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Revista 180

versión impresa ISSN 0718-2309versión On-line ISSN 0718-669X

Revista 180  no.46 Santiago dic. 2020

http://dx.doi.org/10.32995/rev180.num-46.(2020).art-822 

Artículos

Santiago 1875: una nueva edilidad. Los planes de la intendencia de Vicuña Mackenna y el plano de Ernesto Ansart

Santiago 1875: a new edilidad. The plans of Vicuña Mackenna and the plan of Ernesto Ansart

Germán Hidalgo Hermosilla1 

Wren Strabucchi Chambers1 

Magdalena Montalbán Larraín1 

1Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile

Resumen

En este artículo se presenta un análisis histórico crítico del plano de Santiago de 1875 realizado por Ernesto Ansart, el más conocido y referenciado de Santiago del siglo XIX. Desde siempre, la literatura lo ha considerado una representación de la transformación de Santiago ideada y ejecutada por el intendente Benjamín Vicuña Mackenna entre 1872 y 1875. Junto con ello, se ha destacado su fidelidad como representación y su innovadora introducción de proyectos urbanos. Sin embargo, hasta ahora, no se han considerado, en su mérito, ni el contexto del encargo del plano, ni la forma cómo se ejecutó, ni cuál fue el resultado final. Estos tres aspectos estructuran el artículo y en relación con ellos se exponen los análisis y las conclusiones. A modo de resultado, se sostiene que el objetivo del plano de Ansart no fue constituirse en la representación del plan de transformación de Santiago, sino que se formó a partir de los insumos disponibles para elaborar un plano distinto, de mayor alcance, que no se pudo ejecutar y que, en vista de aquello, Ansart los aprovechó para realizar un plano inédito de Santiago, pero orientado a una finalidad totalmente diferente.

Palabras clave: Benjamín Vicuña Mackenna; cartografía urbana; Ernesto Ansart; Santiago de Chile

Abstract:

This paper is a critical historical analysis of the 1875 map of Santiago, drawn up by Ernesto Ansart. It is the best known and most mentioned map of Santiago of the 19th Century. Scholarly literature has generally considered it a representation of the transformation planned and implemented between 1872 and 1875, by the Intendente of Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna. Its accuracy as a cartographic representation and its innovative inclusion of urban projects, have also been highlighted. Nevertheless, until now, nor the context of its commission, nor the way in which it was constructed, nor its final outcome, have been taken into consideration. These three major aspects are outlined in this paper, and dependent on them are their analysis and conclusion. As a result, we hold that it was not the main goal of Ansart’s map to represent Santiago’s transformations, it rather developed from the information intended to build a far more ambitious map, which was never completed. Ansart however used the information gathered to elaborate a unique map of the city, with a completely different objective.

Keywords: Benjamín Vicuña Mackenna; Ernesto Ansart; Santiago de Chile; urban cartography

Desde siempre se ha dado por descontado que el plano de Santiago de 1875, firmado por Ernesto Ansart, es una representación fiel del plan de transformación de Santiago ideado por el intendente Benjamín Vicuña Mackenna, entre 1872 y 1875 (Martínez, 2007). Junto con ello, se ha destacado su fidelidad como representación y su innovadora introducción de los proyectos urbanos (Pérez y Rosas, 2011). Sin embargo, hasta ahora, no se han considerado en su mérito ni el encargo del plano ni su contexto, como tampoco la forma cómo se ejecutó, ni cuál fue el resultado final. En respuesta a estas consideraciones, el presente artículo expone un análisis histórico crítico del plano de Ansart, el más conocido y referenciado del siglo XIX, a través del cual se abordan los tres aspectos antes mencionados, interrogando al documento en sí mismo y al contexto histórico desde el cual surge, con el complemento de los informes y memorias publicadas por el intendente.

La desatención que ha afectado a este documento, que en gran medida ha impedido que salgan a la luz importantes conocimientos acerca del plano mismo y de las condiciones en que se realizó, tiene su explicación en lo que Carla Lois ha llamado “la invisibilidad del plano” (2009, p. 2). En efecto, en el contexto de los recientes estudios que han intentado enlazar pensamiento visual y cartografía, Carla Lois ha planteado la necesidad de reconsiderar mapas y planos como objetos de interés visual. Ello, en parte, para contrarrestar la creencia habitual de que cuando se mira un mapa o un plano, en realidad se mira otra cosa. Algo similar ha ocurrido en el caso del plano de Ernesto Ansart, en que antes de ver el plano y sus particularidades, se ha querido ver el plan de transformación de Vicuña Mackenna y, desde esa presunción, se han ensayado todas respuestas las posibles. Otro obstáculo importante, que ha impedido que se observe al plano en sí mismo, es que tradicionalmente se le ha considerado como un plano técnico. Ello ha terminado por opacar otras importantes dimensiones (Lois, 2009). Por último, también se debe destacar el descuido con los propios escritos de Vicuña Mackenna, cuya sobreabundancia ha impedido que se advierta la conexión entre las circunstancias del plano y las del plan de transformación.

Como resultado de este enfoque, se sostiene que el objetivo del plano de Ansart no fue representar el plan de transformación de Santiago de Vicuña Mackenna, sino que se formó a partir de los insumos disponibles para realizar un plano distinto, de mucho mayor alcance, pero que no se pudo ejecutar debido al gran desafío técnico y económico que revestía, y que, en vista de aquello, Ansart los aprovechó para elaborar un plano inédito de Santiago, pero orientado a una finalidad totalmente diferente.

