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Estudios atacameños

On-line version ISSN 0718-1043

Estud. atacam. vol.68  San Pedro de Atacama  2022  Epub Sep 26, 2022

http://dx.doi.org/10.22199/issn.0718-1043-2022-0021 

ARQUEOLOGÍA

Objetos de uso corporal del período Formativo en el sur de los Valles Calchaquíes

Objets of bodily use from the Formative period in the southern Calchaquí Valleys

Leticia Inés Cortés1 
http://orcid.org/0000-0001-5118-5840

1 Instituto de las Culturas (IDECU). Universidad de Buenos Aires-CONICET, Buenos Aires, ARGENTINA. E-mail: leticiacortes@gmail.com

Resumen

Este trabajo presenta el conjunto de objetos de uso corporal recuperados en distintos sitios asignados al período Formativo (ca. 1500 AC-1000 DC) del Valle del Cajón, el Valle de Santa María y la Falda Occidental del Aconquija, en el extremo meridional de los Valles Calchaquíes, Noroeste argentino. La muestra está compuesta por 1973 piezas, incluyendo cuentas, pendientes, apliques, brazaletes y anillos confeccionados en distintas materias primas: piedra, mineral, valva, cerámica y metal. Se cuantifican y se analizan de acuerdo a tipos, materias primas, formas y colores y se ofrece una discusión y contextualización de la muestra en relación a otros objetos de uso corporal ya publicados procedentes del área de estudio.

Palabras clave: adornos prehispánicos; cuerpos; Noroeste argentino; Andes del sur

Abstract

This work presents a set of objects of bodily use assigned to the Formative period (ca. 1500 BC-1000 AD) recovered from various sites in the Cajón Valley, the Santa María Valley and the western foothills of the Aconquija mountain range in the southern Calchaquíes Valleys of northwest Argentina. The sample comprises 1973 items, including beads, pendants, appliqués, bracelets and rings made of different raw materials: rocks, minerals, shells, ceramics and metals. Items are quantified and analyzed by type, raw material, shape and color. This work offers discussion and contextualization of the sample as it relates to other objects of bodily use published from the study area.

Keywords: pre-Hispanic ornaments; bodies; northwest Argentina; southern Andes

Introducción

En su paso por la Falda Occidental del Aconquija en la década de 1920, Vladimiro Weiser excavó numerosos entierros que describió en sus libretas de campo con excepcionales dibujos que ilustran a los cuerpos, las estructuras funerarias y los objetos asociados. En varias oportunidades, los objetos que registró corresponden a “collares de caracoles” o “guaicas de malaquita” que se encontraban alrededor del cuello de los individuos inhumados (Figura 1).

Figura 1 “Tumba en Cerrillos Alto 9/12/1924”. Reproducción de la Libreta de Campo de Vladimiro Weiser de la VII Expedición Benjamín Muniz Barreto. Repositorio original: Archivo de la División de Arqueología del Museo de La Plata, Facultad Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata. Argentina. Redibujado del original por la autora. 

Un estudio comparativo sobre los ajuares funerarios del período Formativo (ca. 1500 AC-1000 DC) en una amplia región de los valles y yungas del Noroeste argentino (NOA) mostró que “los objetos de adorno”-entre los cuales se incluyen cuentas, brazaletes, anillos, pendientes y apliques- son el segundo tipo de hallazgo más común en las tumbas del primer milenio DC, luego de los recipientes cerámicos (Cortés, 2005).

En la literatura etnográfica y etnohistórica es común encontrar referencias acerca de los ornamentos o adornos y cómo su uso puede modificarse a lo largo de la vida de cada persona, marcando la etapa social que atraviesa quien lo porta. Por ejemplo, el desarrollo, el sexo o género, la iniciación en el mundo adulto, la aptitud para casarse o tener hijos, el duelo, la viudez, los rangos, entre otros. En tal sentido, estos objetos suelen tener un carácter de marcador social, confiriendo y habilitando a la persona que los lleva, un determinado lugar en el grupo (e.g. Seeger, 1975; Turner, 1995; Miller, 2013). Asimismo, se ha planteado que los objetos de adorno suelen tener directa relación con el mundo shamánico y ritual, por ejemplo, actuando como amuletos que confieren protección. Así lo explicitaba Adán Quiroga respecto de los calchaquíes:

Colgados al pecho también llevaban los calchaquíes toda clase de amuletos de metal, de piedra, de hueso y de madera, para propiciar conjurar venturas o desgracias […] siempre con su agujero para ser colgados […]. Estos amuletos consisten en figurillas antropomorfas, zoomorfas, ornitomorfas, cilindricas, cónicas, cuadradas, circulares, generalmente bien talladas y con grabados simbólicos […]. Esta clase de adornos, pues, son de carácter sagrado, y constituyen ex-votos. (Quiroga, 1903, pp 24-26).

Estudios arqueológicos sobre este tipo de objetos o sus representaciones en distintos soportes, también han mostrado asociaciones históricamente específicas entre el uso de determinados elementos ornamentales y el ciclo de vida, el género, el estatus, la identidad o la pertenencia social, dando sustento a la a perspectiva que considera que los cuerpos y las materias constitutivos y constituyentes de la persona como ser social (e.g. Joyce, 2000; Joyce, 2005; Stoodley, 2000, entre otros).

Aunque la terminología usualmente empleada para referirse a estos objetos es “adornos” u “ornamentos”, su significado en distintas sociedades -como se mencionó más arriba-, plantea ciertos reparos en tanto estos vocablos no están exentos de una carga semántica anclada en lo contemporáneo. El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “adorno” como “aquello que se pone para la hermosura o mejor parecer de personas o cosas”. Siendo esta su acepción más corriente, será fácil trasladar nuestro imaginario hacia el pasado. En este sentido, para evitar las connotaciones actuales de la palabra “adorno” u “ornamento” preferiré referirme a ellos como “objetos de uso corporal”, una denominación descriptiva de lo que estos objetos son y no de lo que significan: piezas hechas para ser portadas por una persona. Así, aunque no se descarta su carácter ornamental, se plantea que estos artefactos deben ser entendidos en un sentido más amplio, como la expresión material de la persona en tanto sujeto y miembro de un grupo social. Un claro ejemplo de ello en nuestra propia sociedad es la alianza de boda, la cual no es considerada un adorno, sino un indicador de matrimonio.

En el siguiente acápite se describe la colección de objetos de uso corporal recuperados en diversos sitios asignados al período Formativo en el Valle del Cajón, el Valle de Santa María, y la Falda Occidental del Aconquija, al sur de los Valles Calchaquíes. A continuación, se ofrece una discusión general de la muestra, y una evaluación a la luz de otros hallazgos publicados en la bibliografía para el área de estudio.

Objetos de uso corporal del período Formativo al sur de los Valles Calchaquíes

A lo largo de tres décadas de investigaciones llevadas a cabo en la región meridional de los Valles Calchaquíes por María Cristina Scattolin1 y equipo, se han recuperado una variedad de objetos de uso corporal que alcanzan un número mínimo de 1973 artefactos. Los hallazgos provienen de 17 sitios ubicados en tres regiones: el sur del Valle del Cajón (Cementerio Duna, Cardonal, Cementerio Cardonal, Cementerio Bordo Marcial, Bordo Marcial Tumba C500, Bordo Marcial Tumba C441, Yutopián, Corral de Goyo y El Alto-Médano), el Valle de Santa María (Lampacito, El Bañado y El Bañado-La Vaquería) y la Falda Occidental del Aconquija (Loma Alta, Tesoro 1, Antigal de Tesoro, Buey Muerto e Ingenio Arenal-Faldas del Cerro) (Figura 2). La colección está compuesta mayoritariamente por cuentas (n=1951) y en una proporción mucho menor, pendientes (n=13), anillos (n=4), apliques (n=3) y brazaletes (n=2).

