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Ultima década

versión On-line ISSN 0718-2236

Ultima décad. vol.19 no.34 Santiago jun. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362011000100002 

Última Década, 34, 2011:11-32

CONDICIONES JUVENILES CONTEMPORÁNEAS

 

El concepto de generación en las teorías sobre la juventud

 

O conceito de geração nas teorias sobre juventude

The generation concept in youth theories

Carmen Leccardi*, Carles Feixa**

* Profesora de Sociología Cultural, Universidad de Milano-Bicocca, Italia. Correo Electrónico: carmen.leccardi@unimib.it.

** Profesor de Antropología, Universidad de Lleida, España. Correo Electrónico: feixa@geosoc.udl.es.

Ambos son vicepresidentes para Europa del Comité de Investigación 34 (rc34) «Sociología de la juventud» de la Asociación Sociológica Internacional (isa).

Dirección para Correspondencia


RESUMEN

Desde Auguste Compte y Karl Mannheim —pero también desde José Ortega y Gasset y Antonio Gramsci—, el concepto de generación ha sido un tema relevante en las ciencias sociales y las humanidades. Como metáfora de la construcción social del tiempo ha sido una de las categorías más influyentes, no sólo en el debate teórico sino también en la esfera pública de la investigación sobre juventud. Aunque los usos y abusos que ha tenido el concepto están bien enraizados en el contexto europeo durante el período entre las dos guerra mundiales, ha tenido importancia en los debates ideológicos y políticos de otras regiones. Este artículo es un intento de retomar el concepto de generación desde una perspectiva histórica, subrayando su importancia en los debates contemporáneos sobre juventud.

Palabras clave: generación, juventud, sociología, Italia, España.


RESUMO

Desde August Compte e Karl Mannheim (mas também desde José Ortega y Gasset e Antonio Gramsci), o conceito de geração tem sido um tema relevante nas ciências sociais e nas ciências humanas. Como metáfora da construção social do tempo, tem sido uma das categorias mais influentes, não somente no debate teórico, mas também na esfera pública da pesquisa sobre juventude. Embora os usos e abusos do conceito estejam bem enraizados no contexto europeu no período entre as duas guerras mundiais, também teve importância nos debates ideológicos e políticos de outras regiões. Este artigo é uma tentativa de retomar o conceito de geração a partir de uma perspectiva histórica, enfatizando sua importância nos debates contemporâneos sobre juventude.

Palavras chave: geração, juventude, sociologia, Itália, Espanha


ABSTRACT

Since the times of August Compte and Karl Mannheim (but also since José Ortega Gasset and Antonio Gramsci), the generation concept has always been a relevant topic in social science and humanities. As a metaphor of social construction of time has been one of the most influential categories, not only in the theory debate, but also in the public sphere of youth investigation. Even though the uses and abuses that this concept has had are well established in the European context during the periods of both world wars, it has had importance in the ideality and political debates in other regions also. This article intends to retake the concept of generation from a historical perspective, highlighting its importance in the contemporary debates on youth.

Key words: generation, youth, sociology, Italy, Spain.


 

1. Introducción

Igual que los conceptos de 'nación' o de 'clase', el término 'generación'
es performativo —expresiones que crean una entidad con sólo nombrarla—,
una llamada o un grito de guerra para llamar a filas
a una comunidad imaginada o más precisamente convocada
(Bauman, 2007:370).

En el pensamiento social contemporáneo, la noción de generación se desarrolló en tres momentos históricos que corresponden a tres marcos sociopolíticos precisos: en los años 20, en el período entreguerras, se formularon las bases filosóficas en torno a la noción de relieve generacional (sucesión y coexistencia generacional), en esto hay consenso general (Ortega y Gasset, 1923; Mannheim, 1928); durante los años 60, la edad de la protesta, se fundó una teoría entorno a la noción de vacío generacional (y conflicto generacional) sobre la teoría del conflicto (Feuer, 1968; Mendel, 1969); a partir de la mitad de los años 90, con la aparición de la sociedad en red, aparece una nueva teoría que revoluciona la noción de lapso generacional. Ello se corresponde con una situación en que los jóvenes son más expertos que la generación anterior en una innovación clave para la sociedad: la tecnología digital (Tapscott, 1998; Chisholm, 2005).

En 2007, Zygmunt Bauman, en una conferencia pronunciada en Barcelona, evocaba los escritos sobre generaciones de José Ortega y Gasset. El sociólogo polaco recordaba que la mayor contribución del filósofo español no era la idea de la sucesión entre generaciones —una idea muy presente en el pensamiento y en el sentido común de esa época, y de hecho, de todas las épocas— sino la idea de coincidencia y superposición; es decir, la coexistencia parcial entre generaciones. «Los límites que separan las generaciones no están claramente delimitados, no pueden dejar de ser ambiguos y traspasados y, desde luego, no pueden ser ignorados» (Bauman, 2007:373). En el mismo congreso, el sociólogo francés Michel Maffesoli abordó el tema de las generaciones convivientes desde la noción de hospitalidad. Evocando la metáfora de la tribu que le hizo famoso, recordó que el hecho de vivir juntos invitados y huéspedes (adultos y jóvenes) es más próspero cuanto más se basa en el placer por la competición o por el juego. «Las generaciones jóvenes experimentan estos valores hedonistas de una forma paroxística. Sin embargo, a través de un proceso de contaminación, el corpus social acaba siendo influenciado» (Maffesoli, 2007:378).