Preliminares del plano de la ciudad: una intencionalidad inédita

Para 1872, cuando Benjamín Vicuña Mackenna asumía como intendente de la Provincia de Santiago, parecía haber acuerdo en que la situación de la ciudad capital era compleja (De Ramón, 2007; Vicuña Mackenna, 1872, 1873a, 1873b y 1874b). El subtítulo de la publicación en que el intendente daba cuenta de su primer año de gestión era elocuente: “lo que la capital es i lo que debería ser” (1873a). Este subtítulo era también muy expresivo de su forma de trabajar: registrar el estado de la ciudad para luego avanzar en los posibles proyectos de transformación, viendo en simultaneidad su estado presente y su condición futura. Su mérito consistió, por tanto, en prever la necesidad de un plano exacto de la ciudad. En parte, como conocedor de los adelantos de las ciudades de Lima y Buenos Aires, y en parte, reconociendo la insuficiencia de la cartografía de Santiago que, aunque no escasa, era débil técnicamente. Todo lo anterior fue motivo para que el intendente encargara un nuevo plano de la ciudad de Santiago.

Sin embargo, la suya no fue la primera voz que propuso elaborar un plano de la ciudad para transformarla. Durante 1872, en el Senado se presentaron dos proyectos relativos a este tema. El senador Alejandro Reyes fue el primero en proponer una ley “para convertir a Santiago en una ciudad hermosa y salubre” junto con un plano de la ciudad que debía ser mandado a levantar por el Presidente de la República (Vicuña Mackenna, 1873b).

Semanas después, el senador Manuel Camilo Vial planteó algunas precisiones respecto de la propuesta de Reyes. El plano debía incluir los límites de la ciudad, así como las calles existentes, edificios públicos y particulares, acequias, puentes y acueductos (Vicuña Mackenna, 1873b). Debía registrarse, también, el perfil longitudinal de todas las calles, así como de las acequias. Vial incluso precisó algunos detalles acerca de la forma en que se debía ejecutar y utilizar el plano:

al levantar el plano, deben dejarse marcas de hierro en la ciudad y se deben marcar también en el plano, para que sirvan como referente […] sobre una copia del plano, se marcarán con líneas de distinto color, la rectificación de calles (Vicuña Mackenna, 1873b, p. 569).

El senador planteaba, además, que debían existir cuatro tipos de calles, de distinto ancho, considerando árboles y aceras. Agregaba que el plano debía aprobarse por el Presidente y por un Consejo de Estado y ser litografiado, para que fuera conocido por todos.

Por su parte, Vicuña Mackenna advertía sobre la compleja relación que se estaba produciendo entre la Municipalidad y el Congreso, lugar donde languidecían los proyectos dedicados a la ciudad (Vicuña Mackenna, 1873a). En 1873, comentaba que la ley propuesta por Vial “sufrió tal transformación en el Consejo de Estado que los bienes que se esperaban de la aplicación de aquella quedaron completamente frustrados” (Vicuña Mackenna, 1873a, p. 229). Si bien en junio de 1874 se promulgó la ley titulada “Apertura i prolongacion de calles i paseos públicos en la ciudad de Santiago”, basada en la propuesta de Vial, la idea de hacer un plano quedó fuera de esta legislación.

El mismo Consejo de Estado3 entregó sus razones para no incluir el plano en esta “ley de transformación de Santiago”. Planteó que, si bien la base más acertada para la ejecución de la transformación de la ciudad,

habría sido el levantamiento de un plano general y minucioso de la ciudad […] la comisión ha sido disuadida de tomar esa base, porque se ha persuadido que la ejecución de una obra de esa naturaleza, bajo la planta y en la escala que es preciso emprenderla en una ciudad como la capital sería tarea de largos años no sólo para la oficina de ingenieros que acaba de organizar la ilustre Municipalidad, sino para los que extraordinariamente quisiesen emprender ese colosal trabajo (Vicuña Mackenna, 1873b, p. 572).

El Consejo, por tanto,

sin desechar en manera alguna esa idea capital, la aplaza únicamente esperando que el municipio, como lo tiene ya dispuesto, la haga marchar simultáneamente con el desarrollo de las grandes y benéficas obras que va a emprender (Vicuña Mackenna, 1873b, p. 572).

Queda claro, por los detalles de la discusión, que existía un acuerdo generalizado en que el proyecto de un plano de Santiago era una empresa compleja y que requería de un soporte legal e institucional que lo guiara y le diera sentido. ¿Qué podía hacer, entonces, Vicuña Mackenna como intendente de la Provincia de Santiago respecto de esta tarea? La Intendencia era el “gobierno superior de cada provincia en todos los ramos de su administración” (Constitución de la República de Chile, 1833, pp. 35-36). Se puede establecer también que, como intendente, Vicuña Mackenna trabajaba en conjunto con la Municipalidad de Santiago, compuesta por dos alcaldes y cuatro regidores. Tenía a su haber la posibilidad de intervenir en la ciudad a través de la generación de decretos, ordenanzas y la formación de comisiones de estudio, así como también la facultad de enviar proyectos al Ejecutivo, como el caso de la creación de la Dirección de Obras Municipales, oficina mencionada por el Consejo de Estado.

