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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.51 Osorno dic. 2020

http://dx.doi.org/10.32735/s0718-2201202000051856 

NOTA

LOS ESPEJOS DE CIRO. TIPOS Y MODELOS DE MONARCA EN LA CIROPEDIA

Mirrors of Cyrus. Types and examples of other rulers in the Cyropaedia

Rodrigo Illarraga* 

*Bar-Ilan University (Israel), Universidad de Buenos Aires / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Argentina). rodrigoillarraga@gmail.com

En la última década, signada por la renovación de los estudios sobre la filosofía jenofontea, se ha abierto un importante debate en torno a cómo entender la figura de Ciro. Las lecturas más directas al respecto recuperan la valoración positiva explícita en Jenofonte, mientras que algunos especialistas han sostenido a Ciro como un personaje por completo corrupto1. Por su parte, los trabajos que se han dedicado en particular al problema de la psicología de Ciro se han situado en posiciones intermedias, más ambivalentes; en este panorama destacan las obras de Faulkner2, Danzig3, Bartlett4 y Smith Pangle5.

No obstante estos trabajos, hasta donde llega nuestro conocimiento casi no existen investigaciones respecto de los otros gobernantes de la Ciropedia. Si bien es cierto que la excepcionalidad de Ciro radica en características propias, en análisis de los otros gobernantes cuidadosamente retratados por Jenofonte sirven como ejemplos prácticos de los defectos de los gobernantes y sus deficiencias. Son, en otras palabras, espejos en donde Ciro, el gobenante modelo a ser estudiado6, se refleja; espejos que sirven al lector como recuerdos de otros tipos y modelos que pueden ocuparse de la tarea política.

En este trabajo, por lo tanto, nos proponemos ofrecer una aproximación a los “otros” gobernantes de Ciropedia, figuras clave para la construcción que emprende Jenofonte. Propondremos un análisis de cinco monarcas, personajes secundarios de Ciropedia: Astiages, Cambises, Creso, Ciaxares, el Asirio. Veremos cómo cada uno de ellos tiene un marca definitoria que signa su actuar político y su forma de gobierno.

Astiages, el monarca absoluto

El primer gobernante que aparece en el relato de Ciropedia es Astiages, el abuelo de Ciro, padre de su madre Mandane. Astiages es uno de los protagonistas de la ‘educación meda’ de Ciro, un período entre la niñez y la adolescencia que Ciro pasa formándose con su familia materna, alejado de Persia7. Astiages es, en palabras de su hija, un soberano absoluto:

Él se ha hecho a sí mismo déspota en Media; en cambio, en Persia consideran justa la igualdad: y tu padre es el primero que ejecuta lo ordenado por la ciudad y recibe lo ordenado. No tiene como medida su voluntad, sino la ley. De modo que ten cuidado, no vaya a ser que mueras a latigazos cuando estés ya en casa, si vuelves habiendo aprendido de tu abuelo en vez del poder del rey el del tirano, que, entre otras cosas, consiste en creer que el tirano debe poseer más que nadie8.

En Memorabilia, IV.6.12-13 Jenofonte explica las diferencias que Sócrates veía entre monarquía y tiranía: la tiranía se caracteriza por ser un gobierno que no busca consentimiento, y en donde no existe la ley, sino la voluntad de quien gobierna. Si bien nunca se indica que Astiages gobierne contra los deseos del pueblo, sí sabemos que en Media su voluntad es ley. No existe allí ningún entramado legal que constriñe la autoridad del rey dentro de un marco igualitario, como en Persia, y esto permite a Astiages una increíble acumulación de bienes.

Ya la primera aparición de Astiages se muestra la opulencia y fastuosidad propia de un monarca absoluto, sorprendiendo en extremo a Ciro. Maquillajes, pelucas, coloridas vestimentas, pulseras y collares engalanan a Astiages. La majestuosidad del rey medo se asienta sobre lo que es descrito como una tradición de su pueblo: todos los medos se adoran y visten con esmero, y Astiages -“que debe poseer más que nadie”- es quien más se distingue en esta práctica. Esta aclaración de Jenofonte respecto del marco cultural en donde se inserta el gobernante parece resaltar cómo al menos ciertas peculiaridades de cada sistema político tienen su causa en la estructura social.

La opulencia de Astiages es presentada otra vez en la anécdota de la cena real9, donde los comentarios de Ciro, propios del ascetismo persa, marcan el contraste entre dos culturas referidas a la performance del gobernante: mientras que en Persia es encomiable el refreno, aquí lo es la muestra de la riqueza y su disfrute sin control. Este aspecto desmesurado del monarca absoluto es trasparente en lo ocurrido en el gran banquete de cumpleaños de Astiages, donde Ciro observa la borrachera de su abuelo10. El joven príncipe describe las actitudes del rey medo haciendo énfasis en lo que entiende como actitudes ridiculas (cantos, gritos, bailes, mareos) y resume con una ironía “olvidabais por completo, tú que eras rey, y los demás que tú gobernabas”. Astiages no reniega de su desmesura, y ello refuerza la imagen despótica: el no debe atenerse a ninguna ley o costumbre. Lo que Ciro no logra ver aún es que la muestra más grande de poder que puede realizar Astiages es, precisamente, mostrarse en la corte como un ciudadano más sin temor: si bien no sabemos los detalles ocurridos en ese festín, podemos suponer que, pese a la supuesta igualdad, todos los invitados saben quién es el rey. Es, como en el caso de las ricas vestimentas, otra forma de mostrar la propia superioridad por sobre los gobernados11.

