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Revista de geografía Norte Grande

versão On-line ISSN 0718-3402

Rev. geogr. Norte Gd.  no.79 Santiago set. 2021

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022021000200279 

ARTÍCULOS

La cambiante interpretación de la Geografía española respecto a América Latina: paternalismo, hermandad e indiferencia

The changing interpretation of Spanish Geography regarding Latin America: between paternalism, brotherhood and indifference

Rubén Lois-González1 
http://orcid.org/0000-0003-4717-1061

1 Rubén C. Lois González. Catedrático de Geografía, Departamento de Geografía, Universidade de Santiago de Compostela. PzaUniversidade, 1. 15782-Santiago de Compostela (España). E-mail: rubencamilo.lois@usc.es.

Resumen:

Desde hace algunos decenios, se ha coincidido en la necesidad de profundizar los estudios sobre las relaciones culturales y científicas entre las viejas metrópolis europeas y sus antiguas colonias. Por este motivo, se imponía realizar una primera revisión de cómo la Geografía académica española ha abordado la cuestión latinoamericana. Qué autores la han tratado de estudiar, a partir de qué teorías y obras centradas en el análisis territorial. En esta aproximación se descubren dos vías por las cuales los geógrafos españoles se han acercado a América Latina: la primera mediante discursos generales que oscilan entre el paternalismo, la justificación del período colonial o la denuncia de la expoliación de las riquezas de los territorios; la segunda desde una vivencia directa en algunos países y universidades latinoamericanas. Las interpretaciones resultantes, han estado muy condicionadas por las distintas etapas que ha atravesado la historia reciente de España. En los últimos tiempos, responden a un interés económico por proyectar una imagen amable de la antigua potencia colonial, sede de importantes empresas multinacionales interesadas en el negocio trasatlántico. La necesidad de recuperar este vínculo entre lo hispano o lo ibero-americano constituye el argumento final de un trabajo enmarcado en la historia y la teoría de la Geografía.

Palabras clave: América Latina,Conocimiento geográfico; Colonialismo; Dependencia; Multinacional; Atlántico

Abstract:

For some decades, there has been agreement on the need to deepen studies on the cultural and scientific relations between the old European metropolises and their former colonies. For this reason, it was necessary to carry out a first review of how Spanish academic geography has approached the Latin American question. Which authors have tried to study it, from which theories and works focused on territorial analysis. In this approach, two ways in which Spanish geographers have approached Latin America are discovered: the first, through general discourses ranging from paternalism, the justification of the colonial period or the denunciation of the plundering of the riches of the territories; the second, from a direct experience in some Latin American countries and universities. The resulting interpretations have been highly conditioned by the different stages that the recent history of Spain has gone through. In recent times, they respond to an economic interest in projecting a friendly image of the former colonial power, home to important multinational companies interested in the transatlantic business. The need to recover this link between the Hispanic or the Ibero-American constitutes the final argument of a work framed in history and the theory of Geography.

Keywords: Latin America; Geographic knowledge; Colonialism; Dependency; Multinational; Atlantic

En cualquier libro de historia se puede leer que, gracias al esfuerzo económico de Castilla, el navegante genovés Cristóbal Colón descubrió América en 1492. Todavía más importante, los castellanos (y los portugueses) se lanzaron a la explotación del continente desde comienzos del siglo XVI y mantuvieron un dominio colonial de buena parte de sus territorios hasta el XIX. Como consecuencia, el español es hablado a ambos lados del Atlántico, lo que facilita todo tipo de relaciones. Por eso, la España actual es al mismo tiempo la vieja potencia colonialista, y la madre patria, a la que millones de turistas de América Latina se dirigen todos los años.

La compleja conexión entre España y Latinoamérica empieza por la dificultad para denominar correctamente a ambas partes: Iberoamérica e Hispanoamérica, también se usan, y para muchos Estado Español es preferible a España. A este respecto, aportaciones recientes nos insisten en el concepto de comunidad imaginada (Anderson, 1983). Esta lectura centrada en las narrativas, más que en evidencias irrefutables, permite comprender que fue Castilla la que impulsó la conquista de América, aunque todos los españoles de varios siglos después asumamos y no disculpemos sus excesos y los distintos tipos de violencia ejercida. La conquista supuso la reafirmación de la hegemonía europea, la civilización y la cultura cristiana durante siglos, la reducción a la categoría de otros de las ricas culturas americanas anteriores. Pero se trataba de una empresa castellana (o portuguesa), no aragonesa, catalana o gallega, que se amplía en el imaginario popular a todo lo español desde el siglo XIX, en el que sí un discurso que sustenta la unidad nacional, pero cuando el dominio colonial sobre América se reducía a Cuba y Puerto Rico (Álvarez Junco, 2001).

El objetivo principal del presente texto consiste en explicar cómo ha sido la interpretación de América Latina desde la Geografía académica española. Además, se diferenciará aquellas grandes teorizaciones sobre el tema americano de experiencias más discretas, basadas en un conocimiento directo, de geógrafos españoles que vivieron exiliados durante años en distintos países americanos. La interpretación desde un ámbito de la universidad española no es autónoma de las vicisitudes históricas del último siglo. Por lo tanto, se tratará de relacionar la dinámica contemporánea de España con los discursos elaborados por algunos de sus más insignes geógrafos. Finalmente, la proximidad o lejanía de lo latinoamericano funcionará como un telón de fondo de etapas muy diferenciadas en la percepción ultramarina de la Geografía española.

En cuanto a los contenidos de este texto, cabe precisar que, una vez explicada la metodología, se abordarán cuatro etapas de la relación estudiada y unas consideraciones finales. La primera se ocupa del tardío proceso de institucionalización de la Geografía española. La segunda ya nos sitúa en el período de transición democrática de los 1970, cuando las teorías del subdesarrollo y la dependencia sirvieron para comprender las relaciones Norte-Sur. La tercera abordará el tema de España en la construcción europea y su nuevo papel como puente de la transnacionalización económica Europa-América. Por último, se analizan los últimos años caracterizados por una situación desigual de relaciones académicas y una mirada poco comprometida hacia la cuestión americana desde España. A este respecto, la periodización sugerida se deriva de las etapas en las que se ha dividido tanto la historia de la Geografía española como su vinculación con América Latina en muy diferentes trabajos (Capel, 1976; Bosque, 1992; Cebrián & Delgado, 2019). Precisamente, en las referencias históricas al proceso de institucionalización y consolidación de la Geografía académica española, todavía se siguen manteniendo como referencias los estudios de H. Capel y J. Bosque, a los que se sumaron en los 1990, los de J.A. Rodríguez Esteban y J. Gómez Mendoza, que seguimos, y el reciente informe sobre el estado de la cuestión de la Asociación Española de Geografía (Rodríguez Esteban, 1995; Gómez Mendoza,1997; AGE, 2013).

