SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número51METODOLOGÍA DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA: LA REVISTA MOVIE Y LA GRAN TRADICIÓNINSUBORDINACIÓN INFRAPOLÍTICA EN LA ESCRITURA DE CARTAS DE MUJERES EN CHILE índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.51 Osorno dic. 2020

http://dx.doi.org/10.32735/s0718-2201202000051854 

NOTA

LEER PARA UN FUTURO MEJOR: DISTOPÍAS ECOLÓGICAS Y ECOFEMINISTAS

Reading for a better future: ecological and ecofeminist dystopias

Mita Valvassori* 

*Universidad de Los Lagos (Chile). mita.valvassori@ulagos.cl

En la cultura occidental la discusión sobre la relación del ser humano con el entorno se remonta a sus albores; sin embargo, se encuentra hoy en uno de sus momentos más álgidos, debido a la problemática medioambiental contemporánea. Cada vez son más frecuentes la noticias que se hacen eco de los estudios que provienen de las ciencias naturales, cuyos resultados sugieren crudas radiografías del estado de (frágil( salud del planeta, y algunas aventuran lapidarias sentencias para un futuro no muy lejano. La verdad es que, aunque sepamos que muchas de esas noticias están teñidas de cierto sensacionalismo y tratemos de mantener una mirada fría y objetiva hacia la crisis ecológica actual, acabamos inevitablemente preguntándonos hasta qué punto llegarán las consecuencias de la brutal explotación que se está haciendo de los recursos naturales, hasta cuándo nuestra terra mater soportará las constantes vejaciones a las cuales la sometemos y cuál será el precio que tendremos que pagar por ello como especie.

La cuestión ambiental, como es sabido, sobrepasa los ámbitos de las ciencias naturales e interpela también a filósofos, artistas y educadores, quienes aportan su mirada para reflexionar sobre las causas que han llevado a la crisis desde las disciplinas humanísticas, interpretan en diversos lenguajes o expresiones los efectos de esta, denuncian la responsabilidad del capitalismo y de la sociedad de consumo, especulan sobre los futuros posibles de la humanidad y su capacidad de adaptación. En el complejo panorama del debate ecológico antes esbozado, hay que destacar la importancia de las manifestaciones artísticas que reflejan la problemática medioambiental, puesto que influyen y caracterizan el imaginario colectivo, en especial el caso de las nuevas generaciones y, por lo tanto, intervienen en la construcción de la sociedad del mañana.

Al enseñar literatura en las aulas universitarias, se puede fácilmente comprobar el rol de la literatura distópica, tanto en pregrado como en posgrado, para instaurar una discusión medioambiental más profunda, que implique a los estudiantes en lo personal, en su relación con el entorno, y que cuestionen cómo se sienten parte del mismo1. Si nos situamos en el contexto educativo de la formación de futuros profesores, hay que añadir cierta preocupación por la responsabilidad que todos tenemos en la transmisión de valores ecológicos a las futuras generaciones. Al respecto quiero señalar dos ideas que, si bien pueden parecer obvias en términos teóricos, a menudo plantean un desafío al momento de llevar a la realidad el desafío que plantea la ecopedagogía: en primer lugar, para formar personas conscientes y respetuosas del medioambiente, necesitamos educadores que también lo sean; en segundo lugar, ya que el arte es también una poderosa forma de despertar la consciencia ecológica de los estudiantes, necesitamos educadores que sean capaces y estén dispuestos a vivir la experiencia estética en primera persona para poder transmitirla en el aula.

En este sentido, creo firmemente que la clave es la experiencia lectora de cada uno de los eslabones de esa “cadena” de educadores: la literatura (el arte, en todos sus lenguajes( contribuye a la formación, construcción y deconstrucción del individuo, como lector y como persona. Por ello, para lograr aquello que Platón entendía por educación, o sea «enseñar a desear lo deseable», la experiencia estética propuesta a los estudiantes debe ser significativa, debe “conmover”, también al profesor (con-mover) para que resulte eficaz desde el punto de vista formativo. En esas instancias de aprendizaje es cuando se superan en verdad las distancias educador-educando y se produce el intercambio de saberes pedagógicos y disciplinares; es más, no es raro que se intercambien también los roles y que el aprendizaje sea mutuo.

