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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum vol.33 no.1 Talca jul. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762018000100281 

ARTÍCULO

ARQUITECTURA EN SILENCIO, EL VALOR DE LA RUINA INDUSTRIAL

Architecture in silence. The value of the industrial ruin

Claudia Torres Gilles 1  

Laura Gallardo Frías 2  

Sandro Maino Ansaldo 3  

Ricardo Labra Mocarquer 4  

Valentina Soto Illanes 5  

1Departamento de Arquitectura, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile. Santiago, Chile. Correo electrónico: claudiatorres@uchilefau.cl

2Departamento de Arquitectura, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile. Santiago, Chile. Correo electrónico: lauragallardofrias@uchilefau.cl

3Departamento de Arquitectura, Universidad Técnica Federico Santa María. Valparaíso, Chile. Correo electrónico: sandro.maino@usm.cl

4Estudiante del Programa de Magíster en Antropología Sociocultural, Universidad de Chile. Santiago, Chile. Correo electrónico: ricardo.labram@gmail.com

5Magister en Artes visuales, Universidad de Chile. Chile. Correo electrónico: vale.soto@gmail.com

RESUMEN

El artículo presenta los avances de una investigación realizada con el objeto de valorar conjuntos industriales abandonados en zonas rurales, desde una mirada multidisciplinar entre la arquitectura, arqueología y el arte. De este modo, podemos reconocer la importancia histórica de estas edificaciones industriales, frente a una posible valoración como patrimonio cultural; pero también, nos permite su valoración en las condiciones en que se encuentran actualmente, de fragmentos y de abandono, como espacio arqueológico y espacio estético, abiertos a variadas interpretaciones. El estudio presenta como casos de exploración, la excentral hidroeléctrica El Sauce, la exmina y Fundición Naltahua, y el ex conjunto ferroviario y central eléctrica Juncal.

Palabras clave: Arqueología industrial; territorio; valoración multidisciplinar; patrimonio

ABSTRACT

The article present the advances of a research carried out with the aim of valuing abandoned industrial complexes in rural areas, from a multidisciplinary perspective between architecture, archeology and art. In this way, we can recognize the historical importance of these industrial buildings, against a possible valuation as cultural heritage; but also allows us to evaluate them in the conditions they are currently in, fragments and abandonment, as archaeological space and aesthetic space, open to varied interpretations. The study includes as examples of exploration, the former El Sauce hydroelectric power station, the former mine and Naltahua smelter, and the former Juncal railway and power plant complex.

Keywords: Industrial archeology; territory; multidisciplinary assessment; heritage

TRASPASO DE VALOR: de lo cuantitativo a lo cualitativo

La cultura capitalista y consumista de la postmodernidad nos ha dejado un legado de edificaciones abandonadas como resultado del ocaso de una cultura industrial y el inicio de una era donde los servicios y la hiper-conectividad dirigen las actividades productivas.

Numerosas edificaciones industriales del siglo XX que utilizaron materias primas en su producción -tanto en faenas extractivas como de manufactura- se encuentran emplazadas en paisajes rurales de Chile, aprovechando condiciones particulares de su geografía y recursos naturales. Estos conjuntos industriales, que forman parte de la historia socioeconómica y de desarrollo cultural de cada región, fueron creados para generar procesos productivos y espacios de trabajo, cobrando importancia en la medida que las empresas que las originaron fueron capaces de generar y comercializar productos o servicios, valorándose según parámetros de rentabilidad económica.

Estas antiguas factorías perdieron su función y valor económico abruptamente por los cambios tecnológicos, las relaciones de la economía internacional y las variaciones de los recursos naturales o malos manejos, convirtiéndose así, bajo una mirada mercantilista, en "desechos arquitectónicos", maquinarias y elementos olvidados de otros ciclos productivos, transformándose en "ruinas industriales".

Así, estos espacios industriales transforman su antiguo valor económico en un valor esencialmente "cualitativo", es decir, son valorables por sus características o cualidades en la medida que sean significativas para las personas o comunidades. La condición patrimonial de los conjuntos industriales abandonados, expuestos a la naturaleza, explorables e insinuantes, abre su comprensión e interpretación a tres condiciones humanas: la historicidad, la emoción y la memoria (Vergara y Barraza, 2015).

