entre 4 y 7 mm de largo. Han sido cortadas de piezas de mayor longitud (Figura 7).

Figura 7 Cuentas de vidrio Nueva Cádiz, ca, MLP-Ar-CMM-7332-25330 a 25341. Figure 7. Nueva Cádiz glass beads ca, mlp-at-cmm-7332-25330 to 25341. 

Materias primas y posibles fuentes de proveniencia

Los resultados obtenidos permiten realizar algunas consideraciones sobre las materias primas empleadas en la confección de cuentas y sus posibles fuentes de aprovisionamiento. En relación con las cuentas malacológicas, el hallazgo de piezas manufacturadas en Megalobulimus sp. en un sitio a 4300 msnm resulta interesante. Este gasterópodo tiene una distribución muy amplia en el territorio argentino, desde las Yungas, los valles y el Chaco hasta áreas de pronunciada sequía. También podría ocupar pisos ecológicos más elevados, como los valles de la región en la cota de 3000 msnm (Sergio Miquel, comunicación personal 2018), pero es poco probable que esta especie ocupe espacios a más de 4000 msnm. Contrariamente, la cuenta de Spondylus sp. de Cerro Morado indica el traslado desde la costa del Pacífico, comparable con ofrendas registradas en otros santuarios de altura incas (Reinhard & Ceruti 2010).

Las cuentas líticas en toba, pizarra, lutita y probable caliza pudieron ser manufacturadas localmente al tener los pobladores del área fácil acceso a estas materias primas. Las preformas de cuentas de toba registradas apoyan esta propuesta. Es diferente el caso de las cuentas minerales. A continuación, nos referiremos a posibles fuentes de aprovisionamiento de cada mineral identificado -turquesa, sodalita y ópalo- a partir de bibliografía geológica. Turquesa: es un hidrofosfato de cobre y aluminio de color azul-verde (dureza: 5 a 6). Esta piedra poco co mún ha sido valorada desde la antigüedad como gema debido a las llamativas tonalidades que suele presentar, desde azul oscuro, azul claro y azul verdoso a verde manzana, amarillo verdoso y gris verdoso, además de una amplia variedad de tonalidades intermedias. Su fórmula química [CuAl6(PO4)4(OH)8^4H2O] puede variar al formar series minerales con extremos ricos en Al (iii) o Fe (iii). Su estructura molecular permite la inclusión de calcio (Ca), magnesio (Mg), manganeso (Mn), silicio (Sí), cromo (Cr) y zinc (Zn). La turquesa es un mineral secundario formado habitualmente en la zona de oxidación de pórfiros cupríferos afectados por hidrotermalismo; cristaliza rellenando intersti cios, oquedades y venillas. También se origina por la acción de las aguas meteóricas actuantes sobre rocas ígneas aluminosas y sedimentarias ricas en fosfatos (Hudson Institute of Mineralogy 1993-2019, Foord & Taggart Jr. 1998).

Los trabajos mineros refieren la presencia de nu merosos pórfiros cupríferos localizados en la margen occidental de América del Sur (Bertrand et al. 2014). Nuestro interés se focalizó en los cuerpos porfíricos portadores de sulfuros de cobre con formación de oxi dados (entre ellos, turquesa) ubicados en las montañas de Chile, Perú, Bolivia y Argentina (Figura 8).

Figura 8 Ubicación de las principales fuentes de turquesa y sodalita en la macro-región centro meridional de América del Sur. Figure 8. Location of the main sources of turquoise and sodalite in the south-central macro-region of South America. 

En el norte y centro de Chile se ubica la mayoría de los depósitos cupríferos con turquesa, algunos con evidencias de explotación prehispánica como Chuqui- camata, minas Las Turquesas y El Abra (Salazar 2008, Salazar et al. 2013, González Godoy et al. 2017).

