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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum vol.36 no.1 Talca jul. 2021

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762021000100089 

DOSSIER

“Como rebrote de una misma arborescencia”. Recortes, ciencia y saberes en Ultra Cultura Contemporánea (La Habana, 1936-1947)

“Like asprout from the same arborescence”: clippings, science and knowledge in Ultra Revista Contemporánea (La Habana, 1936-1947)

1Universidad Adolfo Ibáñez. Departamento de Literatura, Peñalolén, RM, Chile. Doctora en Literatura Hispanoamericana y Chilena, Universidad de Chile. E-mail: antonia.viu@uai.cl

Resumen

En este artículo analizo los primeros años de Ultra Cultura Contemporánea. Revista de revistas, editada en La Habana por el etnólogo cubano Fernando Ortiz entre 1936 y 1947. Me interesa explorar el papel que la ciencia tiene en la definición de cultura que esta revista de recortes de la prensa mundial formula en tanto proyecto cultural. Propongo que los recortes de revistas de ciencia popular norteamericana como Popular Science (1872-hoy) y Science (1880-hoy) que Ultra publica entre 1936 y 1939, y los procesos de traducción que experimentan en la revista, forman parte de una praxis transculturadora. A través de dicha praxis Ultra promueve una ecología de saberes, inscribiendo la técnica extranjera en trayectorias que van a interrumpir las definiciones a partir de las cuales se entiende lo vivo en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, desde el materialismo vitalista de Ortiz. Se trata de un materialismo que se expresa en los editoriales de la revista desde un imaginario arborescente que concibe la naturaleza y la cultura como continuidad.

Palabras Clave: revistas de recortes; Revista Ultra; Fernando Ortiz; transculturación: traducción

Abstract

In this article I analyze the early years of Ultra Cultura Contemporánea. Revista de revistas, published in Havana by Cuban ethnologist Fernando Ortiz between 1936 and 1947. My focus is to explore the role that science has in the definition of culture that this clipping magazine states as a cultural project. I suggest that the clippings of US popular science journals such as Popular Science (1872-today) and Science (1880-today) that Ultra publishes and the translation processes they undergo in the journal are part of a transcultural praxis. Through this praxis, Ultra promotes an ecology of knowledge, inscribing foreign technique in trajectories which interrupt the definitions of life in the years prior to World War II from Ortiz's vitalist materialism. This materialism is expressed in the magazine's editorials from an arborescent imaginary, conceiving nature and culture within a continuum.

Keywords: clipping magazines; ecology of knowledge; Ultra magazine; Fernando Ortiz; translation

Introducción. La ciencia en Ultra como revista de revistas

Como “revistas de revistas” o “revistas de recortes” he definido en trabajos recientes aquellas revistas culturales latinoamericanas publicadas en las décadas del 30 y 40 (Viu), cuyos contenidos se formaban en su gran mayoría a partir de artículos aparecidos en publicaciones previas de otros países, citando al autor y la publicación originales. El recorte se comprende aquí como una práctica material (Te Heesen) y editorial que adquiere una especificidad en las revistas del período próximo a la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una práctica que cobra importancia en tiempos de gran agitación internacional, como ocurre ante la inminencia de la Guerra, de escasa regulación respecto de la propiedad intelectual en el mercado editorial latinoamericano y en que los intelectuales locales buscan maneras de participar y documentar discusiones en las que se juegan importantes transformaciones geopolíticas. Al copiar y traducir los recortes de distintas publicaciones, estas revistas culturales producen un mundo desde un cosmopolitismo subalterno o situado (Sousa Santos 46; Siskind 18). Al mismo tiempo, se insertan en un diálogo global, promoviendo una determinada idea de cultura y de los saberes que participan de ella1.

En este escrito me gustaría concentrarme en ese último aspecto, es decir, la circulación y producción de saberes que están a la base del proyecto de estas publicaciones en tanto revistas culturales. Me interesa en particular analizar los primeros años de Ultra Cultura Contemporánea. Revista de revistas, editada en La Habana entre 1936 y 1947 por el etnólogo cubano Fernando Ortiz, ya que en esta publicación la cultura no es solo la labor de intelectuales y artistas, sino que comprende tanto los procesos económicos como el avance de la ciencia y la técnica modernas en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Al compararla con otras revistas culturales cubanas del período en las que Ortiz publica como Revista Cubana (1935-1957), llama la atención la absoluta ausencia de colaboraciones originales en Ultra. En 1930 Ortiz ya había dirigido otra revista de recortes que funcionó durante un año2, pero Ultra constituye un proyecto de más largo alcance y que define su intervención en el campo intelectual desde los recortes como una práctica que puede considerarse afín al concepto de transculturación al que Ortiz dará forma en su libro de 1940: Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. En este contexto, me interesa explorar los recortes de revistas de ciencia popular norteamericana que Ultra publica y los procesos de traducción que estos experimentan, los que trascienden el traslado del texto de una lengua a otra y que desde una perspectiva neomaterialista podrían leerse como procesos de digestión3. Al analizar las transformaciones que sufren algunos artículos de ciencia tomados de publicaciones norteamericanas, como Popular Science (1872-hoy) y Science (1880-hoy), espero mostrar las particularidades del proceso de traducción-digestión en el contexto de lo que Ultra entiende por cultura, y el lugar que la ciencia extranjera moderna ocupa en la ecología de saberes que la revista promueve.