A través de esta investigación, haremos un recorrido por la función del concepto de generación en la historia de las teorías de la juventud. Empezaremos revisando las raíces del pensamiento sociológico relativo al concepto de generación, revisando el rol que le atribuyen algunos pensadores clásicos. Más tarde, recordaremos el debate social e intelectual alrededor de las generaciones desde un punto de vista político y académico en dos lugares donde el concepto ha tenido gran relevancia: Italia y España.

2. El concepto de generación en el pensamiento sociológico

Puede decirse que los jóvenes que experimentan los mismos problemas
históricos concretos forman parte de la misma generación.
(Mannheim, 1928).

El concepto de generación se puede enmarcar en términos sociológicos[1] haciendo referencia a Comte y Dilthey, dos autores del siglo diecinueve que —a pesar de las diferencias en sus enfoques teóricos— establecieron las bases para reflexiones subsiguientes en el siglo diecinueve. Por lo tanto, el concepto de generación puede contemplarse a la luz del pensamiento de Mannheim —considerado el fundador del enfoque moderno del tema de las generaciones—, pasando brevemente por las ideas de Ortega y Gasset, y Gramsci, centrándonos finalmente en la teoría planteada en los años noventa por Abrams (1982).[2] Las dos primeras teorías, una positivista (Comte), la otra histórico-romántica (Dilthey), son las que Mannheim (1928) utilizó como base para sus reflexiones sobre las generaciones. Los otros cuatro autores, empezando por Mannheim, son referentes obligatorios para el análisis de la relación entre sociología e historia.

a) La visión positivista de Auguste Comte

En los inicios de la sociología, Comte (1830-1857) planteó una concepción mecánica y exteriorizada del tiempo de las generaciones. Esta teoría se insertó completamente en el positivismo y respondió al empeño de Comte por identificar un espacio de tiempo cuantitativo y objetivamente mensurable como referente para la linealidad del progreso. Sobre la base del vínculo postulado entre progreso y la sucesión de las generaciones, Comte sostenía que el ritmo de las anteriores se podía calcular simplemente midiendo el tiempo medio necesario para la sustitución de una generación —en la vida pública— por otra (treinta años, según Comte[3]). Además, el progreso es el resultado del equilibrio entre los cambios producidos por las nuevas generaciones y la estabilidad mantenida por las generaciones anteriores. El término clave en la búsqueda de Comte de la objetividad histórica es continuidad. En este marco analítico —y contrario al de la Ilustración—, el progreso que se identifica con las nuevas generaciones no significa la devaluación del pasado, que coincide con las anteriores generaciones. El tiempo social se biologiza. Al igual que el organismo humano, el organismo social también está sujeto a deterioro. Pero en este último, las piezas se pueden reemplazar fácilmente: las nuevas generaciones reemplazarán a las anteriores. Un conflicto entre generaciones solamente puede surgir si la duración de la vida humana se alarga excesivamente, impidiendo a las nuevas generaciones y su instinto de innovación, encontrar su espacio de expresión. Consideremos entonces que si la vida fuese excesivamente breve, el predominio de ese instinto crearía un desequilibrio social que inevitablemente distorsionaría el ritmo del progreso. A través de esta reflexión sobre las generaciones, Comte propuso una ley general sobre el ritmo de la historia. Las leyes biológicas, en relación con la duración media de la vida y la sucesión de las generaciones, marcan la objetividad de este ritmo.

b) La aproximación historicista de Dilthey

La visión matemática y cuantitativa del tiempo generacional que marca la teoría de Comte fue cuestionada radicalmente por el enfoque histórico-romántico. Este último enfatizaba la estrecha relación que se obtiene, en términos cualitativos, entre los ritmos de la historia y los ritmos de las generaciones. En vista de ello, lo que más importa es la calidad de los vínculos que unen a los componentes de una generación. Consecuente con esta visión, Dilthey (1883/1989) argumentó que la cuestión de las generaciones requería del análisis de un tiempo de experiencia mensurable solamente en términos cualitativos. Para Dilthey, a diferencia de Comte, la sucesión de las generaciones no tiene importancia. Él sostenía que las generaciones eran definibles en términos de relaciones de contemporaneidad y consistían en grupos de gente sujetos en sus años de mayor maleabilidad a influencias históricas (intelectuales, sociales, políticas) comunes. En otras palabras, la generación consistía en personas que compartían el mismo conjunto de experiencias, la misma 'calidad de tiempo'. Por lo tanto, la formación de las generaciones se basaba en una temporalidad concreta constituida de acontecimientos y experiencias compartidos. En términos más generales, para Dilthey, las experiencias situadas históricamente determinan la pertenencia a una generación ya que constituyen la existencia humana. Esta visión solamente se puede comprender si se tiene en cuenta una interpretación más amplia sobre la temporalidad que la idea de Dilthey. Contrastó el tiempo humano, concreto y continuo con el tiempo abstracto y discontinuo de la naturaleza. La continuidad del anterior deriva de la capacidad de la mente humana —que a diferencia de la naturaleza posee conciencia temporal— para trascender el tiempo que transcurre y para acumular acontecimientos individuales en un todo homogéneo y coherente. Para Dilthey, además, la vida humana es temporalidad (noción más tarde tomada por Heidegger). La conexión entre el tiempo humano y el tiempo histórico surge principalmente de la capacidad del primero de unificar el tiempo personal e interpretarlo como un todo con significado. Sin embargo, también está íntimamente asociado con la historicidad desde otro punto de vista. Es la historia, de hecho, la que permite a la mente humana emanciparse tanto de la tradición como de la naturaleza. De acuerdo con Dilthey, el tiempo de la naturaleza, a diferencia del tiempo humano, está constituido por una serie de momentos discontinuos de igual valor sin una estructura que consiste en pasado, presente y futuro. La naturaleza no tiene historia, y por tanto, no tiene sentido desde un punto de vista teórico.