Para julio de 1872, había sido emitido el Decreto Supremo que organizaba esta oficina, cuyo primer ingeniero en jefe fue Ernesto Ansart4, acompañado por dos ingenieros auxiliares y un oficial de pluma5. Sus obligaciones eran cinco: hacer planos y presupuestos para cualquier trabajo encargado por la Municipalidad; conservar el archivo de este material; velar porque todas las obras municipales se ejecutasen de acuerdo con lo convenido; dar autorización para nuevas construcciones; y “formar el plano de la ciudad de Santiago y sus suburbios en una escala suficientemente grande para poder introducir en él todas las modificaciones, direcciones y ampliaciones que convengan a la salubridad, comodidad y ornato de la población y que acuerde la Municipalidad” (Actas de las sesiones municipales (julio, 8), 1872).

Vicuña Mackenna encarnó, de manera nunca vista, la figura pública del intendente y, como tal, dio curso a una intencionalidad inédita: llevar adelante un diagnóstico de la situación de la ciudad; proponer un conjunto de proyectos para su transformación; y realizar un levantamiento para conformar un plano exacto, principal instrumento de la transformación. Cumpliendo son su papel de intendente, estableció el andamiaje institucional y administrativo para llevar adelante esta compleja tarea, iniciando la “nueva era para la edilidad de Santiago” (Vicuña Mackenna, 1873a, p. 5).

Vicuña Mackenna encarga un “plano definitivo de la ciudad”

Para comprender la naturaleza del encargo de un plano exacto de la ciudad, es esencial remitirse a los textos que Vicuña Mackenna publicó mientras fue intendente. Ellos oscilan entre entender la ciudad y su entorno, y la idea de transformarla por medio de proyectos. Recién asumido, propuso veinte proyectos para hacerlo (Vicuña Mackenna, 1872). En 1873, planteó el encargo de un plano; y para 1874 y 1875 explicaba la necesidad de articular la ciudad con el Departamento. Se debe mencionar también el estudio que encargó a Marcial Plaza, sobre el estado de la ciudad, titulado Santiago administrativo (1872). Dicho estudio reveló problemáticas centrales que, por su parte, el plano de la ciudad debía definir y precisar, a saber: los límites de la ciudad, los límites de las subdelegaciones y barrios, cuarteles de incendios, límites fijados por ordenanzas y decretos, índice de calles y su correspondiente numeración.

Lo ambicioso del encargo no se podría comprender sin antes considerar los referentes que manejaba tanto el Consejo de Estado como el mismo Vicuña Mackenna. Estos eran el plano de París de Edme Verniquet y “el plano científico” que en esa misma época se estaba ejecutando de Valparaíso (Vicuña Mackenna, 1873b). Todos eran conscientes de que ambos planos habían significado grandes desembolsos y mucho tiempo de realización. El de Valparaíso ya llevaba tres años ejecutándose y aún no se terminaba. Por su parte, el monumental plano de Verniquet, considerado el primer plano exacto de Paris (Pinon y Le Boudec, 2004), se realizó entre 1785 y 1799, considerando seis años solamente para ejecutar el grabado. Medía 506 cm de ancho por 396 cm de alto, y estaba compuesto de sesenta y seis hojas de 66 cm de alto por 44 de ancho, más seis de 66 x 22 cm.

Tanto el plan de transformación, como el encargo de un plano exacto, fueron intentos conscientes de reconocer los problemas que por entonces aquejaban a la ciudad y, al mismo tiempo, instrumentos para controlar sus límites. En este contexto, en sus escritos e informes, el intendente exhortaba insistentemente a los santiaguinos a decidir entre “ser ciudad o ser potrero” (Vicuña Mackenna, 1874b, p. 117), exigiendo elaborar un plano de la ciudad, y dejando entrever la necesidad de otro del Departamento. Esta posibilidad fue considerada en los siguientes términos:

Con no menos interés ha procurado la Intendencia la formación del plano jeodésico del Departamento de Santiago, al cual los trabajos del señor de Pissis dan un espacio demasiado reducido para que la carta de la Provincia de Santiago pueda servir a las exigencias de la administración local (Vicuña Mackenna, 1873a, p. 77).

Sin embargo, no hay indicios de que estos trabajos hayan prosperado, como sí lo hizo, en parte, el plano de la ciudad.

Los trabajos comenzaron el 1° de mayo de 1873, después de comprar los instrumentos necesarios y de organizar las labores por sectores: centro, norte, sur y suburbios. Cooperaron en el levantamiento de los suburbios, los estudiantes del curso de “Puentes y Calzadas” que dictaba el mismo Ansart (Vicuña Mackenna, 1873b). El encargo de un plano de esa magnitud era algo radicalmente novedoso y fundamental la su gobernanza y administración de la ciudad. El plano debía visibilizar los nuevos barrios que comenzaban a surgir en los suburbios junto con los nuevos programas que se incorporaban a un territorio tan vasto como poco controlado.

Vicuña Mackenna estaba convencido de que el plano de la ciudad debía ser “la base indispensable de todas las mejoras i adelantos” (Vicuña Mackenna, 1873b, p. 208). En carta a Ernesto Arsart, le ofrece la posibilidad de consultar los “trece mapas que existen en la intendencia i que abrazan una época de más de 150 años” (Vicuña Mackenna, 1873b, p. 207), a pesar de que era consciente de su debilidad técnica, pero lamentablemente, eran la única referencia que existía (Figura 1).

Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

Figura 1 Trece planos de Santiago conservados en la intendencia en la época de Vicuña Mackenna, y el plano de Ansart de 1875.  