Estos vestigios olvidados en bellos paisajes rurales, que no cuentan con ningún tipo de protección, desaparecerán en silencio y lentamente por acción de la naturaleza y el tiempo, que descompone la obra construida en fragmentos. Mediante este proceso, la obra arquitectónica que albergaba faenas productivas y sociales, paulatinamente se va desmoronando, dejando de ser un espacio habitable y funcional. Paradójicamente, este proceso de descomposición arquitectónica es el que constituye un "nuevo paisaje" que no es propiamente humano ni propiamente natural, sino de acción conjunta, un paisaje onírico, escultórico y arqueológico, entendiendo que los fragmentos que lo componen son capaces de interpretar una creación humana/natural que otorga belleza a lo elemental y a su vez es posible reconstruir una historia incompleta, develando un sentido de existencia humana.

Surge así, el desafío de encontrar "valor"1 a obras en "ruinas"2, es decir, a los restos abandonados y silenciados de una actividad productiva. Para abrir el horizonte de valores de las ruinas industriales presentamos tres casos, donde revisaremos su valor histórico territorial y también sus valores presentes, desde el ámbito de la arquitectura, la arqueología industrial y de interpretación estética y artística.

Casos de estudio y su valor histórico territorial

El valor histórico de los vestigios productivos-industriales emplazados en zonas rurales, tiene una relación íntima con los recursos del territorio. Así, los tres casos de estudio presentan diferentes condiciones de emplazamiento: la fundición minera Naltahua en la comuna de Talagante; la central hidroeléctrica El Sauce ubicada en las cercanías de Laguna Verde en Valparaíso; y el conjunto ferroviario y subestación de transformación eléctrica Juncal, del ferrocarril Trasandino.

Con el estudio de antecedentes históricos de estos casos, emerge el valor del territorio dominado, mediante la transformación, adaptación, trasgresión o sumisión a las condiciones geográficas y los recursos naturales de cada lugar, donde ingenieros y empresarios pioneros crearon sistemas de redes para generar una actividad extractiva-productiva.

El primer caso es la fundición de Naltahua y la serie de piques mineros explotado por la Societé des mines de Cuivre entre 1908-1945. La producción fue viable gracias al sistema de transporte que comunicaba la fundición con el pueblo de San Antonio de Naltahua mediante un tren de trocha angosta y luego al pueblo con la estación de El Monte cruzando el río Maipo y Mapocho mediante un andarivel (Figura 1) que transportaba mineral, población, mercancías y a los deudos con sus ataúdes (Officer ,1920).

La central hidroeléctrica El Sauce (Figura 2), construida en 1905 por la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad, se realiza para suministrar electricidad a los tranvías de Valparaíso. El proyecto y las obras fueron dirigidas por el ingeniero hidráulico alemán José Lindacker, quien también proyectó el lago Peñuelas y la laguna artificial del tranque La Luz, que abastecía la central El Sauce. Para conectar la central con las zonas pobladas se tuvo que construir cerca de 13 puentes de piedra y ladrillo, fundamentales para el desarrollo de Valparaíso, transformando el territorio mediante un sistema de abastecimiento de agua y redes de suministro eléctrico (Sucesos, 1906; Villalobos, 1990; Fuentes, 2014).

El tercer caso, la estación del ferrocarril Trasandino de Juncal, también da cuenta, no solo de una extensa gestión político-empresarial entre naciones limítrofes, sino del desafío que significó planificar, gestionar, ejecutar y mantener el funcionamiento de un transporte público cruzando la cordillera de los Andes. La concesión se otorga a los hermanos Clark en 1874, iniciándose las obras en 1889. El conjunto se componía de: la estación, una tornamesa, una carbonera, viviendas para los funcionarios, la casa de máquinas con su taller, el estanque de agua y una casa de camineros (Figura 3). En 1927 se instaló la subestación de transformación eléctrica para abastecer de electricidad al tramo del ferrocarril entre Río Blanco y Las Cuevas (Fifer, 1924; Villalobos, 1990).

