SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 issue35In the Andes Patron Saints: Image, symbol and ritual in the religious festivals of the andean World Colonial (XVI - XVII)Sacred and obscene: reconciliation of opposites In the films Chalbaudeana author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

Related links

Share


Alpha (Osorno)

On-line version ISSN 0718-2201

Alpha  no.35 Osorno Dec. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012012000200004 

ALPHA Nº 35 - Diciembre 2012 (41-66)

ARTÍCULO

 

“CRUZADA NACIONALISTA” Y PERIODISMO: LA REVISTA 'CABILDO' ANTE EL ESCENARIO MEDIÁTICO ARGENTINO (1973-1976)

“Nationalistic Crusade” and journalism: The magazine 'Cabildo' before the media scene in argentine (1973-1976)

 

Patricia A. Orbe*

Universidad Nacional del Sur*, Departamento de Humanidades, Bahía Blanca, Argentina.

Dirección para correspondencia


Resumen

En el presente artículo se lleva a cabo el análisis del discurso de las revistas nacionalistas católicas Cabildo, El Fortín y Restauración en torno a un conjunto de medios de comunicación y determinadas personalidades ligadas a ellos, los cuales operaban en Argentina durante el tercer gobierno peronista (1973-1976). Este trabajo se concentra en el estudio de las modalidades de autorrepresentación y de representación de estos “otros” como rivales, adversarios o enemigos, mediante las contribuciones de los estudios sobre prensa en combinación con los de la Sociolingüística Histórica y el Análisis Crítico del Discurso.

Palabras clave: Nacionalismo católico, prensa, análisis discursivo, Argentina, años setenta.


Abstract

The article carries out the analysis of the discourse of the nationalistic catholic magazines Cabildo, El Fortín and Restauración concerning a set of materials from the mass media and certain personalities tied to them, which were operating in Argentina during the third peronist government (1973-1976). This work is centered on the study of the modalities of self-representation and the representation of these "others" as rivals, adversaries or enemies, by means of the contributions of the studies on print media in combination with those of the Sociohistorical Linguistics and the Critical Discourse Analysis.

Key words: Catholic nationalism, press, discursive analysis, Argentina, seventies.


INTRODUCCIÓN

Entre 1973 y 1976 Argentina se vio sacudida por un proceso de aceleración de los cambios que se venían desarrollando desde décadas anteriores con relación a la manera de entender y practicar la política. En este marco de transformaciones se hizo posible el retorno del peronismo al gobierno, acontecimiento que despertó grandes expectativas dentro del campo de las fuerzas más radicalizadas y un gran rechazo entre los sectores refractarios al movimiento que había estado proscripto durante casi dos décadas.

Ligado a estos últimos, la revista Cabildo surgió en mayo de 1973 ––pocos días antes de la asunción presidencial de Héctor Cámpora–– por iniciativa de un grupo de jóvenes que consideraban que ante la situación de “disolución y enervamiento” que se vivía en el país era necesario “restaurar la grandeza argentina” por medio de la acción de un “movimiento nacionalista autónomo” (N° 1: 3). Por tal motivo, en una especie de “cruzada” moralizante, se lanzaron a combatir desde sus columnas a toda manifestación política, social, económica y cultural que consideraran una amenaza para los valores tradicionales argentinos, entre los que se destacaban diversos formadores de opinión con los cuales competía en el establecimiento de la agenda pública.

En este marco, en el presente trabajo nos introduciremos en el análisis del discurso de la mencionada publicación frente a un conjunto de medios de comunicación y de personalidades ligadas a ellos, que operaban en el país durante el tercer gobierno peronista, atendiendo especialmente a los dispositivos de autorrepresentación y de representación de estos “otros” como rivales, adversarios o enemigos.

En el abordaje de las representaciones identitarias y relacionales desplegadas en este medio gráfico a través de sus producciones discursivas, se recurrirá a herramientas metodológicas proporcionadas por la Sociolingüística Histórica1 y el análisis crítico del discurso, dentro de la línea de Norman Fairclough.2

Este enfoque propone atender a los valores experienciales, relacionales y expresivos que presentan los rasgos formales de los textos por medio de los cuales los discursos se realizan (Fairclough, 109-140).

Siguiendo a Fairclough, al analizar una forma léxica con valor experiencial nos concentraremos en el análisis de las redes de identidades, asociaciones y oposiciones en que se articulan las unidades léxicas, según un modo particular de concebir el mundo y su dinámica. Por su parte, los valores relacionales nos permitirán reconocer las selecciones que dependen y a la vez ayudan a crear relaciones sociales que involucran a los productores de los discursos con personas y entidades. Finalmente, por medio del abordaje de los valores expresivos presentes en las muestras formales analizadas en los textos, nos introduciremos en el terreno de las evaluaciones que se realizan con relación a procesos, acontecimientos, sujetos e identidades sociales, fundamentalmente en términos positivos o negativos. Es así que a los fines de la exposición del análisis del discurso restringido por este enfoque metodológico será necesario recurrir en ciertas ocasiones a la reiteración de ejemplos textuales que concentren en sus formas léxicas valores interpretados en diferentes secciones.

Con esta finalidad, hemos seleccionado de nuestro corpus3 un conjunto de columnas de opinión ––anónimas en su mayoría–– en las cuales el medio en estudio se refirió a la prensa gráfica y a la televisión. En estas columnas, el equipo editor de Cabildo se refería a personalidades de la televisión como Bernardo Neustadt, a diversos medios gráficos como La Opinión, Crisis, Satiricón, Militancia y El Descamisado, al tiempo que también se detenía especialmente en el ataque y descalificación de algunos de sus directores ––Jacobo Timmerman, Rodolfo Ortega Peña y Luis Eduardo Duhalde, entre otros––.

En la exposición del análisis de estos textos no se seguirá el orden cronológico de su publicación, sino que se privilegiará un tratamiento temático. Antes de introducirnos en el análisis específico de estas fuentes, procederemos a presentar un breve panorama de los medios de comunicación en Argentina durante el período de nuestro interés.

EL ESCENARIO MEDIÁTICO ARGENTINO ENTRE 1973 Y 1976

En 1972 la televisión argentina había cumplido 21 años y tenía, en aquel momento, “…como en su origen, un indisimulable color peronista” (Ulanovsky et al Estamos en el aire 310). Juan Domingo Perón era nombrado en todos los programas: en los noticieros, los debates y los programas de humor.

Con un fuerte apoyo de los trabajadores de la televisión y los gremios afines a la actividad, en octubre de 1973 el gobierno peronista decretó el vencimiento y la caducidad de las licencias de las únicas tres entidades privadas: el 11, dirigido por Héctor Ricardo García; el 13, liderado por Goar Mestre y canal 9, conducido por Alejandro Romay. Luego de la muerte de Perón, y especialmente a partir de 1975, la tensión aumentó. En los meses previos al golpe de Estado, la gravedad de la coyuntura fue en aumento: al desfinanciamiento que dificultaba el normal funcionamiento de estos medios, habrían de sumarse las listas negras, mediante las cuales numerosos directivos y artistas fueron excluidos de la televisión por motivos políticos y en muchos casos, iniciaron el exilio.

Por su parte, el campo de la prensa gráfica también había sufrido las expectativas y las frustraciones que generó el proceso político argentino que tuvo lugar durante el primer lustro de la década del 70. A partir del gobierno del general Lanusse, se produjo una serie de “nacimientos” de diarios y revistas que habrían de adquirir un gran prestigio dentro del escenario periodístico y cultural del país. Nos referimos al diario La Opinión, fundado en 1971 y las revistas Satiricón y Crisis, las cuales salieron a la luz en 1972 y 1973, respectivamente.

Asimismo, otra novedad residía en el hecho de que las organizaciones armadas habían logrado insertarse en el plano mediático a través de distintos órganos de prensa: el Ejército Revolucionario del Pueblo mantenía fuertes vínculos con el diario El Mundo, en tanto Noticias, El Descamisado y La Causa Peronista respondían a la tendencia revolucionaria del peronismo. Hasta la propia Alianza Anticomunista Argentina tendría su vocero en El Caudillo.

Pero la libertad de prensa tenía sus días contados. La creciente censura y represión que se extendían por distintos ámbitos de la convivencia social habrían de institucionalizarse el 28 de septiembre de 1974, cuando entró en vigencia la Ley 20.840, la cual en nombre de la seguridad nacional imponía prisión de a6 años a quien “divulgara, propagandizara o difundiera noticias que alteren o supriman el orden institucional y la paz social de la nación”. Durante 1975 se multiplicaron las clausuras y los atentados contra distintos medios, las amenazas de muerte y los asesinatos de periodistas. Carlos Ulanovsky recuerda que “…todo daba miedo, y los periodistas y el periodismo no sabían bien dónde pisaban, aunque de algún modo sospechaban que estaban parados en la boca de un volcán. Todos, de un modo u otro, sufrieron la censura y su prima hermana, la autocensura” (Paren las rotativas, 240-241).

En este testimonio, seguramente no se estaba considerando a los medios nacionalistas católicos4 como parte del periodismo argentino. Si bien es cierto que en nuestro caso de estudio, Cabildo y El Fortín sufrieron la censura y la clausura por parte del gobierno de Isabel Perón, no dejaron de insistir en sus banderas tradicionalistas y en lugar de “temerle” al “volcán” que habría de arrasar con los derechos y las garantías de los argentinos por muchos años, desde Restauración ––revista que las sucedió inmediatamente–– se persistió en la justificación y celebración de lo inevitable y necesario de dicha “erupción”.