Desde un comienzo el encargo de un “Plano Definitivo de la Ciudad” (Vicuña Mackenna, 1873a, p. 76) destacó por su ambición. De acuerdo con la propuesta de Ansart, el plano de la ciudad debía realizarse a escala 1: 1.000. Lo que implicaba que, para encuadrar la ciudad y sus suburbios, debía medir 6 x 9 metros; “quedando el original archivado para servir al trazado de las líneas de los edificios y de las nuevas calles” (Vicuña Mackenna, 1873b, p. 208). Por ello, propuso dividirlo en 25 hojas, de 180 x 120 cm cada una. Paralelamente, se debía contar con una versión reducida del plano, cuyas medidas Ansart fijó en 180 x 120 cm (Vicuña Mackenna, 1873b). Es decir, la reducción del plano equivalía a una de las hojas del plano mayor, y aunque no lo dice explícitamente, se puede deducir que su escala era 1: 5.000 (Figura 2).

Fuente: Elaboración propia.

Figura 2 Formatos del plano de la ciudad y del plano de Ansart de 1875. Izq. Plano, esc. 1: 1.000. Centro. Plano reducido, esc. 1: 5.000. Der. Plano de Ansart de 1875, esc. 1: 6.666. 

La elaboración de un plano de la ciudad con este grado de precisión y detalle ya se hacía indispensable, dado que se comenzaban a incorporar las redes e infraestructuras de transporte y servicios (gas y agua, entre otras). Lo fundamental fue que estas redes introducían una forma sistemática de planificar y operar, que exigían un registro exacto. De acuerdo con la propuesta de Ansart:

En un plano como el de Santiago hai dos cosas que fijar, diferente la una de la otra. Una consiste en la reproducción exacta en papel de los edificios, calles y acequias, etc., i otra consistente en la nivelación de algunos de estos puntos, dejando en el terreno mismo un rastro permanente de la nivelación para todos los trabajos que deba hacerse (Vicuña Mackenna, 1873b, pp. 209-210).

En el texto, el ingeniero aludía a cuatro operaciones fundamentales: constatar la topografía, registrarla en un dibujo y ejecutar la nivelación6; segundo, realizar un levantamiento parcial de la ciudad, a cargo de cuatro comisiones, cada una responsable de un determinado sector, además de un levantamiento específico de la Alameda; tercero, “preparar la plancha en que se ha de colocar las varias piezas de este gran mosaico que se llama plano de una ciudad” (Vicuña Mackenna, 1873b, p. 207). Y, finalmente, el plano mismo: “Concentraré además todos los trabajos para la inmediata traslación de las operaciones al papel i a la formación del plano con todos sus detalles” (Vicuña Mackenna, 1873b, p. 208).

Es posible que entre julio de 1872 y junio de 1874 Ansart se dedicó a realizar el plano, junto con las otras tareas que tenía en la Dirección Obras Municipales y como profesor. Es decir, trabajó en él durante unos veintidós meses, como ingeniero jefe de la Dirección de Obras, y por el decreto que emitió Vicuña Mackenna en abril de 1873. En julio de 1874, Ansart dejó su cargo en la Dirección de Obras. Finalmente, el plano conocido de su autoría fue publicado hacia agosto de 1875.

En 1885, Vicuña Mackenna realizó una reseña de los trece planos históricos de Santiago, que, como ya sabemos, conocía muy bien pues los había guardado en la Intendencia. A esa lista de planos agregó, sorprendentemente, el plano de Ansart:

En consecuencia de la última [la transformación de Santiago], vino en 1877 o 78 [sic] el plano de Ansart que fue director de obras públicas y recogió con mayor o menor fidelidad todas las transformaciones de su tiempo, la avenida y plaza del Cementerio, el parque Cousiño, las plazas de los Gameros y Blanco Encalada, el Club Hípico, los cuarteles de incendio, el palacio de la Exposición, el paseo de Santa Lucía, algunas de las líneas de los carros urbanos, la separación de las subdelegaciones rurales de las urbanas de la ciudad, que antes se hallaban estrambóticamente confundidas, y por último la canalización del Mapocho y las líneas capitales del camino de cintura, dentro de las cuales existe la ciudad urbana actual y se edificará más tarde la ciudad del porvenir (Vicuña Mackenna, 1931, p. 410).

Al concluir señalaba:

Falta ahora, por consiguiente, el plano definitivo de la transformación futura y permanente, que debe ejecutarse en una escala que abarque todos los detalles de los actuales y venideros servicios de la ciudad, es decir, la formación de plano-padrón de la capital, que esto es un deber primordial e ineludible para la edilidad de todas las ciudades de Chile y del mundo, si sus mandatarios quieren dar a los que las habitan y pagan, junto con la belleza de las líneas y la comodidad de estos, los adelantos, la salud y la opulencia (Vicuña Mackenna, 1931, p. 411).

Si el plano de París de Verniquet y el que se estaba realizando en Valparaíso fueron tal vez los referentes para el de Santiago, se puede comprender la frustración que se infiere de los textos de Vicuña Mackenna. De hecho, el plano de París conformaba un Atlas,7 y como ya se ha dicho, fue considerado el más preciso previo a las intervenciones de Haussmann.

El “plano definitivo”, encargado por Vicuña Mackenna, no llegó hasta nosotros. Es posible, incluso, que nunca existiera y que sus borradores se hayan perdido para siempre. Como se verá a continuación, el plano que publicó Ansart no coincide con el encargado por Vicuña Mackenna. Aparentemente, tendría una historia paralela y otro destino. Se ha establecido que, en agosto de 1874, la Intendencia recibió una propuesta de Ansart, dos meses después de su renuncia a la Dirección de Obras, para realizar un plano topográfico en gran escala de la ciudad de Santiago (Actas de las sesiones municipales (Agosto, 31), 1874). ¿Sería esta la primera noticia del plano de 1875?