Astiages es, en definitiva, el exponente utilizado por Jenofonte para esbozar a un gobernante absoluto en la totalidad de sus capacidades. La riqueza del retrato radica en sus claroscuros: Astiages no es moralmente bueno, pero eso no lo hace menos efectivo en su tarea. Por la defección de sus aliados armenios podemos intuir que el medo no es en particular querido, pero nada de la pintura de la corte meda hace pensar que Astiages es odiado, como sí lo será el Asirio. El rey de Media es, en suma, quien ejemplificará para Ciro la riqueza del pragmatismo político y las ventajas del dominio absoluto sobre la sociedad gobernada.

Cambises, el monarca legalista

El otro gobernante que funciona como modelo durante la juventud de Ciro es su propio padre, Cambises, rey de los Persas. El contraste no podría ser más fuerte, tal y como señala Mandane: Cambises es un servidor público, atado a las leyes y requisitos de la sociedad que gobierna.

La formación del rey persa es la de todos los homotimoi, aquellos que por sus condiciones económicas han podido acceder a las escuelas públicas. Esta formación está caracterizada por el estudio de la justicia entendida como obediencia a la ley y de la sophrosune/enkrateia. Tras las primeras dos etapas (niños, efebos), los individuos adultos pasan a formar parte del Gobierno y del cuerpo militar profesional, y por último en su vejez ocupan los cargos gubernamentales más importantes, de manera notable los puestos judiciales. En este esquema de Gobierno colegiado, la posición del rey parece ser similar a la que Jenofonte describe para Esparta en La constitución de los lacedemonios, un cargo hereditario más simbólico que ejecutivo.

Cambises tiene dos apariciones en Ciropedia, que marcan el inicio y el final de la campaña contra Asiria. Al comienzo, el rey persa tiene un largo diálogo en donde aconseja a su hijo respecto de la tarea de gobierno (I.6.2-46)12. Las recomendaciones de Cambises cubren un amplio espectro y están pronunciadas en relación con la campaña militar que se avecina: el rey indica al príncipe cómo debe ser su relación con los presagios divinos, cómo debe cuidar de sus soldados en pos de asegurar su lealtad, y cómo debe actuar en relación con sus enemigos. Sobre este último punto hay un intercambio de especial interés entre padre e hijo:

- Por Zeus, respondió Cambises, lo que me preguntas no es ya un asunto desdeñable ni sencillo; pero sabe bien que quien lo pretenda conseguir debe ser conspirador, disimulado, tramposo, mentiroso, ladrón, bandido y superior en todo a sus enemigos. Y Ciro, echandose a reír, dijo: - Por Heracles, padre, ¡en qué clase de hombre dices tú que debo convertirme! - Con tal conducta, hijo mío, serías el varón más justo y conforme a las normas establecidas. -¿Entonces, cómo es que cuando éramos niños y efebos nos enseñabais lo contrario? - Sí, por Zeus, replicó Cambises, y todavía en la actualidad lo hacemos de cara a amigos y conciudadanos, pero, para ser capaces de perjudicar a los enemigos, no sabes que aprendisteis muchas malicias? - Por mi parte, yo no, padre, dijo Ciro. - Entonces, preguntó Cambises, ¿para qué aprendíais a tirar al arco, a disparar la lanza, a cazar jabalíes engafiándolos con redes y fosas, y a ciervos con cepos y cuerdas? ¿Por qué no luchabais con leones, osos y leopardos en igualdad de condiciones, y siempre intentabais combatirlos con algún tipo de ventaja? ¿O no comprendes que todo eso son malicias, engafios, trampas, y ventajas fraudulentas?”13

El episodio comienza con la sorpresa de Ciro: Cambises insiste en un curso de acción contra sus enemigos que el joven entiende va en contra de lo que su educación persa le ha enseñado. A saber: su educación ha enseñado de manera explícita benevolencia, generosidad, honestidad, y su padre, el rey, ahora propone una conducta marcada por el engaño y la mentira para lidiar contra quienes se le oponen. La situación resulta a Ciro en especial llamativa dado que la educación persa es, en estricto sentido, una educación sobre las normas persas: contrariar las enseñanzas de sus maestros es, para los Persas, ir contra la ley. Frente a estos cuestionamientos, Cambises no presenta un argumento que apela al pragmatismo necesario para enfrentar a un enemigo, que presentaría al rey, en tanto comandante de las fuerzas militares, por encima de la ley en casos extremos. Al contrario, Cambises explica a su hijo cómo su enseñanza y su práctica se ajusta en estricto sentido a la noción legalista e institucional de justicia persa. La educación, a través de prácticas no explícitas, sienta las bases para estrategias efectivas contra los enemigos. A la luz de esto, el trato diferenciado que Cambises propone para amigos y enemigos se ajusta a la ley. No hay, pues, una propuesta que posicione al rey por encima del entramado jurídico instituído, sino el discernimiento maduro de las normas detrás de la educación infantil.