En Perú se registran numerosos cuerpos de cobre porfírico (Bertrand et al. 2014, Martínez-Valladares et al. 2017); sin embargo, es escasa la información disponible sobre la presencia de depósitos que incluyan turquesa, siendo la mina Quellaveco (Moquegua) la única fuente mencionada en la bibliografía especializada (Singer et al. 2008). Reindel y colaboradores (2013: 307) señalan que en 1982 el geólogo Hans Ruppert postuló que en el sur de Perú había fuentes de turquesa no registradas aún. Stöllner y colaboradores (2013: 125) mencionan la existencia de varios depósitos de turquesa en Palpa, sugiriendo la posibilidad de que, en esa localidad o en la región de Nazca en general, se encontrase una de las fuentes de turquesa peruana. No obstante, la turquesa cultural fue históricamente en Perú la crisocola -silicato de cobre- (Petersen 1970).

En Bolivia, no obstante los importantes yacimientos mantiformes con mineralización de cobre (minas Coro Coro y Chacarilla, Departamento La Paz), se cuenta con escasa información sobre la existencia de fuentes de turquesa (Arce Burgoa 2007, Serrano Bravo 2004). El único dato geológico/minero actual en el que se menciona turquesa se refiere al depósito sedimentario de areniscas calcáreas mineralizadas del cerro Sayari (mina Sayari, Cochabamba) (Hudson Institute of Mi neralogy 1993-2019).

A diferencia de lo postulado previamente desde la arqueología, en la región andina argentina, varios cuerpos porfíricos polimetálicos también contienen turquesa como mineral secundario. Entre ellos, los distritos mineros puneños Alto de Soncaimán/mina El Oculto (Jujuy), Taca-Taca (Salta), Pancho Arias/mina Las Burras (Salta) y Cerro Inca Viejo (Salta). También se menciona turquesa en el yacimiento El Pachón (cor dillera Principal, Calingasta, San Juan) y en las minas de Paramillos Norte y Sur (precordillera, Las Heras, Mendoza) (Chabert 1999, Godeas et al. 1999, Rubinstein et al. 2000, Singer et al. 2008, Carrasquero 2015). Los recientes hallazgos de López y colaboradores (2018) en Cueva Inca Viejo (Salta) significan un valioso aporte que pone fin a una etapa en la que se consideraba que toda turquesa hallada en sitios arqueológicos del territorio argentino era alóctona y provenía del norte de Chile. En este yacimiento de la puna salteña hay evidencias de explotación de turquesa que se remontan principalmente a momentos incaicos.

Sodalita (feldespatoide): es un aluminosilicato rico en sodio. Químicamente, es similar a los feldespatos alca linos, aunque deficiente en sílice. Su fórmula química es Na4Al3Si3O12Cl; no obstante, presenta variaciones por ser parte de la serie sodalita-noseana-haüyna-lazurita (sodalita con Na y Cl, noseana con Na y S, y haüyna y lazurita con Na-Ca y S). La sodalita se presenta en distintos colores -incoloro, blanco, gris, verde, azul celeste, rosa y rojo-, pero las variedades más llamativas son azules a celeste-liláceas. Este mineral (dureza: 5,5 a 6) ocurre en rocas ígneas que cristalizaron a partir de magmas alcalinos subsaturados en sílice. La sodalita se encuentra como relleno de venas y fisuras en sienitas nefelínicas, traquitas y fonolitas, aunque también existen registros en calizas (Anthony et al. 1995, King 2005-2019).

En la cordillera Oriental de Bolivia se ubica el Complejo Alcalino de Cerro Sapo con interesantes asociaciones minerales; entre ellas, el sistema de diques sienito-nefelícos portadores de sodalita-ankerita- baritina (Schultz et al. 2004). Se ha sostenido que las gemas de sodalita registradas en Tiahuanaco y en sitios preincaicos fueron obtenidas en la región de Ayopaya (Browman 1998: 308). Las sienitas nefelínicas de los cerros San Cristóbal y Quenamari, pertenecientes al mismo complejo alcalino, también contienen sodalita, al igual que la fonolita del cerro Carpacayma (Ahlfeld 1946: 158). Asimismo, se menciona sodalita en las sie nitas nefelínicas de la Provincia Alcalina Velazco (Santa Cruz, cerca del límite con Brasil) (Comin-Chiaramonti et al. 2005) (Figura 8).