Como otras revistas de recortes contemporáneas de esos años4, Ultra se inicia en lo que la antropóloga argentina Hebe Vessuri ha identificado como la segunda fase del desarrollo de la ciencia académica en América Latina, en la que se constata una incipiente institucionalización de la ciencia experimental (1918-1940)5. En dicha fase, el entusiasmo por el positivismo europeo pierde vigencia, y la región se vuelve un territorio fuertemente disputado por las potencias mundiales (Vessuri 56). De esta manera, es una fase que se caracterizaría por la proliferación de instituciones extranjeras en los distintos países de la región y de fondos para la difusión y el apoyo del desarrollo científico. Además de las cartografías concebidas en Europa y Estados Unidos que se disputan la influencia sobre América Latina en términos culturales, los recortes de prensa produjeron diferentes constelaciones mundiales desde la región que, hacia finales de los años treinta, consideraban el lugar estratégico desde el que esta se pensaría en lo que respecta a la guerra. Estados Unidos como un “buen vecino”6, la germanofilia o la francofilia se convirtieron en etiquetas que determinaron la producción cultural de esos años en diferentes países latinoamericanos, y las revistas darán cuenta de estas disputas.

En este entorno de gran interés por el desarrollo de las ciencias se comprende el entusiasmo que las revistas de ciencia popular norteamericanas despiertan entre editores latinoamericanos como Ortiz. Por otra parte, la masificación de este tipo de publicación en el mundo anglosajón las convierte en un material de fácil acceso como fuente de contenidos para las revistas locales. Los recortes de estas publicaciones constituyen así un archivo que se concibe como registro y como una forma de acceso a un saber extranjero sobre ciencia, pero que además puede ser leído como una intervención en el presente de la revista y como parte del proyecto político-cultural en el futuro que esta promueve. En dicho proyecto, la ciencia moderna es parte de la cultura contemporánea que se quiere atraer hacia los lectores cubanos, esa cultura que: “por florecer en lenguajes exóticos, más tarda en ser aspirada por las gentes que carecen de los conocimientos lingüísticos y de los dineros indispensables para proporcionarse el modo de seguir de cerca la renovación del pensamiento y de la vida hacia ese más allá que constituye el ideal de la cultura” (Ortiz “Presentación” 2).

Recortes y arborescencias

Ortiz no habla de transculturación en los editoriales de los primeros años de Ultra, pero el término digestión aparece para referir a la materialidad de los flujos entre culturas que su proyecto cultural promueve como revista de revistas. Si bien la transculturación como concepto ha sido depurada del lenguaje de Ortiz por la importante mediación de Ángel Rama a partir de sus hipótesis de 1982 sobre la transculturación como “dispositivo” que resuelve las tensiones entre la tradición y los “impulsos modernizadores” (Gilman 159), es importante volver al sentido que la transculturación adquiere en el contexto del propio Ortiz. Según el autor, el proceso de adquirir una cultura implicaría la pérdida parcial o desarraigo de una cultura precedente y la consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales (Gilamn 154). En el Contrapunteo… Ortiz piensa el tabaco y el azúcar como materiales transculturadores desde su producción, circulación y consumo dentro y fuera de Cuba, el peso cultural del tabaco y el azúcar modifican la cultura cubana pero también la extranjera. En ese sentido, las operaciones específicas de digestión en la revista pueden pensarse como un eslabón de una cadena mayor transculturadora.

La digestión en este contexto también remite a trabajos anteriores de Ortiz, como “La cubanidad y los negros” (1939), texto en el que establecía una analogía entre los procesos interculturales y el “ajiaco”, una preparación cubana que Ortiz llama guiso “dormido”, porque los restos de comida del día permanecen en la olla para despertar al día siguiente a una nueva cocción en la que el sabor del ají une lo que empieza a descomponerse con el agua y los ingredientes frescos que se incorporan al guiso. Por otra parte, el digest en la prensa anglófona, género que sirve de referente a la revista, grafica desde un punto de vista editorial la relación entre la digestión y el recorte: un tipo de publicación que se nutre de otras al recortarlas y que lo hace como una forma de democratizar el acceso a la cultura. La digestión aparece aquí como sinónimo de nutrición, pero también de resistencia; si por un lado el acceso a la cultura impide el hambre y la desnutrición, por otro implica el peligro de dejarse avasallar por la cultura de masas extranjera. En este sentido, el editorial “Ya en el tercer año” señala la importancia del gesto “hurtadizo” para alcanzar la nutrición sin caer en la indigestión:

Seguimos creyendo que la única vía ascensional es la de la cultura integral, polimórfica e inquietada y que los peligros de la varia cultura, aun siendo mal digerida, son siempre menores que los de la desnutrición de la ignorancia y los de la ponzoña del sectarismo; los riesgos de la indigestión y de la gula son más fácilmente hurtadizos que los del hambre y de la dieta desvitaminada. (1-2)

La digestión y la nutrición en los editoriales de Ultra conviven además con una variedad de imágenes vegetales que proliferan cuando Ortiz se refiere a la cultura: esta “florece en lenguajes exóticos” (“Presentación” 2), en tanto “sólo la cultura más profunda y extensa, puede dar a Cuba raigambre, follaje y floraciones para belleza y perennidad de su espíritu” (“Presentación”, 1). Incluso alude a quienes apoyan la revista como compañeros en las labores de “culturar más y más firmemente el alma de nuestro pueblo para su más dulce y rica fructificación” (2). El uso del verbo culturar hace explícita la relación entre la cultura como un conjunto de saberes y como un proceso humano-vegetal mediante el cual se obtiene una cosecha: gracias a la vigilante intervención de quien la cultiva, una planta germina, florece y da frutos. Esta definición de la cultura en Ortiz se aleja de la comprensión abstracta y universal de lo humano, y encuentra resonancias en el pensamiento neomaterialista contemporáneo de autoras como la teórica política y filósofa estadounidense Samantha Frost, quien plantea la inseparabilidad entre el cuerpo biológico y el ambiente en el que vive, participando ambos de una materialidad viva en la que existe una mutua afectación. Desde esta perspectiva, Frost también usa el verbo culturar para enfatizar las interdependencias que se dan entre los organismos vivientes y su entorno. Según la autora, al pensar la cultura como la acción de culturar, de procurar un medio en el que una cosa o cosas puedan crecer, es posible pensar en aquellas dimensiones de nuestros hábitats que moldean y otorgan significado a cuerpos vivientes y a formas de subjetividad política y social profundamente complejas, pero también en aquellas dimensiones que componen materialmente los cuerpos vivientes. Desde esta perspectiva lo estético, lo arbóreo, lo comodificado, lo económico, lo lingüístico, lo fermentado, el compost, lo metafórico, lo oceánico, lo orgánico, lo institucional, lo lingüístico, lo violento, lo subjetivo o lo atesorado (entre otros) dan forma simultáneamente a los mundos materiales, sociales y simbólicos que habitamos (Frost 2016: 4).

