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Alpha (Osorno)

On-line version ISSN 0718-2201

Alpha  no.38 Osorno July 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012014000100020 

 

RESEÑA

 

Teun A. VAN DIJK. Discurso y contexto. Un enfoque sociocognitivo. Barcelona: Editorial Gedisa. 2012, 350 pp.


Discurso y contexto es una obra fundamental para los estudiosos del discurso en uso. Teun van Dijk profundiza en este libro, en conjunto con Sociedad y discurso (2011), una de sus propuestas teóricas más trabajadas desde sus primeras publicaciones sobre modelos mentales a inicios de los 80: la teoría del contexto. Este autor propone una comprensión interdisciplinaria sobre un aspecto medular del vínculo entre lenguaje y sociedad, a saber, la forma en que productores y destinatarios interpretan textos mediante la construcción de modelos subjetivos que median entre la realidad y su expresión lingüística. Esto implica que el análisis de los discursos que conectan la experiencia individual y social no está completo sin un planteamiento teórico que enlace ambas actuaciones mediante una interfaz que sirva de puente representacional.

De acuerdo con Van Dijk, “no es la situación social ‘objetiva’ la que influye en el discurso, no es que el discurso influya directamente en la situación social: es la definición subjetiva realizada por los participantes de la situación comunicativa la que controla esta influencia mutua” (13). Desde esta perspectiva, el estudio de la comunicación ¯verbal y no verbal¯ requiere de la necesaria integración de dimensiones que distintas disciplinas de las humanidades y las ciencias sociales han intentado abordar como cauces independientes, con resultados muchas veces infructuosos o, a lo menos, incompletos. La tendencia, ya conocida en las ciencias del lenguaje, de distinguir el texto y el contexto en función de relaciones binarias entre el adentro y el afuera ¯lo lingüístico y lo extralingüístico¯ es cuestionada a partir de la consideración de un tercer espacio que releva la base psicosocial de las interacciones comunicativas. Esta teoría de la ‘mediación’ propone desplazarse desde concepciones que suponen una influencia macro-micro directa entre las estructuras sociales y lingüísticas, hacia otras que analicen dicha influencia en relación a la capacidad estratégica de los individuos para procesar discursos, propiciando diversas síntesis sociocognitivas que orientan las tareas de producción y comprensión.

Discurso y contexto se compone de cuatro capítulos centrales: a) Hacia una teoría del contexto, b) Contexto y lenguaje, c) Contexto y cognición y d) Contexto y discurso. Estos combinan la revisión crítica de teorías provenientes de la lingüística, la psicología cognitiva y la sociolingüística, con el fin de examinar la noción del (uso del) contexto y sus posibles componentes. De manera transversal, se asume que el contexto se ha conceptualizado intuitivamente en términos de las propiedades de la situación social y sus participantes, lo que ha llevado a los/as analistas a establecer un impacto inmediato entre dichas propiedades y las estructuras del discurso, cuestión que deja sin explicar los fundamentos cognitivos y sociales que modelan las interacciones comunicativas en cuanto procesos complejos.

En la base de esta teoría, Teun van Dijk propone que el contexto no se corresponde con la situación externa como se ha previsto, hasta convertirse en una proposición de sentido común. El contexto se construye como un tipo de modelo mental con un doble origen: cognitivo, pues recupera las experiencias individuales de los usuarios del lenguaje almacenadas en la memoria episódica (autobiográfica) situada en la memoria a largo plazo, y social, en tanto se ve influenciado por representaciones socioculturalmente aprehendidas como actitudes, opiniones e ideologías. Estos modelos tienen la capacidad de ajustar la producción y recepción discursiva en situaciones concretas. En este sentido, plantea Van Dijk, la fuerza ‘modificadora’ fundamental que adecua la comprensión no reside en la sociedad o en sus estructuras, sino que en las representaciones que los miembros sociales elaboran respecto de ellas. Para este autor es esta triangulación psicosocial la que garantiza un fundamento sólido a la teoría del contexto.

