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Revista de geografía Norte Grande

On-line version ISSN 0718-3402

Rev. geogr. Norte Gd.  no.77 Santiago Dec. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022020000300273 

ARTÍCULOS

La geografía financiera de los “papeles de Panamá” en Sudamérica

The financial geography of the "Panama papers" in South America

Juan Carlos Fernández Cela1 
http://orcid.org/0000-0001-6131-6103

1 Filiación Institucional: Universidad Complutense de Madrid, España.

Resumen:

La información publicada en los “papeles de Panamá”, permite reconstruir la estructura espacial de las sociedades financieras de Sudamérica. Para ello se ha analizado la localización de 155.000 conexiones entre personas y sociedades, y su red de relaciones con otras regiones del mundo. Esto ha permitido determinar las conexiones financieras internacionales, su grado de interacción y diversificación en el interior de Sudamérica, así como su dimensión exterior. A través de ella se puede reconstruir los movimientos del capital entre distintos territorios y evaluar el papel que juega en la configuración espacial de los flujos financieros ilícitos.

El resultado es una cartografía entre los puntos de origen y destino de los fondos depositados en paraísos fiscales. Permite identificar los nodos de conexión que articulan este complejo entramado. Se realiza finalmente un análisis geográfico en diversas escalas que permite establecer la localización urbana de residentes y sociedades con intereses en estos espacios.

Palabras clave: Papeles de Panamá; geografía financiera; paraísos fiscales

Abstract:

The information published in the "Panama papers" allows us to reconstruct the spatial structure of the financial societies of South America. For this, the location of 155,000 connections between people and societies, and its network of relations with other regions of the world, has been analyzed. This has made it possible to determine international financial connections, their degree of interaction and diversification within South America, as well as their external dimension. Through it, the movements of capital between different territories can be reconstructed and the role played in the spatial configuration of illicit financial flows can be evaluated.

The result is a mapping between the points of origin and destination of the funds deposited in tax havens. It allows identifying the connection nodes that articulate this fabric complex. Finally, a geographical analysis is carried out in different scales that allows to establish the urban location of residents and societies with interests in these spaces.

Keywords: Panama papers; financial geography; tax havens

Introducción

La movilidad del capital financiero es un elemento clave y de creciente importancia para comprender el conjunto de relaciones económicas entre diferentes territorios. Los procesos de acumulación espacial de capital en determinados países, unido a las oportunidades y expectativas de beneficio en otros espacios están generando un circuito financiero global de circulación entre diferentes países.

Este fenómeno tiene, desde el punto de vista del análisis territorial, una triple dimensión. Se produce en primer lugar desde una perspectiva geográfica una diferenciación espacial de los circuitos financieros internacionales en tres planos diferentes: países y espacios que expulsan capital, zonas de tránsito y lugares de destino de las inversiones. La morfología y lógica interna de las redes de circulación de los flujos financieros internacionales establece diferentes rangos y oportunidades según el plano en que se sitúe un determinado territorio en esta clasificación. Los centros offshore juegan un papel determinante no solo como meros receptores de capital sino en los procesos de contagio espacial de los activos “tóxicos” entre distintas regiones (Milesi-Ferretti, Strobbe y Tamirisa, 2010).

Naturalmente, todos los países expulsan y absorben capital, lo importante en esta cuestión es el saldo neto que se produce entre ambos. Podemos hablar de espacios receptores de capital cuando el saldo entre las inversiones de entrada y de salida es positivo. Por el contrario, los países emisores de capital serán aquellos donde el balance es negativo. Tradicionalmente países como España o Estados Unidos son, por razones distintas, receptores netos de capital. Por el contrario, algunas economías diversificadas con un peso específico importante del sector industrial, como es el caso alemán o chino, son tradicionalmente espacios con fuertes acumulaciones de capital que invierten en el exterior (Fernández Cela, 2014).

Los movimientos espaciales de capital entre estos territorios no siempre son vectores origen-destino. La complejidad de la estructura financiera genera la necesidad de establecer determinados nodos, zonas de tránsito donde el capital se dirige para su posterior redistribución a otros puntos. Se genera así un circuito financiero internacional donde se pueden identificar distintos espacios en función de los procesos de circulación del capital y la situación de cada territorio en la denominadas por algunos como “Red Financiera Global” (Coe, Lai y Wójcik, 2014).

En la actual la crisis económica, los flujos transfronterizos entre países han variado de manera sustancial en su dirección, sentido e intensidad. Un informe del Banco Central Europeo señala que aquellos países con alto grado de apertura financiera son más vulnerables en etapas de recesión o incertidumbre económica, tendiendo a la desinversión y a replegarse en mercados más estables o conocidos, reduciendo así su centralidad en la red espacial de movilidad transfronteriza. Esa es al menos, una de las claves explicativas de un fenómeno que genera un impacto negativo en las economías con mayor nivel de dependencia de la inversión exterior (BCE, 2012).

Abordar esta perspectiva desde el punto de vista de la geografía financiera, supone en aceptar la existencia de un modelo espacial de circulación de capital que se desarrolla a escala global. Supone también admitir que este modelo es dinámico y puede variar en función de diversos y complejos factores estructurales que dificultan la elaboración de una cartografía consolidada de los flujos financieros internacionales.

Tradicionalmente, la dirección espacial de las inversiones se ha concentrado mayoritariamente entre economías desarrolladas, e igualmente desde la periferia hacia el centro en procesos de intercambio desigual. En la actualidad se han intensificado los movimientos de capital en países semiperiféricos y economías emergentes (Nigeria, India, Sudáfrica) y entre espacios periféricos, haciendo aún más compleja su cartografía. Incluso organismos como el FMI, tradicionalmente muy conservadores a la hora de analizar y evaluar los procesos de liberalización de los flujos financieros transnacionales advierten de este cambio y de la necesidad de adoptar medidas de control institucional, especialmente en el caso de las economías más vulnerables. En sus propias palabras, “Los países pueden absorber mejor los flujos de capital y obtener sus beneficios adoptando políticas macroeconómicas sanas, profundizando los mercados financieros, fortaleciendo la supervisión y la regulación financiera y mejorando la capacidad institucional” (Arora, Habermeier, Ostry y Weeks-Brown, 2011).