c) La formulación sociológica de Mannheim

Como es de amplio conocimiento, el análisis de las generaciones de Mannheim (1928/1952) fue un punto de inflexión en la historia sociológica del concepto. Cuando Mannheim desarrolló su teoría de las generaciones —lo hizo inter alia en comparación con los amplios movimientos colectivos del principio del siglo veinte[4]— tuvo un doble objetivo: por una parte, distanciarse del positivismo y sus enfoques biológicos de las generaciones, y por otra, desmarcarse de la línea romántico-historicista. Además, su preocupación general era incluir a las generaciones en su investigación sobre las bases sociales y existenciales del conocimiento en relación con los procesos del cambio histórico-social. En este contexto, Mannheim consideraba las generaciones como dimensiones analíticas útiles para el estudio, tanto de las dinámicas del cambio social (sin recurrir al concepto de clase y el concepto marxista de interés económico), como para los 'estilos de pensamiento' y la actitud de la época. Según Mannheim, esos eran los productos específicos —capaces de producir cambio social— de la colisión entre el tiempo biográfico y el tiempo histórico. Al mismo tiempo, las generaciones podían considerarse el resultado de las discontinuidades históricas, y por tanto, del cambio. En otras palabras, lo que configura una generación no es compartir la fecha de nacimiento —la situación de la generación, que es algo «solamente potencial» (Mannheim, 1952)— sino esa parte del proceso histórico que los jóvenes de igual edad-clase comparten (la generación en sí). Hay dos componentes fundamentales en ese compartir de los cuales surge el vínculo generacional; por una parte, la presencia de acontecimientos que rompen la continuidad histórica y marcan un antes y un después en la vida colectiva; y por otra, el hecho de que estas discontinuidades sean experimentadas por miembros de un grupo de edad en un punto formativo en el que el proceso de socialización no ha concluido, por lo menos en sus fases más cruciales, y cuando los esquemas utilizados para interpretar la realidad todavía no son rígidos por completo, o tal como afirma Mannheim, cuando esas experiencias históricas son primeras impresiones, o experiencias juveniles. Las unidades generacionales, a su vez, elaboran ese vínculo de formas distintas de acuerdo con los grupos concretos a los que pertenecen sus miembros. En el fondo, la formulación de Mannheim sigue firmemente arraigada en una perspectiva historicista. A través del concepto de generación, los largos tiempos de la historia se sitúan en relación a los tiempos de la existencia humana y se entretejen con el cambio social.

d) El análisis de Abrams: generaciones, tiempo histórico e identidad

El sociólogo inglés Philip Abrams (1982) desarrolló la perspectiva iniciada por Mannheim en varios aspectos. Cincuenta años después de la teoría original de Mannheim, Abrams profundizó y expandió la noción histórico-social de la generación, relacionándola con la noción de identidad. Su intención era dilucidar la estrecha relación entre el tiempo individual y el tiempo social, enfatizando su afiliación conjunta al registro de la historia. El punto de partida de Abrams era su convicción de que la individualidad y la sociedad se construyen socialmente. Por lo tanto, es necesario analizar sus interconexiones y, simultáneamente, sus intercambios a lo largo del tiempo. La identidad —considerada como el vínculo entre las dos dimensiones del individuo y la sociedad— debe estudiarse dentro de un marco de referencia histórico-social. Después de rechazar una definición de identidad encorsetada en términos psicológicos y sociolingüísticos, es decir, mecánicamente unida a las funciones de rol, Abrams definió identidad como la conciencia del entretejido de la historia de vida individual con la historia social. La relación entre esas dos dimensiones de la historia surge claramente si se hace referencia al tiempo social. De hecho, es en el tiempo social donde la sociedad y la identidad se generan la una a la otra de manera recíproca. Pero, ¿qué forma asume esta conexión entre identidad y generación? Para Abrams, una generación en el sentido sociológico es el período de tiempo durante el cual una identidad se construye sobre la base de los recursos y significados que socialmente e históricamente se encuentran disponibles. De la misma forma, las nuevas generaciones crean nuevas identidades y nuevas posibilidades de acción. Por lo tanto, las generaciones sociológicas no se siguen las unas a las otras sobre la base de una cadencia temporal reconocible establecida por una sucesión de generaciones biológicas. En otras palabras, no existe un tiempo normalizado con el cual medir o predecir su ritmo. Por lo tanto, desde un punto de vista sociológico, una generación puede durar diez años, o puede durar varios siglos tal como sucedió en las sociedades premodernas. Puede comprender una pluralidad de generaciones biográficas, al igual que la historia de muchas sociedades tradicionales, o puede incluir una sola generación sociológica. Concluye cuando grandes acontecimientos históricos —o más frecuentemente, procesos lentos, no catastróficos de naturaleza económica, política y cultural— vacían de sentido el sistema previo y las experiencias sociales que se le asocian.

En síntesis, tanto para Abrams como para Mannheim, el principio de una nueva generación está marcado por importantes discontinuidades del mundo histórico e institucional dominante del momento. De nuevo, es el tiempo histórico-social con sus ritmos el que se encuentra en el núcleo de la definición de nuevas generaciones e identidades sociales. Más concretamente, son los procesos de cambio los que las producen a ambas. En esta línea, las generaciones son el medio a través del cual dos calendarios distintos —el del curso de la vida y el de la experiencia histórica— se sincronizan. El tiempo biográfico y el tiempo histórico se funden y se transforman mutuamente dando origen a una generación social.