La raigambre material en el lenguaje y en el pensamiento de Ortiz respecto de la cultura es muy visible en el Contrapunteo... Una lectura reciente del libro de Ortiz y de su concepto de transculturación desde una perspectiva materialista es la que ofrece Héctor Hoyos en Things with an History. Trascultural Materialism and the Literatures of Extraction in Latin America (2019). Según el crítico, la literatura sobre Ortiz ha reducido la rica interacción del tabaco y el azúcar en su obra a la ilustración del concepto de transculturación. Desde esta perspectiva, la transculturación sería la idea -revolucionaria en una época de eugenesia y racismo desenfrenados, según Hoyos- de que el intercambio cultural no significa pérdida sino ganancia7. Si se acepta la lectura reduccionista de que el libro ilustra la transculturación, el azúcar y el tabaco serían meras excusas para referir a un problema abstracto. Para Hoyos, en cambio, la transculturación en el libro no es un concepto abstracto sino una praxis narrativa, una praxis que muestra la base material que sostiene la cultura. Sin separar dialécticamente la naturaleza de la cultura, Ortiz mostraría que el azúcar y el tabaco son parte de un continuo.

Esta praxis transculturadora en Contrapunteo… también puede pensarse en relación al trabajo editorial de Ortiz en Ultra. De hecho, su proyecto da cuenta de lo que el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, integrando lo biológico y lo social, ha definido como “ecología de saberes” (50-60)8. Como señala el autor, una ecología de saberes implica tomar distancia de la dinámica según la cual una epistemología “abismal” se impone a otras epistemologías, consignando por el contrario que la inconmensurabilidad entre culturas no impide necesariamente su comunicación, pudiendo incluso permitir, con el uso de procedimientos adecuados de traducción intercultural, insospechadas formas de complementariedad. Si bien Ultra da cuenta explícitamente de la necesidad de atraer la cultura contemporánea foránea, plantea a su vez un vínculo material con la cultura local que derriba las relaciones jerárquicas en favor de imágenes vibrátiles en las que la relación entre los elementos que entran en contacto se convierte en parte de un proceso dinámico desde un esquema en el que no cabría hablar de combinación ni de superposición, sino de proliferación. De hecho, dentro del imaginario vegetal asociado a la cultura, Ortiz con frecuencia habla de rebrotes y mugrones para proponer la idea del trasplante como una nueva vivificación. Ultra es ni más ni menos que un “retoño”, una nueva planta surgida del “vástago” de la refundada Institución Hispano Cubana de Cultura: “Ese vástago, ya enrraizado y fructificante, retoña ahora por impulso de la propia savia espiritual que lo vivifica, como mugrón que desgajado del vetusto tronco lleva la misma vida a una nueva planta, a otras flores y a más frutos. Así nace en el terruño cubano la revista presente, rebrote de una misma arborescencia” (“Presentación” 2).

La materialidad de los procesos mediante los cuales se produce conocimiento científico es algo que ha estudiado Bruno Latour en profundidad. En un texto en colaboración con la artista Émilie Hermant, “Esas redes que la razón ignora: laboratorios, bibliotecas, colecciones”, propone que la información no es solo un proceso semiótico en el que los signos representan fenómenos de manera abstracta, sino que se trata de una relación entre dos lugares a través de los cuales circulan inscripciones materiales:“… la información no es una «forma» en el sentido platónico del término, sino una relación muy práctica y muy material entre dos lugares, de los que el primero negocia lo que debe tomar del segundo con el fin de tenerle a la vista y de actuar a distancia sobre él” (6). Como elocuentemente muestra Ortiz en Contrapunteo…, al hablar sobre la caña y el tabaco como cultivos que en Cuba proliferan de manera privilegiada y que por ello entran en procesos y recorren trayectorias que las llevan por el mundo entero, gran parte de la producción y el saber científicos que se desarrollan en Europa y Estados Unidos durante el siglo XX, y que Ultra difunde entre sus lectores cubanos, es el resultado de procesos muy materiales de extracción en los que Latinoamérica ha participado como periferia respecto de los “centros de cálculo” (Latour 13). Dichos centros de cálculo funcionan como enclaves en los que las inscripciones recopiladas se aplanan desde un régimen óptico en el que todo se vuelve conmensurable a partir códigos comunes, constituyendo así información relevante para el conocimiento científico universal.

Cabría preguntarse qué papel juegan los artículos de ciencia que Ultra traduce y publica, y los recortes de los que estos se extraen en este circuito trazado por Latour. Los recortes de revistas extranjeras operarían como especímenes de un conocimiento producido en los centros de cálculo, pero que Ultra incorpora desde un movimiento doble: como inscripciones materiales que también sufrirán procesos de traducción intercultural, mediante los cuales se vuelven conmensurables para el lector cubano dentro de un proyecto editorial que es también científico en la medida en que busca “trasplantar” la cultura extranjera en el terruño cubano; en un segundo movimiento, lo que Ultra haría desde su lugar periférico es posibilitar que la conmensurabilidad de este saber así digerido participe de una ecología de saberes respecto de la cultura cubana y de las tradiciones que la integran, logrando el propósito nutricio que está en la base de la revista como proyecto editorial y de la cultura como proceso material en el que se integra lo biológico y lo social.

