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Idesia (Arica)

versión On-line ISSN 0718-3429

Idesia v.24 n.3 Arica dic. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34292006000300001 

 

IDESIA (Chile) Vol. 24, Nº 3; 5-6, 2006

EDITORIAL


Sr. Sergio Pulido Roccatagliata
Rector
Universidad de Tarapacá

LA UNIVERSIDAD Y LOS DESAFÍOS DEL FUTURO

Sin duda que ha ocurrido una notable transición desde la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento. Una nueva sociedad con economía flexible, mano de obra polivalente y emprendedora, crecientes requerimientos de respuestas en tiempo real y utilización preferente de material intangible.

En esta realidad están ocurriendo modificaciones sustantivas en la vida económica y social de los países, donde la globalización es ya un fenómeno que forma parte de la cultura de nuestro planeta, con una creciente interdependencia entre las economías.

La inserción global de Chile abre un mundo de oportunidades que podemos aprovechar en toda su profundidad, si contamos con las capacidades para posicionarnos y ser actores plenos de este proceso.

Estamos en el escenario de una economía cada vez más internacionalizada y cuyo eje se desplaza hacia el Océano Pacífico. En este escenario, las instituciones de educación superior son las principales responsables de responder al reto de formar a las personas para este nuevo mundo. Por ello, resulta ineludible implementar importantes y permanentes cambios para responder a la tarea que la sociedad le ha entregado.

La globalización y la interdependencia se han hecho posibles por el enorme cambio científico y tecnológico de las últimas décadas. Por ello, el progreso futuro de los países está cada vez más vinculado al desarrollo de las capacidades para crear, utilizar y difundir el conocimiento, tarea que realizan las instituciones de Educación Superior en la formación de profesionales y técnicos de nivel superior y en la contribución al desarrollo científico y tecnológico de Chile, entre otras materias.

En materia de desarrollo agrícola, Chile ha planteado como uno de sus más importantes desafíos estratégicos consolidar a nuestro país como potencia agroalimentaria, además de provocar un desarrollo de carácter inclusivo, que considere la generación energética de biocombustibles a partir de la actividad agrícola y promover el uso sustentable de los recursos naturales renovables y la protección de la biodiversidad, entre otros aspectos.

En este marco resulta destacable observar que nuestro país se está proyectando y posicionando como una potencia agroalimentaria emergente, gracias a la concurrencia de elementos claves tales como la renovada actitud emprendedora del sector privado, los acuerdos comerciales, las nuevas tecnologías de información, la biotecnología y las políticas e instrumentos de fomento productivo, entre otros.

Es decidor que las exportaciones de alimentos frescos y procesados alcanzaran el 2005 a ocho mil millones de dólares, permitiendo que nos situemos en el decimoséptimo lugar en el ranking de los países exportadores de alimentos.

El éxito alcanzado abre interesantes expectativas en el mediano y largo plazo. Las proyecciones indican que el año 2010 podríamos estar entre los diez mayores exportadores alimentarios del mundo, por sobre los 17 mil millones de dólares, lo que representaría la generación del orden de 50.000 empleos adicionales al año.

Chile tiene la oportunidad de identificar y ocupar aquellos nichos que pueden darle ventajas competitivas en el mercado internacional.

En el sector agropecuario, ya se avizoran insospechadas aplicaciones de la genómica y la ingeniería genética, no sólo en la agricultura tradicional, sino que en el futuro desarrollo de la nueva agricultura que permitirá aprovechar las potencialidades productivas del desierto en nuestro país.

En el mismo contexto, la acuicultura ya se está beneficiando con aplicaciones biotecnológicas en la producción de vacunas para salmones u otras especies hidrobiológicas.

En el sector forestal, la silvicultura clonal, mediante embriogénesis somática, está siendo utilizada con éxito para mejorar la productividad de las plantaciones forestales.

Estos desafíos de la nueva agricultura, se trasladan hoy imperativamente al interior del quehacer de las universidades. Es indispensable para preparar profesionales bien formados y eficaces realizar investigaciones de creciente impacto y asumir un rol de orientación tecnológica y productiva.

El replanteamiento de la investigación es una tarea de envergadura que requiere del despliegue de un profundo análisis y enorme energía. La investigación requiere hoy de profesionales que cuenten con las bases científicas y técnicas necesarias para realizar el proceso de captura, adaptación y difusión de tecnologías y para introducir permanentemente en su tarea productiva las innovaciones que se precisan.

Es en este contexto que la Universidad de Tarapacá, a través de la Facultad de Ciencias Agronómicas, con 43 años de trayectoria universitaria, está proyectando su quehacer académico en ciencias agropecuarias, en directo beneficio de la agricultura de desierto en la macrorregión norte de Chile, en línea con la estrategia institucional y sobre la base de sus competencias esenciales; a través de procesos académicos acreditados de acuerdo a estándares de calidad, creciente vinculación con otras universidades del país, compromiso con el desarrollo regional en el ámbito publico y privado, a través de proyectos de investigación, transferencia de tecnologías y un especial énfasis en el incremento de la internacionalización e integración de su gestión.

Son los desafíos y cambios que exigen los nuevos tiempos, donde los sistemas e instituciones son cada vez más competitivos, existe una mayor exposición al mercado, más gestión de tipo privado y una mayor demanda de la sociedad hacia las universidades. Por ello la labor universitaria ha asumido nuevos compromisos y un rol fundamental para el desarrollo de la nueva agricultura que permitirá el aprovechamiento y desarrollo creciente de nuestro desierto en un marco de uso sustentable de los recursos naturales y una creciente responsabilidad social.

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