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Ultima década

versión On-line ISSN 0718-2236

Ultima décad. v.9 n.15 Santiago sep. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362001000200005 

Última Década, 15, 2001:99-119

LOS JÓVENES EN EL LICEO

 

Joven y alumno. Desafíos de la enseñanza media

 

José Weinstein Cayuela*

* Sociólogo, actualmente se desempeña como Subsecretario de Educación.


La enseñanza media constituye una etapa crítica en la vida de los jóvenes. Por una parte está concebida como un nivel de transición entre el mundo escolar (espacio de contención) y el mundo de la educación superior o el mundo laboral (espacio de incertidumbre y desafíos múltiples). Por otra parte, coincide con el período de transformación bio-psico-social más importante en los jóvenes: el paso de la niñez a la pubertad y adolescencia, con todos sus procesos internos que se expresan de diferentes maneras (apatía, rebeldía, idealismo, etc.) y con todos los riesgos que entraña (drogas, violencia, conductas temerarias).

La escuela es el escenario por excelencia donde se juegan cotidianamente todas estas vivencias y conflictos. Éstos deben ser debidamente asumidos por los educadores, directivos, apoderados, sostenedores y responsables de las políticas públicas en materia de educación, e incorporados en su proceso educativo, de modo de garantizar que este nivel de transición cumpla realmente con su objetivo: dotar al joven de todas las destrezas y herramientas necesarias para su vida adulta, tanto en términos, valóricos personales, como de aprendizaje permanente, inserción laboral y ejercicio pleno de su ciudadanía.

El sistema escolar enfrenta hoy un importante desafío: retener a los jóvenes adolescentes en su seno, proporcionándoles un aprendizaje de calidad y que le sirva para la vida y acompañándolos en su desarrollo psicosocial en aras de desarrollar un positivo espíritu ciudadano. Para ello, la escuela tiene que dejar de ser, sobre todo en los sectores populares, sólo un lugar de aprendizaje cognitivo y transformarse en un espacio de canalización del tiempo libre creativo, un espacio positivo y sin riesgos para esos jóvenes, que no tienen otras alternativas. Tiene que ser un espacio privilegiado para forjar actitudes cívicas y ciudadanas que lo vinculen a su comunidad más inmediata y, en segunda instancia, a la sociedad de la cual forma parte. La democracia es un proceso dinámico que debe educarse y perfeccionarse desde esta etapa crucial.

A ese respecto, es importante observar en qué medida aún se infantiliza a los jóvenes en la enseñanza secundaria y no son tratados de acuerdo a lo que ellos son en la sociedad actual en cuanto a desarrollo intelectual, información y urbanidad. No se ha logrado crear una didáctica o una pedagogía que sea adecuada a este grupo de edad que, sin ser adulto, ya están tan cerca de serlo. Esto se traduce muchas veces en un dilema doloroso para estos jóvenes: ¿cómo ser alumno sin dejar de ser joven?

La enseñanza media en Chile está en un proceso de mutación, inserto en una reforma que, tras una década fundacional, entra ahora en una etapa de profundización. Esta reforma tiene que ver con cuatros desafíos que procuraremos aquí detallar. En primer lugar, la cobertura escolar y su contraparte, la deserción, que persiste, pese a una década de esfuerzos; la calidad y pertinencia de los aprendizajes, problema que se debate, con mayor o menor fuerza, en todas las latitudes, el forjamiento de un espíritu ciudadano en los jóvenes y, por último, la inserción post-media, ya sea en el ámbito académico o laboral.

A este respecto, desde el Ministerio estamos combinando políticas nacionales con programas focalizados para lograr las metas que aspiramos. Nuestra función es generar las condiciones necesarias para que los actores locales puedan efectivamente cumplir con estos objetivos. En ese sentido, los docentes y la comunidad (padres y apoderados, educadores y directivos) tienen un papel absolutamente determinante en el éxito de esta empresa.

1. Cobertura y deserción

El primer desafío -la cobertura- es de vital importancia, pues es el que sustenta los tres restantes. Se refiere simplemente a cómo logramos que todos nuestros adolescentes y jóvenes accedan y permanezcan en el sistema escolar. En las últimas décadas el sistema educativo ha estado marcado por su crecimiento y su masificación en nuestro país. En 1990, la cobertura de la enseñanza básica era de 98,3%, alcanzándose para este nivel una matrícula prácticamente universal. La alta cobertura de este nivel educativo ha llevado a que las políticas educativas implementadas hayan priorizado la calidad y la equidad.

Distinta es la situación en la enseñanza media. Si bien, al igual que en el caso de la básica, la matrícula de este nivel creció significativamente en la última década, pasando de un 80,3% en 1990 a un 90% en la actualidad (gráfico 1), es claro que falta aún alcanzar la universalización, constatándose adicionalmente diferencias importantes entre los quintiles más ricos y los más pobres (gráfico 2).