3.  El debate sobre las generaciones en Italia

De hecho los mayores 'dirigen' la vida,
pero pretenden no hacerlo, dejando la dirección
a los jóvenes; también en estas cosas es importante la 'ficción'…
(Gramsci 1930).

a) La conciencia generacional

Recientemente, se ha impuesto en Italia una concepción genealógica de generación; es decir, definida en términos de descendencia. En este contexto, el concepto de conciencia generacional ha asumido una gran importancia por dos razones principalmente; por una parte, porque permite interrelacionar el tiempo biográfico, histórico y social, y por la otra, porque permite introducir la dimensión de reflexividad en el análisis de la dinámica generacional y los procesos de cambio social. Por ejemplo, la referencia a la conciencia generacional puede mostrar cómo la continuidad y la discontinuidad histórico-sociales son procesadas por los individuos y se convierten en las bases para la construcción de los vínculos sociales entre distintas generaciones. Durante los años noventa, este aspecto atrajo especialmente la atención en el Mezzogiorno italiano, una región marcada económica y socialmente por intensos procesos de cambio, pero culturalmente por formas de continuidad. Dentro de este marco se analizaron, por ejemplo, los cambios biográficos femeninos y las formas en que las mujeres jóvenes del sur —mucho más educadas y concientes de sus recursos que las anteriores generaciones de mujeres— han desarrollado vínculos intergeneracionales en términos de genealogías femeninas (Bell, 1999; Siebert, 1991).

 Desde este punto de vista, el concepto de conciencia generacional tiene dos componentes principales[5]: la historicidad y un vínculo estrecho con la dimensión de la experiencia, en ese orden. El aspecto anterior atañe a la habilidad de situarse uno mismo dentro del marco histórico, en base a la conciencia de que existe un pasado y un futuro que se extienden más allá de los límites de la propia existencia y de relacionar la propia vida con la vida de las generaciones previas y de las futuras generaciones. Mientras que las generaciones por sí solas ayudan a estructurar el tiempo social —diferentes generaciones acogen el pasado, presente y futuro colectivos—, la conciencia generacional permite que ese vínculo se elabore de forma subjetiva. Situarse uno mismo en el fluir de las generaciones no significa solamente relacionarse con el tiempo social, sino inscribir la propia vida, la propia historia, en una historia más amplia que la comprende.

El segundo aspecto subraya la capacidad de la conciencia generacional para promover un contacto profundo con el tiempo-vida, una dimensión crucial que configura la base del procesado de la experiencia, de acuerdo con la etimología del término ex-per-ire, 'pasar por').[6] Este proceso de interpretación del tiempo biográfico estimulado por la conciencia generacional permite el crecimiento propio como entidad única y separada. Esta unicidad se mide, en contraste con el tiempo histórico y sus cambios tal como se ha incorporado en las generaciones previas, a través por ejemplo, de diferencias/similitudes en cómo se enfoca el futuro y cómo se construye la identidad. En otras palabras, la conciencia generacional —una dimensión que por su naturaleza, enfatiza un enfoque reflexivo— conlleva conciencia de la propia proximidad /distancia de otras generaciones familiares vivas. En donde está presente esta conciencia,[7] las relaciones intergeneracionales se convierten en dominio de elaboración subjetiva. Ser conscientes del propio tiempo de vida significa pues, ser concientes de sus relaciones en un espacio más amplio de tiempo; el camino que se recorra es lo que le otorga sentido. Debido a la mediación afectiva de las relaciones familiares, esta relación con la temporalidad histórica y social adquiere resonancias personales. Adquiere el registro de lo experimentado y habla del lenguaje de las emociones. La historia se convierte en memoria colectiva (Halbwachs, 1925/1975; 1950), y la memoria colectiva sostiene y potencia la memoria personal.

Anteriormente nos hemos referido al vínculo entre generación y reflexividad. Esta conexión se puede clarificar considerando la naturaleza inconsciente y no intencionada de una parte sustancial de la transmisión intergeneracional, un aspecto que también atrajo la atención de Karl Mannheim. Es por esa inconsciencia e involuntariedad que los contenidos transmitidos adquieren fuerza e influencia, y tienden a estabilizarse en tanto que concepción natural del mundo en aquéllos que los reciben. En este aspecto, Isabelle Bertaux-Wiame (1988), en sus estudios sobre memorias de familia, muestra la existencia de una 'memoria distante' de la cual los miembros de la familia son portadores no intencionados. Es una memoria formada no sólo de recuerdos personales, sino también de los que se han transmitido de generaciones previas y que se han convertido en parte integral de los itinerarios del pensamiento de aquéllos que los asimilan de forma más o menos consciente. La influencia de esta memoria distante se hace incluso más persistente por la naturaleza afectiva del recuerdo familiar, que constituye su elemento más íntimo (Namer, 1988). Su acción consolida los vínculos sociales entre los miembros del grupo familiar, cuya cohesión resulta reforzada. Gracias a ello, el recuerdo familiar tiene continuidad entre las generaciones; evita la exacerbación de las diferencias; salvaguarda la unidad del grupo. Además, a través de la afectividad, sostiene el carácter normativo de la transmisión y sostiene las imágenes del mundo que conlleva.