Con respecto a la periodización y el enfoque adoptado, se debe señalar que diversos autores latinoamericanos han realizado un esfuerzo sobresaliente por aportar informaciones y analizar la historiografía de la Geografía académica en América Latina. Así, destacamos cuatro referencias fundamentales. Los dos primeros trabajos, de A.Mª. Liberali y A. Sanchez Crispín, y J.L. Palacio Prieto respectivamente ofrecen unas cronologías de la evolución de la disciplina en América Latina totalmente diferentes, incluso con periodizaciones distintas para cada uno de los países estudiados, en función del proceso de institucionalización de la Geografía y de conformación de los primeros grupos de profesionales a nivel nacional (Sánchez & Liberali, 2009; Palacio Prieto, 2011). Para el ejemplo de la Geografía brasileña los ritmos son también autónomos, aunque como en el presente artículo se llegue a individualizar un período fundacional, un conjunto de cambios propiciados por la influencia de la teoría social crítica desde los años 1960 y 1970, y una etapa contemporánea de expansión (Sposito, Aparecido da Silva, Santanna&Santos, 2016). Esta misma secuencia de tres fases de institucionalización, cambios hacia la toma de conciencia social en los 1960-70, y época actual, se descubre en la interesante aportación reciente de P.S. Urquijo y G. Bocco (Urquijo & Bocco, 2016). Por lo tanto, cabría referirse a una sistematización coincidente con estos dos últimos textos, aunque subrayando las particularidades nacionales, como también enfatizan Liberali y Sánchez o Palacio.

Metodología

El estudio que abordaremos posee una fundamentación básicamente cualitativa, centrada en la consulta y análisis de numerosos textos, la mayoría de los cuales se consignarán en la bibliografía. Consideramos que esta opción es la más coherente para una aproximación encuadrada en la historia de la Geografía. El análisis de la obra de autores muy relevantes ha sido el camino seguido por la mayoría de los teóricos de la disciplina en español, como entre los más consultados y citados H. Capel, J. Ortega Valcárcel o J. Gómez Mendoza, para interpretar nuestro pasado científico. Esta vía mantiene su plena vigencia y, de este modo, hemos revisado decenas de artículos y trabajos diversos para sintetizar la mirada de geógrafos y geógrafas españolas sobre América Latina.

En esta aproximación hemos seguido dos caminos complementarios que exponemos a la crítica, ya que no hemos decidido imponer uno sobre el otro. Por una parte, se trata de establecer grandes períodos del pensamiento geográfico en España, desde la definitiva institucionalización de la disciplina hasta la actualidad de creciente despreocupación por el tema latinoamericano, pasando por las etapas de renovación y debate de los años 1960 a 1980, y la afirmación postcolonial del legado del Descubrimiento en torno a 1992. Por otra, nos ha interesado testimoniar la vida y el trabajo regular que muchos profesionales venidos de España, exiliados o invitados durante ciertos períodos desarrollaron en ultramar. Por último, se ha intentado aclarar quien ha protagonizado los vínculos académicos entre España y América Latina, ya que en buena medida las relaciones bilaterales son deudoras de agendas políticas y económicas más amplias, variables según la coyuntura.

La segunda vía para estudiar el mapa de relaciones entre las geografías española y las latinoamericanas parte de una cuantificación simple. Se ha decidido medir que temáticas han abordado los geógrafos latinoamericanos que han publicado en España simplemente como un complemento informativo, a partir de convocatorias o invitaciones realizadas por alguna instancia académica del viejo país colonial. Así, se analizan dos períodos. El primero los florecientes años 1990 cuando las celebraciones del V Centenario animaron los contactos científicos trasatlánticos. En esta década se publican dos homenajes a J. Vilà y J. Bosque, y se ha optado por analizar la presencia de autores de América Latina en los volúmenes editados para la ocasión.El segundo tiene unas características diferentes. Así, se estiman el total de contribuciones, temática y procedencia en el último Congreso del Grupo de trabajo de América Latina de la Asociación Española de Geografía ha realizado en Toledo en 2018. Si en el primer caso, se cuantifica la respuesta de las élites académicas a libros singulares, en un período de intensas relaciones; en el segundo se observa la movilización voluntaria de profesores latinoamericanos a un congreso abierto, en la etapa actual. En definitiva, se opta por dos tipos diferentes de contribución científica para analizar las características de las relaciones geográficas entre España y los países americanos.

El contexto histórico de la institucionalización de la Geografía en España: De la crisis de 1898 al franquismo

La Geografía española se institucionalizó de forma tardía respecto a la mayoría de los países europeos occidentales, durante un amplio período que va desde finales del siglo XIX hasta después del año 1960 (Capel, 1976; Bosque, 1992; Gómez Mendoza, 1997). De hecho, la primera creación de cátedras en Madrid y la fundación del Instituto Geográfico Nacional sólo se culminó con la aparición de un número significativo de plazas y núcleos de profesores en otras ciudades españolas hasta después de la Guerra Civil. En consecuencia, la disciplina en España apenas alcanzaba para estudiar y caracterizar las principales unidades regionales del propio país y era deudora de los trabajos que autores alemanes y franceses realizaron con continuidad sobre el territorio del país (Lautensach, Niemeier, Deffontaines, Birot, etc.).

Sin duda, los primeros pasos de nuestra disciplina institucionalizada en España la muestran como una Geografía periférica del sur de Europa, que seguía el paradigma de la escuela de Vidal de la Blache. De hecho, el enorme esfuerzo empleado en descubrir España consumía la mayoría de la dedicación investigadora acometida, dejando muy poco margen a las crónicas breves que sí daban cuenta de publicaciones en países que habían pertenecido al imperio español (Rodríguez Esteban, 1995). Buena parte de estos textos están bien escritos, aunque rezuman paternalismo y cierta actitud neocolonialista representativa de la época.

Todo este período de institucionalización de la Geografía española se desarrolló en una época muy convulsa de la historia. En 1898 España pierde sus últimas colonias ultramarinas (Filipinas, Puerto Rico y Cuba), lo que la sume a la nación en un estado de aguda crisis colectiva. Se ataca la ineficiencia de las instituciones y se comienza a revisar con espíritu abierto el legado español perdido en América, como las universidades fundadas, la regulación de la lengua desde la Real Academia Española de Madrid o la formación de las élites militares y civiles en Escuelas de Ejército y universidades (Bahamonde & Otero, 2009). Un sistema monárquico tambaleante aguanta, en medio del progreso de las ideas republicanas hasta 1931. Las instituciones universitarias se consolidan bajo modelos conservadores y los intelectuales agudizarán sus críticas al régimen político, al tiempo que se ensalzan las relaciones fraternales en marco de la hispanidad con los colegas americanos. En 1931 se proclama una IIª República Española progresista. Durante sus años de existencia, se impulsó la universidad, pero la crisis económica convirtió muchas decisiones públicas bienintencionadas en provisionales. La IIª. República termina con un intento fracasado de golpe militar, que deriva en una larga Guerra Civil (1936-1939). Esta concluye con el triunfo del bando sublevado, liderado por el General Franco. Se instala una dictadura unipersonal, que se prolongará hasta 1975. A lo largo de casi cuatro decenios, España se industrializó y modernizó bajo los parámetros del modelo de economía capitalista occidental. Las estructuras universitarias se asentaron y la Geografía se institucionalizó más allá de Madrid (Capel, 1976).

Como consecuencia del triunfo de Franco, tuvo lugar un acontecimiento que establecería un vínculo de colaboración horizontal entre los geógrafos españoles y la academia latinoamericana: el exilio de destacados representantes de la Geografía española (catalana en particular) en diversos países de ultramar. Entre los exiliados se encontraban figuras muy importantes de la Geografía del momento (Capel, 1976), y así se repiten los nombres de Leonardo Martín Echeverría, Pau Vila, Miquel Santalò y Gonçal de Reparaz. Todos estos profesores y divulgadores destacaron por sus contribuciones a la construcción de un análisis territorial de base científica en los países de acogida. Cabe subrayar su integración en las universidades e instituciones americanas donde trabajaron, su trato respetuoso con los colegas de ultramar y una serie de contribuciones concretas, que expresaban cómo las grandes figuras de la Geografía española y catalana del momento habían asimilado algunos elementos de lo mejor de la escuela francesa.