CABILDO, EL FORTÍN Y RESTAURACIÓN, LA "VOZ NACIONALISTA"

En los últimos años han salido a la luz importantes aportes que han renovado el campo de estudios sobre el nacionalismo y la derecha argentina en la segunda mitad del siglo XX, entre los que se destacan los trabajos de David Rock, Cristián Buchrucker, Leonardo Senkman, Paul Lewis, Daniel Lvovich, Luis Fernando Beraza y Federico Finchelstein.5 Específicamente relacionados a la problemática del nacionalismo católico en ese período queremos resaltar las contribuciones realizadas por Jorge Saborido sobre la revista Cabildo en su Segunda época, durante la pasada dictadura (1976-1983). Este investigador ha señalado categóricamente que “…desde su aparición en los turbulentos años 70, la revista Cabildo se constituyó en la expresión más emblemática del nacionalismo católico argentino” (Por Dios y por la Patria, 429).

Ahora bien, amerita que nos interroguemos sobre la tradición político-ideológica a la cual pertenece Cabildo, dadas las dificultades que aún persisten al momento de definir el campo nacionalista. Consideramos que esta publicación y los grupos y personalidades ligadas a ella suscriben los valores, creencias y representaciones que se articulan en un dispositivo ideológico-cultural que podría identificarse con la denominación de nacionalismo tradicionalista o restaurador (Buchrucker, 118-257). En él confluyen una cosmovisión antiliberal y antidemocrática, anticomunista y antisemita, con la nostalgia por el ordenamiento jerárquico de la sociedad premoderna y la vehemente creencia en que la nacionalidad argentina descansa su esencia sobre los fundamentos de la Hispanidad y la religión católica.6 A estos rasgos es imprescindible añadir un componente primordial: el tópico de la conspiración.

La denuncia de un complot y la convocatoria a emprender una “cruzada” por el “rescate de la Nación” resulta ser uno de los temas más recurrentes de la agenda de Cabildo en nuestro período de estudio y observamos que funciona como uno de los ejes principales sobre los que construye discursivamente una posición antagónica frente a otros referentes de escenario mediático argentino. Pero antes de adentrarnos en el análisis de este vínculo específico, nos detendremos brevemente en la presentación de las circunstancias que dieron origen a esta iniciativa editorial así como aquellas que condicionaron su accidentada trayectoria previa al advenimiento del último golpe militar.

El rechazo a la efervescencia política que anunciaba el retorno del peronismo al gobierno fue indudablemente uno de los principales motivos por los cuales la revista Cabildo hizo su aparición pública. Los jóvenes estudiantes universitarios Vicente Massot7 y Juan Carlos Monedero8 recurrieron a Ricardo Curutchet9 como experimentado nacionalista para sumarlo al proyecto como director de la publicación. Las ediciones fueron mensuales y entre sus colaboradores se encontraron diversos referentes del universo nacionalista. En su mayoría eran abogados, los cuales se desempeñaban como docentes universitarios, al tiempo que eran prolíficos escritores en el campo del periodismo político, de la historia y la cultural nacional.10

Recorriendo el espacio publicitario en su superficie redaccional, podemos afirmar que esta revista contaba con muy pocos apoyos comerciales, por lo que suponemos que dependía en gran medida de venta de ejemplares por suscripción. Entre las publicidades más recurrentes entre 1973 y principios de 1976 se destacaron el Club del Libro Cívico y la Librería Huemul, entidades de reconocida inspiración y militancia por la cultura nacionalista católica.

Durante 1974, los responsables de la revista recibieron reiteradas amenazas y dos de sus colaboradores perdieron la vida en atentados atribuidos a células del Ejército Revolucionario del Pueblo.11 Las severas críticas al gobierno peronista provocaron su clausura en febrero de 1975. Sin embargo, inmediatamente sus promotores insistirían en sus objetivos a través de El Fortín, el cual después de dos ediciones también sería clausurado por “atentar contra la institucionalidad”.

En un cambio de estrategias, renovado el equipo editor y con mayor cantidad de notas anónimas o inicialadas, este grupo nacionalista lanzó en junio de 1975 hasta febrero de 1976 la revista Restauración, abiertamente arrojada a promover la toma del poder por parte de las Fuerzas Armadas, público al que destinaba prioritariamente sus columnas.

En síntesis, Cabildo, El Fortín y Restauración expresaron el esfuerzo de un grupo de interés con vocación de grupo de presión (Borrat, 150), en su intento por afectar el proceso de toma de decisiones desde el ámbito de la influencia. Con este objetivo de influir sobre el gobierno, las instituciones partidarias y no partidarias, los movimientos sociales y demás componentes de su público, los editores de estas publicaciones diseñaron estrategias discursivas específicas en función de la problemática en cuestión y de la potencia de sus adversarios y sus aliados. Para acceder a la trama ideológica sobre la que se sustentan dichas decisiones, a continuación nos introduciremos en el análisis de las concepciones, valores y juicios que desde sus columnas emplearon para construir una autoimagen altamente positiva, a partir de la cual legitimar su posición de censor de los medios de comunicación masiva.

NOSOTROS, LOS "CRONISTAS DE LA PATRIA"

Entre los recursos que se pueden identificar en las columnas de estas publicaciones nacionalistas se destacan aquellos vinculados a las selecciones de estilo. Durante el desarrollo del análisis podremos observar una constante preocupación por construir una imagen de revista con prestigio intelectual, al tiempo que se buscaba hacer el lenguaje más atractivo y accesible para los lectores, con los fines persuasivos que caracterizan a todo discurso político.

Por tal motivo, encontraremos numerosos ejemplos del empleo deliberado y desmesurado de jergas especializadas ––en materia de filosofía, literatura, religión––, de una sintaxis enrevesada y altisonante,12 por medio de la cual este medio pretendía adquirir una buena reputación en materia de erudición. Por otro lado, en sus enunciados se emplean recurrentemente expresiones metafóricas, símiles y cruces léxicos13 con el fin de lograr formas lingüísticas más vivaces, pintorescas, breves y fáciles de recordar. Estos recursos son particularmente propicios para simplificar ideas y sustituir largas explicaciones por imágenes efectistas. Como tienen un gran poder expresivo, se los emplea para sorprender y captar la atención a través de elegantes notas de humor, dado que se prestan para la ironía y la sátira de rivales políticos, situaciones o eventos que son rechazados por el enunciador.

Además de preocuparse por proyectar una imagen de autoridad intelectual capaz de despertar en sus lectores la risa sardónica, este medio nacionalista seleccionó determinadas formas léxicas para presentarse ante sus lectores y posicionarse dentro de la red de relaciones sociales sobre la cual se basaban sus creencias ideológicas.

A lo largo del corpus analizado, hemos podido observar que desde la superficie redaccional se construyó una autorrepresentación dual que reflejaba una imagen de los editores y colaboradores de la revista en la que se combinaba su desempeño como periodistas y su condición de argentinos. Si bien esta “doble identidad discursiva” es empleada en forma simultánea en sus escritos, nos detendremos en cada uno de sus aspectos en forma secuencial a fin de lograr una mayor claridad en la exposición.

En los siguientes fragmentos, es posible reconocer las marcas lingüísticas a partir de las cuales se conforma un perfil particular como periodistas:

Ay, lector que de obligaciones fuleras trae este noble sacerdocio del periodismo. Hemos leído o por mejor decir, nos hemos asomado, a la sentina construida por, entre otros ––nada es casualidad––: Ulanovsky y Ginsburg. (…)En fin, se trata de esa pornografía que, hemos de reconocerlo, rondó inquietante, babosa y estúpida allá por los años de la pubertad asombrada. (…) (Cabildo N° 11: 32-33).14 (…)es asunto sobre el que este humilde redactor no sabe dar explicación, aunque tal vez pueda apuntar los síntomas. (…) Afinando el análisis, nuestro informante manifestó …(…) se levantó y se fue, dejando a cargo del asombrado redactor el arte de pagar la cuenta. (Cabildo N° 17: 25). (…)Ahora bien: nuestro infortunado amigo no es hipotético; es un viejo camarada del cronista (…) (Restauración N° 1: 30-31).

En esta autorrepresentación se han seleccionado las formas nominales “redactor” y “cronista” de base social-ocupacional para exaltar la tarea llevada a cabo por los responsables de la revista y sus eventuales colaboradores. Este perfil profesional se refuerza a través de la asociación a formas léxicas como “nuestro informante”, y otras que contienen una valoración positiva como “humilde”, “no sabe dar explicación”, “puede apuntar”, las cuales exaltan virtudes atribuidas a su desempeño como “cronistas”, en un intento por persuadir al lector sobre la modestia con se asume el quehacer de “redactor”. Sin embargo, esta imagen que adquiere otros sentidos sobre la concepción del trabajo periodístico al presentarlo como subordinado a una misión que trascendería la mera labor informativa. Esta noción está expresada en el uso del sintagma “este noble sacerdocio del periodismo”, que le proporciona al enunciador la posibilidad de dotar a su tarea como partícipe de la publicación de un status de mayor jerarquía por sobre otras profesiones, dado el componente sacrificial que tendría implícito, como se pone de manifiesto en el uso de las voces “obligaciones fuleras” en asociación a “periodismo”.

Por otro lado, en el último ejemplo expuesto, mediante la selección de las fórmulas de tratamiento “nuestro infortunado amigo”/ “un viejo camarada del cronista”, somos introducidos en el mundo de la sociabilidad política nacionalista al que pertenecía la revista. Estos “cronistas”, estos “sacerdotes”/”periodistas” manifiestan tener “amigos”/”camaradas”, es decir, que se percibían y buscaban ser percibidos como parte de un grupo político determinado, lo que justifica el empleo de formas léxicas de afiliación como “camaradas”, que expresan valores de solidaridad y lealtad.

