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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  n.30 Osorno jul. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012010000100023 

ALPHA 25 años Edición Aniversario 1985-2010 (233-236)
ISSN 0716-4254

RESEÑAS

Clemens FRANKEN y Magda SEPÚLVEDA. Tinta de Sangre. Narrativa policial chilena del siglo XX. Santiago: Universidad Católica Silva Henríquez, 2009.

 

Francisco Simón S.

Pontificia Universidad Católica de Chile'*
Facultad de Letras
(C) Magister en Letras
Avda. Vicuña Mackenna 4860, Santiago (Chile)
jjsimon@uc.cl


 

Pareciera que cada vez que un género literario se pone de moda, por detrás viene una crítica acechante esperando alcanzarse del pie del género que en alza editorial sube por las alturas. Quizás este sea el caso de Tinta de Sangre.

La presentación de este texto sitúa su localización enunciativa de acuerdo con una consideración inicial, preguntándose cómo el género policial se ubica en un limbo académico, en tanto, por una parte, no se halla favorecido por el canon como corpus del todo legitimado y, por otra, es uno de los géneros, sin duda, más envolventes, en cuanto a éxito editorial se trata. En efecto, sobre la premisa de que no hay quien nunca haya recorrido una novela policial, y no la haya disfrutado al mismo tiempo, Franken y Sepúlveda se concentrarán en revisar de una manera crítica la producción que de este género se efectuó en nuestro país durante el siglo XX.

La colección de narradores integrados a este proyecto es bastante amplia, y tiene como punto de partida a La muerte misteriosa de José Marini (1912) de Januario Espinosa. En adelante, Antonio Acevedo Hernández, Luis Enrique Délano, Poli Délano, así como Marcela Serrano, Ramón Díaz Eterovic y el infaltable Roberto Bolaño, serán revisados de acuerdo con las continuidades y/o transgresiones que hacen al género. En este sentido, me parece importante advertir que, al contrario de lo recién dicho, en realidad Tinta de Sangre se enfocará mucho más en las obras que en sus autores, de modo que los análisis textuales siempre se interesarán sobremanera en la textualidad de cada novela, alimentada, por cierto, por las peculiaridades de sus autores. Por otra parte, esta investigación abordará una enmarcación teórica del fenómeno de lo policial considerando cuáles serían sus rasgos genéricos, cómo se diferencia la novela de enigma de la novela negra, y cómo ha evolucionado a lo largo de su historia una retórica de lo detectivesco, pues "entendemos el género policial como una forma discursiva que viaja y que en ese recorrido se transforma" (11). Así, aproximándose a una Europa fronteriza entre sus momentos ilustrativos y románticos, se plantea la concepción de la novela policial con su germen en la novela gótica. Del mismo modo, no dejarán de ser relevantes, durante el siglo XIX, la sistematización de policías institucionales de distintas naciones, o el aparecimiento de la masa en medio de la existencia moderna, como un gran escenario sine qua non para el desarrollo y popularización del género policial.

Conforme a lo anterior, C. Franken y M. Sepúlveda lograrán establecer los vínculos y relaciones necesarias para colocar -inmersa en una tradición "universal"- a la producción chilena de novela policial, de manera que el Sherlock Holmes de A. Conan Doyle, o el detective Auguste Dupin de E.A. Poe, así como Philo Vanee de S.S. Van Dine, entre otros, aparecerán como figuras marcadas por una intertextualidad cuya fuerza radica en la posibilidad de lectura para con los detectives nacionales, como el Carlos Olmos de la novela de Januario Espinosa, o Bertrán Rojas de Luis Enrique Délano e, incluso, más contemporáneamente, del detective Heredia de Díaz Eterovic. La lectura de C. Franken y M. Sepúlveda no pretende ser inmanentista, sino que conciben a la novela policial nacional como partícipe de una retórica occidental que, primero, pide prestada y que, luego, adquiere carta de nacionalidad, chilenizándose.

La argumentación de Franken y Sepúlveda derivará hacia la segmentación del corpus literario en siete capítulos, como planes de lectura en función de los modos en que se adapta y atraviesa lo detectivesco en las distintas novelas que estudian: se esquematizan las distintas secciones, mencionándose, a grandes rasgos, las obras ingresadas a cada categoría, así como el tipo de detective, y también el tipo de acción, representada por las obras.