Un texto un tanto descriptivo de J. Castañeda Rincón en la revista Biblio 3W de Barcelona, relata la peripecia de los profesores de Geografía del exilio español en México (Castañeda, 2000). Se apunta el papel fundamental ejercido por L. Cárdenas para la incorporación de los intelectuales exiliados, así como la creación del Colegio de México hacia 1940 (Castañeda, 2000). Aunque no se relata la presencia de ningún geógrafo en esta influyente institución, se informa de la labor de Martín Echeverría y de M. Santalò en la publicación de libros de texto en un período que se extiende hasta los años 1960 (Castañeda, 2000; Hernando-Rica 2000).

En América del Sur tuvo lugar el exilio de dos emblemáticos geógrafos catalanes, Pau Vila (el padre de la comarcalización de Cataluña) y Gonçal de Reparaz. Los propios colegas catalanes han recuperado su memoria latinoamericana en una serie de trabajos (Nel.lo, 1994; Nogué & Garcia-Ramon, 1997; Vilà, 2009; Panareda, 2009). Con respecto a Pau Vila, se apunta que en sus años más jóvenes había protagonizado una experiencia educativa en Colombia, como Director del Gimnasio Moderno, que le servirá para elegir ese país como destino en su exilio hasta 1947 (Vilà, 2009). En este período explicará Geografía en la Escuela Normal Superior del Instituto Pedagógico Nacional (Vilà, 2009). Fruto de la estancia son varios libros de su autoría, donde contribuyó a desarrollar la disciplina en este país. Destacan el titulado Regiones Naturales de Colombia de 1944 y Nueva Geografía de Colombia (1945).

Desde 1947 Pau Vila decide mudarse a Venezuela donde había sido nombrado Jefe del Departamento de Geografía e Historia del también Instituto Pedagógico de Caracas. Al mismo tiempo, continúa su interés por la investigación. Mantuvo su interpretación marcadamente regional, de ascendencia francesa, y procuró integrar el conocimiento de los ambientes naturales y las transformaciones antrópicas (Vilà, 2009). Su labor le permitirá, según sus biógrafos, formar una auténtica escuela geográfica con discípulos. Con ellos publicará una Geografía de América Latina en 1975, patrocinada por la UNESCO (Vilà, 2009). Una experiencia anterior había consistido en la edición de una Geografía de Venezuela con varios volúmenes. De hecho, uno de sus discípulos expresaba a J. Vilà la siguiente opinión

“De todos los geógrafos que han visitado nuestra tierra o que han vivido en ella, ninguno logró formar escuela como este sabio catalán. Su labor de formación de cuadros, su continua difusión de estudios geográficos ante sus alumnos y en revistas culturales y científicas constituye el mérito principal de don Pablo Vila. Cuando la geografía era entre nosotros una mera descripción de accidentes naturales y humanos, el introdujo el conocimiento científico de esta disciplina, con basamentos de observación, interpretación y análisis que confirman su concepción moderna” (Vilà, 2009: 409).

Con 80 años, y aprovechando cierta apertura del franquismo, Pau Vila regresó a Cataluña en 1961. Desde esta fecha hasta 1980, cuando falleció, retornó anualmente al país sudamericano. Este hecho, que habiendo fijado su residencia definitiva en su tierra natal, continuase residiendo largas temporadas en Venezuela, da cuenta del nivel de integración que este geógrafo catalán emblemático alcanzó en América.

Finalmente, Gonçal de Reparaz y Ruiz desarrolló su labor profesional en la UNESCO y en 1951 partió hacia Perú como Jefe de una Misión Técnica, donde comenzó a trabajar sobre la hidrografía de los ríos costeros de este país con un grupo de la Escuela Normal de Lima (Nel.lo, 1994). De su trayectoria en Perú, da cuenta que en los años 1960 publicó unas notas de la economía peruana en Annales de Géographie; también se le atribuye el descubrimiento del Cañón del Colca-Majes y la autoría de varias guías del país (Nel.lo, 1994). Aunque las referencias son breves, de Reparaz constituye otro ejemplo de profesional exiliado que acabó haciendo suya la sociedad de acogida. En concreto, el biogeógrafo catalán J.Mª. Panareda nos recuerda que Gonçal de Reparaz afirmó lo siguiente: “Desde mi llegada a Perú me he dedicado al estudio de la hidrografía fluvial de los ríos de la costa peruana, aplicando los mismos métodos utilizados en el estudio de la hidrografía fluvial de los ríos catalanes” (Panareda, 2009).

Los testimonios vitales de los cuatro geógrafos exiliados en América demuestran que existió una relación respetuosa, fraternal, entre profesionales de nuestra disciplina de las dos orillas el Atlántico. En todo caso, estos colegas se habían exiliado por sus convicciones republicanas y progresistas en España, y siempre mantuvieron una trayectoria original en la academia de su país de origen.

Por su parte, en el franquismo, mientras se perseguía a Ciencias Sociales sospechosas (la sociología, la ciencia política, etc.), se optó por apoyar a la Geografía que, junto a la Historia, se pretendía ensalzasen el pasado y el presente glorioso de los atributos nacionales (Capel, 1976). Aunque buena parte de los geógrafos adoptó el esquema vidaliano de síntesis regional aséptica, algunos elementos de la ideología franquista subyacen en la reflexión académica, como la consideración de América central y del sur, denominada Hispanoamérica. Los trabajos geográficos españoles sobre el tema fueron escasos. Únicamente uno de los padres de la Geografía universitaria española, el liberal Manuel de Terán, se atrevió con la edición de un manual de Geografía descriptiva, el Imago Mundi que abordaba la cuestión americana (Terán, 1964). La misma es tratada en un repaso en principio neutro por los continentes y sus países, si bien en América el paternalismo y la justificación plena y equivocada del proceso colonizador son evidentes. Así, afirma

“Cualquiera que fuera el grado alcanzado en su evolución cultural por los amerindios antes del descubrimiento […], hombre y medio parecían haber encontrado en América una fórmula de equilibrio destinada a una perduración secular. El amerindio parecía haber llegado al límite de su capacidad de inventiva y de reacción frente al medio natural. La evolución podía continuar a base de nuevas combinaciones, pero sin añadir nada fundamentalmente nuevo […]. Una situación auténticamente nueva sólo podía ser obra de un agente exterior” (Terán, 1964, 195).

Y continúa,

“Este hizo su aparición con los españoles. Su introducción en el escenario americano representa, una irrupción vigorosa de nueva vida, moral y pensamiento, de capacidad de reacción de técnicas y dispositivos de trabajo y combate. La vitalidad del español en una hora de plenitud histórica desbordó generosamente sobre América […] América desplegó ante los españoles dilatados horizontes para cabalgar y cristianizar […] [España] fue el pueblo a quien correspondió la tarea de acometer la transformación de continente americano con arreglo al caudal de ideas y técnicas acumuladas en siglos de historia […], pues la conquista y colonización de América son, a la vez, un proceso de hispanismo y europeización, en el que actúan el legado greco-romano, enriquecido con la aportación medieval y revitalizados ambos por el Renacimiento” (Terán, 1964: 195-196).