Si bien “camarada” es una fórmula que ha sido usada de manera muy extendida entre los comunistas más ortodoxos, sus fuertes connotaciones militares que evocaban el verticalismo y la disciplina, sumadas al empleo que de ella hicieron los nazis y los falangistas, la hacían propicia para la designación de la fraternidad nacionalista en nuestro país, que había recibido ciertas influencias de aquellas experiencias alemana y española (Rodríguez González 25-27; Cohen de Chervonagura, 109-124).

Hasta el momento, entonces, hemos podido reconocer algunos de los rasgos con que se concebía el rol trascendental desempeñado por estos “periodistas nacionalistas” en cuestión, función de compromiso moral que queda expuesta en un sentido más explícito en el siguiente ejemplo:

(…) A fuer (sic) de sinceros, hemos de empezar por confesar que ha sido fundamentalmente por antipatía, aunque, para no parecer tan “sectarios”, hemos de continuar señalando que, a nuestro humilde criterio de cronistas de la Patria, (…) A nosotros, y dicho también esto con toda humildad pero sin ningún respeto, nos hierve la sangre y nos resulta una abominable carga cuando, por deber profesional y en acopio de material para nuestras notas, tenemos que escuchar, ver o leer a ese difusor rentado de equívocos (…) ¿Puede decirse que mentimos si afirmamos que la materia prima de su obra es esa imprecisión de ideas, planes y “proyectos” (…) Si así lo hiciéramos que Dios y la Patria ––los nuestros y no los de Bernardo–– nos lo demanden. Tampoco sería justo decir que faltamos a la verdad si recordamos en voz alta que el creador de “TIEMPO NUEVO” y de “EXTRA” (…) (Restauración N° 3:7)15

Estos nacionalistas comprometidos en una empresa como edición de las revistas Cabildo, El Fortín y Restauración se presentaban de este modo como “cronistas de la Patria”, llenos de virtudes como un “humilde criterio”, “sinceros”, veraces ––“¿Puede decirse que mentimos si afirmamos…” / “Tampoco sería justo decir que faltamos a la verdad….”––, dispuestos a la autocrítica ––“hemos de empezar por confesar”––.

Como parte de su integridad moral también exaltaban su “deber profesional” que, como “cronistas de la Patria”, los llevaba a defenderla de todo ataque, a denunciar a aquellos que la amenazaban, tareas que, desde esta óptica, resultaban a veces “una abominable carga” y los hacía “hervir la sangre”.

En esta instancia del análisis cabe que nos interroguemos sobre el sentido que estos nacionalistas le otorgaban al término “Patria”, con el que se sentían tan identificados. Sobre este particular, el pasaje expuesto seguidamente resulta muy revelador:

(…) En cierto sentido y medida, la Argentina se parece a una sinagoga invadida por cambistas y mercaderes, como aquellos que debió expulsar Nuestro Señor Jesucristo (…) Es ese sanhedrín el que maneja los resortes ocultos y fundamentales de nuestra economía; es ese sanhedrín el que deforma y envilece nuestra cultura. (…) La segunda, la cultura, cuando, siendo ella culto y cultivo, la desvincula de lo raizal hispano-romano y de lo sacro católico en que se nutre, para convertirla en una aventura profana y subversiva, para la que la Verdad siempre es relativa, la Belleza no existe y la Tradición es oscurantismo, y cuyos logros hermanan a cierta nostalgia precolombina con la exaltación de la homosexualidad. (…) Lo más conspicuo de nuestro liberalismo, de nuestra derecha económica, ha transitado también por sus columnas. (…) como lo demostrara exactamente nuestro Julio Meinvielle, y señalara antes, en un libro tan iluminado como confuso, León Bloy. (…) caerá tal vez en la cuenta de que la primogenitura de esta Patria no se vende por un plato de lentejas, ni se compra con todas las mentiras de su prensa (El Fortín N° 1: 31).

Como se puede observar, lo argentino era definido en términos excluyentes, mediante la introducción del lexema “Argentina” y su equivalente léxico “esta Patria”, en asociación a las voces “nuestra cultura”, definida por las expresiones “lo raizal hispano-romano” y “lo sacro católico” y formas que designan valores ligados a la filosofía tomista como “la Belleza” y “la Tradición”. La clave nacionalista en este sentido se ve reforzada por la fórmula “nuestro Julio Meinvielle”, por la cual se expone la adhesión del enunciador a la obra y las ideas de este sacerdote integrista e ideólogo antisemita de larga trayectoria y gran influencia en el pensamiento de la derecha nacional.16

Por este medio se denuncia a “nuestro liberalismo” / “nuestra derecha económica”, asociada a la forma léxica “el sanhedrín”, en alusión a un conjunto de referentes políticos, sociales y culturales de origen judío ––tópico que será tratado en el siguiente apartado––, al acusarlos de manejar “nuestra economía”, deformar y envilecer “nuestra cultura”, usando los medios de comunicación, lo que transforma a los argentinos en objeto de la mentira y la manipulación:

(…) Tras el liderazgo de La Opinión (para dar el ejemplo más grotesco aunque no el inicial) (…) Para luego encuadrarla en un indigesto edificio ideologista ––el de ese caracterizado elenco estable que circula por todas ellas por apenas diferencias de sueldo–– que sorbemos gota a gota, letra a letra, palabra a palabra, imagen a imagen. Entre las últimas adquisiciones, están enseñándonos ––mañana y tarde–– a leer el diario por radio desde sus perspectivas enanas. (…) Mientras, como al pasar, nos venden “sudamericanos vaqueros liberados”, desodorantes que ganan la “segunda vuelta” o aperitivos de “cambio”. ¿Hacia dónde conducen? (…) En fin, a que estemos a punto para cuando, desde su sede en La Habana, la UNESCO nos enseñe por satélite sobre la “negra hora” de la Conquista española, (…), en suma, el “sentido de la historia” hacia la gran “patria socialista” de Latinoamérica, con miras a la Revolución Mundial.(…) (Cabildo N° 3: 30-31).

En estas líneas se puede identificar cómo el enunciador advierte a su público, a través del uso de la primera persona del plural que los incluye a ambos ––nosotros/argentinos––, sobre la peligrosa pasividad que asumían como lectores y telespectadores ante el adoctrinamiento que realizaban los medios, idea reconocible en el uso de las formas verbales “sorbemos”, “están enseñándonos”/ “nos enseñen”, “nos venden”, entre las más significativas. La metáfora culinaria expuesta en la expresión “estemos a punto” es usada en reemplazo de una explicación del procedimiento denunciado, al asimilarlo al acto de cocinar un alimento, en el cual están involucrados un cocinero, un objeto de cocción y un comensal en franca referencia al accionar de los medios de comunicación, el público argentino y la izquierda internacional, que se concibe como dispuesta a “devorarlo”.

Concluyendo, estos “cronistas de la Patria” se sienten profundamente argentinos, por lo que se incluyen con el resto de sus compatriotas dentro del conjunto de las víctimas de un proceso por el cual se busca destruir la identidad nacional ––occidental y cristiana––. Pero al mismo tiempo, se proyectaban ante sus lectores con un perfil superador de esa inercia, como portadores de capacidades intelectuales y atributos morales particulares por los cuales asumen el compromiso con una misión ––¿Divina?––, que los compelía a identificar y acusar a aquellos percibidos como los culpables de esta situación, práctica cuyos fundamentos discursivos abordaremos a continuación.

LOS OTROS: ESOS "GERMENES" QUE ATENTAN CONTRA LA IDIOSINCRASIA NACIONAL

En el marco de los análisis lingüísticos de los discursos políticos, resulta fundamental atender a las estrategias que emplean los enunciadores, entre las cuales queremos destacar la autopresentación positiva ––como hemos expuesto en el apartado anterior–– y su contraparte, la deslegitimación. En este sentido, seguimos a Paul Chilton y Christina Schäffner cuando señalan que “…los otros (extranjeros, “enemigos internos”, oposición institucional, oposición no oficial) deben ser presentados negativamente, para lo cual se recurre a técnicas tales como: utilizar ideas de diferencia y fronteras, y actos de habla como culpar, acusar, insultar, etc.” (304). En nuestro estudio, podremos observar cómo la revista Cabildo recurre a estrategias de deslegitimación profusamente.

