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RLA. Revista de lingüística teórica y aplicada

versión On-line ISSN 0718-4883

RLA vol.51 no.1 Concepción  2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-48832013000100004 

RLA, Revista de Lingüística Teórica y Aplicada, 51 (1), II Sem. 2013, pp. 53-70

 

ARTICULOS / ARTICLES

 

Vitalidad lingüística del mapudungun en Chile y epistemología del hablante

Language vitality of mapudungun language in Chile and epistemology of the speaker

 

FERNANDO TEILLIER C.
Universidad de Concepción. Concepción, Chile.
fteillier@udec.cl


RESUMEN

El artículo tiene como objetivo realizar una lectura crítica de los datos sobre vitalidad del mapudungun presentes en investigaciones de corte cuantitativo, proponiendo una lectura de los datos dentro de una perspectiva epistemológica diferente. A partir de los datos numéricos se realiza una interpretación cualitativa desde distintas dimensiones de análisis. Se observa un grado de vitalidad lingüística del mapudungun mayor que el representado por la cantidad de hablantes. Esta lectura se basa en la comprensión de la vitalidad lingüística como un proceso cuyas posibilidades descriptivas y explicativas emergen desde el relevamiento de los esquemas de distinción cognitivo/comunicativa desarrollados por los hablantes en la forma de epistemologías propias. Se trata de entender a la lengua en tanto cerradura operativa de comprensión de mundo, donde mundo representa una corporeidad cultural cuyo sustrato es la comunicación simbólica que solamente se realiza en y desde los ámbitos de uso que ésta contiene.

Palabras clave: Vigencia lingüística, comprensión cultural, realidad social, identidad étnica.


ABSTRACT

The aim of the present article is to make a critical review of linguistic vitality data presented in previous quantitative investigations, proposing a new reading from a different epistemological perspective. Using the reported numerical data, a qualitative interpretation from different dimensions of analysis is made, showing a grade of linguistic vitality of the mapudungun higher than the one was represented by the quantity of speakers. This reading is based in the understanding of linguistic vitality as a process of which descriptive and explicative possibilities arise from the emergency of the cognitive/communicative schemes of distinction of the speakers, and the development of their own epistemologies. In general, the subject of the present article deals with the understanding of language as operative closure of the comprehension of the world, where world represents a cultural embodiment which substrate is the symbolic communication that can only occurs in and from the areas of use that language contains.

Keywords: Linguistic validity, cultural understanding, social reality, ethnic identity.


 

1. INTRODUCCIÓN

En nuestro país se ha realizado en los últimos años una serie de investigaciones sobre la vitalidad lingüística del mapudungun, tanto en el ámbito de la investigación cuantitativa (Lagos, 2005 y 2012; Zúñiga, 2007; Gundermann, Canihuan, Clavería y Faúndez, 2008, 2009 y 2011) como cualitativa (Wittig, 2009; Lagos, 2012). Exceptuando el artículo de Wittig, todos los demás trabajos presentan un cuadro de retroceso y pérdida de vitalidad lingüística por parte de la comunidad de hablantes. Este retroceso es visible, entonces, fundamentalmente, dentro de una lectura cuantitativa de datos. Sin embargo, estos resultados deben ser tratados con mucho cuidado, ya que se basan en una dimensión dentro del proceso de observación de la vitalidad lingüística de una lengua: la cantidad de hablantes. Estas investigaciones no consideran escalas de medición de vitalidad lingüística complejas, así como tampoco profundizan en los alcances teórico/metodológicos que el concepto posee.

El presente artículo pretende dar cuenta de estas falencias, proponiendo una lectura de datos que se fundamente en consideraciones metodológicas (aplicación de la escala de Fishman y preeminencia de lo cualitativo) que posibiliten una concepción epistemológica que dé cuenta de la coemergencia de lengua, hablante y realidad sociocultural. Los datos analizados dentro de este artículo son fundamentalmente los aportados por Zúñiga (2007), Lagos (2009) y Gundermann et al. (2008), a partir de la realización de una encuesta sobre uso y competencia lingüística del mapudungun1, por lo que son fundamentalmente ejercicios de lectura de datos ya existentes. En este sentido, se pretende relevar la importancia metodológica del ángulo de observación de datos al momento de desarrollar conclusiones: las distinciones sobre las que se basan los procesos de observación determinan las características de la información obtenida, la que depende, exclusivamente, de la forma en que se realiza la decodificación de los datos.

De esta manera, el objetivo central del presente trabajo lo constituye la lectura de datos cuantitativos que, asumidos desde una epistemología diferente, representan valores veritativos también distintos, los que dan cuenta, a diferencia de la lectura cuantitativa, de un mapudungun mucho más activo y presente como concepción particular de realidad.