Estos complejos productivos necesitaron complementarse con asentamientos cercanos a la industria, dando cuenta del vínculo existente entre los trabajadores, sus familias y las empresas, entre el lugar de trabajo y el de vivienda, conformando un valor socio-cultural-productivo. El caso más destacable por su magnitud es el campamento minero de Naltahua, una verdadera ciudad que alojaba entre 2.500 y 3.500 personas donde había pulpería, capilla católica y evangélica, policlínico, club deportivo, carabineros, cancha de carreras y de futbol, corrales de chanchos, peluquería, carnicería, escuela, botica, panadería, biógrafo, puestos de frutas, correos y telégrafo, club social, cantinas y electricidad (Millán, 2006).

Más allá de los cambios en las necesidades de una sociedad o las tecnologías de las instalaciones, los procesos de cierre definitivo tienen como causa común la baja rentabilidad de los procesos productivos. El complejo Juncal inicia su desocupación con el fin del servicio del Trasandino en la década de los 80, asociada a los altos costos de operación, los frecuentes derrumbes y el conflicto con Argentina. La central El Sauce deja de funcionar en el año 1995, cuando la Inmobiliaria propietaria de los terrenos la cierra por razones económicas. Naltahua cesa sus actividades en 1945, también por los altos costos de producción (Millán, 2006) y la baja ley del mineral (Hernández, 1933).

El estudio histórico da cuenta de los largos periodos de gestación, diseño y ejecución de estos proyectos, igualmente las tecnologías (desarrolladas e importadas) significaron relevantes innovaciones para la época, poniendo de manifiesto su valor histórico.

Figura 1 Imágenes históricas Fundición Naltahua y Andarivel entre Naltahua y El Monte. Fuente: Archivo Histórico Museo El Monte. 

Figura 2 Imágenes históricas Central Hidroeléctrica El Sauce. Casa de turbinas y viviendas. Fuente: Revista Sucesos 1906 (izq.), Colección Chilectra (centro), Fotografía de Einar Altschwager, Colección Museo Histórico Nacional. 

Figura 3 Planimetría Estación y Casa de Máquinas Juncal. Fuente: Memoria Chilena, Biblioteca Nacional. 

Valor arquitectónico

Le Corbusier en su visita a la Acrópolis manifiesta que "existe la arquitectura cuando hay emoción poética" (Le Corbusier, 1998: 9), y que esta emoción surge de la "concordancia de las cosas con el lugar". Si bien podemos cuestionar la existencia de arquitectura en las ruinas, pues se han despojado de su habitabilidad, lo que no cabe duda es la concordancia que establecen en la fusión de su pasado funcional-productivo y la naturaleza de su territorio.

Como uno de los parámetros de valoración arquitectónica, la emoción, presente en los fragmentos de nuestros casos de estudio, está dada por su "poder evocador y simbólico", tal como plantea Kevin Lynch (2005: 36), ya que estos vestigios contienen la memoria histórica del lugar. En ellos percibimos la suspensión del paso del tiempo, contemplando el vínculo existente entre todas las partes, más allá de sus límites físicos, su vínculo con el lugar (Gallardo, 2017).

Estos fragmentos industriales presentan, además, un valor semántico en su relación espacio funcional. Las huellas arquitectónicas son significativas en tanto nos permiten, por una parte, estructurar una percepción de totalidad de los conjuntos, por ejemplo, en El Sauce y Juncal (Figuras 4, 6 y 7), los fragmentos aun contienen el todo, "las ruinas hacen referencia a lo que ya no existe, pero se percibe por su ausencia" (Siza y Santos, 2007: 22). En Naltahua en cambio, los vestigios con dificultad dan cuenta explícita de las particularidades productivas, sin embargo, se vislumbra su esencia minera (túneles, estanque de agua, espacios de vertido del mineral) (Figura 5). Por otra parte, en los fragmentos se puede leer, caracterizar y diferenciar los espacios arquitectónicos, mediante las dimensiones, las condiciones materiales y la relación entre las partes. Aunque mayoritariamente los casos no presentan elementos horizontales de cerramiento, los espacios se definen por los paramentos y sus umbrales. En esta simpleza arquitectónica, el umbral es llevado a su máxima expresión, jugando a la vez con el límite entre el interior y el exterior, "al mismo tiempo afuera y adentro [...] donde el sonido y el sentido se mezclan y resuenan uno en otro" (Nancy, 2007:19-33).