Desde sus primeros números, el grupo editor puso de manifiesto sus preocupaciones por los efectos nocivos que tenían los medios de comunicación sobre la sociedad argentina. No obstante el reconocimiento de “honrosas excepciones” ––entre las que seguramente se incluían––, desde sus columnas presentó a diarios, revistas, radio y televisión como “los manuales de educación del país”, como “modernos oráculos”, con una clara valoración negativa explícita en la asociación de aquellas formas léxicas con las expresiones “idiotas”, “maquiavelos” y “los gérmenes actuales”, tal como podemos observar en algunos de los ejemplos subrayados en el siguiente fragmento:

(…) Porque más allá de sus disonancias superficiales, diarios, revistas, radio y televisión ––salvo honrosas excepciones–– se han ido conformando ––cada vez con mayor intensidad–– en los “manuales” de educación del país. (…) se cultivaron los gérmenes actuales. Quienes, a la hora de la “liberación”, cambiaron espectacularmente y uniformemente de camiseta. Así, con pocas y liberales excepciones, los diarios, así las revistas de noticias, así radio y televisión. Menospreciando en nombre de sus ventas los temas más sagrados, utilizando el inviolable fuero propio de la “libertad de expresión” estos modernos oráculos van orientando la opinión ya no a través de noticias interesadas (como lo fuera en épocas más pudorosas) sino por medio de interpretaciones inapelables de la realidad. (…) ¿Hacia dónde conducen? Los unos por idiotas, los más maquiavelos, marchan todos por caminos confluentes… (Cabildo N° 3:30-31)

El empleo metafórico del término “gérmenes” nos remite inmediatamente a la representación orgánica de la sociedad como un cuerpo enfermo por la acción de elementos perjudiciales, en este caso encarnados en los medios. Asimismo, para Cabildo, la prensa gráfica, la televisión y la radio no sólo buscan el lucro y se asimilan a los cambios políticos dando pruebas de un notable oportunismo ––“menospreciando en nombre de sus ventas los temas más sagrados” / “a la hora de la 'liberación', cambiaron espectacularmente y uniformemente de camiseta”––, sino que banalizan y degradan la discusión política, la religión y la cultura nacional con el objeto de facilitar el sometimiento del país a los dictados de la izquierda internacional, representada en los siguientes fragmentos, en la figura de la “UNESCO/La Habana”:

(…) Los unos por idiotas, los más maquiavelos, marchan todos por caminos confluentes: a transformar la energía nacional en moda de semanas (como en el caso de Brasil), a encasillar el alcance de la política en un conjunto de griterías superficiales previamente concertadas (como en todas las mesas redondas de las campañas electorales), a degradar la música nacional a manos de indigenistas bolcheviques aburguesados (como a través de todos los “argentinísimos” festivales folklóricos), a “humanizar” la religión sobre la base de las interpretaciones de exégetas proxenetas (como Romay-Superestar). En fin, a que estemos a punto para cuando, desde su sede en La Habana, la UNESCO nos enseñe por satélite sobre la “negra hora” de la Conquista española, el “sol” indígena, el “progresismo populista” de los caudillos y, en suma, el “sentido de la historia” hacia la gran “patria socialista” de Latinoamérica, con miras a la Revolución Mundial. (…) (Cabildo N° 3: 30-31).

En la revista Cabildo se condenaba la “humanización de la religión” asociada al tratamiento de temáticas bíblicas en la escena teatral, ámbito que se concebía dominado por “exégetas proxenetas”, ejemplificados en la figura de Alejandro Romay.17 Esta forma nominal condensa de modo eficaz la imagen que el enunciador pretende proyectar en relación a la incapacidad moral de los promotores de estas iniciativas artísticas vinculadas a la revisión de cuestiones dogmáticas, cuestión muy cara a los intereses del grupo responsable de la publicación.

El tópico de la corrupción de los valores tradicionales y de la penetración del socialismo en nuestra sociedad a través de los medios de comunicación también se expone en la crítica que estas publicaciones nacionalistas dirigen a la televisión, como lo ilustran sus reflexiones sobre figuras mediáticas, como Bernardo Neustadt.18

En este caso, la crítica se concentra en resaltar sus acciones en términos negativos a través de distintas formas nominales y pronominales que expresan el rechazo y hasta el desprecio que el grupo editor sentía por el reconocido periodista político. Se destaca el uso del nombre de pila ––“Bernardo”–– en varias ocasiones como una muestra explícita de la relación de asimetría entre el enunciador y la persona referida, que la revista construía sobre su superioridad profesional y moral frente a los vicios que le adjudicaba a aquel, relación que podemos identificar en el siguiente fragmento:

(…) Bernardo constituye uno de los arquetipos más acabados de la vulgaridad periodístico-política internacional. (…) lo desafiamos a encontrar en la actividad de nuestro hombre un solo juicio o actitud que no destilen ese desagradable tufillo de ventaja, interés, ubicuidad o “influencia debida”. (…) tenemos que escuchar, ver o leer a ese difusor rentado de equívocos que, desde hace más de quince años, lucra y vive del desgobierno del país. (…) Solamente en un país falsamente organizado es posible introducir esa abyecta tiranía de la información equívoca y deliberadamente confusa. Neustadt es un soldado de esa causa que cuenta a su favor con un acendrado espíritu mercantilista, un desprejuicio propio de su origen y una rara habilidad para ubicarse, mucho mejor y más rápido que cualquiera de sus colegas, del lado donde más calienta el sol. (…). (Restauración N° 3:7).

De este modo, se afirma que Neustadt es “uno de los arquetipos más acabados de la vulgaridad periodístico-política internacional”, es un “difusor rentado de equívocos”, un “soldado” de la “causa” de una “abyecta tiranía de la información equívoca y deliberadamente confusa”. Sus acciones exponen sus inmoralidades, “destilan” un “desagradable tufillo de ventaja, interés, ubicuidad o “influencia debida”.

En este contexto de crítica en clave moral se inscribe la temática del “origen” y de la no pertenencia del mencionado periodista a la comunidad nacional. Si bien Neustadt manifestó su fe católica a lo largo de su vida, dentro del espectro ideológico del nacionalismo de derecha ––predominantemente antisemita–– se lo identificó como judío, probablemente por haber nacido en Rumania. En el ejemplo anterior, esta referencia es muy superficial y ambigua, expuesta a través de la forma “un desprejuicio propio de su origen”. Sin embargo, en el siguiente pasaje dicha alusión se hace más éxplícita: (…) Si así lo hiciéramos que Dios y la Patria ––los nuestros y no los de Bernardo–– nos lo demanden (…) (Restauración N° 3:7).

Así se presenta a Neustadt como un no-argentino, un no-católico, por oposición a los miembros de la publicación nacionalista. Este periodista tenía, desde esta óptica, otro Dios y otra Patria, distintos a los del enunciador, propiedad que servía de base para descalificarlo ante los lectores de la revista. Como veremos más adelante, en referencia a diferentes medios y periodistas, el tópico antisemita no se agota en este caso y volveremos a retomarlo más adelante.

Por otro lado, atendiendo a las preocupaciones nacionalistas sobre el accionar de los medios gráficos, nos detendremos en la posición de Cabildo frente a publicaciones de identidad peronista, como Militancia y El Descamisado.19 En el siguiente ejemplo, podemos observar cómo se representan los atributos que comparten y distinguen ambas publicaciones en una enumeración muy elocuente:

“Militancia” es el órgano paquete de la Patria Socialista. El Descamisado es su vocero plebeyo. Militancia avitualla a espíritus revolucionarios encarnados en algunos empleados de tribunales, en ciertos bancarios, en las nuevas hornadas de profesores y profesionales universitarios. “El Descamisado” en cambio, es “bazofia nutricia” de cenáculos de curas tercermundistas, de ciertos artistas plásticos, actores, músicos y de los estudiantes universitarios recién ingresados. Los guerrilleros, salomónicamente, financian a ambas sin leer a ninguna de las dos. (…) Ambas revistas están empeñadas en la guerra de clases. Toda su prédica pequeño-izquierdista apunta a enfrentar entre sí y contra el resto del país, a los obreros argentinos. Tal vez para atizar esos odios que no alcanzan a prender es que poseen un extraño rasgo en común: junto al tópico marxista de turno enlazan algún espasmódico carajo, y todas sus reflexiones vienen envueltas en reiteradas alusiones excrementicias (…) (Cabildo N° 12:31).

Los rasgos comunes son definidos a través de las voces “guerra de clases”, “su prédica pequeño-izquierdista”, “tópico marxista de turno”, “algún espasmódico carajo”, “sus reflexiones vienen envueltas en reiteradas alusiones excrementicias”, formas léxicas que apuntan a ridiculizar al objeto descripto y a la vez alertar sobre el peligro de su discurso, que “atiza odios” y provoca “enfrentamientos”, dado que está al servicio de la promoción de “la Patria Socialista”, empresa posibilitada por la financiación de “los guerrilleros”.

Resulta muy ilustrativa del desprecio que los editores de Cabildo sentían por estos medios gráficos, la representación metafórica del círculo de lectores de El Descamisado expresada en las formas “bazofia nutricia” de “cenáculos de…”, por medio de la cual podemos reconocer la asignación de rasgos sectarios a sus miembros, presentados como seres que se “nutren” de bazofia, de desechos o sobras, en este caso, ideológicas.

Con relación a Militancia, también fue presentada como una “revistilla de ocasión”, como lo señala el siguiente fragmento:

(…) Desde la revistilla de ocasión que los Dres. Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde dirigen, (…) Más, hete aquí que hasta los dioses ––en este caso los tonantes del periodismo (y léase bien: tonantes y no tunantes)–– tienen prontuario. (…) Lo curioso del asunto es que los Dres. Ortega Peña y Duhalde, monitores de la revista “Militancia” y admonitores de las falencias de nuestros jueces, defensores de presos “políticos” y benefactores de la Patria, (…) (Cabildo N° 6:31).

De este modo, no sólo se atacaba a estas revistas que integraban el campo periodístico de la tendencia revolucionaria del peronismo, sino que se buscaba destruir el prestigio público de sus directores responsables, ahondando en sus biografías a fin de destacar los vaivenes de sus trayectorias políticas, éticamente reprobables desde la perspectiva de Cabildo.20

En el último pasaje que hemos expuesto, se refleja el cuestionamiento al desempeño de los editores de Militancia como hombres de leyes. Se emplea reiteradamente la forma nominal ocupacional “Dres.” para referir a Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, sin embargo, el uso de este marcador de formalidad en el trato y de reconocimiento de ciertas jerarquías sociales inmediatamente se ve eclipsado por la asociación de estos nombres a la voz “prontuario”, de carga axiológica negativa.