Materialidades de la ciencia en Ultra: Science y Popular science

ULTRA. Cultura Contemporánea, se autodefine como revista de revistas y como el órgano de la Institución Hispanocubana de Cultura establecida el año 1926 en la Habana para la difusión del pensamiento contemporáneo. Como se aclara en varios números de la revista, esta publica solamente extractos y traducciones de artículos y opiniones extranjeras, indicando sus autores y orígenes. El índice del primer volumen empastado se divide en temas de geografía y viajes, naturaleza, razas, psicología, espiritismo y ocultismo, sexología, pedagogía, “feminidades”, medicina e higiene, economía, agricultura e industrias, comercio, naciones, política, sociales, guerra, derecho, historia, biografías, filología, literatura, música, artes, juegos, conferencias. Entre los contenidos también se incluyen una sección de comentarios al lector y otra de libros recibidos9.

Una de las revistas de ciencias más citadas en Ultra es Science o Science Magazine, fundada en 1880 en Nueva York por el periodista John Michels y que desde 1900 funciona como órgano de la American Association for the Advancement of Science (AAAS). El foco de este semanario son los artículos que difunden investigaciones originales, reseñas, noticias sobre ciencia, opiniones sobre institucionalidad, política de las ciencias y otros temas de interés para la comunidad científica y para el público general. Aunque Science se interesa particularmente por las ciencias de la vida, cubre el espectro completo de las disciplinas científicas. Durante la década del 30 se publica en un formato más bien académico, en el que los artículos centrales aparecen acompañados por publicidad de insumos, instrumentos y publicaciones científicas, con un amplio uso de imágenes en blanco y negro. Ultra publica 16 artículos de esta revista entre 1936 y 1939 aun cuando, curiosamente, todos ellos aparecen en 1939. Los temas son diversos: desde investigación agrícola hasta física, armamento de guerra, ingeniería de sonido, relaciones entre ciencia y racismo, entre genética y democracia, o entre ciencia y actitudes intelectuales, entre otros. La mayor parte de estos artículos sufren importantes transformaciones en la revista cubana, haciéndolos difíciles de rastrear en la publicación original. Tres de ellos se pueden identificar con claridad como artículos aparecidos en la revista un año antes, en 1938, y son los que se analizan a continuación: “Libertad intelectual” (“Intellectual Freedom”); “Los fumadores y la longevidad” (“Tobacco smoking and longevity”); y “Los científicos y la guerra” (“Vision in Nature and Vision Aided by Science; Science and Warfare”).

Si se analiza en detalle estos artículos, es posible observar que son muy diversos entre sí. “Intellectual Freedom”, por ejemplo, es un artículo publicado originalmente en enero de 1938 que, dentro de Science, puede clasificarse entre aquellos dedicados a divulgar opiniones sobre política científica y debate institucional. El texto de ese artículo en la revista norteamericana aparece como un extracto de una resolución promulgada por el consejo de la Asociación para el Avance de la Ciencia en ese país (AAAS) en su conferencia anual realizada en Indianápolis en el año 1937. En ella, la asociación declara su compromiso no solo con el avance de la ciencia, sino también con la sociedad en su conjunto y con la necesidad de promover la paz y la libertad intelectual sin atenerse a las delimitaciones impuestas por las fronteras nacionales. El artículo también establece que la supresión del pensamiento independiente y de su libre expresión deben ser considerados un crimen mayor contra la civilización. La traducción publicada por Ultra como “Libertad intelectual” es fiel a ese texto, pero además incorpora información de un segundo artículo de otra revista: “The Pragmatic and the Dogmatic Spirit in Physics”, del profesor J. Stark, aparecido en abril de 1938 en la revista Nature, publicación científica que rivaliza con Science durante ese período al asumir programáticamente la promoción de la posición oficial del nazismo acerca de la ciencia y la investigación científica. El sentido de incorporar otro texto en la traducción es contextualizar el debate y, de paso, introducir un posicionamiento editorial en el que la revista cubana asume una postura en contra del ataque hacia la ciencia judía que realiza Stark en su escrito. Al contrastar la física teórica y la física experimental, Stark advertía sobre el negativo influjo de los judíos: “En este conflicto también he dirigido mis esfuerzos contra la dañina influencia de los judíos en la ciencia alemana, porque los considero los principales exponentes y propagadores del espíritu dogmático” (Stark 771, traducción mía). Este posicionamiento de la revista cubana constituye una operación que excede el ejercicio de la traducción, y puede leerse como una advertencia en varios sentidos: al sugerir que las epistemologías de la ciencia no están ajenas a las disputas que estructuran el conflicto que se avecina; al evidenciar que dichas epistemologías no siempre tienen una justificación racional y que se encuentran atravesadas por el racismo; y mostrando la importancia de la libertad intelectual para la producción del saber científico y el potencial que América Latina, un territorio alejado del conflicto, puede tener en este contexto.