El plano de Ernesto Ansart

Para aproximarse al documento se usarán dos enfoques. El primero lo analiza materialmente. El segundo, en cambio, lo interpreta, avanzando una hipótesis con respecto a su propósito, alcances y sentido.

La versión más conocida del plano consiste en una lámina plegable de 101,5 cm de alto por 88,3 cm de ancho (Martínez, 2007). Está compuesto por 30 recuadros de 22 x 15,5 cm, pegados sobre una tela cruda que permite su plegado. Como se indica en el extremo inferior izquierdo, fue grabado en París por Erhard e impreso por Monrocq en 1875. Sin embargo, hay una segunda versión del plano, menos difundida, que fue impresa en una hoja continua de 112 x 91 cm, sin tela como soporte (Figura 3). En sus esquinas, el plano presenta información cartográfica relevante. En la esquina superior izquierda lleva el título, la descripción de su contenido, la escala (15 milímetros por cien metros) y el autor. En la superior derecha tiene el listado de las instituciones más destacadas y el norte. En la esquina inferior izquierda encontramos la simbología general, que diferencia lo existente de lo proyectado. Abajo, a la derecha, está la escala gráfica.

Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

Figura 3 Plano de Santiago de Ernesto Ansart, 1875. Izq. Versión plegable. Der. Versión continua.  

Una grilla cuadricular de 7,5 x 7,5 cm ordena el plano. Cada recuadro representa un área de 500 x 500 m; la relación entre ambas cifras determinó su extraña escala, 1: 6.666 (50.000 / 7,5 = 6.666). Esta grilla calza exactamente en la vertical con los márgenes del plano, sumando trece módulos, que representan una extensión 6,5 km. En el ancho, en cambio, la grilla no calza exactamente con los márgenes, ya que comprende diez módulos completos y dos incompletos, aunque sumados representan 6,1 km (Figura 4). Uno de los aspectos que más ha llamado la atención es su orientación, que considera el norte hacia abajo, contrariando una de las convenciones básicas de la cartografía.

Fuente: Elaboración propia.

Figura 4 Grilla del Plano de Santiago de Ansart.  

Un primer aspecto que analizar es el encuadre y, consecuentemente, la parte de la ciudad que queda en su interior. En este sentido, el plano se puede homologar al Velum de Alberti: un marco que encierra un fragmento acotado del mundo visible y que gracias a su grilla permite situar los elementos representados (Maderuelo, 2008). Como ya se vio, por la escala del plano, Ansart hizo un gran esfuerzo por compatibilizar el tamaño de este con la porción de ciudad que quería representar. A izquierda y derecha, el plano quedó definido por la necesidad de mostrar el Camino de Cintura; quizás el proyecto más importante del plan de transformación, solo concluido en parte para 1875. Las secciones oriente y poniente del Camino quedaron dentro del plano, como dos brazos en jarra que dan término al área propiamente urbana. En el caso de la sección poniente, el Camino de Cintura coincide con el proyecto de un trazado alternativo para el ferrocarril al norte, que deja a la Quinta Normal dentro de la zona urbana, donde se destaca la fachada del nuevo edificio para la Exposición Universal que se desarrollaría en el mismo año 1875.

Un criterio distinto se empleó, en cambio, para enmarcar la ciudad en el otro sentido. En el extremo sur de la ciudad, el plano concluye con el matadero, en línea con la penitenciaría, situada al poniente. La planta de esta última no alcanzó a ser representada, por lo cual se utilizó un grabado que muestra su fachada. Lo mismo ocurre con el Cementerio General, en el extremo norte. Resulta curioso que se hayan descuidado estos recintos tan importantes para el funcionamiento de la ciudad y que no alcanzan a aparecer en el plano representados planimétricamente, aparentemente, en pos de salvaguardar el tamaño y las proporciones del plano (Figura 5).

Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

Figura 5 Detalles del Plano de Santiago de Ansart. Izq. La penitenciaría. Der. El Cementerio General. 

El encuadre hace pensar que el plano es una porción de una representación mayor: el plano de la ciudad ideado por Ansart a escala 1: 1.000. Prueba de ello es la discontinuidad en la numeración de las subdelegaciones rurales. En efecto, se pasa de la N° 1 a la N° 4, omitiendo las intermedias. Lo mismo ocurre entre la N° 6 y la N° 9. Curiosamente, en el sector del parque Cousiño y el hipódromo, que conformaban una misma subdelegación, no se indica de qué tipo es, aunque sabemos que se trata de la Subdelegación Rural N° 8. ¿Por qué no se señaló esta información? Aparentemente, la información existía, pero fuera del encuadre del plano. Lo mismo podemos decir en relación con la penitenciaría y el cementerio: se intuye que pudieron estar dibujados en el plano mayor, dada su importancia en el funcionamiento de la ciudad y en la propia consciencia de Vicuña Mackenna. Al referirse al plano de Mostardi Fioretti, su descripción de estos recintos es elocuente: “Es un trabajo bastante interesante y completo de la ciudad que abraza el área de la desparramada capital entre la Penitenciaría y el Panteón, esto es, entre dos cementerios” (Vicuña Mackenna, 1931 [1885], p. 410).

Otro aspecto fundamental es el carácter y función del plano. Todo indica que el plano plegable fue pensado como un “libro” de bolsillo (Figura 6). De hecho, se han encontrado sus tapas que así lo confirman. El tamaño al que queda reducido el plano, una vez plegado, refuerza esta hipótesis: 22 cm x 15,5 cm (7,5 cm x 3 cm = 21,5 cm y 7,5 cm x 2 cm = 15 cm).

Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

Figura 6 Tapas del Plano de Santiago de Ernesto Ansart, 1875.  

Como ya se ha dicho, también existe una versión impresa en una lámina continua. El sentido de esta versión del plano lo aclara Diego Barras Arana (1875, p. 709):

Por la abundancia y la seguridad de los datos, como por la belleza del dibujo y del grabado, el plano del señor Ansart es un trabajo tan útil como bien ejecutado. El autor ha dispuesto que muchos ejemplares sean barnizados para colocarlos en las paredes, como los mapas; pero también ha hecho que un número considerable de ejemplares sea encuadernado en libros para su más fácil transporte.

El plano impreso, en una lámina continua, fue pensado como un plano mural, informativo, cuya función era facilitar la orientación en la ciudad. Con estos antecedentes, ya se puede deducir el propósito del plano de Ansart. Ambos formatos, el plegado y el continuo, lo definen como un plano guía. El plegable para ser llevado en el bolsillo, y el mural para ser pegado en las murallas de la ciudad. Esto se ve reforzado por varios detalles que se señalan a continuación. La representación de algunos edificios por medio de un grabado que ilustra su fachada (Beovic, 2002), y no a través de su planta. Esta decisión estaría orientada a permitir su identificación de un modo más inmediato, de un golpe de vista. La leyenda del plano también refuerza esta idea, al destacar un específico programa urbano: hoteles, buzones, ferrocarriles y avenidas arboladas. La escala no se menciona, pero la grilla (7,5 cm x 7,5 cm) representa una cifra completa y fácil de recordar: 500 m x 500 m. Es decir, el plano reúne todo aquello que un usuario ocasional de la ciudad, como un turista, desearía encontrar rápida y oportunamente.

Paralelamente, el plano también señala el orden administrativo de la ciudad. La clara identificación de subdelegaciones urbanas y rurales así lo demuestra. Se deben destacar también los cuarteles de incendio (ocho en total, identificados con números romanos). Como es de suponer, este tipo de información se aleja del usuario eventual, siendo de mayor interés para el residente. No obstante, esta información también se puede entender como una suerte de persistencia de los contenidos que debía comunicar el plano mayor, a escala 1: 1.000, en el que Arsart había trabajado casi por dos años. Todo lo anterior ha permitido que el plano se entendiera como un documento técnico, asociado al plan de transformación de Vicuña Mackenna. Colabora con este supuesto, el hecho de contener información relativa a algunos de los proyectos, tales como apertura de calles, trazado de avenidas, vías de ferrocarril y el trazado para la canalización del río.

Sin embargo, una evidencia hasta ahora no considerada confirma que el plano tenía otro destino. En uno de los ejemplares consultados, se encontró una etiqueta rectangular que fue pegada con posterioridad a su publicación, en la que hasta ahora nadie había reparado (Figura 7). Allí se indica lo siguiente: “DEPOSITADO (Conforme a la lei de julio de 1834) El autor se reserva el derecho de propiedad i de reproducción. Todo ejemplar llevará su firma. En venta en calle de las Rosas núm. 13”.

Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

Figura 7 Etiqueta pegada en el Plano de Santiago de Ernesto Ansart, 1875.  

La etiqueta no deja lugar a duda: el plano fue una iniciativa comercial de Ernesto Ansart, pues lo vendía en su propia residencia: calle de las Rosas N° 13, donde firmaba personalmente cada copia, como se deduce del timbre azul estampado en la etiqueta.

Por último, un hecho que tampoco ha sido vinculado con el plano, a pesar de su innegable trascendencia: la Exposición Internacional que se realizó en la Quinta Normal entre el 16 de septiembre de 1875 y el 16 de enero de 1876. No es necesario ahondar en la importancia de estos eventos, que concentraban el interés de naciones poderosas. Por lo mismo, sorprende que un país como Chile accediera a su organización en época tan temprana. En estas ocasiones, y como ocurre todavía en la actualidad, la ciudad organizadora se modernizaba para recibir adecuadamente a los visitantes, generando equipamiento urbano perdurable, que de otro modo sería imposible de realizar.

No es difícil imaginar, que la misma gestión de Vicuña Mackenna al mando de la intendencia hubiera estado orientada en este sentido. Se debe recordar que su gestión culminaba el mismo año de la exposición, y que esta fue la ocasión de mostrar las transformaciones de la Capital: el Paseo del Santa Lucía, el Parque Cousiño, el Camino de Cintura, y la misma Quinta Normal; proyectos que estaban concluidos en ese momento. Este hecho viene también a reafirmar nuestra hipótesis sobre la independencia del plano de Ansart: ¿Cuál sería el sentido de publicar el plano el mismo año en que el Intendente culminaba su gestión?