En Perú se ha detectado sodalita en la sienita nefelínica de Macusani (Puno) y en las fonolitas y traquitas alcalinas de Pucallpa (Loreto) (Stewart 1971, Laubacher 1978).

En el noa se han registrado numerosos diques y cuerpos con afinidades alcalinas, desde granitos, sienitas y fonolitas nefelínicas hasta diques ultrabásicos que incluyen minerales alcalinos, aunque en ningún caso se ha mencionado sodalita. Los cuerpos alcalinos más cercanos a los sitios arqueológicos estudiados serían dos diques de tinguaíta ubicados 25 km al nor-noroeste de Iruya (y a 18 km al noroeste de Rodeo Colorado, Salta). La roca sería del mismo tipo magmático que la sienita nefelínica de Cerro Sapo (Quartino 1960: 155); no obstante, la paragénesis publicada no incluye sodalita. Ejemplos similares son las alnôítas de Los Alisos (Iruya), 50 km al sudeste de Iruya (Villar et al. 1997), la tinguaíta de Cobres (Puna salteña) descrita por Hausen (1930), las rocas alcalinas -basanitas, bostonitas, limburgitas y traquiandesitas- cercanas al cerro Hornillos (Sierra de Santa Victoria, Salta) mencionadas por Beder en 1928, además de otras localidades con manifestaciones básicas alcalinas de Tucumán y Catamarca (Quartino 1960: 152-153, Rubiolo 1997). En cambio, se menciona sodalita en el Complejo Alcalino La Peña en la precordillera mendocina -ca. 1200 km de Iruya (Pagano et al. 2016)- y en otras localidades del sur argentino, más alejadas aún (Figura 8).

Hemos mencionado que algunas cuentas de sodalita presentan una costra de color castaño claro. El estudio drx realizado previamente indicó taranakita [(K,Na)3(Al,Fe)5(PO4)2(PO3OH)6•18H2O], un fosfato hidratado de aluminio, hierro (iii) y álcalis que suele precipitar formando agregados nodulares pulverulentos, masivos o costras; su color varía entre amarillo, gris y blanco (dureza: 1-2). Se forma bajo condiciones ácidas y húmedas a partir de la interacción entre las soluciones fosfáticas, resultantes de la degradación del guano (de aves o murciélagos) o de restos óseos acumulados en cuevas, y el potasio y el aluminio derivados del sustrato (Mineral Data Publishing 2001-2005, Giurgiu et al. 2013). Aunque no contamos con información sobre el contexto de hallazgo de estas cuentas, es altamente probable que provengan de entornos funerarios. Posiblemente, fueron depositadas en entierros como ofrendas o adornos y entraron en contacto con los huesos, lo cual explicaría la formación de taranakita sobre algunas de las piezas de sodalita como resultado de procesos posdeposita- cionales (N=20) (Figura 3).

Ópalo: es un mineraloide silíceo; químicamente es sílice coloidal precipitada [SiO2^nH2O]. Su dureza varía entre 5,5 y 6,5 y, en su estado puro, es incoloro o blanco lechoso con opalescencia perlada, aunque también puede ser amarillo, marrón, verde, anaranjado y azul. El ópalo se forma a partir de soluciones ricas en sílice a temperatu ras relativamente bajas y puede encontrarse rellenando fisuras y cavidades en una gran variedad de rocas. Es un componente común en infinidad de localidades en la macro-región, dificultando la localización de posibles fuentes de aprovisionamiento. Sin embargo, el ópalo de color turquesa (muestra Z100) analizado previamente (Ventura & Scambato 2013) podría estar relacionado con cuerpos cupríferos. En las cercanías de los sitios estudiados, hay yacimientos de cobre que no hemos investigado aún, motivo por el cual no descartamos un origen local.

