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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. v.65  Santiago  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602009000100017 

Revista de Filosofía Volumen 65, (2009) 226-229

 

Roberto Escobar, El vuelo de los búhos: Actividad filosófica en Chile de 1810 a 2010. Santiago: RIL Editores, 2008.

Como lo indica su título, el objetivo de Roberto Escobar con este libro, auspiciado por la Fuerza Aérea de Chile y prologado por su Comandante en Jefe, es analizar la actividad filosófica en Chile desde 1810 hasta la actualidad. El mismo autor limita la amplitud de su contenido al subrayar de inicio que no aspira a la exhaustividad, tarea punto menos que imposible, o en todo caso, más propia de un libro colectivo. La gran cantidad de autores analizados obliga, en una reseña, a limitarse a cuestiones de carácter general, ya que es prácticamente imposible abarcar, aunque sea brevemente, los estudios sobre los cien filósofos seleccionados.

Un punto de gran importancia para una tarea como la que emprende este libro es una discusión inicial, razonablemente precisa, sobre lo que se entiende, aunque sea someramente, por filosofía y por actividad filosófica en Chile. Esto, porque se ha discutido frecuentemente si hay propiamente filosofía en Chile, o, lo que a menudo se asocia con esta controversia, si hay filosofía chilena.

En este sentido, me parece que el libro está en deuda con sus lectores, porque la breve discusión que se dedica al tema es demasiado general y alusiva como para proporcionar un marco adecuado a la búsqueda histórica que se emprende luego.

El punto no carece de importancia, porque en el texto hay, a la vez, una cantidad relativamente importante de obras a las que se les niega el carácter de filosofía, y un número importante de autores a los que se incluye entre los filósofos, sin que sea evidente esta pertenencia, salvo que se maneje un determinado concepto general de actividad filosófica. Por ejemplo, se incluye entre los filósofos a Modesto Collados, pero un texto de Osvaldo Lira como Nostalgias de Vásquez de Mella, influyente defensa del tradicionalismo político, no se considera filosófico.

Este tipo de exclusiones es bastante generalizado en el texto, por lo que uno se queda con la impresión de que lo que se excluye, fundamentalmente, aunque no exclusivamente, es la relación entre filosofía y política, relación que, de seguro, nos permitiría comprender mucho mejor la obra de muchos de los filósofos analizados. Esta exclusión me parece, además, significativa, en tanto expresión todavía actuante de la prohibición general de la reflexión política propia del autoritarismo militar, pero también del temor a la ruptura de los consensos actualmente imperante.

Esta ausencia de la política y de la historia política, pero también de otras esferas de la cultura, como la ciencia, por ejemplo, termina por perfilar a la actividad filosófica como una búsqueda algo etérea, que no tiene ninguna relación con la fundación de la República o con los conflictos por la secularización de la sociedad chilena, en el siglo XIX, ni con la crisis oligárquica o los agudos conflictos sociales e ideológicos del siglo XX o, desde otra perspectiva, con el estado general del conocimiento, la ciencia y la cultura en Chile. De esta manera, por ejemplo, no queda claro, en el texto, que no son solo afinidades personales las que explican que un grupo como el que conforman Osvaldo Lira, Jaime Eyzaguirre, Armando Roa y Julio Philippi, entre otros, se reúna a en torno a la revista Estudios en los años 1930, revista con una clara orientación católica y conservadora que intenta dar forma a un proyecto político cor-porativista, el que es el punto de confluencia de las ideas de todos estos autores.

La solución de Roberto Escobar en el libro consiste más bien, entonces, en limitar sus análisis a ideas filosóficas no contaminadas de ninguna manera por la política o por proyectos sociales o culturales más amplios. La única excepción que cuenta con sus simpatías parece ser la relación con el arte, que le parece especialmente apropiada para reflejar el pensamiento en Chile.

En algún sentido, esto le da al libro una cierta unidad, a pesar de las excepciones anotadas, porque los énfasis van estar dados casi siempre por las ideas de filósofos profesionales destacados, sobre temas de antropología filosófica, metafísica y estética y, en menor grado, ética y filosofía del derecho.

