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Universum (Talca)

On-line version ISSN 0718-2376

Universum vol.37 no.2 Talca Dec. 2022

http://dx.doi.org/10.4067/s0718-23762022000200479 

ARTÍCULOS

Amor romántico, feminismo y poder: repercusiones subjetivas en la pareja contemporánea

Romantic Love, Feminism and Power: Subjective Repercussions on the Contemporary Couple

1Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. marcela.gonzalez.b@pucv.cl

2Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. denisse.p.godoy@gmail.com

3Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. tamarac287@gmail.com

4Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. teresabaez98@gmail.com

5Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. rodriguez.maignacia@gmail.com

RESUMEN

Desde una lectura psicoanalítica al campo interdisciplinario de los Estudios del Amor, este artículo tiene como objetivo indagar, a través de entrevistas semiestructuradas, las significaciones que mujeres y hombres heterosexuales chilenos adultos entre 18 y 65 años atribuyen a la diferencia de género para explicarse sus experiencias respecto al amor, al poder y las influencias del feminismo en la pareja. Como resultados, en las mujeres se aprecia una gran tensión entre el ‘deber ser’ de la política feminista y el propio erotismo, entre el ámbito de la autonomía sexual y el poder de seducción. Los hombres refieren a una dialéctica constante del poder y sus privilegios en la conformación de la pareja en la actualidad, lo cual les genera el recelo de verse sometidos o en desventaja en esta dinámica de poder. Como conclusión emergente, se presenta el desafío de pensar una perspectiva del amor que pueda sortear la clásica ilusión de armonía, enfrentando las lógicas fálicas del poder involucradas en la pareja, de un modo que albergue la producción de diferencias y la apertura a la alteridad.

Palabras clave: Diferencia de género; poder; feminismo; amor romántico; psicoanálisis

ABSTRACT

From a psychoanalytic approach, considering Love Studies’s interdisciplinary fields, this article analyzes, through semi-structured interviews, the meanings Chilean heterosexual adult women and men between 18 and 65 years old, grant to gender difference with the purpose to explain their experiences regarding love, power and the influences of feminism in romantic relationships. As referred to women, a great tension appears between the imperatives of feminist politics and their own eroticism, between their sexual autonomy and the power of seducing. Men refer to power as a constant dialectic which produces certain privileges between contemporary couples’s development, this arouses the fear of being subjected or in disadvantage inside this power relationship. Taking it as a whole, we propose an emergent view of a love perspective able to dodge the classic illusion of harmony having to face phallic power logics in romantic relationships, this includes the production of differences as well as the acceptance of the otherness.

Keywords: Gender difference; power; feminism; romantic love; psychoanalysis

El amor como objeto interdisciplinario de estudio

El amor ha demostrado ser un concepto articulador de las subjetividades a nivel relacional, constituyéndose en un objeto interdisciplinar de estudio (Ferguson y Toye, 2017). Su vigencia resulta especialmente innegable con el auge de los discursos feministas que, situados desde las diversas disciplinas, interrogan el lugar del amor en el entramado de poder donde se juegan las relaciones entre los “seres hablantes, sexuados y mortales” (Alemán, 2016).

Desde hace décadas, diversas autoras feministas han destacado las implicancias radicales de lo amoroso en relación con la subjetividad, haciéndose cargo de que la organización del amor bajo el patriarcado está fuertemente estructurada por el sistema de sexo/género, contribuyendo a la subordinación de las mujeres (Bourdieu, 1998; de Beauvoir, 1949; Jónasdóttir, 1994, 2011; Millett, 1970; Rubin, 1975; Segato, 2010; Tubert, 2001).

En la actualidad, desde los Estudios del Amor (Ferguson, 2017; Gunnarsson, 2017; Jónasdóttir, 2011) algunas autoras enfatizan los modelos de subjetividad basados en el conflicto, considerando que el amor romántico, bajo la condición social estructural de la dicotomía de género, funciona como una relación de dominación propia de la modernidad. Desde esta vertiente, la función ideológica del amor sería la de justificar y perpetuar una división del trabajo basada en el género, la subordinación de la mujer y la discriminación contra formas de amor no tradicionales (queer, poliamorosas, no diádicas, etcétera) (Gregoratto, 2017; Illouz, 2009, 2012). Otras autoras del campo de investigación de lo amoroso se focalizan en la noción del amor como una práctica, una política y una ética basadas en el respeto mutuo, la integridad y la responsabilidad (hooks, 2000a, 2000b; Irigaray, 1984, 1992).

Diversos resultados de investigaciones evidencian que la experiencia amorosa está mediada e influida por los estereotipos culturales de género y la ideología del amor romántico (González-Barrientos y Napolitano, 2016; González-Barrientos et al., 2021; Papp et al., 2017; Sprecher y Metts, 1989). Es decir, por un lado, de acuerdo con el sexo anatómico al que se pertenezca, serán validadas y alentadas o no, ciertas características de género, vale decir, actitudes, emociones y comportamientos considerados ‘adecuados’ para uno u otro sexo respecto a la relación de pareja.

Por otra parte, desde feminismos de habla hispana (Errázuriz, 2012; Fernández, 2009, 2021; Herrera, 2018; Lagarde, 2001), se visibiliza la necesidad de deconstruir el amor como lugar de subordinación y dominio, destacando la aspiración feminista a construir relaciones basadas en el respeto mutuo, el buen trato y la igualdad.

