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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.77  Santiago dic. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602020000100273 

Reseñas

Herrera, Hugo. Octubre en Chile: Acontecimiento y comprensión política: hacia un republicanismo popular

Ignacio Serrano del Pozo1 

1Universidad Santo Tomás, Santiago

Herrera, Hugo. 2019. Octubre en Chile: Acontecimiento y comprensión política: hacia un republicanismo popular. Santiago: Editorial Katankura, 122p.

El filósofo y columnista Hugo E. Herrera nos entrega en este libro una lúcida y singular comprensión sobre lo acontecido en Chile después del estallido social del 18 de octubre de 2019. La gracia de este texto, además de la velocidad con que fue escrito y la pertinencia de su publicación, es que se desmarca de los análisis habituales que solo perciben en las manifestaciones ciudadanas una crítica al modelo neoliberal y al sistema político actual. Herrera no niega este hecho, pero para él es fundamental entender que antes que sucediera esta ola de protestas, lo que se produjo es “un desajuste grave, profundo entre las pulsiones y anhelos populares, y la institucionalidad política y económica” (p. 13); desajuste que parece obedecer, fundamentalmente, a la imposibilidad de parte de las elites para comprender al pueblo. Lo que se podría etiquetar en términos simples como falta de calle, para el autor es mucho más complejo, pues se trataría de la insistencia por parte de las “dirigencias oligárquicas” –tanto las de la derecha como de la izquierda– en recurrir a dispositivos discursivos abstractos y extemporáneos (“las articulaciones mentales”) para abordar la realidad de los sectores populares y de la nueva clase media emergente. En esa línea, la derecha, con una lógica reduccionista de la Guerra Fría, parece solo ver en la sociedad a individuos autónomos representados por indicadores financieros-económicos. Aquí, el académico de la Universidad Diego Portales hace un símil entre las falencias de los grupos neoliberales y los políticos de derecha, y la incomprensión que aconteció durante la crisis de principio de siglo XX en Chile (tema recurrente de Herrera), al interior de la burguesía y las elites, que “terminó por perder de vista las fueras espirituales, sólo sobre las cuáles puede desplegarse un modo de existencia compartido” (pp. 71-72). La izquierda, por su parte (representada por Fernando Atria, la némesis del autor por usar terminología de comics), no lo hace mejor en su tarea comprensiva, pues su propuesta de una “común humanidad” (abstracta también), purgada de intereses mezquinos, y su creencia de estar dotada de una sapiencia moral privilegiada, la hace desconocer –en el otro extremo– “la irreductible singularidad” o el “carácter insondable” de los grupos medios, quienes tienen su propio dinamismo y no necesariamente quieren abjurar simplemente del mercado para abrazar el Estado. Así, una de las tesis clave del libro Octubre en Chile es que la crisis social actual es –por extraño que parezca– de comprensión política, de carencia de una “hermenéutica más sofisticada” para abordar eso que Herrera denomina reiteradamente y sin complejos “el pueblo” –pues los términos de “ciudadanía”, “sociedad civil” u “opinión pública” no son sino intentos de domesticar el asunto, argumenta (p. 23).

Junto a esta parte crítica, en los primeros y últimos dos capítulos del libro (de un total de diez), se intenta, además, reparar esa insuficiencia de comprensión política. Para este efecto y como hermenéutica alternativa, Herrera utiliza categorías tomadas de Carl Schmitt (aunque no siempre lo explicita) y de los pensadores de la derecha conservadora chilena anteriores al neoliberalismo (Encina, Edwards y Góngora). En este ámbito, el pueblo aparece como un “acontecimiento” casi divino –“El pueblo es como una divinidad, como un dios, aterroriza y redime” (p. 24)– de naturaleza telúrica, amenazante y provocador; un pueblo que se hace en el tiempo, íntimamente constituido por una red de vínculos comunitarios, arraigado en la tierra o anexado al paisaje, aunque se le intente despojar del mismo. ¡Cómo no contar con una red ferroviaria que recorra y una Chile! se pregunta el autor en más de una ocasión! Lamentablemente, en esta parte no es tan claro cómo se puede conseguir esa visión o hermenéutica apropiada para captar la singularidad del acontecimiento popular, que pareciera ser un privilegio de los filósofos no contaminados por las ideologías liberales o socialistas, o de algunos filósofos políticos que como él son capaces de avanzar hacia un “republicanismo popular”; aunque, si somos severos, ni siquiera, pues la insistencia que hace Herrera en la última parte por adoptar la Constitución de 1925 como “insólito constructo ejemplar” deja la duda cuánto hay de hermenéutica y cuánto de voluntarismo por mostrar una visión tan particular como las demás. Quizás su esfuerzo propositivo lo hace caer en su propia trampa, y en tal sentido se hace necesario un mayor desarrollo de su mirada como modelo alternativo para lograr captar cuánto él ha comprendido la singularidad del pueblo chileno.

En todo caso, Octubre en Chile resulta un libro tremendamente interesante, tan breve como profundo, altamente recomendable, y prueba del talante filosófico y político de Herrera.

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