El proceso discursivo de peyorización de estas figuras se refuerza a través del uso de la ironía y los juegos de palabras ––“tonantes/tunantes”, “monitores/admonitores”––, recursos que permiten a Cabildo invertir el sentido de expresiones como “dioses del periodismo” y “benefactores de la Patria”. Asimismo, por el uso de comillas podemos observar el rechazo del enunciador al carácter “político” de las detenciones de los presos defendidos por estos abogados.

En el siguiente ejemplo, la crítica se extiende al desempeño de Ortega Peña y Duhalde en el campo de las ideas y la política recurriendo al absurdo. Se plantea la relación entre ambos como la de un “diputado” y el “secretario de su bloque unipersonal”, como “amanuenses en el P.C. sección argentina”, como una “yunta famosa”, expresión que nos remite al reino animal, en un claro intento de deshumanización de los individuos referidos. La revista no se detendrá mucho más en alusión a Duhalde, en tanto atacará la figura de Ortega Peña ridiculizando su perfil como intelectual y como referente político de la izquierda, a través del empleo satírico de expresiones como “su paso por el partido de Codovilla”, “dos cursos de alemán”, “su lectura reveladoras de las tenaces nebulosidades de Hernández Arregui”, entre otras observables a continuación:

(…) Militancia es dirigida por el diputado Ortega Peña y por el secretario de su bloque unipersonal, Duhalde. El Descamisado es desvestido bajo la conducción de Dardo Cabo. Ortega Peña es un intelectual. Para darle esa condición se conjugan su paso por el partido de Codovilla, su lectura reveladora de las tenaces nebulosidades de Hernández Arregui y dos cursos de alemán (…) Ha sido también frondizista, fue peronista y ya va dejando de serlo. Cualquier día, él y Duhalde, como otra yunta famosa, la de Bouvard y Pécuchet, volverán vencidos a su punto de partida: un banquito de amanuenses en el P.C. sección argentina. Dardo Cabo no es un intelectual; no cultiva el fumar en pipa ni sufre de alopecía. De su peronismo bien intencionado de las épocas del Movimiento de la Nueva Argentina ha ido transitando hacia el socialismo vociferante de la “tendencia”. También cree en los obreros acromegálicos de Carpani, y colabora para la producción “in vitro” de un lumpenproletariat con los villeros. (…) (Cabildo N° 12:31).

El director de El Descamisado, Dardo Cabo, también es objeto de censura para los editores de Cabildo.21 No obstante, en su caso el tono de la crítica es más moderado, inclusive en el uso de la ironía. Más bien se lo presenta como un pensador de pocos méritos al señalar que “cree en los obreros acromegálicos de Carpani y colabora para la producción “in vitro” de un lumpenproletariat con los villeros”. Como refleja el último fragmento, los editores lamentan su tránsito hacia “el socialismo vociferante de la “tendencia”, dado que Cabo tenía un pasado que señalaba su filiación al gran árbol del nacionalismo católico, ya que había pertenecido a la agrupación Tacuara,22 de la que había desprendido una rama populista, para conformar su propia organización. A este proceso se refieren al usar la expresión “su peronismo bien intencionado de las épocas del Movimiento de la Nueva Argentina”. Seguramente, para Cabildo Dardo Cabo no era un individuo moralmente reprobable como Ortega Peña y Duhalde, dado que reconocían sus “buenas intenciones”: quizás, sólo estaba equivocado.

Este vocero del nacionalismo católico también admitió ciertos rasgos positivos en referencia a la revista Crisis,23 al caracterizarla como “cara, bien presentada, medianamente escrita”, en el ejemplo que presentamos seguidamente:

(…) Para eso fue creada “CRISIS”. A partir de su aparición, cualquier gilito puede leer el Pato Donald, pongamos por caso, sin peligro de caer en alguna trampa ideológica- (…) “CRISIS” es una revista cara, bien presentada, medianamente escrita (…) no puede saberse con exactitud cuántos incautos, procurando hacerse los profundos, ingluten su marxismo apelmazado. Aunque fuese la quinta parte de aquella cifra, ya se justifica aquello de que es infinito el número de estultos. (Cabildo N° 15: 33).

No obstante, la valoración negativa de esta publicación se pone de manifiesto categóricamente a través del uso del sintagma “su marxismo apelmazado” y de la designación de sus lectores mediante las voces “gilito”, “incautos, procurando hacerse los profundos” y “estultos”, es decir, necios.

Meses más tarde, cuando el grupo editor acentuara su combatividad contra los sectores progresistas de la cultura y las agrupaciones de izquierda, directamente se identificaría a Crisis mediante la expresión “órgano manifiesto de la guerrilla ideológica en la Argentina”, nexo semántico que se veía reforzado por la presentación del director de dicha revista como “el marxista Eduardo Galeano”:

Con motivo de una supuesta persecución a los redactores de la revista CRISIS ––órgano manifiesto de la guerrilla ideológica en la Argentina––, su emisario encubierto y progresista que es el diario La Opinión, publicó el día 7 de setiembre de 1975 (8pp) una solicitada suscripta por una mélange de personajes entre los que no faltan los marxistas convencidos, los idiotas útiles y los cretinos de siempre. (…)Ahora bien, en una maniobra perfectamente cronometrada, “La Opinión”, días más tarde, recoge el “eco” proveniente de París, según el cual, luego de unas publicitadas declaraciones del marxista EDUARDO GALEANO en Le Monde (el modelo imitado y nunca alcanzado por Timerman) se da cuenta de una manifestación similar suscripta por los equivalentes de la lista anterior en el plano internacional.(…) (Restauración N° 4:46).

En este último pasaje, Restauración también asocia al campo de la “guerrilla ideológica en la Argentina” al diario La Opinión,24 medio que es designado por la forma “su emisario encubierto y progresista”. Asimismo, se lo presenta como una “imitación frustrada” de Le Monde, al referir al periódico parisino como “el modelo imitado y nunca alcanzado por Timmerman”.

Rastreando las columnas de ediciones anteriores a la citada, podemos observar que para este círculo nacionalista La Opinión integraba el universo de “los otros” especialmente por la atribución de ciertos rasgos raciales y religiosos, ajenos a la “argentinidad”, tal como se expresa en los siguientes fragmentos:

(…) En resumen, La Opinión es el órgano de prensa de la sinagoga, y la sinagoga es, a su vez, uno de los rostros monstruosos de esta Argentina desfigurada, aquel que la muestra buscando sólo el provecho, nutriéndose sólo de mentira. (…) Para que no lo recobre jamás, bastará recordar que nos separa de ella no solo una diferencia racial ––“semitismo”––, o una repulsa a una política ––“sionismo”––, (…) (El Fortín N° 1: 31). (…) Sólo el cronista cinematográfico del diario del Willi Münsenburg criollo, La Opinión, dirá que lo entendió para, así, no crearles un trauma a sus lectores. Esta especial burguesía nueva rica que lee el diario de Timmerman para enterarse de las andanzas del “jet set” según las descripciones de Felisa Pinto (cronista social revolucionaria del pasquín), (…) y todo financiado por Télam, munificente proveedora de avisos oficiales del matutino sionista (Restauración, N° 1: 31).

De este modo, la representación antisemita y antisionista del “pasquín” La Opinión, construida mediante las expresiones “órgano de la prensa de la sinagoga” y “matutino sionista,” se combinaba con la de “emisario de la IV Internacional”, del ejemplo anteriormente analizado. Sus acciones periodísticas y sus lectores son juzgados en términos altamente negativos como podemos identificar en el empleo de las voces “provecho”, “mentira” y “especial burguesía nueva rica”, entre otras formas léxicas, muchas de las cuales son usadas irónicamente.

Para estos nacionalistas, La Opinión es “el diario de Timmerman”,25 por lo que los ataques contra el periódico se extienden e intensifican en el tratamiento de la figura de su director, caracterizado en estas columnas a través del estereotipo del “judío”, una especie de ente deshumanizado, una presencia que se reproduciría ––desde esta óptica–– en distintos exponentes a lo largo de los siglos, siempre con el fin artero de perjudicar a las naciones occidentales y cristianas, por medio de la corrupción de las costumbres y la subversión política del orden social imperante. Por tal motivo, Timmerman fue identificado en el ejemplo previo como “el Willi Münsenburg criollo”, en alusión a Willi Münzenberg, un notable dirigente comunista de origen alemán, perteneciente al círculo íntimo de Lenin, al cual se encomendó la promoción de la propaganda soviética a nivel internacional, a través del Komintern.