Desde una mirada más amplia, podemos definir un valor tipológico en las edificaciones industriales, al estar determinadas por su funcionalidad productiva. Así, por ejemplo, la central hidroeléctrica El Sauce, presenta similitudes formales, estéticas, constructivas y de tamaño con la central Chivilingo en Lota, primera hidroeléctrica del país. Del mismo modo, los fragmentos de Naltahua tienen características de emplazamiento en el terreno, construcciones aterrazadas de mampostería de piedra, muros de contención y seccionamiento transversal, similares a las de Huanchaca en Antofagasta. El complejo ferroviario de Juncal, replica a menor escala cualquiera de las estaciones y maestranzas dispersas a lo largo del país, con salas de máquinas, tornamesa o estanque de agua (Torres, 2013) (Figura 7).

En la misma categoría, hay aspectos que determinan un valor de singularidad basado en los sistemas de redes que fundamentan y permiten su funcionamiento dominando el territorio, en una contextualización material y formal con el paisaje. En particular, la subestación eléctrica de Juncal, edificio tradicional en su morfología, contiene un sentido de escala acorde a las montañas (Figura 6), pero contrastado con la escala humana queda absolutamente sobredimensionado, entendiéndose como espacio de máquinas y no humano.

Desde el punto de vista del valor constructivo y tecnológico, se da cuenta de las técnicas, métodos y materiales usuales de la época. La mayoría de los elementos que permanecen son muros construidos de modo tradicional, mamposterías de piedra, albañilerías de ladrillo. En todos los casos hay elementos de hormigón, algunos armados y otros en masa. En Naltahua, encontramos elementos de hormigón, armados con gruesos cables de acero y perfiles metálicos. En la sala de máquinas de Juncal, aun son visibles cerchas metálicas (en un precario equilibrio), un estanque de acero oxidado, y gruesas piezas metálicas dobladas, desafiando la gravedad como espontáneas esculturas de Chillida.

Las viviendas han sido construidas acorde a los recursos materiales de cada sector. En El Sauce, encontramos albañilerías simples de ladrillo (zona de buenas arcillas) y en Juncal mayoritariamente mampostería de piedras (único recurso en alta cordillera). En edificaciones menores se pueden observar muros interiores de menor sección, construidos como tabiques de madera rellenos de hormigón. En las viviendas de ambos casos quedan huellas del uso de maderas, estas piezas son las primeras en ser desmanteladas.

Si entendemos que estos conjuntos industriales-residenciales, fueron llevados a cabo por empresas extranjeras, se puede concluir que la materialidad da cuenta de los procesos de industrialización de la construcción, nacional e internacional, donde los métodos artesanales se combinaban con elementos industrializados o importados.

Figura 4 Condiciones actuales Central Hidroeléctrica El Sauce. Fuente: Autores. 

Figura 5 Condiciones actuales Exfundición Naltahua. Fuente: Autores. 

Figura 6 Condiciones actuales Central Eléctrica y conjunto ferroviario Juncal. Fuente: Autores 

Figura 7 Tornamesa y estanque de agua en conjunto ferroviario Juncal. Fuente: Autores. 

Valor arqueológico

En el estudio de antiguos conjuntos industriales y cómo estos han albergado actividades humanas, la arqueología presenta una noción de valor diferente a la propiamente arquitectónica. Entendida como el estudio material de los restos dejados por cualquier actividad humana (Vicenti, 2007), permitiéndonos estudiar el lugar de los objetos en el entramado social, sin límites temporales (Hamilakis, 2011), desde el estudio de puntas de proyectil del holoceno a la basura de computadores en el antropoceno.

Desde la academia inglesa, a mediados de 1950 y ya con gran fuerza a mediados de 1980, nace la "arqueología industrial", valorando la forma en que las industrias del capitalismo tardío le han dado forma al mundo, entendiendo sus repercusiones en los patrones de distribución, uso, consumo y descarte de las mercancías con las que interactuamos.

Para estos casos de estudio, la arqueología industrial trabaja con los productos humanos de la "industrialización", entendiéndola como "un sistema de producción que involucra a especialistas de tiempo completo que trabajan en factorías diseñadas para producir la mayor cantidad de ganancias para las personas que controlan los medios de producción" (Matthews, 2003: 52).

Las repercusiones de la industrialización se reflejan a niveles cotidianos, quedando la producción, como fenómeno secundario frente al consumo de bienes y servicios producidos por otros. Incluso, se ha visto cómo las diversas formas de consumo de objetos formarían parte integral de la identidad de los grupos humanos que consumen (Miller, 1987, 2013).

En esta investigación, la arqueología industrial establece el valor de estos lugares, en tanto los elementos existentes en ellos permiten relacionarnos con el mundo consumido, enfocándonos en los restos materiales utilizados por las personas, para darle sentido a los espacios habitados, resignificándolos en relación a la vida cotidiana y rescatando así el valor social al recomponer la historia de los trabajadores y la memoria de las familias que vivieron y trabajaron inmersos en los complejos paisajes industriales.

Así, podemos apreciar las tensiones materiales al interior de, por ejemplo, una central hidroeléctrica y su imagen de lugar altamente especializado, visión que no siempre calza con el registro arqueológico, ilustrado en una variedad de objetos creados con una función específica (guantes de trabajo) en contraposición a algunos objetos de construcción artesanal y que remiten al ingenio de los trabajadores para realizar distintas tareas, como tarros confeccionados con distintas pieza metálicas (Figura 8).

La resignificación espacial se logra ponderando los volúmenes arquitectónicos con los restos arqueológicos para determinar si ellos poseían funcionalidad laboral productiva, de almacenamiento o habitacional; sin embargo, en nuestro estudio de casos, observamos la multifuncionalidad al encontrar al interior de un recinto restos sanitarios, contenedores de pintura o pegamento y objetos de niños, así, vemos que las categorías recién mencionadas pueden conjugarse en un mismo espacio (Figura 9).

Al enfocarnos en el estudio de los restos materiales en contextos de ruinas industriales surge otra arista para evaluar el valor del material industrial contemporáneo. Actualmente, la humanidad posee una capacidad nunca vista para crear y destruir, edificar y demoler, contribuyendo a una proliferación de ruinas, muchas de las cuales son precisamente industriales. De este modo, en los casos estudiados observamos un palimpsesto, provocado por superposiciones temporales y materiales.

Dicho proceso, que desde un paradigma conservacionista se presenta como un pandemónium, introduce el segundo desafío en la estimación arqueológica del valor de la ruina moderna al considerar al palimpsesto como fuente de valor. La materialidad es caótica, por ello es necesario tomar en cuenta la multi-temporalidad como posible elemento constitutivo de esta.

Esto es evidente en las ruinas de la subestación de transformación eléctrica Juncal, la cual al estar asociada espacialmente a una quebrada como espacio intercordillerano, de fronteras y movilidad, ha albergado a distintos agentes durante el tiempo, siendo estos constitutivos de su espacio y de su valor. En principio, el río Juncal, se asocia a un espacio de tránsito de distintas poblaciones, desde indígenas hasta arrieros, quienes han construido refugios o parapetos rocosos; posteriormente, el emplazamiento derechamente "escenográfico" de las ruinas ha atraído a distintos visitantes, quienes han utilizado los antiguos espacios productivos como lugar de alimentación y pernocte. Finalmente, la cercanía con el Regimiento de Montaña, determinado por la proximidad con la frontera y los pasos cordilleranos creados por los ríos, han dotado a las ruinas con restos arqueológicos de carácter militar (Figura 10).

