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Revista chilena de literatura

versão On-line ISSN 0718-2295

Rev. chil. lit.  no.102 Santiago nov. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22952020000200593 

Reseñas

Joaquín Edwards Bello. El roto. Edición crítica de Osvaldo Carvajal

Matías Rebolledo Dujisin1 

1Universidad de Chile. Chile

Edwards Bello, Joaquín. 2019. El roto. Edición crítica de Osvaldo Carvajal. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 454p.

El Roto es sin duda una de las novelas clave en la historia de la literatura chilena; culminación de la novela realista/naturalista chilena, crónica novelada o bien el canto de cisne de esas limitaciones genéricas, es también una obra notable por su historia interna, como un texto siempre en proceso y como un interesante punto de inflexión para la historia de las ideas críticas en Chile. Las sucesivas ediciones que de ella se hicieron durante la primera mitad del siglo XX reflejan su éxito comercial, y las diversas reacciones que suscitó sirven de lugar privilegiado para estudiar las ideas que mueven a la crítica chilena en el periodo que va desde 1920 a 1970 aproximadamente. Cincuenta años de novela y cincuenta años de crítica. Desde este punto de vista, la edición crítica de la novela de Joaquín Edwards Bello, a cargo del académico de la Universidad Andrés Bello y candidato a Doctor en Literatura por la Universidad de Chile Osvaldo Carvajal Muñoz, se presenta como un documento valiosísimo, y diría también, necesario para el estudio de la novela y de su autor en particular, pero sobre todo de la historia, si no de la literatura, al menos de la novelística chilena en general.

Esta publicación, “que contiene casi cinco años de trabajo e investigación” (55), en palabras de Carvajal, se enmarca en un proyecto más amplio de las Ediciones de la Universidad Alberto Hurtado, con su excelente Biblioteca Chilena, que ha dedicado ya cinco volúmenes a la recopilación, reedición, estudio filológico, estudios críticos y ediciones críticas de obras fundamentales de la literatura chilena: la Obra Completa de Baldomero Lillo (a cargo de Ignacio Álvarez y Hugo Bello), la Obra narrativa de José Victorino Lastarria (a cargo de Hugo Bello), los dos volúmenes (uno de novelas y uno de cuentos) de la Obra narrativa de Marta Brunet (a cargo de Natalia Cisterna, volumen en que el editor del texto reseñado participó en calidad de colaborador) y El lugar sin límites de José Donoso (a cargo de María Laura Bocaz). Como se puede apreciar, se trata en general de volúmenes compilatorios: novelas, cuentos o narrativa completa. Este es, pues, el primer volumen dedicado a una novela en específico 1

Subsecciones. De este modo, lo interesante del trabajo es precisamente la investigación genética de la novela de Edwards Bello o, como sería más preciso decir luego de la lectura de este tomo, las novelas del autor, puesto que empezó fragmentariamente como una crónica y algunos capítulos sueltos, para luego convertirse en una novela de gran repercusión y polémica en su época y finalmente la novela que conocemos hoy en día, que fue transformándose (escasamente en algunos casos, profundamente en otros) en las sucesivas reediciones, que incluyeron importantes revisiones y prólogos del autor. De ahí la idea de la novela en proceso, que solo concluyó con la muerte de Edwards Bello.

Cabe decir, entonces, que el acucioso trabajo de Osvaldo Carvajal es un digno trabajo de ratón de biblioteca o archivista, que recorre textualmente cada una de las ediciones, anotando cada una de sus variantes, y estudiando diversas fuentes (principal pero no exclusivamente los diversos prólogos de la novela). El cuerpo central de la publicación –la novela evidentemente–, que ocupa 270 de las 450 páginas del libro, presenta la versión considerada definitiva de la novela, la que Edwards Bello terminara poco antes de morir en 1968, sorprendentemente casi cincuenta años después de su primera edición. La versión definitiva presentada, que no necesariamente es la que cada uno leyó en el colegio o la universidad (dependerá del año de la edición y la decisión editorial de esta), presenta cambios sustantivos en relación con las versiones anteriores, aun cuando el esqueleto argumental sea básicamente el mismo. Cambios que no suponen solo variantes estilísticas para “modernizar” o “hacer más ligero” el texto, en palabras de Edwards Bello. Esta edición crítica presenta cada una de las modificaciones en sus diferentes ediciones en impresionantes (para un texto tan breve) 1853 notas al pie, que anotan desde cambios en una palabra u oración, a extensas notas que registran el texto completo de un capítulo o segmento de capítulo omitidos. De más está decir que la lectura de todas las notas, para el lector no especializado o que no le interesa particularmente la génesis de la novela, es abrumadora, pero en cambio es una joya para el investigador en crítica genética, de la novela o del autor. No conozco otro registro tan acabado sobre las variantes de ninguna novela chilena.

Como es costumbre en las publicaciones de la Colección Biblioteca Chilena, el texto literario es acompañado por estudios críticos preparados especialmente para la edición, la historia del texto y criterios editoriales, un dossier que recupera algunos artículos relevantes sobre la obra publicada, un cuadro cronológico (vida y obra del autor, acontecimientos culturales y acontecimientos políticos) y una bibliografía de y sobre el autor.

El artículo crítico que sirve de introducción se titula “El roto de Joaquín Edwards Bello: la imposibilidad de ser cronista”, de la académica de la Universidad Adolfo Ibáñez, Claudia Darrigrandi, cuyas ideas centrales ya se encontraban en su libro Huellas de la ciudad: Santiago de Chile y Buenos Aires, 1880-1935 (Cuarto Propio, 2014). En este instala la publicación polémica y particularmente exitosa de El roto, y la abundante crítica que generó, dentro de dos problemáticas más amplias: por una parte, el problema de “el roto” como figura identitaria/racial nacional, tradicional y heroicamente vinculada a la Guerra del Pacífico y asociada al mundo rural, que es trasladada en la novela al “barrio sórdido”, “cubierto de harapos” 2 , urbano, donde se sitúa la acción; por otra, la conflictiva década del 20 en Chile, una década “de transición”, con un “Chile que no termina de salir del siglo XIX” y que “tampoco empieza claramente su entrada en el siglo XX”, década que marca también el “dificultoso, trabado y lento paso, quizás inacabado, de un Chile tradicional a un Chile moderno” (23). La autora muestra, además, cómo tanto la mirada reprobatoria como la favorable a ese mundo, o la misma necesidad incesante de reescritura, se vinculan profundamente con la actividad y sobre todo la mirada de Edwards Bello como cronista, en una “novela [que] también es una crónica urbana” (27).

Aunque suele ser más bien una entrada técnica, para quien quiera conocer más de este autor y de la novela en cuestión, es muy interesante la lectura de la “Historia del texto y criterios editoriales”, del editor de esta publicación, donde se justifica claramente la preparación de una edición crítica para una sola obra y que, además, permite trazar panorámicamente el devenir de esta novela, sus sucesivas transformaciones y la incesante actividad de su autor. Se consideran seis ediciones con variaciones importantes entre ellas, además de una suerte de hipotexto, que sería la publicación en París de La cuna de Esmeraldo (1918), donde aparecen ya algunos capítulos de la novela y se anuncian las temáticas de esta y de las crónicas por venir.

En la sección dossier aparecen dos artículos, uno de ellos inédito, “El roto: encrucijadas de la modernidad en el Chile de principios del siglo XX”, de la también académica de la Universidad Adolfo Ibáñez, Andrea Kottow 3 . En este trabajo, la autora retoma el problema de los procesos de transformación y modernización del Chile del XX que enmarcan la publicación de la novela y que sin duda caracterizan las contradicciones internas, las cesuras y fisuras de la novela de Edwards Bello 4 . En su interesante artículo, la autora revisa precisamente aquellas “fallas” de la novela (en tanto estructura de la historia y representación de personajes) como “síntomas de una forma fisurada de asumir la modernidad” (360), que en Joaquín Edwards Bello es un tema no resuelto: “El progreso es anhelo de civilización, de higiene, bienestar y conocimientos, pero simultáneamente es un pozo que engulle toda la diferencia cultural e identitaria en pos de unos ideales que se desdibujan bajo sus métodos” (361). Caracteriza también a la novela como una novela de formación invertida (novela de/formación), en tanto respuesta a esa modernidad higienizante y homogeneizante: “El roto deviene tal cuando se escabulle de las fauces de la ley, cuando deja atrás cualquier protección institucional” (372).

Finalmente, el dossier se cierra con un artículo del editor del volumen, “El pájaro verde” de Joaquín Edwards Bello: de crónica a capítulo de novela”. Como señala en la “Historia del texto”, este artículo “busca compensar una dimensión que esta edición crítica deja pendiente” (39): por si fueran pocas las seis ediciones y un hipotexto, Carvajal recurre en este artículo a manuscritos de la novela conservados en el Archivo del escritor de la Biblioteca Nacional y una serie de cartas y notas que forman parte del proceso de reescritura. Así, realiza un ejercicio de reconstrucción genética de la novela a partir de la crónica “El pájaro verde”, publicado en La Nación en 1966, que se convertiría en el capítulo IV de la edición definitiva de 1968. En conclusión, un trabajo más detallado y minucioso sobre lo que ya vemos en la novela (y sus notas): la recolección, transformación, reedición y refundición, entre ficción y crónica, que dio como resultado esta novela emblemática.

Como se consigna en los párrafos anteriores, sin duda me parece esta una publicación importante, tanto para el estudio de esta novela como de la literatura chilena en general, o al menos un capítulo fundamental de ella, los años 20 (década fundamental en la obra de Manuel Rojas, sobre todo, pero de grandes autores como González Vera, Marta Brunet, Pablo Neruda y un largo etcétera). Tanto por el riguroso trabajo editorial, como por los artículos incluidos, es evidente que el editor conoce muy bien el texto y el autor presentados, y el nivel de minuciosidad de la publicación hace que pocos detalles se le escapen. Como anoté más arriba, la lectura de cada una de las notas podría desalentar a un “desocupado lector” cualquiera, pero nada impide disfrutar de la lectura continua de la novela y recurrir, por ejemplo, a las notas más relevantes, como las que aparecen al principio de los capítulos señalando el origen de estos (“La cuna de Esmeraldo”, “El pájaro verde”), o algunas que reconstruyen segmentos completos de las versiones anteriores omitidos en esta, como en el capítulo VII. Para el estudioso de la novela o la época, o para quien quiera introducirse en el estudio genético de un texto, es un trabajo invaluable.

1La publicación de El lugar sin límites es de 2020

2De las primeras líneas de la novela.

3Aunque inédito, el artículo recoge ideas de al menos cinco publicaciones de la autora.

4De más está decir que estas contradicciones también se espejean en la divergente recepción crítica.

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