La sucesión de equivalencias empleadas en el siguiente pasaje es muy elocuente con relación al tópico antisemita aplicado sobre este particular:

(…) En cierto sentido y medida, la Argentina se parece a una sinagoga invadida por cambistas y mercaderes, (…) Esa sinagoga arquetípica tiene también su sanhedrín; (…) En ese sanhedrín se codean los Korn y los Hirsch, los Dreyfus y los Todres, los Gelbard, Broner, Madanes, Civita, y otros. Arturo Frondizi les cuida las sandalias dejadas a la puerta (…) y más allá, en el atrio de los gentiles, generales, industriales, comerciantes, escritores, brujos, videntes y hasta algún sacerdote, les sirven de acólitos. Muy del sanhedrín, siempre ocupado en sus rollos, existe un escriba: se llama JACOBO TIMMERMAN. Él se encarga de dar envoltura intelectual a los mandatos de la sinagoga en La Opinión. Y TIMMERMAN es un buen obrero. Ha conseguido que las personas más dispares en sus ideas hayan confluido para servir, aunque sea accidentalmente, los designios de sus mandantes. (…) Fue el bueno de JACOBO, ese viejo y ladino TIMMERMAN, quien, como suele decirse, les juntó las cabezas a todos. (…). Ese día, en fin, JACOBO TIMMERMAN, mientras enrolle sus papeles, ciña sus vestiduras y apreste su calzado para el éxodo, caerá tal vez en la cuenta de que la primogenitura de esta Patria no se vende por un plato de lentejas, ni se compra con todas las mentiras de su prensa. (El Fortín N° 1: 31).26

La denuncia de la penetración comunista instrumentalizada por La Opinión y su director, se sustenta sobre la representación metafórica de nuestro país dominado por un “complot judío”, definido a partir de la identificación de pares como:

-“la Argentina” = “una sinagoga” -“los Korn y los Hirsch, los Dreyfus y los Todres, los Gelbard, Broner, Madanes, Civita”27 = “su sanhedrín” - “Arturo Frondizi” (“les cuida las sandalias….”) = el custodio del “sanhedrín” - “generales, industriales, comerciantes, escritores, brujos, videntes y hasta algún sacerdote” = los “acólitos” del “sanhedrín” -”Jacobo Timmerman” = el “escriba” de ese “sanhedrín”

En la reiteración de voces como “los Korn y los Hirsch, los Dreyfus…” como tipos culturales, y en la referencia a ciertos rasgos atribuidos a Timmerman expresados en las formas “sus vestiduras”, “su calzado para el éxodo”, se reitera el uso el estereotipo del “judío” surgido y reproducido por la larga tradición antisemita, con el fin de alertar sobre el peligro que representaban los seguidores de este credo para la integridad de la comunidad nacional. De esta manera ––y como expresáramos con anterioridad al analizar el discurso referido al periodista Bernardo Neustadt––, se pone de manifiesto una de las creencias centrales de este imaginario: la existencia de una incompatibilidad entre la condición judía y la pertenencia a la nación argentina.28

En pocas palabras, para los editores de este medio nacionalista, Jacobo Timmerman era un agente judío/comunista ––un no-argentino–– y su diario era la herramienta que posibilitaba dicha infiltración en el país, con el objetivo de destruir su cultura, sus costumbres, sus valores identitarios.29 Pero no eran los únicos.

La otra manifestación periodística del “complot judío” articulado sobre la Argentina que era denunciada desde estas columnas, era la revista Satiricón.30 El rechazo de Cabildo hacia este medio gráfico se expresa en términos dotados de una fuerte impronta axiológica negativa, que involucran a la vez una descarga de sentimientos revulsivos que indudablemente se quieren transmitir al lector al decir:

(…) Hemos leído o por mejor decir, nos hemos asomado a la sentina construida por, entre otros ––nada es casualidad––: Ulanovsky y Ginsburg. Que uno no sabe qué hacen en la revista, si matarse el hambre o si cumplir con la ley de la raza y de la historia… Esta jugosa dependencia de Obras Sanitarias de la Nación se inscribió en el Registro de la Propiedad Intelectual con el nombre de “Satiricón”, se supone que para beneficiarse con algún dulce erotismo que quiere evocar. Efectivamente, es una revista, que cuesta cinco pesos nuevos pero que en cambio no vale ni uno viejo, llena de esos dibujitos y de aquellas palabrotas que suelen prosperar en los baños de hombres (y dicen que de mujeres también). En fin, se trata de esa pornografía que, hemos de reconocerlo, rondó inquietante, babosa y estúpida allá por los años de la pubertad asombrada. Peor que entonces se la tomaba como era: pornografía, inquietante, sí, pero también estúpida y babosa, algo que se superaba con los años, con la decencia y con el buen gusto, con ese enorme buen gusto de sentirse maduros. (…) Así y todo no nos detengamos más en Satiricón, sus tonterías, mentiras y blasfemias. Más simplemente queremos recalcar que estas falsificaciones ––pornógrafos metidos a libertadores, chantas usurpando el papel de periodistas–– sólo son posibles en este clima en que todos nos movemos y que tantos han contribuido a crear. (…). (Cabildo N° 11: 32-33).

Al designar a la revista con las expresiones “sentina” y “dependencia de Obras Sanitarias de la Nación”, se la representaba como un espacio lleno de inmundicias ––imagen reforzada por las voces “dibujitos” y “palabrotas”, “mentiras y blasfemias”––; un ámbito desagradable donde abundaban los vicios ––“pornografía babosa y estúpida”––, sin ningún mérito, como se desprende del empleo del sintagma “una revista que cuesta cinco pesos nuevos pero en cambio no vale ni uno viejo”.

Esta “literatura venérea y anormal” ––contagiosa, como una enfermedad–– como será definida en el siguiente ejemplo, era otro producto de una dupla sospechosa ––a los ojos nacionalistas––, conformada por “Ulanovsky y Ginsburg”, a los que se acusaba de estar cumpliendo en este métier “con la ley de la raza y la historia”, en abierta referencia a su condición de judíos y sus pretendidas actividades conspirativas contra el ser nacional:

(…) Porque el espíritu está enfermo y la carne mortecina, existe una literatura venérea y anormal. (…) (…) Episódica dentro de ese proceso, la revista “Satiricón” reconoce en él, lejanos y asquerosos antecedentes. En los Blotta, Mactas, Ulanovsky, o Uranovsky, u Onanovsky, que la pergeñan, están los viejos de nariz aquilina que vendían estampas pronográficas (sic) en el legendario Paseo de Julio. (…) Y así corre este engendro, financiado por la conspiración antiargentina y anticatólica ––judíos, masones, marxistas––, para deleite de oficinistas lánguidos, de estudiantes equívocos, de adolescentes escurridizos. (Cabildo N° 11: 32-33)

En este pasaje, el estereotipo del “judío” se ve profundizado al subrayarse supuestas inclinaciones hacia la liberalidad sexual presentadas como rasgos propios de su condición, en el uso de las voces “los Blotta, Mactas, Ulanovsky...” asociadas a la expresión “los viejos de nariz aquilina que vendían estampas pornográficas…”, “la blasfemia y la procacidad”.

Resulta muy significativo el juego de palabras expuesto en la combinación “Ulanovsky o Uranovsky, u Onanovsky”, con la cual se ridiculiza a uno de los responsables de la publicación al ligar a su apellido con términos generados a partir del cruce léxico de Urano-Ulanovsky, Onan-Ulanovky, con los cuales adquiere acentuadas connotaciones vinculadas a la genitalidad y especialmente a la masturbación. Esta idea en la que se une a la revista Satiricón y a sus editores con la pornografía/la genitalidad/la masturbación/la perversión se reitera en el tratamiento de sus lectores al designarlos con la expresión “oficinistas lánguidos”, “estudiantes equívocos”, “adolescentes escurridizos”.

Pero más allá de sus diferencias de tono y agenda, para el grupo Cabildo no existían grandes distancias entre La Opinión y Satiricón: si bien una estaba destinada a un público con “pretensiones intelectuales” y otra dirigida a los “pervertidos”, tenía la convicción de que ambas operaban para la causa de la destrucción política, cultural y moral de la sociedad argentina, dado que como la primera, Satiricón era un “engendro, financiado por la conspiración antiargentina y anticatólica –judíos, masones, marxistas”, y por ello eran considerados enemigos declarados de la idiosincrasia nacional.

CONSIDERACIONES FINALES

Los medios de comunicación poseen una importancia fundamental en la consagración de las ideologías y su difusión en la opinión pública. En nuestras sociedades de masas, la influencia ideológica general de los medios es muy penetrante, sobre todo en aquellos ámbitos en los cuales el público carece de fuentes ideológicas alternativas o de experiencias personales que entren en conflicto con las ideas que se transmiten y reproducen en forma mediática.31 Por tal motivo, consideramos que resulta fundamental emprender su estudio desde esta perspectiva, que los aborda en su carácter de instrumentos de producción de representaciones sociales que se nutrieron y a la vez modificaron la cultura política de su época.

En el caso particular de Cabildo, El Fortín y Restauración en el período 1973-1976, creemos que sus producciones discursivas expresaron los intereses y el proyecto político de un destacado sector nacionalista católico que participó activamente en la lucha por el poder entre 1973 y 1976, aprovechando su posición dentro de los formadores de la opinión pública a la vez que se articulaba en distintas organizaciones políticas no partidarias con el fin de protagonizar un cambio institucional y cultural en nuestro país, como líderes intelectuales y espirituales de la sociedad. En consecuencia, el análisis de los valores experienciales, relacionales y expresivos que pudimos identificar en sus enunciados nos permitió acceder a un universo de representaciones maniqueas de los participantes del escenario mediático nacional de aquel momento, articulado sobre una lógica belicista que buscaba exaltar las acciones propias y desprestigiar las prácticas ajenas, entendidas como manifestaciones del “otro”, en su condición de adversario que llegaba a convertirse en enemigo.