En consecuencia, una ruina que no puede ser encapsulada en su historia de vida productiva y como objeto de un pasado, sino como contenedora de distintos tiempos, algunos vivos hasta al presente.

Figura 8 3 tipos de guantes diferentes y contenedor artesanal confeccionado con base de botella plástica y asa de alambre adicionado. Central hidroeléctrica Placilla. Fuente: Autores. 

Figura 9 Restos en recinto habitacional, incluyendo inodoro, restos alimenticios y de trabajo; contenedor de tarro de pintura; botella de mamadera para lactante. Central hidroeléctrica El Sauce. Fuente: Autores. 

Figura 10 Parapeto rocoso emplazado en cerro contiguo a conjunto ferroviario; lata de conserva en espacio productivo; pala artesanal con asa de alambre; granada de humo fabricada en 2009. Central Eléctrica Juncal. Fuente: Autores. 

Valor estético-artístico

La exploración de un edificio industrial abandonado, convertido en una "ruina moderna", nos somete a un sinfín de estímulos, que van desde las texturas que ha dejado el paso del tiempo, a indicios de la vida anterior al abandono, así como a los actuales rayados sobre sus muros o instalaciones espontáneas (Figuras 11, 12 y 13). Estos vestigios se convierten así, bajo una visión estética, en escenarios del valor del tiempo.

Desde la definición de estética propuesta por Baumgarten (1988), como "la ciencia del conocimiento sensible", surge el planteamiento de que es en el sujeto donde está instalada la estética: poniendo de manifiesto la "autenticidad del objeto", por lo que la estética entendida como una dialéctica entre el sujeto y objeto se hace latente en las ruinas al abrirse desde lo esencial, la "belleza como el esplendor de lo verdadero", como indica San Agustín (Safran, 2001).

"Lo estético, que alcanza su culminación en la experiencia de lo bello, supone una purificación de nuestros sentidos, una irradiación de lo espiritual en lo sensible, que permite el acceso a realidades que, de otro modo no podríamos alcanzar" (Ivelic, 992-93: 57).

Si valoramos por ejemplo los grafitis sobre estos fragmentos, como expresión de arte, parecen ser la derivación más clara de las pinturas rupestres, pues no solo responden al deseo humano de dejar una huella, sino también develan anhelos y aspiraciones de la época (Figura 11). Así, encontrarse frente a una ruina nos abre un universo de posibilidades estéticas, que eventualmente devienen hacia otros cuestionamientos sociales e históricos.

Al considerar el valor estético de la ruina rural, es inevitable referirse a la idea de entropía de Robert Smithson, donde "el balance entre naturaleza y espíritu, que el edificio manifestó, cambia a favor de la naturaleza" (Simmel, 1958: 379). El desgaste propio del abandono y la irrupción del entorno hace que, desde ciertos puntos de vista o en fragmentos, un edificio llegue a constituirse como una obra escultórica, esculpida por la naturaleza. La idea de la entropía y de las fuerzas de la naturaleza (no una naturaleza tranquila y pastoral, sino violenta y transformadora) se evidencia en las grietas con moho, los fragmentos de acero corroído, la roca deslizada y las paredes que han cedido a los eventos naturales. Para Smithson, la naturaleza nunca está acabada, que es lo mismo que sucede en el proceso de decaimiento de la ruina.

Los fragmentos de las ruinas, además, "invocan lo sublime" (Beasley-Murray, 2010: 215), para describir elementos de la naturaleza que inspiran admiración, asombro y grandeza. Dicha categoría se genera no solo en las mismas paredes carcomidas por vegetación, sino en los parajes donde se insertan estas ruinas. Así, lo sublime se experimenta en un edificio abandonado en medio de la nevada cordillera de Los Andes (Figura 6).

En este sentido, en Naltahua, El Sauce y Juncal, yacen olvidados los vestigios de lo que alguna vez cobijó una actividad productiva. En su actual condición, comparten características con las artes visuales, ya que aparecen como signos de lo no productivo. Mientras un edificio siga en condición de ruina, no hay un valor productivo o mercantil detrás de él, más allá del valor inmaterial de la memoria. Lo mismo sucede en el plano de las artes visuales, donde las obras se entienden en un valor inmaterial o poético más que productivo. Se valoran en estos casos las posibilidades que surgen de exploración artística, como intentar reordenar fragmentos o reconstrucciones temporales en ruinas industriales rurales, una performance que parece insignificante en su implicancia productiva, o hasta temporal (una acción que durará un tiempo acotado y con ningún espectador), pero que aporta un valor poético en su acción (Figura 13). Estas mínimas operaciones pueden manifestar a su vez historias políticas, económicas y etnográficas, que se hacen visibles a través de operaciones visuales, develando aspectos intrínsecamente chilenos, o de historias particulares significativas con el territorio.

Aparece también el valor profético de la ruina industrial, de cómo la decadencia resulta irresistible por este mismo valor de "catástrofe única" (Benjamin, 2008). La mayor tragedia encontrada en estas ruinas es la de ciclos económicos e industriales obsoletos, de la sustitución de materias primas energéticas. Ciclos que podrían resultar proféticos en cuanto al estado de producción actual chileno y su posibilidad de llegar a convertirse en ruina.

Las ruinas invocan distintas narrativas que surgen para armar sentido en torno a ellas, o para "ventriloquizarlas" (Beasley-Murray, 2010: 215). Las diferentes expresiones artísticas surgen como disciplinas para esto, que reinterpretan o refuerzan el valor de dichas narrativas, siendo posible aprovechar las poéticas de estos escenarios del tiempo tanto desde la literatura, el cine, las artes escénicas y visuales.

Figura 11 Grafitis en Central Hidroeléctrica El Sauce. Fuente: Autores. 

Figura 12 Artefactos industriales e instalaciones espontáneas. Fuente: Autores. 

Figura 13 Reconstrucción temporal de azulejos en Hidroeléctrica El Sauce y Central Eléctrica Juncal. Fuente: Autores. 

Constelaciones de valores

La incorporación de otras disciplinas, además de la arquitectura, con el fin de valorar ruinas industriales, nos permite complejizar su comprensión con diferentes escalas y dimensiones. La arqueología sumó el análisis de "los desechos" a la valoración, objetos que por momentos parecen inabordables por su cantidad y de difícil catalogación en cuanto a su temporalidad, pero que complementan la visión de la cultura material de los procesos productivos. Asimismo, el arte plástico y visual nos enfrenta a las escalas espaciales, los pequeños componentes y la diversidad material, ya no desde un punto de vista técnico constructivo, sino simbólico.

Por otra parte, en arquitectos y arqueólogos se reconocen procedimientos y metodologías para un trabajo de observación en terreno, no así para una disciplina como las artes visuales, donde un artista puede enfrentarse a un trabajo de campo mediante métodos distintos, la multiplicidad de métodos coincide con la multiplicidad de artistas.

Los fragmentos de las ruinas pueden analizarse desde muchos de puntos de vista, abriéndose una multiplicidad de valores, distintas relaciones o constelaciones (Benjamin, 2008), que permiten generar sentidos de unión de aquello que estaba aparentemente muy alejado, y de separación, como un modo de conjurar la presencia de una distancia irreductible (Cappannini, 2013). Abriéndose en ellos múltiples significados, en una propuesta de pensar estos fragmentos desde sus posibles percepciones e interpretaciones, emergiendo de la mirada conjunta de diversas disciplinas.

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*Investigación financiada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile (CNCA) en su línea FONDART 2016, "Del ruido al silencio. Valoración de ruinas industriales en zonas rurales

1"Valor" entendido bajo los significados de "utilidad", "alcance de la significación o importancia" y "subsistencia y firmeza" (RAE).

2De donde deriva "arruinar, ruinoso, echado a perder" (Corominas, 1987: 516).

Recibido: 20 de Septiembre de 2017; Aprobado: 16 de Enero de 2018

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