Es ahí donde aparece, en el contexto de la didáctica de la literatura, la clara importancia de la literatura juvenil; es mucho más frecuente hoy en día que un estudiante resuene con Los juegos del hambre que con el Decamerón, aunque ambas cuenten la historia de un grupo de jóvenes que busca la salvación en un mundo devastado en el que la moral se está haciendo añicos… y es que la peste negra de la Europa del siglo XIV es más lejana para los jóvenes que los doce distritos de Panem. La saga de Suzanne Collins sirve de mediadora para conectar con la obra capital de Boccaccio, por lo que la capacidad de trazar ese paralelismo se convierte en una gran aliada para el docente. Sin embargo, hay que señalar que a menudo son los mismos estudiantes quienes, de forma espontánea, para entender mejor los clásicos de la literatura acuden a otras novelas categorizadas como “juveniles”, pero también a películas y series de televisión populares entre sus coetáneos.

En ese amplio abanico de referentes contemporáneos, destacan sin lugar a duda las ecotopías o distopías ecológicas, pues las ecoutopías o utopías ecológicas son mucho menos frecuentes; estas son el vivo reflejo de la percepción de la urgente necesidad de un cambio social para la salvación del entorno natural que, como una proyección colectiva, se concreta en un mundo de ficción en el cual se llevan a cabo acciones específicas que permitan (o pongan en duda( la sustentabilidad de la especie humana a largo plazo. De esta forma, desde la toma de consciencia de los maltratos infligidos hasta ahora a la fauna y la flora terrestre, vislumbramos el futuro del planeta a través de las más diversas propuestas artísticas que son a la vez expresiones sociales e ideológicas. Lejos de querer enajenar al (joven) lector, está claro que las eco(u)topías lo incitan, a través del viaje a un futuro posible, a reconocer en sí mismo ese anhelo de armonización con la naturaleza que parece innato en el ser humano, incluso cuando ese futuro implique una vuelta a una condición primitiva2.

La ficción distópica se convierte así en un elemento metafórico de reivindicación, al exteriorizar nuestros temores y cristalizarlos en una realidad-otra que nos enfrentan hipotéticamente a las más extremas consecuencias que tendrían las injusticias de la sociedad contemporánea si siguieran impunes y si no se produjera un cambio de rumbo en el futuro más próximo. Un claro ejemplo son algunas de las obras de Margaret Atwood, prolífica escritora de diferentes géneros literarios y activista política canadiense que, desde los años 60 hasta hoy, se ha servido de su pluma para abrazar diversas causas, entre las cuales predominan la equidad de género y la justicia medioambiental. Sobre este último tema destaca la trilogía Maddadam3, una ficción postapocalíptica y distópica que alerta sobre los peligros del abuso de la manipulación genética en una sociedad dominada por empresas multinacionales, en la que se violan de manera sistemática los derechos humanos de los más débiles. Es de esperar que la adaptación televisiva, desde 2018 a cargo de Paramount Television y Anonymous Content, tenga tan buena acogida como la galardonada serie producida por Hulu y basada en otra novela de la autora, El cuento de la criada. El universo diegético de El cuento de la criada de la novela de Atwood, se construye esencialmente en torno a la misma idea que constituye el punto de partida del ecofeminismo, o sea la analogía entre mujer y naturaleza4, ambas víctimas de la lógica de dominación del hombre5. Muestra de ello es que se presenta un futuro en el que el planeta Tierra está devastado por la contaminación química y radioactiva, lo que ha llevado al crecimiento cero de la población en Estados Unidos; tras un golpe de estado se instaura Gilead, una teocracia totalitaria cuyos fundamentos se asientan en la sumisión de la mujer, cuyo único valor reside en su capacidad reproductiva, y en la institucionalización de la violación de aquellas mujeres aún fértiles, que son despojadas de su libertad, identidad e historia para convertirse en esclavas de las familias al poder.