Como sostiene Félix Rodríguez González, “se redefine al enemigo con el arma de la difamación para poder ejercitar mejor su acción contra él” (65). Con ese propósito, se usan epítetos denigrativos que van cargados de un gran valor emocional pero que resultan ser muy poco descriptivos en sus significados, se recurre al empleo de estereotipos para deshumanizar al “otro” con el fin justificar la privación de sus derechos y su dignidad. En el marco de un discurso incendiario que evita la racionalidad, la elección deliberada de estas calificaciones persigue la persuasión del lector, pero sobre todo busca provocar ciertas reacciones emocionales que lo predispongan a la acción en contra de estos “enemigos del ser nacional” encarnados en distintas personalidades y medios ligados a la comunicación. Este objetivo adquiere una dimensión mayor si consideramos que estas publicaciones nacionalistas eran de lectura habitual en los círculos de sociabilidad de las Fuerzas Armadas.

Ahora cabe la pregunta ¿A qué tipo de acción se referían estos medios nacionalistas? ¿Qué proponían para enfrentar a sus enemigos mediáticos? Los siguientes pasajes pueden ilustrarnos al respecto:

(…) No es posible que se siga utilizando la televisión, convertida en cátedra, para invadir los hogares con el error, la blasfemia y la corrupción. ¡Es hora de decir basta! (Cabildo N° 6: 32) (…) Hasta que suene la hora de segar tanta canallada. (Cabildo N° 11: 33). (…) expresamos nuestros fervientes deseos de que estas malolientes trompetas dejen pronto de sonar. (Cabildo N° 12: 31) (…) ¿Qué será de todos nosotros antes del número 5? Acaso, para entonces, varias escuadrillas de Ángeles Exterminadores hayan surcado, raudas, el cielo de la Patria. (Restauración N° 1: 30-31)

Hábiles en el empleo de eufemismos, Cabildo y sus sucesoras procuraron ocultar u oscurecer el significado de términos con carga axiológica negativa o directamente reprobables desde el punto de vista moral con los cuales refirieron nada menos que a la clausura, el silenciamiento y hasta la eliminación de aquellos medios, periodistas, editores, artistas y demás participantes de la escena de la prensa gráfica y la televisión que consideraba perjudiciales para la “salud” de la nación. Y para ello, este grupo nacionalista, posicionado en su rol de censor de la cultura de masas, utilizó expresiones eufemísticas como “decir basta”, “segar tanta canallada”, “dejen de sonar”, “escuadrillas de Ángeles Exterminadores hayan surcado el cielo de la Patria”, con el fin de presentar y promover ante la opinión pública, en un léxico que sonaba más agradable, una serie de prácticas represivas que consideraba necesarias para poner fin al “caos que vivía la Argentina” y que lo llevaría a justificar los crímenes más aberrantes cometidos en el país hasta la actualidad.

 

NOTAS

1 Véase sobre esta perspectiva teórica a Susan Romaine (1996).

2 El dispositivo teórico-metodológico también es deudor de los trabajos realizados por Elizabeth Rigatuso (2005) y Mariela Rígano (2006).

3 Este trabajo se enmarca en mi proyecto de investigación “Una cruzada por la revolución nacional: análisis de prensa y agrupaciones nacionalistas católicas argentinas (1955-1976)”, realizadas bajo la dirección conjunta de las Dras. Mabel Cernadas de Bulnes y Elizabeth Rigatuso.

4 Cabe señalar la existencia de otras publicaciones con las que compartía una apuesta política afín, tales como la revista Verbo, Mikael y el diario bahiense La Nueva Provincia. Cfr. Luis Fernando Beraza (2005) y Elena Scirica (2007).

5 Nos referimos a las investigaciones plasmadas en las siguientes obras: Leonardo Senkman y Mario Sznajder (1995), Ignacio Klich y Mario Rapoport (1997), David Rock (1993), David Rock et al. (2001), Luis Fernando Beraza (2005), Daniel Lvovich (2006), Federico Finchelstein (2008).

6 En este intento de definición seguimos las interpretaciones de Jorge Saborido (2007) y Daniel Lvovich (2003).

7 Vicente Gonzalo Massot (1952) es abogado y Doctor en Ciencias Políticas, autor de numerosos artículos y obras académicas. Siendo estudiante universitario se desempeñó como prosecretario de redacción del semanario Vísperas en sus dos últimos números de julio de 1972, y como secretario de redacción de Cabildo y El Fortín entre 1973 y 1975.

8 Juan Carlos Monedero, siendo estudiante de abogacía, se desempeñó como encargado de “Administración y propaganda” de la revista Cabildo y El Fortín entre 1973 y 1975. También fue secretario de redacción en la reaparición de Cabildo “Segunda época” en 1976. En los últimos años ha participado con distintas columnas en Cabildo digital.

9 Ricardo Curutchet (1917-1996) era un activo militante del nacionalismo católico. Se había formado en el ámbito periodístico siendo Secretario de redacción de Azul y Blanco, célebre publicación dirigida por Marcelo Sánchez Sorondo, durante las décadas del 50 y 60. A comienzos de los años setenta habría de ser director de las publicaciones Tiempo Político (entre septiembre y diciembre de 1970), Cabildo y El Fortín (entre mayo de 1973 y abril de 1975). Retomó la dirección de Cabildo “Segunda época”, entre 1976 y 1991.

10 Entre los principales colaboradores, se destacaron Luis M. Bandieri, Bernardino Montejano, Ignacio B. Anzoátegui, Enrique Díaz Araujo, entre otros.

11 Nos referimos al profesor y filósofo tomista Jordán Bruno Genta, asesinado el 27 de octubre de 1974 y al abogado y doctor en Filosofía Carlos Alberto Sacheri, ultimado el 22 de diciembre del mismo año.

12 Félix Rodríguez González señala que el uso de este tipo de recursos lingüísticos constituye una de las formas de enmascaramiento de la realidad típicas de los discursos políticos del periodismo (78).

13 Seguimos a Félix Rodríguez González, al concebir a las expresiones metafóricas como descripciones de un objeto o un tópico generalmente abstracto mediante un referente más concreto con determinados grados de congruencia o incongruencia semántica; a los símiles como un mecanismo asociativo en el cual la comparación se hace de un modo explícito; y a los cruces léxicos como fusiones o superposiciones deliberadas de dos palabras en un solo lexema (103-152).

14 Cabe aclarar que debido a la modalidad del análisis, constantemente emplearemos el subrayado para enfatizar los rasgos léxicos que sustentan nuestras observaciones.

15 Las mayúsculas son originales.

16 Julio Meinvielle (1905-1973) fue un clérigo y escritor nacionalista que se constituyó como uno los más destacados referentes del nacionalismo restaurador durante la segunda mitad del siglo XX. Sobre la vida y obra de Meinvielle, remitimos a Daniel Lvovich (2006-2003), Federico Finchelstein (2008), David Rock et al. (2001) y Luis Fernando Beraza (2005).

17 Alejandro Romay (1927) era un destacado empresario del ámbito del teatro, la radio y la televisión. En abril de 1973, como productor teatral intentó estrenar en Buenos Aires la ópera rock “Jesucristo Superstar”, despertando fuertes críticas en los sectores del catolicismo más ortodoxo, los cuales se acallaron cuando un atentado destruyó el teatro Argentino y frustró esta experiencia.

18 Bernardo Neustadt (1925-2008) había comenzado su carrera como periodista en los años cuarenta y desde entonces participó como cronista en el diario El Mundo, Clarín y editó la revista Extra durante 25 años. También se desempeñó como periodista de televisión en varios programas de actualidad, entre los que se destacó “Tiempo Nuevo”. Cfr. Carlos Ulanovsky (66, 118, 165-166, 360) y Carlos Ulanovsky et al. (165-166, 271, 348-349).

19 La revista Militancia peronista para la Liberación Nacional era dirigida por los abogados Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, ligados a la tendencia revolucionaria del peronismo. Se editó durante los gobiernos de Cámpora y Perón y fue clausurada a mediados de 1974. La revista El Descamisado fue una renombrada publicación dentro del espectro de la izquierda peronista, de edición semanal dirigida por el periodista y militante de Descamisados-Montoneros, Dardo Cabo. Se editaron un total de 47 números entre mayo de 1973 y abril de 1974, cuando fue clausurada por sus críticas al gobierno. Para ampliar la información sobre revistas de este período dentro de la esfera de la tendencia revolucionaria, remitimos a Ruinas Digitales, Arqueología Comunicacional, http://www.ruinasdigitales.com/el-descamisado/ (última consulta 1° de diciembre de 2011).

20 Rodolfo Ortega Peña (1936-1974) era abogado, escritor y militante peronista revolucionario. Junto a su colega y socio Eduardo Luis Duhalde (1939), quien actualmente se desempeña como Secretario de Derechos Humanos de la Nación, fueron activos defensores de presos políticos y dirigieron la revista Militancia peronista para la Liberación Nacional. Ortega Peña se desempeñó como diputado nacional entre 1973 y 1974, cuando fue asesinado por la Triple A.

21 Dardo Cabo (1941-1977) fue un periodista y destacado militante del campo nacionalista y posteriormente desempeñó un rol protagónico dentro de los referentes de la tendencia revolucionaria del peronismo. Fue asesinado por el aparato represivo de la última dictadura.

22 Sobre el Movimiento Nacionalista Tacuara, remitimos principalmente a los trabajos de dos investigadores: Daniel Gutman (2003) y María Valeria Galván (2009).

23 La Revista Crisis apareció en mayo de 1973 por iniciativa del empresario Federico Vogelius, siendo dirigida por el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano. Contó con redactores de la talla de Juan Gelman y Mario Benedetti. Cfr. Carlos Ulanovsky (228-229, 254, 465-466).