En este sentido, a pesar de considerar que el amor romántico y sus prácticas mantienen vigente e invisibilizan las dimensiones de poder en las relaciones amorosas, reproduciendo en acto la desigualdad (Fernández, 2021), para esta corriente feminista -la Escuela Argentina de Psicoanálisis y Género- la tarea no sería abandonar el campo del amor, sino desafiarse a lograr una mayor articulación a favor de la propia dignidad y de sus anhelos, de la independencia económica y del derecho a disponer de la propia vida, tanto social como sentimentalmente (Tubert, 2015). Es decir, construir lógicas del amor no basadas en la subordinación de unas frente a otros, sino en la percepción del potenciamiento mutuo. Este potenciamiento implicaría un esfuerzo diferencial en las parejas heterosexuales, debido a la necesaria transformación de los mandatos de género: “… se trata de la construcción de autonomía para mujeres y deconstrucción de poder de dominio para varones” (Fernández, 2009, p. 48), con el fin de inventar una nueva figura, “el amor entre pares políticos. Resistir al género para devenir sujetos” (Fernández, 2009, p. 72).

Por su parte, desde la perspectiva psicoanalítica lacaniana, el abordaje del campo del amor nunca se presenta como un todo cerrado, sino más bien desde el intento de sortear una explicación imposible de un fenómeno que se resiste a cualquier totalización (Allouch, 2011). Expresión de esta cuestión es la manera aporética con que Lacan se refiere al amor en el transcurso del seminario 20: “… lo que digo del amor es con toda certeza que no puede hablarse de él” (Lacan, 1975, p. 20), y unas lecciones más adelante, “lo único que hacemos en el discurso analítico es hablar de amor” (p. 101).

En 1960, Lacan (1991) había introducido la cuestión de la disparidad para pensar las relaciones amorosas, permitiendo enfatizar cierto desequilibrio movilizador entre las dos posiciones siempre dinámicas e ineludibles del amor: la del amante y la del amado. En ese entramado, la significación del amor surge en la medida en que la función del amante sustituye a la del amado, haciendo de una relación contingente, una necesaria.

Como señala Alexandra Kohan (2021), lo inédito de la apuesta lacaniana es que la disparidad no se reduce a la disimetría entre dos sujetos, sino que es una marca contra la intersubjetividad, desde el momento que en la relación amorosa no se trata de dos sujetos, sino de dos posiciones de sujeto: un sujeto y un objeto. Por lo tanto, en rigor, no se reduce a un emparejamiento. Esta concepción es un aporte que complejiza y enriquece los análisis del fenómeno amoroso, desplazándolo de la esfera del voluntarismo consciente, pues ni el amante sabría lo que le falta, ni el amado sabría lo que tiene.

Precisamente, desde el registro simbólico, la noción de falta se constituye en un elemento estructurante. Lacan (1991) plantea que amar es “dar lo que no se tiene” (p. 45), expresión que enfatiza la noción de que para amar es necesario estar habitado por la falta, es decir, tener la experiencia de un vacío al que solo un otro en específico puede responder, el amado (Recalcati, 2019).

A partir del ímpetu que ha tomado socialmente el discurso feminista en el último tiempo, resulta interesante conocer la influencia que éste ha tenido en las significaciones y prácticas respecto al amor romántico/sexual en la actualidad, desde la perspectiva de los participantes, desentrañando el modo en que los factores socioculturales, como las creencias de cada época, permean a los sujetos en su construcción subjetiva (Jonasdóttir, 1994). Por otra parte, el psicoanálisis considera que la integración de la cultura -el discurso del Otro- en el psiquismo no es sin conflicto, pues ese resto irreductible pulsional -lo singular de cada cual- se tensiona frente a los ideales impuestos, sean tradicionales o contemporáneos, debiendo el sujeto encontrar su propia posición, cuestión que nunca estará exenta de malestar y desencuentros.

A raíz de lo anterior, desde los Estudios del Amor y con aportes de la perspectiva psicoanalítica, este estudio se orienta a partir de las siguientes preguntas: ¿Cómo significan diferencialmente hombres y mujeres sus vivencias amorosas de acuerdo con atribuciones de género? ¿Cómo ha influido el feminismo en la significación de estas vivencias? ¿Cómo perciben hombres y mujeres las relaciones de poder en las relaciones amorosas?

Materiales y métodos

Para la realización de esta investigación se utilizó un diseño cualitativo, de tipo hermenéutico-interpretativo, centrado en describir, estudiar y analizar los discursos, significados, estructuras y experiencia subjetiva de los sujetos en torno a un fenómeno determinado (Salgado, 2007). La finalidad específica era conocer las significaciones que los participantes atribuían a la diferencia entre los sexos (o dicotomía de género), para explicarse las cogniciones, sentimientos y/o comportamientos vivenciados respecto a la relación amor y poder en las relaciones sexoafectivas y las influencias del feminismo en las respectivas vivencias. Este artículo se desprende de una investigación mayor referida a Género, Poder y Utopía romántica.

Participantes

Para definir la búsqueda de participantes, se decidió abarcar un amplio rango etario de entrevistadas/os, dividiéndolos de acuerdo con criterios de tareas y logros de la socialización basados en el ciclo vital (adultez temprana e inicios de la adultez media, entre 18 y 44 años; adultez media con tareas ligadas a la estabilidad y consolidación, entre 45 y 65 años) (Zapata et al., 2002). En relación con el criterio geográfico, este respondió a la oportunidad de contacto para la realización de las entrevistas, ya que se realizaron de forma presencial.

El criterio del género y la orientación sexual se basó en la consideración de la pareja heterosexual como marcada por aprendizajes sociales de género respecto al amor y dominando la esfera de organización sexual: “… la organización patriarcal de la heterosexualidad es crucial porque ‘es la forma dominante de organización sexual’” (Jónasdóttir, 2011, p. 46).