De esta manera, los contextos son comprendidos como modelos subjetivos que, al tiempo que median entre la experiencia social comunicada y su aprehensión de parte de actores socioculturalmente situados, orientan el comportamiento lingüístico. Dichos modelos son de dos clases: los modelos situacionales (semánticos) que ayudan a esquematizar los eventos acerca de las cualestrata el discurso, y los modelos contextuales (pragmáticos) que representan las situaciones en las que la interacción se produce. Mediante estos procedimientos es posible entender cómo se conecta la memoria personal con la memoria social cada vez que los usuarios del lenguaje se enfrentan a la tarea de generar e interpretar discursos. En ese sentido, “un modelo contextual constituye una interfaz, un dispositivo de transformación (filtro, selección, recontextualización), entre lo que sabemos y lo que relatamos” (161).

El capítulo 1 ofrece una caracterización pormenorizada de los modelos de contexto, sobre la base de las siguientes distinciones: a) se almacenan en la memoria episódica; b) son personales, únicos y subjetivos; c) se basan en saberes socioculturales más amplios; d) representan eventos (sobre los que trata la comunicación) específicos; e) se forman y actualizan mediante una interpretación estratégica de dichos eventos y del conocimiento compartido acerca de ellos; f) pueden poner en evidencia opiniones y emociones sobre la situación en curso, sus acciones y participantes; g) son dinámicos y pueden sufrir modificaciones; h) controlan la (inter)acción verbal actual y la adaptan a su ambiente social; i) pueden ser la base para la abstracción, la generalización y la descontextualización en la formación de un conocimiento más general sobre el discurso; j) se organizan mediante esquemas y categorías que definen varias clases de situaciones comunicativas, y k) pueden servir de base para discursos futuros.

El capítulo 2 propone una crítica a una de las teorías lingüísticas que más seriamente ha trabajado la noción de contexto, la Lingüística Sistémico Funcional (LSF) de M.A.K. Halliday, aludiendo específicamente a la Teoría de Género y Registro. La principal observación que realiza Van Dijk es que la LSF adolece de una teoría social limitada, al tiempo que carece de una teoría cognitiva, es decir, no cubre ni enlaza suficientemente las dimensiones necesarias para comprender la actuación lingüística. Sus principales defectos consistirían en: a) contar con demasiada gramática lingüístico-oracional; b) proveer muy pocas nociones teórico-discursivas independientes; c) padecer de antimentalismo; d) no articular suficientemente lo social y las estructuras del lenguaje; e) valerse de demasiado vocabulario esotérico, y f) contar con muy poco dinamismo teórico, desarrollo y autocrítica.

Si bien los planteamientos de Van Dijk resultan esclarecedores en diversas direcciones, lo cierto es que la LSF sí logra encarar una preocupación social explícita sobre el uso del lenguaje en relación con otros enfoques más estructurales, aunque, en efecto, no otorgue mayor presencia a aspectos sociocognitivos. De esta manera suponer que existe un “contexto de la situación” (registro) y un “contexto de la cultura” (género) como entidades independientes y externas al sujeto, deviene en una idea engañosa que requiere cierta precisión. La propuesta de Van Dijk consiste en advertir que dicho contexto, en sus distintos niveles de penetración es, ante todo, una construcción mental, psicosocialmente motivada, que fundamentaría el desempeño de los hablantes/escritores mediante los distintos estratos lingüísticos que operan simultáneamente en la comunicación.

El capítulo 3 trata de las aportaciones que ha realizado la Psicología Cognitiva para explicar los modos en que los individuos producen y comprenden textos. No obstante, advierte Van Dijk, esta disciplina no ha provisto una teoría específica que aborde el papel del contexto en dichos procesos, focalizándose, sobre todo, en el estudio de variables manipuladas de forma experimental. Una explicación detallada de la conformación y activación de los modelos mentales (situacionales y contextuales) es clave para conectar el comportamiento lingüístico a experiencias personales y sociales ya incorporadas (embodied) por los sujetos. Así, de todas las variables disponibles en una interacción, productores y destinatarios esquematizan el contexto sobre la base de un repertorio acotado de categorías clasificadas en tres niveles:

a) Escenario: tiempo/periodo, espacio/lugar/ambiente;
b) Participantes: yo/otros, roles comunicativos (estructura de la participación), roles sociales, membresía o identidades (relaciones entre los participantes), conocimiento y creencias sociales compartidas, intenciones y objetivos, y
c) Acciones/Eventos comunicativos.