Gráfico 1

Cobertura por nivel de enseñanza* (1990 y 2000)
(en porcentaje)


(*) Superior incluye Universidades, Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica.
Fuente: MIDEPLAN, Encuesta casen 1990 y 2000.

Gráfico 2

Cobertura de enseñanza media por quintil de ingreso
autónomo per capita del hogar* (1990, 1998 y 2000)
(en porcentaje)


(*) Se excluye al servicio doméstico puertas adentro y su núcleo familiar.
Fuente: MIDEPLAN, Encuesta casen 1990 , 1998 y 2000.

a) Deserción

Al analizar las cifras de deserción, se observa en la enseñanza media, tasas levemente superiores al 10% en gran parte de la última década, con una disminución sistemática en los últimos 4 años, hasta llegar al 8,2% en el último año (MINEDUC, 2000). Al año 2000 tenemos la siguiente situación: 820.000 jóvenes, de alrededor de 14-17 años de edad que están en la enseñanza media de los cuales casi la mitad (46%) está orientado a la enseñanza vocacional o técnico-profesional.

El problema es cómo lograr que todos nuestros adolescentes y jóvenes accedan y permanezcan en la educación media. El presente gobierno se ha comprometido públicamente en incrementar la inversión pública en educación y en mantener a la educación como la principal prioridad para el progreso de la nación en el siglo que se inicia. Concretamente, ha expresado su compromiso de «avanzar hacia un promedio de 12 años de estudios para toda la nueva población estudiantil», lo que representa según los expertos internacionales un umbral educativo. Esto implica, en la práctica, ampliar la cobertura efectiva de la enseñanza media y ofrecer becas de retención para alumnos y alumnas de sectores vulnerables desde octavo básico hasta cuarto medio.

El mejoramiento de la cobertura coincide con el inicio de la reforma en la enseñanza media. Si la tendencia actual se proyecta al 2005, la cobertura alcanzará el 95% de los alumnos.

Gráfico 3

Promedio de escolaridad de la población de 15 años y más
por quintil de ingreso autónomo per cápita del hogar*
(1990, 1998 y 2000)
(años de estudio)


Fuente: MIDEPLAN, Encuestas casen 1990, 1998 y 2000.

 

b) Desigual oportunidad en la educación

Los índices de cobertura según el nivel de ingreso de las familias de los jóvenes, presentados en el apartado anterior (ver gráficos 2 y 3), reflejan claramente que las oportunidades educativas están desigualmente distribuidas. En la educación media, la cobertura es prácticamente universal sólo para los dos quintiles de mayores ingresos de la población; sin embargo, alrededor de un cuarto de los jóvenes de las familias más pobres y un quinto de aquellos pertenecientes al segundo quintil están fuera del sistema escolar. Estas desigualdades de acceso a la educación se han ido adicionando intergeneracionalmente y se distribuyen además diferencialmente según la ubicación geográfica, donde casi veinte puntos porcentuales separan a las zonas rurales de las urbanas.

Este flagelo de la deserción escolar en los estratos más pobres de la sociedad se traduce en nuevas iniquidades en las etapas posteriores de la vida. En efecto, los alumnos de dicho estrato socioeconómico, que no cuentan con 12 años de escolaridad, arriesgan el quedar en desventaja con relación a quienes completan su enseñanza media en cuanto a reales posibilidades de empleo y desarrollo de estudios técnicos y superiores.

La enseñanza media (en otras palabras, la escolaridad completa) confiere ventajas salariales importantes sobre los que no la tienen. Los desertores del sistema escolar tienen además mayores probabilidades de entrar en dinámicas excluyentes y socialmente desintegradoras (cesantía, drogadicción, falta de participación, etc.). A su vez, empobrecen el capital cultural que luego transmiten a sus hijos, reproduciendo intergeneracionalmente la desigualdad educativa en lo que se ha llamado el «círculo vicioso de la pobreza».

Gráfico 4

Población de 14 a 17 años que no asiste
a un establecimiento educacional (1990-2000)
(en porcentaje)


Fuente: MIDEPLAN, Encuestas casen 1990 y 2000.

Si analizamos un poco más de cerca los datos disponibles, nos encontramos con la siguiente realidad: 800.000 jóvenes que están dentro del sistema escolar y alrededor de 140.000 jóvenes que están afuera del mismo. La diferencia principal tiene que ver esencialmente con su procedencia urbana o rural. Nuestro país es muy urbanizado, la población rural es muy pequeña. Sin embargo, la deserción escolar está absolutamente sobrerrepresentada en la población rural: 96.000 desertores provienen de la zona urbana, y 42.000 de zonas rurales.