Publicada en 1985, El cuento de la criada sugiere un catastrófico giro en la historia de la sociedad estadunidense que se produciría a finales del siglo XX; o sea en un futuro próximo que, irónicamente, cuando se estrenó su última y más popular adaptación en 2017 (la citada serie de Hulu), ya se habría convertido en pasado. El éxito de la serie desencadenó el interés de muchos espectadores por esta y otras novelas de Atwood, quien se decidió a escribir una secuela de El cuento de la criada, titulada Los testamentos, recientemente publicada (septiembre de 2019). Detrás de este fenómeno editorial y televisivo, podemos percibir de manera clara una demanda que concierne a la justicia social/medioambiental que continúa invariada después de casi cuarenta años: la distopía ecofeminista creada por la autora canadiense en los años 80 denuncia una discriminación de especie y de género, causada por la dominación del hombre, que desafortunadamente sigue vigente a finales de 2019. Prueba de ello es el considerable éxito que ha tenido en los últimos años una serie de novelas juveniles ecotópicas que abrazan la causa feminista, entre las cuales destacan Bumped (2011) y Thumbed (2012) de Megan McCafferty6, la Trilogía del Jardín Químico (2011-2013) de Lauren Destefano, la saga de Las tejedoras de destinos (2012) de Gennifer Albin y, de algún modo, la trilogía La quinta ola (2013-2015) de Rick Yancey.

No ha de extrañarnos la demanda de distopías ecológicas y ecofeministas si revisamos quiénes son las personas que hoy en día están protagonizando las acciones de protesta en el escenario nacional e internacional: jóvenes, y sobretodo mujeres jóvenes. En las noticias las movilizaciones para la reivindicación de la equidad de género se solapan y entrelazan con otras demandas y otros temas candentes de actualidad, desde el “#MeToo” a la “revolución de los pingüinos” (la de 2006 y la actual), pasando por “Ni una menos” y los “Viernes para el Futuro” (Fridays for Future). Este último es un movimiento principalmente estudiantil de huelga climática que fue iniciado en 2018 por Greta Thunberg en una escuela secundaria de Suecia, y que pronto adquirió un alcance internacional; para dimensionar su magnitud, tengamos en cuenta que el 20 de septiembre 2019 logró movilizar alrededor de 4 millones de personas de 185 países en unas 3000 localidades7.

El caso de Greta Thunberg es emblemático en relación con todo lo expuesto antes, pues se trata de una estudiante de secundaria que está logrando en muy poco tiempo una protesta ecologista sin precedentes, protagonizada por los más jóvenes y con repercusiones políticas importantes. Pero hay que destacar que su historia no se entendería sin conocer la historia de su madre y de otras mujeres que la apoyaron y alentaron en esta lucha, logrando que no quedara silenciada y atrapada por el rótulo discriminatorio del síndrome de Asperger que le diagnosticaron a sus 13 años. Y tampoco se entendería sin conocer su vinculación con el arte, pues la madre es cantante de ópera y el padre actor, por lo que se trata de una joven educada en un entorno con una especial sensibilidad estética; o sin conocer su relación con la palabra, conocida por ser su más valiosa arma, puesto que la emplea de forma insólitamente rotunda en discursos e intervenciones públicas. Las palabras de Thunberg no solo han dado vida ya a dos libros de su autoría8, sino que han desencadenado el fenómeno editorial denominado “efecto Greta Thunberg”9 y que alude al aumento exponencial (o la duplicación, según algunas fuentes( del número de libros para niños y jóvenes, publicados y vendidos, que abordan la crisis climática. Dicho fenómeno hace referencia sobre todo a libros de ensayo, lo cual es aún más sorprendente en el ámbito de la literatura juvenil, como es el caso de El clima somos nosotras (2001), escrito por las jóvenes activistas belgas Anuna De Wever y Kyra Gantis, quienes denuncian que han sido educadas toda su vida en el civismo, la democracia, la tolerancia y el respeto por el medioambiente, pero que cuando les ha llegado la hora de protestar por lo que consideran “una catástrofe inminente” se las envía a casa pidiéndoles que “sean buenas chicas”.