Denomino “cuentas” a aquellos objetos que presentan una única perforación central o aproximadamente simétrica respecto de los bordes. En la categoría “pendientes” se incluyen piezas que poseen una perforación ubicada en un extremo, que en general son más largos que anchos o viceversa. “Anillos” y “brazaletes” refieren a objetos que pueden llevarse en los dedos, en el primer caso, y en los brazos, antebrazos y tobillos, en el segundo. En pos de simplificar, dentro la categoría “brazalete” se incluye también la forma “pulsera” ya que posee la misma funcionalidad. Finalmente, “apliques” refiere a aquellos objetos, usualmente laminares y trabajados en una de sus caras, que poseen más de una horadación lo cual sería indicativo de que hubieran estado cosidos en varios puntos a otros elementos, por ejemplo, prendas de vestir, tocados, o gorros.

Figura 2 Mapa del sur de los Valles Calchaquíes indicando la localización de los sitios de procedencia de la muestra. 

Valle del Cajón

El Valle del Cajón se extiende en sentido norte-sur, a lo largo de 90 km entre 66°00’ y 66°30’ de Longitud O y 26°10’ y 27°00’ de Latitud S (Figura 2). Parte de la muestra de objetos de uso corporal proviene de contextos habitacionales y funerarios de las localidades de La Quebrada, Yutopián y Agua Amarilla (Scattolin et al., 2009; Scattolin, Cortés et al., 2009; Scattolin et al., 2015). Los contextos poseen varios fechados radiocarbónicos que los ubican cronológicamente en los primeros siglos DC. No obstante, las evidencias funerarias han demostrado que esta área estuvo habitada desde por lo menos el 6000 antes del presente (Cortés, 2011, Cortés, 2013).

Cementerio Duna

El Cementerio Duna es un área de enterratorio prehispánica emplazada en un gran médano de arena fina y clara, en la localidad de La Quebrada, equidistante de los sitios habitacionales Cardonal y Bordo Marcial. En superficie afloran fragmentos de hueso humano, cuentas, tiestos cerámicos de tipo fino gris pulido y tosco, algunos correspondientes a piezas de pequeñas dimensiones, así como ocasionales fragmentos de oro y cobre. Se distinguen restos de estructuras de piedra, algunas con claras señales de haber sido perturbadas. El fechado sobre el rescate de un entierro ubicó a este cementerio en cal DC 26-247 (2δ) (Cortés, 2011).

Varias recolecciones superficiales realizadas a lo largo de los años en este médano, resultaron en la recuperación de un total de 28 cuentas realizadas sobre mineral de cobre2. Todas ellas son circulares con una perforación central, con tamaños que varían entre 2 y 13 mm de diámetro (Figura 3a). La gama de colores oscila entre tonos turquesas, verdes y azules, que se corresponden con las tonalidades 5GY 7/2 (Grayish Yellow Green), 10G 8/2 (Vary Pale Green), 5B 7/6 (Light Blue) y 5B 5/6 (Moderate Blue) en base al Munsell Rock Color Book (2009). Es pertinente destacar que, dado que las prospecciones realizadas en este lugar se realizaron desde la distancia del observador a la superficie, la ausencia de cuentas de materias primas de colores más claros como las de valva, podría estar sesgada por la baja visibilidad de las mismas en contraste con la arena clara, casi blanquecina, del cementerio.

Figura 3 Selección de cuentas de la muestra analizada. Valle del Cajón: a. Cementerio Duna (mineral de cobre); b. El Alto-Médano (mineral de cobre); c. Cementerio Cardonal (mineral de cobre); d. Yutopián (mineral de cobre); e. Corral de Goyo (mineral de cobre); f. Bordo Marcial entierro C441 (mineral de cobre). Valle de Santa María: g. Lampacito (mineral de cobre); h. El Bañado-Bañado Viejo (mineral de cobre); i. El Bañado-La Vaquería (mineral de cobre). Falda Occidental del Aconquija: j. Tesoro 1 (mineral de cobre y valva); k. Loma Alta R47 (mineral de cobre); l. Potrero Bordón (valva); m. Loma Alta R47 (valva); n. Loma Alta R47 (mineral de cobre); o. Loma Alta recolección superficial (mineral de cobre); p. Antigal de Tesoro (mineral de cobre); q. Buey Muerto (mineral de cobre); r. Ingenio Arenal-Faldas del Cerro (mineral de cobre). 