Desgraciadamente, tampoco en este cometido destaca El vuelo de los buhos por la claridad y la profundidad de los análisis de las ideas que se estudian. Hay algunas excepciones, de las que la más lograda son, a mi juicio, la exposición sobre Rafael Gandolfo y la que se refiere a los escritos sobre Ortega y Gasset. Pero no son suficientes. Y este resultado es de lamentar, porque el texto contribuye a difundir una imagen de la filosofía como disciplina, a la vez imprecisa y ampulosa, que es justo lo que no necesitamos hoy, en un momento en que la disciplina requiere una vez más ser defendida con rigor frente al avance, que es cierto que el libro también denuncia, de un craso economicismo y cientificismo. En este sentido, me parece que muchas de las obras de los filósofos chilenos más productivos y destacados son analizados de manera superficial. Es, por ejemplo, el caso de la obra de Roberto Torretti, cuya obra es de cierta manera descartada por su proximidad con la historia de la ciencia... y por haberse desarrollado fundamentalmente en el extranjero.

Entre los momentos más logrados del libro está, a mi juicio la reconstrucción de algunos momentos singulares de la actividad filosófica en Chile, como los debates en torno al pensamiento de Ortega y Gasset a fines de los años 50 y comienzos de los 60 y la descripción de los congresos y otras actividades realizadas por la Sociedad Chilena de Filosofía.

Pero también aquí, aunque menos que en otros lugares, el partí pris de inmunizar a la filosofía de todo contacto con posiciones políticas le juega un poco en contra a los análisis, que podrían verse iluminados si se mencionara, por ejemplo, que en la España de Franco se promovía oficialmente la misma hostilidad hacia Ortega que la que puede observarse en los textos de un pensador hispanista como Osvaldo Lira entre nosotros. Ciertamente, esto podría iluminar también el hecho de que sean dos jesuítas y exiliados republicanos quienes emprenden la recuperación del pensamiento del filósofo español.

Se reseñan también en el libro, de una manera bastante completa, las actividades de la Sociedad Chilena de Filosofía, en especial del Congreso del año 1956, que contó con la presencia de filósofos extranjeros excepcionalmente destacados como W. van O. Quine, R. Chisholm, Mario Bunge, Risieri Frondizzi, José Gaos, Leopoldo Zea, Francisco Miró Quesada y David García Bacca, entre otros. La descripción de estas actividades tan destacadas en el pasado contrastan con la casi completa falta de presencia de la Sociedad en el día de hoy.

A pesar de su generalizada falta de profundidad en los análisis, el libro propone, sin embargo, algunos temas sugerentes para la investigación sobre la historia de la filosofía en Chile.

A pesar de que la tradición tomista y, en general, el pensamiento católico está sobrerrepresentado en el libro, es indudable que existe en Chile una tradición de pensamiento filsófico católico, tomista o no, de cierta importancia, y Escobar subraya este punto con razón. Ahora bien, también han sido muy importantes en Chile otras tendencias, como por ejemplo, lo que podríamos llamar una corriente de filosofía de la existencia y el estudio de pensadores como Heidegger y Ortega. Estas dos tendencias son relativamente bien descritas en el libro. Pero no ocurre lo mismo con la filosofía analítica, por ejemplo, o con la epistemología como disciplina, ni con la filosofía política o la filosofía latinoamericana.

Por último, y como lo decimos más arriba, es también un mérito del libro el subrayar algunos de los escasos debates filosóficos entre nosotros, o los autores que han sido fruto de interpretaciones contrastantes. Ya hemos señalado el caso de Ortega, pero también parecen destacarse los de Teilhard de Chardin y Jacques Maritain.

Como puede concluirse también de lo que en esta reseña se subraya, una de las mayores debilidades del libro tiene que ver con que no es un texto que llegue realmente en sus análisis hasta las cercanías del año 2010. Hay una ausencia notoria de filósofas o filósofos nacidos después, digamos, del año 1950 (2 casos), con lo que resulta claro que el libro excluye a casi todos los filósofos y filósofas de menos de 58 años... Esto, para un libro sobre la actividad filosófica en Chile entre 1810 y 2010, es excesivo.


Carlos Ruiz Schneider
Universidad de Chile, Chile

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