La conciencia generacional permite el examen crítico de esta memoria, el cambio de esos contenidos de la oscuridad a la luz. Así pues, puede someterse a reflexión, se puede problematizar o quizás rechazar. Ello puede hacerse conscientemente de los criterios de selección en cuya base el recuerdo en cuestión se ha construido y después transmitido (Cavalli, 1991). Si el recuerdo familiar colectivo tiende a transmitir una visión desproblematizada del pasado, esa visión puede cuestionarse de forma crítica a través del ejercicio reflexivo cuando se acompaña de la conciencia generacional. En virtud de esa relación crítica con el recuerdo, la conciencia generacional también favorece el crecimiento de la propia conciencia en tanto persona única y aislada. Pero esta unicidad —reiteramos— se mide en relación al tiempo histórico y sus cambios tal como se han incorporado por parte de las diferentes generaciones de la familia. Así, la conciencia generacional conlleva una asunción deliberada de las continuidades y discontinuidades intergeneracionales y la posibilidad de darles forma de base para procesar el tiempo biográfico. En otras palabras, la conciencia generacional es una herramienta potente para convertir las diferencias entre generaciones en la base del propio reconocimiento.[8]

b) De la conciencia generacional a la genealogía

Aunque la conciencia generacional conduce a la comparación con las generaciones previas, ello no significa que se construya contra esas generaciones. Especialmente para las generaciones familiares femeninas, la idea de genealogía —entendida como continuidad cambiante—gana aún más importancia. Las generaciones de abuelas y madres incorporan una edad que las hijas no han vivido; estas últimas exploran los límites de su identidad comparando su propio tiempo biográfico con el de otras generaciones femeninas. Además, la memoria familiar que las abuelas y madres custodian permite a sus hijas evaluar el camino recorrido por las generaciones de mujeres inmediatamente anteriores a ellas y calibrar la distancia que les queda. Las vidas vividas por otras generaciones de mujeres, y traspasadas a mujeres más jóvenes por medio de historias, recuerdos y experiencias que las hijas han vivido, las conectan al tiempo histórico y social. Miden la proximidad y la distancia, las similitudes y las diferencias en las formas en que se produce el sentido y se construye la subjetividad; se convierten en herramientas para descubrir la unicidad de sus vidas mientras son concientes de que pertenecen a un mundo compartido: el de la familia. Así, mientras generación y genealogía se construyen a través de la referencia al tiempo, solamente la segunda es una dimensión que puede llamarse incorporada, por la conexión física debido a la descendencia. La relación corporal evita que la forma de la genealogía se pierda en un circuito temporal abstracto, de pérdida de conexión con las vidas de las mujeres de carne y hueso que han experimentado la diferencia de visibilidad y poder entre mujeres y hombres en la vida pública.

 Pero el aspecto corporal de la genealogía también actúa a otro nivel: el de las diferentes relaciones que las generaciones de mujeres han mantenido con sus cuerpos y con sus códigos simbólicos. Por ejemplo, en el Mezzogiorno italiano, las auto-representaciones de las mujeres jóvenes llevan la huella de los cuerpos silenciados de sus abuelas, de los cuerpos 'negociados' de sus madres. Desde luego pueden reducir el peso de los embarazos, pero todavía no son sujetos plenamente capaces en las esferas pública y privada (Siebert, 1991). Liberadas del silencio impuesto a los cuerpos femeninos por las generaciones de mujeres previas, no es raro que las mujeres más jóvenes del sur de Italia tengan sentimientos ambivalentes acerca de su sexualidad, sentimientos que se pueden interpretar como el resultado de su relación con las experiencias de las generaciones previas, en otras palabras, de la genealogía femenina en la que se encuentran. La dimensión genealógica constituye el marco de referencia en el cual sus identidades se construyen y toma forma su subjetividad.

En suma, dando cuerpo al tiempo, la genealogía materializa la pertenencia generacional. A través de la genealogía, ser una mujer en el tiempo y el espacio presentes ocurre bajo la luz de la conciencia de que las experiencias de las generaciones previas de mujeres deben situarse y comprenderse dentro de un marco histórico. Reconocerse a sí misma en una genealogía femenina significa, por lo tanto, mirar la dimensión generacional desde más allá del punto de partida de Mannheim, con su identificación de los acontecimientos cruciales en el orden histórico-político capaz de marcar una discontinuidad en la sociedad y en las biografías individuales. En lugar de eso, la dimensión genealógica implica la conciencia de los cambios biográficos dentro de una pertenencia compartida determinada por la descendencia. Al mismo tiempo, conlleva la necesidad de elaborar de forma subjetiva las diferencias que ocurren (Bell, 1999). En el enfoque genealógico, la dimensión temporal que forma generaciones en el vértice entre aspectos colectivos e individuales del tiempo comprende discontinuaidades dentro de una visión que no busca los orígenes, sino que busca el movimiento, las interconexiones, las contingencias y las diferencias,[9] dentro de un marco de referencia que enfatiza el aspecto incorporado del tiempo.

4. El debate sobre las generaciones en España

Puede decirse que la noción de generación es una de las escasas contribuciones de España al pensamiento sociológico universal, hasta el punto que el epígrafe «generación» de la Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales lo escribió el filósofo Julián Marías (1944-2005), discípulo de José Ortega y Gasset y padre de Javier Marías, el novelista español más reconocido de la actualidad. Esto puede deberse a tres razones. La primera, es la importancia de la generación literaria del noventa y ocho, debido a que 1898 fue el año de la guerra con los Estados Unidos, donde España perdió a Cuba —la última colonia española en América—, dando lugar a una profunda reflexión sobre la crisis; una segunda razón es el impacto nacional e internacional del trabajo de Ortega y Gasset, el filósofo español más importante del siglo veinte; y por último, la profunda brecha generacional provocada por la Guerra Civil Española, de la cual surgió una dictadura que reemplazó la lucha de clases por la sucesión generacional como motor de la historia.