De este modo, puede establecerse una trama coherente que articula distintos hechos: la transformación de la ciudad, un plano guía y una gran exposición que pretendía proyectar la nación al mundo; siendo el plano la instancia integradora de los otros dos eventos8. El mismo intendente lo confirmaba, en dos momentos:

S. E. el Presidente de la República me ha asegurado privadamente, que, marchando el país como hasta hoy, por los espaciosos senderos del progreso, del bien estar i de la paz, se propone coronar las empresas de adelanto a que ha prestado desde los primeros días de su administración un amparo tan decidido, con la celebración de una exposición nacional concebida i llevada a cabo en condiciones que nos permitan invitar no sólo a los pueblos de Europa a enviarnos con sus artefactos, sus hombres especiales, de ciencia y observación, sus viajeros, sus colonos, sus capitalistas, sino que nos sea lícito a nosotros, como municipio, a nuestros hermanos de la América a hacerse representar en este gran hogar americano por sus propios municipios.

Prepararemos en consecuencia, señores, nuestra bella capital, para ese advenimiento.

Transformemos a Santiago en el París de la América.

He dicho (Vicuña Mackenna, 1873a, p. 89).

“El Plano Jeneral de Santiago

Pero la actual Municipalidad acusada de pródiga i de alentar los apetitos de prodigalidad de su presidente ha rehusado un auxilio de 500 pesos para realizar esta obra que sería nuestra única contribución a la gran Exposición a que hemos convidado al mundo civilizado (Vicuña Mackenna, 1875, pp. 17-18).

La decisión de orientar el norte hacia abajo fue probablemente un resultado de todo lo anterior. En primer lugar, la necesidad de poner el centro de la ciudad en el lugar más inmediato de ver en el plano plegable (Figura 8). Lo cual, además, permitía relacionar tres instancias decisivas para la mejor comprensión de la ciudad en ese especial momento: la Estación del Ferrocarril, el centro de la ciudad y el recinto de la Exposición. Esto último se confirma cuando se pliega el plano y es posible reconocer el orden que rige su subdivisión en cinco franjas horizontales, lo que permite dejar en la franja central el foco de atención, con la Alameda y la calle Catedral como ejes principales (Figura 9). Ello también se puede comprobar cuando se dobla la parte superior e inferior del plano, que deja expuesta la ciudad “propia” en su plenitud, ocultando los suburbios y periferias. La referencia en la leyenda a buzones de correo y hoteles viene a refirmar este propósito. Como también lo hace, por cierto, el destacado lugar y tamaño que se dio a la fachada del edificio de la exposición.

Fuente: Elaboración propia.

Figura 8 Diagramas del Plano de Santiago de Ernesto Ansart, 1875. Izq. Ubicación de las tapas con relación al plano. Der. Ubicación del centro de la ciudad. 

Fuente: Elaboración propia.

Figura 9 Franja central del Plano de Santiago de Ernesto Ansart, 1875.  

Conclusión

Para finalizar, es importante referirse a algunas cuestiones que se derivan del plan de transformación de Santiago, emprendido por Benjamín Vicuña Mackenna, entre las que se destaca el encargo de un plano exacto de la ciudad, que no se realizó. Las cualidades de este plano, no ejecutado, cobran mayor relevancia si se les analiza en contraposición al plano que Ernesto Ansart publicó en 1875 y que hasta el día hoy circula, erróneamente asociado al plan de transformación de Santiago de Vicuña Mackenna.

Sobre la institucionalidad del plano y la idea de una nueva edilidad.

La voluntad de realizar un plano exacto de la ciudad coincide con un momento complejo de ella, en el que se hacía urgente representarla con exactitud para poder comprenderla. La urgencia de este plano ponía en evidencia la necesidad de una nueva institucionalidad que definiera la relación entre los distintos instrumentos que regulaban su administración. Demuestra, además, la emergencia de una nueva sensibilidad que valoraba el registro exacto de los datos y una representación sistemática, acorde con la precisión y exactitud que habían alcanzado los levantamientos gracias a los nuevos instrumentos topográficos. Todo ello pone de relieve la presencia de una figura única, tal vez irrepetible, capaz de articular y coordinar estos múltiples desafíos. Respondiendo a estos desafíos, en su primer año en la Intendencia, Vicuña Mackenna creó una oficina dedicada exclusivamente a la elaboración de un “plano topográfico de la ciudad, en escala suficiente para consultar todas las mejoras de que es susceptible, i con todos los requisitos que estas obras exijan” (Vicuña Mackenna, 1873b, p. 206). En una sola persona se concentraron, entonces, las facultades para encargar un plano, y a partir de él levantar un diagnóstico acertado del estado de la ciudad, para con todo ello precisar lo que en un principio había sido un esbozo de plan de transformación (Vicuña Mackenna, 1873b). Nunca había existido esta figura y, probablemente, nunca más volvió a existir, al menos en estos términos.

Sobre el encargo de un plano de la ciudad

A partir de las sucesivas memorias e informes que elaboró Vicuña Mackenna, se puede desprender la complejidad que revestía el encargo de un plano exacto de la ciudad. No se trataba de un plano cualquiera, sino de idear un verdadero sistema que integrara los trabajos de levantamiento a los de representación. La “meditación” de Vicuña Mackenna sobre la necesidad de un plano del Departamento y la respuesta de Ansart, así lo demuestran. Pero tanto o más importante que un plano del Departamento, era necesario un plano de la ciudad, que fuera mucho más preciso que aquellos trece, algunos ya históricos en aquella época, que Vicuña Mackenna guardaba en la Intendencia. La idea de un sistema de planos, en distintas escalas, que representara la ciudad existente junto a los “proyectos” que la transformaban, subyace en el encargo. Lamentablemente, las evidencias disponibles demuestran que ninguno de estos planos se pudo concretar, a pesar de que los trabajos que se alcanzaron a realizar, al parecer, estaban bastante adelantados (Vicuña Mackenna, 1873b).