Cambises vuelve a aparecer al final de Ciropedia14 en un episodio breve pero significativo. Ciro ya ha derrotado a todos sus enemigos y ha ganado nuevos aliados y vasallos. En definitiva, ha fundado un nuevo imperio, un nuevo régimen político, en donde Persia tiene un estatus particular: Ciro gobierna todos los amplios territorios conquistados de forma absoluta, mientras que la sociedad persa mantiene aún sus tradiciones institucionales y allí Cambises continúa siendo rey.

El regreso de Ciro está marcado por cierta tensión. Jenofonte describe en muy rápida sucesión una cadena de eventos que muestran esta tensión. En lo que parece un gesto que intenta aplacar todo temor, Ciro deja el ejército en las fronteras de Persia. Es preciso recordar que Ciro, a quien le fue confiado el mando de esta fuerza militar, reformó la estructura militar del ejército y, haciendo esto, habilitó cambios profundos a nivel social, ingresando de hecho al privilegiado y pequeño grupo homótimo un gran número de ciudadanos comunes. Al ingreso a Persia, Ciro reparte presentes a sus amigos, a los altos funcionarios y a todos los homotimoi, en una conducta que además de generosidad encubre cierto mensaje implícito: Jenofonte nos advierte que esta práctica es propia de los reyes.

Este contexto mueve a que Cambises reúna de inmediato a quienes en efecto gobiernan, y pronuncia un discurso que funciona como una suerte de “testamento en vida”, explicitando así su posición política. La propuesta de Cambises se ata a las tradiciones y leyes persas, y configura una suerte de política colonial, en donde Persia ocupará una posición privilegiada dentro del Imperio: Persia seguirá siendo gobernada por leyes y no por la voluntad de Ciro, y a cambio Ciro tendrá el sólido apoyo persa. Esta propuesta es acordada entre Cambises, Ciro y las autoridades persas, Jenofonte se encarga de señalar la pervivencia de este acuerdo15. La equidistancia del pacto establecido entre las autoridades persas y su hijo, con un claro interés en mantener los modos de gobierno persas, insiste en el carácter legalista de Cambises.

Cambises es un excelente gobernante persa, en el sentido que Persia cobra para Ciropedia: un gobernante simbólico antes que operativo, una figura que representa el vértice de un gobierno colegiado. Es el paradigma de la institucionalidad, un gobernante que se atiene a las leyes y sabe cómo actuar siguiendo las normas para el provecho de su pueblo. Para Ciro será, desde su niñez, el retrato de cómo la estructura normativa puede funcionar para asentar el gobierno y, más importante, de cómo la dedicación a los gobernados solidifica el propio poder.

Creso, el orgulloso

Creso es una figura particular. Es el rey de Lidia, con un importante número de tropas y comprometido con la guerra en las posiciones de más jerarquía. Es nombrado varias veces a lo largo de Ciropedia como uno de los principales antagonistas16, aunque nunca se lo describe, como al Asirio, como un personaje cruel o vil. Debemos esperar hasta el libro séptimo17 para encontrarnos con Creso protagonista. Esta aparición se da en el contexto más desfavorable: Ciro ha conquistado Sardes, capital de Lidia, y Creso presenta su rendición. Tras un breve pero relevante diálogo, en donde el intercambio se desarrolla especialmente cordial, Creso entrega sus riquezas a Ciro, quien a cambio lo mantiene en el trono pero, en un hecho inédito en todo Ciropedia, lo incorpora a su corte para poder controlarlo de cerca.

El diálogo entre Ciro y Creso se produce en términos extraños. Tatum, llevando adelante un detallado e interesante análisis18, ha propuesto que Creso es un embaucador que intenta confundir a Ciro, tenderle una trampa en pos de mantener su poder. Esta propuesta, que identifica de manera correcta la estrategia que intenta llevar adelante el rey de Lidia, permite a su vez detenernos en las características principales de Creso: su necedad y su corruptibilidad.

Derrotado el ejercito lidio, Creso se encierra en su palacio y llama a Ciro quien, por supuesto, no acude a su llamada. Esta primer actitud indica de manera correcta el ánimo del lidio, y se repite en el mismo saludo que le extiende al príncipe persa:

Una vez dadas estas órdenes, pidió que le trajeran a Creso. Y este, cuando vio a Ciro, le dijo: - Salud, soberano, pues este es el título que la suerte nos concede desde este momento a ti para poseerlo y a mí para dirigirme a tí.”19

Esta mención muy directa a la suerte como razón exclusiva del éxito de Ciro es testimonio de la necedad de Creso, de la imposibilidad de conocer y dar cuenta de la situación que se vive. La alusión es en particular si tenemos en cuenta que, al comienzo de la Ciropedia, Jenofonte identifica como causas para el buen desarrollo tanto a la buena suerte como a la sabiduría20: no hay forma de sostener el éxito en el tiempo sin la presencia de ambas, esto es, sin la conjunción virtuosa de condiciones ajenas a los individuos (buena suerte) con sus propias virtudes (sabiduría). La imposibilidad que muestra Creso para reconocer el porqué del éxito de Ciro es la misma que presenta frente al mandato délfico:

Abrumado por las desgracias ocurridas a mis hijos, envío de nuevo al preguntar al dios qué podría hacer para pasar el resto de la vida lo más felizmente posible, y él me respondió: “Si te reconoces a tí mismo, Creso, realizarás la travesía felizmente”. Y yo, al oír el oráculo, me regocijé, pues consideraba que él me había encomendado la tarea más sencilla para otorgarme la felicidad. En efecto, a los demás es posible conocerlos a unos sí y a otros no. Pero creía que cualquier hombre sabía quién es él mismo21

El rey lidio no puede comprender la sentencia de Apolo más allá de los rudimentos de la identidad: cada individuo sabe que él es él y no otro. La orgullosa posición de asumir de inmediato el cifrado mensaje del dios, que precisa de tiempo de reflexión, muestra los aspectos negativos de la conformación de Creso: la incapacidad para asumir las propias limitaciones es, en definitiva, la consecuencia de un carácter engreído, soberbio. Esta necedad y autocomplaciencia, presente en el saludo a Ciro, aquí toma la forma de un rápido regocijo irreflexivo que, como evidencia la caida de su reino, solo puede tener consecuencias negativas.

El acento que pone Jenofonte en retratar la jactancia de Creso se pone de manifiesto en las secuencias dramáticas. Así, la referencia a la "fortuna" de Ciro es realizada luego de la conquista de Sardes, tras una extensa campaña en donde el rey lidio ha visto en repetidas ocasiones la pericia del persa. La muestra más interesante de la iteración de esta necedad orgullosa es la segunda interpretación que Creso realiza del dictum apolíneo. El lidio se ha equivocado en su primera y rudimentaria interpretación, sosteniendo que él ya se conoce a sí mismo. Tras la derrota en manos de Ciro, Creso se rectifica: ahora, sabiendo que no puede competir con Ciro, ya se conoce a sí mismo22. La primera respuesta ha sido similar a la de Eutidemo en Memorabilia23, con las mismas consecuencia político-militares que Sócrates le indica allí a su joven interlocutor:

En cambio, los que no saben lo que se traen entre manos eligen mal, fracasan en lo que emprenden, y no solo sufren con ello penas y castigos sino que encima tienen mala fama, son objeto de burla y viven despreciados y sin ninguna consideración. Puedes verlo también en las ciudades: las que desconocen su propia fuerza entran en guerra contra otras más poderosas, y unas son destruidas y otras se convierten en esclavas24.

La segunda respuesta de Creso, en apariencia diferente, no se distingue de su primera interpretación. Como enseña el diálogo entre Sócrates y Eutidemo, cualquier pretensión de rápido aprendizaje debe ser desechada por caracer de sustento fuerte. La falta de una base estable para el supuesto conocimiento de sí mismo que declara el rey lidio es la causa de su conducta: Creso es corrompido y otra vez emprende la lucha contra Ciro, que ahora terminará en la conquista de su reino. La errada autocomplaciencia de Creso, el orgullo que signa su psicología, es la razón por la que es sensible a escuchar los malos consejos que lo llevan a enfrentarse con Ciro. Lisonjas y riquezas alimentan el desproporcionado ego del rey lidio una y otra vez, y lo impulsan a involucrarse en una guerra que en estricto sentido no es la suya: es convencido por el rey Asirio mediante sobornos, regalos y dinero25, seducido por las posiciones de comando26, y corrompido por las adulaciones de su corte27.

Perdido todo su poder y en manos de Ciro, Creso insiste por tercera vez en haber alcanzado la profesía de Delfos: el verse por completo despojado de su poder le permite, ahora sí, conocerse a sí mismo. ¿Es Creso honesto, o solo está intentado halagar a Ciro?28. La psicología de Creso habilita una respuesta en donde conviven de algún modo ambos aspectos, si tenemos en cuenta la particular definición de eudaimonia ahora alcanzada, que esboza utilizando el ejemplo de su esposa:

Mi mujer, Ciro, respondió Creso, pues ella compartía en pie de igualdad conmigo todas las riquezas, lujos y gozos, y, en cambio, no tenía parte en las preocupaciones para procurar estos bienes, ni en las guerras ni en las batallas. De ese modo, me parece que tú también me arreglas la vida como hacía yo a quien amaba más que a nadie en el mundo, de suerte que me parece que debo a Apolo otra acción de gracias29.