a) Ortega y Gasset: las generaciones como el concepto clave en la historia

En 1923, Ortega y Gasset (1883-1955) publicó La idea de las generaciones, donde argumentaba que las personas nacidas en la misma época compatían la misma sensibilidad vital, opuesta a la generación previa y a la posterior, que define su misión histórica. Ortega y Gasset se formó como pensador liberal en la escuela alemana y tuvo un gran impacto en América Latina; defendió la democracia de la Segunda Repúbl ica, aunque luego se apartó de sus excesos. Fue el intelectual español más importante de la primera mitad del siglo veinte, formando diversas generaciones de pensadores e interviniendo en los debates públicos con la prensa.[10] En el texto mencionado, la idea de generación se consideraba «el concepto más importante de la historia». El autor luchaba contra la influencia de la revolución soviética y del fascismo, pero al mismo tiempo se convirtió en paradigma de la fuerza regeneradora de los jóvenes. La juventud reemplazaba al proletariado como sujeto emergente y la sucesión generacional reemplazaba la lucha de clases como motor de cambio. Más tarde, el filósofo desarrolló un «Método histórico de las generaciones» que permitiría entender el curso de la historia partiendo de la idea del relieve generacional que tenía lugar cada quince años. Sin embargo, como Bauman (2007) observó, la idea central de Ortega y Gasset no es la de sucesión sino la idea de superposición: no todos los contemporáneos se pueden considerar contemporáneos. Por esta razón, hay tiempos de edad adulta ('acumulativos') y tiempos de juventud ('eliminativos o polémicos'). De acuerdo con la visión elitista del autor, la clave es la relación establecida entre minorías y masas. Cuando algunos individuos que viven tiempos de crisis consiguen entender la nueva «sensibilidad vital» y «por primera vez tienen pensamientos con total claridad», se convierten en la generación decisiva con acólitos, porque pueden conectar con los cambios anhelados. Pero Ortega y Gasset no abordó cómo los grupos de edad desarrollan una conciencia común y empiezan a actuar como una fuerza histórica coherente.[11]

b) Marías y Aranguren: el método histórico de las generaciones

En España, la teoría de Ortega y Gasset fue desarrollada por sus discípulos durante el régimen de Franco, aunque su aplicación tuvo lugar en el mundo de la creación artística y literaria. El historiador Pedro Laín Entralgo publicó en 1945 Las generaciones en la historia, aplicando la concepción de Ortega y Gasset a los novelistas de la generación del noventa y ocho. En 1949, el filósofo Julián Marías publicó El método histórico de las generaciones, donde comparaba la contribución de Ortega y Gasset con la de otros pensadores previos (Compte, Mill, Ferrari, Dilthey, Ranke) y contemporáneos (Mentré, Pinder, Petersen, Mannheim, Croce y Huizinga, entre otros). Es significativo que ambos libros se publicaran en medio de la posguerra, en los tiempos más difíciles del régimen de Franco. Era una forma velada de evitar la discusión del conflicto social, pero al mismo tiempo permitía abrir el debate al pensamiento sociológico internacional.[12] En 1960, el filósofo José L. López Aranguren publicó un ensayo titulado «La juventud europea». Aunque afectara a la juventud de los sesenta, de hecho se refería a la juventud de la posguerra española, la generación que llegó a la madurez entre 1945 y 1960. El texto está en la línea de pensamiento de Ortega y Gasset, a quien Aranguren conoció siendo estudiante. Pero a diferencia de Laín y Marías, el autor no se quedó en la reflexión filosófica abstracta; pasó al área de la realidad social e histórica, con información empírica fruto de los primeros estudios sobre juventud basados en encuestas de opinión, y también en su conocimiento directo como profesor cristiano y universitario disidente, lo que ahora denominaríamos su trabajo de campo. Eso le llevó a postular el cierre de la brecha entre la minoría y la masa, y a criticar los quince años como tempo generacional, haciendo un uso heterodoxo de la noción de generación, que irá desapareciendo en favor de una visión más compleja de la diversidad de la cosa juvenil.[13]

c) Las generaciones en los estudios contemporáneos sobre la juventud

En 1989, Marías publicó una nueva edición ampliada bajo el título Generaciones y constelaciones, en la cual, además de sistematizar el método analítico de las generaciones, reflexiona sobre el llamado vacío generacional posterior a 1968. Para el autor, la noción debería aplicarse solamente a las generaciones decisivas en términos de Ortega y Gasset; es decir, los que marcan un punto de inflexión, pero no cualquier diferencia generacional: «Creo que este fenómeno no afecta a las generaciones en rigor, sino a la edad: podríamos llamarlo vacío de edad. La distancia extraordinaria se refiere a la fase juvenil de cualquier generación, no a la generación entera, quienes una vez se ha ido la juventud, no vuelven a ser ni particularmente innovadores ni diferentes» (op. cit., 1989:13). Desde la mitad de los sesenta, la teoría de las generaciones se abandonó en el pensamiento sociológico por considerarse conservadora y anticuada, y se substituyó por teorías neomarxistas que consideraban a la juventud como una nueva clase (Campany, 1968) y se centraban en la revolución cultural del los jóvenes (De Miguel, 1972). Sin embargo, a partir de 1985 el concepto de generación ha sido redescubierto por las nuevas generaciones de investigadores sobre juventud españoles, que han releído y han reflexionado sobre las concepciones de los clásicos, desde Aranguren a Ortega y Gasset. Ello no es ajeno al acceso al poder, en 1982, de una nueva generación política que se proclamó los herederos del 68; esto se utilizó para desplazar a la generación previa y para bloquear durante dos décadas el paso a la siguiente. Lo mismo ocurrió en Latinoamérica, donde las transiciones a la democracia de países como Argentina, Chile y México se vivieron como un vacío generacional que alimentó el redescubrimiento de los clásicos, que en ese caso habían cantado las revoluciones juveniles del principio del siglo veinte. La importancia de la teoría de las generaciones sigue tan vigente como siempre, a pesar de que todavía no ha generado una actualización de sus bases teóricas y metodológicas.[14]

5. Consideraciones finales

Hoy en día, a principio del siglo veintiuno,
puede observarse la emergencia de una generación global.
Esta es la tesis fundamental de nuestro texto.
(Beck y Beck-Gernsheim, 2008).