Cardonal

Cardonal es una aldea compuesta por varios recintos habitacionales de piedra de forma circular o subcircular adosados en grupos y por estructuras de mayor tamaño, probablemente corrales (Scattolin et al., 2009; Scattolin et al., 2009b; Scattolin et al., 2015). Posee un total de 10 fechados radiocarbónicos, todos los cuales indican una ocupación de los primeros siglos DC, 56 a 386 cal DC (2δ) (Scattolin, 2010, Tabla 1). De la excavación de uno de los núcleos habitacionales (Núcleo 1) compuesto de 5 estructuras, provienen tres pendientes (Figuras 4a, c, e). En superficie se hallaron otros dos pendientes (Figuras 4b y 4d), todos ellos fracturados. Solo una cuenta lítica fragmentada fue recuperada de la estructura 1 de tonalidad verde claro (10G 8/2 Very Pale Green), probablemente realizada sobre algún mineral de cobre (Tabla 1).

Tabla 1 Procedencia, contexto, cronología, cantidades, materias primas y tipos de objetos de la muestra analizada. Las fechas calibradas fueron calculadas usando la curva SHCal20 en el programa Calib 8.2 (Stuiver et al., 2021). [Descargar tabla]. 

Notas. a) Por asociación a fechado de entierro C641 (Cortés, 2011); b) Por asociación a fechados del sitio Cardonal (Scattolin, 2010: Tabla 1); c) Por asociación a fechados del sitio Bordo Marcial (Scattolin, 2010: Tabla 1) ;d) Por asociación a fechados del sitio Yutopian (Scattolin, 2010: Tabla 1) ; e) Por asignación tipológica de material cerámico de superficie ; f) Por asociación a fechados del sitio El Bañado-Bañado Viejo (Scattolin, 2010: Tabla 1); g) Por asociación a fechado del sitio Antigal de Tesoro (Scattolin, 2010: Tabla 1); h) Por asociación tipológica (González, 1977, p.149); i) Por asociación a fechados del sitio Loma Alta R47 (Scattolin, 2010: Tabla 1); j) Por asociación a R19 sitio Loma Alta (Scattolin, com. pers., Scattolin, 2010: Tabla 1).

Figura 4 Pendientes procedentes del área de estudio. Valle del Cajón: a. Cardonal (E2, piedra); b. Cardonal (recolección superficial, piedra); c. Cardonal (E5, piedra); d. Cardonal (recolección superficial, cerámica); e. Cardonal (E3, piedra); f. Bordo Marcial Tumba C441 (cobre). Valle de Santa María: g-h. El Bañado (piedra). Falda Occidental del Aconquija: i. Antigal de Tesoro (mineral de cobre); j. Loma Alta R47 (valva Diplodon/Anodontites); k. Loma Alta Pasillo Núcleo A (cerámica); l. Loma Alta R16 (cobre); m. Buey Muerto, (recolección de superficie, mineral de cobre). 

Cementerio Cardonal

Este cementerio se ubica en la margen derecha del sitio habitacional Cardonal, separado de aquél por una pequeña cárcava. Al igual que el Cementerio Duna, se emplaza sobre suelos arenosos. Si bien este lugar presenta alto grado de perturbación debido a posibles saqueos antiguos, en superficie aún pueden observarse restos de estructuras de piedra, fragmentos óseos humanos y tiestos cerámicos. De aquí provienen cinco cuentas de mineral de cobre cilíndricas verde-azuladas (5B 7/6 Light Blue, 5G 7/4 Light Green, 10G 8/2 Very Pale Green, 5BG 6/6 Light Blue Green, 5B 7/6 Light Blue) similares a aquellas del Cementerio Duna (Figura 3c) (Tabla 1). Se asigna a este cementerio la misma cronología que al sitio Cardonal.

Cementerio Bordo Marcial

Este lugar de enterratorio está emplazado sobre la margen derecha de la aldea de Bordo Marcial, y presenta características similares al Cementerio Cardonal en términos de topografía (arena fina y clara) y de disposición en el espacio (separado del sitio habitacional por una pequeña cárcava). En superficie se recuperó un aplique zooantropormorfo confeccionado en mineral de cobre. Aunque se encuentra fracturado, se distingue claramente una cabeza con hocico o nariz, manos y pies. Posee tres horadaciones en sus extremos y una cuarta en el lugar de la fractura. De un lado exhibe un color azulado-turquesa intenso (5B 5/6 Moderate Blue), mientras que en el reverso el color es amarronado y no presenta pulimento. Esta doble cara plantea interrogantes sobre si el mismo estaba aún en proceso de formatización o bien, al tratarse de un aplique, solo la cara visible habría sido trabajada (Figura 5a y b) (Tabla 1). Una de las estructuras habitacionales del sitio Bordo Marcial (E18) fue fechada y se asigna cronológicamente al 114-253 DC (2δ) (Scattolin, 2010, Tabla 1).

Figura 5 Aplique zooantropomorfo del Cementerio Bordo Marcial: a. frente b. revés. c. Piezas similares procedentes de San Pedro de Atacama. (Museo Gustavo Le Paige, foto: Florencia Ávila, ver adelante). 

Bordo Marcial Tumba C441

En el sector alto de la terraza sobre la cual se emplaza el sitio Bordo Marcial, se efectuó el rescate de dos contextos funerarios contiguos. En uno de los sepulcros se halló el cuerpo de un individuo juvenil de entre 8 y 12 años de edad, asociado a una cuenta de mineral de cobre y un pendiente de cobre (Figura 3f y 4f; Cortés, 2010; Cortés, 2011). El pendiente tiene forma rectangular con un borde redondeado en la parte superior. Sus dimensiones son 36 mm de alto, 20 mm de largo y 1 mm de espesor. La cuenta es de forma cilíndrica, de 13 mm x 6 mm, y color verde muy claro (10GY 7/2 Pale Yellowish Green). Este individuo fue datado y se asigna cronológicamente al 1416-1111 AC (2δ) (Cortés, 2011), esto es, unos 1000 años anterior a la ocupación de Bordo Marcial (Tabla 1).

Bordo Marcial Tumba C500

A pocos metros del sepulcro anterior se hallaron los restos muy deteriorados de un niño de entre 4 y 5 años de edad, asociados a varios fragmentos de lo que se infiere habría sido una urna tosca y a un número mínimo de 1680 cuentas de valva (Figura 6). Este contexto se ubica temporalmente entre los 209 a 55 AC (2δ) (Cortés, 2011, Tabla 1). Las cuentas son blancas, de entre 2 mm y 4 mm de diámetro, con una horadación central. Son sumamente frágiles y muchas se encuentran erodadas y/o fracturadas. Algunas de ellas aún se hallan pegadas entre sí como si hubieran formado una cadena, por lo que se estima que las mismas habrían constituido un collar. De ser así, conforme a la cantidad y espesor de las cuentas, el collar habría tenido como mínimo 1,60 m de largo, dando varias vueltas al cuello del niño.

Figura 6 a. Cuentas de valva asociadas al entierro Bordo Marcial C500 (n=1680). b. Detalle de dos pares de cuentas unidas entre sí. 

Yutopián

Yutopián es un sitio arqueológico multicomponente emplazado sobre una loma, unos 8 km al norte de La Quebrada (Scattolin y Gero, 1999; Scattolin, 2019). Durante las excavaciones realizadas en la década de 1990 fueron recuperadas siete cuentas cilíndricas de aproximadamente 15 mm de largo, de tonalidades “grey-green” (Estructura 1), “grey/brown” y “blue/blue-green” (Estructura 4), de acuerdo a lo descripto por Joan Gero (2015, p. 300) (Figura 3d). Por asociación contextual, tendrían una antigüedad de 141 AC a 648 DC (2δ). Según postula esta autora, las cuentas de tono azul serían de lapislázuli, aunque no se reportan análisis hechos sobre las mismas. Por otra parte, se recuperaron otras dos cuentas de “turquesa”, en este caso circulares, con perforación central (Gero, 2015, Figuras 117 y 118).

Finalmente, del área circundante al sitio Yutopián uno de los pobladores recuperó un brazalete -presumiblemente de cobre- formado por una lámina plana, del cual no se conoce su procedencia exacta (Gero, 2015, Figura 104) (Tabla 1, Figura 7f).

Figura 7 A. Anillo inserto en falange (Lampacito). b. Otros dos anillos del mismo contexto (Lampacito). c. Brazalete (Lampacito). d y e. Anillo de cobre (Loma Alta R47) vista frontal y lateral, respectivamente. f. Brazalete (Yutopián). 

Corral de Goyo

Unos 12 km al sur de La Quebrada se encuentra la localidad de Agua Amarilla. Al norte de dicho poblado, en Volcán, se identificó un sitio compuesto por estructuras circulares y subcirculares adosadas, de tamaños variables al que denominamos Corral de Goyo. Como parte de los materiales recuperados de la excavación del recinto 15 se halló una cuenta circular fragmentada de 12 mm de diámetro, de color blanquecino (Figura 3e). Un fechado radiocarbónico de este recinto lo ubica cronológicamente en 1766±23 AP o cal DC 249-372 (2δ) (AA114365, Carbón, δ13C=-23,8%) (Tabla 1).

Cementerio El Alto-Médano

Continuando camino hacia el norte de la localidad de Agua Amarilla se encuentra El Alto-Médano. Se trata de un área de cementerio dada la cantidad de fragmentos óseos humanos, cerámicos y cuentas presentes en superficie, así como por su emplazamiento en un terreno arenoso (respecto de esta última característica ver Cortés 2020). Su asignación temporal se estableció al período Formativo por asociación tipológica al material cerámico de superficie (Tabla 1). De aquí proceden 42 cuentas, 37 de las cuales son de mineral de cobre, de tonalidades verde, azul y turquesa (5B 5/6 Moderate Blue, 5G 7/2 Pale Green, 10G 8/2 Very Pale Green, 5BG 5/2 Grayish Blue Green) (Figura 3b), y las cinco restantes de valva. Todas son circulares con una horadación central. Las primeras presentan una gran variación de tamaños, entre 2 y 10 mm de diámetro, mientras que las de valva tienen entre 3 y 4 mm de diámetro.

Valle de Santa María

El valle de Santa María o Yocavil se extiende a lo largo de 100 km de longitud, ocupando parte de las provincias de Tucumán y Catamarca. Surcado por el río Santa María, se emplaza entre la Sierra del Cajón al oeste y la Sierra del Aconquija al este (Figura 2).

El Bañado-Bañado Viejo

Prospecciones efectuadas por Scattolin y equipo (2001) dieron con la localización de un sector denominado Bañado Viejo, en la llanura aluvional del río Santa María (Dpto. Tafí del Valle, Tucumán). Esta área se caracteriza por la presencia de materiales cerámicos Formativos exclusivamente (Scattolin et al., 2001). De aquí proceden cuatro cuentas, dos de ellas de color verde (10GY 4/4 Dark Yellowish Green, 5G 5/2 Grayish Green) -probablemente de mineral de cobre-, una de color grisáceo (SYR 6/1 Light Brownish Gray) y otra casi negra con tintes violáceos (N2 Grayish Black), coloración que no se descarta pueda deberse a la acción del fuego (Figura 3h). Asimismo, se recuperaron dos pendientes de piedra (aún no determinada la materia prima a nivel específico), ambos fracturados. Uno de ellos presenta un retoque en forma de aserrado en uno de sus laterales (Figura 4g). En el sector opuesto se observa una perforación circular y dos marcas de inicio de perforación no concluida (esto último podría indicar que se trate de un aplique en proceso de formatización, pero siendo que posee una sola horadación efectiva se ha catalogado como pendiente). El segundo pendiente se encuentra más deteriorado, pero se observa claramente una perforación circular (Figura 4h, Tabla 1).