Si bien este estudio tuvo como objetivo profundizar en las influencias del feminismo en las relaciones amorosas, se convocó a los/las participantes sin pedirles definiciones explícitas respecto a este movimiento para facilitar la aproximación desde perspectivas heterogéneas, entendiendo que actualmente los feminismos repercuten en la forma en que los sujetos experimentan la realidad social (Fernández, 2021; González-Barrientos et al., 2021).

Muestra

Tabla 1 Participantes (Fuente: Elaboración propia) 

La muestra utilizada en este estudio corresponde a una muestra cualitativa o estructural que no tiene como finalidad la representación estadística, sino abarcar las relaciones que configuran el objeto de estudio. Cada participante expresó su posición diferencial de edad y sexo, permitiendo producir un panorama general del objeto en estudio que fundamentaba el interés de la investigación. De esta forma, la muestra cualitativa buscó representar la diversidad de matices del objeto estudiado. Si bien se trató de un estudio no sujeto a saturación numérica, este consideró inicialmente una muestra de 16 participantes, la que en el transcurso de la investigación fue aumentada en uno, por razones de interés de la investigación. Con la finalidad de resguardar las identidades de los y las participantes, a partir de ahora se entenderá ‘M’ como mujer, ‘H’ como hombre y el número que los acompaña corresponderá a su edad al momento de la entrevista.

Procedimiento

La indagación empírica comenzó con el contacto vía web de los y las participantes que deseaban colaborar, los cuales fueron reclutados a través de un correo electrónico creado para la investigación (inv.relacionesamorosas@gmail.com) y a través de redes sociales, a fin de llegar a la mayor cantidad y diversidad posible de participantes. Los participantes que se pusieron en contacto recibieron un correo personal el cual entregaba información general de los requisitos de la investigación. Estos contemplaban ser hombres y mujeres que vivieran dentro de Santiago o la Región de Valparaíso, que fueran adultos heterosexuales de entre 18 y 65 años.

Las entrevistas se llevaron a cabo de forma presencial, con grabación de audio y transcripción literal, resguardando características identitarias para garantizar la confidencialidad de los y las participantes. Por otra parte, se siguió la modalidad de entrevista semiestructurada (Valles, 2002), cuya pauta se basó en los objetivos que dirigían la investigación, ahondando en tres temáticas centrales: amor romántico, feminismo y poder. Por otra parte, la entrevista se guió por el método psicoanalítico, en donde la asociación libre y rescatar la subjetividad son elementos de vital importancia que permiten abrir nuevo contenido desde la diferencia de los/as entrevistados/as (Cartwright, 2004).

La pauta contó con dos partes: una primera, que consideró datos personales con la finalidad de dar contextualización al relato y trabajo interpretativo posterior (sexo, edad, ocupación). La segunda parte del guión profundizó en la temática referida a la diferencia de los sexos, el poder en la pareja, y las influencias del feminismo.

Técnica de análisis

Se utilizó el análisis temático, que permite identificar, organizar, analizar en detalle y reportar patrones o temas a partir de una lectura y relectura minuciosa de la información recogida, infiriendo resultados que propician la comprensión/interpretación del fenómeno estudiado, respetando la subjetividad de los participantes, así como manteniendo en perspectiva el contexto espaciotemporal en que se estudia el fenómeno (Braun y Clarke, 2006).

El proceso de análisis siguió las fases señaladas por Virginia Braun y Victoria Clarke (2006), iniciándose con la transcripción de las entrevistas realizadas, continuando con la lectura de las mismas con el fin de lograr la familiarización inicial con los datos. Posteriormente, se realizó la codificación individual de cada entrevista por tres investigadoras distintas; una vez codificadas estas se compararon, discutieron y luego se triangularon los códigos de cada entrevista con las otras, considerando el criterio del rango etario, y manteniendo la diferenciación por género, con el objetivo de obtener las categorías finales. Para finalizar, se realizó una discusión última de los datos, en la cual se llevó a cabo una relectura comparativa de los resultados de las categorías encontradas, esta vez entre los géneros, para establecer el texto de la discusión final.

Resguardos éticos

Cada participante que aceptó nuestra invitación firmó un consentimiento informado, el cual fue leído y revisado con el entrevistador, antes de iniciar, en el que se enfatizaba el resguardo de la confidencialidad, la participación informada y voluntaria. De acuerdo con la Ley N°20.120, sobre Investigación Científica en el Ser Humano, esta investigación se realizó con la autorización del Comité de Ética/Bioética de la PUCV, bajo la certificación BIOEPUCV-H 300-2019.

Resultados

Los resultados se dividieron en relación con el género de los participantes. Para el caso de las mujeres, el análisis de las entrevistas arrojó la siguiente codificación temática.

Tabla 2 Mujeres (Fuente: Elaboración propia). 

Percepción femenina del amor

Esta categoría pretende mostrar las diferencias percibidas por las mujeres entrevistadas respecto al modo de amar de sí mismas y de los hombres. Los resultados obtenidos apuntan a una reafirmación del discurso social predominante heteronormado. Efectivamente, en referencia al amor masculino, mencionan que ellos son más “prácticos y con menor capacidad expresiva”, señalando que este comportamiento de los hombres en lo amoroso se justifica en los modelos de crianza donde la vulnerabilidad no puede ser mostrada; reconociendo de esta forma la existencia de una “carga social ligada al amor masculino”. Por otra parte, atribuyen también que “el hombre es más carnal” (M62, secretaria), aludiendo con esto a la facilidad masculina para separar sexo/deseo del amor, lo que llevaría a las mujeres a percibirlos como menos comprometidos e inestables en el lazo amoroso.