En 2007, Ulrich y Elizabeth Beck publicaron un breve ensayo en el que proponían la noción de la generación global como antídoto al nacionalismo metodológico. Para las autoras, la noción clásica de generación, cerrada en términos nacionales, quedó obsoleta y debía ser reemplazada por una nueva visión basada en un cosmopolitanismo metodológico, en una visión universal de los factores que afectan a las generaciones. Este último debe centrarse en las condiciones interrelacionadas e influencias de los desarrollos nacionales e internacionales, a nivel local y global (2008:10-11). Puesto que la globalización no implica la equivalencia, propusieron reemplazar el concepto clásico de generación por el de constelaciones generacionales cruzadas, porque «la experiencia de la 'generación global' desde luego se ha globalizado, pero al mismo tiempo está marcada por profundos contrastes y líneas divisorias» (2008:14-15). A diferencia de la generación del 68, la generación actual se define por factores cosmopolitas. Esto se ilustra con tres constelaciones generacionales: la generación de la migración (marcada por los procesos de migración transnacional), la generación aprendiza (marcada por el empleo precario) y la generación patchtwork (marcada por procesos de hibridación cultural). En estas tres áreas, —demográfica, económica y cultural— la generación más joven (o cualquiera de sus fracciones) actúa como barómetro de las nuevas tendencias.

En otro orden, es importante subrayar que la emergencia de sociedades actuales como las occidentales —en que un número de generaciones adultas conviven en la escena social— conllevan una serie de problemas nuevos y urgentes, en particular la relación de justa distribución de la riqueza y, junto con ello, la definición de un nuevo contrato social entre las generaciones mayores y las más jóvenes (Bengston y Achenbaum, 1993). La caída del índice de natalidad y el alargamiento de la esperanza de vida media, junto con el envejecimiento de las poblaciones, conlleva a nuevas desigualdades respecto a la relación de la gente con el mundo del trabajo y la división de los recursos públicos entre generaciones. De hecho, esas desigualdades toman forma concreta específicamente a lo largo de las líneas generacionales. En este contexto, tal como apunta Alessandro Cavalli (1994), los conflictos potenciales se acentúan, por ejemplo, por la forma de funcionar del mercado de trabajo, por las características del sistema de pensiones y por la acumulación de la deuda pública. Todos estos factores subrayan, de un modo u otro, las distintas oportunidades que las generaciones tienen en el presente, y probablemente tendrán en el futuro, de conseguir acceso al poder y tener los recursos materiales y simbólicos.

Sin embargo, junto con este lado oscuro de la relación entre generaciones, también hay una parte más positiva que no puede dejar de mencionarse aquí. Esta faceta positiva revela los rasgos de nuevas formas de solidaridad que emergen hoy en día entre generaciones. Así, por ejemplo, a pesar de la tendencia europea a que las distintas generaciones convivan menos que en el pasado, (con la conocida excepción de los jóvenes del área del Mediterráneo), los lazos afectivos entre las generaciones no parecen aflojarse. Se establecen nuevas formas de relación a distancia (Bengston y Achenbaum, 1993), acompañadas de prácticas concretas orientadas a reequilibrar las disparidades intergeneracionales mediante intercambios privados de bienes materiales (herencias, dotes, pequeñas contribuciones monetarias) o inmateriales (relacionadas, por ejemplo, con el intercambio de tiempo). Este complejo entretejido de prácticas, caracterizado por un alto grado de reciprocidad, va tanto de las generaciones mayores a las más jóvenes como en la dirección opuesta (Attias-Donfut y Renaut, 1994). Una ayuda no poco significativa es la planificación del futuro —un requisito existencial que, tal como demuestra la investigación—, tiene una naturaleza particularmente problemática para los jóvenes de hoy (Leccardi, 2005).

Milano (Italia) — Lleida (España), diciembre 2010

NOTAS

Este artículo se basa en la ponencia presentada en el 1º Fórum de Sociología de la isa «Investigación Sociológica y Debates Públicos»(Barcelona, España, 5 al 8 de septiembre de 2008), rc34: «Crecer en un mundo líquido: juventud y debates públicos», organizado por los autores. El texto apareció publicado por primera vez en portugués: Carles Feixa y Carmen Leccardi (2010): «O conceito de geração nas teorías sobre juventude». Sociedade e Estado, 25 (2). Brasilia. Posteriormente se publicó en inglés: Carmen Leccardi y Carles Feixa (2010): The concept of generation in youth theories. Revista de Pedagogie, 58 (4) Bucarest. La versión en castellano se publica simultáneamente en esta revista y en una antología sobre juventud editada por la Universidad de Manizales, el cinde y Siglo del Hombre Editores: Germán Muñoz (editor académico) (2011): Jóvenes, culturas y poderes. Bogotá: Siglo del Hombre Editores. Agradecemos al editor académico y a los coeditores el permiso para que pueda aparecer también en la revista Última Década, como invitación a la lectura de la citada antología y a una recuperación crítica del concepto de generación en los estudios sobre juventud.