2. VITALIDAD LINGÜÍSTICA DEL MAPUDUNGUN Y ANÁLISIS DE DATOS

El concepto de vitalidad lingüística responde a la necesidad de establecer herramientas de medición respecto al uso real de una lengua, la que, en situación de contacto, logra ser elegida, mantenida o sustituida por sus hablantes dentro de un contexto de multilingüismo (Lagos, 2005). En las investigaciones realizadas en nuestro país dichas herramientas de medición provienen fundamentalmente del campo cuantitativo, por lo que requieren de una perspectiva analítica discreta que se expresa en categorías numéricas objetivas. De esta manera, se configura, en el caso que nos interesa, un escenario de uso recesivo del mapudungun por parte de sus hablantes.

Artículos que dan cuenta de esta situación son los trabajos de Zúñiga (2007), quien analiza los resultados de la encuesta CEP del año 2006, Gundermann et al. (2008, 2009 y 2011), los que se hacen cargo de la vitalidad lingüística en mapuches urbanos y rurales, y los de Lagos (2009 y 2012), que se refieren exclusivamente a los mapuches urbanos particularmente en la Región Metropolitana. Zúñiga señala un uso del mapudungun por parte del 45,75% de los encuestados. Por su parte, Gundermann et al. (2008) sitúan a los hablantes del mapudungun dentro del 38,3% de la población considerada en el estudio (en términos globales de competencia). Lagos (2012), en tanto, en el ámbito urbano, establece la existencia de un 30% de competencia declarada y un 14% de competencia efectiva en el uso del mapudungun. Este escenario lleva a declarar que “... no nos encontramos aún frente a una lengua claramente moribunda sino a un idioma cuyo estado de salud es crítico..., es decir, cuya sobrevivencia se decidirá en los próximos años, quizá en el transcurso de la próxima generación” (Zúñiga, 2007), “Es notorio y preocupante el retroceso del mapuzungun y su reemplazo por el castellano” (Gundermann et al., 2009) y, por último, “Tras la exposición de los resultados, el panorama resulta ser claro: el mapudungun se encuentra, así como lo afirmaban los estudios previos, fuera de la ciudad, en un franco retroceso funcional” (Lagos, 2009). Sin embargo, este último autor, en el artículo del 2012, relativiza su afirmación señalando que el análisis de datos cualitativos “... nos entrega nuevos derroteros a seguir relacionados con la representación social que en torno a su lengua han construido los mapuches urbanos”. Ya volveremos sobre esto al momento de presentar los alcances de las investigaciones cualitativas sobre la vitalidad del mapudungun en nuestro país.

Para efectos del presente artículo se requiere, desde una perspectiva crítica, asumir tres categorías de observación a fin de relevar la inconsistencia de las conclusiones obtenidas a partir de la lectura de los datos fundamentalmente en los trabajos cuantitativos que consideran tanto la dimensión urbana como la rural, es decir los de Zúñiga (2007) y Gundermann (2008, 2009 y 2011):

1.  Relación entre datos sincrónicos
2.  Herramientas de medición de la vitalidad lingüística
3.  Diferencias en el ámbito urbano y rural.

2.1. Relación entre datos sincrónicos

Para poder hablar de grado de vitalidad y fundamentalmente de retroceso lingüístico se deben establecer puntos de comparación cuya característica central es su longitudinalidad. Es decir, se deben situar hitos temporales de referencia a fin de establecer comparaciones entre los distintos resultados obtenidos, dentro de lo posible con una homogeneidad metodológica. En el caso que nos interesa Gun-dermann no hace referencia alguna a estudios previos (salvo el de Zúñiga que corresponde a un momento temporal similar) y, por su parte, Zúñiga, quien sí hace referencia a estudios anteriores, señala cifras que más bien presentan un aumento en la vitalidad del uso del mapudungun: estudio del CEP (2002): 16% “... de quienes se autodefinían como mapuches decía hablar la lengua en algún grado”; estudio del Ministerio de Planificación del año 2005: “16,8% de la población indígena de Chile decía hablar su lengua originaria, mientras que un 18,9 decía entenderla”.

En un sentido amplio y obviando tanto la homogeneidad metodológica como la intención del objeto de estudio, podríamos afirmar, como ejercicio, que, a raíz de los datos observados en la encuesta CEP del año 2002 (16%) y la encuesta CEP del año 2006 (45,75%), el mapudungun ha tenido un aumento en su uso del orden del 29,75%. Si bien resulta arriesgado a simple vista realizar la comparación anterior, no es menos arriesgado el señalar una tendencia regresiva en la vitalidad del mapudungun a partir de datos inexistentes o incompletos. En el mejor de los casos se pueden situar ambas investigaciones como puntos de partida descriptivo-explicativos de una situación de vitalidad del mapudungun, pero no de su regresión o pérdida de vitalidad.