Sin duda, estas afirmaciones muestran claramente la ambivalencia en la que se movía la Geografía académica española. Una ambivalencia que deriva del hecho de que el profesor más reputado científicamente del momento, Manuel de Terán, de tradición liberal y republicana, con numerosos aportes metodológicos e importantes contribuciones a las geografías urbana y regional (Capel, 1976), se aliase con el colonialismo más rancio. Curiosamente, la otra gran figura geográfica del momento, J.M. Casas Torres, miembro del Opus Deiy próximo al régimen franquista, nunca se preocupó en excesivo por el tema americano, ni expresó por escrito ninguna posición sobre el pasado de la colonización española. Se debe tener en cuenta el enorme poder de estos dos profesores que durante muchos años repartieron entre sus discípulos las cátedras de Geografía que se iban creando en la universidad española (Capel, 1976).

Con respecto a la posición de M. de Terán tampoco se debe interpretar una posición única.o exclusivamente española. El padre de la Geografía portuguesa O. ribeiro también colaboró activamente con las posiciones coloniales del Estado Novo salazarista en África y muchos representantes de la escuela vidaliana en Francia fueron abiertos defensores del imperialismo de su país, por o menos hasta la afirmación de una serie de obras de pensadores marxistas y comunistas en los 1950 y 1960, que tendrán su correlato en la obra de autores como J. Dresch, J. Tricart o Y. Lacoste, entre otros,

Entre la influencia de las lecturas teóricas sobre la dependencia, y las prácticas convencionales de los grandes geógrafos españoles

Las protestas y revoluciones de finales de los 1960 tuvieron un enorme eco en el mundo académico. El pensamiento occidental recuperó su dimensión crítica. Junto con la emergencia de una filosofía que cuestionaba las bases clásicas del conocimiento, el rechazo al imperialismo será una de las aportaciones de esta etapa. De hecho, los 1960 y 1970 son la época en las que se elaboran las teorías del subdesarrollo y de la dependencia (Lacoste, 1971; Amin, 1973), por las cuales se denunciaba la explotación de numerosas sociedades del Sur a manos de los colonizadores europeos. Los países colonizados no eran pobres per se, sino empobrecidos y conducidos a la dependencia por fuerzas externas. Una dependencia que se resumía en el expolio de sus riquezas naturales, la sobreexplotación de su fuerza de trabajo y el control de sus sistemas políticos. En resumen, la riqueza de las naciones del Norte se había construido sobre el empobrecimiento inducido del Sur, gobernado por unas élites serviciales y corruptas.

En España la asunción de estas ideas se produce en la década de los 1970, cuando las luchas por la libertad del final del franquismo y la transición democrática tendrán un enorme impacto en la universidad. Por lo tanto, las jóvenes generaciones de geógrafos y científicos sociales de toda España harán suyos los postulados de las teorías de la dependencia y del subdesarrollo, que serán el eje central del discurso seguido en geografías regionales del mundo, bien escritas y documentadas, y que se hicieron muy populares en el mercado español. Dentro de estas obras destacan el monumental trabajo dirigido por E. Lluch con el título de Geografía de la Sociedad Humana, y entre cuyos autores figuraban numerosos de los geógrafos catalanes del momento (Lluch, 1981). En esta Geografía, salvo las experiencias de países socialistas como Cuba que se incluían con sus homólogos del mundo soviético, Latinoamérica dispone de un volumen donde se la caracteriza en profundidad, encuadrada en el Tercer Mundo, aunque con matices a esta clasificación en el caso de las naciones del Cono Sur (Lluch, 1981). Por su parte, en el vasto trabajo concebido como manual universitario por R. Méndez y F. Molinero (Méndez & Molinero, 1984), titulado Espacios y Sociedades, la teoría que diferenciaba mundo desarrollado y subdesarrollado se aplicaba de modo firme, incluyendo a América Latina en el segundo conjunto de territorios.

Todas estas influyentes síntesis de Geografía regional del mundo, optaban por utilizar la tercera persona para el análisis de los problemas que la colonización histórica y el imperialismo habían generado en América. Muy diferente era la perspectiva del gran geógrafo crítico español H. Capel, de manera particular en sus textos escritos debido a su participación en las celebraciones oficiales del “V Centenario del Descubrimiento”. Así, un rápido repaso a dos números de la revista Anthropos, nos aclaran lo fundamental de sus ideas en ese momento (Anthropos, 1993; 1994). En el primero de ellos el trabajo laudatorio firmado por C. Lértola explica cómo H. Capel consideraba unitaria la historia del siglo XVI al XIX de la ciencia española y latinoamericana (Lértola, 1993). No habría existido tanto una colonización ni la imposición agresiva de una cultura cuanto la formación de un corpus académico único articulado por universidades y pensadores. Los viajes y expediciones científicas serían un resultado de esta labor común, aún cuando Capel defendía también la especificidad de la ciencia criolla (Lértola, 1993). Hacia el final del número publicado, un texto del propio Capel insiste en la idea de unidad científica histórica entre España e Hispanoamérica, dos denominaciones que a su juicio están amenazadas, en tanto mantiene su posición progresista frente a las dictaduras que han sufrido España, Chile o Argentina, resultado del militarismo (Capel, 1993).

En el numero de 1994, “La Geografía Hoy. Textos, historia y documentación” (Anthropos, 1994), H. Capel reflexiona sobre el ambientalismo a partir del carácter del Padre Las Casas como geógrafo situado plenamente en la visión unitaria del conocimiento entre España y América (Capel, 1994a). Muy clarificador de su posición es el texto “El desafío de América al pensamiento científico”, donde afirma que “el impulso y los hábitos que se habían adquirido durante el largo periodo de La Reconquista se prolongó luego en América” (Capel, 1994b: 148), frase que nos recuerda al argumento de Terán en el Imago Mundi. Y continúa “Lo que se creó aquí fue una Nueva España […] de la misma forma que antes se había creado una Nueva Castilla frente a la Vieja en la alta Edad Media” (Capel, 1994b: pagina). Esta particular interpretación, muy relacionada con un momento en que el autor se benefició de un importante reconocimiento institucional, se completa con una sorprendente argumentación:

“La circulación de ideas fue muy rápida desde el mismo comienzo del siglo XVI. América se convirtió en una lejana provincia europea, pero provincia. A ella llegó la imprenta, se fundaron colegios y universidades -escolásticas y religiosas, como muchas españolas, como tantas europeas- […], se crearon bibliotecas en conventos y en casas particulares.América aparece interpretada desde el comienzo por los españoles desde perspectivas humanísticas típicamente renacentistas. Fue su formación humanista lo que permitió a los conquistadores echar una mirada comprensiva sobre los pueblos americanos y lo que hizo posible establecer comparaciones entre las culturas azteca o inca, y la de griegos, romanos o bárbaros. Fue también la formación humanista la que, a partir de postulados aristotélicos sobre el orden social, permitía aceptar los valores propios de las culturas indígenas o de las entidades políticas que se encontraron en el mundo americano. Armados con la teoría de los elementos, los colonizadores pudieron establecer comparaciones positivas ente el viejo y el nuevo mundo […]” (Capel, 1994b: 149).

De nuevo, se obvian todos aquellos trazos desagradables y sangrientos de la colonización de América, en una interpretación que privilegia la construcción ideológica de instituciones buenas, como la comunidad iberoamericana de naciones.

Junto a Horacio Capel, y con una repercusión más limitada, otros geógrafos de su generación, o maestros suyos como J. Vilà i Valentì y J. Bosque Maurel, testimoniaron el interés de la academia española por el tema americano. Estos autores, a diferencia de H. Capel, no abordan nunca la cuestión de la historia común entre España y América Latina. Como los geógrafos exiliados de la postguerra procuran difundir novedades geográficas, a partir de la constatación de que se comparte una cultura, una lengua y muchas similitudes. Además, fueron frecuentes los viajes de jóvenes profesionales latinoamericanos a Madrid y Barcelona.