La crisis medioambiental está sin duda entre las preocupaciones de las nuevas generaciones y se refleja en sus lecturas, así como en otras expresiones artísticas, sociales y culturales de las que son promotores y receptores. En términos literarios, la realidad extratextual incide claramente en la creación de un conjunto de ficciones que responden a la problemática del contexto social, poniendo así en marcha un proceso de concientización general que alcanza un mayor número de receptores. De este proceso bidireccional también surge la necesidad de una resignificación de obras que no son contemporáneas a la luz de las inquietudes y conflictos de la actualidad, como es el caso ya citado de El cuento de la criada, pero también La última niebla, Canto General, El viejo y el mar y muchos otros textos canónicos de la literatura.

El presente nos ayuda a comprender el pasado, así como el pasado revela las causas que nos han conducido hasta la crisis del presente. En este sentido es sintomático el éxito inaudito que ha tenido entre los jóvenes la miniserie Chernobyl (2019, producida por HBO y Sky), que incluso tuvo un papel clave para expresar las vivencias de la población durante el prolongado corte del agua potable ocurrido el pasado mes de julio en la ciudad de Osorno. En esos días el hashtag #Osornobyl fue trending topic en casi todas las redes sociales locales, proliferaron los chistes, los memes y las alusiones a la serie10, puesto que la ficción se convirtió en la forma más eficaz de expresar la incertidumbre, el enredo burocrático, la desinformación, la mala gestión y los daños provocados por un desastre ecológico que al parecer, de nuevo, podía haberse evitado.

Durante el Gran Confinamiento provocado por la pandemia de COVID-19, una vez más, sobresale la preocupación por la crisis medioambiental11 así como por la problemática de género, encrudecida por el incremento de la violencia doméstica12. Al margen de los datos oficiales, hoy proliferan en las redes sociales los videos que retratan una suerte de regeneración de la naturaleza, con aguas cristalinas en los canales de las ciudades, venados jugueteando en el rompeolas de playas turísticas o jabalíes corriendo por las calles; flora y fauna recuperan su espacio y su vigor ante la retirada de la más invasiva y avasalladora de las especies, la nuestra. Sean o no reales, esos videos narran una historia que, en pleno antropoceno, nos obliga a cambiar la perspectiva de las cosas y nos insta incluso a cuestionarnos si el ser humano actúa de forma similar a un parásito o a un virus para la Tierra, en un momento en el cual la mera palabra “virus” evoca nuestros mayores miedos. En el fervor de la discusión, vuelven a ser actuales las palabras de un grupo de científicos que hace años se pronunciaron al respecto:

Si consideramos la Tierra como un organismo vivo llamado Gaia podemos realizar una serie de analogías con organismos más sencillos como nosotros. Así, cada ser vivo que la forma puede ser considerado como una célula. Cada especie como un tipo de células. Las poblaciones serían tejidos, y los ecosistemas serían los órganos de Gaia. Desde este punto de vista, si examinamos el comportamiento de la población humana, podemos encontrar cierto paralelismo con el comportamiento de las células cancerígenas. Al igual que en un cáncer, crecemos de forma exponencial. Y, al igual que en un cáncer, al crecer estamos destruyendo otros tejidos, e incluso órganos, que constituyen el cuerpo que nos alberga. Estamos extinguiendo especies y ecosistemas. Y todos sabemos hacia donde conduce un cáncer si no es tratado a tiempo: la muerte del organismo afectado y, con ella, el fin del crecimiento excesivamente ambicioso de las células cancerígenas (Moreno-Rueda et al., 2004, p. 66)