2.2. Herramientas de medición de la vitalidad lingüística

Por otra parte, el grado de vitalidad de una lengua se evalúa a partir de ciertos criterios asociados a una escala, metodología desarrollada por Fishman (1991) y aplicada al estudio del hebreo moderno, el francés en Quebec, el catalán en España (Fishman, 2011a) el maorí (Fishman, 2011b) y el gaélico (Fishman, 2011c). Fishman desarrolla el concepto de Reversing Language Shift (RLS), el cual implica considerar como variables de vitalidad las circunstancias sociolingüísticas necesarias para que una lengua sufra un balance negativo de usuarios y usos. Lo que permite la operacionalización de dichas circunstancias sociolingüísticas es el Graded Intergenerational Dislocation Scale (GIDS), el cual nos señala el grado de riesgo en que se encuentra una lengua. El GIDS consiste, entonces, en un conjunto lógico de prioridades que nos permiten derivar los esfuerzos de revitalización lingüística (RLS) hacia una meta determinada (Gorter, 2007).

Esta escala permite tanto la extrapolación de datos cuantitativos como cualitativos. Consiste en 8 etapas de vitalidad lingüística (Gorter, 2007; Fishman, 1991) en las cuales 8 representan la menor vitalidad y 1 la mayor vitalidad:

8. Proceso de reconstrucción de la lengua X y adquisición por parte de adultos de X como segunda lengua.

7. La interacción cultural en la lengua X involucra principalmente a la generación más vieja de la comunidad.

6. La intergeneracionalidad y concentración demográfica familia-hogar-vecindario-comunidad es la base de la transmisión de la lengua madre (éste resulta ser el criterio más relevante a la hora de evaluar la vitalidad lingüística, según Fishman).

5. Existencia de instancias de alfabetización para los jóvenes y los viejos, y no en vez de la educación obligatoria.

Límite vitalidad/regresión lingüística

4(b). Existencia de escuelas públicas para los niños minoritarios, en las que se ofrece alguna instrucción en la lengua X, pero fundamentalmente bajo control de la lengua Y (dominante).

4(a). Existencia de escuelas obligatorias bajo control curricular y administrativo por parte de la lengua X.

3. La esfera local de trabajo (más allá del vecindario) se encuentra repartida entre la lengua X y la lengua Y.

2. Existencia de medios de comunicación locales y regionales y servicios gubernamentales en la lengua X.

1. Existencia de instancias educativas, esfera de trabajo, medios de comunicación y servicios gubernamentales a nivel nacional en la lengua X.

Hecha la presentación de la escala de Fishman realizaré una asociación básica entre las etapas de ésta y los datos presentes en el trabajo de Gundermann et al. (2008). Es dentro de este contexto que el mapudungun aparece, no como una lengua en retroceso, sino que más bien se encuentra situada en la etapa 4(b), lo que implica que se encuentra en un estado límite de vitalidad y no de regresión lingüística, según lo señalado por Fishman (1991). Esto se puede corroborar por un lado con los datos de la encuesta de Gundermann et al. (2008) que se refieren a la etapa 6, los que señalan que el 90% de los encuestados reconocen como agentes de enseñanza del mapudungun mayoritariamente a familiares (83,8%), amigos (3,1%) y otros no familiares (3,1%).

Tabla I. Importancia otorgada a los agentes de enseñanza del mapudungun en la experiencia de aprendizaje personal. Entre paréntesis se indica el orden de importancia que ocupa cada agente (Adaptado de Gundermann et al., 2008).

Por otro lado, y en relación a la Etapa 4(b), existe desde 1995 el Programa de Educación Intercultural Bilingüe el que institucionaliza desde el Estado el “Desarrollo e implementación de planes y programas de enseñanza de las lenguas indígenas en las escuelas y comunidades” (Estudio sobre la implementación de la Educación Intercultural Bilingüe, Ministerio de Educación, 2011). Si bien es cierto que la incorporación del mapudungun dentro de la estructura curricular de la enseñanza formal implica fundamentalmente la realización de algunas horas lectivas en la lengua a la semana y no dentro de la presentación de la materia cu-rricular obligatoria, esto aún mantiene al mapudungun dentro de la etapa 4 (b) a partir de Fishman (2011b), quien señala, dentro de un estudio sobre la vitalidad del maorí, que la existencia de escuelas que presenten algún grado de exclusividad curricular en la enseñanza de la lengua vernácula responde a la descripción del uso de la lengua dentro de la etapa.

Resulta relevante señalar que el uso de la escala de Fishman no responde a requerimientos absolutos de jerarquía dentro de la numeración, sino que responde a una lectura cualitativa a partir de la representación desde los datos de las distintas etapas presentadas dentro de la escala. De esta forma, la vitalidad lingüística constituye la lectura compleja de la satisfacción de los requerimientos de cada etapa. En este contexto, se debe señalar que las conclusiones presentadas responden a una asociación libre entre un resultado (Gundermann et al. 2008) y una intención política de planificación lingüística (Ministerio de Educación) y no a una investigación que pretenda mostrar datos de vitalidad lingüística del mapudungun in situ. Este trabajo intenta recalcar el hecho de que la interpretación de los datos analizados nos permite señalar un grado de vitalidad distinto, dependiendo de los procesos de instrumentalización de los resultados. Esto le da importancia a la realización de una investigación que utilice como instrumento de medición de la vitalidad del mapudungun la Escala de Fishman en cualquiera de sus variantes, resultando, dentro de éstas, ampliamente recomendable el uso de la propuesta de evaluación de vitalidad de una lengua realizada por el grupo especial de expertos de la UNESCO en lenguas en peligro de desaparición, dentro de la cual el número de hablantes de una lengua constituye un criterio más dentro de seis criterios de clasificación (Flores, 2011)2.

Ahora bien, ¿por qué resulta relevante realizar una discusión acerca de la vitalidad de una lengua, en este caso en particular del mapudungun? Debido a que el establecimiento de la vitalidad lingüística trae aparejada consigo, necesariamente, propuestas de revitalización lingüística y de visualización de una comunidad determinada dentro del ámbito sociocultural de un país, contexto en el que las conclusiones que la academia produce, en este caso sobre el uso de una lengua, puede determinar, en gran medida, las políticas de relación intercultural. Si consideramos que la lengua representa un factor de distinción cultural basal, su uso señala el peso de una cultura dentro de las estructuras de poder intercultural en un país y, por lo mismo, la fuerza de su representación social. Esto es extremadamente relevante al momento de instaurar políticas no solamente de planificación lingüística, sino de interpelación activa desde la comunidad dominada hacia la dominante. Los datos vistos desde una lectura inadecuada pueden generar consecuencias graves y profundas al momento de establecer políticas de planificación lingüística y, por lo mismo, de reconocimiento de la potencialidad social de las minorías indígenas. A modo de ejemplo, la lectura de datos, como la que realiza Mascareño (2007) a partir de (al igual que Zúñiga, 2007) la “Encuesta mapuche” realizada por el CEP el año 2006, puede llevar a desconocer “antropológicamente” la existencia de la cultura mapuche, la cual se constituye, en su opinión, como una ficción de unidad existente solamente debido al establecimiento de reivindicaciones políticas. Esta conclusión trae aparejada consigo una grave consecuencia: la relación entre chilenos y mapuches no muestra diferencias significativas, se trata de un proceso de asimilación ya realizado que contiene la “deconstrucción” de una identidad cultural mapuche y su inexistencia fuera de las instancias de los juegos de poder.

En resumen, los mapuches son chilenos que crean una identidad cultural cuya existencia sólo se debe a la necesidad o al deseo de apropiación de espacios de poder por parte de individuos determinados. A partir de las conclusiones de Mas-careño (2007), se puede señalar que no tiene sentido diseñar y aplicar políticas de fortalecimiento cultural y mucho menos de vitalidad lingüística, ya que en estricto rigor no existe un cuerpo sociocultural sobre el cual éstas puedan tener efecto. A fin de evitar interpretaciones como la señalada es que se hace indispensable la realización de estudios que consideren que los instrumentos de obtención y de análisis de datos deben responder al objeto de la investigación, lo que da cuenta de las complejidades de los conceptos en juego así como la simetría con sus procesos de operacionalización.

2.3. Diferencias en el ámbito urbano y rural

A partir de las lecturas realizadas, uno de los aspectos más controvertidos dentro de los estudios sobre vitalidad lingüística del mapudungun lo constituye el hecho de que se trate a las comunidades rurales y urbanas como un cuerpo homogéneo sin considerar la relevancia del entorno sociocultural en el cual se desarrolla el uso de la lengua. La comprensión de la vitalidad lingüística del mapudungun en el área urbana constituye un objeto de estudio diferente al estudio de éste en el área rural. Salas (1996) señala que “la lengua mapuche es hablada siempre por personas mapuches cuando interactúan entre ellas en situaciones referidas a la cultura mapuche tradicional, lo que normalmente ocurre en el ambiente interno de las comunidades”. Y las comunidades mapuches, dentro de un proceso de reconocimiento cultural, son fundamentalmente rurales. Resulta evidente que una comunidad mapuche urbana es difícil de considerar más allá de la intencionalidad y difícilmente a partir de la espontaneidad cultural, por lo que se comparte la afirmación de Lagos (2006), quien señala que se percibe una diferencia entre campo y ciudad como una variable relevante al momento del uso exclusivo de la lengua: “allá”, en el sur, las ceremonias y rituales tradicionales son realizados únicamente en mapudungun, a diferencia de lo que ocurre en el entorno urbano donde el uso del español se produce en todas las instancias comunicativas. Es decir, se entiende, por parte de los hablantes urbanos, que el uso del mapudungun se da, en su expresión absoluta, fundamentalmente en el ámbito rural. En este sentido, se debe partir por desarrollar una comprensión de la vitalidad lingüística dentro del entramado sociocultural que es creado a partir del uso de la lengua. Dicho de otra manera, el mundo mapuche es el mundo del mapudungun y el mundo que produce y reproduce el mapudungun es un mundo rural. El trasplante de la lengua mapuche desde su posibilidades cognitivas (esquemas mentales) y culturales (producción y reproducción de una realidad social particular) a partir de fenómenos migratorios trae consigo necesariamente la pérdida del uso de ésta, ya que el lenguaje aparece como un elemento constituyente de la sociedad humana (García, 1993) y la sociedad urbana chilena es radicalmente en español. Se debe entender el hecho de que al mundo urbano el mapudungun llega trasplantado y con serias dificultades descriptivas y explicativas de la realidad en la que se le pretende desarrollar, es decir, se encuentra más allá de sus posibilidades de uso, por lo que difícilmente se puede hablar de vitalidad o regresión, sino que más bien deberían proponerse estudios de adaptación de la lengua a un mundo sociocultural diferente del que ésta contiene. De esta manera, el mapudungun urbano consiste en la resistencia del mundo/ lengua rural frente al mundo/lengua urbana dominante, desde la incorporación de los hablantes a los indicadores socioculturales exclusivos del uso del español. Esto resulta interesante si lo asumimos a partir de la escala de vitalidad etnolingüística de Landweer (Obiero, 2010), la cual señala como primer indicador de vitalidad la extensión de la resistencia por parte de una comunidad etnolingüística (la cual, al parecer, se presenta en términos generalizables como rural) hacia una cultura urbana dominante; en este caso, desde la colonización de lo rural en lo urbano como expresión de identidad.