Consideraciones finales

Los resultados obtenidos hasta el momento permitieron caracterizar un conjunto de cuentas de las que, previa mente, contábamos solo con una descripción somera e inexacta. A partir de este estudio observamos que las cuentas recuperadas en sitios arqueológicos de la región son líticas (mayoritariamente toba), de material malacológico y de vidrio, aunque la gran mayoría (casi el 72%) han sido confeccionadas con minerales: turquesa (66%), sodalita (4,9%) y, en muchísima menor propor ción, ópalo y posiblemente crisocola. Llama la atención el predominio casi exclusivo de cuentas de turquesa, mineral que, como mencionamos anteriormente, ha sido altamente valorado en momentos prehispánicos y especialmente incas. Lamentablemente la información contextual es escasa y la cronología de las cuentas, en sitios multicomponentes, como pvrc, de donde proviene la mayor cantidad y variedad de estas piezas, resulta difícil de precisar. Es destacable, no obstante, que en las colec ciones analizadas se encuentren materiales asignables a momentos incas (cerámica, ciertas piezas de plata como placas circulares y una pulsera decorada, y cubiletes de oro, entre otras) que, sumadas a la información etnohistórica, dan cuenta de grupos jerarquizados con acceso a bienes de gran valor simbólico en el Tawantinsuyu, entre los cuales también se podrían incluir las cuentas minerales analizadas. No es menor el hallazgo de cuentas de vidrio Nueva Cádiz, recuperadas en otros sitios del noa con importantes ocupaciones incas previas, cuya población tuvo acceso a bienes sofisticados y costosos (Tarragó 1984, Raffino & Palma 1993, Bordach 2006).

En el análisis del conjunto de cuentas, es impor tante hacer una distinción entre aquellas que pudieron haber sido producidas localmente y las que fueron confeccionadas con materias primas alóctonas y arri baron al sitio como productos terminados, a través del intercambio, o, si fuera el caso, actuando como dones o regalos para individuos o grupos elegidos por el Inca (Ventura & Scambato 2013). En cuanto a las cuentas líticas, la geología nos indica que el aprovisionamiento pudo darse en la misma región o regiones vecinas, y su manufactura haber sido local, dada la presencia de piezas en distintas etapas de confección (sin orificios, con orificios sin terminar, fragmentadas y completas).

Las cuentas malacológicas (Megalobulimus sp.) del Alero Mal Paso también pudieron haber sido de manufactura local. La recolección de este gasterópodo pudo haberse dado en los valles de la región (3000 msnm) donde se encuentran los asentamientos resi denciales mencionados. Un fragmento de ese material sin formatizar junto a dichas cuentas lo sugiere, aunque es escasa la evidencia para confirmarlo.

Respecto de las cuentas minerales, las piezas se encuentran completas o fragmentadas, pero nunca como preformas. Fueron, además, manufacturadas en materias primas aparentemente no existentes en las cercanías de los sitios. Según el detalle de yacimientos de turquesa y sodalita que presentamos en este trabajo, los mismos se localizan entre 200 y 850 km de distancia en línea recta de estos asentamientos. Para el caso de la turquesa, aunque su origen se redujo tradicionalmente en la literatura arqueológica argentina a los reconocidos yacimientos del actual norte chileno, los recientes ha llazgos en Cueva Inca Viejo (Puna de Salta) y el análisis de bibliografía geológica realizada en esta oportunidad abren un panorama mayor en relación con potencia les fuentes de proveniencia, necesario para cualquier abordaje sobre estas temáticas. Dicho yacimiento se encuentra a 315 km de pvrc y allí han sido identifi cadas labores de extracción de turquesa en momentos prehispánicos (López et al. 2018). En este yacimiento se destaca la importancia simbólico-ritual que le otorgaba el Tawantinsuyu a las minas de turquesa, cuyo registro arqueológico refiere también a tráfico macro-regional y a prácticas rituales, entre cuyos materiales se cuentan algunos provenientes de los valles mesotermales y de las Yungas (Coloca 2020).

En los otros pórfiros cupríferos portadores de turquesa de la puna salteña y jujeña, aún no se han registrado evidencias de explotación antigua, aunque son áreas con una larga historia de ocupación humana, relativamente cerca de las cuales se han identificado cuentas de este mineral. Nos referimos a los contextos funerarios de Queta y Pucará de Rinconada en la puna jujeña, y de Gólgota y Tastil en la quebrada del Toro, Salta (Boman 1908).