Otro artículo de Science publicado por Ultra en 1939 es “Tobacco Smoking and Longevity”. Se trata, como anunciábamos, de un texto muy diferente al anterior ya que no se centra en la institucionalidad científica, sino en temas de salud. Sin embargo, la novedad de la información traducida no radica en el hallazgo de la cura para una enfermedad, sino en la correlación encontrada entre el tabaquismo y una disminución en la duración de la vida mediante el uso del método estadístico. Aunque el título del artículo es casi el mismo, Ultra reproduce un resumen en el que la conclusión del artículo original es el tema principal, borrando los gráficos que permitirían al lector comprender por sí mismo la forma en que el método estadístico ha sido aplicado. Como veremos en los artículos tomados de Popular Science, este gesto es frecuente cuando la revista cubana digiere textos que brindan herramientas instrumentales o metodológicas, no solo métodos estadísticos, sino también kits de construcción o modelos a escala presentes en las revistas anglosajonas. Si bien esta operación editorial puede verse como una intervención paternalista hacia el público lector cubano, en la medida en que no le permite acceder a los detalles de la metodología mediante la cual se alcanzan esos resultados, también puede entenderse como una forma de limitar la importancia del método y de evitar la reproducción de los valores que están en la base de esta forma de conocimiento; en el caso del método estadístico, los supuestos desde los cuales se aísla una variable o se delimita una muestra.

La traducción al español reduce el escrito de dos páginas, que incluía una tabla y un gráfico sobre las tasas de muerte y supervivencia entre los fumadores, a un texto de menos de cien palabras con un título sutilmente diferente: “Los fumadores y la longevidad”. Es decir, el problema del tabaco en el título original, planta que como hemos visto tiene connotaciones importantes para la cultura cubana y para el concepto de transculturación en Ortiz, se desplaza hacia los fumadores, y la traducción va borrando las especificidades del método estadístico para dejar una descripción general: “Han sido estudiados 6.813 casos de hombres blancos cuyos antecedentes familiares han sido conocidos en las estadísticas reunidas y con la presunción de que ese grupo era heterogéneo en todo respecto, excepto en el uso del tabaco…” (65). La brevedad de la noticia y su tono descriptivo neutralizan la importancia del hallazgo que informa el artículo de Science firmado por el biólogo norteamericano Raymond Pearl, desestimando los pormenores del método y el alcance que la traducción de Ultra otorga a una muestra que, a pesar de plantearse como heterogénea, se limita a hombres blancos de más de treinta años.

Otro artículo que Ultra publica en 1939 es “Vision in Nature and Vision Aided by Science; Science and Warfare” de Lord Rayleigh, un importante científico y académico británico que en 1904 fue galardonado con el Premio Nobel de Física. Si bien también se podría considerar como un artículo sobre políticas científicas, como el primero que se analizó, no busca introducir un debate teórico, sino que refiere concretamente al papel de la investigación científica en la guerra. Se trata de un texto extenso, publicado en Science en agosto de 1938, que había aparecido en Nature una semana antes como suplemento. El recorte en Ultra “Los científicos y la guerra” proviene del segundo capítulo, “Ciencia y guerra”, y es fiel al espíritu del texto, pero no literal. Reproduce una breve cita y luego resume libremente la posición de Rayleigh, sin intentar mantener una perspectiva objetiva. Si bien el tono del texto original es firme al señalar que los científicos no pueden asumir las consecuencias de sus hallazgos, la voz anónima en Ultra es más enfática al informar sobre la opinión de Rayleigh, como si dicha opinión -debatida en Inglaterra por la comunidad científica- no necesitase justificación para el lector cubano, quien vería nítidamente la compleja relación entre saber científico y poder, y los peligros de que la ciencia se encuentre subordinada a intereses económicos y geopolíticos.

Ya se ha puesto de relieve el desacuerdo de muchos de los científicos ingleses, así como de algunos de los sabios extranjeros que oyeron el pesimismo de Lord Rayleigh. Un número sorprendente de estos hombres de ciencia más optimistas mantienen que hay un creciente movimiento entre los directores de opinión que muestran una determinación bien sólida respecto a que los hombres de ciencia sean oídos respecto a la utilización de las riquezas que suministran a la civilización. Es probable que los liberales científicos reclamaran para ellos más que el simple papel de buscadores de datos e insistirán en que los líderes políticos y económicos sigan sus consejos en la administración del mundo. (“Los científicos y la guerra”, 34).

La segunda revista que consideramos aquí, Popular Science, fue fundada en 1872 por Edward L. Youmans y se dedicaba a difundir los hitos del desarrollo científico y tecnológico desde el lema "What's New, What's Next”. En 1916, la perspectiva de la revista cambió radicalmente cuando agregó portadas ilustradas a todo color. En ese momento, el contenido editorial también desplazó su foco desde la ciencia pura hacia nuevos productos y tecnologías. Como anuncia su portada, la publicación incluye información sobre nuevos inventos, mecánica, ideas para hacer dinero y para hacer arreglos domésticos. Si durante los años de la guerra Popular Science informó sobre las últimas tecnologías usadas en el frente de batalla, como los aviones a reacción y la bomba atómica, en los años previos a la confrontación las portadas ya exhibían escenas de guerra con tecnología militar, aun cuando esas imágenes no correspondían a su contenido central. Su audiencia en 1938 era de 450.000 lectores, quienes podían encontrar en sus páginas información sobre las diversas formas de mejorar sus vidas gracias al avance de la tecnología, ahorrar dinero y tiempo mediante industrias domésticas, o bien a través de la ocupación del tiempo libre en torno a un pasatiempo o hobby. Un ejemplo de ello es la construcción de modelos a escala mediante el uso de los kits proporcionados por la revista. De este modo, la revista promueve un conocimiento científico y tecnológico investido de los valores de la cultura americana del do it yourself que -como veremos- se tensiona en las traducciones de Ultra.

Los artículos tomados de Popular Science durante este período aparecieron en Ultra entre 1936 y 1937, meses o semanas antes de su publicación original. Se trata de “Los talleres de la vida” (“How Science Seeks to Solve the Mysteries of Life”, de Edwin Teale), “El arte de los títeres” (“Hand Puppets. How to Make and Manipulate them”, de Florence Fetherstom Drake); “El hombre más rico” (“Chemical process rustproofs metal”) y “Un explosivo azucarado” (“New Feats of Chemical Wizards Remake the World we Live in”). Es evidente que la mayoría de los títulos cambian radicalmente en su traducción. Por ejemplo, “Chemical Process Rustproofs Metal”, es decir, el anuncio referido a la posibilidad de lograr metales a prueba de óxido mediante la aplicación de un proceso químico se traduce como “El hombre más rico”. Aunque el artículo original no se acorta ni se resume, el título no destaca la fórmula química descubierta ni la importancia del método científico, sino la fortuna de un trabajador que se hizo rico por azar: “El descubrimiento casual de un medio para impedir que se oxiden los metales acaba de elevar a un obrero británico, Harry Webb, de un empleo de platero con 20 dólares a la semana, a un empleo preeminente en una compañía” (23). Otras transformaciones evidentes en estos artículos tienen que ver con la supresión de las coloridas imágenes de la revista norteamericana y la omisión de explicaciones técnicas o científicas, en favor de la información relativa a resultados experimentales, a su aplicación en la industria o en determinados oficios.

Por otra parte, el título del artículo “New Feats of Chemical Wizards Remake the World we Live in” de Alden Armagnac, es decir, “Las nuevas hazañas de los magos de la química que recrean el mundo en que vivimos”, se transforma en el anónimo "Un explosivo azucarado" en Ultra, desplazando la importancia de los "magos de la química" a la de los explosivos y el azúcar, una importante materia prima de la isla, fundamental en la argumentación del libro de Ortiz. Al parecer, las "hazañas" que se relatan en el artículo original, entre las que se incluyen las fragancias destiladas en laboratorio para la fabricación de perfumes, la seda sintética o la posibilidad de fabricar gasolina a partir del carbón, no se consideran tan importantes como el hallazgo de que el agua en que se macera el maíz para producir almidón generaría una solución dulce que puede usarse como sucedáneo del azúcar para diabéticos. Es ese fragmento del artículo original el que se traduce, destacando que además del uso como edulcorante la solución puede usarse como un explosivo más seguro que la nitroglicerina. Además de la eliminación del resto de la información, el único cambio que llama la atención es que el texto de Ultra cambia los granos de maíz en la fórmula original por granos de trigo. Se trata de una transformación difícil de explicar cómo un simple error, considerando que el artículo original destaca una imagen de mazorcas de maíz junto a la de una explosión, que no hay ninguna mención ni imágenes de trigo y que el artículo en ambas revistas refiere al mismo descubrimiento del químico y profesor de la Universidad de Iowa, Edward Bartow. Si las revistas estadounidenses como Popular Science suelen comparar el avance de la química con las propiedades de la alquimia, al transformar la información de esta manera Ultra va aún más lejos: la revista no solo muestra la magia de una fórmula química y sus increíbles resultados, sino que convierte por arte de magia el maíz de Popular Science en trigo.

Un tercer artículo de Popular Science que interesa considerar aquí muestra algo muy diferente: “Hand Puppets. How to Make and Manipulate them”, de Florence Fetherstom Drake, o “Marionetas. Cómo construirlas y manejarlas”. Ya no se trata de un artículo anunciando los últimos descubrimientos de la química o la biología, sino de un instructivo para hacer marionetas de madera y los llamados “cabeza de papas”. De los artículos recortados por Ultra, este es el único escrito por una mujer, pero en la revista cubana aparece sin nombre. Es curioso que sea el artículo que se reproduce más fielmente, casi íntegro, siendo además el único de los tomados de Popular Science al que no se suprimen las imágenes. En un principio parece bastante irrelevante, uno de los tantos pasatiempos que Popular Science ofrece para el handyman, en este caso un pasatiempo para toda la familia según informa la publicación, ya que mientras el hombre talla los muñecos de madera y arma el teatro de marionetas con el kit de la revista, los niños pueden hacer títeres de papa y las mujeres pueden confeccionar la vestimenta. El artículo incluye imágenes ilustrativas para el diseño, armado y vestuario de los muñecos, y algunas fotos que permiten identificar el espacio doméstico y la familia como el ámbito en donde el proyecto adquiere sentido.

Cabría preguntarse por qué este artículo de Popular Science genera tanto interés en la revista cubana. La respuesta puede encontrarse unos pocos meses antes, en el número de enero de 1937 de Ultra, el que transcribe un anuncio promocionando una actividad organizada por la Institución Hispanocubana de Cultura, que supuestamente se realizó el 27 de diciembre de ese año. Se trata de un teatro de títeres:

La INSTITUCIÓN HISPANOCUBANA DE CULTURA se propone ensayar algunas demostraciones del arte de los fantoches, aprovechando la estancia en La Habana del entusiasta artista, folklorista y escritor M. Artajerjes Sunic, quien presentará varios actos guignolescos de acuerdo a las tradiciones del arte y las posibles adaptaciones al ambiente y al folklore de Cuba. (87)

La misma edición señala en otra nota firmada por Ortiz que la actividad fue un fracaso y explica las razones:

Ante todo [a una función de títeres] hay que darle sustancia y forma cubana. El pueblo no puede entender los tipos, el lenguaje, los acentos, los modos y los chistes extranjeros. Esto además de otros aspectos deficientes de la técnica escénica, determinaron el fracaso de la experiencia intentada (88).