Se hallaron, además, varias cuentas de valva (Scattolin et al., 2001) y tres grandes fragmentos de moluscos. Estos últimos fueron asignados al género Megalobulimus3 de gasterópodos terrestres (Dr. Sergio Miquel, com. pers., noviembre 2019). Uno de estos fragmentos presenta un posible inicio de perforación circular, aunque dado su pobre estado de conservación no es posible establecerlo con mayor seguridad. Finalmente, de recolecciones superficiales del área de El Bañado denominada Potrero Bordón, proceden una cuenta circular de valva (Figura 3l) y otros seis fragmentos de valva de molusco.

El Bañado-La Vaquería

El Bañado-La Vaquería es un enterratorio en urna excavado en la década de 1960 por un equipo de la Universidad del Litoral en el fondo de valle de Santa María (Scattolin, 2000; Tarragó y Scattolin, 1999). Se trata de una gran urna de pasta gruesa con tapa, conteniendo dos individuos, un infante de entre 9 y 12 meses y un niño de entre 5 y 6 años de edad (Cortés, 2005). Dentro de la urna también se encontraron, una cuenta de mineral de cobre de color verde claro (5G 7/2 Pale Green) (Figura 3i) y una pequeña jarra gris pulida con decoración antropomorfa de estilo Candelaria (Tarragó y Scattolin, 1999). Los restos humanos fueron fechados y se ubican entre el 644-772 DC (2δ) (Scattolin et al., 2005).

Lampacito

En el año 2003, a raíz de un hallazgo fortuito, se llevó a cabo un rescate arqueológico de un entierro que ya había sido parcialmente perturbado (Scattolin et al., 2005). Se recuperó el cuerpo de una mujer adulta de entre 40 y 50 años de edad, acompañada por al menos 12 vasijas cerámicas y un brazalete presumiblemente de cobre (Figura 7c). Los materiales ya habían sido extraídos del contexto original al momento del rescate. Durante la excavación arqueológica se recuperaron 14 cuentas de collar de mineral de cobre (Figura 3g) y 3 anillos de cobre (determinado en base a análisis metalográficos de EDAX y Fluorescencia de Rayos X)4, uno de los cuales se hallaba inserto a una de las falanges de la mujer (Figura 7a y b, Tabla 1). Se nos informó también, que posiblemente aún quedaría un segundo brazalete y un número indeterminado de anillos en posesión de los pobladores.

Cada uno de los anillos está formado por una circunferencia de metal que no llega a cerrarse totalmente. Las medidas oscilan entre 16-18 mm de diámetro interior y 22-24 mm exterior. El espesor es difícil de calcular, debido a la capa de sedimento consolidado que los recubre. El brazalete, por su parte, tiene un ancho máximo de 52 mm y un espesor de 4 mm.

Las cuentas de collar son circulares, poseen un orificio central y varían entre los 3 y 7 mm de diámetro. La mayoría presenta un tinte negro azulado. No se descarta que la coloración oscura de las cuentas pueda deberse a la acción del fuego que afectó en gran medida a los restos humanos. Este contexto se ubica cronológicamente entre los 584 y 679 años DC (2δ) (Scattolin et al., 2005).

Falda occidental del Aconquija

La Falda occidental del Aconquija es la continuación meridional hacia el este del Valle de Santa María. La mayor parte de los asentamientos arqueológicos se ubican en la parte más alta de este piedemonte y las laderas cercanas a unos 3000 msnm, cada uno sobre un cono de deyección principal (Figura 2). El patrón de asentamiento generalizado se caracteriza por la presencia de recintos de habitación y de cultivo o corrales (Scattolin, 1990; Scattolin, 2001).

Tesoro 1

El sitio Tesoro 1 se extiende sobre un cono aluvial en la margen derecha del río Tesoro. Del Núcleo A (recinto 5), un área con evidencias de actividades domésticas (Scattolin y Albeck, 1994; Izeta, 2004; Lazzari, 2006), provienen 6 cuentas circulares con horadación central: cuatro confeccionadas en minerales de cobre -de tonalidades verde oscuro (5GY 2/1 Greenish Black) y verde claro (10Y 8/2 Greenish Yellow)- y tres en valva (Figura 3j). Además, se recuperaron 3 fragmentos de valva de molusco. Este recinto se asocia a una cronología de 115-426 cal DC (2δ) (Scattolin, 2007a).

