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Idesia (Arica)

On-line version ISSN 0718-3429

Idesia vol.32 no.3 Arica Aug. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34292014000300001 

 

EDITORIAL

La Agricultura y la Ciencia


Dr. Carlos Leiva Sajuria

Vicerrector Académico
Universidad de Tarapacá
Arica-Chile
cleivas@uta.cl

La Agricultura nace en el período neolítico, generando el desarrollo de las grandes culturas de la antigüedad. De hecho, es imposible separar el nacimiento de las civilizaciones del desarrollo de la Agricultura, la que se enriqueció a su vez de mejores técnicas creadas al seno de ellas. De este modo ha estado ocurriendo en los últimos diez mil años, en una virtuosa relación que ha permitido tener hoy una población mundial que sobrepasa cualquier cálculo que se hubiese hecho antes de nuestros tiempos modernos.

La Agricultura no solo está en la base del desarrollo de los grandes imperios de la antigüedad en el sentido político, también estuvo estrechamente ligada al desarrollo de la religiosidad. Conocido es que todos los mitos religiosos están estrechamente ligados a los ciclos de los cultivos, dando lugar a deidades famosas como Osiris y Ceres. Dio asimismo lugar a ceremonias que convocaban a toda la comunidad como son las ceremonias que se desarrollaban en los solsticios y equinoccios y que en muchos casos repetimos hoy, inconscientes de sus sentidos originales y con un sabor más comercial.

Paradójicamente fue la Agricultura la que hizo al hombre mirar al cielo y descubrir el orden que se esconde tras el caos aparente de la distribución estelar del cielo nocturno. En efecto, la astronomía debe su origen, sin duda, a la necesidad del hombre antiguo de determinar los ciclos que regían las condiciones óptimas para las distintas etapas del cultivo. Por supuesto, esto también estuvo marcado de la religiosidad que acompañaba a todas las actividades humanas de la antigüedad. De este modo Agricultura, Religión y Astronomía formaron un corpus que ha estado en el centro del desarrollo de las sociedades humanas.

Pero si la Agricultura ha estado en la base del desarrollo de la civilización, tal como ya hemos dicho, ella también se ha beneficiado de las mejores condiciones de vida que esa civilización permitió a un nuevo tipo de individuo, que nació ya en los albores de nuestra época: el científico, o en palabras más ambiciosas, el sabio. Fueron estos hombres sabios los que se dieron cuenta que podían mejorar los medios de producción mediante la introducción de nuevas tecnologías. La utilización del arado pesado permitió el cultivo más profundo de los suelos, la rotación de los cultivos el mejor aprovechamiento de suelos fértiles, se introdujo también la mejora de sistemas de regadíos, el uso de terrazas para aprovechar el cultivo de laderas. Por otro lado, la organización del suelo llevó a diferentes asociaciones agrícolas que permitieron el desarrollo del comercio a gran escala. Sin duda la Agricultura estuvo en la base del desarrollo de la edad media, época que no fue tan obscura como se nos ha hecho creer.

Durante la edad moderna también fue la Agricultura el centro de la actividad comercial entre el nuevo y el viejo mundo, la que se vio marcada por la expansión e intercambio de los cultivos. Fue en esta época que la ciencia comenzó nuevamente a marcar una nueva revolución en la Agricultura con la introducción de la mecanización, el uso de abonos químicos y estudios científicos como la edafología. En esta época se marca la diferencia entre los países desarrollados y subdesarrollados. Los primeros invirtieron grandes esfuerzos en tener un desarrollo científico y tecnológico aplicado a una Agricultura de grandes rendimientos, asociados a mercados dinámicos y libres, mientras que los segundos dejaron de lado el desarrollo científico y mantuvieron mercados rígidos asociados a políticas de fuerte control central, gobernados por las monarquías que finalmente vieron caer sus imperios.

Finalmente podemos observar el desarrollo de la Agricultura hoy, capaz de alimentar a los siete mil millones de habitantes que sobrepoblamos nuestro afligido planeta. Con suelos y recursos hídricos cada vez más escasos, solo el gran desarrollo de las ciencias como la biología y la química, con el aporte de la ingeniería así como de todas sus aplicaciones, permite y permitirá mantener el desarrollo de la humanidad que aunque cada vez más tecnológica, sigue ligada a lo que la Tierra nos puede entregar. Solo hay que pensar que gracias al desarrollo científico un granjero que a principios del siglo veinte podía alimentar solo a cinco personas, hoy puede mantener a ciento treinta personas, gracias a la tecnología, los agroquímicos y las variedades actuales. El uso del suelo se ha hecho también cada vez más eficiente gracias a la manipulación genética, la mejor gestión de suelos y nutrientes.

Capítulo aparte merece la manipulación genética que está en boca de muchos hoy. La mejora de las especies cultivadas no es cosa de hoy, sino que está ligada a la historia misma de la Agricultura. Desde que el primer agricultor seleccionó los mejores granos para asegurar que la próxima siembra iba a ser de mejor calidad, hasta el científico que hoy en un laboratorio introduce cambios a nivel genético, que permiten que los cultivos sean más resistentes a enfermedades o puedan ser cultivados más intensivamente y en diferentes condiciones de suelo o de clima. Hace mucho tiempo que el manejo genético se introdujo en la Agricultura, solo ha cambiado la manera de hacerlo. El trigo que consumimos hoy es muy distinto de las primeras gavillas salvajes con que se hacía el pan de los constructores de pirámides en Egipto o zigurats en la antigua Mesopotamia.

La Agricultura y la ciencia han estado sin duda estrechamente ligadas al desarrollo de la humanidad y este vínculo es imposible de romper si lo que se quiere es un futuro de mayor desarrollo y equidad.