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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.51 Osorno dic. 2020

 

EDITORIAL

PRESENTACIÓN

Se dice que, en una ocasión y frente a la pregunta de uno de sus pequeños sobrinos acerca de qué era la fenomenología, Edith Stein se sentó frente al piano y le pidió a su sobrino que enumerara lo que veía, el niño mencionó el piano, a ella y al banco en el que estaba sentada “pues bien, exclamó la filósofa, la fenomenología consiste en ver cómo todas estas cosas se relacionan y producen otra: la música”. Sirva esta pequeña anécdota como adecuada introducción al mosaico-significativo-vinculado que constituye este quincuagésimo primer número de Revista Alpha, en el que toma forma (escénica) la nostálgica evocación de la unicidad de lo real a la que conduce el análisis especializado y que, practicado solo con fines metodológicos, tiende siempre a la consideración de los lazos -evidentes o sugeridos- del todo de la significación, un todo que la aproximación fenomenológica vincula y hace ostensible.

Miriam Díaz Erbetta abre esta colección de trabajos con un artículo en el que examina la fenomenología de la afectividad de Michel Henry, centrando particularmente su atención en el análisis que el filósofo hace de la obra de Vasily Kandinsky y que lo lleva a concluir que el arte es el único lenguaje para expresar la radicalidad de la vida afectiva porque su contenido es la vida misma. Jaime Llorente, por su parte, desarrolla una indagación semejante en la que busca las trazas de una fenomenología del arte en la obra de Jan Patočka enfocándose en el modo en que concibe el arte como el acto de revelar la cara oculta de lo real. Noemí Cinelli, a su vez, presenta un excelente trabajo en el que es posible observar cómo de la relación entre lo representado y la representación emerge una fenomenología de la percepción. En el ámbito de los estudios literarios, ahora, Adrián Bertorello nos ofrece una perspectiva del envés del vínculo fenomenológico al analizar la novela Nadie nada nunca de José Saer, una obra en la que él ve, precisamente, un modelo narrativo antifenomenológico. En la misma perspectiva de la ruptura del lazo fenomenológico, Malva Marina Vásquez explora certeramente la desacralización de lo divino-sublime en la obra poética de Juan Emar y la antipoesía parriana, visualizando la inscripción de una en la vanguardia dialógica y de la otra en la vanguardia de la ruptura. Asumiendo un novedoso enfoque que reinstala y reconstruye el lazo fenomenológico en el metaespacio significativo de la obra teatral, Carolina Hernández Parraguéz examina las estrategias estéticas que pone en funcionamiento Lola Arias para problematizar el lugar del cuerpo en sus obras Campo Minado y Teatro de Guerra. Gonzalo Rojas Canouet, a su vez, aplica un análisis de la alegoría, la heteroglosia y el giro subjetivo a la obra Rompan Filas de Bruno Vidal para definir el vaivén entre lo testimonial y lo poético, instalando la escena como espacio que hace ostensible el lazo fenomenológico de lo real.

Mónica Tapia Ladino, María Soledad de La Ho y Katia Sáez-Carrillo, desvelan interesantes aspectos de la fenomenología del lenguaje en su estudio sobre el modo en que los estudiantes tesistas gestionan los insumos discursivos ofrecidos por sus profesores guías -bajo la forma de comentarios escritos- en la corrección de informes preliminares, subrayando la relación que existe entre la “forma” en la que son ofrecidos esos comentarios y la gestión de los textos que implementan los escritores. Gabriel Valdés León y Gabriel Cerro Rojas, exploran la relación entre el “decir” de la lengua cotidiana y la cultura en un interesante trabajo sobre el Diccionario de Nuevos Chilenismos, para concluir la relevancia de esta obra en la forja de la identidad lingüística chilena de principios del siglo XX. En un ámbito disciplinariamente distinto, pero no por ello incompatible, Claudia Rosas, Jorge Sommerhoff, Jaime Pacheco y César Sáez analizan la “escena acústica” como un todo complejo que hace ostensible relaciones diversas a propósito de la capacidad de los procedimientos e instrumentos disponibles para el reconocimiento (y atribución de agencia) de presuntos culpables de un delito a partir de registros de voz, lo que abre en Chile un interesante capítulo de desarrollo de la lingüística forense. Cierra esta aproximación fenomenológica al lenguaje el trabajo de Erika Díaz Castro, Jaime Soto-Barba y Daniel Pereira, quienes dan cuenta de un proceso homogéneo de cambio en la pronunciación chilena no estándar del fonema /b/, un estudio respaldado por una importante muestra que cubre los principales centros urbanos de un país longitudinalmente muy extenso.

David Oubiña, finalmente, concluye nuestra collectanea de trabajos de este número con un interesante trabajo acerca de metodología de la crítica cinematográfica, en el que, centrando su atención en los “close readings” de los films de la revista Movie, reconoce el despliegue de unos procedimientos analíticos amparados en el análisis del discurso literario que terminarán puestos en cuestión con el auge del estructuralismo y postestructuralismo.

Cierran este número quincuagésimo primero de Revista Alpha un diverso repertorio de Notas: Carolina Navarrete analiza la escritura de cartas de mujeres como un mecanismo de “insubordinación”; Julio Illárraga se aventura en el análisis de la Ciropedia, los tipos y los modelos de monarca. Marco Maureira ofrece una nueva y provocadora lectura del relato de Mary Shelley sobre Frankenstein y lo enlaza a los actuales dilemas sobre los cyborgs, el súperhombre y el posthumanismo. La Nota de Alex Cárdenas Guenel reflexiona sobre la hermenéutica de Hans-Georg Gadamer y el penetrante ensayo de Mita Valvassori, que viene bien para una necesaria reflexión en medio de esta pandemia, respecto del escenario distópico que vivimos en la emergencia sanitaria, pero también los debates ecológicos y ecofeministas que han estado tan presentes en estas dos décadas del siglo XXI.

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