Otra variable muy importante es la económica, como se aprecia en el siguientes gráfico. En el año 2000, la población de menores ingresos es la más afectada por la no asistencia a un establecimiento educacional. En ese año, 3 de cada 4 niños y jóvenes entre 14 a 17 años (76,1%) que no asisten a un establecimiento educacional pertenecen a los quintiles uno y dos, que corresponden a los de menores ingresos del país (gráfico 5).

Gráfico 5

Distribución de la población de 14 a 17 años que no asiste
a un establecimiento educacional según quintil
de ingreso autónomo per capita del hogar* (2000)
(porcentaje sobre el total que no asiste)


(*) Se excluye al servicio doméstico puertas adentro y su núcleo familiar.
Fuente: MIDEPLAN, Encuesta casen 2000.

c) Causas de la deserción

Las causas del abandono escolar son variadas y configuran un panorama cada vez más complejo: las necesidades económicas (falta de recursos, necesidad de trabajar), aunque mantienen su relevancia, son matizadas por otras motivaciones de índole más cultural (labores domésticas, conformación de familia) y unas emergentes, de incipiente caracterización que refieren a desmotivación de los alumnos por su enseñanza (desinterés por el estudio, problemas en el liceo, búsqueda de consumo). Concurren entonces, visto desde el punto de vista del joven, factores de «expulsión» del sistema (inadecuación de la oferta educativa) y de «atracción» de otros campos (necesidades sociales y de trabajo).

Gráfico 6

Porcentaje de personas entre 14 a 17 años que declaran
no asistir a un establecimiento educacional por razones (2000)
(en porcentaje)


Fuente: MIDEPLAN, Encuesta casen 2000.

En cuanto a género, hay una distinción muy clara. En los varones, el primer motivo de deserción o de no asistencia es de índole económica (trabajo o búsqueda de trabajo). El segundo tiene que ver con problemas de conducta y rendimiento, situación con la que el sistema escolar aparentemente no sabe cómo lidiar. Hay una tercera razón, todavía más alarmante, que es la falta de interés por proseguir estudios secundarios y, por último, las dificultades económicas.

Desde el punto de vista de las mujeres desertoras, el tema de la maternidad o del embarazo es muy gravitante. También se detecta la dificultad económica y el tema de la ayuda en la casa. Por último, al igual que con los varones se percibe un desinterés en seguir con estudios secundarios.

Demás está decir que, en lo que respecta a los factores de expulsión del sistema de educación media, subsiste una enorme interrogante, en cuanto a la capacidad que tiene el sistema secundario de contener y de realmente motivar a los jóvenes durante esa etapa de la vida.

Debemos rendirnos ante la evidencia: contener la deserción solamente mediante políticas generales no es suficiente. Hemos tratado de hacer una reforma educativa en la cual se han tomado grandes medidas generales en términos de un nuevo currículum, distribución de textos, aumento de la subvención escolar, capacitación de docentes, etc. Pero para frenar la deserción hay que acompañarlo claramente de programas focalizados. Por decirlo de algún modo, debemos trabajar en dos velocidades, modificando toda la educación media y, simultáneamente, haciendo un esfuerzo especial en cuanto a los más pobres, que son los que más desertan y abandonan.

En efecto, la situación de deserción se concentra invariablemente en los segmentos más pobres de la población y responde a múltiples causas socioeconómicas, educacionales y culturales. En lo relativo al sistema educacional público, existen dos factores, profundamente imbricados entre sí, que explican en gran medida el hecho que los jóvenes abandonen los liceos: la baja calidad y poca pertinencia de los procesos pedagógicos al interior de los liceos y los magros resultados educativos.

Esto último es corroborado en un estudio reciente, encargado por el Ministerio (U. de Chile, 2000), que viene a confirmar que los resultados escolares están fuertemente condicionados por los factores socioeconómicos de los alumnos y, en directa relación con lo anterior, por la dependencia del establecimiento. Así, los alumnos de liceos particulares subvencionados obtienen 17,8 puntos más en el último simce de segundo medio que los alumnos de establecimientos municipales. Esto se traduce en altos índices de repitencia que llevan a configurar una realidad deficiente entre los alumnos que cursan la enseñanza media en los liceos públicos, la que, a su vez, incide fuertemente en el riesgo de deserción, ya que es evidente la potenciación mutua entre fracaso escolar reiterado y deserción.

Persiste, pues, el desafío de bajar los niveles de repitencia y mejorar el nivel académico de nuestros liceos. La implementación del nuevo currículo, junto al enriquecimiento de las prácticas pedagógicas, los materiales didácticos y textos renovados, constituyen una poderosa herramienta en ese sentido, pero deben complementarse con otras acciones que apunten tanto a mejorar la calidad de la enseñanza impartida como a reforzar el vínculo entre estudiantes, educadores, apoderados y la comunidad en que se inserta el liceo: se requiere hacer del liceo en sectores populares, un lugar más atractivo, que responda a los intereses juveniles y los motive verdaderamente por el aprendizaje.

En ese sentido, se deben realizar algunas acciones concretas, como disminuir la repitencia escolar, creando apoyo complementario para los alumnos con mayores dificultades; mejorar la convivencia y disciplina escolar, generando mejores condiciones para el aprendizaje, basadas en el diálogo y el respeto; expandir los sistemas de apoyo a los estudiantes y sus familias y comprometer a los propios liceos en la tarea de evitar la deserción de sus alumnos; finalmente, vincular a los establecimientos escolares con las futuras oportunidades laborales de los jóvenes, fomentando la apertura de los liceos al mundo del trabajo y la producción.

d) Liceo para todos

Para resolver este grave problema de equidad del nivel medio, se creó el programa Liceo para todos, cuyo propósito es disminuir la deserción de los liceos que atienden a los jóvenes que presentan una mayor vulnerabilidad económica y socio-educativa. Estos liceos presentan una deserción promedio de 11%. La meta es reducir, dicha deserción, a un 6% en cuatro años.

Para lograr lo anterior, el Programa busca mejorar la oferta educativa en estos establecimientos, así como la calidad de vida de los estudiantes que atienden. La estrategia contempla que cada establecimiento desarrolle planes de acción en el ámbito pedagógico y/o de gestión para prevenir el abandono escolar. Paralelamente, otorga recursos directos (a través de becas) a los estudiantes con mayor riesgo de deserción y fomenta el desarrollo de redes de ayuda social a estos establecimientos y sus alumnos. Este programa de becas se ha implementado a nivel nacional, en un total de 420 establecimientos. Ya hay 6 mil estudiantes de dichos establecimientos que recibido becas.

Complementariamente, se espera mejorar las condiciones de habitabilidad y el trabajo de 96 internados (regiones VII a x) que reciben a los estudiantes de mayor vulnerabilidad socio-educativa, provenientes de sectores rurales y/o aislados.

Con todo creemos que, desde el punto de vista de la deserción y el lograr que los adolescentes accedan y permanezcan en el sistema, no basta con actuar con las nuevas camadas de jóvenes. De alguna manera, se debe parar el flujo de deserción, pero también hay que actuar sobre los que ya han desertado. En ese sentido, el momento mas propicio para actuar es justamente en los momentos de juventud, es decir, pocos años después de que se ha desertado de la enseñanza media y que es cuando todavía hay interés, y muchas veces posibilidades, de recuperar a estos jóvenes para lograr que terminen la enseñanza media. A este respecto, hay que actuar educativamente sobre todo mientras éstos son jóvenes. Por eso es que se complementará la política general con un programa importante referido a la educación permanente que va a tener este sello esencial de recuperación de estudios y que va a iniciarse a partir del año 2002 con fuerza.

Además, es preciso utilizar las posibilidades institucionales que atañen a los jóvenes. En ese sentido, el servicio militar es una clara oportunidad de recuperar estudios. Actualmente, del total de 30.000 jóvenes reclutas hay más de 12.000 que están en recuperación de estudios y que están usando esa instancia para recuperar el rezago escolar que arrastran a sus 18 años. Insistimos. Ésta es la primera gran meta: lograr que los jóvenes accedan y permanezcan en el sistema escolar, así como recuperar a quienes han salido del mismo.

2. Calidad de los aprendizajes

El segundo desafío, no menos importante, es que todos los alumnos adquieran un aprendizaje de calidad en la enseñanza media.

La estructura tradicional de la educación media, respondía a las necesidades de la sociedad industrial, que requería «construir economías nacionales, generar una jerarquía correspondiente a la industria, producir un fuerte credo en torno al progreso ascendente de la ciencia y la técnica, producir una cobertura que permitiera la existencia de una mano de obra calificada, de técnicas capaces de operar maquinarias complejas y de una élite que dirigiera y orientara la sociedad» (Ottone, 1997). Este sistema entró en crisis en la medida que los requerimientos productivos de la sociedad cambiaron, por lo que sus demandas al sistema educativo, también cambiaron.

Esta crisis se ha expresado fundamentalmente en la insuficiente calidad de la educación. Se observa la necesidad de un currículo orientado hacia la vida y que incorpore ramos nuevos como la educación tecnológica, que fortalezca los idiomas y los lenguajes y códigos de la «modernidad», que también dé posibilidad al alumno de diversificación y de tomar materias de libre elección, que produzca más tardía una diferenciación entre lo vocacional o técnico-profesional y lo general. Así esta diferenciación se producía tradicionalmente después de octavo año básico, pero hoy en día es a partir del segundo año de enseñanza media.

Una investigación realizada en Chile en 1992 (Comité Técnico Asesor, 1995), muestra que en el último año de enseñanza media los alumnos no han desarrollado en promedio una capacidad de redactar un texto coherente ordenado en torno a un tema principal, ni poseen conocimiento aceptable de la gramática: la compresión de la lectura sólo alcanzó una media promedio de 60% para el total de la muestra. El rendimiento en matemáticas fue aún más abajo y decreciente entre el primer y el cuarto año de la educación secundaria.

Adicionalmente se observa una fuerte segmentación social de la calidad de la educación. La tendencia observada en nuestro país es que son los alumnos que asisten establecimientos particulares pagados, los cuales en general, concentran la matrícula de los sectores de mayores ingresos del país, los que obtienen mejores resultados en las pruebas de evaluación de la calidad de los aprendizajes; mientras que aquellos establecimientos municipalizados, donde en términos generales, están matriculados los alumnos y alumnas de menores ingresos, se obtienen puntajes más bajos.

En estos momentos, contamos con programas nuevos desde primero a tercero de enseñanza media. La aplicación de los programas correspondientes a cada uno de estos niveles es muy reciente. Los programas de primero medio entraron en vigencia en 1999, los de segundo medio en el año 2000 y los de tercero medio durante el presente año. La aplicación de los cuarto medio se iniciará en el 2002.

Por lo tanto, en Chile se está iniciando la instalación del nuevo currículum en las salas de clases. Su plena implementación requiere de un prerequisito mayor: que el profesorado se apropie en plenitud del cambio de enfoque y sentido que lleva implícito. Paralelo con ello algunos liceos han iniciado un proceso de adecuación del mismo a las especificidades regionales, y, de los propios proyectos educativos institucionales de dichos establecimientos, este es un proceso que recién se está iniciando en un grupo, aún restringido de establecimientos (7% del total nacional).

a) Evaluación y resultados

Lo que nos parece clave, además del cambio y actualización periódica del currículo que se está introduciendo en tercero medio (que, como ya señaláramos, el año 2002 contará con un currículo totalmente renovado), es adecuar los sistemas de evaluación para que realmente vayan en sintonía con el currículo. Eso no ha sido fácil. Hemos avanzado mucho más en el currículo nuevo que en la elaboración de modalidades de evaluación que sean acordes con las competencias que quiere introducir este currículo, empezando por la renovación de la Prueba de Aptitud Académica, que constituye precisamente la puerta de salida de nuestra enseñanza media.

El Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (simce), introducido en el país desde hace más de una década, es un componente fundamental de la política educativa, al permitir tener una evaluación periódica de los resultados obtenidos en el sistema escolar con el aprendizaje, complementando la información del sistema educacional. Se ejecuta de manera periódica y a nivel nacional, aplicándose alternadamente en tres grados (o cursos) que son cuarto básico, octavo básico y segundo medio (10° grado).

Además de introducir en el país una cultura de la evaluación y constituir para padres y apoderados un indicador de calidad respecto de la oferta escolar, el simce le ha permitido al Ministerio reorientar políticas (por ejemplo, énfasis en las transformaciones al interior del aula, ampliación de la educación preescolar, educación media completa para todos, refuerzo de la informática educativa, más recursos para los más pobres, focalización en disciplinas claves), ampliar sus programas focalizados, tales como el P900, mece-rural, y generar programas de perfeccionamiento docente acordes con las falencias detectadas.

No menos importante, ha permitido alimentar con información a los sistemas de incentivos y evaluación, dirigidos a mejorar el desempeño de los directivos y educadores del sistema escolar. Los establecimientos que tienen mejores puntajes reciben un incentivo en el presupuesto público asignado a los mismos, así como los educadores de dichos establecimientos. Pero esta información sobre la calidad es útil no sólo al sistema en su conjunto, sino también a cada establecimiento en particular. Opera como un insumo fundamental para que cada comunidad escolar revise sus fortalezas y debilidades, fijándose nuevas metas de aprendizaje, y le permite a los apoderados contar con información objetiva de la calidad de la educación de sus hijos.

En términos generales (aunque se detectan casos excepcionales), aún es inmensa la brecha entre los establecimientos municipalizados y particulares subvencionados versus el 10% de alumnos que estudian en establecimientos particulares pagados. Tanto en lenguaje como en matemáticas hay una diferencia sustancial en cuanto a puntajes. Sin embargo, lo que nos parece alentador es constatar los avances, a medida que ha ido avanzando la reforma, de los establecimientos municipalizados y de los subvencionados, sobre todo en matemáticas y que muestran la labor cultural compensatoria que puede jugar el sistema escolar.

b) Jornada escolar completa y nuevos recursos

Una de las cosas que la reforma está haciendo para enfrentar el problema de la calidad es aumentar las horas de estudio. El nuevo currículo, por ser mucho más potente y complejo, requiere más tiempo para poder realmente transmitirlo y aprender. Para eso se han incorporado más de 200 horas pedagógicas, en lo que hemos llamado Jornada Escolar Completa, es decir que hemos pasado de una situación en la cual eran de 33 a 36 horas pedagógicas semanales a 42 horas semanales, al menos, de clase. Los establecimientos con jornada escolar completa ya superan más de un tercio de la matrícula.

Por otra parte, ha existido un esfuerzo muy grande de tratar de poner medios educativos para implementar este nuevo currículo: textos de estudios de calidad, que son entregados gratuitamente a los alumnos en las materias y disciplinas principales, informática educativa, con el Proyecto Enlaces. Este proyecto ha permitido que todos los establecimientos de enseñanza secundaria del país cuenten con computadoras en línea, acceso a Internet y profesores capacitados en el uso de esta nueva herramienta. Adicionalmente se ha inaugurado recientemente el portal EducarChile.cl que permitirá dar pleno uso a las potencialidades de la informática educativa.

c) Papel de los docentes

La calidad de los aprendizajes está también, y de manera central, ligada a la calidad de los docentes. Por ello, ha sido un objetivo central el desarrollo profesional de los docentes en sus distintos aspectos, tanto en materia de remuneraciones como de capacitación, pasantías, etc.

Uno de los temas pendientes, sin embargo, es el de la evaluación del desempeño profesional docente, que se debe acometer en el futuro próximo. Se trata de un tema difícil pero en que los sostenedores tienen una responsabilidad innegable que es clave para el perfeccionamiento permanente. Otro de nuestros mayores desafíos es cómo logramos atraer a más jóvenes talentosos a las carreras de pedagogía, materia en que han existido logros muy esenciales en estos años. De eso depende, en buena medida, la valorización social del docente y también el futuro, sin duda, de la profesión.

3. Ciudadanía

El tercer desafío tiene que ver con la adquisición por parte de los alumnos de competencias para la vida ciudadana democrática dentro de la enseñanza media y también para su propio desarrollo personal. Se trata de un tema complejo y esencial que pasa por el acercamiento a la llamada «cultura juvenil», tema que implica un análisis acabado de las conductas y de los intereses juveniles. Se trata no sólo de una cultura sino también de un conjunto de valores, de actitudes: la vida concreta que viven los jóvenes, los riesgos y las aspiraciones que enfrentan a diario.

a) Desarrollo psicosocial

Como ya se señaló, la enseñanza media coincide con una etapa de desarrollo psicosocial particularmente compleja de los jóvenes que debe ser atendida en gran medida por la institución escolar, necesariamente con los padres y conjunto de la comunidad. Dos temas emergen con fuerza durante esta etapa: la experiencia con drogas de diverso tipo y el descubrimiento de la propia sexualidad.

No debe olvidarse, que la adolescencia ha sido tradicionalmente conceptualizada como una etapa de riesgo, debido a los cambios físicos, psicológicos y sociales que se producen. El explorar y experimentar con nuevas situaciones, de exponerse a riesgos que, a juicio de los adultos, son innecesarios, tiene fuerte probabilidad de esta etapa, y son conductas que se realizan dentro del proceso de construcción de la propia identidad. En este contexto, para los jóvenes la droga constituye muchas veces un elemento de identidad, un elemento diferenciador del mundo adulto.

b) Drogas

Los diversos estudios nacionales en relación al consumo de drogas y alcohol nos proveen de un marco de referencia valioso para el acercamiento y comprensión del problema.

Éstos muestran una tendencia progresiva al aumento en las prevalencias del consumo de drogas, especialmente, drogas ilícitas, tanto en población escolar como en la población general. Estas tendencias son similares a lo observado en otros países: en general, se observan tendencias a la estabilización en el consumo de drogas lícitas y un aumento en el consumo de sustancias ilícitas.

La realidad es que en cuarto medio, el 35% de los jóvenes ha consumido marihuana al menos una vez en la vida, constituyéndose en la droga ilícita más utilizada por los alumnos. A través de los estudios realizados en la población general, sabemos que 6 de cada 100 chilenos declara haber consumido alguna de las tres drogas ilícitas (marihuana, pasta base y cocaína) de mayor consumo en el país en el último año, siendo este dato representado en mayor parte por el consumo de marihuana, que representa en promedio el 90% del consumo total de drogas ilícitas. Estos estudios permiten también observar que el contacto de los niños con el mundo de la droga se inicia a edades cada vez más tempranas, tanto en lo que se refiere a la edad de inicio del consumo, como a la exposición de modelos que se relacionan con drogas.

Estos datos desafían a desarrollar intervenciones cada vez más específicas, a través de la realización de abordajes preventivos diferenciados entre algunas sustancias y en función de las edades de los niños, niñas y jóvenes. Y, al mismo tiempo, a impulsar programas orientados al trabajo con jóvenes una vez que el consumo ya se ha producido y que, generalmente, quedan fuera de los programas preventivos que tienen como objetivo prioritario el de evitar o retardar la edad de inicio del consumo.

El desafío, sobre todo, es a generar espacios de diálogo y apertura con los jóvenes, que nos permitan entender mejor a la juventud e identificar nuevos ámbitos de trabajo del sistema escolar con ellos.

El fenómeno del consumo de drogas no puede ser entendido de manera aislada. Para el tratamiento de estos temas debemos comprender al individuo dentro del conjunto de interacciones y sistemas de los cuales se hace parte. Debemos también comprender la etapa de la juventud como una etapa del desarrollo en donde el adolescente debe cumplir una serie de tareas y metas que generan necesidades, y que por sus características, presenta una mayor vulnerabilidad en relación a una serie de conductas de riesgo, como es el consumo de drogas. Esta mirada implica trascender las categorías simplificadoras y estigmatizadoras, tomando conciencia de que la base del problema no es la sustancia, sino la necesidad que el joven cree estar satisfaciendo a través de la droga y ayudarle a descubrir y desarrollar herramientas para satisfacer de otra manera esas necesidades, promoviendo un desarrollo positivo del joven y su participación en el mundo social, económico y político. Igualmente el escaso resultado obtenido por tantas estrategias preventivas diversas a nivel mundial obligan a una actitud de cautela y búsqueda permanente de soluciones eficaces para nuestra realidad.

c) Sexualidad

La sexualidad de los jóvenes es otro tema que nos compete como educadores. En primer lugar, es preciso asumirla como un dato de la realidad. Las cifras hablan por sí solas. De acuerdo a una encuesta del Instituto Nacional de la Juventud (INJ), el 34,9% de los y las jóvenes entre 15 y 18 ha tenido relaciones sexuales. Sólo un 62% recurre a métodos anticonceptivos, predominantemente las mujeres. ¿Con quién conversan preferentemente los jóvenes sobre su sexualidad? Con su pareja o su mejor amigo o amiga (aproximadamente un 60%). El resto, con sus padres.

La escuela tiene un doble rol que jugar en este campo: de orientación-prevención y de no discriminación.

A este efecto, el Ministerio ha venido desarrollando diversas iniciativas, como la creación de la «Comisión intersectorial para la prevención del embarazo adolescente», en conjunto con otras reparticiones del Estado y organismos; las Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad (jocas), para promover la educación en sexualidad y afectividad en los liceos. Es importante señalar que esta última iniciativa ha tenido una gran aceptación de la comunidad educativa en general y en especial en los jóvenes, destacándose logros a nivel personal, organizacional y de las redes locales. Más de 700 liceos han elegido implementar las jocas en sus comunidades, validándolas como un espacio privilegiado para instalar el tema en el liceo y luego llevar a cabo acciones sistemáticas en el tiempo.

Considerando la magnitud de las cifras en términos de discriminación hacia las madres o embarazadas adolescentes, el Ministerio ha desarrollado importantes acciones legales desde el año 1991. La modificación de la ley Nº18.962 Orgánica Constitucional de Enseñanza, que establece en su artículo 2 el inciso «El embarazo y la maternidad no constituirán impedimento para ingresar y permanecer en los establecimientos de educación de cualquier nivel. Estos últimos deberán además otorgar las facilidades del caso» ubica a los establecimientos en una situación de obligatoriedad de mantener la matrícula de estas jóvenes y a las jóvenes en una situación de derecho.

Este cambio en la normativa ha permitido aumentar la retención femenina en los liceos y generar conversaciones dentro de los establecimientos que apuntan a una visión más abierta e integral de la sexualidad.

d) Participación juvenil

Otro rasgo característico de nuestros jóvenes, actuales, son sus peculiares formas de asociatividad y de participación. En un intento de caracterización de los jóvenes que participaron más activamente en las recientes movilizaciones estudiantiles se pueden identificar rasgos comunes, algunos de los cuales emergen con mayor nitidez sólo en el último tiempo.

«Hijos de la modernidad», son una generación que usa y está familiarizada con la tecnología, que se siente cómoda en estructuras horizontales y que «está en red». Asimismo, se advierte en ellos rasgos críticos, reflexivos, activos, participativos, justos y solidarios, rasgos que los alejan de cualquier individualismo ramplón.

Respecto de sus formas de organización, se advierte el abandono de estructuras tradicionales (ejemplo: centros de alumnos) y un funcionamiento más horizontal que las nuevas tecnologías permiten y promueven. Así, sin jerarquías ni reglas claras de representación, tienen formas de organización que, junto con resaltar sus valores horizontales, son altamente efectivas.

De acuerdo con la evidencia que arrojara la encuesta casen 2000, los estudiantes que protagonizaron las movilizaciones del año 2001 en torno al crédito universitario y el pase escolar provienen de los sectores más afectados en su situación económica por la crisis.

Desde la política, se constata que la clase dirigente está fuera de la conversación del mundo juvenil e incluso aparece centrada en «batallas» individualistas y de corto plazo, confirmándose en los jóvenes una imagen negativa y de desconfianza hacia la política como actividad.

De acuerdo a una encuesta nacional realizada por el Instituto Nacional de la Juventud sobre participación política de las y los jóvenes (agosto 2001), la democracia es considerada ¡alarmante! Como un sistema de gobierno como cualquier otro por una leve mayoría de jóvenes.

Por otra parte, como ya es sabido, la mayor parte de los jóvenes no está inscrita en los registros electorales, predominando en este «abstencionismo político» los hombres, las personas de menos edad (18 y 19 años), quienes provienen de sectores urbanos y los niveles socioeconómicos medio y bajo.

4. Fortalecimiento de la educación técnica

Por último, nuestro cuarto desafío es lograr que nuestros jóvenes adquieran competencias para insertarse exitosamente en el mundo laboral y ocupacional. La presión por seguir estudios superiores es cada vez mayor y se han abierto más alternativas de educación superior, pero el tema ocupacional sigue siendo muy importante y la mayoría de los jóvenes en situación de pobreza sigue teniendo esta perspectiva como su esencial.

En ese sentido, es importante considerar que en nuestro país, tras una década de reforma hemos asistido al fortalecimiento y a la masificación de la educación media técnico-profesional. Como ya lo señaláramos, aproximadamente el 46% de la matrícula está orientada hacia este tipo de enseñanza, es decir aprendiendo directamente un oficio. Nuestra meta es que ese oficio se aprenda en buenas condiciones. Estamos procurando que el currículum les proporcione competencias generales para una vida laboral amplia más que para un puesto de trabajo específico, y posibilidades de un permanente crecimiento en el puesto y en el ámbito de actividad que el joven o la joven escoja. Asimismo, hemos buscado que las competencias ocupacionales y lo que se estudia en las especialidades técnico-profesionales o de enseñanza vocacional sean lo más pertinentes con el mercado de empleo y con las necesidades ocupacionales.

Ese cambio de orientación en el currículum en función de las demandas laborales de la economía es un objetivo muy claro en nuestra política. Las especialidades solían tener una escasa relación con el mercado laboral y se han reorganizado; actualmente están agrupados en familias ocupacionales y en especialidades que tienen conexión con el empleo. En el futuro esperamos que esas competencias, aunque cambien las condiciones del mercado, sean válidas para reciclarse en otras etapas laborales. También estamos buscando formas de que durante la enseñanza media técnico-profesional se tenga un mayor contacto con el trabajo concreto y efectivo. En ese sentido, hemos hecho una adaptación del modelo alemán de enseñanza dual, la cual ha tenido mucho éxito en el país y una cantidad importante de establecimientos -más de 140- la están adoptando.

Sin embargo, son muchas las tareas pendientes. En primer lugar, cómo asegurar que esta masificación enorme no se traduzca en bajas de calidad. También tenemos un desafío en términos pedagógicos y didácticos. Los docentes también necesitan una atención especial ya que los que enseñan en los establecimientos técnico-profesionales no han estudiado pedagogía. Tenemos también que resolver el problema del equipamiento, en el sentido de que no podemos pensar que vamos a ir a la par de los establecimientos con el equipamiento del mundo del trabajo. Es muy importante buscar cuál es el equipamiento educativo para la enseñanza técnica y para el trabajo. Asimismo, debemos resolver qué conexiones pueden hacerse con la industria para usar algún tipo de equipamiento relevante. Por último, el mayor desafío radica en la posibilidad de seguir capacitándose y tener una profesión técnica después. En Chile existe una grave disociación en ese sentido. La enseñanza superior está hecha solamente en las universidades. Lo que vale culturalmente son las carreras universitarias. Tenemos un técnico por cada siete profesionales y eso es algo a revertir. Para ello tenemos que ser capaces, junto con mejorar la enseñanza media técnico-profesional, de mejorar la enseñanza superior técnica y buscar pasadizos entre ambos, hoy inexistentes. En ese sentido, la experiencia de otros países es muy útil e indica la necesidad de generar un sistema más flexible y que posibilite la generación de itinerarios de formación para los jóvenes, que se adecúen a sus intereses y posibilidades.

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Éstos son, en suma, los desafíos que tenemos para con los jóvenes desde la educación. No pueden ni deben entenderse como iniciativas o necesidades aisladas. Se trata de un cuerpo integrado de políticas que, en el marco de la reforma educacional, apuntan en una misma dirección: acompañar, guiar y formar a los y las jóvenes en su trance hacia la plena ciudadanía en un país que aspira alcanzar aceleradamente el desarrollo y en un mundo en mutación constante.

Chile deberá enfrentar importantes retos en las próximas décadas y la capacidad de los futuros ciudadanos de responder a esos retos dependerá, con toda evidencia, de lo que hayamos sembrado ahora.

Santiago, Octubre del 2001

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