[1] Como es sabido, el término 'generación' se utiliza de diferentes formas en distintas disciplinas (por ejemplo, aparte de la sociología, se usa en la etnología y en la demografía). Sobre la pluralidad de significados del término ver especialmente Kertzer (1983) y Attias-Donfut (1991). En sociología, el concepto de generación, sin considerar los diferentes significados que le atribuyen autores individuales, se relaciona con la idea de 'duración común'.

[2] Los autores presentados aquí intentaban mostrar la conexión entre tiempos individuales y tiempos sociales, una relación crucial en el enfoque generacional.

[3] Este lapso de tiempo correspondía a la duración media de la vida productiva de un individuo.

[4] Cuando Karl Mannheim escribió su ensayo sobre las generaciones, los movimientos juveniles en Alemania tenían decenas de miles de miembros y habían asumido un papel preponderante en la vida nacional del país.

[5] Para una discusión detallada ver Attius-Donfut (1988), parte tres, cap. 11.

[6] En Italia, Paul Jedlowski es el autor que más ha trabajado, en términos sociológicos, en el tema de la experiencia. Ver Jedlowski (1994).

[7] Hoy día, dos factores, uno favorable y el otro contrario, se consideran simultáneamente por lo que respecta a la conciencia generacional. Por una parte, favorecer la conciencia generacional implica la existencia de una sociedad multigeneracional en la que coexisten distintas generaciones (hasta cierto punto sin precedentes en la historia de la humanidad); por la otra, se ve obstaculizada por la aceleración del cambio, que evita que se desarrolle el sentido de continuidad temporal.

[8] Este tema se analizó, con referencia al Mezzogiorno de Italia, en Leccardi (2006).

[9] Como en la aproximación genealógica desarrollada por Foucault. Ver, por ejemplo, el ensayo sobre «Nietzsche, genealogy, history» de Foucault (1971). Ver también Michon (2002).

[10] La concepción de Ortega y Gasset es contemporánea a la de Mannheim, aunque no se pueden considerar contemporáneos, entre otras cosas, porque su concepción fue formulada de manera totalmente independiente. La teoría de Ortega y Gasset de las generaciones no se expone en un texto único, como la de Mannheim, sino que se desarrolla como un hilo conductor a través de su trabajo filosófico. A principios de 1914, el autor dio algunas conferencias; hacia los años 1920-1921 desarrolló su primera formulación en la universidad; en 1923 se publicó como texto introductorio de su libro Meditaciones de nuestro tiempo bajo el título «La idea de las generaciones» (Ortega y Gasset, 1966). Su formulación se recapturó en algunas conferencias importantes que dio en Buenos Aires (Argentina) en 1928 y que fueron publicadas póstumamente bajo el título «Juventud, cuerpo» (Ortega y Gasset, 1996). En 1933, se desarrollaron análisis como ensayos centrales de su libro En torno a Galileo, bajo el título «El método histórico de las generaciones» (Ortega y Gasset, 1970). Aunque este libro fue publicado posteriormente al artículo de Mannheim, da la impresión de que Ortega y Gasset no conoció el texto del autor alemán, del mismo modo, pareciera ser que Mannheim tampoco conoció el trabajo de Ortega y Gasset. Ver Sánchez de la Yncera, 1993.

[11] El trabajo de Ortega y Gasset tuvo un gran impacto en el pensamiento social antes de la guerra en todo el mundo, especialmente en la Europa mediterránea, Alemania y Latinoamérica. Algunos autores lo recuperaron en los sesenta y los setenta para analizar el tiempo de las revueltas juveniles, e incluso mereció un artículo de crítica en un volumen sobre sucesión generacional promovido por el Partido Comunista de la Unión Soviética (Moskvichov, 1977) y un desarrollo teórico sistemático por parte de un sociólogo sudafricano (Jansen, 1977). Sin embargo, en las últimas tres décadas ha desaparecido del pensamiento sociológico internacional, probablemente por la falta de nuevas traducciones al inglés, ya que no se menciona en el pensamiento actual (Edmunds y Turner 2002).

[12] En una nueva edición de 1960, Marías añadió un apéndice con una reflexión sobre la teoría de las generaciones del pensador árabe del siglo xiv Ibn Khaldoun, el único autor no europeo incluido en su viaje. Su libro se tradujo más tarde al inglés (1967) y al italiano (1988). En 1968, el autor escribió la entrada «generación» de la Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales.

[13] El modelo, más que Ortega y Gasset, es el sociólogo alemán Helmut Schelsky, que publicó en 1957 Die Skeptische Generationen (La generación escéptica), donde recogía resultados de diferentes estudios sobre los valores de los jóvenes alemanes de la década previa.

[14] Este campo de investigación puede dividirse en los siguientes: primero, los estudios sobre la transición de la infancia a la vida adulta, basados en la distinción entre cohorte generacional y el curso de la vida, renovando los métodos de la sociología empírica; segundo, la recuperación de la memoria histórica de la Segunda República Española y de la Guerra Civil, momentos en que los movimientos juveniles fueron protagonistas, y el uso de la historia oral se retomó; tercero, la emergencia de la generación red y las culturas club globales, renovando el uso de los estudios culturales (cf. Feixa y Porzio, 2005).

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Direción para Correspondencia:
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Recibido: diciembre 2010
Aceptado: marzo 2011

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