Así también, se presenta el código “del amor femenino”, en el cual las mujeres se describen a sí mismas y a sus amigas al momento de amar. Dentro de estos relatos aparece el “romanticismo y proyección amorosa”, evidenciando que el amor sigue ocupando un lugar central en su narrativa y logros:

Por mi entorno de amistades femeninas, a pesar de que “no, es que yo voy y me acuesto y eso”, […] por debajo siempre está la intención de que va a resultar con esa persona con la que se involucraron sexualmente. (M37, pianista, p. 8)

Una de las diferencias que explicaría que las mujeres busquen concretar un lazo estable, es el factor biológico que limita las posibilidades de alcanzar el ideal social de la maternidad:

… las mujeres tienen un reloj biológico que siente que el tiempo pasa, pero para el hombre nunca pasa, pueden ser eternamente viejos y igual van a dar con una mina súper joven, pero la mujer no. Entonces siempre está muy ansiosa. (M53, cosmetóloga, p. 12)

Así, se aprecia que “esto limita su poder de negociación frente al de los hombres, quienes son mucho más inconscientes de tal dimensión temporal” (Illouz, 2012 p. 106), contando con mayor tiempo para realizar la selección de pareja.

Influencias del feminismo

La presente categoría refleja las diversas influencias que las entrevistadas consideran que los movimientos feministas han tenido en sus vidas, integrando tanto contribuciones como dificultades.

Las entrevistadas expresan un “cambio social en el concepto de amor de pareja” que se evidenciaría en el cambio de las prioridades de las relaciones actuales, como por ejemplo, el desplazamiento del interés por el compromiso respecto a la preeminencia de sus carreras profesionales. Sin embargo, lo anterior pareciera ir aparejado de tensiones y conflictos en la vivencia femenina:

Y hoy en día por una cosa económica, y profesional, las mujeres están muy a la par con los hombres, pero en ese querer estar y compararse al hombre, creo que a la mujer se le ha pasado un poquito la mano en la autonomía y en la… el empoderamiento que adquiere. (M53, cosmetóloga, p. 7)

A partir del extracto anterior se destaca que, si bien ha existido un avance respecto al cuestionamiento del destino único de las mujeres asociado a la esencialización de la maternidad y al trabajo doméstico, sigue existiendo cierto rechazo frente a estos cambios. Por otra parte, la priorización de logros en términos laborales, en el caso de las mujeres, sigue estando tensionado por el hecho de acompañarse del imperativo social de mantención de la esfera doméstica y familiar.

Por otro lado, las entrevistadas mencionan diversas “contribuciones del feminismo”. En primer lugar, se identifica la visibilización del machismo, la que consiste en reconocer las prácticas y actitudes machistas, especialmente en sus relaciones de pareja:

Una mayor reflexión de las demandas que tú le puedas hacer, que a lo mejor antes las veía como exageradas, pero que ahora gracias al feminismo las ve como algo que no es una exageración, ¿ya? Esta cosa de ‘mira la gordita que va ahí en la moto’, no sé qué, y yo siempre decía ‘pero cómo se te ocurre referirte así de una mujer’ […] Ahora es como ‘ya mi amor, perdona’, cachai? entonces hay como una cosa más de mayor validación de cosas. (M34, psicóloga, p. 14)

A partir de lo anterior, es posible dar cuenta de la presencia de algunos cambios en las masculinidades como expresión de las transformaciones socioculturales gatilladas por los movimientos feministas, asociados principalmente a las demandas de visibilización de las múltiples violencias de las que son víctimas las mujeres, y a los profundos cuestionamientos al sistema patriarcal (Gomáriz, 1997).

Otra contribución son las redes de apoyo, destacando la creciente visibilización y conformación de organizaciones que apoyarían a las mujeres en situaciones de violencia de género, lo que las haría sentir acompañadas:

… las mujeres están más informadas y las mujeres saben cuáles son sus derechos. Están, hay organizaciones que están apoyando a las mujeres, hay mujeres profesionales que están, mmm, pa’ eso po’, pa’ informar, pa’ apoyar psicológicamente a las mujeres y darles […] ese apoyo y la garantía que… que si ellas salen de ese círculo de violencia no sé, no les va a pasar nada. (M58, artesana, p. 28)

Una tercera contribución sería el empoderamiento femenino, considerando que habrían tomado un rol más activo en diversos espacios, haciéndose un lugar dentro de estos, especialmente en lo que respecta a las relaciones de pareja:

Estamos en un momento de la sociedad en que las mujeres sentimos que tenemos más espacio para tomar nosotras la decisión que queremos, es decir, si yo quiero que él se fije en mí, también lo puedo ir a conquistar yo, entonces nos hemos animado a hacerlo y cuando nos hemos animado a hacerlo, […] hemos partido las mujeres por romper estos paradigmas clásicos. (M47, directora centro de investigación, p. 11)

El empoderamiento, según Lagarde (2004), se vincula con la transformación personal en un ser individual con capacidad de decidir y de actuar por cuenta propia, con movilidad y autodeterminación, constituyéndose como un proceso para cambiar la distribución de poder, tanto en las relaciones interpersonales como en las instituciones de la sociedad (Stromquist, 1997).

La cuarta contribución del feminismo es un cambio en la mentalidad masculina:

… Se puede como… enfocar mejor en la vida, ¿cachai? Porque siento que tení como una contención mejor, y tení como un apoyo, y se pueden apoyar […], no hay así como que “aquí soy yo el que mando y tú soy la que obedece”, o “soy el que mantengo esta casa y tú soy la que administra la casa”, […] no, es como, es como que hay un complemento. (M58, artesana, p. 8)

Esto puede asociarse con los esfuerzos de los movimientos feministas por cuestionar los tradicionales roles de género. En este proceso que apunta a la deconstrucción, surge la posibilidad de pensar ser hombre de otras maneras y visibilizar las relaciones de opresión, reconociendo lo masculino como una compleja red de relaciones de poder basadas en hegemonías y resistencias (Aguayo y Nascimento, 2016).