El rey lidio presenta una noción de felicidad de neto corte hedonista, determinada por un acceso fácil a placeres y riquezas que no suponga ningún tipo de sacrificio. Esta concepción se condice con la satisfacción encontrada por Creso en las adulaciones y regalos, y también con su rápida huida del campo de batalla frente a los primeros contratiempos30. Como ha indicado Gray, es una concepción de felicidad posible31, aunque evidentemente la estructura psicológica que la soporta no es una base firme para el ejercicio político del monarca. Creso es sincero, pero esta sinceridad acompañada de una extrema y sobreactuada deferencia y gratitud no deja de ser una estrategia para lograr esta felicidad que Ciro otorgará. Advertido de su definitiva derrota, y también observando la intransigencia de Ciro en su breve diálogo, el rey lidio decide abandonar entonces su orgullo e imitar, entonces, la actitud que sus cortesanos solían tener con él mismo: ensalza a Ciro para intentar garantizar su felicidad que ahora, habiendo sido sometido, dependerá del persa.

Ciaxares, el pusilánime

Ciaxares, hijo de Astiages, hermano de Mandane y tío de Ciro, rey de Media, es uno de los personajes centrales de Ciropedia. La primera aparición de Ciaxares se produce en el relato de la primera salida de caza de Ciro32: el entonces príncipe medo acompaña a su sobrino en una expedición autorizada por su padre, Astiages. La salida de monteo está marcada por el arrojo de Ciro, que de forma impulsiva se enfrenta a las fieras que se encuentra. En esta situación Jenofonte presenta el primero de numerosos diálogos entre el persa y Ciaxares:

Entonces ya también su tío le reprendió al ver su temeridad. Pero, a pesar de la regañina, Ciro pidió a su tío que le permitiera llevar a su abuelo cuantas piezas había cobrado para regalárselas, y dicen que su tío le respondió: - Pero, si se entera de que has estado persiguiendo fieras, no te reprenderá solo a ti. sino a mí también por permitírtelo. - Que me azote, si quiere, dijo Ciro, pero después de dárselas; y tú, tío, dame el castigo que quieras, pero hazme ese favor. Y Ciaxares terminó diciendo: - Haz como quieras, ya que ahora mismo pareces nuestro rey33.

El primer elemento que aparece aquí es el rechazo que Ciaxares presenta hacia una actitud temeraria, de extrema audacia. Esta posición, que en principio no parece poco atinada, adquiere un sentido diferente cuando Ciro solicita mostrarle a su abuelo las piezas obtenidas gracias a su desmesurada valentía. La preocupación de Ciaxares no se encuentra en el bienestar de su sobrino, sino en las repercusiones que puede tener su conducta para sí mismo: lo que le preocupa el hededero de Media es ser reprendido por Astiages. Ciro insiste, pero no elude su responsabilidad: no tiene ningún inconveniente en recibir castigo alguno, pero no quiere perder la oportunidad de mostrar el producto de su arrojo. Ciaxares capitula y cede a los deseos de su sobrino con una extraña declaración, comparando al príncipe persa con su padre, el rey. ¿Dónde está el parecido de Ciro con Astiages? ¿En sus ganas de hacer lo que desea? ¿En su ambición? ¿En su arrojo?

La siguiente aparición de Ciaxares ocurre años después, también durante la estadía de Ciro en la corte de Astiages. Los asirios han invadido las fronteras de Media, en el primer contacto bélico entre ambas potencias, y las fuerzas medas se movilizan a defender el país. En esta breve campaña Ciro tiene su primera experiencia militar, y su actitud contrasta con la de su tío, Ciaxares: mientras el joven príncipe persa se arroja de manera impetuosa contra los enemigos, Ciaxares se queda resagado e intenta seguir el paso de su sobrino34. Jenofonte insiste en que Ciaxares secunda a Ciro en esta persecución temerosa (pero con grandes recompenzas) movido por verguenza (aiskhune) a lo que opine su padre. Ciaxares no tiene esta voluntad de suyo, sino que se encuentra prácticamente obligado por sus circunstancias: dada la valentía de su sobrino, su inacción quedaría expuesta como cobardía. Como veremos, esta extrema cautela en momentos que precisan de rápidas definiciones se figura improductiva cuando es contrastada con el seguro y victorioso celo político-militar de Ciro. Sin olvidar que el éxito de la intrepidez de Ciro está posibilitado por su naturaleza extraordinaria, Ciaxares sirve como ejemplo del gobernante pusilánime: no tiene la capacidad para realizar acciones decisivas, ni tampoco la voluntad para emprenderlas.

