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Revista 180

versión impresa ISSN 0718-2309versión On-line ISSN 0718-669X

Revista 180  no.43 Santiago ago. 2019

http://dx.doi.org/10.32995/rev180.num-43.(2019).art-588 

Artículos

Entre Valparaíso y Marilyn Monroe. Una reflexión acerca de la creación de una editorial universitaria

Between Valparaiso and Marilyn Monroe. A critical reflection about the creation of an university press

Álvaro Huirimilla-Thiznau1 

Horacio Alejandro Arros-Aravena2 

Rafael Molina Serrano3 

1Universidad de Valparaíso, Valparaíso, Chile. Académico Facultad de Arquitectura, Universidad de Valparaíso. Contacto: alvaro.hurimilla@uv.cl

2Universidad del Bío-Bío, Concepción, Chile. Académico del Departamento de Comunicación Visual. Facultad de Arquitectura, Construcción y Diseño. Universidad del Bío-Bío. Contacto: aarros@ubiobio.cl

3Universidad de Valparaíso, Valparaíso, Chile. Académico Facultad de Arquitectura, Universidad de Valparaíso. Contacto: rafael.molina@uv.cl

Resumen

En el artículo se presenta el inicio del trabajo productivo de la editorial Ediciones Universitarias de Valparaíso en el período que comprende los años 1969 a 1973, tiempo en que esta se erigió como uno de referentes editoriales del país. Se muestra que durante esos años, la editorial compartió algunas de las características e ideales del máximo exponente editor de la época, Quimantú, que representaba a su vez el ideario y las políticas desarrolladas desde el Estado en el gobierno de la Unidad Popular. Desde su plataforma regional, Ediciones Universitarias de Valparaíso se planteaba como una iniciativa orientada a modificar y complementar la visión de la producción editorial de la época, al convertirse en un vehículo para la transmisión de los procesos internos de la universidad al ámbito de la comunidad local y nacional, incorporando en su producción expresiones populares y de la contingencia nacional.

Palabras clave: Chile; editorial; editoriales universitarias; historia; Valparaíso

Abstract

The article presents the beginnings of productive work by Ediciones Universitarias de Valparaíso, in the period from 1969 to 1973, time in which became a reference to local publishers. It is shown that in these years, the publishing house shared some of the characteristics and ideals of, Quimantú, the greatest publishing exponent of that time, which represented the ideology and policies developed by the State in the government of the Unidad Popular. From its regional platform, Ediciones Universitarias de Valparaíso was set up as an initiative oriented to modify and complement the vision of the publishing production of that time, this by turning into a vehicle for the internal processes of the University to the local and national community, incorporating on its production popular and national contingency expressions.

Keywords: Chile; editorial; history; university presses; Valparaíso

Introducción

El fenómeno de las editoriales universitarias chilenas tiene sus inicios en la década de 1940, cuando comienzan a establecerse las primeras iniciativas en el seno de la Universidad de Chile, precisamente en la Escuela de Ingeniería de esta casa de estudios. Allí los estudiantes formaron la Cooperativa de Apuntes, iniciativa en la cual participaron cerca de 1.500 de ellos (Castro, 1999). Esto muestra que, en sus inicios, las editoriales presentaban un carácter marcadamente instrumental, es decir, producían y publicaban principalmente material de ayuda para los estudiantes y profesores. Con los años, evolucionarían a editoriales orientadas a la producción y edición de libros de perfil literario o de difusión de sus respectivas áreas disciplinares.

Hacia el período comprendido entre fines de la década de 1960 e inicios de 1970, la industria editorial del país había sufrido un proceso de estancamiento después de lo que se ha llamado la época dorada del libro. Este período coincide, por una parte, con los procesos de reforma universitaria que afectaron a las diversas instituciones académicas a partir de 1967, los que perseguían la modernización de este tipo de instituciones y su transformación en aparatos vinculados de manera efectiva con la realidad del país (Allard, 2013). Por otra parte, el Estado surge como agente cultural de peso, rol que se plasma a efectos de la industria del libro, en la creación de la editorial Quimantú (Subercaseaux, 2010).

Esto propició las condiciones para la formación de un proyecto editorial que innovó en la dinámica de las editoriales universitarias, tanto en términos temática, formato, producción e incorporación y difusión de nuevos ámbitos y contenidos: ya sea ideológicos, valóricos, identitarios, tradicionales y costumbristas.

En la actualidad, no existe un relato que dé cuenta de la labor realizada por la editorial Ediciones Universitarias de Valparaíso (EUV) entre los años 1969 a 1973. En ese entonces se consideraba como algo muy positivo que las editoriales difundieran pensamientos arraigados en la cultura chilena, algunos de ellos fuertemente influenciados por aspectos políticos y sociales. Esta visión entendía a la editorial como un canal de manifestación para las ideologías en boga. Poner en relieve el valor de la editorial Ediciones Universitarias de Valparaíso en dicho período, permite describir y comprender los aspectos sustantivos a la base de este fenómeno editorial universitario, desde sus escenarios productivos e idearios, en contexto con la realidad editorial de la época. En la actualidad, el mercado en Chile ha cambiado, pues el país cuenta con 61 editoriales universitarias entre instituciones públicas y privadas (Sapag, 2003).

El presente artículo se ha elaborado a partir de una investigación documental en la cual se examinaron fuentes bibliográficas, además de una revisión exhaustiva de las publicaciones realizadas por la EUV durante el período estudiado. El trabajo fue complementado con entrevistas a informantes clave enfocadas en los artífices del proyecto editorial presentado.

Las editoriales universitarias

El nacimiento de las editoriales universitarias puede trazarse pocos años después de la impresión de la primera Biblia de Gutenberg. Ya en 1478 se publicó un comentario del Credo de los apóstoles en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido. Si bien su función primaria fue la de asistir y acompañar el desarrollo educativo de las universidades, es poco lo que se ha investigado en torno a los efectos sociales de estas iniciativas. Givler (2002) indica que a la fundación de la Universidad de Harvard en 1636, en lo que eran las colonias americanas de la Corona Inglesa, se le acompaña la fundación de la Cambridge Press en 1640, encargada por al menos 50 años de publicar leyes y traducciones de documentos religiosos al lenguaje de los nativos americanos. Givler hace notar que, al menos en el ambiente estadounidense, las editoriales luchan por su apertura y sostenibilidad, con grandes períodos de intermitencia, debido al decurso de los proyectos educativos de cada una. Ambos casos, desde las primeras editoriales universitarias, y las más antiguas, como las de la Universidad de Oxford y Cambridge, o la Cambridge Press que se transformó en la Harvard University Press en 1913, son consideradas meramente funcionales a la labor educativa de las instituciones. No obstante, desde la segunda mitad del siglo XX, lo que conocemos hoy como “extensión universitaria” ha ido transformando las editoriales universitarias de modo que den respuesta a las demandas de sociedades cada vez más exigentes y sofisticadas.

En el siglo XIX se comenzaron a crear las editoriales modernas que, según Chartier (2007), fueron editoriales dirigidas por un comité que definía y decidía las publicaciones, el cual estaba constituido por académicos y cuyo financiamiento provenía, por una parte, del presupuesto de la universidad y, por otra, de la venta de libros y revistas, o bien de la recepción de subvenciones y donaciones. Otro tipo de editorial universitaria se originó en la relación estrecha que existe entre la publicación de libros y una comunidad intelectual que no participa totalmente de la universidad, pero que se arraiga en el mundo académico. La editorial Fondo de Cultura Económica, surgida en México en 1934, y la Presses Universitaires de France en 1921 nacieron de la asociación de empresas, fundaciones e individuos ligados a la esfera académica o educacional, quienes las financiaron a partir de bonos de participación. Existe también un tercer tipo de editorial universitaria de carácter privado, la cual se orienta a publicar libros escritos por profesores e investigadores y otros dirigidos a estudiantes.

En el caso de Chile, en la década de 1940 surgieron dos iniciativas que se relacionaron directamente con el mundo universitario: la Editorial Jurídica en 1945 y la Editorial Universitaria en 1943. La primera, también conocida como Andrés Bello, dependía de un Consejo Directivo encabezado por el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, el contralor general de la República, un representante de la Corte Suprema, un representante del Consejo de Rectores de Universidades Chilenas, el presidente del Colegio de Abogados de Chile, un representante del Presidente de la República, un representante del Presidente de la República designado por el Ministerio de Educación y el director de la Biblioteca del Congreso Nacional. Esta editorial publicó originalmente material administrativo constitucional, aunque más tarde se fueron agregando a su catálogo algunas publicaciones relativas a las ciencias sociales, humanidades y medicina. La Editorial Jurídica funcionó como tal hasta su disolución y traspasó su nombre y marca a la Universidad de Chile el 16 de mayo del año 2013. La Editorial Universitaria, por su parte, nació a partir de una cooperativa en la que participaban profesores y alumnos de la Universidad de Chile. Su objetivo era publicar apuntes para los estudiantes, no obstante, más adelante se convirtió en una empresa que asumió las tareas de publicación, impresión, importación, distribución y venta de libros, financiada directamente por esta casa de estudios. En 1968, la Universidad Austral creó su propia editorial (Sapag, 2003), centrada esencialmente en la publicación de revistas y material académico. Subercaseaux (2010) afirma en el Catálogo de las editoriales universitarias que en esta época se representaba el “pluralismo ideológico y de las variantes de cultura política que atraviesa el período” (p.156).

Por lo tanto, la editorial universitaria como la conocemos hoy posee un origen funcional e instrumental, aunque eso no la aleja de un rol mucho mayor: cumplir con los objetivos de la universidades del mundo. Más allá de si la visión de una universidad se adhiere a uno de los modelos históricos definidos por Brea (2007) -el primero francés que aboga por la “emancipación de la humanidad por el progreso de la ciencia” y el segundo germánico que la define como “la unidad de saberes en el Espíritu Absoluto”- es importante abordar la necesidad de poner en circulación el conocimiento obtenido por su labor científica y acercarlo a la sociedad. Se hace indispensable, no solo para evaluar el rol de las editoriales y editores, sino también el de la universidad en sí misma, revisar el impacto de los experimentos editoriales del siglo XX, los cuales en su mayoría estuvieron asociados a una ideología y combinaron territorio y recursos para hacer visibles sus publicaciones.

Escenario productivo e ideario de las casas editoras a fines de los años sesenta en el país y el surgimiento de Quimantú

En el ámbito privado, la industria editorial del país a fines de 1960 era dominada por las editoriales Zig-Zag (1905) y Ercilla (1933), a las que se sumó Lord Cochrane en 1961. Todas ellas eran consideradas representantes de la gran industria, ya que poseían tanto personal calificado y oficina editorial, como infraestructura productiva. Las casas editoriales de mediano tamaño, entre las que se puede mencionar a Nascimento (1917), se caracterizaban en general por conservar una estructura tradicional basada en la gestión familiar y no poseían una cadena completa de producción ni de distribución, por lo que generalmente tercerizaban la impresión y distribución a externos especializados. Durante décadas, la gran industria editorial había desarrollado como producto principal revistas de diversa índole, incursionando más bien de manera alternativa en la producción de libros o colecciones de libros. Por ejemplo, solo el 5% de la producción editorial de Lord Cochrane correspondía a libros en 1970 (Bergot, 2004). El período entre 1965 y 1969 se caracterizó por bajos tirajes, las primeras ediciones no superaban en promedio las 1.500 copias, debido también a la escasa demanda y a la competencia de los libros importados desde Argentina, México y España.

Con la llegada al poder del gobierno de la Unidad Popular en el año 1970, el Estado se propuso ser un agente para la construcción de una nueva cultura, que permitiese una sociedad en la que los valores imperantes fueran los del proletariado, teniendo como actor principal y activo al pueblo. El principal instrumento para ejecutar este plan en el ámbito editorial fue la creación de la Editorial Nacional Quimantú, que nacía a partir de la estatización principalmente de los talleres de impresión y la infraestructura de la Editorial Zig-Zag. A partir de febrero de 1971, Quimantú se transformó en el referente cultural del gobierno y rápidamente en la empresa líder en la producción de contenidos, gracias a su capacidad instalada, entre ella: colecciones de libros, revistas y documentos de trabajo coherentes con la política de democratización y un acceso efectivo a la cultura basada en precios bajos, ediciones numerosas y distribución masiva (Albornoz, 2005).

El fenómeno Quimantú modificó las condiciones existentes durante el período, gracias a la publicación de colecciones que permitían a los lectores el descubrimiento de la literatura nacional y universal, como por ejemplo: “Quimantú para todos”, “Cordillera”, “Minilibros”, “Conversaciones con...” y “Letras hoy”. Otra de sus líneas de trabajo tenía por objeto transmitir y educar a la población en conceptos relativos al marxismo, comunismo y socialismo, colecciones como “Cuadernos de educación popular”, “Camino abierto”, “Clásicos del pensamiento social” iban en este sentido. Finalmente, la editorial también buscaba cohesionar a la nación en torno a temas de actualidad política y relevar la cotidianeidad como un valor, la colección “Nosotros los chilenos”, dirigida por Alfonso Alcalde (Bergot, 2004), cabía en este contexto.

Las temáticas y las decisiones estratégicas de producción generaron un efecto en el mercado, propiciando el auge de ediciones y colecciones masivas accesibles a todo público; así por ejemplo Nascimento produjo su “Biblioteca popular” y Editorial Universitaria editó su “Colección cormorán” con 84 títulos para un público masivo (Albornoz, 2005; Subercaseaux, 2010). En consonancia con ello, los tirajes también eran muy masivos: desde las 50.000 hasta las 100.000 copias para cada número de los ejemplares de la colección “Minilibros”. Según Bergot (2004), la supremacía de Quimantú se apoyaba también en la consolidación de la figura del editor como el actor central de las decisiones de publicación, quien actuaba basado en su propia visión de la literatura y, también, en el diseño organizado de la distribución de los libros de la editorial.

El origen de una casa editora regional en el seno de una universidad regional

Durante el período, la Universidad Católica de Valparaíso había iniciado un largo proceso de cambios internos conocido en Chile como Reforma Universitaria, cuyo propósito era conformar una universidad basada en objetivos y principios nuevos; crear y consolidar una estructura moderna incorporando y abriéndola a procesos democráticos; y conectarla con la realidad del país. Esencialmente, como indica Buono-Core (2004), este proceso, que se inició con las primeras discusiones hacia 1964, tuvo un carácter eminentemente académico siendo el año 1967 el inicio de un tiempo de mayor efervescencia y actividad de la reforma. Dentro de sus grandes hitos estuvieron: la elaboración y puesta en marcha de un nuevo estatuto orgánico reconocido como Constitución Básica; la formación del Senado Académico como órgano participativo y representativo de los estamentos universitarios, de modo que todos ellos convergieran en el devenir de la institución; la generación de un nuevo proyecto académico reflejado en la creación de institutos dedicados “al cultivo crítico del saber”, además de escuelas orientadas “a la investigación y la docencia tecnológica y profesional” (Buono-Core, 2004, p. 177), suprimiendo así las facultades y reduciendo el sistema burocrático. La investigación se transformó, entonces, en una labor preponderante, al punto de que se generaron iniciativas que fueron apoyadas por fondos internos que buscaban incentivar los proyectos de investigación, de modo que el quehacer de la institución reflejara los problemas de la región y el país.

La consolidación de la reforma permitió realizar elecciones directas de rector, en las que participaron académicos, funcionarios y estudiantes, Raúl Allard Neumann fue confirmado en dos períodos consecutivos a partir del año 1968. En dichos gobiernos, y gracias al apoyo de la comunidad, comenzó una etapa de profundización de los cambios. En su segundo mandato, Allard reordenó el organigrama de la universidad creando tres Vicerrectorías, entre ellas la Vicerrectoría de Comunicaciones, que dio un nuevo énfasis al área y al propio concepto de extensión de la universidad. Esta tuvo como misión ser “expresión de un auténtico compromiso, tiene que estar referido, por una parte, al universo interno de la Universidad, y por otra, a la comunidad humana, donde la Universidad hace perceptible su labor” (Buono-Core, 2004, p. 195). Esto dio paso a la elaboración de políticas de extensión por parte de las unidades académicas que tendrán como medios de difusión el canal universitario y la creación de una editorial de la universidad cuyo primer director fue Oscar Luis Molina (Allard, 2002; Buono-Core, 2004).

Ediciones Universitarias de Valparaíso (EUV)

Aunque oficialmente la nueva casa editora es reconocida en su formación por la Universidad Católica de Valparaíso en el año 1970 (Decreto de Rectoría N° 170 del 11 de mayo de 1970), sus inicios bien se pueden situar en el año 1969, según el propio testimonio de Oscar Luis Molina, quien le presenta a Raúl Allard una propuesta para conformar una editorial. Molina, profesor del Instituto de Letras y Literatura de la Universidad, había terminado recientemente sus estudios de Doctorado en Literatura en la Universidad de Barcelona, al alero del profesor José María Valverde2, especializándose académicamente en literatura europea moderna y en traducción, y por necesidad, en el oficio de la edición. Tuvo sus primeras experiencias en el área editorial en Ediciones Luis de Caralt (actual Noguel Caralt Editores) y, posteriormente, en Grijalbo en Barcelona. Durante su estadía en Europa había tenido la oportunidad de visitar la Universidad de Durham en Inglaterra, al respecto señala:

ahí vi un modo distinto de entender la Universidad, los estudios y la relación con este mundo, de las editoriales (universitaria) y la biblioteca, la relación entre ellos, que estaban integrados a la organización de la Universidad, los estudiantes en mi área tenían una experiencia en las traducciones, y en el trabajo editorial en las mismas escuelas… de este modo las bibliotecas (universitarias) recibían títulos al mismo tiempo que lo hacían las librerías (Oscar Luis Molina, entrevista personal, julio de 2016).

Así el proyecto de Molina buscaba comprometer la relación efectiva entre los estudios, la biblioteca y la editorial, teniendo como objetivo nutrir con la generación de títulos propios y traducciones de obras de interés, la biblioteca de la universidad y, por extensión, las necesidades formativas del nuevo proyecto educativo. En resumen generar una editorial universitaria enfocada en apoyar la producción académica.

El proyecto consideraba a la editorial como una entidad autónoma, que en un futuro debía autofinanciarse, y que organizativamente debía estar fuera de la universidad para preservar su independencia. Para ello propuso la figura de un director-editor, encargado de decidir qué se publicaba o no, y con la libertad de relacionarse libre y directamente con otras universidades, institutos y escuelas de la propia universidad, facultado para instruir a los estudiantes y profesores a escribir para diferentes audiencias. Su propuesta descartó la inclusión de un Comité Universitario, y más bien optó por un Consejo Asesor conformado por escritores consolidados, entre ellos: Alfonso Alcalde, Carlos Droguett y Patricio Manns. Con ellos se reunía cada quince días con el fin de explorar y dar cuenta de la actualidad literaria, puesto que consideraba relevante incorporarla a las temáticas de la editorial: “una empresa editorial no solo es una cosa cultural abstracta sino también es un negocio… por lo tanto abierta, no solo a lo universitario” (Oscar Luis Molina, entrevista personal, julio de 2016).

El nombre de la nueva editorial fue Ediciones Universitarias de Valparaíso (EUV) pues en la propuesta original se establecía que debía ser la plataforma de publicaciones para las universidades de Valparaíso, integrando en su proyecto a la Universidad Católica de Valparaíso, Universidad Técnica Federico Santa María y a la sede Valparaíso de la Universidad de Chile. Sin embargo, solo la Universidad Católica de Valparaíso mantuvo la editorial, financiando el proyecto desde sus inicios.

Producción e identidad

Los primeros proyectos editoriales que abordó la recién creada editorial se publicaron en 1970, entre ellos hubo dos que inauguraron la colección “El Rescate”: Valparaíso I (1970), de Allan Browne y Roberto Chow, y Apuntes porteños (1971), de Renzo Pechennino, Lukas3. Esta primera línea editorial tuvo como fin relevar temáticas cotidianas y a la vez poco tratadas, apostando por el uso de la imagen y la ilustración de gran calidad. El catálogo de la editorial de septiembre de 1973 describía así dicha colección:

Libros en que se equilibra imagen y texto, y se pone a disposición actual distintos hechos, momentos históricos y lugares por alguna sin razón poco presentes u olvidados, o en que se intenta, sin pretensiones definitivas, revisar algún aspecto insuficientemente tratado de nuestra cultura (Catálogo General-Ediciones Universitarias de Valparaíso, septiembre de 1973, citado en Allard, 2002).

Más tarde le siguieron Bestiario del Reyno de Chile de Lukas e Historias de Penco y la Mocha de Carlos Freire en 1972; Vera historia del deporte del ilustrador Oscar Conti Oski y la Fiesta de la Tirana de Tarapacá de Juan Echeverría en 1973.

Figura 1 Portada de Fiesta de la Tirana de Tarapacá, de Juan Uribe Echevarría. Colección “El Rescate”, publicado en 1973 por EUV. Fuente: Archivo personal de Álvaro Huirimilla-Thiznau. 

Figura 2 Créditos de Fiesta de la Tirana de Tarapacá, de Juan Uribe Echevarría. Colección “El Rescate”, publicado en 1973 por EUV. Fuente: Archivo personal de Álvaro Huirimilla-Thiznau. 

Figura 3 Portada de Vera historia del deporte de Oski. Publicado en 1973 por EUV. Fuente: Archivo personal de Álvaro Huirimilla-Thiznau. 

Figura 4 Créditos Vera historia del deporte de Oski. Publicado en 1973 por EUV. Fuente: Archivo personal de Álvaro Huirimilla-Thiznau. 

La editorial también desarrolló otras líneas, por ejemplo, “Libros de bolsillo” eran libros breves con temas variados y orientados a capturar una audiencia extrauniversitaria, entre ellos se destacan El compromiso del escritor (1971) de René Jara; El pecado social en la Biblia (1972) de Carlos Droguett; El sentimiento que te di (1972) de Alfonso Alcalde; Educación y comunidad (1972) editado por Ernesto Schiefelbein; y Los altísimos (1973) de Hugo Correa, en una segunda edición, entre otros; todos estos títulos graficaban las distintas temáticas y estilos que podían ser acogidos en dicha colección. También hubo otras líneas orientadas a transmitir material y propuestas de profesores de la universidad que fueran útiles para un gran número de personas, las colecciones “Manuales”, orientada específicamente a libros para el autoaprendizaje o tutoriales, que se inició con Curso de contabilidad del cual se publicaron cuatro volúmenes; “Aula media” orientada a apoyar la enseñanza escolar y secundaria; y “Aula abierta”, que publicaba ensayos de mayor profundidad como Sociología del consumo literario (1971) de Enrique Gastón; Para leer al Pato Donald (1971) de Ariel Dorfman y Armand Matellart; o Historia de la novela latinoamericana (1972) de Cedomil Goic. Es importante destacar el trabajo que realizaba el editor con los autores para preparar el material técnico o académico que capturara una mayor audiencia. Por ejemplo, La Revolución de 1891 (1972) de Crisóstomo Pizarro surgió de un trabajo de tesis, o en el caso de Curso de contabilidad cuyo objetivo era que los lectores aprendieran sin el auxilio de un profesor. Se publicaron también colecciones con documentos más breves, como por ejemplo, “Cuestiones universitarias” que incluía pequeños cuadernillos de títulos diversos como: El profesor de español de José María Valverde, Televisión y desarrollo cultural de Carlos Boker y La URSS, un nuevo imperialismo de Mario Papi.

La colección “Biblioteca de lingüística y teoría literaria”, dirigida por Nelson Osorio Tejeda, tradujo por primera vez al español obras de destacados académicos extranjeros, particularmente, trabajos de la corriente estructuralista como la obra de Roman Jakobson El círculo lingüístico de Praga (1972) y de Henry James El arte de la novela (1973), entre otros. La colección “Persona y existencia”, dirigida por Francisco Hunneus Cox, que posteriormente formó la Editorial Cuatro Vientos en 1974, tradujo y publicó material relativo a la Psicología Humanista, en especial de Gestalt, entre ellos Sueños y existencia: terapia gestáltica en acción Frederick S. Perls y de Hugh Prather, Apuntes para mí mismo. En el ámbito de la creación literaria se conformaron las colecciones “Poesía”, en la que se publicaron textos como Variaciones sobre el tema del amor y la muerte de Alfonso Alcalde, Una sola vida de Enrique de Renzis y una edición bilingüe de Un Coney Island de la mente de Lawrence Ferlinguetti; la colección “Puntos de partida”, por otro lado, publicó títulos como Escrito en el aire de Carlos Droguett y Marilyn Monroe que estás en el Cielo, de Alfonso Alcalde en 1972. En resumen: entre mayo de 1970 y septiembre de 1973, la editorial publicó alrededor de 100 libros. A ello se le deben sumar las revistas de las propias escuelas institutos de la universidad como por ejemplo, las revistas Signos; Primer Plano; Investigaciones Marinas; Revista Geográfica de Valparaíso, entre otras.

Desde el punto de vista productivo, los tirajes alcanzaban las 5.000 o 6.000 copias para aquellos títulos que el editor suponía que tendrían mayor circulación y audiencia, superando la producción tradicional de la época4. Por ejemplo, Apuntes porteños de Lukas tuvo una primera edición con 10.000 copias y aun así se reimprimió a lo menos tres veces durante el período; Para leer al Pato Donald de Ariel Dorfman y Armand Mattelart tuvo una segunda y una tercera edición de 5.000 ejemplares cada una; Buenas noches los pastores de Patricio Manns, publicado en 1972 sacó un tiraje de 5.000 copias; Vera historia del deporte de Oski uno de 15.000 copias. El caso más emblemático fue el trabajo de Alfonso Alcalde Marilyn Monroe que estás en el Cielo, que entre la primera y segunda edición, ambas publicadas en 1972, llegó aproximadamente a los 25.500 ejemplares (5.500 ejemplares de lujo y 20.000 en edición rústica).

Otro ámbito al cual la editorial dio importancia fue su identidad visual. El diseño de la marca fue realizado por José Vial, arquitecto y profesor de la casa de estudios. Durante la formación se incorporó además al equipo permanente de la editorial Allan Browne, también arquitecto, quien asumiría el rol de diseñador y luego de director de arte. Browne fue aprendiendo el oficio a través de los distintos proyectos que desarrollaba la editorial, además comenzó a reclutar a estudiantes de Diseño, quienes darían un carácter gráfico y reconocible a la obras publicadas (Álvarez, 2004). Es importante señalar que EUV era una editorial sin capacidad impresora. Durante el período estudiado solo un título se imprimió en la región, la mayoría se hicieron en Santiago en los talleres de impresión de la Universidad Católica de Chile. Por otro lado, la articulación para la distribución contó con el apoyo de la propia universidad que facilitó los medios de transporte que permitieron la circulación de los libros entre las imprentas de la capital, la editorial y los lugares de venta. A esto se sumó la gran utilidad que tuvo la promoción de las publicaciones en el canal de televisión de la Universidad Católica de Valparaíso (UCV) que en la época ya cubría gran parte de la zona central del país (Buono-Core, 2004).

Durante el mes de junio de 1972, Molina realizó un viaje para establecer convenios de distribución en el extranjero y partió de gira a Buenos Aires, Barcelona, Nueva York, México, Caracas, Quito y Lima. De esta forma logró establecer convenios con Editorial Pomaire de Barcelona para editar en España y Argentina. En un período posterior se realizaron algunos envíos a Buenos Aires, entre ellos destaca Marilyn Monroe que estas en el Cielo de Alcalde que se convertiría en un libro de culto en Argentina gracias a su apuesta visual. La venta y compra de derechos de edición permitió a la editorial poner en circulación parte de su producción en el extranjero y, además, comenzar a traducir algunos títulos al español como es el caso de Jakobson. Por ejemplo, a partir de la primera edición de Cómo leer al Pato Donald se gestionó la venta de derechos del mismo en Italia y Francia. En Barcelona se alcanzó a publicar La historia de la novela latinoamericana gracias al convenio con Pomaire.

El Cabro Choro, el Pato Donald y Marilyn Monroe

Entre 1972 y 1973, el proyecto se fue consolidando y ya era reconocido en el país. Allard (2002) señala en sus memorias de la Reforma el trabajo de la editorial: “proyectaron desde Valparaíso, a Chile y al exterior autores aun poco difundidos en esa época” (p. 143); en la misma línea Molina se refiere al momento de la editorial en este período:

la editorial tenía libertad, lo segundo es la amplitud, publicábamos poesía y ensayos, esa apertura en la parte comercial, y esa intencionalidad de transformarse en un elemento integrado a la universidad, que habilita a los profesores universitarios a hablar hacia fuera nos diferenciaba (Oscar Luis Molina, entrevista personal, julio de 2016).

El trabajo colaborativo y la guía que el editor y su equipo prestaban a los autores fue generando un interesante proceso creativo. Raúl Allard recuerda:

una de las experiencias más singulares que he vivido es haber participado, un sábado en la tarde, en la casa de Renzo en Viña del Mar, en una festiva discusión en que Lukas y Oscar Luis imaginaban La Galla Caballa, el Cabro Choro, y otros extraños híbridos del lenguaje cotidiano, que se personificaron luego en el Bestiario (Allard, 2002, p. 144).

En el caso de Para leer al Pato Donald, Ariel Dorfman pasó 10 días terminándolo en casa de Molina, mientras Allan y Oscar Luis desarrollaban la portada y preparaban las imágenes y reproducciones de las caricaturas de Disney que estarían dentro de la publicación.

Figura 5 Portada del libro Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelard, publicado en 1971 por EUV. Fuente: Archivo personal Álvaro Huirimilla-Thiznau. 

Figura 6 Contraportada del libro Para leer al Pato Donald de Ariel Dorfman y Armand Mattelard, publicado en 1971 por EUV. Fuente: Archivo personal Álvaro Huirimilla-Thiznau. 

El caso más singular es el trabajo de Alfonso Alcalde Marilyn Monroe que estás en el Cielo. El libro da cuenta de la trágica existencia de Marilyn mostrándola en su dimensión humana como una víctima del star-system de Hollywood, denunciando a este como un sistema que aniquila y degrada a las personas. Señalemos que Alcalde trabajaba a la vez en Quimantú, como director de la colección “Nosotros los chilenos”. La naturaleza de su trabajo y de las temáticas que abordaba en la editorial estatal, le hicieron escribir el ensayo en EUV, afianzaba esta decisión, su amistad y colaboración con Oscar Luis Molina. En la preparación del título colaboraron Allan Browne, Alejandro Rodríguez Musso, Cristián Rodríguez y Patricio Díaz, equipo de diseño de la editorial y la fotografía de Juan Hernández.

Alcalde llegó con un cajón de fotos recopiladas de la entonces revista Ecrán de Zig-Zag y un borrador del texto que quería publicar, no tenía una idea clara de cuál sería la relación entre imagen y texto, pero quería que se asemejara a una fotonovela. Alejandro Rodríguez Musso recuerda:

cuando Alfonso Alcalde llega con este proyecto de una foto novela, venía con la idea de una revista y en las discusiones con él, entre Allan (Browne) y él y un poco de nosotros, surgió la idea de hacer este libro planteándoselo como una película (Alejandro Rodríguez Musso, entrevista personal, junio de 2014).

Figura 7 Portada del libro Marilyn Monroe que estás en el Cielo, de Alfonso Alcalde, publicado en 1972 por EUV. Fuente: Archivo personal Álvaro Huirimilla-Thiznau. 

A partir de esta idea, se realizaron nuevas propuestas, lo que impulsó a Alcalde a reescribir su relato. Rodríguez continúa:

aparecían fotos como de una misma situación en tres o cuatro momentos, o cómo una foto podía a partir de un detalle que decía una cosa y después tú abrías la página y había otra foto más grande que decía otra cosa, entonces, mucha reflexión sobre cómo trabajar la imagen en una continuidad de la lectura, no pensando cada página como una unidad en sí misma, si no como una continuidad, un relato”5 (Alejandro Rodríguez Musso, entrevista personal, junio de 2014).

El resultado fue una contrapropuesta a los estilos gráficos imperantes en el medio nacional que relacionaba la iconografía pop y el consumo6.

El 11 septiembre de 1973 la Universidad Católica de Valparaíso fue ocupada por la Armada. En este proceso, la bodega de la editorial fue registrada, se confiscaron gran parte de los libros almacenados allí, lo que fueron luego destruidos con lo que perdió parte del catálogo de la editorial. El 27 de septiembre la Junta de Gobierno les informó a los rectores de las universidades del país que ellas serían intervenidas. El día 3 de octubre, previa renuncia de Raúl Allard, asumió como rector delegado de la universidad, el Almirante Alberto de la Maza (Allard, 2002). Oscar Luis Molina dejó el país en noviembre de 1973.

Figura 8 Créditos del libro Marilyn Monroe que estás en el Cielo, de Alfonso Alcalde, publicado en 1972 por EUV. Fuente: Archivo personal Álvaro Huirimilla-Thiznau. 

Figura 9 Algunas páginas interiores del libro Marilyn Monroe que estás en el Cielo de Alfonso Alcalde, publicado en 1972 por EUV. Fuente: Archivo personal Álvaro Huirimilla-Thiznau. 

Conclusiones

Ciertamente las condiciones generadas por la Reforma Universitaria en la Universidad Católica de Valparaíso permitieron que el proyecto de Ediciones Universitarias de Valparaíso tuviera acogida y apoyo por parte de la Rectoría y más adelante de toda la comunidad. Al ser una institución autónoma y abierta no solo a temáticas propias de la universidad, sino también a otras emergentes en el contexto cultural de la época, la editorial pudo avanzar rápidamente en su consolidación en un período de tres años. Convocó no solo a actores internos (comunidad de profesores y estudiantes), sino también a un número creciente de autores e intelectuales de la época que le permitieron cimentar cierto prestigio más allá del período analizado.

La figura de un director-editor que decidía qué publicar, sumado a un Consejo Asesor conformado por escritores consolidados, permitió que la editorial pudiera dar espacio a nuevas voces, transformando a la Universidad Católica de Valparaíso en una entidad preocupada de temáticas vernaculares y contingentes. El libro, tanto académico como secular, era concebido como un producto capaz de llegar a diferentes audiencias, de ahí que guardando las distancias, la propuesta de la editorial siguiera los pasos de Quimantú, no solo en la formulación eidética, sino en el imaginario que esta última tuvo, ya sea como proyecto o legado. Es importante recordar que durante la campaña electoral de 1970, cuatro de los ocho candidatos proponían la creación de una editorial estatal.

La Editorial Universitaria de Valparaíso aspiraba a ser reconocida por la democratización de la cultura, al incorporar a algunos autores que abogan por ello como Alcalde, Manns, Droguett y Dorfman. Finalmente, tanto la apuesta por temáticas emergentes como la preocupación por relevar y recuperar tradiciones y costumbres además de la difusión académica, como el trabajo de escritores y académicos, ilustradores y diseñadores, definió el carácter reconocible de su producción, hasta hoy diferenciable. Hoy en día, la EUV continúa su labor y sigue formando parte nominal de la Pontificia Católica de Valparaíso, pero de forma independiente, ya que desde 1997 la editorial es una sociedad anónima la PUCV su propietaria.

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2José María Valverde, poeta, ensayista y traductor español, profesor de la Universidad de Barcelona entre 1956 a 1964.

3Dibujante de oficio, arquitecto por formación y periodista por experiencia, Lukas retrató la sociedad chilena de las décadas de 1960, 1970 y 1980 a través de sus caricaturas e ilustraciones. Su verdadero nombre era Renzo Pecchenino Raggi y nació el 29 de mayo de 1934, en Génova, Italia. Con poco más de un año de edad llegó con sus padres a Chile para instalarse en Valparaíso. Cursó sus estudios primarios y secundarios en la Scuola Italiana de ese puerto y más tarde ingresó a la carrera de Arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso, plantel que debió abandonar por la prematura muerte de su padre.

4Subercaseaux (2010) en su Historia del libro en Chile señala que el promedio para la época era de 2.000 ejemplares.

5El principal referente para la construcción del libro, según los diseñadores, fue la primera edición publica en 1967 del libro El medio es el mensaje de Marshall Mcluhan y del diseñador Quentin Fiore.

6Alcalde realizaría luego una obra con una línea visual similar en Quimantú —la publicación Vivir o morir de 1973— que, sin duda, recogió las características exploradas y plasmadas en Marilyn.

*Este trabajo es resultado del proyecto de investigación de la Universidad de Valparaíso DIUV-ART 04/2012, cuyo responsable es el autor principal de este artículo.

Recibido: 20 de Noviembre de 2018; Aprobado: 25 de Junio de 2019

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