Sin embargo, si bien los movimientos feministas han introducido contribuciones, las entrevistadas también perciben las “dificultades en las relaciones de pareja asociadas al feminismo”, a propósito de los cuestionamientos a las desigualdades que este movimiento introduce:

A propósito de las marchas feministas, eso te hace cuestionarte: ya ok, tengo un hombre que hace harto pero ¿por qué tengo que contentarme con que haga harto si aún así soy yo la que hace más? Entonces eso, ¿qué te genera a ti? Molestia. Te valida el derecho de reclamar y de pedir y de demandar ¿y eso qué genera en el otro? Cuando es muy repetitivo [risa leve] genera molestia. (M34, psicóloga, p. 13)

La visibilización y cuestionamiento de las desigualdades en la pareja conllevarían al desencanto de la relación romántica, y, por ende, también a la pérdida del romanticismo, pues los movimientos feministas harían caer el velo del romanticismo al poner de relieve las jerarquías sociales presentes en las relaciones, enfatizando diferencias que a menudo se pasan por alto porque resultan incómodas de notar (Törnqvist, 2011).

Por otro lado, algunas entrevistadas mayores consideran que el descuido del romanticismo en la relación sería una dificultad asociada al feminismo, en tanto las mujeres relegarían tal aspecto en pos de satisfacer las metas de autonomía económica y profesional:

En esta generación de hoy cuando hay una igualdad de condiciones y un empoderamiento de la mujer, a la mujer se le pasa un poquito la mano, está mucho más preocupada de escalar posiciones laborales e intelectuales, y deja un poquito de lado la parte romántica y la parte familiar. Y ahí se hace una ruptura, porque está igual de cansada, entonces se descuida la relación de pareja. (M53, cosmetóloga, p. 7)

Respecto a este punto, parecería que el reclamo sobre el descuido de la relación de pareja también alude al abandono percibido de las funciones maternas y familiares, atribuidas históricamente al rol femenino aprendido desde la infancia. Al cuestionar con sus actos la apropiación irrestricta de las funciones de cuidado del otro, las mujeres jóvenes podrían resultar amenazantes para las mayores, quienes han perseguido tradicionalmente este ideal. Esto último ilustra lo compleja que es la aceptación del deseo de las mujeres en otro ámbito que no remita al históricamente ocupado en el núcleo familiar.

Por último, las entrevistadas identifican y experimentan ciertas “contradicciones entre práctica y discurso”, evidenciando la dificultad de encarnar cotidianamente los ideales de los movimientos feministas:

Estoy pensando en unas amigas que son muy feministas y están en los grupos, etc. combatientes, pero me he visto en la intimidad con ellas -de conversación- y he logrado percibir de que no es tan así y ahí hay una cuestión viciosa que el hombre, por ejemplo, no lo tiene […]. Va, se acuesta y después bien, eso. No queda un asunto dando vuelta. En cambio la mujer sí le queda dando vueltas algo. (M37, pianista, p. 9)

El feminismo también se ha prestado para caer en corrientes muy dogmáticas, también el tema de la feminidad, de la sexualidad, de que yo no puedo desear a un hombre, no me puedo vestir con un escote, con unas pantis, con tacos porque eso es que me estoy cosificando, ¿ya? Cuando en realidad creo yo que tú puedes tener ciertas posturas claras y disfrutar libremente de tu sexualidad. (M34, psicóloga, p. 19)

Lo expresado por las entrevistadas sitúa las contradicciones en el terreno de lo sexual, en tanto dicho ámbito se encuentra ahora con la desafiante tarea de encarnar cotidiana y relacionalmente los discursos feministas que irrumpen desde lo social. En este marco, se presenta una contradicción al querer y tener que actuar respecto a un ideal de autonomía sexual, referido en este contexto a la capacidad de expresar libremente su erotismo, pero que pareciera no ser tan fácil de llevar a la práctica, ya que -como menciona otra entrevistada- cuando una mujer expresa activamente una posición de seducción, sería juzgada como patriarcal por cierto feminismo, en tanto se prestaría a la cosificación por parte de los hombres. Lo anterior revela el siempre actual debate feminista respecto a la utilización del propio cuerpo como forma de seducción, discutiendo si efectivamente la llamada liberación sexual de las mujeres corresponde a un logro emancipador de la tercera ola feminista o más bien terminaría aferrando a las mujeres al imaginario erótico masculino y reproduciendo dominaciones.

Finalmente, respecto a lo mencionado por una entrevistada como tendencias dogmáticas en algunos feminismos, resulta interesante mencionar que, si bien los movimientos feministas se conforman con base en un ‘nosotras’ que sostenga la experiencia política, lo anterior no significa necesariamente mostrarnos o incluso considerarnos todas iguales. Esto último supondría una homogeneización ilusoria y posiblemente aplastante, que podría no albergar la expresión de la diferencia, lo que reforzaría una dependencia a nuevos mandatos e ideales (Kohan, 2019). En este marco, sostenemos la importancia de concebir una experiencia política donde lo colectivo pueda “alojar y cobijar a las distintas e irreductibles singularidades” (Abraldes, 2014, pp. 563-564).