El carácter de Ciaxares vuelve a manifestarse cuando, tras haber accedido al trono luego de la muerte de su padre, es atacado por el Asirio35 y Ciro responde a su llamado al mando del ejército persa. Entre tío y sobrino se realiza un breve intercambio respecto de las fuerzas de los ejércitos enfrentados. Ciaxares se encuentra muy afectado por la diferencia de magnitudes entre los ejércitos, dado que entiende que la victoria o derrota se juegan en la cantidad de la fuerzas36. El contraste con Ciro aquí vuelve a desvelar la personalidad del ahora rey de Media: frente a la insistencia de Ciaxares por conseguir de algún modo más soldados, Ciro presenta una estrategia que depende no de la cantidad, mas de la calidad de los efectivos y su armamento37. Esta incapacidad estratégica de Ciaxares resalta a la luz de los consejos de Cambises respecto del Gobierno, dados a Ciro antes de partir de Persia: el buen comandante -militar, pero también político-, debe ser capaz no solo de utilizar los conocimientos ya establecidos, sino también de innovar según la situación38. Además de incompetencia, Ciaxares presenta de manera abierta su cobardía: la estrategia de Ciro que lo convence de tener fuerzas suficientes para defenderse del ataque asirio reposa en que los persas, armados gracias al tesoro medo, enfrentarán el grueso de la lucha, mientras los medos se encargarán de abatir a quienes huyan39. La rapidez y vehemencia con que Ciaxares acepta la propuesta de Ciro no muestra ningún tipo de vergüenza o reparo40: ya sin la mirada de su padre, el pusilánime carácter del rey medo se desarrolla sin trabas, abiertamente.

Ciaxares es una figura gris, marcada por su formación meda y una personalidad con cierto recelo. Sus prioridades son determinadas por Ciro en oportunidad de recibir a la embajada india, cuando Ciaxares se ocupa del fasto y la apariencia en vez del trabajo y disciplina41. Pero Ciaxares no es malvado ni estúpido. Es, en todo caso, un gobernante mediocre, eclipsado por el éxito desmedido de su sobrino. El medo, de hecho, tiene la capacidad para aportar elementos valiosos a los planes de Ciro, como muestra la estrategia que diseñan de manera conjunta para volver a someter a Armenia, campaña que sumará soldados y dinero indispensables para la lucha contra Asiria42. No obstante, en la puesta en práctica del plan, aparece otra vez la mezquindad de Ciaxares: cuando Ciro solicita más caballeros, el medo envía solo unos pocos43. No es maldad lo que impulsa a Ciaxares, sino un pensamiento conservador y en exceso cauto.

Conforme avanza la Ciropedia, las diferencias entre Ciaxares y Ciro se profundizan. El comienzo del enfrentamiento con lo asirios manifiesta los desacuerdos: las tácticas del rey medo buscan poca exposición e intentos de pequeñas y rápidas victorias que, como Ciro señala, no llevan a buenos resultados44. El hecho de que la personalidad de Ciaxares se encarne en sus proyectos militares termina de manifestarse hacia el final de la primera gran batalla contra los asirios. Con el ejército enemigo en desbandada Ciro propone una extendida persecución para derrotar por completo a los asirios, que es rechazada por el medo:

Y Ciaxares sintió algo parecido a la envidia, porque aquéllos habían sido quienes iniciaron la discusión; pero al mismo tiempo, quizás, le pareció que era cómodo no volver a correr peligro, pues ocurría que él se preocupaba de su propia tranquilidad y veía que muchos medos hacían lo mismo45.

Ciaxares experimenta dos sensaciones: envidia por no haber tenido el impulso de continuar la batalla, y temor por los riesgos posibles de una persecución. Son sentires complementarios: la modidad y el miedo al peligro explican por qué el rey medo no tienen la ocurrencia de continuar el ataque. Los celos, entonces, parecen estar dirigidos no tanto contra esta idea particular de Ciro, sino contra toda su personalidad. Al enterarse de que, mientras él continuaba en su tienda bebiendo, buena parte de los medos acompañan al príncipe persa en su plan46, la envidia da paso al enojo47. El mismo Ciaxares explica su irritación: contra Ciro, por no tenerlo en cuenta; contra sus fuerzas medas, por haberlo dejado solo48.

La autoridad de Ciaxares ha sido herida, y de ahí su resentimiento. En efecto, ese es el reproche que le hace a Ciro cuando, tras encontrarse y derramar lágrimas, se reunen a parlamentar49. Frente a las excusas y preocupaciones de su sobrino, el rey medo insiste en que el gran éxito que ha tenido Ciro en la continuación de la campaña asiria expone su renuencia a no participar en esa etapa. Los territorios ganados y la seguridad obtenida solo exponen la torpeza del propio Ciaxares frente a los éxitos de su sobrino en manos de las mismas fuerzas persas que, enroladas como voluntarias, decidieron sumarse al esfuerzo bélico enarbolado por Ciro. El enojo de Ciaxares radica en que su sobrino ha minado su poder: los reyes hereditarios no lo son por haber demostrado efectivamente su pericia, sino por una imagen de ella, con lo que cualquier tipo de deshonra o muestra de su torpeza socava su poder50. La escena termina con una reconciliación, pero Jenofonte nos muestra que el diagnóstico de Ciaxares no está errado: las muestras de deferencia y fidelidad de las fuerzas medas a su rey son realizadas bajo las órdenes del propio Ciro, y quizás por ello mismo es que en su última aparición Ciaxares entrega la mano de su hija a su sobrino persa junto con Media como dote51.