El lenguaje universaliza y particulariza, a la vez, a la sociedad humana. La universaliza en términos comunicativos y la particulariza en términos de representación de sentido comunicativo (lengua). La cerradura operativa en términos de comprensión y ejercicio de la realidad social es dada por una particular forma de apropiación de mundo, la cual es concretada en los alcances descriptivos y explicativos de una lengua, la que solamente puede desplegarse dentro de las distintas dimensiones de interacción social que a su vez la producen. Es en este proceso de coemergencia entre mundo sociocognitivo y lengua que se encuentran situadas las posibilidades expresivas de ésta. El mundo del mapudungun es el ámbito rural que es donde se produce fundamentalmente el proceso de uso simbólico de un mundo y la retención identitaria de éste.

Como primer punto, entonces, se debe establecer el estudio del mapudungun a partir de distintos campos de comprensión del fenómeno lingüístico o, si se prefiere, como distintos objetos de estudio: el rural, por un lado, y el urbano, por el otro, considerando, si se diera el caso, el continuo y la comparación entre ambas posibilidades de uso de la lengua. Para efectos del presente ejercicio, se considera como objeto de estudio dentro de la observación del proceso de vitalidad lingüística el uso del mapudungun en el ámbito rural, ya que es en este donde se genera primordialmente la lengua como código social comunicativo/comprensivo del mundo.

Dicho lo anterior, analizaré la vitalidad del mapudungun en el ámbito rural a partir, nuevamente, de los datos presentados por Zúñiga (2007) y principalmente de la información obtenida por Gundermann et al. (2008). En el caso de Zúñiga, los hablantes rurales llegan al 55,6% en términos absolutos (CEP) y, en el caso de Gundermann et al., la competencia en el uso del mapudungun es de 57,4% fuera del ámbito urbano. Si consideramos solamente el ámbito rural, una mayoría de quienes son mapuches tiene algún grado de competencia en el uso de su lengua materna. Esto no es un dato menor, pero si, además, al analizar los datos de Gun-dermann et al., diferenciamos el uso del mapudungun en el ámbito rural entre las comunidades que se encuentran organizadas en términos formales e institucionales, es decir que son consideradas desde el Ministerio de Planificación como Áreas de Desarrollo Indígena (ADI), el panorama del uso del mapudungun resulta extraordinariamente positivo en términos de cantidad de hablantes: 78,05% de hablantes del mapudungun. En las zonas rurales en las que se produce un grado de asociatividad orgánica, de reconocimiento tanto extra como intrainstitucional de límites de pertenencia cultural, la cantidad de hablantes resulta ser mucho más alta que el promedio de hablantes no solamente total sino también a nivel rural, como lo muestra el hecho de que en los territorios rurales mapuches que no se encuentran adscritos a una organización sociocultural, el uso del mapudungun disminuye en un 35,65%, quedando con un total de 42,4% de hablantes con algún grado de competencia en el uso de la lengua, muy cerca del porcentaje total de hablantes.

Tabla II. Bilingüismo y monolingüismo mapuche-castellano, según Áreas de Desarrollo Indígena (ADI) en la VIII, IX y X Región (adaptado de Gundermann et al., 2008).