Usos del poder

Las mujeres entrevistadas ven aparecer este componente de dos formas. La primera destaca al “poder como componente negativo”, refiriéndose a la utilización del poder en aquello que se conoce del otro con el fin de manipularlo y obtener lo que se desea. De esta forma, el poder dejaría en desventaja a una de las partes de la relación, pudiendo llegar a ser perjudicial para el lazo amoroso. Respecto a esto, una entrevistada señala que “cuando se ejerce el poder, el amor se empieza a… a desteñir un poquito. […] Entonces, pienso que el poder […] es algo que gatilla y va, va minando, va matando un poco el amor, el cariño” (M56, diseñadora gráfica, p. 19).

En todas las relaciones hay juegos de poder, en todas, entonces la pareja no queda exenta de eso. Ahora, depende de la pareja lo que se utilice como poder. Está en cada uno cuánto las utilizas o cuánto conscientemente decides no empujar al otro a hacer cosas que no quiere hacer, dado que sé que tengo el poder de hacerlo. (M47, directora centro de investigación, p. 13)

La segunda vertiente estaría relacionada con la “utilización velada del poder”; en relación con lo anterior, si bien las entrevistadas reconocen y caracterizan el uso del poder en la pareja como algo que puede llegar a ser perjudicial, también señalan que desde la ‘astucia femenina’ pueden lograr sus objetivos. Habría en las mujeres una sutileza que les permitiría usar este poder sin evidenciar una posición dominante, dejando pensar al otro que es él quien manda. Es interesante que las entrevistadas que se reconocen participantes de este juego de poder, son aquellas que se ubican en el rango etario sobre 45 años:

Siento que siempre he conducido yo, pero para que ocurra lo que debe ocurrir ¿te fijas? Que ocurra esto de que él se haga cargo, de que él como que es el hombre de la relación. (M47, directora centro de investigación, p. 10)

Mira, me dijo ella, “uno nunca tiene que saberlo todo” [Risas]. Y así, por el marido, ella ha estado pobre. Y lo consigue todo. Es que las mujeres son muy astutas. Entonces él cree que tiene el poder y que no la puede dejar sola. (M53, cosmetóloga, p.15)

Esta estrategia puede anclarse en los mandatos socioculturales ligados a la represión del deseo del poder en las mujeres, cuya transgresión tiene como consecuencia el malestar vinculado al sentimiento de culpa y el miedo de perder la valoración y los afectos (Errázuriz, 2012).

Ahora bien, en el caso de los hombres, el análisis de las entrevistas arrojó la siguiente codificación.

Tabla 3 Hombres (Fuente: Elaboración propia). 

Percepción masculina del amor

Esta categoría pretende mostrar las diferencias percibidas por los hombres entrevistados, respecto al modo de amar de sí mismos y de las mujeres. Los resultados obtenidos también apuntan a una reafirmación del estereotipo masculino.

Respecto a sus percepciones del amor femenino, los hombres señalan que las mujeres “son emocionales y ansiosas”, pues están involucradas en el amor ‘con su ser’ (H31, vendedor), teniendo ellos mucho más clara la diferencia entre una relación casual y el compromiso. Además, percibirían el ansia de las mujeres a comprometerse y establecer una relación seria, pues “tratan de consolidar muy rápidamente” (H50b, ejecutivo). Con respecto al comportamiento femenino una vez que se consolida la relación, los entrevistados señalan dos aspectos centrales que reconocerían, el primero es que las “mujeres saben ‘leer’ a los hombres”, comparando algunos esta habilidad con la materna, que reconocía la mentira en el hijo adolescente (H42, vendedor). El segundo aspecto guarda relación con que “para las mujeres nunca es suficiente”, señalando el aspecto insaciable de la demanda femenina, que exigiría al hombre dar un poco más de su atención, de su tiempo, de su amor, generándoles malestar (H50a, diseñador gráfico).

En relación con sus percepciones “del amor masculino”, señalan que “el hombre es más infiel”, siendo ellos los que finalmente “echarían a perder las cosas” (H50b, ejecutivo) en la pareja. La infidelidad masculina apuntaría a comprobar que aún son capaces de conquistar o que se encuentran ‘vigentes’ pues, como señala un entrevistado, “tenemos como un tema de seguridad, como que tenemos que estar presumiendo de que estamos […] estamos todavía en la cancha” (H50b, ejecutivo, p. 5).

Sin embargo, también reconocen el “peso del estereotipo masculino” y cómo este los haría responder a la imagen de desenganchados de la expresión romántica:

No somos estos primates que están en la selva golpeándose el pecho […] pero el hombre ha tenido que ser básicamente un primate, sin sentimientos, rudo, machista, en este estereotipo. […] es como una especie de escuela “no tiene que llorar, no tiene que mostrar eso” ¡Y qué raro! ¿No tenemos sentimientos? (H42, vendedor, p. 12)

Influencias del feminismo

Algunos entrevistados destacan la influencia positiva que, desde su perspectiva, han tenido los movimientos feministas, centrándose en el impacto sobre la relación de pareja. En este marco, fueron los participantes jóvenes quienes tendieron a identificar y describir “contribuciones del feminismo”, elaborando respuestas que ilustraban su posición política al respecto:

… Las mujeres ya […] no toleran ningún tipo de violencia psicológica ni menos física, como que la ha hecho empoderarse mucho más, que es lo que busca el movimiento. Y yo creo que está super bien, porque hay mujeres que también son muy machistas y tampoco es que sea culpa de ellas, sino de su educación en la casa, su entorno, qué sé yo. (H21, universitario, p. 15)

Esta cita ilustra cómo algunos sujetos reconocen el sistema de relaciones en el que se encuentran, destacando el carácter dinámico de las relaciones patriarcales, visibilizando así la participación de hombres y mujeres en los procesos de producción y reproducción de las relaciones de opresión.