Ciaxares es un ejemplo de gobernante mediocre, en el sentido estricto de la palabra: sin ser un mal monarca, no logra destacar en ningún campo. Su personalidad está marcada por el mismo signo: a veces generoso, otras miserable, celoso de su poder y temeroso frente a los riesgos. Ciaxares es el espejo en donde Ciro puede reflejarse: no contrasta por ser una figura antitética que permite poner blanco sobre negro, sino que es el gris a partir del cual Jenofonte puede dibujar el carácter definido y heroico de su protagonista.

El Asirio, enemigo irreconciliable

La Ciropedia nos presenta dos reyes que, en una suerte de sinécdoque jerárquica, son llamados “Asirio”: el primero, del que solo sabemos inicia la guerra contra Media, gobernará hasta su muerte en batalla contra las fuerzas medo-persas52; el segundo, su hijo, será el principal antagonista del libro hasta que Gadatas, Gobrias y otros nobles asirios desertores, lo maten vengando sus atrocidades53.

A diferencia de lo que acontece con su padre, sobre el joven Asirio contamos con una serie de detalles que pintan el retrato de un rey cruel, peligroso y astuto. El Asirio hace su aparición ya en el libro I, en calidad de príncipe, cuando reconvierte una expedición de caza en la frontera medo-asiria en un ataque contra las fortalezas linderas de Media54. Este sagaz primer ataque, frustrado en buena medida por Ciro, será el inicio de la rivalidad entre los príncipes.

Debemos esperar hasta entrado el relato de Ciropedia para saber cómo es el rey de Asiria por la boca de uno que fuera subdito suyo: Gobrias55. Gobrias es un anciano noble asirio, señor de tierras y fortalezas, que deserta al bando de Ciro en venganza por lo que sufrió a manos del rey asirio. El relato de Gobrias muestra su preeminente posición entre la nobleza de Asiria: en tiempos del viejo Asirio, su hija estaba prometida al príncipe, y su hijo a la princesa. No es un señor cualquiera, sino un personaje de plena importancia en el entramado del poder asirio. No obstante esta posición, en plena organización de los casamientos el hijo de Gobrias es asesinado en una partida de caza por el príncipe asirio:

Apareció un león y [sc. el príncipe asirio] volvió a errar el tiro, suceso que, creo, no tiene nada de extraño; en cambio, mi hijo alcanzó al león, lo mató y exclamó 'Vaya, dos veces he disparado y cada una de ellas he derribado una fiera.' En este momento, el muy impío ya no contuvo más su envidia, sino que arrebató la lanza a un miembro de la escolta, se la clavó en el pecho y arrancó la vida de mi querido hijo56.

La anécdota esboza algunos rasgos elementales de la personalidad del Asirio: su envidia frente a quienes son mejores, y la incapacidad para refrenar esta sensación que motoriza las acciones más extremas. Para Gobrias el signo del Asirio es su huperephania, una insolencia que supone constante y arrogante maltrato a subordinados57. Esta noción psicológica se construye a partir de un tipo de orgullo y autosuficiencia que no hace sino ocultar una profunda inseguridad; el hijo de Gadatas no es el único a asesinado por sobrepasar al Asirio: Gobrias cuenta cómo el hijo de un alto noble, llamado Gadatas, fue castrado por su belleza y atractivo58. El insultante mensaje enviado a Gobrias59 y la alianza de Gadatas con Ciro60 refuerzan lo ya dicho sobre el Asirio.

Si bien el Asirio es el principal antagonista de la Ciropedia, poco es dicho sobre él. Representa un modelo de monarca absoluto, despótico, cuyo principal medio de coerción es una violencia impulsiva, sin ninguna intención estratégica, que se derrama sobre sus dominados desde su ámbito más inmediato. No obstante, como lectores, tenemos más información sobre personajes y enemigos mucho menores. En contraste, el Asirio es una suerte de figura fantasmática, terrible y lejana pero siempre presente como origen de peligro. En ese sentido, el Asirio permite a Jenofonte construir literariamente un adversario útil para realzar la virtud y efectividad de Ciro: poderoso, malvado, inestable, con cantidad ingente de recursos, y aún así, derrotado en breve por el príncipe persa.