Es posible sostener, a la luz del análisis de los datos, que en el ámbito rural el uso del mapudungun se encuentra extendido y que su uso en ciertas áreas se encuentra lejos de poder ser entendido como dentro de un proceso de falta de vitalidad o de regresión. La pregunta que surge es por qué, contando con estos datos, los artículos que realiza el equipo de trabajo de Gundermann (2009, 2011) no hacen hincapié en una lectura positiva, sino que más bien es la interpretación de datos que hablan de pérdida de vitalidad o de regresión en el uso de la lengua los que son destacados. En opinión de Fishman (1991) se debe a una tendencia general común en las ciencias sociales y humanistas modernas y de una ideología que asume (e incluso prefiere) la uniformización y masificación de la cultura, basada en la uniformización y masificación del mercado y la tecnología por sobre los límites culturales. De esta manera, la lectura de los datos tiene un fuerte tinte ideológico que, como se ha demostrado, va más allá de la supuesta objetividad de éstos, los que, en definitiva, representan en su interpretación intereses de construcción y justificación de una realidad sociocultural determinada, ya sea consciente o inconscientemente (en todos los casos, incluyendo el presente artículo).

En un contexto de lengua dominante (español) y dominada (mapudungun) no resulta extraño que el español manifieste su superioridad en español. Distinto sería el caso, quizás, si la investigación y el análisis de los datos fueran en mapudungun. En este sentido es que resulta importante desarrollar un programa de investigación que tenga su sentido en la participación y experiencia de la comunidad de hablantes y no en las consideraciones académicas de los investigadores. Una mirada a las problemáticas culturales y, por lo tanto, lingüísticas debe favorecer la instrumen-talización de la academia por parte de las comunidades a fin de lograr las metas que estas consideren pertinentes en los distintos ámbitos de vitalización cultural. Esto nos lleva al desarrollo de una epistemología cuyo eje sea la discusión crítica de propuestas de vitalidad lingüística desde la comunidad de hablantes a fin de ser asumidas como perspectivas teórico/metodológicas por parte de la academia.

3. EPISTEMOLOGÍA DEL HABLANTE Y VITALIDAD LINGÜÍSTICA

El concepto de epistemología del hablante fue presentado por José Antonio Flores Farfán, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), de México, en el contexto del curso “Revitalización de Lenguas Amenazadas: Un enfoque sociolingüístico” realizado para el programa de Postgrado en Lingüística de la Universidad de Concepción, Chile, durante el año 2012. Este concepto puede tener profundas implicancias teóricas y metodológicas, pues su aplicación permitiría modificar la forma tradicional de abordar la vitalidad lingüística del mapudungun. Esta potencialidad justifica la realización de una aproximación teórica que permita bosquejar los alcances de una epistemología del hablante.

De acuerdo a Flores (2007) existe una tensión entre la academia y la comunidad de hablantes: “los modelos de descripción, las metodologías para el relevamiento y la descripción lingüística, en general manifiestan la divergencia entre las agendas del investigador y el investigado”. Se deben proponer mecanismos de observación que lleven al investigador a estar dentro de la agenda de vivencialidad cultural que la comunidad estudiada se quiera dar, lo que lleva a otorgar relevancia al ejercicio ético básico de la investigación social: el mundo que se observa es el mundo desde el hablante. Los trabajos en el ámbito de la vitalidad lingüística del mapudungun se desarrollan a partir de una descripción explicativa de ciertas dimensiones de uso de la lengua dentro de una lectura objetiva, es decir, del mundo del hablante. Distinto es el caso si estos trabajos se realizan a partir de la comprensión del mundo desde el hablante, circunstancia en la cual la observación del investigador es el reflejo de los alcances descriptivos y explicativos que el hablante representa como vivencia. En el caso que nos interesa, este mundo emerge como lengua y en este mundo, por ejemplo, el mundo mapudungun, no existe la investigación, al menos desde sus protocolos de comprensión de la realidad. Esto es así debido a que el mismo sentido de investigar solamente se encuentra presente, en su dimensión filosófica y epistemológica, en los procesos de distinción de las lenguas dominantes. El mapudungun no estudia al español, el proceso es esencialmente unidireccional. Como sea, incluso la mejor intención dentro de una investigación es externa a los límites culturales y lingüísticos que se pretenden observar. De esta manera, la perspectiva ética que el académico debe ejercer en el campo de los estudios so-cioculturales en general y de los estudios de vitalidad lingüística en particular, es reconocer como fundamento cognitivo dentro de un proceso de investigación la construcción de una epistemología del hablante.

La construcción de dicha epistemología obedece en primer lugar a la incorporación de los esquemas de distinción del hablante como elemento central dentro de la observación tanto del uso de la lengua como de sus alcances en términos de construcción de realidad. Entender a la subjetividad como indicador constituye el primer paso en la conformación de una epistemología del hablante.

En 1977 Giles et al. (Harwood, Giles y Bourhis, 1994) introdujeron el concepto de vitalidad etnolingüística, el cual, al ser definido como “aquello que posibilita que un grupo se comporte como una entidad colectiva dentro del entorno intergrupal”, fija en las relaciones socioculturales internas del grupo a observar el proceso de vitalidad lingüística. Entendiendo que estas relaciones no se realizan en el vacío, sino que ocurren en tres factores socioestructurales que tienen influencia en la vitalidad del grupo: indicadores demográficos, estatus y nivel de soporte institucional, Giles et al. plantean la necesidad de desarrollar instrumentos que permitan medir la vitalidad etnolingüística tanto objetiva como subjetivamente, permitiendo la medición de los factores socioestructurales tanto a partir de estadísticas “actuales” como de “percepciones” individuales. De esta manera, se podría medir la relación entre la percepción que el grupo tiene de su relación con los factores estructurales en términos de observación cuantitativo/subjetiva y la forma en que esta relación es vista por el grupo externo en términos de observación de datos cuantitativos/objetivos. Para esto desarrollan el “Cuestionario Subjetivo de Vitalidad” (Subjective Vitality Questionnary) como instrumento de recolección de datos, el cual permite estimar la correlación entre los índices de vitalidad etnolingüística que los miembros del grupo se otorgan y la energía que estos mismos miembros invierten en favorecer la vitalidad lingüística.

Mientras mayor sea la vitalidad que los individuos le otorgan a su grupo mayor será la energía que los miembros del grupo invertirán en preservar la identidad, actividades e influencias intergrupales (Abrams, Barker y Giles, 2009). Si bien la intención de obtener datos subjetivos presupone un primer acercamiento hacia el desarrollo de una epistemología del hablante, ella resulta muy limitada, ya que la forma de observación del objeto de estudio sigue estando ligada a un constructo teórico/metodológico que le otorga prominencia a la explicación numérica de la realidad social. Pese a esto, sin duda fue un gran primer paso hacia la construcción de la epistemología del hablante, sobre todo porque da cuenta de las limitancias de la observación objetiva a la hora de describir las relaciones intergrupales. Se comienza a entender que las opiniones y experiencias del objeto de estudio constituyen parte del objeto de estudio.

El siguiente paso lo constituye el ingreso dentro de la investigación de la vitalidad lingüística de la metodología cualitativa. Ésta busca construir empíricamente, es decir, a partir de la experiencia de vida del observador, el mundo de éste, lo que nos lleva al mundo de la corporeidad, al mundo de la vivencia. Esta posibilidad de comprensión de la realidad social se da a partir de “recuperar, para las ciencias sociales, la cuestión del sentido de la realidad social” (Lulo, 2002). De acuerdo a la lectura que nos interesa, la realidad social solo tiene sentido a partir de quienes la constituyen y se particulariza como lengua. En este sentido, la lengua constituye una dimensión esencial a la hora de generar relaciones entre sentido y experiencia de vida (corporeidad).

La incorporación de metodologías cualitativas en el estudio de la vitalidad del mapudungun ha sido realizada por Lagos (2006, 2012) y Wittig (2009), ambos en el ámbito de la vitalidad del mapudungun en áreas urbanas. En ambos casos se aprecia una diferencia entre los datos de los estudios cuantitativos y el análisis de la información cualitativa. En el caso de Lagos (2012) se aprecia una actitud positiva ante la lengua considerándola “un elemento nuclear” en la definición de lo que significa ser mapuche en la actualidad. Se reconoce así su valor “simbólico, identitario, antes que lingüístico, en tanto instrumento para comunicarse”. De acuerdo al Cuestionario Subjetivo de Vitalidad, la actitud positiva hacia la lengua del grupo cultural implica a su vez, al menos, la intención de que la lengua se mantenga como diferencia identitaria, lo que implica su valoración como indicador de vitalidad. Más interesantes resultan las conclusiones de Wittig (2009), quien señala que “en una visión de conjunto, estos discursos ponen en entredicho la premisa del desarraigo cultural y consecuente abandono de la lengua por parte de los hablantes que se insertan en el mundo urbano”. Dicho de otro modo, la lectura de datos cualitativos proporciona una dimensión de comprensión del uso del mapudungun diferente a la que se propone desde lo cuantitativo, permitiendo la irrupción, al menos, de indicadores favorables de mantención de la lengua con todas las consecuencias que esto acarrea, al menos en el área urbana.

Por otra parte, la incorporación de dimensiones de relación cualitativa permite la emergencia del observador en tanto complejidad: la observación “no solo incluye la percepción y el pensamiento (conocimiento), sino también la acción” (Luh-mann, 1995). La sustitución de “sujeto” por “observador” permite una ganancia epistemológica, al romper con la distinción sujeto/objeto. Sujeto y objeto constituyen una sola relación constructiva que da origen al observador establecido como concepción y actuación de mundo. La realidad es una multiplicidad de posibilidades de realización a partir de observaciones basadas en consensos comunicativos, los que se expresan, por ejemplo, desde la lengua como cerradura operativa de construcción social de la realidad. De esta manera, “desaparecida toda perspectiva de traducción y de unificación en un lenguaje neutro, es la reintegración radical del punto de vista del observador en sus propias descripciones, la que se convertirá en el criterio de referencia para todo proceso de comunicación” (Ceruti, 1995).