Algunos participantes también describen “dificultades y contradicciones del feminismo”, reflexionando especialmente acerca del rol dominante que habrían tomado las mujeres:

Pero sí, socialmente creo que ha afectado mucho […] creo que ha sido nocivo, por cuanto, nunca he visto que haya sido bien entendido […] O sea, creo que el feminismo, hoy en día, está tratando de imponerse bajo el concepto machista. […] porque, o sea, piensa que si el hombre ha dejado de ser machista, o sea pa’ qué las mujeres van a querer tomar ese papel po’. O sea, si al final cacharon que la cuestión no va pa’ allá, que hace mal a las relaciones. (H50a, diseñador gráfico, p. 5)

Este extracto permite ilustrar cómo es que los hombres entrevistados mayores a 45 años destacan negativamente el rol dominante que habrían tomado las mujeres con el feminismo, al percibirlo como un intento de emular los comportamientos masculinos. En este marco, es relevante considerar que el proceso de cambio cultural que permite a las mujeres acceder a posiciones de poder, conlleva la pérdida del mismo por parte de los hombres, lo que provoca una situación mucho más conflictiva que en el caso de la subordinación femenina.

Usos del poder

En relación con los usos del poder, los hombres participantes identifican dos formas en que este se puede ver en las relaciones amorosas; la primera la expresan respecto del código “dominio/sumisión”. En esta dinámica el poder no sería estático, sino que más bien, estaría en juego en la relación de pareja, pudiendo desplazarse. Al mismo tiempo, el poder desempeñaría un rol erótico:

Yo me acuerdo de haber escuchado de mujeres, parejas mías que me decían: “Soy tuya”, y es como: “¡Wuaaaa!”, pero se, se siente la raja1 po’ huevón, se siente la raja tener ese poder ¿cachay? Pero es terrible po’ porque no, porque sabes que es mentira, pero es una mentira que te da tanto poder sobre el otro, que puedes querer, querer ser adorado siempre po’ ¿cachay? Cuático. (H48, fotógrafo, p. 22)

Por otro lado, los entrevistados señalan que no existiría un equilibrio ideal en la dinámica del poder en la relación de pareja, ya que, si alguien renuncia a ejercer este poder, quedaría expuesto al posible aprovechamiento del otro respecto a esta acción:

Por eso es tan difícil relacionarse hoy en día porque […] pocos están dispuestos a la renuncia… pero al límite de la renuncia, porque eso es un hilo tan delgado, el límite de la renuncia, entre que yo renuncio y al final terminai’ dominando tú la situación, y yo soy víctima de mi renuncia. (H50a, diseñador gráfico, p. 3)

Porque si una persona cede mucho con lo que la otra persona quiere, al final va a llegar a un punto en que va a decir, “bueno, ¿y yo cuándo? ¿Cuándo vamos a hacer lo que yo quiero?”. (H21, universitario, p. 17)

El segundo aspecto que identifican es aquel que tiene relación con el “poder y división de roles”, indicando que siempre habría situaciones en que uno se ubica en posición de privilegio y el otro se subordina, por lo que la dinámica de poder estaría en movimiento permanente. Lo anterior se evidencia respecto del mandato masculino de ser el principal proveedor en la relación:

…creo que estamos todavía sufriendo los embates de, de las relaciones machistas ¿ya? Creo que todavía no nos liberamos de eso. Ehhh… o sea, me ha tocado ver casos en los que ehh, gente no se siente bien porque “chuta yo, yo trabajo en retail y la mina que conocí es médico”, entonces no ¿cachay? No. O sea, ella lo acepta porque está en una posición feminista y le da la posibilidad. Pero él no lo acepta porque viene con un embate social machista. (H50a, diseñador gráfico, parte 2, p. 6)

De esta manera, se observa que en los hombres hay un intento de conservar el poder ligado a los roles de género tradicionales en la relación. Desde aquí, pareciera ser que el recelo actual en los participantes se asocia con el cuestionamiento de esta división de roles, y el rechazo al lugar en el que podrían quedar en la relación.

Discusiones

Como se ha señalado, hemos encontrado que los hombres y mujeres entrevistados sostienen el discurso social predominante respecto de la temática del amor, la sexualidad y la intimidad relacional, ratificando que el amor -y las representaciones de lo que este ‘debería ser’- sigue apegado a las normativas (heterosexuales) comandadas por el género, lo cual es consistente con estudios realizados desde un enfoque de género (González-Barrientos et al., 2021; Lara y Gómez-Urrutia, 2019).

En este marco, tanto hombres como mujeres destacan como consecuencia del modelo de aprendizaje social de género, la menor capacidad masculina de involucrarse y comprometerse en la relación amorosa. Sin embargo, llama la atención que ni los hombres ni las mujeres entrevistadas cuestionan la carga cultural asociada al amor como responsabilidad femenina, probablemente naturalizándolo (Jónasdóttir, 2011). En este sentido, el permanente cuestionamiento a las atribuciones de género sigue siendo una tarea clave para los feminismos contemporáneos.

En relación con el poder en la pareja, las mujeres mayores entrevistadas lo consideran perjudicial para el lazo amoroso, utilizándolo veladamente; intentando ser ellas las que finalmente deciden, pero sin que esto se note. Lo anterior remite a cierta táctica femenina de ‘hacerse la tonta’ (hooks, 2000a), en que “uno nunca tiene que saberlo todo” (M53), apuntando a no entrar en la rivalidad competitiva con la pareja de forma directa. Esto último le permitiría a la mujer la posibilidad de ejercer igualmente un poder, pero sin poner en riesgo la estructura tradicional de la relación. Desde una perspectiva psicoanalítica, esta posición de ‘pobreza’ que mostraría la mujer, ya sea literal (en dinero o bienes materiales) como simbólica (en conocimientos, destrezas, etcétera), permitiría al otro -su pareja- dar aquello que falta, o en términos psicoanalíticos, brindar su potencia fálica (Miller, 1991).

Respecto a la influencia del feminismo, el relato de las participantes ilustra tensiones y contradicciones existentes en cuanto a la encarnación cotidiana y doméstica de estos ideales políticos. Lo anterior se evidencia, especialmente, en la tensión producida entre el cumplimiento de los roles de género asociados al cuidado y el deseo de desarrollarse profesionalmente fuera del ámbito tradicional de la maternidad y la familia.

A partir de lo anterior, se ilustran las tensiones que genera el entrecruzamiento amor, feminismo y poder.

En el caso de algunas entrevistadas, el campo de lo erótico se ve tensionado por el deseo de experimentar un ideal de autonomía sexual cuyo despliegue sigue siendo controversial desde los movimientos feministas. Esto último puesto que la esfera sexoafectiva ha servido históricamente a la producción y reproducción de lógicas de subordinación-dominación heteropatriarcal, constituyéndose como un complejo fenómeno. De hecho, desde la perspectiva psicoanalítica, el deseo siempre es el “deseo del Otro” (Lacan, 1966, p. 775), anclándose en las coordenadas sociohistóricas y culturales que condicionan la vida de los sujetos. Por tanto, lo erótico está habitado por una extranjeridad estructural que resistiría cualquier intento de racionalización individual (González-Barrientos, 2019), evidenciando las contradicciones de la subjetividad entre lo personal y lo político.

Ya que el amor carga con los ideales de cada época, podemos apreciar cómo con el auge feminista, se instalan paulatinamente discursos que se presentan como una ‘pedagogía del amor’ orientada a prescribir, aconsejar, establecer los modos correctos y los ‘tóxicos’ de experimentar el amor. Si bien los discursos sociales otorgan sentidos que pueden abrir una dimensión transformadora ofreciendo nuevas posibilidades de vivir la experiencia amorosa, desde una lectura psicoanalítica, nada clausura el malestar estructural del sujeto frente a las normativas de la cultura. Lo anterior nos conmina a cierta cautela respecto a aquellas conceptualizaciones contemporáneas del amor (Herrera, 2018) que parecieran prescindir de la dimensión inconsciente del deseo y el goce que hace opacos los terrenos del amor y el erotismo.

Frente a lo anterior, y buscando no hacer otra versión de pedagogía amorosa, la aceptación de la disparidad del amor propuesta por el psicoanálisis podría favorecer formas menos idealizadas y exigentes de vivir el amor (Kohan, 2021). En este marco, acoger esta disparidad en el amor no debería entenderse como la mantención de los roles de género en la pareja, ni como el sostenimiento de la asimetría de poder que los feminismos han denunciado respecto del amor romántico, sino como la aceptación de la división que habita en cada sujeto, y que constituye la singularidad de la propia forma de amar. En este sentido, desde la perspectiva psicoanalítica, cada quien ama enfrentándose a su propia alteridad y a la del Otro, sin importar su género (Bassols, 2021).

Para finalizar, los resultados de esta investigación plantean el desafío de pensar las relaciones sexoafectivas ‘no-todas’ imbuidas en lógicas fálicas, que serían aquellas marcadas por la consistencia, el exceso de sentido, la rivalidad, la competitividad y la estandarización de la vivencia sexual. Se trataría, más bien, de la apertura a la alteridad como radicalidad de la diferencia (Recalcati, 2021), cuestión que será para el psicoanálisis y los Estudios del amor un aspecto especialmente relevante de abordar.

Conclusiones

La presente investigación utilizó un diseño cualitativo, basado en el análisis temático, y tuvo como objetivo indagar, desde el campo de los Estudios del Amor y con aportes del psicoanálisis, las significaciones que los participantes atribuían a la diferencia de género para explicarse las cogniciones, sentimientos y/o comportamientos vivenciados respecto al entrecruce de amor, poder e influencias del feminismo en las relaciones sexoafectivas.

A partir de los resultados de la investigación, se concluye que: a) se mantiene la centralidad del amor romántico para los entrevistados de ambos géneros, a pesar de las denuncias feministas del amor como un dispositivo ideológico que contribuye a la subordinación de las mujeres; b) si bien las transformaciones de los discursos sociales abren la posibilidad de interpretar y vivenciar lo amoroso de nuevas maneras, se experimenta una tensión en las mujeres entrevistadas asociada a la encarnación cotidiana de los ideales ético-políticos de los movimientos feministas en la esfera afectiva y sexual; c) el cuestionamiento de los roles de género ha provocado que existan nuevos resquemores en los hombres, asociados a la fragilidad de las dinámicas de poder tradicionales en la pareja; y d) se plantea la apertura a la alteridad e incluso la producción de diferencias en las relaciones amorosas, como una posibilidad en la pareja contemporánea.

Como limitaciones de la investigación, surge el hecho de haber sido todas las entrevistadoras mujeres preguntando de feminismo a hombres. Suponemos que esto podría haber influido en algunas respuestas de los participantes.

Respecto a otras líneas de investigación, surge el interés por estudiar la posibilidad de construir relaciones sexoafectivas ‘no-todas’ estructuradas por lógicas fálicas. También sería oportuno seguir indagando en las implicancias de las tensiones entre política y deseo asociadas a las nuevas transformaciones sociales. Finalmente, surge la pregunta por los modos en que los sujetos no heterosexuales viven las cuestiones del amor y el erotismo.

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1 Entiéndase ‘se siente genial’.

Received: September 07, 2021; Accepted: March 04, 2022

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