La segunda perspectiva viene ligada del carácter dinámico de este fenómeno. La condición de país emisor o receptor puede variar de forma importante según la coyuntura económica mundial. La debilidad de las economías basadas en el petróleo, como es el caso de Rusia, con mercados volátiles sujetos a fuertes oscilaciones es solo un ejemplo de los factores que pueden generar una elevada inestabilidad económica y un cambio en la posición de determinadas economías emergentes en el nuevo mapa internacional. Zeller establece una visión crítica de este fenómeno, donde unas nuevas condiciones han variado sustancialmente los procesos de acumulación de capital. El desplazamiento del mismo en el tiempo y el espacio genera importantes procesos de desarrollo desigual. El traslado de excedentes de capital de un país a otro genera tensiones entre el centro y la periferia, que se ha incorporado también a este fenómeno en la medida en que economías como la China son actualmente capaces de generar stocks de capital y compiten con los países centrales desarrollados (Zeller, 2008).

En tercer lugar, la perspectiva de análisis permite identificar el impacto que tienen estos flujos en las economías “reales” de los países. La morfología de la crisis económica sitúa en primera línea el interés por parte de algunos economistas sobre los efectos de contagio a través de la desregulación de los mercados y el impacto que ejerce en su estructura económica. Las crecientes dificultades financieras de los Estados han puesto a los paraísos fiscales en el punto de mira internacional. En un contexto donde la movilidad del capital es prácticamente inmediata, el riesgo de una fuga legal del mismo a otros territorios siempre está presente en las tibias medidas de política fiscal sobre las clases altas y grandes empresas.

Si bien es cierto que no toda transacción hacia estos espacios tiene por qué ser delictiva, las evidencias apuntan a que esta red financiera está diseñada entre otros objetivos para la comisión de actividades ilícitas ligadas al blanqueo de capitales, ocultación de fondos obtenidos por corrupción política, narcotráfico, terrorismo y lo que según algunos informes representa la mayor parte de estos movimientos, la evasión fiscal. Aunque los datos son imprecisos, todo apunta a que desde los años 80 ha experimentado un incremento sustancial. Así, se estima que el blanqueo mundial de capital a paraísos fiscales ascendió en 2007 a 2,3 billones de dólares, una cifra que ha ido aumentando hasta los 7,6 billones estimados en 2015 (Schneider, 2013; Zucman, 2014). Así por ejemplo, los activos españoles localizados en espacios offshore ascienden a 116.000 millones de euros, y representan aproximadamente un 10% del PIB de España en 2013 (Péramo, 2017). Si esta cantidad hubiera tributado en España, probablemente el rescate financiero europeo no habría sido necesario.

Aunque el objetivo del trabajo no es analizar los paraísos fiscales sino establecer el papel que juegan en la movilidad espacial de los flujos financieros, es importante no olvidar que estos espacios desempeñan una función esencial en una red pensada y diseñada para facilitar el tráfico internacional de capital. Shaxson va aún más allá al señalar la existencia de un sistema extraterritorial de jurisdicciones confidenciales que no solo facilita este hecho, sino que es sistemáticamente aprovechada por grupos terroristas, narcotráfico o acumulación causada por fenómenos de corrupción política para ocultar a través de esta red espacial el rastro del capital (Shaxson, 2014).

El impacto de los paraísos fiscales tiene una triple dimensión. En primer lugar, juega un papel clave en la financiarización de la economía. Las técnicas de elusión fiscal han facilitado el crecimiento exponencial de los paraísos fiscales, absorbiendo aquellos instrumentos financieros complejos de mayor riesgo sistémico, como es el caso de los hedge funds. En segundo lugar, genera una importante crisis de recaudación en las economías avanzadas, que se basan en una creciente desregulación de los mercados financieros internacionales, como es la reciente derogación de la Ley Dodd-Frank por la administración Trump1. Por último, facilitan el crecimiento desigual de los países periféricos, donde la evasión fiscal ejerce un impacto aún mayor sobre sus economías. Algunas estimaciones calculan que estos espacios pierden anualmente 100.000 millones de dólares solo en evasión fiscal de empresas multinacionales allí instaladas (Intermon, 2015).

Metodología y planteamiento general del trabajo

El trabajo realizado en estas páginas tiene como objetivo conocer algunos de los rasgos que caracterizan la red de relaciones societarias que dirigen el capital desde las grandes fortunas hasta los paraísos fiscales. Esto ha sido posible gracias a los datos publicados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ en sus siglas en inglés) en los denominados “Papeles de Panamá”. Se trata de una filtración a diversos medios de comunicación de un gran número de informes y datos financieros sobre las mayores fortunas del mundo y cómo utilizan la movilidad del capital para evitar el pago de impuestos en los países donde se obtienen los beneficios (Obermaier y Obermayer, 2016).

El acceso público a una ingente cantidad de información sobre las relaciones financieras entre sociedades permite establecer conexiones espaciales origen-destino del capital, conocer su función como intermediarias o accionistas de empresas situadas en paraísos fiscales y la morfología de la red espacial de relaciones financieras.

La información publicada es adecuada para conocer las relaciones interempresariales, pero no permiten cuantificar los activos que se moviliza entre sociedades, por lo que no es posible evaluar la magnitud del capital que circula en este circuito financiero. Conviene también señalar que un buen número de estas empresas se encuentran sin actividad durante largos períodos de tiempo, a la espera de recepcionar determinados flujos de capital. Un 55,9% de las sociedades que actúan como intermediarios en los circuitos internacionales se encuentra en situación activa. Un 37,6% de las redes están compuestas por empresas instrumentales que pasan por períodos de inactividad hasta que son utilizadas en alguna transacción financiera. Es revelador el ejemplo de la isla británica de Sark, en el canal de La Mancha, que contaba con 507 habitantes en 2007, y donde hay registradas unas 15.000 sociedades. Este fenómeno llega a situaciones delirantes donde un atareado residente de la isla consta como presidente de 2.400 empresas (Hernández Vigueras, 2015).