Cada una de las partes de este trabajo serán denominadas de acuerdo con la metáfora en que es imaginada la figura del detective. El primer capítulo, titulado "El detective contra los inmigrantes", se organiza en tanto los proyectos policiales se hallan al servicio de un nacionalismo en el que la figura del extranjero colonizador es denigrada en beneficio del roto nacional, como se desarrolla en las novelas de J. Espinosa y en Las aventuras de Manuel Luceño de A. Acevedo Hernández. La segunda sección, "El detective pro-aristocrático", que consigna novelas de A. Edwards publicados en la Revista Pacífico Magazine y de distintas novelas de Camilo Pérez de Arce, como Estocada y veneno, Los minutos acusan, El enigma de cleptómana, entre otras, exhibirá la imagen de aquel detective que opera en defensa de los intereses aristocráticos, que se presumen amenazados sea por el rotito antes defendido, o por una clase política burguesa. Por su parte, en el capítulo "El detective a favor de la modernización", la figura destacada tiene que ver con las reflexiones suscitadas por el accionar estatal, modernizador, que en su contacto reactivo con la masa evoca los obstáculos criminales, según sucede en las obras de R. Vergara El pasajero de la muerte, ¡Qué sombra más larga tiene este gato!, Un soldado para Lucifer, o La pluma del ángel y en distintos cuentos de L. E. Délano publicados en La niña de la prisión y otros relatos y en la Revista En Viaje, además de su novela Desdémona en apuros. A continuación, en el apartado "El detective cómplice de las mujeres" -y teniendo como corpus distintas novelas y relatos como Intimidades y sucesos policiales de A. Reyes Messa; Muerte de una ninfómana y Un cadáver en la bahía de P. Délano; Legítima defensa y Noches de estreno de A. Rojas y Nuestra Señora de la soledad de C. Serrano- la investigación se detiene en aquel tipo de detective que defiende el crimen contra la mujer (versión novelesca del popular femicidio periodístico), al tiempo que, a su vez, también defiende el crimen de la mujer. Aparecerán aquí tanto la figura de la femmefatale como la de Rosa Alvallay, la mujer-detective creada por Serrano. El quinto capítulo, titulado "El detective contra las grandes instituciones", está centrado en la obra de R. Díaz Eterovic, relatado en La ciudad está triste, Nadie sabe más que los muertos o Ángeles y solitarios, por nombrar algunos. También este apartado se dedica a R. Ampuero y su detective Cayetano Brulé, narrado en obras como ¿Quién mató a Cristian Kustermann?, Boleros en La Habana o Halcones de la noche; y, por último, a Quique Hache, detective, El labio inferior y La mujer del policía de S. Gómez y tiene, esta vez, al protagonista en contacto con una sensibilidad dictatorial, así como también pos-transicional. Se hallan aquí los crímenes con sabor a los 70, que en las décadas posteriores asumen a las Instituciones como entidades de la memoria criminal. Por su parte, el capítulo sexto "El detective en la globalization", tiene en consideración obras como Nombre de torero y Yacaré de L. Sepúlveda y Stradivariopenitente de A. Rojas, a partir de las cuales se echa una mirada sobre el sujeto del capitalismo tardío, cosmopolita, en escenarios de una ley globalizada. Finalmente, el último capítulo, titulado "El detective frente a la imposibilidad de la verdad", tendrá como protagonistas a los personajes de distintas novelas de R Bolaño, como Monsieur Pain, Pista de hielo y Estrella distante en las que el género policial se halla en franca transgresión, mutación y polémica con el resto de obras revisadas. Más allá de lo reseñado, me gustaría aproximarme a aquellos aspectos que mejor cuida esta investigación: la revisión de obras es vasta y, lo que me parece mejor, recupera los trabajos de ciertos autores no siempre documentados en cuanto al relato policial. Tales son los casos de A. Acevedo Hernández quien, mejor conocido como dramaturgo, se perfila en esta investigación como uno de los primeros en suscribir el género policial en Chile; también está el caso de V. Huidobro, quien presenta una obra policial vanguardista en coautoría con H. Arp, como es El jardinero del Castillo de Medianoche (Novela policial) (1931). En este sentido, esta tarea de "rescate" sobre las obras de autores que han sido reconocidos por obras no policiales, me parece un logro de esta publicación.

Por otra parte, resulta relevante que una investigación como esta implica la valoración de un género no incluido con legitimidad por la Academia. En este sentido, Franken y Sepúlveda realizan un ejercicio que es, de alguna manera, detectivesco en sí mismo, en tanto viene a iluminar un "crimen" que esta vez ha sido de tipo crítico-literario, y que tiene que ver con la exclusión que se hace del género con respecto al lugar que ocupa dentro de nuestro sistema cultural. Por lo demás, este estudio viene a continuar una línea investigativa previa de estos autores: Franken ya había publicado Crimen y verdad en la novela policial chilena actual (2003) mientras que Sepúlveda se había dedicado al tema en 1997, en un equipo dirigido por Rodrigo Cánovas sobre Novela chilena: nuevas generaciones, así como en distintas publicaciones periódicas.

En suma, Tinta de Sangre... viene a configurar un eslabón más de una actividad académica que se ha propuesto investigar el relato policial como un área específica de la literatura nacional que puede ser exitosa y popular, al tiempo que representa una variedad valiosa del discurso literario chileno, pues, no dejará de ser importante cómo una sistematización de los crímenes representados en la novela del siglo XX, es también una historia de los crímenes efectuados durante el siglo XX.

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