Así, la conclusión de Ortiz tiene que ver con la necesidad de refundar una identidad cultural a través de la recuperación de tradiciones como el fantoche cubano. La introducción que acompaña el artículo de Popular Science reproducido en Ultra acogerá lo foráneo como un elemento transculturador distinguiendo entre arte vernáculo y técnica foránea:

Como ampliación a los datos que hemos publicado acerca del “Teatro de títeres” y como respuesta a varios socios que se han interesado por ese experimento folklórico, reproducimos el siguiente artículo sobre el tema, publicado por Popular Science (febrero, 1933)10, cuyo texto, con los dibujos complementarios, constituye una lección suficiente de la técnica. Después de la técnica, solo falta […] el arte, que en Cuba es fácil de encontrar. (“El arte de los títeres” 179)

Si bien, como se adelantó más arriba, Ultra reproduce varias de las imágenes de Popular Science, la revista omite las que contextualizan la escena en el hogar norteamericano. La confección de títeres no es una tarea para el handyman ni está en la lógica del hágalo usted mismo norteamericana; tampoco se trata de un hobby doméstico que le permita al marido pasar tiempo en casa. En la revista cubana, las imágenes elegidas pretenden ilustrar una técnica al servicio de la promoción de una identidad vinculada al folklore, pero que al mismo tiempo concibe dicha identidad en diálogo con una técnica que puede trasplantarse a Cuba y cultivarse de acuerdo al arte vernáculo. Como los recortes en la revista, los títeres pueden transformarse en virtud de las peculiaridades del proceso de traducción/digestión y de las características del organismo al que llegan: un organismo que no es el del hogar norteamericano sino el del pueblo cubano. Esto último explicaría el hecho de que el recorte conserve las ilustraciones y diagramas del texto original que instruyen en la confección de los títeres, pero no las fotografías en que se los muestra como pasatiempo de una familia norteamericana o en los que aparecen con rasgos supuestamente idiosincráticos de la cultura que representan. Una de las imágenes suprimidas muestra, por ejemplo, un muñeco aparentemente latinoamericano; se trata de una figura más pequeña y rudimentaria, entre dos títeres mucho más grandes y elegantemente ataviados. Esa figura estereotipada contradice el carácter transformador del proyecto cultural de Ortiz y consecuentemente es borrada en el artículo de Ultra. Al suprimirla, la revista confirma el gesto programático de concebir la técnica norteamericana al servició del arte cubano del fantoche, sin alienarlo de acuerdo con los valores culturales investidos en dicha técnica.

Conclusiones

Al identificar y analizar los recortes de Science y Popular Science en la revista Ultra entre 1936 y 1939, podemos constatar que las materialidades de la ciencia que las revistas norteamericanas producen y reproducen en torno a un objetivo programático de difusión y popularización del saber científico se ven transformadas en la revista cubana por el desplazamiento y supresión de ciertos contenidos, así como por la omisión de imágenes, tablas y gráficos. Así, mediante la práctica del recorte y la traducción/digestión de la prensa extranjera, se opera la mundialización de la cultura cubana a la que aspiraba Ortiz, pero en un sentido singular. Si en los artículos analizados uno de los aspectos omitidos es la técnica, esa técnica que en las revistas norteamericanas permitiría la reproducción a escala de un mundo en todos los aspectos que el saber científico moderno es capaz de avizorar, y que se expresan en la mención de los métodos, información y herramientas al alcance de todos, el gesto de supresión se interrumpe en el artículo “El arte de los títeres”.

Una primera explicación de esta singularidad reside en que los títeres integrarían lo mundial dentro de lo local y, por lo tanto, expresarían la potencia de transculturación en torno a los procesos y movimientos que componen las prácticas de recorte de la revista cubana. En este caso es posible notar con claridad la emergencia de una suerte de isomorfismo entre la práctica del recorte y la performatividad de los títeres. Al igual que los recortes que rasgan el papel desde la práctica de un editor, y a diferencia de los kits de construcción para el handyman, los modelos a escala o las experiencias de laboratorio que las revistas promueven, los títeres son figuras grotescas que a pesar de ser construidos con un método no intentan replicar un original con exactitud, sino que muestran la irreductibilidad de la materia a la rigidez de lo inerte, y el carácter vibrátil y móvil que la anima cuando entra en contacto con otros elementos. Entendidos así, los títeres no son ni un juguete norteamericano ni un objeto del folklore cubano, sino formas orgánicas construidas con papas o madera que se pueden pudrir, y que adquieren forma al ser tallados o mediante el movimiento de los dedos; se trata de figuras que se animan en contacto con una mano y que pueden actuar de diferentes modos dependiendo de quién las mueva, de la audiencia y de las circunstancias propias de cada actuación. Las ilustraciones de los títeres que reproduce Ultra muestran un ensamblaje entre objetos y manos, deviniendo estas últimas figuras ominosas (Gross 52) que, de algún modo, alteran el régimen de lo sensible puramente óptico desplazándose hacia un régimen háptico. Esto demuestra que la presencia de las manos en la publicación evoca un régimen técnico, pero también que este no basta por sí solo, sino que requiere de un proceso de implicación que releve las potencias afectivas en juego: el momento en que el títere y la mano se confunden, integrándose y corporeizándose.

El mundo que recrea Ultra es un mundo de contactos y ensamblajes materiales que -como los recortes o los títeres- tienen la capacidad de desplazar y transformar lo dado mediante contagios e intensidades cuyas trayectorias es imposible anticipar y que dan forma a una idea de cultura en la que la ciencia ocupa un lugar, pero sin negar la vida que queda fuera de los laboratorios, los gráficos y los modelos a escala; una vida permeada por materialidades que incluyen variables macroeconómicas pero también el “arte” de un artesano. A partir de los casos mencionados y los análisis propuestos, vamos dando cuenta de que lo que se configura dentro de las prácticas propias de revistaUltratiene que ver con una interrogante por las diversas variantes que puede adoptar la cuestión de la vida -desde lo material a lo orgánico- considerando el momento histórico en que se ha gestado un imaginario latinoamericano sobre la Segunda Guerra Mundial, que en adelante comenzará a integrar narrativas vinculadas a desarrollos armamentísticos y biomédicos. Desde esta perspectiva, el “error” en la traducción que cambia el grano de maíz por trigo -en el recorte de Ultra- puede leerse en clave política como la desactivación de un explosivo. La vida que se está dirimiendo en las páginas de Ultra tiene que ver con una condición vibrátil de la materia (Bennett 2010), con una ecología de saberes en la que la técnica del oficio y del arte puede dialogar con un hallazgo de laboratorio, en la que los saberes racializados no son estigmatizables. El recorte reproduce, pero también interrumpe; la traducción copia y desplaza a la vez. Fiel a las imágenes vegetales que animan los editoriales de Ortiz en la revista, los recortes de ciencia pueden leerse como injertos que vivifican la técnica y la ponen en relación con otras materialidades en Ultra, otros follajes o lo que Ortiz llamaría “arborescencias”, interrumpiendo las trayectorias de sentido en que la vida se vuelve solo una variable abstracta, estadística o experimental.