Las peculiares circunstancias causadas por la pandemia de COVID-19 se han traducido también en un intenso diálogo con la ficción; la prensa de todos los países y, por supuesto, las redes sociales han difundido una gran variedad de recomendaciones de “lecturas para la cuarentena”, que se han traducido en una masiva alza en la descarga y compra de libros, principalmente de libros digitales. En una revisión panorámica de los éxitos editoriales internacionales de este periodo, además de los textos de divulgación científica que abordan temáticas relativas a la pandemia, llama la atención el repentino incremento de venta de algunos clásicos de la literatura como La peste de Camus13o el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, cuyas palabras parecen resonar en particular en estos días. Si revisamos las ficciones cinematográficas, las listas de las más vistas son encabezan por dos películas apocalípticas que plasman situaciones muy similares a las hodiernas y que por ello el público ha tildado de visionarias. La primera de ellas es Contagio (2011), dirigida por Steven Soderbergh y basada en la pandemia de gripe (H1N1) que se vivió a escala mundial, en 2009-2010; y la segunda es Virus (2013), dirigida por Kim Sung-su, que retrata lo que ocurre en un distrito surcoreano tras un repentino contagio de una cepa mutada del virus de la gripe A, trasmitido por vía respiratoria, que obliga la ciudad a la cuarentena y a una serie de situaciones muy similares que hoy forman parte de la realidad de muchos países. Con estos pocos ejemplos vemos nuevamente la necesidad de buscar una forma de entender la realidad en la ficción, bien sea en una relectura de nuestro pasado cultural o una representación imaginativa de una sociedad futura.

La pandemia de coronavirus ha motivado una serie de investigaciones sobre las zoonosis que están poniendo de manifiesto algo que no se puede obviar: la relación que estas tienen con la interacción de los seres humanos (o del ganado) con la vida silvestre y con las alteraciones en el medioambiente causadas es particular por la actividad humana14. Más allá de los datos de los que disponemos hasta el momento con respecto a los éxitos editoriales y cinematográficos, no es difícil suponer que en los próximos años asistiremos a una abundante producción de obras artísticas que tratarán desde diferentes perspectivas la crisis sanitaria causada por la COVID-19, muchas de ellas posiblemente en clave distópica y con una fuerte impronta ecologista. Y puesto que son las personas que se encuentran en situación vulnerable (especialmente las mujeres y las niñas( quienes soportan las peores consecuencias de las tensiones ambientales, económicas y sociales, es lógico pensar que en las próximas distopías la reflexión ecologista y la concientización sobre la equidad de género seguirán a menudo entrelazadas. Desde un enfoque ecopedagógico, es cada día más urgente sensibilizar a los jóvenes sobre la crisis medioambiental del presente y la responsabilidad que todos tenemos si deseamos cambiar el rumbo y construir un futuro más verde. Para ello, lejos de ser un motivo de enajenación, acudir a las perturbadoras hipótesis sobre el devenir del planeta sugeridas por las ecotopías o releer el pasado para resignificarlo e integrarlo, incluso a través de su ficcionalización, son estrategias didácticas muy valiosas.

Obras citadas

Flys Junquera, Carmen (2015). Ecocrítica y ecofeminismo: dialogo entre la filosofía y la critica literaria. Ecología y género en diálogo interdisciplinar, ed. A. Puleo, Madrid: Plaza y Valdés, 307-320. [ Links ]

Heffes, Gisela (2013). Políticas de la destrucción / Poéticas de la preservación: Apuntes para una lectura (eco)crítica del medio ambiente en América Latina. Rosario: Beatriz Viterbo Editora. [ Links ]

Menéndez Menéndez, María Isabel y Marta Fernández Morales (2015). Una lectura feminista de los juegos del hambre. Dossiers Feministes, 20, 173-188. [ Links ]

Mercier, Claire (2018). Distopías latinoamericanas de la evolución: hacia una ecotopía. Logos (La Serena), 28(2), 233-247. [ Links ]

Moreno-Rueda, Gregorio, Rabaneda Bueno, Rubén y Francisco Avilés (2004). La acción de la humanidad en la naturaleza: ¿actuamos como un parásito?. Ecosistemas: Revista científica y técnica de ecología y medio ambiente, 1, 13. [ Links ]

Munita, Felipe (2017). La didáctica de la literatura: hacia la consolidación del campo. Educação e Pesquisa 43(2), 379-392. [ Links ]

1Esta reflexión, desde el punto de vista didáctico, surge desde una postura acorde a lo señalado por F. Munita, quien señala la necesidad de atender a la información proveniente de las prácticas reales de educación literaria en las aulas como factor central en la consolidación disciplinar de la didáctica de la literatura: “el camino más atractivo para transitar en los próximos años, lejos de alimentar el extendido discurso alarmista sobre los escasos hábitos lectores de la población escolar, es el de generar estudios tendientes a observar y analizar lo que está en juego en las practicas reales de enseñanza de la literatura en las aulas. Es decir, indagar en las múltiples formas de concreción que la educación literaria adopta cuando se la observa en situación” (2017, p. 390).