Lo anterior permite sostener, en primer lugar, que los sujetos construyen, por definición, diferentes modelos del mismo evento comunicativo, lo que a su vez explica la adecuación y variación discursiva; en segundo lugar, que los modelos contextuales combinan elementos de la memoria episódica y semántica, ayudando a la comprensión de las identidades y roles de los interlocutores, así como sus intenciones, saberes y creencias, y; en tercer lugar, que estas conexiones dan cuenta de la existencia de un Dispositivo-K (K-device) que controla la aplicación de conocimientos sociales compartidos (common ground) a disposición de los sujetos, quienes los emplean para representarse a sí mismos y a los otros en la interacción.

El capítulo 4, finalmente, refiere y discute las aportaciones de la Sociolingüística para profundizar en las relaciones existentes entre los modelos contextuales y las estructuras del discurso, poniendo énfasis en aquellas nociones que usualmente se emplean para describir el producto de esta influencia mutua: el estilo, el registro y el género discursivo. Esta aproximación encara una doble distinción: al tiempo que ciertas dimensiones del discurso son sistemáticamente monitoreadas por categorías contextuales, estas también impactan en los modelos subjetivos que usan los sujetos para comprender la situación comunicativa en curso, es decir, se basan en una dinámica de co-construcción permanente.

Mediante el análisis de una parte del discurso emitido por Tony Blair en la Cámara de los Comunes el año 2003, Van Dijk ejemplifica cómo la comprensión (política, social, cultural) de un evento de estas características no puede basarse únicamente en una explicación de la gramática, las normas del discurso, el conocimiento del mundo o la interacción. Dichas variables son, en todo momento, marcadamente controladas por la representación subjetiva del (modelo del) contexto. Así, Van Dijk añade criterios como el de variación y relevancia para mostrar cómo estos modelos formulan (o presuponen) conocimientos específicos que orientan la producción e interpretación discursiva.

En síntesis, Discurso y contexto fundamenta por qué explicaciones limitadas y unicausales sobre una supuesta influencia directa entre el discurso, el contexto y la sociedad deben ser reformuladas por explicaciones más bien indirectas mediadas por la cognición. El principal aporte de este autor es tanto teórico como crítico: la teoría del contexto llama a poner atención en el hecho de que “los modelos situacionales, que son subjetivos, pueden estar sesgados al presentar el mundo real o ficticio sobre el que se habla o escribe, [y] los modelos contextuales también pueden estar sesgados por el conocimiento o las ideologías del grupo específico al que pertenece el hablante o el destinatario” (318-319).

Esta perspectiva, no obstante, también evita una relación unívoca entre comprensión y manipulación. Es en este punto donde la idea de interfaz comporta una distinción reveladora, toda vez que los usuarios del lenguaje tienen la capacidad de representar los contenidos discursivos en virtud de sus propias experiencias y conocimientos previos. De allí que la teoría del contexto advierta, fundamentalmente, cómo el discurso se adapta a situaciones únicas, estratégicas y flexibles. Dicha flexibilidad cognitiva se relaciona a su vez con una flexibilidad interaccional, “lo que significa que los participantes pueden renegociar su interpretación de los aspectos relevantes de la situación comunicativa constantemente” (320). En suma, esta teoría restituye al individuo, en tanto actor social, un estatus activo en la (re)construcción y (re)significación de las realidades sociales, al tiempo que ilumina el necesario ¯pero muchas veces desatendido¯ vínculo entre sociedad, discurso y cognición.

 

Camila Cárdenas Neira

Grupo de Estudios del Discurso (GED)
Departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje
Universitat Pompeu Fabra
Roc Boronat 138, C.P. 08018 Barcelona (ESPAÑA)
camila.cardenas.neira@gmail.com

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