Conclusión

A diferencia de la compleja psicología de Ciro, la traza que construye Jenofonte en torno a Astiages, Cambises, Creso, Ciaxares y el Asirio es simple y monocorde. Como hemos visto, los “otros” monarcas de Ciropedia pueden sintetizarse en características definitorias que los signan y reducen a personalidades simples o, al menos, relativamente uniformes. Este desequilibrio puede ser vista como una declaración en sí misma respecto de cómo entender la estructura anímica de los gobernantes: mientras que un buen gobernante posee un complejo entramado anímico operando en su tarea que puede ser analizado con detalle, los gobernantes de poca monta están tomados por características o instintos más básicos y simples. Por ello, sin olvidar que la estereotipación de estos personajes cumple un rol literario, debemos entender sus precarias psicologías como una denuncia para el actuar hegemonizado por emociones o aspiraciones violentas o, en todo caso, poco flexibles de cara a la tarea político-gubernamental.

Agradecimientos

La realización de este paper fue posible gracias al apoyo de la Israel Science Foundation.

Obras citadas

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1Las principales miradas negativas pertenecen a la tradición straussiana: Newell (1983, 2013), Rubin (1989), Nadon (1996), Reisert (2009), Whidden (2007) y Field (2012). También negativas pero alejadas de esa corriente se encuentran las interpretaciones de Carlier (2010) = Carlier (1978) y Johnson (2005). El espectro positivo tiene más variaciones: Tatum (1989), Due (1989), Gera (1993), Mueller-Goldingen (1995), Gray (2011), Danzig (2012), y Sandridge (2012). Tamiolaki (2016, p. 190) ha dividido los estudios sobre Ciropedia en tres tipos de aproximación: interpretaciones críticas sobre Ciro y sobre la vida política en general, interpretaciones positivas, y interpretaciones ambivalentes o pragmáticas.

2Faulkner (2012).

3Danzig (2012).

4Barlett (2015, p. 43-54)

5Smith Pangle (2017, p. 308-21)

6Cyr., I.1.1.

7Cyr., I.3.1- 4.27.

8Cyr., I.3.18.

9Cyr., I.3.4 -13.

10Cyr., I.3.10.

11La ausencia de refreno por razones políticas parece, no obstante, transmitirse a su vida personal. Astiages es incapaz de negarse a complacer a Ciro (Cyr., I.4.2).

12Cyr. I.6.2 - 46.

13Cyr., I.6.27-29.

14Cyr., VIII.5.22-27.

15Cyr., VIII.5.27.

16Cyr, I.5.3, II.1.5, III.3.29, IV.1.8, IV.2.29, VI.2.9-10, VI.2.19-20, VI.3.11, VI.3.20, VII.1.44.

17Cyr. VII.2.9-29.

18Tatum (1989, p. 146-59)

19Cyr., VII.2.9.

20Cyr., I.1.1.7 La cuestión de la suerte como variable de las cuestiones políticas se encuentra también presente en el fragmento sobre Temístocles que conservamos del perdido Alcibíades de Esquines.

21Cyr., VII.2.20.3-22.1.

22Cyr., VII.2.22.

23Mem., IV.2.24.

24Mem., IV.2.29.

25Cyr., I.5.3.

26Cyr., I.2.9.

27Cyr., VII.2.23.

28Véase Tatum (1989, 158), Gray (2013, p. 61).

29Cyr., VII.2.28.2-7.

30Cyr., VI.2.19.

31Gray (2014, p. 61).

32Cyr., I.4.7.

33Cyr., I.4.9.

34Cyr., I.4.20-22.

35Cyr., I.5.2-4.

36Cyr., II.1.2-7.

37Cyr., II.1.8.

38Cyr., I.6.37.

39Cyr., II.1.9.

40Cyr., II.1.10.

41Cyr., II.4.1-6.

42Cyr., II.4.12-17. Otro ejemplo de plan acordado entre Ciro y Ciaxares en III.3.14-20, III.3.33.

43Cyr., II.4.18.

44Cyr., III.3.30-1, III.3.46-7, III.3.56.

45Cyr. IV.1.13.

46Cyr., IV.2.11.

47Cyr., IV.5.8-12.

48Cyr., VI.5.10.

49Cyr., V.5.5-43.

50Cyr., V.5.34.

51Cyr.,VIII.5.17-20,

52Inmediatamente después de Cyr., III.3.68.

53Cyr., VII.5.29-32.

54Cyr., I.4.16-24.

55Cyr., VI.6.3-7.

56Cyr. VI.6.3.

57Cyr., V.2.27. Véase Sturz (1804), sv. ὑπερηφανία. Es sugerente que este mismo término es utilizado por Antístenes en análisis de la sociedad ciclópea, del que se puede extraer un posicionamiento político hacia una suerte de utopismo naturalista encargado, precisamente, en los cíclopes. Allí, Antístenes se encarga de analizar el uso, respecto de los cíclopes, que hace Homero en la Odisea de este concepto, buscando darle un tinte positivo a la luz de las virtudes que tendrían como sociedad.

58Cyr., V.2.28.

59Cyr., V.3.5.

60Cyr., V.3.15 y ss.

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