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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.76  Santiago dic. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602019000200284 

Reseñas

Enrique Leff. El Fuego de la vida. Heidegger ante la cuestión ambiental

Rodrigo Pulgar1 

Mario Samaniego2 

Cristóbal Balbontín3 

1Universidad de Concepción. Chile

2Universidad Católica de Temuco. Chile

3Universidad Autral de Chile. Chile

Leff, Enrique. 2018. El Fuego de la vida. Heidegger ante la cuestión ambiental. México: Siglo XXI editores, 1013p.

Lo primero que se descubre al leer El fuego de la vida. Heidegger ante la cuestión ambiental, es la necesidad de mirar la historia del autor desde su producción filosófica. Esta observación es obligatoria de seguir, ya que es el modo que permite certificar que lo que este libro presenta puede ser entendido como una síntesis compilatoria de su historia filosófica. Enrique Leff no olvida, siguiendo a Husserl, que en el escenario actual el mundo de la vida aparece como el mundo olvidado. Sus antecedentes fácticos se observan en modelos de desarrollo que descuidaron el medio ambiente, y al descuidarse este, en el fondo la vida misma, en su riqueza significativa, se olvida. Todo lo viene advirtiendo Enrique Leff desde hace años. Los antecedentes bio-bibliográficos del autor así lo dicen; títulos como Ecología y capital (1986), Ciencias sociales y formación ambiental (1994), Saber ambiental, sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder (1998), La complejidad ambiental (2000), entre muchos otros textos, dan cuenta de su presencia en el debate sobre ética medioambiental en el contexto latinoamericano.

La crisis ambiental es en el fondo una crisis de la vida misma: de los modos cómo el pensamiento humano ha afectado los cursos de la vida y los modos de habitar el planeta conforme a las condiciones de sustentabilidad de la vida; una crisis recurrente de los modos de intervención de la ontología de la técnica y de la racionalidad económica, que degradan la compleja trama ecológica de la cual brota a cada instante, y en la que se sustenta, la durabilidad de la vida en el planeta Tierra (Leff 2018, p. 261). Junto a lo anterior, la dimensión intersubjetiva que sintetiza el diálogo de intimidad entre lo ambiental y la existencia del hombre y el planeta es una constante que convierte la obra de Enrique Leff en un texto imprescindible en el debate contemporáneo sobre medio ambiente, a nivel global. Esto explica por qué la escritura de Leff es extensa y profunda, porque en ella prima la intencionalidad de desentrañar la complejidad de la existencia, siguiendo la nomenclatura heideggeriana para entender el diálogo de la vida humana y el medio ambiente.

Podríamos afirmar –siguiendo a Leff– que en la condición preteórica y precientífica de la vida cotidiana se encuentra el humus que potencialmente podría crear condiciones para transitar desde la monología, que habitualmente se funda en la necesidad de la muerte, hacia las alteridades, que pueden traer consigo espacio para la utopía y, por consiguiente, nuevas posibilidades para sentir y ejecutar nuevos mundos posibles por-venir y de los cuales no podemos asegurar su morfología. En esta perspectiva, es definitivamente importante cultivar la cultura de lo cotidiano. Es allí donde el otro aparece rompiendo la diaria cadencia de lo que fluye. El otro puede sorprender, poner en apuros, irritar y violentar. Es en lo cotidiano donde se vivencia la cultura del disenso: el choque entre interpretaciones como mediaciones históricas de sentido. En lo cotidiano se puede quebrar la seguridad de lo propio, ya que el yo es sometido a las interpelaciones de otros yoes en el marco de las relaciones humanas, y esto es lo que produce el descentramiento que inevitablemente diluye las fronteras de la clausura. El conflicto puede liberar las ataduras de lo sentido y ejecutado del mismo modo. El conflicto puede reestructurar las relaciones de poder y las percepciones sobre lo cotidiano, nuestra identidad y las relaciones humanas. El conflicto disloca lo dado y establecido. De este modo, el disenso y conflicto exigen poner en acto la imaginación política. Frente a la ley que regula seres humanos, mundos e historia, frente a una razón absolutizada e hipostasiada que ordena, regula y subordina las diferencias, abrirse a los cotidianos situacionalmente contextualizados, supone diversidad y diferencia, diálogo y contraste, que van de la mano de los procesos de apertura.

Así, vemos dos grandes aciertos en la propuesta. Por una parte, desbancar al sujeto trascendental como depositario de la responsabilidad de guiar la acción humana, lo que supone indagar en el potencial de lo inscrito en lo cotidiano, en lo habitual. Es decir, se hace necesario valorar la fragilidad (por oposición a la razón de fundamentos y verdades siempre evidentes) del ser humano viviente. En segundo lugar, el trabajo de nuestro autor parece abrirse a una racionalidad auditiva que se resignifica a partir de la escucha e interacciones de las voces sistemáticamente silenciadas; esto es, ir más allá de la melodía monocorde de lo monocultural.

El desafío del proyecto en que se embarca Enrique Leff no aspira solamente a intentar entrever y sobre todo a escuchar a través de distintos derroteros filosóficos la vida relegada y olvidada por la misma ontología moderna –acceder a la vida desde la no-vida de Occidente, desde los deslizamientos del ser que ha opacado la vida–, sino que también propone pistas para que la necesaria vitalización de nuestro-estar-en-el mundo pueda encarnarse, para que la religación con la vida pueda llegar a concebirse y practicarse como posible. A ello dedica la tercera parte de la obra titulada La comprensión de la vida en un mundo sustentable: imaginarios sociales, racionalidad ambiental y diálogo de saberes. Nuestro autor, con base en la lectura que de Heidegger realiza, califica nuestra actualidad como época de crisis.

Una vez conscientes de la condición y necesidad que nuestra época nos requiere, dice Leff que “por primera vez en la historia la humanidad se enfrenta al imperativo de internalizar las condiciones de la vida, en la escala biosférica del planeta, en sus condiciones de existencia. La reflexión se vuelve sobre el hombre como Dasein capaz de pensar sus condiciones de existencia para repensar y reconstruir el mundo desde las condiciones termodinámico-ecológi cas y simbólico-culturales de la vida”. Se trata de una dificultad mayor para una filosofía que apela al fuego de la vida.

in embargo, en el caso de Leff, el dispositivo estratégico para asumir el desafío que se propone no es enteramente claro. Al apostar por una hermenéutica de la vida que deconstruya la forma en que la gramática helénica ha comprendido la vida ¿no arriesga en este mismo proyecto privarse del lenguaje desde el cual pueda decirse la vida? Si se quiere pensar la reinserción de la conciencia en la vida, ello debería hacerse desde el estatuto prelingüístico que me une a la vida: desde el cuerpo; cuestión que Leff omite. En el subcapítulo El cuerpo de la tierra, la encarnación de la vida y el Stimmung de la existencia, Leff roza este tema de manera demasiado rápida para advertir la dificultad, optando por volver a adentrarse en el problema de la Φυσις y su verdad.

En efecto, la vida no puede ser pensada si no es a partir del viviente. Y es justamente el dominio de la carne viva la que permite articular al viviente con el ser, determinación del ser que acontece ante todo en la esfera ambigua y extraña de la carne erótica. Leff apunta bien los cambios de registro y tratamiento del problema de la vida en Heidegger, por ejemplo, en el capítulo Ser/vida Heidegger ante la cuestión ambiental. Pero hay un registro de análisis que se extraña: Heidegger nunca habría meditado suficientemente sobre la cuestión de la vida al obliterar la cuestión del cuerpo en Ser y Tiempo. Con ello, Heidegger se habría privado del organon a partir del cual el ser como vida puede ser pensado. Objeción que resulta extensiva a Leff.

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