2La llamada “distopía de la evolución” es precisamente una de las vertientes que parece haber tomado la narrativa distópica de la literatura hispanoamericana contemporánea, tal y como señala Claire Mercier (2018), quien propone esa nueva categorización.

3La trilogía está constituida por Oryx y Crake (2003), El año del diluvio (2009) y Maddadam (2013).

4Tradicionalmente, como podemos comprobar en un sinfín de expresiones artísticas y culturales, la mujer es asimilada a la naturaleza y la naturaleza ha sido feminizada (la “madre naturaleza”). Un buen compendio sobre los principios ideológicos y las principales vertientes del ecofeminismo lo encontramos en el capítulo que Flys Junquera (2015) dedica al diálogo entre filosofía y ecocrítica.

5Al respecto, cabe destacar el libro de Gisela Heffes (2013), quien trata con una visión amplia el problema ambiental urbano y entrega propuestas teóricas iluminadoras para abordarlo desde la producción literaria y cultural latinoamericana.

6Ninguna de las dos novelas ha sido traducida al español hasta el momento.

7El siguiente viernes, día 27 de septiembre de 2019, se contaron alrededor de 2 millones de personas en unas 2400 localizaciones. Según algunas fuentes, combinando ambas fechas (días 20 y 27) se trataría de una de las mayores manifestaciones de la historia. Ver Climate crisis (27/09/2019), The Guardian [Consultado el 18/10/2019].

8Nuestra casa está ardiendo (2018) y Cambiemos el mundo (2019), ambos publicados en español por la editorial Lumen.

9Sobre este fenómeno véase, por ejemplo, el artículo de Donna Ferguson (11/08/2019). “Greta effect leads to boom in children’s environmental books”, The Guardian [Consultado el 18/10/2019]

10Véase la columna de opinión del antropólogo P. Ortúzar titulada Osornobyl (20/07/2019) o la muestra de alusiones a la serie en redes sociales, recogida por Red Los Lagos (14/07/2019).

11La Organización Meteorológica Mundial avisó en un comunicado de prensa del 24/05/20 que, aunque la cuarentena por el coronavirus haya mejorado la calidad del aire en muchas ciudades por la reducción de la actividad económica, esto no puede sustituir la acción climática (https://public.wmo.int/es/media/noticias/la-desaceleraci%C3%B3n-econ%C3%B3mica-fruto-del-covid-19-no-exime-de-la-adopci%C3%B3n-de-medidas-de). Asimismo, la responsable del agencia de la ONU encargada de velar por el medio ambiente, Inger Andersen, también coincide por su parte que esa bajada de las emisiones y esa mejora de la calidad del aire es solo temporal, por lo que la pandemia ha de verse como la necesidad de construir una economía más sostenible que funcione tanto para las personas como para el planeta (https://www.unenvironment.org/es/noticias-y-reportajes/declaraciones/declaracion-del-programa-de-la-onu-para-el-medio-ambiente-sobre).

12Al respecto, véanse los datos informados por Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, el 6 de abril de 2020: https://www.unwomen.org/es/news/stories/2020/4/statement-ed-phumzile-violence-against-women-during-pandemic

13Cabe destacar que, ante la demanda del mercado, en abril 2020, Penguin Random House lanzó por primera vez la obra en castellano en formato e-book y como audiolibro.

14Véanse los datos publicados por los científicos y especialistas del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): https://www.unenvironment.org/es/noticias-y-reportajes/reportajes/seis-datos-sobre-la-conexion-entre-la-naturaleza-y-el-coronavirus

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons