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Psykhe (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-2228

Psykhe v.13 n.2 Santiago nov. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22282004000200005 

 

PSYKHE 2004, Vol. 13, Nº 2, 57-72

ARTICULO

Representaciones Sociales de los Chilenos Acerca del 11 de Septiembre de 1973 y su Relación con la Convivencia Cotidiana y con la Identidad Chilena

Chileans Social Representations About September Eleventh 1973 and its Relationship With Daily Living Together and Chilean Identity

María Isabella Prado
Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano y Regional (Bolivia)

Mariane Krause
Pontificia Universidad Católica de Chile

Dirección para Correspondencia


El 11 de septiembre de 1973 es una fecha de profunda significación en Chile. Su vigencia muestra que, al hablar de las representaciones sociales y los efectos actuales del 11, se está haciendo referencia a contenidos de un momento específico dentro de un proceso. Se abordó este trabajo desde la perspectiva teórica de las representaciones sociales, entendidas como una elaboración colectiva, intersubjetiva, posible a través de la comunicación y que se constituye en una manera de interpretar y aprehender la realidad cotidiana (Jodelet, 1984; Wagner & Elejabarrieta, 1994). Los elementos valorativos, afectivos, simbólicos y cognitivos con que se mira el 11, construyen realidades intersubjetivas que influyen en el modo de relacionarse de las personas, afectando la convivencia cotidiana e interviniendo en el modo de ser y de sentirse chileno.


September eleventh of 1973 is a very important historical date in Chile. Its standing in social life shows that by talking about social representations and today effects of September eleventh, we are talking about a specific moment of a current process. The theory of social representations was chosen for this project, understanding those as a collective, intersubjective construction, made possible through communication and becoming a way of interpreting and understanding reality (Jodelet, 1984; Wagner & Elejabarrieta, 1994). The valorative, affective, symbolic and cognitive elements through which September eleventh is looked at, help building intersubjective realities that influence not only the way people relate to each other, affecting how they live together, but also influence the way of being and feeling Chilean.


El hecho histórico acontecido en Chile el 11 de septiembre de 1973, es un tema de alta vigencia en el país, a pesar del tiempo transcurrido. Es un permanente punto de referencia histórico, desde el cual se articulan discursos públicos y privados. A este suceso se le atribuyen bendiciones y maldiciones, fue salvador y destructor, enriquecedor y coartador, según el cristal con que se lo mire. El diálogo entre distintas posturas se torna entonces difícil, puesto que éstas aparecen como irreconciliables. Unos, apoyan incondicionalmente el golpe de Estado, atribuyéndole la vuelta al orden, la tranquilidad y el ser generador de un importante desarrollo económico; otros, lo consideran como la violenta interrupción de un proyecto de cambio social, en el que las personas estaban profundamente involucradas, además, consideran el tema de derechos humanos como un asunto pendiente, a ser resuelto hoy como responsabilidad social; un tercer grupo avala el pronunciamiento militar como la interrupción de un gobierno en crisis, el de Salvador Allende, pero no justifica la permanencia de los militares en el poder por tan largo período de tiempo, y critica las violaciones de los derechos humanos cometidas durante el gobierno militar.

Representantes de estos tres grupos fueron entrevistados para el presente trabajo, reconstruyéndose, a partir de sus relatos, las representaciones sociales que tienen sobre los acontecimientos del 11 de septiembre de 1973 en Chile, sobre sus antecedentes y sus consecuencias para la identidad nacional y la convivencia cotidiana.

Es importante considerar que a lo largo del desarrollo de esta investigación se fueron sucediendo importantes hechos que influyeron en las percepciones y concepciones de la gente acerca del tema del 11 de septiembre, reavivando las discusiones y la toma de posturas. El 16 de octubre de 1998 Augusto Pinochet, quien estuvo a cargo del gobierno militar, fue detenido para someterlo a un juicio por violación a los derechos humanos durante su régimen.

Durante los casi diecisiete meses que Pinochet estuvo detenido en Londres, en Chile recobraron intensidad los debates acerca de temas que se consideran pendientes, como las responsabilidades en cuanto a la violación de derechos humanos o la búsqueda de detenidos desaparecidos. En este contexto, casi paralelamente a la detención de Pinochet, surgió una instancia promovida por el gobierno de Chile, con el ministro de Defensa a la cabeza. Esta instancia fue llamada "Mesa de Diálogo" y estuvo compuesta por militares, autoridades eclesiales, abogados de derechos humanos, psicólogos y otros. Los dos grandes objetivos fueron: lograr un mecanismo para conocer el paradero de detenidos desaparecidos, por un lado, y por otro, alcanzar una reconstrucción histórica en que se reflejaran todos los puntos de vista. La Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos se negó a asistir a esta Mesa de Diálogo por considerarla teñida de intereses políticos y, por lo tanto, con escasa voluntad de lograr realmente sus objetivos.

En este mismo período, aumentaban día a día las querellas planteadas en Chile contra Pinochet y contra militares a quienes se acusaba de haber estado implicados en la violación de derechos humanos en el período del gobierno militar.

Pinochet es finalmente liberado por razones de salud, llegando a Chile durante la primera semana de marzo del año 2000. Nuevamente, se intensifican las polémicas que se habían ido planteando los meses previos.

Otro de los acontecimientos importantes que tuvo lugar durante el desarrollo del presente trabajo de investigación, fue la elección presidencial, que tuvo como resultado la victoria del candidato socialista de la Concertación.

Todos estos elementos intervienen de alguna manera en los contenidos del material empírico recogido, puesto que ubican los discursos en distintas coyunturas. Sin embargo, no alteran las posturas de base en que se inscriben las personas.

La investigación empírica realizada, cuyos resultados se presentan en este trabajo, tuvo por objetivo general reconstruir y comparar las representaciones sociales acerca del 11 de septiembre de 1973 de grupos integrados por personas de diferente orientación política (derecha, izquierda y centro), comprendidas en un rango de edad entre 50 y 60 años, y de relacionar estas representaciones sociales con la convivencia cotidiana y la identidad chilena. Específicamente se buscó:

1. Identificar los contenidos de las representaciones sociales acerca del 11 de septiembre de 1973, en cada uno de los grupos especificados (izquierda, centro y derecha).

2. Reconstruir la estructura de las representaciones sociales de cada uno de los tres grupos abordados (izquierda, centro y derecha).

3. Identificar los puntos de coincidencia y de discrepancia en cuanto a los contenidos y la estructura de las representaciones sociales acerca del 11 de septiembre de 1973 de los distintos grupos considerados.

4. Conocer y comparar la relación entre las representaciones sociales acerca del 11 de septiembre de 1973 y la identidad chilena, por una parte y la convivencia cotidiana por otra, ambas desde la perspectiva de los distintos grupos abordados.

A continuación se presentarán antecedentes conceptuales y empíricos que fueron de relevancia para la realización del estudio y la interpretación de sus resultados, específicamente aquéllos referidos a las Representaciones Sociales, la identidad y la convivencia cotidiana. Posteriormente se expondrá la metodología del estudio realizado, sus resultados y, finalmente, conclusiones generales.

Representaciones Sociales

El concepto de Representaciones Sociales, como lo definiera Moscovici, se refiere a un modo de entender y de comunicarse particular, propio de una sociedad o de un grupo social determinado, mediante el cual se construye la realidad y el conocimiento de la vida cotidiana (Moscovici, 1984).

Las representaciones sociales se entienden como una manera de interpretar y aprehender la realidad cotidiana, de convertir lo desconocido en familiar y otorgar un sentido a lo inesperado. Lo social está presente en la génesis de las representaciones sociales a través del contexto concreto en que individuos y grupos se sitúan; a través de la comunicación que se establece entre ellos; a través de los marcos culturales en que están insertos; y a través de los códigos, valores e ideologías relacionados con las posiciones y pertenencias sociales específicas. En pocas palabras, las representaciones sociales se originan en la interacción de los individuos.

Como lo señalara Jodelet (1984), el concepto de representación social corresponde a la intersección entre las dimensiones psicológica y social. En cuanto a la primera, el individuo construye su pensamiento cotidiano, haciendo familiares los elementos nuevos que van surgiendo en su vida social -y también orienta su conducta- a partir de las representaciones sociales. La segunda dimensión, la social, está dada por el origen eminentemente grupal de la representación social y por su asentamiento como una construcción colectiva de carácter cultural (Moscovici, 1984). De esta manera, las representaciones sociales se instauran como una de las armazones más definidas y potentes sobre las cuales una subcultura o grupo social puede sustentar su concepción de mundo.

Es en el proceso de conversación y en los medios de comunicación de masas que los objetos sociales son creados y elaborados por los actores sociales, que pueden tomar parte en el proceso de comunicación a través de los medios de los que disponen (Moscovici, 1984). Las representaciones sociales se constituyen además en un conocimiento social práctico, en tanto dan sentido a acontecimientos y actos que terminan por ser habituales y con los cuales las personas se relacionan.

En otras palabras, las representaciones sociales intervienen en la forma de ver y valorar el mundo que nos rodea y orientan la predisposición y el consecuente comportamiento hacia objetos sociales determinados.

Al momento de reflejar cómo la gente piensa y organiza su vida cotidiana, este concepto incorpora contenidos no sólo cognitivos, sino también simbólicos y afectivos (Wagner & Elejabarrieta, 1994).

Sociogénesis de la Representación Social

El proceso de elaboración de conocimiento generalmente se produce a partir de modificaciones en las condiciones de vida al interior de una sociedad. Un fenómeno desconocido para un grupo, si es suficientemente relevante, inicia un proceso de comunicación colectiva para hacerlo inteligible y manejable y para adaptar simbólica y prácticamente al grupo a las nuevas condiciones de vida.

El resultado de los procesos comunicativos y discursivos son las representaciones sociales, que caracterizan el estilo de pensamiento de los miembros de un grupo. El grupo da origen a un bagaje común de conocimiento, sentido común y modelos de justificación.

El discurso y la comunicación que crean las representaciones sociales tienen lugar en los grupos reflexivos, que son aquéllos definidos como grupos por sus miembros. En los grupos reflexivos los miembros conocen su afiliación y tienen criterios disponibles para decidir que otras personas también pertenecen al grupo. En cambio, si un grupo es delimitado por un observador externo mediante un criterio arbitrario que no aparece en la conciencia de los miembros, entonces se trata de un grupo nominal (Wagner & Elejabarrieta, 1994). El conocimiento común implica entonces una identidad social común, que es una precondición necesaria de los grupos reflexivos.

La identidad social también permite a las personas dar verosimilitud a sus creencias cuando disponen de alguna evidencia. La verdad y racionalidad de la representación social resulta de la relación entre el conocimiento representado y la evidencia disponible, y no de la relación entre el conocimiento y el mundo. En este sentido, la evidencia es el consenso social, es decir, las creencias que son compartidas por los otros en un grupo. El consenso es entendido en sentido funcional, y no numérico. Por ello es que las representaciones sociales tienen "una verdad fiduciaria, que es generada por la confianza que depositamos en la información y los juicios cuando los compartimos con otras personas" (Moscovici, 1988, p. 819).

En el caso de Chile, el 11 de septiembre significó un evento vital importante en la historia del país, puesto que afectó a la población en distintos ámbitos: personal, familiar y social; y en éstos, en cuanto a la economía, a las opciones de vida, a los lazos afectivos. En este sentido, exigió un reordenamiento y una reelaboración de los significados y objetos sociales con que se contaba hasta ese momento. De esta manera, los distintos grupos sociales que componían el país fueron construyendo su propia representación social acerca del 11 de septiembre, con los correspondientes componentes cognitivos, simbólicos y afectivos frente a este hecho.

Se puede afirmar que los grupos de personas con orientaciones políticas de derecha, centro e izquierda conforman grupos reflexivos, ya que sus miembros son conscientes de su pertenencia y disponen de criterios para decidir si otras personas pertenecen también al grupo. Por ello es posible suponer que han elaborado una representación social particular acerca del 11 de septiembre, posible de ser reconstruida, por compartir estos grupos un espacio discursivo común y una identidad social determinada.

Estructura de las Representaciones Sociales

Abric (1984, 1989, 1993) plantea que toda representación social está organizada de manera de poseer un núcleo central y elementos periféricos.

Núcleo central. Es la parte más estable, coherente y rígida de la representación, ya que está fuertemente anclada sobre la memoria colectiva del grupo que lo elabora, es decir, sobre las condiciones históricas y sociales del grupo. Además, tiene una función consensual y define la homogeneidad compartida por el grupo, estableciendo un carácter normativo de las significaciones que porta. El núcleo central tiene dos funciones principales: una función generadora, a partir de la cual los otros elementos de la representación adquieren o transforman su significado; y una función organizadora de las relaciones, que asocia los elementos de la representación. Si el núcleo central desapareciera, la significación -y por lo tanto, la representación- serían distintas (Pereira de Sá, 1996).

Elementos periféricos. Éstos protegen la estabilidad del núcleo central, cumpliendo funciones principalmente adaptativas (Abric, 1993). El sistema periférico es más sensible al contexto que el núcleo central, conduciendo a la adaptación de grupos e individuos a situaciones específicas y permitiendo integrar las experiencias individuales. Es de esta manera que se comprenden las variaciones individuales de las representaciones. Aún a pesar de la relativa estabilidad del núcleo central de las representaciones sociales, es posible pensar en cambios y transformaciones, cuando los elementos periféricos se tornan contradictorios con el núcleo central. En una búsqueda de coherencia, dicho núcleo puede llegar a modificarse (Pereira de Sá, 1996).

Representaciones Sociales y Memoria Colectiva

La memoria colectiva, tal como está planteada en un artículo de Jodelet (1993), así como en un estudio de Íñiguez y Vásquez (1995), cuenta con varios puntos compartidos con el concepto de representaciones sociales: Es una construcción social, lo cual implica un carácter colectivo; toma en cuenta aspectos afectivos de los sujetos; considera al lenguaje y la comunicación como elementos indispensables en la dialéctica que le da origen; sus contenidos tienen efectos normativos y prescriptivos en el comportamiento social; y, finalmente, otorga sentido a la dinámica social. Todo ello hace que se pueda definir el concepto de memoria colectiva como una forma de representación social específica, es decir, como la representación social de un hecho histórico.

En el abordaje de acontecimientos históricos desde los conceptos de memoria colectiva o representaciones sociales, se recoge no sólo la historia formal, como relato de acontecimientos, sino también la significación que les otorgan distintos grupos sociales y la valoración que depositan en ellos. Es decir, dichos grupos reelaboran los acontecimientos sociales desde sus propias vivencias y mediante el intercambio de las mismas en sus espacios discursivos. La reconstrucción de la memoria colectiva, o de las representaciones sociales, permite entonces recuperar experiencias particulares, incorporando, además, elementos que no son sólo de orden cognitivo, sino también afectivo, simbólico e ideológico.

Ejemplo de lo mencionado son los trabajos de la Universitat Autónoma de Barcelona (Íñiguez, Díaz, Gil, Miralles, Torrens & Vásquez, 1997; Íñiguez & Vásquez, 1995), que abordan el estudio de la memoria colectiva, tomando como objeto la guerra civil española y considerando dicha memoria como una construcción social y no como la mera suma de construcciones individuales, es decir, manteniendo en estas reconstrucciones su carácter colectivo.

En uno de estos estudios se considera el lenguaje como el punto clave del análisis de la memoria colectiva. Es a partir de la narración de las vivencias, que puede reconstruirse la memoria colectiva, siendo en el acto de conversar que se reconstruye el pasado, reviviendo situaciones caracterizadas por su vinculación cercana con la historia más personal y que, por lo tanto, incluyen referencias a la parte más afectiva de la propia historia (Íñiguez et al., 1997). Por ello, la memoria colectiva no es una réplica o una mera reproducción de los hechos históricos.

Jodelet (1993) explica cómo la memoria colectiva no es una operación meramente cognitiva, sino una construcción de carácter social que no deja de lado elementos simbólicos y afectivos, los cuales tienen una influencia importante en la construcción de la memoria colectiva.

Mediante este abordaje es posible comprender los mecanismos psicosociales por los cuales se modifican los contenidos principales de la memoria colectiva. A partir de dichos mecanismos se cambia la valoración de un evento histórico, así como la carga emocional contenida en relación a éste. Pero el proceso no es simple; entran en juego complejos mecanismos de interrelación entre las posiciones individuales, los mensajes sociales y las condiciones contextuales, que generan una relación dialéctica, de influencia mutua.

Estudios Previos Sobre el Golpe de Estado en Chile y su Relación con la Identidad Nacional y la Convivencia Cotidiana

A continuación se mencionarán algunos trabajos sobre el 11 de septiembre de 1973 en Chile. Algunos de estos estudios abordan el tema desde una perspectiva psicosocial general, mientras otros utilizan el concepto de memoria colectiva.

Uno de los estudios existentes es el proyecto de investigación: "Estudio psicosocial de las formas de representación y recuerdo del 11 de septiembre de 1973" (Manzi, Haye & Krause, 1999). Este estudio tiene como objeto la estructura de la memoria colectiva referida a la intervención militar del 11 de septiembre de 1973 y descansa en la hipótesis general de que la representación de un hecho tan importante de la historia política reciente en Chile "no es sólo un producto de la cognición, sino también una estructura que cumple importantes funciones de organización, de información y de actitudes políticas" (Manzi et al., 1999, p. 4).

La investigación citada centra su relevancia en la representación de este hecho histórico como un antecedente fundamental en la identidad nacional y los sentimientos y proyectos de las personas en relación a su nacionalidad. Identificar en qué forma los acontecimientos quedaron registrados en la memoria social de las personas y cómo éstos condicionan los pensamientos, sentimientos y comportamientos en relación con el evento, resulta por lo tanto indispensable.

Un tema también vinculado al 11 de septiembre de 1973 es el trabajado en la tesis de grado de Juricic y Reyes (1999), titulada "El Sí-No de la reconciliación nacional. Las representaciones sociales de la reconciliación nacional en los jóvenes". En esta tesis se plantea la necesidad de estudiar la representación social que tienen los jóvenes en Chile acerca de la reconciliación nacional. Esto, a partir del supuesto que existen distintas maneras de entenderla, lo cual confunde el camino hacia su logro, siendo que la reconciliación nacional se ha constituido en uno de los argumentos más debatidos por todos los sectores políticos en este último tiempo. La tesis plantea la necesidad de resolver el tema pendiente de la reconciliación nacional, puesto que su resolución repercutirá en la convivencia nacional de los próximos años.

En el análisis de sus resultados se encontró que para los grupos de jóvenes que son hijos de víctimas de violación a los derechos humanos, así como para los hijos de padres que votaron "No" en el plebiscito, uno de los requisitos centrales es la verdad, entendida como el esclarecimiento de los hechos ocurridos durante el transcurso de la dictadura militar. Otro requisito sería la memoria histórica, entendida como el reconocer y compartir los hechos acontecidos en el pasado.

Por su parte, los hijos de padres que votaron "Sí" en el plebiscito, así como los hijos de uniformados, plantean más bien el olvido y el paso del tiempo como condiciones para la reconciliación, circunscribiendo la necesidad de la verdad al tema del paradero de los detenidos desaparecidos.

Los resultados de esta tesis muestran cuán distantes están los grupos, tanto en la definición de "reconciliación nacional" como en sus condiciones de posibilidad.

Dentro de la perspectiva psicosocial también se encuentran los estudios promovidos por el Instituto Latinoamericano de Salud Mental y Derechos Humanos (ILAS). Se destacan las investigaciones de Elizabeth Lira, importante psicóloga chilena, quien tiene un trabajo extenso en el tema de derechos humanos, tanto en terapia con víctimas de violación de derechos humanos, como en estudios de los efectos del miedo, la violencia y la amenaza política en la vida de Chile.

El trabajo más importante para el presente estudio es la publicación "Psicología de la amenaza política y el miedo" (Lira & Castillo, 1991), en el cual se explican los medios por los cuales el miedo fue el mecanismo privilegiado de control de la conducta colectiva durante los años de dictadura, generando en la sociedad chilena la fragmentación de los lazos sociales, puesto que uno de los elementos sustantivos del miedo fue la sospecha, utilizada discrecionalmente para limitar los contactos entre las personas.

Otra línea de estudio es la de la traumatización terciaria (Agger & Buus Jensen, 1996; Becker, 1994), desde la cual se sostiene que, a pesar de que gran parte de la población chilena no se vio afectada directamente por actos represivos vinculados al golpe de Estado y al período de gobierno militar, ésta no se sustrajo al clima de represión vigente en el país. El vivir siendo testigos de hechos violentos y atentatorios de los derechos humanos los hizo sujetos de una traumatización terciaria, la cual es aquélla que se produce por la traumatización primaria o secundaria de otros, con los cuales el que sufre la traumatización no está directamente vinculado emocional o socialmente. De acuerdo con estos estudios, otro de los factores que afectó a las personas no directamente dañadas por la represión, fue el miedo a ser considerado sospechoso y, por lo tanto, a poder llegar a ser víctima de represión. Este miedo dejó de ser una reacción momentánea de defensa frente a una amenaza percibida, para convertirse en un sentimiento crónico en los individuos, llegando a ser un estado permanente en la vida cotidiana (Lira & Castillo, 1991).

De esta manera, se entiende que los efectos traumáticos producto de las violaciones a los derechos humanos se pueden identificar no sólo en las víctimas directas, sino también en la sociedad en su conjunto (Juricic & Reyes, 1999). Por lo tanto, se trataría de una traumatización social.

También existen en Chile trabajos que se refieren a los efectos de la dictadura en las relaciones sociales y la convivencia cotidiana. La situación de miedo prolongado vivida en la dictadura dejó como herencia la noción de "amigos-enemigos" y la sospecha de encontrarse frente a un enemigo (Lira & Castillo, 1991). De acuerdo a estos autores, una de las pautas que caracterizó las relaciones sociales fue una desconfianza básica tanto hacia dichas relaciones como también hacia las estructuras sociales. Por ello, las relaciones sociales se habrían mantenido en un plano superficial, evitándose el compromiso. Otro de los efectos sobre las relaciones sociales y la convivencia cotidiana que se describe es el recluirse, aislarse, evitar vincularse con otros, reduciéndose las relaciones sociales a la familia más estrecha, a manera de disminuir la amenaza latente que pendía sobre todos los chilenos de ser considerado "enemigo".

Lira y Castillo (1991) proponen que el miedo originado en el período del régimen militar ha sido internalizado y acoplado a estructuras psíquicas preexistentes. Por lo tanto, a pesar del final de este régimen de gobierno, la presencia invisible del "miedo crónico" se mantendría como un componente latente de las relaciones sociales.

Otra perspectiva es aquella que focaliza en la pérdida y el duelo, vinculándolos con la reconciliación (Capponi, 1999). Al haber vivido la sociedad chilena una situación traumática, ésta habría implicado grandes pérdidas para diversos sectores. Estas pérdidas no se refieren solamente a la muerte o desaparición de un ser querido, sino también a elementos intangibles que integran la dimensión humana, como son las utopías. Todo ello requiere un proceso de duelo. Citando a Capponi (1999):

"La elaboración del duelo, de aquello perdido, destruido o abandonado, determina en forma significativa el progreso cultural y político de una sociedad. Si este duelo no se elabora adecuadamente, sus efectos quedan latentes y se trasmiten hacia todas las instituciones sociales" (p. 8).

Para llevar adelante el proceso de duelo en el caso de los agredidos, el elemento primero es conocer los antecedentes y detalles de lo ocurrido, en caso de la pérdida de algún familiar. Ello permitiría otorgar un significado a la pérdida, que antes no se comprendía. También se señala como importante la presencia del cuerpo o los restos del deudo, como objeto concreto que lo representa y cuya cercanía le permite constatar el deceso y no seguir cargándolo como un fantasma. En el caso chileno, esta etapa del duelo en muchos casos no ha podido realizarse, puesto que muchos de los detenidos en la época del gobierno militar, continúan desaparecidos.

De acuerdo a Capponi (1999), el conocimiento de lo ocurrido debe además contar con un reconocimiento social. El que ciertos hechos queden en la esfera más estrecha, mientras el resto de la sociedad los ignora o los niega, como ha ocurrido durante mucho tiempo en Chile, perturba el proceso de duelo. Un recurso inicial para ello fueron los grupos de personas organizadas en función de experiencias comunes (Agger & Buus Jensen, 1996). Ello contribuyó a superar el sentimiento de irrealidad generado a partir de la negación y distorsión de hechos de los cuales ellos habían sido testigos.

En último término, un proceso de duelo llevado adelante y culminado positivamente, llevaría a la reconciliación, entendida como la consecuencia de la elaboración de un conflicto vivido. Capponi (1999) plantea que la reconciliación es, por lo tanto, una consecuencia de dicha elaboración y no la causa de la misma.

Varios de los trabajos chilenos también vinculan el 11 de septiembre de 1973 con la identidad nacional. La identidad nacional se origina principalmente a partir de compartir un proceso histórico y un espacio geográfico. Se refuerza a partir de símbolos e íconos que conforman el sentimiento de lo nacional, como son la bandera, el escudo, el himno, las fechas patrias. De acuerdo a Vila, del Valle, Perera, Monreal y Barret (1998), las personas son miembros de varios grupos sociales (familiar, étnico, social, etc.). Ellas se clasifican e identifican como miembros de algunos de estos grupos, autocategorización subjetiva que tiene diversos grados de implicación. En la construcción de la identidad nacional, se da un proceso complejo, puesto que se entrelazan las creencias, actitudes, valores, la historia, las prácticas sociales, que están socialmente compartidas por otras personas que también se identifican como pertenecientes al grupo.

Algunos estudios desarrollan argumentos por los cuales es posible sostener que la identidad nacional sufrió un quiebre a partir del 11 de septiembre de 1973. Así, Lira y Castillo (1991) afirman que el impacto de la amenaza política que se ejerció durante el régimen militar, alcanzaba a toda la sociedad y a todos los sujetos, facilitando la extrema polarización del país durante el gobierno militar el que la izquierda fuese designada como el sector portador de una identidad maligna que amenazaba al conjunto de la sociedad, ya que "el grupo en el poder definió, de acuerdo a criterios ideológicos, que esos sectores no formaban parte de la identidad nacional (…). Como efecto de este proceso, la identidad nacional se escindió, al definirse la exclusión de un grupo nacional desde criterios ideológicos antagónicos" (Lira & Castillo, 1991, p. 234).

Otros de los argumentos por los cuales se puede plantear que el 11 de septiembre de 1973 originó una fractura en la identidad nacional se construye a partir de la constatación de que los objetos de referencia son distintos para los varios grupos sociales. Ello da lugar a normas y valores diferentes que moldean la representación del hecho histórico. Lo que para unos fue positivo y la "salvación del país", para otros fue más bien la "destrucción de los ideales".

Por otra parte, el concepto de identidad nacional implica compartir un proceso histórico y, si bien Chile como país ha vivido un mismo acontecimiento, la memoria colectiva construida acerca de éste reflejaría posturas antagónicas. Ello lleva incluso al no reconocimiento del otro, a la negación de su identidad, siendo que el reconocimiento es una condición de la existencia de la identidad. Ello habría ocurrido, por ejemplo, cuando se afirmaba que no existían los detenidos desaparecidos. Por lo tanto, la agrupación de familiares no tenía razón de ser, no tenía identidad.

Vínculos Conceptuales que Enmarcan el Problema

Los trabajos antes mencionados muestran cómo las representaciones sociales (o la memoria colectiva), la convivencia cotidiana y la identidad mantienen una estrecha vinculación.

Las representaciones sociales albergan un bagaje común de conocimientos, que surge en gran parte de una identificación compartida con determinados objetos sociales. Este bagaje va creando una identidad social común, por lo cual puede decirse que las representaciones sociales originan identidades sociales.

Por otro lado, las representaciones sociales influyen sobre la convivencia cotidiana, en tanto sus contenidos orientan la predisposición y el comportamiento de los grupos reflexivos. A su vez, los acontecimientos sociales relevantes que tienen lugar en el ámbito de la convivencia cotidiana, generan espacios discursivos que pueden influir sobre las representaciones sociales.

Por su parte, la identidad se constituye en una fuente de sentido en tanto es portadora de la carga afectiva del grupo de pertenencia. La identidad afecta las representaciones sociales, porque es a partir de ésta que se lee la realidad y se incorporan selectivamente algunos atributos culturales a la representación, buscando conservar el núcleo central y la coherencia de la estructura de la representación. Pero también influye sobre la convivencia cotidiana, ya que el sentido dado por la identidad a la realidad percibida y la carga afectiva que conlleva, afectan las relaciones sociales y la convivencia cotidiana, porque implican normas y valores que orientan el comportamiento.

La convivencia cotidiana, al ser el espacio en que la identidad persigue su reconocimiento, puede verse afectada por la dinámica entre los grupos que buscan su legitimidad. Esta búsqueda puede resultar en la aceptación y valoración positiva de la identidad grupal, así como en la alienación de la misma. Por último, en el espacio de la convivencia cotidiana también pueden surgir elementos nuevos que se incorporan a la identidad, sin estar presente, necesariamente, la tensión por el reconocimiento de una identidad determinada.

Método

Participantes

La selección de los participantes se realizó a partir de una estrategia sucesiva, es decir, eligiendo a los primeros entrevistados, analizando la información que aportaban y desarrollando criterios a partir de los cuales se seleccionaron las siguientes personas. El proceso de selección se cerró aplicando el criterio de saturación teórica de las principales categorías de análisis.

De acuerdo a la orientación o preferencia política que manifestaban los participantes, se los agrupó en: derecha, izquierda y centro. Esta orientación fue especificada por los mismos entrevistados y requería haberse mantenido estable en el tiempo. No se tomó en cuenta a personas que tuvieran o hubiesen tenido militancia política, puesto que interesaba conocer las representaciones de personas no directamente vinculadas a actividades partidarias.

Los grupos fueron conformados por cinco personas cada uno, con un rango de edad entre 50 y 60 años, edad que permite que las personas consideradas hayan sido adultos jóvenes en la época del 11 de septiembre de 1973. Se escogió a personas de ambos sexos, pertenecientes a los niveles socioeconómicos medio y medio alto y con estudios universitarios (completos o incompletos).

La Tabla 1 agrupa a los participantes en función de sus características más relevantes para este estudio.

Tabla 1
Participantes

Recolección de la Información

Antes de comenzar la recolección de información propiamente tal, se realizaron dos entrevistas piloto que sirvieron para afinar el guión en términos de lenguaje, comprensión de preguntas, secuencia lógica de los temas abordados, aún cuando este último punto estuvo sujeto al orden lógico del discurso del entrevistado.

Se realizaron 15 entrevistas en profundidad, del tipo semi-estructurado, con un guión de temas para abordar. Este tipo de entrevistas permitió tener presentes los temas centrales que debían ser tomados en cuenta, pero además, al basarse en preguntas abiertas, dio la posibilidad de una interlocución flexible por parte del entrevistador cuando alguna respuesta no estuvo clara o requirió mayor especificación.

Análisis de la Información

El análisis de la información se realizó tomando como base metodológica la Grounded Theory (Glaser & Strauss, 1967; Strauss & Corbin, 1990), que postula el descubrimiento de la teoría desde los datos, mediante un proceso inductivo. Este proceso se hace a partir de la codificación de la información obtenida, es decir, la categorización de los pasajes de las entrevistas en niveles mayores de abstracción, para articular el material analizado.

El análisis tuvo tres momentos: a) se inició con la codificación abierta del material de las entrevistas en la etapa inicial, lo que implicó descomponer, examinar, comparar, conceptualizar y luego categorizar los datos en esquemas de clasificación jerárquica; b) se realizó una codificación axial, en la que los datos fueron relacionados, estableciéndose conexiones entre las distintas categorías que emergieron en la codificación abierta; c) se realizó una codificación selectiva, en la que se seleccionó la categoría central, en torno a la que se integran las demás categorías, lo que en definitiva permitió reconstruir las representaciones sociales de cada grupo y establecer sus relaciones con la identidad nacional chilena y con la convivencia cotidiana.

Resultados

Los resultados se estructuran en función de cinco categorías centrales, emergidas en el análisis de los datos. Éstas son: antecedentes del 11 de septiembre, que describe el período previo a esta fecha; el 11 de septiembre, que relata los hechos y percepciones acerca de ese día; efectos actuales del 11 de septiembre, que considera las consecuencias del 11 de septiembre vigentes hasta el día de hoy; visión de futuro, que toma en cuenta las proyecciones acerca de la realidad chilena a la luz de los sucesos del 11 de septiembre, sobre todo relacionadas a las posibilidades de un cambio positivo en relación con los conflictos vigentes originados en esa fecha; y valoración del período de gobierno militar, donde se destacan logros, episodios negativos y elementos de legitimación del sistema de gobierno militar.

Antecedentes del 11 de Septiembre

El modo de construir el período histórico del '73 varía de acuerdo a los grupos reflexivos. Una primera diferencia es evidente cuando se compara el énfasis que los distintos grupos otorgan a los antecedentes del 11 de septiembre.

En el caso del grupo de derecha, el período previo al 11 es descrito de manera amplia y detallada, haciendo notar principalmente la difícil situación bajo la cual se vivía, marcada por la escasez, el mercado negro, la inflación.

Por otro lado, también desde la perspectiva de la derecha, la situación social se describe como caótica, violenta, con el país paralizado por las huelgas y la interferencia en las actividades laborales, es decir, una situación de desgobierno. Además, la derecha tiene la convicción de que grandes sectores que apoyaban a Allende, sectores principalmente populares, estaban armados, lo cual generaba una amenaza de guerra civil a desencadenarse en cualquier momento.

A las condiciones descritas se añade, desde la óptica de la derecha, la sensación subjetiva de vulnerabilidad y amenaza, aspecto que no está presente en los otros dos grupos (izquierda y centro). Cabe hipotetizar que dicha sensación se originaría en el hecho de ser parte de la oposición de quienes en ese momento estaban en el poder, que además eran percibidos como agresivos y radicales en sus ideologías.

En la representación del grupo de derecha, esta situación de caos y desgobierno es responsabilidad de la Unidad Popular, derivando el país en una crisis de tal envergadura que obligó la intervención de las Fuerzas Armadas para restituir la estabilidad a la nación.

Por su parte, los grupos de izquierda y centro, si bien reconocen una situación de caos, desgobierno y polarización en el país, no otorgan a estos eventos el mismo énfasis que el grupo de la derecha. Por su parte, sólo la izquierda destaca lo que serían aspectos positivos de aquella época, como son la vitalidad y el compromiso social por un proyecto común. En este grupo no se cuestiona la validez de los cambios que se estaban llevando a cabo ni se duda de su carácter positivo, a diferencia de la derecha y el centro.

Una diferencia importante entre los grupos de izquierda y derecha es la intencionalidad que atribuyen a los miembros del gobierno de Allende: la derecha considera que habían abusos de poder y discriminación contra los opositores, actitudes sostenidas por un gran resentimiento social; en cambio la izquierda destaca el compromiso por el cambio hacia una sociedad más equitativa, aunque considera que la juventud e inexperiencia de muchos provocó serias consecuencias.

El grupo de centro, asumiendo una mayor distancia frente a los hechos, critica las medidas tomadas por la Unidad Popular por considerarlas ilegítimas (no tenían mayoría absoluta), hace notar la falta de autoridad que prevalecía, así como la desorganización e inexperiencia, pero también atribuye responsabilidad en los hechos del 11 al boicot y a la provocación deliberada del caos socioeconómico de parte de grupos opositores, ambos factores que finalmente abrieron las puertas para la intervención militar.

En este sentido, en las representaciones de los grupos de izquierda y centro se refleja la convicción de la existencia de grupos organizados que desarrollaron actividades sistemáticas con el fin de derrocar al gobierno de la Unidad Popular. En cambio, en la representación del grupo de derecha es interesante notar que no hay ninguna mención a acciones concertadas en función a ese fin. Sólo se mencionan actuaciones de ciertos grupos opositores que manifestaban su descontento frente al gobierno de Allende, pero no de manera conexa entre sí, ni con miras a destituirlo. Asimismo, el grupo de derecha tampoco hace mención a la intervención del apoyo extranjero en las acciones de gestación y ejecución del golpe de Estado, mientras que la izquierda y el centro mencionan como importantes gestores del golpe a los Estados Unidos y la CIA.

La derecha atribuye las causas de la intervención militar a las características del gobierno de Allende y a la grave situación por la que atravesaba el país. En cambio, la izquierda considera que las causas se centran fundamentalmente en las reacciones de oposición que se generaron desde el momento mismo en que se eligió un gobierno de corte socialista, a lo cual se habría añadido la actitud de la oposición chilena y las difíciles condiciones políticas generales a las cuales se había llegado; el gobierno socialista habría amenazado los privilegios tradicionales de ciertos grupos y se buscó destituir a Allende para poder conservarlos. La izquierda no considera que las características del gobierno de Allende justificaran un golpe militar. Por su parte, el grupo de centro comparte las causas del grupo de derecha, pero al igual que la izquierda, también plantea que existió una reacción en contra de la elección de un gobierno socialista.

El hecho que determinaría el momento del pronunciamiento militar, de acuerdo a la representación de la derecha, habría sido la necesidad de evitar las divisiones en las Fuerzas Armadas, provocadas por representantes de la Unidad Popular. En contraste, los grupos de izquierda y centro comparten la convicción de que el golpe se dio en ese momento para evitar el plebiscito programado por Allende, que sometería a votación popular la continuidad de su gobierno.

El 11 de Septiembre

Los hechos ocurridos el día 11 de septiembre de 1973 son descritos de modo muy similar por los tres grupos. De manera coincidente, se hace referencia a las acciones militares desplegadas aquel día: allanamientos, detención de personas, toque de queda, bombardeo del palacio de La Moneda. Las diferencias surgen al momento de conocer las reacciones que estos sucesos produjeron en los distintos grupos y la interpretación que se les dio.

La intervención militar hace que la derecha recupere la confianza en el funcionamiento del país y sienta alegría porque interpreta este hecho como el final de la situación de caos y desabastecimiento. En cambio, las reacciones inmediatas de la izquierda son muy diferentes: se buscan medidas de protección, puesto que aún quienes no habían participado activamente en el gobierno de Allende, consideraban que el haber sido simpatizantes del mismo los colocaba en una situación de riesgo; además, se produjo en algunos una reacción de incredulidad frente a la reacción de agresividad y fuerte apoyo a la intervención militar de parte de personas cercanas. Dentro del grupo de centro hay, al parecer, un menor vínculo afectivo con los grupos en pugna, tanto de izquierda como de derecha. Sin embargo, como chilenos, los simpatizantes del centro político se ven afectados por la destrucción de un símbolo histórico, como es el palacio de La Moneda, acto que además consideran inútil y desproporcionado, dadas las escasas posibilidades de resistencia; al mismo tiempo, la intervención militar les produce la recuperación de la esperanza en el futuro, por ver en ésta el final de la situación de crisis y desgobierno. El único aspecto que los tres grupos comparten es la preocupación por sus familiares, debido principalmente a la situación de incertidumbre que reinaba.

Los acontecimientos del día 11 y la interpretación que se hace de ellos, son factores que crean, en el caso de la izquierda y el centro, un clima subjetivo de miedo y temor. La izquierda además vive una situación de confusión e incredulidad al conocer los sucesos, más la sensación generalizada de traición, puesto que Pinochet había sido uno de los generales nombrado por Allende y sin embargo, era él quien comandaba el golpe. En contraste con este clima subjetivo, es importante notar la absoluta ausencia a referencias de este tipo en el grupo de la derecha, lo cual permite hipotetizar que, al apoyar la acción militar, ellos no percibían razones para la inseguridad.

En la interpretación que hacen del 11 los distintos grupos, emergen nuevamente importantes diferencias. El grupo de la derecha considera que el 11 fue una situación de guerra, inevitable por la gravedad de las condiciones a las que se había llegado como país. En este sentido, la intervención de las Fuerzas Armadas es vista como necesaria para dar respuesta a la crisis y evitar una guerra civil. Al entender el 11 como una guerra, se normalizan las muertes ocurridas ese día, puesto que detrás de la definición de guerra está implicada la consideración de un enfrentamiento parejo entre dos grupos en similares condiciones y compuestos por personas que voluntariamente formarían parte de ellos. Desde esta perspectiva, los reclamos por las muertes ocurridas en este enfrentamiento pierden legitimidad.

La interpretación de la izquierda contiene profundas diferencias con aquella de la derecha. Para este grupo el 11 representa la interrupción de un proyecto político alternativo, así como el fin de ideales y utopías. En la izquierda existe la certeza de que este proyecto fue interrumpido deliberadamente, puesto que atentaba contra los privilegios tradicionales de una clase social en Chile y contra el sistema establecido por potencias mundiales como EE.UU. La izquierda retiene que la violencia desplegada por la intervención militar fue desproporcionada en relación a los motivos que la originaron. Además, a partir del 11 se habría incluido el temor en la vida cotidiana, temor que subsiste hasta hoy a pesar de vivir en democracia.

Por su parte, el grupo de centro es el único cuya interpretación contiene variaciones a lo largo del tiempo. En el momento de los hechos, el centro consideró necesaria la intervención militar como una solución para resolver la situación de caos que se vivía. Aún así, se califica de desproporcionado el despliegue militar frente a las posibilidades reales de resistencia que tenían los partidarios del gobierno de Allende. A la luz del tiempo, el 11 es interpretado por el centro como un violento cambio en el sistema político y económico (aspecto que sin embargo no tiene una connotación explícita, ni positiva ni negativa). A esta interpretación se suma la percepción de un quiebre en proyectos vitales y lazos afectivos entre muchas personas y el considerar el 11 como una experiencia dramática para Chile.

Efectos Actuales del 11 de Septiembre de 1973

En las representaciones sociales del 11 de septiembre se distinguen efectos sociales sobre distintos ámbitos: la convivencia cotidiana, la identidad chilena, las condiciones económicas y políticas, el sistema jurídico y las posibilidades de justicia.

Convivencia cotidiana. La derecha organiza los efectos del 11 de septiembre sobre la convivencia cotidiana, distinguiendo tres espacios: la sociedad en general, la familia y el trabajo. En cambio, la izquierda y el centro hablan en términos más generales y abstractos, mencionando por un lado, las relaciones interpersonales en distintos contextos (familia, trabajo), y por otro, el clima social actual. Además, también el abordaje es distinto, puesto que las respuestas de la derecha en torno a la convivencia cotidiana son bastante descriptivas, mientras que la izquierda, y en menor grado, el centro, hacen referencia a valores que orientan dicha convivencia, como la intolerancia hacia la diferencia (no sólo en política), el individualismo o el autoritarismo, por citar algunos. Finalmente, es de destacar que sólo la izquierda menciona efectos actuales del 11 de septiembre sobre la valoración de lo colectivo, siendo este elemento una muestra de su postura ideológica. Para la izquierda, las nuevas generaciones ya no tienen interés ni en proyectos ni en espacios colectivos, y las organizaciones sociales no tienen vigencia, primando el individualismo.

Entrando en el detalle, para el grupo de derecha, la convivencia cotidiana en la sociedad en general, se caracterizaría por la polarización e intolerancia con posturas políticas distintas, por un lado, y por la tensión en las relaciones, por otro. Ello implicaría una profunda división ideológica y la irreconciliabilidad entre opciones diferentes, lo cual llevaría a la pérdida del respeto en relación al otro. La tensión se vería reflejada en la dificultad de mantener relaciones interpersonales libres de la preocupación de conocer la postura política del otro, por las repercusiones que ello podría tener. A nivel familiar, los entrevistados de derecha consideran que el 11 generó distanciamiento entre los miembros de la familia y al interior de ésta; se busca evitar los temas políticos de manera deliberada para no provocar confrontaciones entre los familiares. En el espacio de trabajo, la derecha percibe la posibilidad de consecuencias negativas ante la explicitación de la propia postura política, principalmente cuando ésta no coincide con quienes tienen mayor jerarquía. Mientras más radicales son las posiciones, hay mayor posibilidad de roces y agresiones entre las personas.

La izquierda y el centro hacen referencia a las relaciones interpersonales, caracterizándolas como difíciles a causa de las diferencias políticas. La polarización es el resultado más claro de estas dificultades. Pero, además, el centro identifica ciertas estrategias utilizadas para evitar las confrontaciones, como la reserva de las propias opiniones y el llevar adelante un comportamiento regido por el "deber ser" antes que por la expresión genuina de las preferencias. La izquierda va más allá y define las relaciones interpersonales como carentes de espontaneidad, teñidas por la desconfianza, con la necesidad permanente de ubicar la postura política del otro para regular las propias respuestas y evitar exponerse a críticas y agresiones. Una manera de compensar esta situación, según la izquierda, es crearse un espacio con quienes se comparten ideas importantes, un "ghetto", como lo define uno de los entrevistados.

En cuanto al clima social actual, tanto la izquierda como el centro le atribuyen características como la intolerancia a la diferencia, aprendida durante el régimen militar, por un lado, y el aislamiento social que, en cierta manera se relaciona con dicha intolerancia. A ello, ambos grupos agregan las consecuencias de las violaciones a los DD.HH., aspecto que es completamente omitido en el grupo de derecha. La izquierda reconoce, además, que a partir del 11 se incorpora el miedo a la vida cotidiana, como una respuesta aprendida durante el régimen militar.

A pesar de algunas diferencias que aparecen entre los grupos, existe un importante acuerdo en torno a la presencia de polarización social ligada a las opciones políticas. El temor a las consecuencias de la explicitación de la propia postura hace pensar que está implicada una fuerte carga afectiva: criticar o agredir una opción política, es criticar y agredir a su vez, profundamente, a la persona. La opción política es, entonces, parte constitutiva de la identidad y de la historia de un sujeto, con los componentes cognitivos y afectivos que ello implica.

En pocas palabras, hay acuerdo en torno al fuerte daño que ha sufrido la convivencia cotidiana, aunque cada grupo se ubica como víctima al hablar de las dificultades de relación, y nunca como agresor.

Identidad chilena. Los valores chilenos habrían sufrido modificaciones con relación a etapas previas al 11 de septiembre. Para los tres grupos es importante la influencia del factor económico: la derecha considera que hoy los chilenos buscan más el bienestar material y priorizan el trabajo por sobre la familia y el ocio; sin embargo, esto no cuenta, por parte de este grupo, con una valoración claramente negativa, sino que es aceptado como algo inevitable, como una consecuencia del modelo vigente. La izquierda es más severa al juzgar los efectos del sistema económico implantado a partir del 11 de septiembre, atribuyéndole el fomento de valores a partir de modelos basados en el estatus económico (como la ostentación y el consumismo). El centro reconoce también la pérdida de la austeridad como modo de vida que caracterizaba al chileno, así como al aumento del consumismo. Además del factor económico, la izquierda considera que se vive hoy la pérdida de referentes ideológicos claros que orienten las elecciones personales y el modo de vida de las personas.

La forma de ser del chileno también se habría visto afectada negativamente a partir del 11 de septiembre, de acuerdo a los tres grupos. Sin embargo, la derecha no atribuye las causas directamente al 11, sino a las consecuencias inevitables del modelo económico. La izquierda considera que el 11 convirtió al chileno en una persona menos solidaria, con miedo a discrepar y que busca evitar los conflictos. Por su parte, el centro, además de describir al chileno actual como desconfiado, es el único grupo que encuentra un efecto positivo del 11 de septiembre, como es, la apertura originada por las experiencias de muchos chilenos en el exterior, lo cual los habría enriquecido.

Finalmente, en cuanto a la identidad nacional, la derecha no hace referencia a este punto. La izquierda y el centro consideran que el 11 de septiembre es motivo de vergüenza debido a los abusos cometidos en contra de los DD.HH. Además, la izquierda define la identidad nacional como fragmentada, en tanto percibe la dificultad de hablar de una historia común y de metas comunes como chilenos.

Condiciones políticas y económicas. Únicamente el grupo de derecha hace mención a los efectos del 11 de septiembre sobre las condiciones políticas y económicas del país, con una valoración altamente positiva. De hecho, la izquierda no percibe efectos positivos en ninguna de las condiciones de vida del país y el centro sólo menciona las posibilidades de apertura que tuvieron muchos chilenos al dejar el país durante los años de gobierno militar, como único aspecto positivo.

De acuerdo a la postura de la derecha, las condiciones políticas actuales en Chile se habrían visto muy favorecidas, puesto que a raíz de la intervención militar del 11, desaparece el sistema comunista, percibido como una amenaza. Además, se estigmatiza de tal manera la actividad política, que la juventud ya no se interesa en esta forma de participación, aspecto que la derecha considera positivo; esta despolitización lograría que las nuevas generaciones estén menos polarizadas, superando la dificultad tan característica del período previo al 11 de septiembre.

El notorio mejoramiento de las condiciones económicas es el gran éxito del modelo implantado a partir del 11 de septiembre, de acuerdo a la derecha.

Si bien este grupo percibe algunos elementos negativos, como el sobreendeudamiento de las personas o la incompatibilidad de las horas de trabajo con la vida familiar, éstos se consideran como males menores que pueden ser corregidos, y no como factores que pongan en crisis un sistema que es, en términos generales, positivo.

Sistema jurídico. El sistema jurídico es un ámbito tratado únicamente por el grupo de izquierda. Este grupo considera que durante el gobierno militar implantado desde el 11 de septiembre se incorporaron cambios a la constitución política, cambios que aún están vigentes y no permiten hablar de una democracia plena, sino más bien de una "democracia vigilada", como algunos la llaman, puesto que existen todavía espacios cubiertos por personas afines al régimen militar y porque algunas designaciones de cargos públicos se realizan de manera arbitraria (como los senadores designados, por ejemplo). Además, la legislación se encontraría atrasada con respecto a otros países en temas como la censura, el aborto o el divorcio, por citar algunos, debido a sectores conservadores heredados de la dictadura, que no permiten modernizarla.

Las posibilidades de justicia. Únicamente el centro hace referencia a las posibilidades de justicia en torno al tema de la violación de DD.HH. En este sentido, la percepción es más bien pesimista, puesto que si bien el centro considera que la Ley de Amnistía es, en cierta forma, el reconocimiento de delitos, ésta impide su sanción.

Además, los éxitos económicos que muchos atribuyen al gobierno militar, opacan el tratamiento de los temas pendientes en la justicia, de acuerdo a la percepción del centro.

Visión de Futuro

Al hablar del futuro, los entrevistados se refirieron principalmente al cambio positivo que se busca lograr para Chile, siendo el centro el único que se refirió a dicho cambio explícitamente como "reconciliación", aunque todos los grupos apuntaron a los mismos contenidos.

La derecha es el único grupo que teme por el futuro, debido a la presencia de un presidente socialista (Ricardo Lagos) y a la percepción de disminución de poder de los grupos políticos de derecha, lo cual le hace imaginar situaciones de crisis similares a las ocurridas durante el gobierno de Allende. De esta misma manera, la percepción de factibilidad de un cambio positivo es casi nula en este grupo, en claro contraste con el centro, que confía ampliamente en las posibilidades de reconciliación, debido a su apreciación de posturas menos radicales en los grupos involucrados. La izquierda no descarta las posibilidades de cambio positivo, aunque es más cauta y hace notar los obstáculos existentes, los cuales se verán más adelante.

La derecha identifica como responsables de llevar adelante un cambio positivo, principalmente a miembros del gobierno y a políticos, al igual que la izquierda. Sin embargo, esta última añade también a los tribunales de justicia, instancia que es mencionada sólo por este grupo. El centro incorpora a políticos, FF.AA., autoridades del gobierno militar, Iglesia, haciendo de este problema, un tema de todos.

Las condiciones para este cambio positivo son contrastantes entre los grupos de derecha e izquierda. Mientras la primera propone una Ley de Punto Final, que acabe con el tema de violación de DD.HH., la segunda plantea la necesidad de justicia y sanciones por los delitos cometidos. El centro considera indispensable el conocimiento de los hechos ocurridos, así como el reconocimiento social de que hubo violaciones a los DD.HH. El énfasis en el juicio y la sanción a los responsables, es menor que en la izquierda.

Para alcanzar el cambio positivo, el grupo de derecha considera que es importante mirar hacia el futuro y no hacia el pasado, olvidar y dejar pasar el tiempo. Sin embargo, este olvido no es aprobado por el grupo de izquierda como condición para el cambio.

A pesar de las marcadas diferencias, los tres grupos coinciden en señalar que una de las condiciones para lograr un cambio positivo es el hallazgo del paradero de los detenidos desaparecidos (DD.DD.), comprendiendo que las heridas no pueden sanar con este tema pendiente.

La derecha considera que la falta de perdón, el deseo de venganza, el rencor, la agresividad y la falta de comprensión de las circunstancias históricas en que ocurrieron los hechos, por parte de los familiares de DD.DD., es un importante obstáculo para alcanzar el cambio positivo. Asimismo, la postura de organizaciones de DD.HH. y sectores de izquierda es considerada por este grupo como guiada por el odio y por el interés de mantener y manipular políticamente el tema de los DD.DD. en beneficio propio. Completamente opuesta es la percepción del grupo de izquierda, quien considera que la ausencia de justicia y la impunidad en las violaciones a los DD.HH., así como la presencia actual de algunos actores del golpe en la vida pública chilena, obstaculizan la resolución de los conflictos vigentes. La izquierda coincide con el centro en que la actitud de la sociedad también debe ser modificada para alcanzar la reconciliación, sobre todo a través del reconocimiento social de los delitos cometidos durante el régimen militar. Además, la izquierda considera importante que la sociedad abra un espacio para escuchar a los afectados. El centro sostiene que el temor de las FF.AA. de perder legitimidad al conocerse su papel en determinados hechos de violación de DD.HH., así como la justificación que algunos sectores hacen de las muertes ocurridas bajo la concepción de que se trataba de una situación de guerra, detienen el proceso hacia la reconciliación.

Para finalizar, los tres grupos afirman que el país cuenta con fortalezas que le permitirán apoyar el camino hacia un cambio positivo. La derecha valora la disminución que percibe en la polarización política, lo que facilita el diálogo; la izquierda realza el tratamiento judicial que se está dando a los casos de violaciones a los DD.HH., como una importante señal de que la justicia es posible; y el centro tiene la convicción de que el conocimiento que se está adquiriendo acerca de los sucesos ocurridos durante el gobierno militar, llevará a un equilibrio entre las diversas posturas.

Es interesante notar que los tres grupos, al hablar de los obstáculos existentes para el cambio positivo o la reconciliación, no se nombran a sí mismos. Es decir, los obstáculos estarían dados por las actitudes de los otros. Lo mismo ocurre para el logro de las condiciones de cambio: son los otros quienes deben modificar su postura. De esta misma manera, ninguno de los grupos hace referencia explícita a fortalezas con que podrían contar para el cambio. Es decir, ninguno de los grupos asume que puede tener cierta responsabilidad en el logro de dicho cambio. Es difícil encontrar la predisposición a asumir una posición activa para modificar las condiciones del país en torno a este tema.

Valoración del Gobierno Militar

Es importante destacar que los contenidos referidos a la valoración del gobierno militar se hicieron presentes únicamente en el grupo de derecha, y de manera espontánea, puesto que no era un tema contemplado en la pauta de entrevista.

La aparición de este acápite hace pensar en una búsqueda de legitimación del gobierno militar de parte del grupo de derecha, en tanto realza sus logros y minimiza la gravedad de las violaciones a los DD.HH., atribuyéndolas a abusos de personas a cargo, es decir, personalizándolas y quitando responsabilidad a la estructura de gobierno. En muchos casos se duda de la veracidad de las denuncias, quitándoles legitimidad.

Por otra parte, se normalizan las muertes, en tanto la derecha considera que se trataba de una condición de guerra. Esto mismo hace que los métodos violentos, como la represión y el miedo, se validen. Asimismo, la derecha niega la condición de "dictadura", refiriéndose más bien a un "gobierno militar".

Cabe preguntarse ¿por qué surgen estos contenidos en este momento y sin ser requeridos en la entrevista?

Varias de las entrevistas coincidieron con la detención de Augusto Pinochet en Londres y con el inicio de las querellas en su contra, hechos que promovieron debates, discusiones y reflexión en torno al 11 de septiembre y al período del gobierno militar, así como también surgieron confrontaciones y enfrentamientos. Dadas estas circunstancias sociales en que se realizaron las entrevistas, es posible hipotetizar que las cada vez más frecuentes denuncias de violaciones a los DD.HH., así como la aparición de hechos que sugieren que éstas eran parte de un sistema de gobierno, y no hechos aislados, son argumentos que atacan directamente el núcleo central de la representación social del grupo de derecha. La reacción es la de proteger este núcleo, puesto que en él se sostiene toda la estructura de la representación. De ahí la necesidad de reforzar los contenidos centrales de la representación social.

Discusión y Conclusiones

Bajo la premisa de que un conocimiento con más detalle acerca de las posturas en torno al 11 de septiembre permitiría conocer los puntos de encuentro (si los hubiere), y los principales argumentos en que hay desencuentro, es que se abordó este trabajo de investigación, esperando contribuir a la comprensión en torno a las condiciones de posibilidad para la reconciliación nacional. Para esto, se abordó la investigación a partir de la teoría de las representaciones sociales como marco teórico e interpretativo, entendiéndolas como una manera de interpretar y aprehender la realidad cotidiana, como una forma de conocimiento social que da sentido a acontecimientos y actos que terminan por ser habituales y con los cuales las personas se relacionan (Jodelet, 1984; Wagner & Elejabarrieta, 1994). El concepto de representaciones sociales resultaba pertinente por el carácter colectivo del origen del fenómeno a abordar, origen que se da en los grupos reflexivos a través de la conversación.

Desde esta perspectiva el lenguaje cobra importancia, algo que se hace evidente cuando, para el caso particular de Chile, se conocen tantos términos que hablan de lo ocurrido el 11 de septiembre, con cargas valorativas absolutamente distintas. Así, "pronunciamiento militar" es distinto de "golpe militar" y "dictadura" difiere de "gobierno militar". Cada uno de ellos hace referencia a un marco interpretativo diferente y ubica a quien habla en una determinada postura ideológica.

Los resultados mostraron que la representación social de la derecha acerca del 11 de septiembre de 1973 es profundamente distinta de aquella de la izquierda. El centro se aproxima estructuralmente a la izquierda aunque mantiene algunas coincidencias con la derecha en cuanto a determinados contenidos.

Las diferencias en las representaciones sociales dan cuenta de marcos valóricos e interpretativos de la realidad muy distintos, ubicados en posiciones ideológicas diferentes. Uno de los puntos de mayor desencuentro entre los grupos de izquierda y centro frente al de derecha, es el referido a las violaciones a los derechos humanos y los detenidos desaparecidos. Mientras que para la derecha son temas de tratamiento individual, para la izquierda y el centro son una responsabilidad social. Esta distinta visión lleva a proponer estrategias opuestas de resolución del conflicto: la derecha propone el olvido y el paso del tiempo, la izquierda, la identificación de los responsables y la sanción correspondiente; el centro, la necesidad de asumir responsabilidades y seguir los procesos judiciales.

Asimismo, se buscó conocer la relación que los grupos de entrevistados establecían entre el 11 de septiembre y la convivencia cotidiana actual, descubriéndose la visión de daño que ha sufrido este espacio de la vida de las personas, no sólo en términos de relaciones interpersonales, aspecto respecto del cual coinciden todos los entrevistados, sino también en el clima social actual, que estaría cruzado por el autoritarismo, la intolerancia y la polarización, de acuerdo al grupo de izquierda y, con menor énfasis, al grupo de centro. Por su parte, las relaciones interpersonales se caracterizarían por la tensión, la polarización en las posturas políticas que dificultan el diálogo, y el miedo, ya sea a estar expuesto a críticas, a recibir sanciones sociales o al conflicto y confrontación, que conllevan el riesgo de ruptura. Las estrategias descritas para enfrentar y manejar las relaciones interpersonales son diversas y están en relación a la opción política.

Otro de los intereses de este trabajo se centró en la relación que los grupos de entrevistados establecen entre las representaciones sociales del 11 de septiembre y la identidad chilena, encontrándose que el mayor acuerdo gira en torno a la presencia de la desconfianza y la disminución de la solidaridad como formas de ser de los chilenos. Además, se reconocen cambios originados a partir del sistema económico implantado durante el régimen militar, que habría promovido la competencia y el consumismo. Sin embargo, la valoración que se otorga a estos aspectos varía de acuerdo a los grupos: para la derecha son consecuencias naturales del modelo económico, por lo demás, exitoso, mientras que para la izquierda y el centro, son efectos claramente negativos.

Los elementos valorativos, afectivos, simbólicos, así como cognitivos que los grupos depositan en el tema del 11 de septiembre, construyen realidades intersubjetivas distintivas. La representación que se tiene en torno al 11 de septiembre llega a formar parte constituyente de la identidad de los grupos estudiados en este trabajo (derecha, izquierda y centro). Dicha construcción también interviene en el modo de relacionarse entre la personas, en la convivencia cotidiana entre familiares, amigos, en situaciones de trabajo y relaciones entre grupos, llegando a involucrar muchas veces altos montos de tensión y agresividad. El riesgo de ruptura en las relaciones está presente, a veces explícita, y a veces implícitamente, lo que dificulta el diálogo y el acuerdo entre las distintas opciones.

Finalmente, cabe señalar que, a partir de los resultados de la presente investigación, las posibilidades de reconciliación no resultan evidentes, en particular porque las distintas representaciones sociales del 11 de septiembre de 1973 llevan altas cargas valorativas y por el estrecho vínculo que tienen con las identidades de cada uno de los grupos incluidos en el estudio.

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Correspondencia a: La correspondencia relativa a este artículo debe ser dirigida a María Isabella Prado, Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano y Regional (CEDURE), Calle México Nº 35, piso 1, of. 2, Santa Cruz, Bolivia. E-mail: cedure@infonet.com.bo

María Isabella Prado, CEDURE, Bolivia. Mariane Krause, Escuela de Psicología.

 

 

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