La sodalita, en cambio, no ha sido detectada aún en las Sierras Orientales argentinas (prolongación meridional de la cordillera Oriental boliviana), ni en las provincias geológicas vecinas con evidencias de magmatismo alcalino, aunque cuentas de este mineral se han encontrado en cementerios de la selva pedemontana salteña, datados alrededor del 1000 ap (Ventura 1991) y de Tilcara, asignables a la mitad del primer milenio de la era (López Campeny 2012). También en el área de Calahoyo, Cieneguillas y Santa Catalina, Jujuy, según Fernández y Menzel (1980), y en Tolomosa, al sur de Tarija, en Bolivia (Von Rosen (1957 [1919])6. Conside rando la bibliografía, los especímenes mejor conocidos de América del Sur provendrían de la región de Ayopaya, principalmente de Cerro Sapo en Bolivia, a 650 km de pvrc, si bien hay registros de otras fuentes de sodalita en Perú, Paraguay y Chile, incluso en Mendoza, Argentina. Estos datos nos permiten pensar en el traslado a larga distancia de minerales y productos terminados a los que accedieron los habitantes de los valles orientales, aunque los mecanismos aún deben ser estudiados. En el caso de que las cuentas hubiesen arribado a los asentamientos durante momentos incas, las posibilidades se amplían aún más, dada la enorme capacidad de movilización de bienes y materias primas del Tawantinsuyu. Un ejemplo de ello es el hallazgo en Cerro Morado de la cuenta de Spondylus sp. proveniente del Pacífico e identificada en este trabajo.

Para finalizar, es importante señalar que, si bien es necesario ahondar en los estudios para resolver los interrogantes abiertos en este artículo, este trabajo sig nifica un primer avance en este sentido, caracterizando de manera no destructiva valiosas piezas de colecciones de museos y de campo que hasta esta investigación no habían sido analizadas geoquímicamente, y reuniendo datos sobre fuentes minerales no mencionadas en la literatura arqueológica disponible.

Agradecimientos:

Agradecemos a Sergio Miquel (conicet, Museo de Ciencias Naturales B. Rivadavia, Buenos Aires), Mateo Quispe y a las comunidades de Abra del Sauce y Rodeo Colorado, Salta; a Laura Miotti y Mariano Bonomo, División Arqueología del Museo de La Plata, a Virginia Villamayor, y a los encargados y personal de los depósitos, Ana Igareta, Jorgelina Collazo y Gabriel Alarcón; a Gabriela Ammirati, Alejandra Reynoso y Mónica Berón del Museo Etnográfico; a Gabriel López, Marisa López Campeny, Marcela Sepúlveda, James Brennan, Luis Borrero, Carlos Angiorama. A los evaluadores anónimos y a conicet, cnea y ciga-segemar.

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1 Las limitaciones del análisis macroscópico basado en el color y la necesidad de determinaciones geoquímicas han sido también señaladas en el caso de cuentas recuperadas en el norte de Chile (Westfall et al. 2010, Carrión 2015).

2La cmm-mlp correspondiente a los valles orientales del norte de Salta se compone de más de 1000 fichas de piezas individuales y de lotes con las cuales Granda (2010) confec cionó un inventario digital.

3De acuerdo con las fichas del Museo, dentro de los diez lotes no hallados, habría cuatro cuentas de pvrc, ocho cuen tas sin especificar sitios (Departamentos Iruya y Santa Victo ria) y lotes con un número desconocido de cuentas de pvrc, Huaira Huasi, Cuesta Azul y Zapallar.

4El número de muestras analizadas de esta colección es tuvo condicionado por los plazos establecidos por el Museo para la devolución de las piezas.

5Dos de estas cuentas fueron analizadas petrográfica mente por Virginia Villamayor (mlp) en 2012.

6Incluimos solo aquellos que han sido identificados mediante estudios geoquímicos.

Recibido: Febrero de 2020; Aprobado: Agosto de 2020

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