Para salvar este escollo se ha determinado como unidad de análisis las “Conexiones Financieras Internaciones” (CFI). Esta magnitud viene determinada por el número de enlaces espaciales que cada sociedad tiene con otras empresas extranjeras con respecto a la localización de su sede social. Así, se considera como CFI cuando una empresa con sede social en Reino Unido tiene conexiones (en forma de fideicomiso, accionista, intermediario, etc.) con otras sociedades localizadas en terceros países. El objetivo se centra en conocer las redes entre Estados y en consecuencia no se tienen en cuenta las relaciones internas de cada país, en este caso las que nuestra sociedad pueda tener con otras localizadas en Reino Unido.

De esta forma, un mayor número de CFI determina la centralidad de un determinado país en la red financiera internacional, en la medida en que es capaz de concentrar una proporción importante de relaciones financieras entre sociedades2.

Una Conexión no determina una única empresa, ya que es frecuente encontrar grandes fortunas que operan con distintos intermediarios bajo diferentes relaciones societarias en distintos puntos del mundo. Del mismo modo una sociedad localizada en un paraíso fiscal o en un centro financiero internacional es perfectamente capaz de establecer numerosas conexiones con diferentes fortunas localizadas en distintos países. Una parte importante de estas sociedades forman parte de holdings financieros que mantienen distintas empresas en diversos centros financieros estratégicos. Tienen como objetivo garantizar el flujo espacial de capital hacia aquellos territorios que se considera oportuno en cada momento. El circuito funciona de manera similar al tendido de una red eléctrica donde las conexiones están realizadas de manera permanente pero solo fluye la energía, en este caso las transacciones de capital, cuando es necesario.

Otra dificultad de los datos publicados es que no mantienen un mismo criterio en la escala espacial. La mayor parte están registrados por países, con excepción de los casos más importantes (China, Reino Unido, Estados Unidos), con datos desagregados por Estados fiscalmente francos, islas o determinadas excolonias. Esto permite perfilar con mayor precisión la distribución geográfica de las sociedades financieras y sus relaciones, pero dificulta un análisis homogéneo desagregado por Estados.

Solo se han considerado aquellas relaciones donde figura localizado con claridad un lugar determinado de origen y destino. El archivo original establece 1,3 millones de relaciones entre sociedades. La depuración llevada a cabo en las bases de datos originales, que elimina aquellas direcciones no identificadas o lugares de dudosa localización que pueden pertenecer a distintos países, reduce la cifra de puntos georreferenciados de manera sustancial. La base de datos final consta de 555.935 CFI válidas para transacciones internacionales, donde se identifica con mayor seguridad la localización de las personas físicas o jurídicas que poseen el capital y el destino último de sus fondos3. Se trata de una información que no ha seguido un sistema contrastado de construcción y por tanto está sujeto a un margen de imprecisiones debido a la propia naturaleza de los datos. No ha sido elaborado por una fuente u organismo oficial, lo que supone asumir de partida un mayor margen de error que el existente en otras estadísticas oficiales que cuentan con una metodología sistemática de recogida sistematización y tratamiento. Un segundo elemento importante a tener en cuenta es que se trata de una filtración procedente de dos grandes fuentes: el despacho de abogados panameño Mossak-Fonseca, uno de los mayores bufetes de derecho comercial del mundo, especializado en inversiones internacionales, y documentación propia obtenida por el ICIJ, por lo que pueden existir problemas de coherencia interna. Con todas las precauciones, el trabajo realizado por este organismo ha sido ingente y permite por primera vez dar a conocer un entramado muy difícil de conocer por su secretismo y la protección legal con que cuenta su información.

El origen de los datos sesga la información espacial hacia determinados Estados donde presumiblemente esta sociedad tiene un mayor número de contactos. Esto podría explicar la baja representación en los resultados obtenidos de algunas economías avanzadas, como es el caso alemán, brasileño, indio o francés entre otros. La aportación de estos países a los resultados es claramente inferior a su peso específico en la economía global. La explicación más plausible es que su estructura societaria tenga menos conexiones con el despacho panameño y más con otras grandes sociedades financieras globales, cuyos datos son por el momento una incógnita.

A pesar de todos los inconvenientes se ha utilizado esta fuente por ser la única conocida que dispone de un nivel de precisión y desagregación territorial elevado, permitiendo analizar con detalle la estructura espacial de relaciones entre individuos y sociedades financieras en todo el mundo. Es cuanto menos llamativo el oscurantismo que rodea a las transacciones financieras internacionales. Bajo el amparo de un cuestionable argumento de confidencialidad e intimidad, los datos oficiales relativos a movimientos internacionales de capital especialmente en productos financieros complejos (estructurados, derivados, futuros…) son prácticamente inexistentes, a pesar de su importancia clave en el desarrollo económico.

La dificultad y relativa complejidad de acceso a las fuentes tal vez sea uno de los elementos que explican la escasa aparición de estudios territoriales sobre flujos financieros transfronterizos. Zucman señala las imperfecciones de las estadísticas internacionales y la necesidad de cuantificar y evaluar los flujos de capital que se desplazan a paraísos fiscales (Zucman, 2014).

Los datos tienen por tanto un rango global, y una desagregación por países e incluso por determinados centros financieros, como es el caso de Nevada y Wyoming en Estados Unidos; Curazao en Países Bajos o las Islas Vírgenes, Guersney y Jersey en Reino Unido. Esta escala de análisis permite identificar con mayor detalle no solo relaciones entre Estados sino incluso en el interior de las principales economías.

Estructura espacial flujos financieros transfronterizos: Características comunes

El análisis de los datos revela que, desde un punto de vista espacial, los movimientos internacionales de capital y las relaciones entre sociedades financieras comparten unos elementos que define un patrón común de movilidad espacial.

El primero de estos rasgos es la existencia de un relativamente reducido número de espacios donde circula el capital. Los lugares de origen del capital implican, con diferente intensidad, prácticamente a todos los países del mundo. El proceso de desplazamiento espacial de los flujos de capital tiene un rango y una lógica global; sin embargo las diferencias territoriales, y especialmente el papel que juega cada espacio en esta arquitectura financiera determina no solo la circulación del mismo, sino la morfología de su red espacial de relaciones. No hay duda de que esta estructura tiene un carácter global, pero se encuentra jerarquizada en torno a un reducido número de espacios que absorbe la mayor parte de las conexiones.

El mapa de CFI según países de origen pone de manifiesto esta distribución y sus diferencias. Las relaciones tienen su origen en prácticamente todos los países del mundo, pero su intensidad y posición jerárquica en la red financiera espacial es muy desigual según su capacidad de conexión global. Existe así un gran número de países en África, Oriente Próximo, Asia Central, Europa Central y Oriental, donde el nivel de interconexión es escaso, con menos de 1.000 CFI entre las sociedades de origen y los destinos en espacios offshore por Estado (Figura 1).

Fte.: “Papeles de Panamá” publicados por el ICIJ y elaboración propia.

Figura 1 Conexiones financieras internacionales según país de origen. 

A pesar de ello resulta revelador que un 90,6% de CFI se concentran en apenas 28 Estados. De ellos, el 41,3% se originan desde Hong Kong. Le siguen por orden de importancia China continental, Taiwán y Suiza. Resulta significativo el bajo peso de algunos países centrales como Estados Unidos en comparación con China. Es también llamativo que potencias económicas importantes como Alemania, India o Brasil no figuren en las primeras posiciones. En el caso europeo, exceptuando los casos singulares de Reino Unido y Suiza, existe una cierta presencia de Francia, España, Republica Checa e Italia. En el caso británico, los datos se encuentran desagregados en las islas del Canal y espacios coloniales, por lo que aquí estaría infrarrepresentado el peso específico de Reino Unido con respecto a otros países.

No es de extrañar que Estados Unidos y China encabecen las primeras posiciones, sin embargo sí parece llamativo el segundo grupo de países con mayor número de CFI. Se trata en su mayor parte de economías emergentes, a la cabeza de las cuales se sitúan Rusia e Indonesia. Le siguen otras de tamaños muy dispares, pero con el mismo número de CFI. No parece razonable que algunos países Bálticos como Letonia se encuentren en el mismo grupo que otros espacios económicos mucho mayores como Australia, India o Argentina. Lo mismo ocurre con el papel de Uruguay, comparable al de EAU, Rusia o Indonesia.

A pesar de todas las precauciones sí parece indicar que el mapa de calor se concentra principalmente en torno al Mar de la China Meridional. El triángulo China continental-Hong Kong-Taiwán representa un 34% de las CFI, constituyendo la mayor concentración mundial de relaciones interempresariales. Los paraísos fiscales europeos tradicionales aún están en los primeros puestos de la lista (Jersey, Guersney, Suiza, Luxemburgo) pero han sido desplazados a un segundo plano al menos en lo que se refiere a su capacidad de conectividad global. La concentración espacial de los centros financieros también está relacionada, al menos en el caso asiático con algunos territorios de elevada importancia económica. El análisis de la distribución espacial por países revela la existencia de un importante conglomerado financiero en el eje Shenzhen-Macao-Cantón-Hong Kong articulado en torno al estuario del río Zhujiang.

La desagregación espacial de aquellos Estados donde se dispone de información (principalmente Estadios Unidos y Reino Unido) modifica no solo la escala sino la distribución espacial de las CFI, especialmente en el caso británico. Una cartografía por países contempla un gran impacto del Reino Unido en su parte británica, que es donde se cartografía tradicionalmente los datos desagregados por Estados. Sin embargo, cuando se transforma el análisis a una escala regional, se puede observar que sin bien la isla de Bretaña sigue concentrando un significativo número de CFI, estas se desplazan hacia las islas del Canal y los territorios coloniales del Pacífico y las Antillas. Un cambio en la escala territorial de análisis incide incluso en la clasificación global del CFI por espacios, donde desaparecen de los primeros puestos EE.UU. y el Reino Unido, sustituidos en este caso por sus territorios coloniales (Figura 2).

Fte: “Papeles de Panamá” publicados por el ICIJ y elaboración propia.

Figura 2 Principales espacios de origen de las conexiones financieras internacionales4 (2016). 

Un segundo elemento común está ligado a una fuerte herencia del pasado en las relaciones entre territorios. La mayor parte de los centros financieros que registran una mayor circulación de capital (Islas Vírgenes Británicas, Singapur u Hong Kong entre otros) corresponden a espacios coloniales o excolonias del Imperio Británico, que utiliza los restos que aún conserva para extender esta red de relaciones por todo el planeta. Este caso es único ya que su estructura financiera presenta un elevado nivel de diversificación y descentralización espacial que afecta no solo a sus antiguas colonias, sino a numerosas islas y bailiazgos (Man, Jersey, Guersney)5.

Los grandes imperios surgidos durante la Segunda Revolución Industrial mantienen en la actualidad una red de relaciones financieras con los paraísos fiscales presentes en buena parte de sus antiguas colonias. En el caso de grandes potencias que carecen de una red colonial formal, como es Estados Unidos, aparecen algunos puntos en el interior de su territorio (Nevada, Wyoming, Delaware) que actúan como zonas francas fiscales. La lengua inglesa es el idioma financiero global y en este punto no existen diferencias entre espacios donde predominen otras lenguas diferentes, por lo que los factores culturales no parece que cuenten con un peso específico significativo en la construcción global del espacio financiero.

Un tercer elemento significativo se vincula a la diversificación de las relaciones societarias entre Estados. El 80,5% de las relaciones identificadas corresponden a dos grandes categorías, intermediarios (40,8%) y accionistas (39,7%). Esto supone que las relaciones entre empresas financieras se basan en la propiedad y la capacidad de control de una persona o sociedad de un determinado país sobre una empresa localizada en un paraíso fiscal, o bien que éstas actúan como intermediarias en la transmisión y gestión del capital entre los espacios de origen y destino del capital.

El resto de las conexiones tienen una representación inferior en el conjunto de relaciones y hacen referencia a fideicomisos, directores, secretarios y los denominados “beneficial owner”, es decir, los dueños finales de la cadena de capital, cuya identidad permanece en secreto en los registros de empresas de los paraísos fiscales. Son abundantes la presencia de sociedades registradas en apartados de correos de estos paraísos fiscales que no tienen otro objetivo que el de dificultar el rastreo de esta identidad.

Existe una cierta correlación espacial entre la estructura organizativa de las sociedades financieras y su localización. Aquellos espacios claves que juegan un papel central en la distribución internacional del capital (Islas Vírgenes, Hong Kong, Macao), así como los países que capitalizan su gestión (Reino Unido, Estados Unidos) presentan una mayor diversificación en el tipo de relaciones que existen entre las empresas de origen y destino. Numerosos despachos legales británicos y estadounidenses desarrollan esta red de sociedades a través de intermediarios o fideicomisos localizados en terceros espacios que tiene como objetivo final ocultar al verdadero dueño del capital de origen e impedir determinar su legitimidad, así como la tributación por los países donde circula.

Se trata por tanto de fórmulas legales más sofisticadas concentradas en determinados territorios que ofrecen este tipo de servicios gracias a una red de sociedades especializadas y una legislación local favorable.

Cuarto, si la macrocefalia es acusada en los países de origen lo es aún más en los de destino. Las sociedades propietarias del capital proceden prácticamente de los 200 países existentes en la actualidad. Sin embargo, el número de espacios de tránsito y destino se reduce a 64, y eso teniendo en cuenta que la mayor parte de los mismos aporta un nivel mínimo de CFI. En realidad, el número final de espacios donde circula la mayor parte del capital lo forman apenas una veintena de paraísos fiscales clave. La región del Caribe, el territorio articulado por la mar de la China Meridional y las islas del Pacífico, especialmente en la región Polinesia, son los tres principales espacios de destino del capital.

Los datos publicados por el ICIJ con respecto al destino de las inversiones no coinciden con los de otras instituciones, como es el caso de la Tax Justice Network, que elabora un índice sobre transparencia fiscal que determina en 2015 como principales paraísos fiscales a Suiza, Hong Kong, Estados Unidos (ligado en este caso a la opacidad existente en los Estados de Nevada o Delaware) y Singapur (TJN, 2016).

El mismo ICIJ advierte de este riesgo y no pueden ser extrapolables, pero sí es cierto que constituye una magnifica muestra de cómo funcionan estas redes financieras internacionales. El destino del capital sitúa a las Islas Vírgenes Británicas como principal espacio, absorbiendo un 64,7% de todas las CFI que se generan entre los mismos. Es significativo que Panamá, el segundo país que mayor peso aporta como centro de destino final del capital, se encuentra a una gran distancia, con un 9,2%. Ambos espacios, junto con Samoa, las islas Seychelles y Bahamas concentran el 93,9% de todas las relaciones financieras que se establecen en los datos publicados.

Naturalmente, las islas del Canal de La Mancha, del Océano Índico (Maldivas) o algunos Estados africanos (Liberia) cuentan también con espacios de destino del capital. Son puntos estratégicos repartidos por todo el globo y que presumiblemente, tienen sus propios mercados financieros regionales de influencia.

Configuración espacial de la red financiera de Sudamérica. Una visión sistémica

El impacto en Sudamérica de los flujos transnacionales de capital hacia paraísos fiscales tiene una especial relevancia por su dimensión y características. La CEPAL calcula que Latinoamérica pierde cada año 320.000 millones de dólares en ingresos fiscales ligados a este fenómeno, lo que representa un 6,7% de su PIB regional (CEPAL, 2017).

Algunas instituciones como Global Financial Integrity rebajan esta cifra, y estiman que entre 2004 y 2013 América Latina ha perdido 1,4 billones de dólares, de los cuales solo el 12% corresponde a flujos ilícitos ligados a la corrupción o el crimen organizado. El 88% restante está vinculado a operaciones de ingeniería tributaria planificadas por grandes empresas y fortunas, lo que aleja la idea generalizada de que la mayor parte de los flujos ilícitos corresponden mayoritariamente a actividades ilegales (Kar y Spanjers, 2015).

En cuanto al comercio internacional, la manipulación de precios entre sociedades de empresas multinacionales presentes en América Latina alcanzó en 2013 unos 100.000 millones de dólares, lo que representa un 1,8% del PIB regional y un 3,1% del valor total del comercio exterior. La mayor parte de estas tienen como destino sociedades localizadas en China y Estados Unidos y su origen se concentra en torno a México, Brasil y Costa Rica (Podestá, Hanni y Martner, 2017). Los casos de corrupción financiera más conocidos como es el caso de Odebrecht están ligados en buena parte a este tipo de prácticas.

La arquitectura de los flujos financieros ilícitos está organizada en una red espacial ligada a la lógica de los movimientos de capital, desde espacios donde se acumula hacia aquellos destinos que permiten ocultarlos de los controles tributarios nacionales. Se ha tomado como referencia espacial de análisis a toda Sudamérica, y no a América Latina como es habitual en análisis internacionales. El motivo de esta delimitación está ligado al importante peso específico que Antillas y Panamá tiene en el contexto regional. Esto supondría limitar el análisis de la situación existente en los países sudamericanos, que quedarían relegados del análisis principal. Un segundo motivo de esta exclusión es que una parte importante de los movimientos financieros se establecen entre Centroamérica y Sudamérica, por lo que reducir el número de países analizados permite evaluar en mejores condiciones la dimensión espacial de sus relaciones financieras.

La (Figura 3) pone de manifiesto la interacción de empresas entre paraísos fiscales y capitales acumulados en los distintos países del continente. Los puntos de color azul corresponden a los países de Sudamérica y los de color naranja el destino de sus conexiones financieras. La densidad de la malla de relaciones pone de manifiesto que la red conecta a Sudamérica con paraísos fiscales situados en la región de Antillas, y en menor de medida con las islas del Pacífico y los centros financieros de Extremo Oriente. Brasil, Argentina, Uruguay y Ecuador son los principales puntos de origen de las CFI, los centros de destino más significativos se concentran en la propia Panamá, Islas Vírgenes Británicas y Bahamas entre otros.

Fte: “Papeles de Panamá” publicados por el ICIJ y elaboración propia.

Figura 3 Morfología espacial de la red de relaciones financieras en Sudamérica. 

Las relaciones de las sociedades financieras sudamericanas son bastante reducidas con respecto a los paraísos fiscales europeos. Con las excepciones de Reino Unido y en menor medida las islas de Malta y Chipre, los movimientos financieros de capital tienen mayores conexiones con Asia que con Europa. En este sentido, la intensidad de relaciones económicas entre América y Asia a través de diversos tratados comerciales, está desplazando según algunos el eje de gravedad Europa-América hacia América-Asia. Este fenómeno podría explicar, al menos en parte, la creciente interacción de empresas financieras sudamericanas con países asiáticos.

La conectividad de la red financiera sudamericana es compleja en la medida en que el número de CFI no se correlaciona con el número de estados de procedencia. El país con más interconexiones es Uruguay, que absorbe un 29,0% del tráfico financiero del subcontinente. Es también el Estado con mayor proyección financiera internacional, ya que sus sociedades están ligadas con más de 20 países, tanto en su papel de emisor como de receptor de capital.

Sin llegar a su dimensión, Perú, Colombia y Brasil tienen un destacado grado de conectividad, con más de 3.000 CFI registradas por Estado. La diversificación espacial de las mismas es desigual. Hay algunos casos como Perú donde se detecta un elevado volumen de CFI pero se encuentran conectadas con apenas 9 países. Brasil cuenta con menos conexiones pero más dispersas por el territorio, ya que el número de Estados que intervienen en su red financiera asciende a 17. La ratio CFI países conectados permite valorar la proporción existente entre el volumen y la interacción donde la red se encuentra conectada. Excluyendo del análisis los casos menos relevantes por su impacto global (Trinidad y Tobago, Surinam, Guyana), se puede considerar que la ratio es mayor a medida que las CFI se encuentran más centralizada. En términos generales, los países con mayor CFI mantienen una ratio similar y situada en valores bajos que oscilan entre 0,4 y 0,5, o dicho de otro modo, sus sociedades financieras internacionales se conectan con un elevado número de países.

Esta tendencia tiene tres excepciones destacadas. En el caso argentino, el número de relaciones financieras apenas representa la mitad de los valores de Brasil, Colombia o Ecuador, sin embargo el número de países con los que se encuentra conectada es similar, de lo que se podría deducir que las relaciones internacionales de sus sociedades son escasas y diversificadas con el exterior. La situación es opuesta en Perú y Uruguay, que cuentan bajos ratios de apenas 0,2 sobre un elevado número de CFI, de lo que se desprende que su red financiera tiene un alto nivel de conectividad exterior, pero está más centralizada en un menor número de países. Así, la concentración de CFI en el eje Ecuador-Colombia-Venezuela, este último en menor medida, estaría también ligado a la cercanía de estos países con Panamá (Cuadro 1).

Cuadro 1 Conectividad de la red financiera en Sudamérica. Fte: “Papeles de Panamá” publicados por el ICIJ y elaboración propia. 

Los flujos se dirigen hacia aquellos espacios donde Mossak Fonseca tiene establecidas sociedades (Isla Vírgenes Británicas) y su propia sede social Panamá. Ambos puntos absorben el 80,6% de todas las conexiones registradas. Las sociedades financieras colombianas y en menor medida uruguayas registran una mayor relación con las empresas panameñas, mientras que las sociedades brasileñas y peruanas se dirigen principalmente a las Islas Vírgenes.

En un contexto global Sudamérica funciona como espacio de origen del capital, ya que una parte importante de las grandes fortunas y sociedades domiciliadas en países sudamericanos desplazan su capital a terceros espacios. Uruguay es la única excepción a esta situación al convertirse no solo en país emisor de capital, sino que también es receptor de otras regiones mundiales. Considerado por algunos como paraíso fiscal debido a su secreto bancario y su política de exoneración fiscal, aunque en los últimos parece ser que ha firmado acuerdos internacionales para facilitar la transparencia de sus transacciones financieras.

Andorra es su principal punto de conexión financiera, aunque también se han registrado conexiones con Reino Unido, Rusia, Brasil, Panamá o España entre otros. La principal relación legal detectada es la figura de intermediario, algo que no ocurre en otros países donde se encuentra más diversificada y donde es más frecuente encontrar relaciones en forma de accionista, fideicomiso, etc. La totalidad de las empresas extranjeras son intermediarias y al menos aparentemente, controlan la actividad de las sociedades financieras uruguayas, que sirven como empresas instrumentales en este flujo global de capital.

La consultora andorrana Igmasa Management controla quince sociedades uruguayas y el propio despacho Mossack Fonseca tiene intereses allí. Un aspecto interesante es que en ocasiones estas sociedades son a su vez filiales de otras localizadas en terceros países (el caso de la filial de Credit Suisse Channel Islands Limited, situada en la isla de Guersney), diversificando aún más los circuitos espaciales desde Suiza a Reino Unido y de ahí a Uruguay como destino final.

Las relaciones jurídicas entre sociedades presentan una distribución similar, en términos generales a los resultados obtenidos para todo el mundo. El 85,8% de todas las CFI se distribuyen en redes de intermediarios y accionistas. La relación de beneficiarios apenas representa un 6,9%, lo que pone de manifiesto la morfología cónica de la red. Un pequeño grupo de propietarios del capital al servicio de los cuales está construida una densa y compleja red de relaciones societarias preparada para distribuir el capital de un territorio a otro según varíen las condiciones y sus necesidades (Figura 4).

Fte: “Papeles de Panamá” publicados por el ICIJ y elaboración propia.

Figura 4 Distribución de las cfi de Sudamérica según la relación jurídica establecida entre sociedades. 

En muchos casos, una misma sociedad tiene multitud de conexiones, bajo estas formas legales, con numerosas empresas localizadas en varios puntos. Se trata en la mayor parte de los casos empresas que carecen de infraestructuras y trabajadores y están diseñadas como puntos de paso del capital desde el lugar de origen del beneficiario hasta el paraíso fiscal.

La distribución de las conexiones por sociedades revela la diversificación espacial y jurídica de la red. Las 25.066 CFI se distribuyen en torno a 15.327 sociedades diferentes, es decir 1,6 relaciones por empresa. La principal conexión se encuentra en torno a la filial en las Islas Vírgenes Británicas de empresa minera Darmatal S.A., que está ligada con 46 beneficiarios y empresas diferentes localizadas mayoritariamente en Chile (38) y Perú (4). Otro ejemplo relevante es el caso de la sociedad Globotech Displays Corporation, una empresa dedicada a la fabricación de stands modulares, con una filial en las Islas Vírgenes, y que cuenta con 39 conexiones de personas físicas o jurídicas localizadas en Colombia.

Sin embargo, Uruguay es el país que cuenta con un mayor número de sociedades diversificadas espacialmente. Junto a los territorios tradicionales de las Islas Vírgenes o Panamá, existen importantes conexiones con empresas localizadas en la Seychelles, Niue, el Estado de Nevada, Bahamas o Anguila Británica entre otras. Conlux Corporation, situada en las Seychelles, y Figli International en Islas Vírgenes son las que cuentan con mayor número de conexiones, aunque en este caso se trata de distintas relaciones con un mismo conjunto de personas físicas.

Estructura territorial de las sociedades financieras en las grandes ciudades sudamericanas

En lo que respecta a la estructura espacial que estas sociedades tienen en el interior de los países, existen algunas pautas comunes de localización en prácticamente todos los países del mundo y Sudamérica no es una excepción. Los territorios de origen y destino del capital están siempre concentrados en torno a los espacios residenciales más exclusivos y donde el precio del suelo es más elevado. Es una regularidad que se observa casi sin excepción en todos los países.

Se han georreferenciado 155.000 direcciones en todo el mundo donde figura el lugar de origen y destino del capital. En todas ellas se ha encontrado en primer lugar una importante correlación entre fraude fiscal, grandes fortunas y exclusivos espacios urbanos. Solo aparecen en áreas rurales cuando se trata de territorios residenciales ligados al turismo de lujo (estaciones de esquí, selectos complejos residenciales en zonas de playa, etc.).

En consecuencia, la distribución de los centros en el interior de las ciudades se localiza casi sin excepción en las mejores y más singulares zonas de cada metrópoli. En el caso de Santiago de Chile, se concentra en un eje nororiental que comprende desde los selectos espacios de comuna de Vitancura o Las Condes hasta el centro urbano de la ciudad en los alrededores del Palacio de la Moneda. No existen prácticamente puntos importantes en el resto del país, con excepción de algún caso aislado en Valparaíso, La Serena, Linares o Concepción (Figura 5).

Fte: “Papeles de Panamá” publicados por el ICIJ y elaboración propia.

Figura 5 Distribución urbana de sociedades financieras y beneficiarios del capital en Santiago de Chile y Buenos Aires (2016). 

La trama financiera en el espacio urbano de Buenos Aires es mayor que en Santiago, y su distribución es más extensa debido en parte al mayor volumen demográfico y centralidad del Gran Buenos Aires. La concentración de sociedades se localiza en el centro financiero de Puerto Madero, junto al centro urbano de la ciudad porteña, y en los exclusivos barrios de Almagro y Palermo entre otros. Algunos estudios ponen de manifiesto la elevada centralidad del distrito financiero en los movimientos pendulares de población cualificada desde las zonas exteriores de la CABA hacia aquellos espacios donde se concentran los servicios más avanzados de la ciudad (Usach, Garrido-Yserte y Gallo-Rivera, 2017). Córdoba, Rosario, Mar de Plata o Bahía Blanca son también otros espacios urbanos destacados donde figuran registradas estas sociedades.

En el caso de Brasil la dimensión internacional de las CFI puede observarse en su localización, concentrada en las grandes ciudades costeras del país. Río de Janeiro y Sao Paulo son los principales espacios urbanos donde se localiza el capital financiero. En el primer caso, la localización está fragmentada en tres zonas claramente diferenciadas: Ipanema, el eje de Avenida Das Americas y el entorno entre el aeropuerto y el centro de la ciudad. El caso de Sao Paulo es diferente, ya que la trama urbana es muy densa en el centro de la ciudad, en un triángulo comprendido entre los barrios de Vila Uberabinha, Higienópolis e Itaim Bibi, donde se localiza la emblemática sede de Morgan Stanley.

La estructura financiera de Colombia es una simbiosis de los casos argentino y brasileño, ya que presenta una distribución ligada a ciudades costeras muy cercanas a todo el complejo financiero antillano y panameño (Cartagena y Barranquilla). También mantiene en el interior del país una estructura espacial diversificada en torno a Bogotá y a las ciudades de Cali y Medellín.

El fenómeno “costero” en la localización financiera también se da en el caso peruano. La concentración de centros se produce en torno a Lima (distrito de San Isidro) y Trujillo. En Ecuador, el principal punto costero es Guayaquil, aunque la mayor parte de sociedades se localizan en Quito.

Uruguay tiene una estructura espacial diferente. No sorprende la concentración de sociedades financieras en los mejores barrios de Montevideo, localizados en el centro financiero tradicional de Ciudad Vieja y el posterior desarrollo de Pocitos como espacio urbanístico destinado a concentrar este tipo de actividades. Existe también un destacado número de sociedades financieras localizadas en Punta del Este. Lo que tal vez resulta más llamativo es la proliferación de centros en la Colonia del Sacramento, una localidad situada frente a Buenos Aires y donde en varias ocasiones ha habido intento de conexionar ambos espacios a través de un túnel o un puente subfluvial bajo el río de La Plata. Parece plausible pensar que esta localización gravita dentro del espacio de influencia financiera de Buenos Aires, más que del propio Montevideo u otros puntos de Uruguay.

El último país sudamericano que presenta una presencia destacada de sociedades y personas registradas es Venezuela. En este caso existe una importante concentración en torno a Caracas en Las Mercedes, un centro financiero localizado en el municipio de Baruta, al norte de la capital. Isla Margarita (Porlamar), Valencia y la estratégica entrada de Maracaibo son otros puntos importantes del país.

Conclusiones

Los flujos financieros transnacionales ligados al depósito de capitales en paraísos fiscales no funcionan de manera aleatoria. Tienen por el contrario una arquitectura organizativa planificada, organizada y diseñada para movilizar y anonimizar el capital desde el país de residencia de su propietario a su destino final.

En este contexto, el territorio juega un papel importante en esta red financiera, que aprovecha las diferencias jurisdiccionales y tributarias de cada Estado para favorecer la movilidad del capital con objeto de facilitar entre otros la evasión fiscal, evitar la identificación de los auténticos dueños del capital, ocultar grandes fortunas procedentes de la corrupción, financiación del terrorismo o blanqueo de capitales.

Los movimientos de capital entre espacios aprovechan estas diferencias para cumplir sus objetivos. Tal vez los más significativos se localizan en dos grandes centros financieros mundiales. En primer lugar el caso de China, donde existe una fuerte relación entre las empresas financieras existentes en el interior de sus límites políticos y con respecto a sus espacios ex coloniales de Hong-Kong y Shanghái. Lo mismo ocurre con Reino Unido, que cuenta con intensas relaciones financieras entre las sociedades residentes en Gran Bretaña, la City londinense y las localizadas en la isla de Man o del Canal, así como en sus territorios (ex)coloniales -Gibraltar, Bermudas o Caimán entre otros-.

La morfología de la estructura territorial de las sociedades financieras localizadas en Sudamérica tiene un escaso nivel de desarrollo y conectividad, al menos si se compara con otras redes europeas o asiáticas. La externalización espacial de las conexiones financieras se limita principalmente a los países de su entorno antillano, siendo muy limitadas las relaciones con América del Norte, Europa y Asia. Su fase de madurez está por detrás de estas regiones, que cuentan con una estructura espacial más compleja que la existente en Sudamérica, al menos en lo que respecta a sus conexiones con terceros países.

No existe una correlación directa entre el tamaño de la economía y su diversificación espacial. Las conexiones financieras de los grandes países de la región -Argentina y Brasil- se encuentran al mismo nivel, e incluso por debajo de otros Estados intermedios, como Perú, Colombia o Ecuador. En todos los casos el papel que juega las sociedades sudamericanas en la estructura financiera global es como punto de salida del capital y, excepto el caso de Uruguay, ningún país es nodo intermedio o destino final del mismo. Esto supone que el balance global entre entrada y salida de capital perjudica a Sudamérica, al contrario de lo que ocurre en Asia o Europa, que cuentan con una red de paraísos fiscales que permite captar los capitales generados en su espacio de origen.

La Unión Europea utiliza a los territorios ultraperiféricos del antiguo imperio británico para sus operaciones financieras. Estados Unidos hace lo mismo con algunos de sus Estados. Sin embargo, Sudamérica carece de este espacio de influencia operativo de la misma talla. Uruguay es el único Estado que no solo no expulsa, sino que por el contrario es capaz de atraer capital financiero del exterior.

Desde una escala de análisis urbana, la distribución espacial de los residentes propietarios del capital y las sociedades que lo gestionan se concentra casi exclusivamente en las grandes ciudades. Se encuentra disperso casi sin excepción por aquellas zonas metropolitanas más exclusivas, distritos financieros urbanos y lugares donde residen las grandes fortunas. No se trata por tanto de un fenómeno aislado o exclusivamente reducido a un mínimo grupo de población, sino que se extiende territorialmente por todos los barrios de clase alta. Estos espacios son capaces de absorber importantes desplazamientos de trabajadores cualificados en el interior de las grandes ciudades donde se localizan.

Estas conclusiones son parciales en la medida en que no ha sido posible evaluar la dimensión cuantitativa de los flujos de salida y entrada de capital que generan las CFI, un dato importante para comprender la magnitud de este fenómeno. Considero que es necesario una investigación posterior que permita conocer el volumen de capital que circula por esta red, cómo afecta a la solidez de las economías de estos países, dónde se localiza el destino final del mismo y qué espacios geopolíticos se benefician de la fuga de capitales de Sudamérica.

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1Se trata de una Ley de la administración Obama destinada a mejorar estabilidad y transparencia del sistema financiero de Estados Unidos.

2Solo se toman en consideración las relaciones societarias entre distintos Estados, ya que el objetivo del trabajo es analizar los flujos transnacionales. No se consideran aquellas relaciones, escasas por otro lado, donde coinciden país de origen y destino.

3La base de datos depurada que identifica con precisión el lugar de origen y destino del capital se ha tomado como referencia para la totalidad de este trabajo. Esto explica que los resultados obtenidos sean inferiores a los publicados por el ICIJ, donde en numerosos casos la localización es inexacta o indeterminada.

4La información correspondiente a Reino Unido se encuentra desagregada por espacios coloniales.

5El bailiazgo es un sistema administrativo de origen feudal que aún se da en las islas de Jersey y Guersney.

6Ratio=(Conexiones/CFI)*100.

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