24 El diario La Opinión apareció el 4 de mayo de 1971, dando comienzo a una experiencia periodística que muchos investigadores consideran como la mayor creación de la vida profesional de Jacobo Timerman. Durante la dictadura, se prohibió su circulación en enero de 1977. Jacobo Timmerman fue secuestrado en el mes de abril de dicho año, sufrió torturas y permaneció desaparecido durante dos años y medio, en tanto el diario era expropiado y en noviembre de 1980 sus instalaciones fueron rematadas. Cfr. Carlos Ulanovsky (209, 247, 266-267, 290) y Fernando J. Ruiz (2001).

25 Jacobo Timerman (1923-1999) nació en Ucrania y su familia emigró a la Argentina en 1928. Se desempeñó como periodista desde muy joven, en los diarios Noticias Gráficas, La Razón, El Mundo y La Nación. A comienzos de los años sesenta, fundó las revistas Primera Plana y posteriormente, Confirmado. También dirigió El Diario, en Mendoza. En 1971 creó su más ambiciosa empresa editorial: La Opinión. Luego de ser secuestrado por el gobierno militar entre 1977 y 1980, la dictadura lo privó de su ciudadanía argentina y lo liberó para ser exiliado en Israel y Estados Unidos. En el exilio, publicó su libro “Prisionero sin nombre, celda sin número”, en el cual relata la traumática experiencia de su detención y tortura. Recién regresaría al país en 1984.

26 Las mayúsculas son originales.

27 José Ber Gelbard (1917-1977) había nacido en Polonia, y llegó a ser una de las personalidades del mundo empresarial y político más destacadas de la Argentina, llegando a desempeñarse como Ministro de Economía entre 1973 y 1974. Desarrolló una intensa actividad privada ligada a diversos grupos económicos, como los de Madanes, Graiver y Broner. En febrero de 1976 se exilió en los Estados Unidos. Sobre la trayectoria personal, profesional y política de Gelbard, remitimos a María Seoane (2009). Por otra parte, Manuel Madanes era un importante empresario argentino ligado al ámbito de la producción industrial petroquímica y siderúrgica, como ALUAR y FATE. Colaboró como funcionario del tercer gobierno peronista. A comienzos de 1976, Madanes se exilió en Canadá. En tanto, Julio Broner era chaqueño por adopción, de origen judío polaco como Gelbard. Se había recibido de ingeniero industrial en la Universidad Nacional de La Plata. Llegaría a convertirse en un importante empresario, a través de empresas como Wobron y de la presidencia de la Confederación General Económica entre 1973 y 1976. A principios de 1976 se exilió en Caracas, Venezuela. Cfr. James Brennan y Marcelo Rougier (119). Alfredo Hirsch (1872- 1956) fue un joven empresario de origen alemán que había llegado al país en 1897 e inmediatamente se asoció a la empresa Bunge & Born, dedicada a la producción agropecuaria y luego a distintas ramas industriales. César Civita (1905-2005) fue un destacado empresario de medios de comunicación, fundador de la editorial Abril. Luego de haber recibido amenazas durante el gobierno de la viuda de Perón, Civita decidió exiliarse en Brasil y luego, en México. Regresaría al país con el retorno de la democracia. Por último, Abraham e Isaac Todres habían nacido en Vilna, Polonia. Con su familia habían emigrado a la Argentina, dedicándose a variadas iniciativas empresariales en el campo del comercio de importación y las finanzas.

28 Cfr. Daniel Lvovich (2003) y Haim Avni, “Antisemitismo en Argentina: las dimensiones del peligro”, en Leonardo Senkman y Mario Sznajder (197-216). Sobre la larga tradición del antisemitismo argentino también remitimos al capítulo 3 “Antisemitismo, sexo y cristianismo” de la obra de Federico Finchelstein (2008).

29 La obsesión del grupo Cabildo con la figura y la trayectoria de Jacobo Timmerman tendría su correlato durante la dictadura, temática que ha sido abordada por Jorge Saborido en un notable artículo titulado “El antisemitismo en la Historia reciente: la revista Cabildo y la conspiración judía” (2004).

30 La revista Satiricón salió a la luz en noviembre de 1972, haciendo una crítica de actualidad en tono humorístico mordaz e iconoclasta. En esta publicación, tuvieron una destacada participación como socios Andrés Cascioli, Oskar Blotta, Pedro Ferrantelli y Carlos Blotta. En su equipo editorial se destacaban los periodistas Mario Mactas, Carlos Ulanovsky, Alejandro Dolina, Jorge Guinzburg y Carlos Abrevaya, entre otros. En octubre de 1974, la revista fue clausurada por “inmoral” por parte del gobierno peronista. Tuvo varias interrupciones en su aparición hasta que dejó de publicarse en 2005. Cfr. Carlos Ulanovsky (241 y 250).

31 Sobre la influencia de la prensa en la construcción de las representaciones sociales, remitimos a la destacada obra de Alejandro Raiter et al. (2002).

 

BIBLIOGRAFÍA

Beraza, Luis Fernando. Nacionalistas, la trayectoria política de un grupo polémico (1927-1983). Buenos Aires: Cántaro, 2005.

Borrat, Héctor. El periódico, actor político. Barcelona: Gili, 1989.

Brennan, James; Marcelo Rougier. The Politics of National Capitalism: Peronism and the Argentine Bourgeoisie 1946-1976. Pennsylvania: University Park, 2009.

Buchrucker, Cristian. Nacionalismo y peronismo. La Argentina en la crisis ideológica mundial 1927-1945. Buenos Aires: Sudamericana, 1987.

Chilton, Paul; Christina Schäffner. “Discurso y política”. Teun A. van Dijk (comp.). El discurso como interacción social. Estudios sobre el discurso II, una introducción multdisciplinarial. Barcelona: Gedisa, 2000:297-329.

Cohen de Chervonagura, Elisa. “Camarada, compañero, correligionario: los vocablos de la identidad política”. Anales del Instituto de Lingüística 18-21 (1995-1998):109-124.

Fairclough, Norman. Language and Power. New York: Longman, 1989.

Finchelstein, Federico. La Argentina fascista, los orígenes ideológicos de la dictadura. Buenos Aires: Sudamericana, 2008.

Galván, María Valeria. “Discursos de los organismos de inteligencia argentinos sobre el Movimiento Nacionalista Tacuara durante la guerra fría (1958-1966)”. Antítesis 4 (2009). http://www.uel.br/revistas/uel/index.php/antiteses/article/viewFile/2446/3934 (última consulta 1° de diciembre de 2011).

Gutman, Daniel. Tacuara, historia de la primera guerrilla urbana argentina. Buenos Aires: Ediciones B, 2003.

Klich, Ignacio; Mario Rapoport (Eds.). Discriminación y racismo en América Latina. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1997.

Lvovich, Daniel. El nacionalismo de derecha. Desde sus orígenes a Tacuara. Buenos Aires: Capital Intelectual, 2006.

------- Nacionalismo y antisemitismo en la Argentina. Buenos Aires: Ediciones B, 2003.

Raiter, Alejandro, et al. Representaciones Sociales. Buenos Aires: Eudeba, 2002.

Rígano, Mariela. “Casamiento y sus voces relacionadas: un campo clave en el análisis sociolingüístico del léxico cortés (siglos XII a XVII)”. Tonos Digital 11 (2006) http://www.tonosdigital.com/ojs/index.php/tonos/article/viewArticle/19 (última consulta 1° de diciembre de 2011).

Rigatuso, Elizabeth. “Las fórmulas de tratamiento del español bonaerense desde la perspectiva de la Sociolingüística Histórica: factores y procesos en la dinámica del cambio (1800-1880)”. Analecta Malacitana XXVIII 1 (2005):77-100.

Rock, David, et al. La derecha argentina: nacionalistas, neoliberales, militares y clericales. Buenos Aires: Ediciones B, 2001.

------- La Argentina Autoritaria. Los nacionalistas, su historia y su influencia en la vida pública. Buenos Aires: Ariel, 1993.

Rodríguez González, Félix. Prensa y lenguaje político. Madrid: Instituto de Cultura Juan Gil Albert, 1991.

Romaine, Susan. El lenguaje en la sociedad. Una introducción a la Sociolingüística. Barcelona: Ariel, 1996.

Ruiz, Fernando J. Las palabras son acciones, Historia política y profesional de La Opinión de Jacobo Timerman (1971-1977). Buenos Aires: Libros Perfil, 2001.

Saborido, Jorge. “Por Dios y por la Patria: el ideario del nacionalismo católico argentino en la década de 1970”. Studia histórica 25 (2007):421-444.

------- “El antisemitismo en la Historia reciente: la revista Cabildo y la conspiración judía”. Revista Complutense de Historia de América 30 (2004):209-223.

Scirica, Elena. “Educación y guerra contrarrevolucionaria: Una propuesta de Ciudad Católica-Verbo”. Clío & Asociados 11(2007):119-140.

Senkman, Leonardo y Mario Sznajder. El legado del autoritarismo. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1995.

Seoane, María. El burgués maldito. José Ber Gelbard, jefe de los empresarios nacionales, lobbista político y ministro de Perón en los setenta. Buenos Aires: Debolsillo, 2009.

Ulanovsky, Carlos, et al. Estamos en el aire, una historia de la televisión en la Argentina. Buenos Aires: Planeta, 1999.

------- Paren las rotativas, Historia de los grandes diarios, revistas y periodistas argentinos. Buenos Aires: Espasa Calpe, 1997.

 

Correspondencia a:

Salta 118 (8000) Bahía Blanca (Argentina) patriciaorbe@gmail.com

Creative Commons License All the contents of this journal, except where otherwise noted, is licensed under a Creative Commons Attribution License