El ingreso del observador o del actor como vivencia modifica de manera relevante la relación entre investigador y objeto de estudio, ya que todo hecho lingüístico es un hecho social, “desde la construcción de los datos hasta el uso de la lengua en diversas situaciones de comunicación y géneros discursivos, incluidos los académicos, la conversación espontánea, la elicitación e incluso el discurso ritual” (Flores, 2009). Al ser el lenguaje un hecho social cuya expresión cultural (lengua) es la codificación comunicativa de la realidad, ésta sólo puede ser entendida a partir del relevamiento de los esquemas de distinción del hablante.

A partir de lo señalado (Luhmann, 1995, Ceruti, 1995, Flores, 2009) se puede esbozar una definición de epistemología del hablante que consistiría en la comprensión de una lengua desde la complejidad de la vivencia del hablante en tanto observador: el mundo es un consenso comunicativo que expresa desde la lengua su particular realidad y esta realidad emerge desde las interacciones simbólicas que una comunidad se otorga como límites de realidad.

En términos operativos, la epistemología del hablante consiste en la aplicación de los siguientes principios:

1.  El mundo que se pretende intervenir se constituye como posibilidad de consenso comunicativo, es decir, de construcción de realidad social.

2.  El uso de la lengua hace emerger a la realidad social dentro de los límites de las posibilidades de autocomprensión que la constituyen como mundo (cultura).

3.  Quien vivencia la lengua conoce el mundo de la lengua.

4.  El mundo por intervenir es el mundo desde el hablante y no el mundo del hablante.

4. CONCLUSIONES

De acuerdo a lo expresado en las páginas anteriores es posible sostener, en primer lugar, que las investigaciones realizadas sobre la vitalidad del mapudungun resultan insuficientes debido a que no consideran dentro de su fundamentación los aspectos teóricos, epistemológicos y metodológicos que provienen y se desarrollan desde la Sociología del Lenguaje. Lo que hay, en términos generales, es un análisis de datos cuantitativos asociados a la cantidad de hablantes, y este es sólo un criterio por considerar, entre muchos, al momento de establecer el grado de vitalidad de una lengua.

En segundo lugar, y considerando lo dicho en el párrafo anterior a partir de los datos obtenidos sobre todo de Gundermann et al. (2008) en el ámbito rural, el mapudungun no es una lengua en retroceso sino que se mantiene en el nivel mínimo 4(b) necesario para ser considerada una lengua vital. Además existe una valoración de la lengua en términos de representación social, lo que se ve refrendado por las investigaciones cualitativas en el ámbito urbano de Lagos (2012) y, sobre todo, Wittig (2009).

En tercer lugar, el grado de vitalidad del mapudungun en los territorios mapuches que poseen un grado de organización sociocultural propia es alto: 78,5% de hablantes. El contexto de uso de una lengua contiene también su expresión y explicación cognitivo/comunicativa en tanto construcción y concepción de realidad, por lo que es todo un contexto sociocultural el que se encuentra en el mapudungun. La vitalidad lingüística sólo es posible en el mundo que la lengua contiene y las políticas de vitalidad deben enfocarse a partir de las necesidades que emanen de la experiencia discursiva de los hablantes y no únicamente a partir de la cantidad de éstos. Se requiere de una comprensión de la vitalidad lingüística que tenga como sustrato a la epistemología del hablante, es decir la comprensión de la vitalidad de una lengua como reflejo experiencial del mundo que ésta contiene y que sólo es posible desde el hablante. La academia debe ser un instrumento de los hablantes y no al revés, sobre todo considerando que la investigación en sociolingüística y sociología del lenguaje es generalmente aplicada, por lo que sus resultados y conclusiones afectan de manera relevante a la comunidad de hablantes que se pretende investigar. En este sentido rescato la cita realizada por Edwards (2011) de Moran (1900): “Sin académicos, la revitalización no es posible; con los académicos como dirigentes lo más probable es que fracase”.

 

NOTAS

1 La encuesta realizada por Gundermann et al. (2008) es hasta el momento el único proceso de recolección de datos en el ámbito cuantitativo que se ha realizado a partir de un estudio sobre vitalidad lingüística. En este sentido, constituye un valioso aporte a la hora de realizar una lectura sobre la vitalidad del mapudungun.

2 Conviene destacar que en el artículo de Zúñiga (2007) se hace referencia a indicadores de vitalidad etnolingüística, pero los datos no se cruzan con éstos sino que se relacionan fundamentalmente con la cantidad de hablantes.

 

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Recibido: 12.12.2012. Aceptado: 01.04.2013.

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