Si comenzamos refiriéndonos a uno de los autores más influyentes en su época, el catalán Joan Vilà i Valentí, director de la tesis de H. Capel, se destaca su continua preocupación por América Latina, desde la perspectiva de la elaboración de textos compilatorios de la misma. El más completo, parte de un encargo para referirse a la Geografía académica española y portuguesa, que termina incorporando la de Latinoamérica en el último tercio de la contribución (Vilà, 1994). Para comprender este interés de J. Vilá, se debe tener en cuenta su posición en la Unión Geográfica Internacional (UGI), donde ejercería como Vicepresidente entre 1980 y 1988. También su preocupación por recuperar el legado de geógrafos catalanes que le sirvieron de referente, como P. Vila o M. Santalò (Rodríguez Esteban, 1995). Por último, J. Vilà i Valentì inicia una tradición que será muy importante para el Departamento de Geografía de la Universitat de Barcelona de acoger jóvenes doctorandos de diversos países americanos que realizarán allí su Tesis.

En J. Vilà la curiosidad por Latinoamérica arranca a finales de los 1960, cuando su participación en la UGI le anima a levantar acta de reuniones internacionales de geógrafos y novedades académicas registradas en diversos países de esta región. El interés se traduce incluso en su autoría en estudios concretos sobre esto territorios de los que dan cuenta sus biógrafos (Rodríguez Esteban, 1995; Martínez Rigol, 1999). Se trataría de imitar algunas prácticas de los maestros franceses que también realizaron estudios geográficos de América, aunque fuese sólo a partir de estancias breves. En los años 1980, coincidiendo con su participación en la UGI, el interés de J. Vilà se sistematiza y, de hecho, ejercerá como auténtico representante de los intereses geográficos iberoamericanos en la Unión. Por lo que se refiere a su interés por los maestros exiliados y su trayectoria americana, cabe destacar la profunda impronta catalanista de Vilà y su interés por mantener una conexión viva entre los impulsores de la Geografía catalana y su generación. Con respecto a la formación de doctores procedentes de ultramar, es muy clarificador el texto de H. Santis en su libro de homenaje. En el mismo da cuenta de la influencia de Vilà en la Geografía académica chilena (Martínez Rigol, 1999; Santis, 1999). Esta tradición se transmitirá a sus discípulos directos H, Capel, R. Majoral y Mª.D. García Ramón, que mantendrán vivo y ampliado ese legado en las universidades barcelonesas.

En lo que concierne a J. Bosque Maurel, su vocación latinoamericana fue más limitada al no escribir ni participar directamente en grandes eventos de la Geografía en esta región del mundo, si bien su permanente interés por la historia y la reflexión teórica de la disciplina, y su posición en la Universidad Complutense ampliaron su influencia en numerosos centros académicos de ultramar (VV.AA., 1995; Rodríguez Esteban, 1995). Fue profesor invitado de 5 universidades americanas, y en el número especial que la revista Anales de Geografía de la Universidad Complutense le dedicó por su jubilación, con el tema “Ciudad y Medio Ambiente”, se contabilizan hasta nueve artículos de temática latinoamericana (VV.AA., 1995).

El legado de J. Bosque Maurel es importante, puesto que inaugura un período de intensos contactos entre la Universidad Complutense de Madrid y una serie de países latinoamericanos, en especial México, pero también Brasil, a través de la figura de Milton Santos que sería nombrado Doctor Honoris Causa por esta institución, en 1996. Junto a Bosque, otros catedráticos madrileños como A. García Ballesteros o J. Estébanez, mantendrán las inquietudes latinoamericanas. En concreto J. Estébanez, introductor en España de nuevos enfoques de la disciplina geográfica, popularizará algunas de sus obras en la región y por esto sería distinguido por la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (Martín Lou, 2000; Panadero, 2004). Junto a Bosque y Estébanez, numerosos profesores de la Complutense acumulan alguna experiencia americana en su currículum. Para este objetivo han contado siempre con una posición muy favorable a estos intercambios por parte de su universidad, la más antigua de Madrid. Algo similar ocurre en Cataluña y en especial con la Universitat de Barcelona, donde geógrafos como C. Carreras, R. Majoral, J.E. Sánchez, J. Martín Vide y J. L. Luzón han mantenido contactos continuos con diversas universidades de Brasil, Colombia y la región del Caribe.

Al margen de los grandes centros urbanos españoles, la Geografía académica de otros lugares también ha manifestado interés por Latinoamérica desde los 1970. Además del salmantino V. Cabero (1993) y del manchego J. Carpio (2013), cabe destacar aquí el trabajo protagonizado por el catedrático de Castilla-La Mancha, M. Panadero. Este profesor dese los 1980 trató de consolidar una red estable de geógrafos españoles centrada en la temática latinoamericana, la AGEAL integrada en la Asociación Española de Geografía y que se mantiene muy activa en la actualidad. Además, animó homenajes a profesionales de la región en toda España, en especial a M. Santos y P. Cunill. En tercer lugar, ha escrito varias contribuciones ilustrativas de cómo han sido las relaciones España-Latinoamérica en la disciplina (Panadero, 2001; 2004). Por último, este profesor dirigió varios proyectos de investigación centrados en el sistema urbano latinoamericano y las experiencias de regionalización. A partir de los mismos, ha publicado diversos trabajos (Cebrián, Pillet & Carpio, 2010). Cabe además reseñar, que su legado ha sido recogido recientemente por su discípulo y compañero de la Universidad de Castilla-La Mancha, F Cebrián Abellán, que en los 1990 se doctoró con una investigación sobre Ecuador.

En definitiva, profesores muy prestigiosos de la Geografía española ejercieron como divulgadores e investigadores interesados por América Latina. Las posiciones mayoritarias carecieron de los acentos (post)coloniales de los grandes referentes como M. de Terán y H, Capel. De hecho, buena parte de estos cumplieron un positivo papel de introductores de debates e innovaciones epistemológicas o de auténticos enlaces entre el quehacer universitario latinoamericano e instituciones como la UGI. En definitiva, el interés geográfico de la academia española por América central y del Sur ayuda a comprender las posiciones, que las élites intelectuales españolas han mantenido respecto al tema americano, presente a lo largo de los años en el imaginario colectivo.

España en la “construcción europea”: La nueva conquista (capitalista y multinacional) de América

De forma paralela a la renovación científica en España y a la asunción de la teoría social crítica en la academia, el país registró un modélico proceso de transición entre una dictadura muy represiva y un sistema democrático. El corazón de este tránsito se sitúa entre los años 1975 y 1978, cuando se aprueba una Constitución. La misma reconocía las libertades, al tiempo que favorecía el paso de una administración muy centralizada a otra descentralizada, con la creación de Comunidades Autónomas. Su aparición permitirá una práctica más plural de las relaciones España-América Latina, por cuanto algunas autonomías con numerosos emigrantes situarán el reforzamiento de las relaciones trasatlánticas en su centro de interés (como Galicia, Canarias, etc.) y otras financiarán centros culturales y universitarios comunes (como Andalucía, etc.) (Freres& Sanz, 2002). La democratización también facilitó a España su rápida incorporación a las instituciones supranacionales europeas (como la Comunidad Económica Europea -CEE-, luego Comunidad Europea -CE-yUniónEuropea -UE). El país pasó a ser un miembro pleno de un club selecto de naciones desarrolladas, interesadas en los procesos de globalización económica que les resultasen favorables. En este contexto, la afinidad idiomática española (y portuguesa) con América Latina y siglos de intensa relación permitió definir desde muy pronto un nuevo papel de los países ibéricos como puente natural entre Europa y las naciones americanas, en particular en el ámbito empresarial y de negocios.