Por último, el plano que efectivamente se realizó y que ha llegado hasta nosotros: el plano de Santiago de 1875 de Ernesto Ansart. No cuesta mucho suponer que el origen de este plano se remonta a la iniciativa de Vicuña Mackenna de montar una oficina dedicada exclusivamente a formar el plano exacto de la ciudad, ya que Ernesto Ansart fue, precisamente, el profesional que Vicuña Mackenna puso a la cabeza de esta institución. Sin embargo, como se pudo comprobar, el plano de Ansart se distanció de las expectativas iniciales, orientándose a otro propósito. A pesar de todo, este plano cumplió con la necesidad de representar un momento particular de la ciudad, que fue coronado por la exitosa Exposición Internacional de 1875, cuyo fin fue mostrar una nueva imagen de Santiago al mundo. En esto, el plano de Ansart no se equivocó. En efecto, en él comparecen tres proyectos urbanos recién concluidos: el paseo del cerro Santa Lucía, el parque Cousiño y la Quinta Normal, sede de la exposición. También se representaron las dos secciones del Camino de Cintura que se habían construido, así como las nuevas avenidas arboladas, que se sumaron a la extensión y reforma de la Alameda. Aunque uno de los principales proyectos del plan de transformación, la canalización del río Mapocho, solo quedó representado como eso, como proyecto. Como también se omitieron las acequias, probablemente porque de modo contraproducente revelaban el atraso y la precariedad en que todavía se encontraba la ciudad. Con todo, y considerado en su inmediatez, el objetivo del plano de Ansart se cumplió: promover a Santiago como una ciudad en vías de modernización, comparable a otras capitales emergentes del mundo. Así, el plano de Ansart se constituyó en un elemento más de apoyo a la exposición universal de 1875, y como tal cumplió un papel de difusión, e incluso de propaganda. Los materiales planimétricos de carácter científico que se alcanzaron a realizar en la oficina municipal entre los años 1872 y 1874, con seguridad fueron utilizados por Ansart como base para realizar su propio plano, aquel que todos conocemos. De estos materiales no hay noticias, ya que probablemente sucumbieron en el ya mítico incendio que afectó a los archivos municipales a finales del siglo XIX.

El encargo de Vicuña Mackenna, de un plano exacto de la ciudad, y de otro para el Departamento, finalmente no se concretó. Pero, a pesar de ello, desde entonces Santiago como ciudad capital desarrolló una nueva edilidad, cuyo tono lo dio el encargo de un plano exacto de la ciudad, anhelo que vino a representar el reiterado clamor del intendente: “¡o ciudad o potrero!”. Sin embargo, su visionaria intuición a la larga se concretaría en 1890, cuando se realizó un riguroso levantamiento y registro de todas las calles de Santiago a cargo del ingeniero Alejandro Bertrand; que continuó en 1910, con el catastro de todas sus manzanas por cuenta esta vez de la municipalidad. Finalmente, en el primer plano regulador de Santiago, aprobado en 1939, al registro de la ciudad existente se sobrepuso el proyecto de transformación, plano que curiosamente se desarrollaría en las mismas dos escalas que Ansart había considerado para el plano de la ciudad, 1: 1.000 y 1: 5.000. Con ello se concretaría, finalmente, la gran aspiración de Vicuña Mackenna: reunir en un solo plano “lo que es la capital i lo que debería ser”.

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3Esta comisión estaba formada por Melchor de Santiago Concha, Rafael Larraín y Pedro Félix Vicuña.

4Ernesto Ansart (1831-1886) estudió ingeniería en la École Centrale de París y se graduó en 1853. Comenzó a ejercer como profesor del curso de “Puentes y Calzadas” en la sección universitaria del Instituto Nacional, el 16 de agosto de 1871. Se mantuvo en este cargo hasta 1876. Trabajó como jefe en la Dirección de Obras Municipales de Santiago entre 1872 y 1874. Posteriormente, habría participado en el proyecto francés del Canal de Panamá.

5Los ingenieros auxiliares fueron Elías Márquez de la Plata y José Antonio Aris. Aris renunció en octubre de 1873 y lo reemplazó Belisario Díaz. El oficial de pluma fue Ignacio Carrera Pinto.

6La nivelación la ejecutó el ingeniero Barañao en el verano de 1873, mientras que, la colocación de las planchas de nivel, en 325 puntos de la ciudad, se ejecutaría entre abril y mayo de 1873.

7Encabezaba el Atlas, el plano de las operaciones de trigonometría, una de las labores que se empezaron a realizar en las nuevas oficinas municipales.

8Es posible que Ansart tuviera muy presente la Exposición Universal de París de 1855, que estuvo abierta al público durante siete meses y recibió alrededor de cinco millones de visitantes. Es probable que Ansart estuviera al tanto de las implicancias de este tipo de eventos y fuera consciente de la importancia que podía llegar a tener un plano de la ciudad.

1 Este artículo es un producto de la investigación Fondecyt N° 1191393. “Santiago 1875: desmontando el plano de Ernesto Ansart y el plan de transformación de Benjamín Vicuña Mackenna: entre la modernización de la ciudad capital y el emergente urbanismo residencial” (2019-2022). Investigador responsable: Germán Hidalgo.

2Se agradece a la Mapoteca de la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile por facilitar el material analizado en este artículo.

Recibido: 08 de Julio de 2020; Aprobado: 22 de Noviembre de 2020

* Contacto: ghidalgb@uc.cl

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