Reconocimientos

Este artículo es parte de dos proyectos financiados por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) del que la autora es investigadora responsable (FONDECYT Regular N° 1190182) y coinvestigadora (FONDECYT Regular N° 1190499). La investigadora principal es parte del Centro de Estudios Americanos de Universidad Adolfo Ibáñez. Agradezco las lecturas y comentarios a este texto de Mariana Moraes y María José Yaksic

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1Otra manera de explicar este carácter paradójico del cosmopolitismo en Ortiz y en revista Ultra, distinguiéndolo del cosmopolitismo periférico que puede darse en el cono sur en esos años, es considerar que la posición de Cuba respecto del Caribe y, por extensión, en la geopolítica global en esos años acarrea una fuerte vocación metropolitana. Hay una suerte de conciencia metropolitana en sus intelectuales (Carpentier, Lezama Lima, por ejemplo) que se distingue del cosmopolitismo periférico que se podría observar en espacios intelectuales más al sur. En ese sentido, si bien a Ortiz le preocupa lo cubano, o lo nacional-cubano, su definición de lo nacional siempre contiene un horizonte metropolitano.

2Como ha visto Consuelo Naranjo-Orovio, además de Ultra, Fernando Ortiz dirigió varias publicaciones periódicas, como Revista Bimestre Cubana, que refundó en 1910 y dirigió hasta 1959; Archivos del Folklore Cubano (1924-1930), en la que figuraba como editor y redactor, y Surco. Cultura contemporánea: revista de revistas extranjeras, 1930-1931.

3La digestión como proceso ayuda a mostrar que el paso de una revista a otra no está dado solo por una recomposición de elementos susceptibles de aislarse retrospectivamente desde una mirada analítica ni desde una operación atribuible a agencias exclusivamente humanas, sino que la transformación ocurre también por obra del proceso y las relaciones y entrelazamientos que este habilita. La distinción de la filósofa norteamericana Karen Barad entre interacción e intra-acción ayuda a entender el desplazamiento de lo humano y el énfasis en la digestión como proceso y como práctica material (Barad 197).

4Para un análisis de otras revistas de este tipo, ver Viu (129-155).

5Vessuri identifica cinco fases en este proceso a lo largo del siglo XX: “durante una primera fase la ciencia moderna hace su aparición en la región, estrechamente ligada a los principios del programa del positivismo europeo, como parte integral de los esquemas de modernización política y económica de las nuevas naciones (fin del siglo XIX, inicios del siglo xx). Una segunda fase se caracteriza por la incipiente institucionalización de la ciencia experimental (1918-1940). Una tercera fase puede ser descrita como las décadas del Desarrollo (1940-1960). Una cuarta fase se distingue como la edad de la política científica (1960-1980). Finalmente, una quinta fase testimonia el surgimiento de un nuevo público para la ciencia: el empresariado industrial (1980-1990)” (41).

6La política del “buen vecino”, iniciativa impulsada por el gobierno de Franklin D. Roosevelt en el marco de la VII Conferencia Panamericana (1933), se enfocó en definir un marco de relaciones entre Estados Unidos y América Latina para el período 1933-1945, cuando la influencia de Estados Unidos en los asuntos internos de los países latinoamericanos comienza a disminuir. Estas últimas se basaron en un sentido de solidaridad hemisférica frente a las amenazas externas, especialmente en lo que respecta a los poderes del eje durante la Segunda Guerra Mundial. Ultra, sin embargo, advierte constantemente a los lectores sobre la inestabilidad de estas políticas de “hermandad” hacia Cuba y los países latinoamericanos.

7Para una completa discusión sobre el origen del concepto de “acculturation” en la antropología estadounidense y las razones por las cuales Ortiz prefiere el de transculturación, ver el artículo de Claudia Gilman “Equívocos semánticos sobre transculturación y vacilaciones disciplinarias”.

8La noción de “saberes divergentes” de Isabelle Stengers también podría incorporarse a una discusión como la que aquí propongo.

9Entre las revistas de difusión científica extranjeras que aparecen más recortadas entre los años 1936 y 1939 en Ultra están: Science (Nueva York 1880 - hoy), Armchair Science (Londres 1929- 1940), Scientific Monthly (Nueva York 1915 - 1958), Popular Science (Nueva York 1872- hoy), Sciences et Voyages (París 1919 - 1971), Revue Scientifique (París 1884-1959), Science Digest (Nueva York 1937 - 1986), Science News Letter (Washington 1922- 1966), La science et la Vie (París 1913- 1943), Sapere (Roma 1935- hoy), Psychic Science (Londres 1923- 1945).

10Esta datación del artículo en Popular Science que referencia Ultra no es la correcta. Ver Referencias.

Recibido: 02 de Marzo de 2020; Revisado: 26 de Agosto de 2020; Aprobado: 20 de Noviembre de 2020

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