Los primeros años de integración española en las instituciones europeas, coincidieron en el tiempo con el auge de políticas neoliberales. En España las mismas animaron tanto la privatización de importantes empresas públicas como la constitución de grandes conglomerados empresariales en el sector de la energía (Repsol, Iberdrola, Endesa, etc.), las telecomunicaciones (Telefónica), las obras públicas (Acciona, Sacyr, etc.) y financiero (Banco de Santander, BBVA, etc.). Estos grupos multinacionales comenzaron una expansión sistemática por toda América, proceso que fue respaldado por los gobiernos socialistas y conservadores que se sucedieron en Madrid (Chislett, 2003). Esta nueva conquista de América se apoyó en un entramado institucional creado al efecto, donde la decidida apuesta del Gobierno español por la Comunidad Iberoamericana de Naciones se completó con la creación en 1991 del Instituto Cervantes para la enseñanza del español en todo el mundo, la generosa financiación que desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se reservó a los acuerdos interuniversitarios y de cooperación al desarrollo (Fundación Carolina, 2011). Sin duda, se construyó una potente estructura pública que facilitaba el reencuentro entre España y Latinoamérica, creando un contexto muy favorable al gran negocio privado protagonizado por importantes corporaciones transnacionales con sede en Madrid o Barcelona (y Lisboa) (Bel &Fageda, 2008). Toda esta acción se definió a la perfección desde 1992, aprovechando los eventos del V Centenario, donde se formalizó una nueva narrativa, una ideología del hermanamiento, el reconocimiento activo a las culturas indígenas y el rechazo explícito a la construcción de unas relaciones internacionales jerárquicas.

Las celebraciones del V Centenario del Descubrimiento fueron el momento elegido por España para definir esta nueva fase. Se hicieron coincidir con la Exposición Universal de Sevilla. El antiguo país colonial podía mostrar su imagen moderna, y reivindicar el “encuentro entre dos culturas”, la americana y la hispana, que en realidad había sido un proceso de conquista y explotación de un nuevo continente. Se insistió en otorgar una dimensión muy plural a este reencuentro, reconociéndose los excesos de la colonización. Este evento (que ha contribuido a la nueva conquista capitalista y multinacional de América), permitió a la sociedad española fijarse en la América contemporánea, implicarse en sus problemas, descubrir su diversidad étnica e impulsar una nueva etapa de intensa relación cultural y académica que se extendería hasta la crisis económica de 2008.

En paralelo a estos grandes eventos, y aprovechando la celebración del V Centenario, algunas importantes editoras en español lanzaron series de libros divulgativos, donde América Central y del Sur se convirtieron en los temas principales a tratar. Este fue el caso de la colección Biblioteca Iberoamericana de la Editorial Anaya, que en esos años llegó a publicitarse incluso como “500 Anaya”, con una mayoría de libros correspondientes a 1988. A través de cien títulos se presentaba el pasado y el presente de la América colonizada por castellanos y portugueses, en un conjunto de obras donde no faltó la colaboración de geógrafos interesados en el tema. De hecho, el volumen de Chile es autoría de la sevillana J. Cruz Villalón, el de Paraguay de los madrileños J. Gutiérrez Puebla y J.Mª. García Alvarado, el de Perú del barcelonés Patricio Rubio y el de Cuba del también profesor de la Universitat de Barcelona J.L. Luzón (Biblioteca Iberoamericana Anaya, 1988). Junto a estos profesores, algunos geógrafos de ultramar como P. Cunill con el volumen sobre Venezuela o L. Machado sobre Brasil también colaboraron en la propuesta editorial. Esta iniciativa era continuadora de otras donde la Geografía regional del mundo constituía el objeto de amplias obras enciclopédicas organizadas por tomos; un tipo de publicación que tuvo su culminación en los años anteriores a la generalización de internet.

Con respecto a las contribuciones estrictamente académicas que expresan el puente que se estableció esos años entre la Geografía de España y América Latina, vamos a referirnos a tres. La razón es simple: fueron las tres de carácter colectivo que han sido más leídas y citadas, y que cumplen con una condición básica, tratan de establecer un puenta entre la Geografía académica de España y la elaborada en América Latina. Existen numerosos artículos de latinoamericanos en España y de españoles en América Latina, pero no forman parte ni de grandes contribuciones u homenajes, ni en ningún caso han tenido tanta difusión.La primera tuvo su importancia simbólica al tratarse de un monográfico del Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, coordinado por el catedrático salmantino V. Cabero (Boletín de la AGE, 1992-1993). Este profesor inicia la contribución con un texto titulado “Iberoamérica, en el horizonte investigador y el quehacer geográfico español”. De hecho, se trataba de levantar acta del interés científico de la Geografía española por Latinoamérica en una fecha señalada desde su asociación más representativa, la encuadrada en la AGE. Un dato importante se refiere a que una mayoría de los autores de los textos proceden de universidades históricas o directamente relacionadas con América, como la de Salamanca, la de Sevilla, la Complutense y la Autónoma de Madrid. Los temas abordados expresaban preocupaciones temáticas de la Geografía española, resultando llamativo que la totalidad de las contribuciones se inserten en Geografía humana no incluyéndose ninguna de física, donde sin embargo son conocidas colaboraciones directas España-América Latina desde hace decenios.

Sólo dos años más tarde de esta primera demostración de los vínculos con América central y del Sur, el volumen de la revista Anales de Geografía de la Complutense publicado bajo el título “Ciudad y Medio Ambiente” y concebido como homenaje a J. Bosque Maurel incluyó once artículos de temática latinoamericana, en su mayoría escritos por geógrafos de la otra orilla del Atlántico (9 de ellos), que de esta forma contribuyeron al reconocimiento de este catedrático emérito (VV.AA., 1995). De nuevo, los trabajos se encuadran en la Geografía humana y como era preceptivo en este volumen algunos tratan de referirse también a una perspectiva ambiental. Entre sus autores se encuentran destacados maestros de la disciplina en América, que afirman su relación con España. Destacan las firmas de M. Santos, P. Cunill, Mª.T. Gutiérrez de MacGregor, C. Hass, J. Roccatagliatta y J. Seguinot, entre otros, que en sus textos expresan el progreso del análisis territorial académico en un conjunto de países latinoamericanos directamente vinculados con España en ese período. De hecho, se constata que el enorme esfuerzo realizado para celebrar el V Centenario del descubrimiento había creado una comunidad científica iberoamericana bien conectada en los 1990 (Figura 1).

Figura N°1 La presencia de trabajos latinoamericanos en dos libros-homenaje a geógrafos españoles en la década de los 1990. Figura N°1ª. Las aportaciones de la Geografía latinoamericana en dos libros-homenaje emblemáticos de la Geografía española en los años 1990. Ciudad y Medio Ambiente. Homenaje a Joaquín Bosque. Anales de Geografía de la Universidad Complutense, 1995. 

Fuente: Elaboración Propia a partir de la obra“Ciudad y Medio Ambiente. Homenaje a Joaquín Bosque”.Anales de Geografía de la Universidad Complutense, 1995, y “Homenatge a Joan Vilà Valentí. El Seu Mestratge en la Geografia Universitaria”, Universitat de Barcelona, 1999.

Figura N°1b Las aportaciones de la Geografía latinoamericana en dos libros-homenaje emblemáticos de la Geografía española en los años 1990. Ciudad y Medio Ambiente. Homenatge a Joan Vilà Valentí. El Seu Mestratge en la Geografia Universitaria. 1999 

Un tercer gran ejemplo de este ciclo de intercambios lo constituye el extenso volumen que la Universitat de Barcelona editó en 1999 en homenaje al Profesor Vilá Valentí (VV.AA., 1999). El libro cuenta con decenas de aportaciones que testimonian la popularidad del catedrático catalán y se organiza en diversos epígrafes. Uno de los mismos dedicado a la obra del profesor homenajeado, otro al pensamiento geográfico y un tercero consagrado a los estudios regionales. Si en el primer apartado de esta obra nos encontramos con el trabajo de H. Santis sobre su influencia en la Geografía académica chilena y en el segundo un artículo del brasileño A. Christofoletti, en los estudios regionales se contabilizan en torno a una quincena de contribuciones de tema latinoamericano. Las mismas son tanto autoría de colegas españoles (F. Calvo, J. Córdoba, M. Marchena, etc.) como de significativos exponentes de la academia de América Latina (J. Roccatagliatta, Mª. T. Gutiérrez de MacGregor, O. Moncada, etc.). Con su lectura se comprueba el magisterio e influencia en la región de este catedrático catalán vinculado a la UGI. No obstante, este importante testimonio de la comunidad geográfica latinoamericana será en cierto modo el epílogo de este periodo muy favorable a los contactos bilaterales que, como se apuntó, combinó la acción voluntarista con el entorno financiero e ideológico favorable a la cooperación derivado de las celebraciones del V Centenario del Descubrimiento en 1992.

Para la Geografía universitaria, las décadas de los años 1990 y 2000 han sido de intensas relaciones entre profesores, estudiantes y doctorandos de ambas orillas del Atlántico. La academia española ha conocido mucho mejor la realidad latinoamericana, mediante la dirección y presentación de tesis, la firma de artículos conjuntos y la participación en eventos universitarios. Para muchos estudiantes o egresados de América Latina han existido numerosas posibilidades de desplazarse a España y conocer el funcionamiento de su sistema de educación superior, gracias a la generalización de ayudas públicas, junto a las convocatorias de algunas entidades privadas. La mayoría de los contactos se han establecido con las universidades de Madrid y sobre todo Barcelona. Pero en departamentos de centros educativos superiores tan clásicos como Sevilla, Salamanca, Santiago de Compostela, Valladolid o Granada, entre otros, las relaciones han sido permanentes.

De modo general, Barcelona y en especial la Universitat de Barcelona, ha recibido a cientos de latinoamericanos de muy diversos países para realizar una maestría o un doctorado, ha impulsado cursos en Latinoamérica y ha conseguido mantener estos contactos hasta el presente. En Madrid, investigadores de las universidades Autónoma y Complutense han establecido relaciones con países de la región con el respaldo de sus rectorados. La afinidad idiomática orienta los vínculos de Santiago de Compostela hacia Brasil y en Andalucía, un importante apoyo financiero y organizativo de la autonomía hacia la América hispana ha facilitado intensos contactos, muchos de ellos articulados por la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) creada para ese fin. Por último, en el plano de la difusión de las ideas, la consolidación del portal Geocrítica impulsado por H. Capel, con varias revistas (Scripta Nova, Biblio3w, etc.) que emplean muy mayoritariamente el español y el portugués como lenguas de difusión, ha contribuido a mantener viva una comunidad activa de pensamiento geográficos común (Geocrítica, 1999-2019; Lois, 2013). Junto al papel capital de Geocrítica, en todo el periodo y en especial en los últimos años, el Grupo de Trabajo de América Latina de la Asociación de Geógrafos Españoles (AGE-AGEAL), ha organizado congresos, a la que ha asistido un elenco amplio de geógrafos del ámbito iberoamericano (AGEAL, 2018).

Los últimos años: Un mapa desigual de relaciones y contactos

El estallido de la crisis económica en 2008 tuvo efectos notables sobre las relaciones universitarias entre España y América Latina. Se recortaron los fondos destinados tanto a la cooperación y las becas de estancia en centros de investigación, al tiempo que disminuía la producción geográfica sobre el continente americano. Únicamente se ha mantenido el flujo de doctorandos latinoamericanos en España, debido a la permanencia de ayudas de sus respectivos gobiernos. Esto posee gran importancia para la universidad española, ya que muchos de nuestros colegas han contribuido a doctorarse a geógrafos/as americanos/as. De hecho, la geografía practicada en las universidades de Barcelona mantiene un enorme prestigio en toda América del sur, como las de Madrid, las andaluzas o la de Santiago de Compostela, entre muchas otras. Algunos nombres de la Geografía española empezando por H. Capel, R. Méndez o M. A. Troitiño son muy leídos en América Latina, si bien se trata ya de profesores jubilados y no está claro que se produzca una renovación generacional de los mismos.

Asimismo, la posición de la sociedad y la academia españolas ha cambiado conforme se consumaba la plena integración en Europa. Desde los años 1990, la ciencia del país (y la Geografía no ha sido una excepción) ha multiplicado sus publicaciones de impacto en inglés y, lo que es muy importante en el plano ideológico, ha comenzado a referenciar sus logros en el campo del pensamiento en función de los países del Norte global. Interesa producir cada vez más como los anglosajones, investigar como ellos y penetrar en sus revistas. Esta dinámica ha implicado un progresivo alejamiento de la materia latinoamericana. Se pretende estar en los grandes foros de decisión, participar junto a los colegas de los centros científicos y tecnológicos de un selecto grupo de países occidentales. En definitiva, se adopta una perspectiva postcolonial para el análisis de los grandes temas mundiales del presente (Spivak, 1990) y se discriminan los procesos de internacionalización en la trayectoria curricular de los investigadores. Así, a una internacionalización de prestigio se le contrapone una complementaria, cómoda por las afinidades lingüísticas y que aporta menos al progreso científico, con toda Latinoamérica. De hecho, en este último período la posición de la academia española frente a la realidad latinoamericana se ha tornado muy injusta, con evidentes tics postcoloniales. En los concursos públicos de solicitud de ayudas públicas para estadías en centros universitarios del exterior (las convocatorias conocidas como Salvador de Madariaga y José de Castillejo para profesores estables, y las destinadas a desarrollar contratos postdictorales), menos de un 5% en Geografía y Ciencias Sociales se orientan a América Latina, con una tasa de éxito todavía menor (ver datos de concesión del Boletín Oficial del Estado).

Según las investigaciones realizadas (Olcina & Lois, 2013; Cebrián & Delgado, 2019), los contactos de Geógrafos españoles con centros universitarios de América Latina, no siguen un único patrón, aunque algunas universidades como las chilenas, la UNAM de México, la USP y las de Río de Janeiro en Brasil, y la UBA en Argentina sean más valoradas desde la comunidad académica. En las estancias y colaboraciones influyen:1) la tradición, si había contactos previos; b) los estímulos públicos impulsados por el gobierno español para la cooperación (en torno al 1992 se animaron tesis en Argentina o Ecuador, desde finales de los 1990 hubo un programa de inserción de doctores españoles en la universidad mexicana, en los últimos años se han priorizado los contactos con los países más pobres y así aparecen Bolivia, Guatemala, Nicaragua, etc); c) en relación con los doctorandos recibidos en España, los brasileños en Barcelona o Santiago de Compostela, la diversidad animada por el gobierno andaluz para Sevilla o Huelva., etc.); d) la existencia de proyectos docentes o de investigación conjuntos financiados por la AECI española o por la UE.

La pérdida de fondos para la cooperación bilateral y el deseo de la mayoría de los investigadores de publicar en medios que contribuyan directamente a su progreso académico, han creado un nuevo escenario de creciente desinterés de la Geografía española por América Latina. Esto se comprueba en el congreso organizado por AGEAL en Toledo, donde una amplia mayoría de las comunicaciones presentadas correspondían a colegas de casi toda Latinoamérica, mientras que los escritos de españoles eran escasos, si se deja al margen aquellos firmados en coautoría (AGEAL 2018) (Figura N°2). El elemento fundamental de contacto con América son los/as doctorandos/as y alumnos/as de másters que siguen llegando en buen número a las universidades españolas. Los profesores españoles han asumido de forma normal la memoria dolorosa de la colonización, siempre mediada por el mantenimiento de la teoría de la dependencia y el enfoque crítico de las Ciencias Sociales, aunque sólo sea en el plano teórico. También se solidarizan por principio con los problemas de desigualdad, son conscientes de la gran ventaja que aporta una lengua común, pero todo esto no contrarresta la escasa motivación existente por el tema latinoamericano, que ha decaído. Sin duda, impulsar los argumentos que insisten en que la fuerza de la Península Ibérica, también en el conocimiento científico, es mayor si se ejerce como puente solidario y activo ente Europa y Latinoamérica, debe ser un elemento que ayude a revertir una situación que a los geógrafos/as españoles/as nos resta potencialidades internacionales.

Fuente: Cebrian, F. et alt.Elaboración propia a partir de la obra:“América Latina en las últimas décadas: Procesos y retos”. Actas del Congreso de AGEAL de 2018. Universidad de Castilla-La Mancha. Albacete.

Figura N°2 Las aportaciones de la Geografía latinoamericana, española y europea en el libro de actas del congreso de AGEAL de 2018 (Asociación de Geógrafos Españoles para los estudios Latinoamericanos) Titulado “América Latina en las últimas décadas: Procesos y retos” 

Entre los retos que se deben proponer para la recuperación de una comunidad iberoamericana de Geografía, en primer lugar está la puesta en valor de las publicaciones editadas a ambos lados del Atlántico frente a la abusiva hegemonía de los medios de expresión anglófonos. Sin duda, la consolidación de una nueva fase del capitalismo, neoliberal y financiarizado, se traslada a los sistemas de producción del conocimiento científico (Latour, 1993). De esta forma, el trabajo del investigador, de las instituciones académicas y su evaluación se somete a rankings. A través de indicadores se establece un cálculo aproximativo del impacto que ciertos artículos, revistas o libros obtienen en periodos de tiempo cortos, algo en principio interesante. Sin embargo, el hecho de que sean las propias empresas multinacionales, que cotizan en bolsa, las que se autoevalúan para calcular mejor su volumen de negocio es ciertamente peligroso. Además, nos encontramos ante una abrumadora mayoría de compañías de Estados Unidos, Reino Unido o naciones centrales de la Unión Europea, lo que significa una visión espacial y geopolítica de dónde se produce conocimiento y avance en las ideas. En la ciencia, y la Geografía se ha adaptado, la posición dominante del inglés se acaba imponiendo siempre que se desee triunfar.

A nuestro juicio, esta situación debe superarse para crear un conocimiento geográfico más justo, y hacia esta dirección debe dirigirse la reconstrucción de una comunidad académica Ibérica y Latinoamericana integradas. Esta propuesta nunca negará que los avances en la difusión global de las propuestas científicas y el uso del inglés como lingua franca de expresión son conquistas irrenunciables. Se trata de corregir los abusos del proceso. Así, resulta imprescindible la creación de repositorios comunes de revistas editadas en español y en portugués a ambos lados del Atlántico, con una calificación consensuada desde la propia comunidad científica sobre su importancia. En este camino, siempre se reivindicará el valor del español y del portugués como lenguas de expresión global. Unos idiomas donde todavía se genera mucho conocimiento geográfico. Para que estos objetivos se cumplan, es necesario iniciar una etapa de activación de aquellos cauces conjuntos de expresión científica que se consolidaron en los últimos decenios, como el EGAL, la AGEAL en España o la plataforma digital Geocrítica de la Universitat de Barcelona. Al mismo tiempo, las asociaciones geográficas nacionales deben impulsar su colaboración en eventos conjuntos, y la posición global de lo ibérico y latinoamericano en la UGI tiene que reforzarse. El actual Comité Ejecutivo de la UGI defiende activamente la diversidad, la pujanza de los países emergentes en la creación de conocimiento geográfico y el progreso mundial de institucionalización de la Geografía. Aprovechemos la oportunidad que se nos abre en este sentido, estableciendo una periodización académica de cooperación para el futuro próximo.

Conclusiones

Como se deduce de las ideas expresadas, en las relaciones entre España y sus antiguas colonias entre 1500 y principios del siglo XIX, la realidad y las percepciones son muchas, se entrelazan, se contradicen, siendo difícil elaborar un discurso interpretativo lineal. Por una parte, España o lo español han mantenido secularmente numerosos dilemas internos sobre su identidad, que se trasladan a las interpretaciones de su pasado. Por otra, la percepción de lo latinoamericano, su cohesión y unidad también causa problemas. Sin embargo, se habla una lengua común y las reticencias se expresan a través de las mismas palabras y los mismos significados. Por eso, ha sido tan difícil construir una relación trasatlántica horizontal y respetuosa, aunque muchos la hayan defendido. Después de quinientos años los geógrafos/as españoles/as no saben mucho de América Latina (excepto si han tenido experiencias concretas, cuyas conclusiones extrapolan a toda esta vasta región). Desde América, la lectura que se hace de España tampoco es muy exacta y muchas veces debe ser clarificada en los encuentros directos. Esta es la situación que se ha trazado y que debería sustituirse progresivamente, pues en la unión de lo ibero/latino americano está una de las claves de nuestra proyección en el mundo globalizado actual.

Para este objetivo se cuenta con aliados, el primero la existencia de una cultura con afinidades. Una cultura que fue impuesta en una agresiva conquista, que anuló muchas hablas originarias, pero que hoy sirve no sólo como vehículo adecuado de transmisión de ideas, sino que también facilita una cosmovisión similar de la realidad actual. Esta vinculación cultural permite un seguimiento cotidiano de las noticias, de los acontecimientos de América Latina desde España (y Portugal), al mismo tiempo que los acontecimientos de los antiguos países coloniales se difunden al otro lado del Atlántico. En consecuencia, el uso intensivo de este canal de entendimiento, la superación de las lógicas eurocéntricas y postcoloniales debe contribuir al imprescindible reforzamiento de una relación igualitaria y fraternal. Un vínculo sólido que se torna imprescindible si la Península Ibérica y la América central y del sur desean incrementar su papel e influencia activa en los procesos imparables de globalización.

Agradecimientos:

El presente texto constituye el resultado de una investigación original que emprendí a partir de mi invitación al XVII Encuentro de Geógrafos de América Latina, EGAL, celebrado en quito en abril de 2019, donde se me propueso hablar de la visión de la Geografía española sobre América Latina.

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Recibido: 22 de Junio de 2020; Aprobado: 13 de Abril de 2021

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