Antigal de Tesoro

Antigal de Tesoro (o Tesoro II), datado en 412-637 cal DC (2δ) (Scattolin, 2007a), se compone de unas 65 estructuras de forma circular o subcircular, la mayoría correspondientes a recintos habitacionales (Lazzari, 2006; Scattolin, 2010). Durante los relevamientos en superficie se recuperó un pendiente de mineral de cobre fracturado de color verde intenso (10GY 4/4 Dark Yellowish Green) (Figura 4i) y de la excavación del recinto 16, procede una cuenta gris oscura (5YR 4/1 Olive Gray) de forma esférica (Figura 3p).

Buey Muerto

Se ubica al sur de Cerrillos sobre un cono de deyección que nace de la sierra. Se compone de recintos de cultivo y unidades de habitación agrupadas en núcleos (Scattolin y Albeck, 1994; Scattolin, 2007b). Inicialmente relevado por Weiser (1924; Raffino, 1991) fue excavado por A. R. González (1977) quien atribuyó el sitio a la cultura Ciénaga asignándolo al lapso temporal ca. 350-650 cal DC.

Durante 1980, las prospecciones realizadas en el área a cargo de Scattolin dieron con el hallazgo de un pendiente de mineral de cobre en forma de lágrima con una horadación en el extremo más agudo, de textura rugosa y color verde oscuro intenso (10GY 4/4 Dark Yellowish Green), confeccionado en lo que podría ser algún mineral de cobre (Figura 4m). Más tarde, a fines de 1990, durante la excavación de una estructura habitacional (Estructura 3) se recuperó una cuenta de mineral de cobre circular con horadación central de color verde-celeste muy claro (10G 8/2 Very Pale Green) (Figura 3q).

Ingenio Arenal-Faldas del Cerro

Ingenio del Arenal-Faldas del Cerro se encuentra en la parte más alta del conoide, presenta gran variedad de estructuras arquitectónicas y se ubica cronológicamente entre los años 204 y 385 cal DC (2δ) (Lazzari y Pereyra Domingorena, 2008, p. 763). Este sitio se distingue por la presencia de cerámica Condorhuasi polícroma, así como indicaciones de producción de bienes metálicos, como trozos de mineral verde, material refractario, fragmentos de escoria, etc. (Scattolin y Williams, 1992; Lazzari y Pereyra Domingorena, 2008). Al momento, solo se halló una única cuenta circular de mineral de cobre de tonalidad verde claro (10G 8/2 Very Pale Green), de unos 10 mm de diámetro máximo, proveniente de recolección superficial (Figura 3r) (Tabla 1).

Loma Alta

Finalmente, el sitio Loma Alta, se emplaza sobre una explanada surcada por dos pequeñas quebradas que la separan del gran conoide de Cerrillos. Comprende unas 100 estructuras, núcleos habitacionales que se encuentran intercalados entre los campos de cultivo y adosados a ellos (Scattolin, 1990; Scattolin, 2007b; Scattolin, 2010; Scattolin y Albeck, 1994). Loma Alta posee siete fechados radiocarbónicos que lo ubican entre 225 y 1022 cal DC (2δ) (Scattolin, 2007b; Scattolin, 2010). Aquí se recuperaron un total de 160 objetos de uso corporal, de los cuales 150 provienen del recinto R47 y 10 de otras procedencias, incluyendo los recintos R63, R89, R88, R87, R16 y de recolección superficial (Tabla 1). Del total, 154 son cuentas (132 de valva y 22 de mineral de cobre) (Figuras 3m, 3o), tres son pendientes (uno de cobre, uno de valva y uno de cerámica) (Figuras 4j, 4k, 4l), un anillo de cobre (Figura 7d y e), y dos apliques, uno de oro y otro de cobre (Figura 8).

Figura 8 a. Aplique antropomorfo de oro (Loma Alta R47). Medidas 4,8 mm (alto) 3,1mm (ancho máximo). Foto tomada de Goretti (2006: 225). b. Aplique semilunar de cobre (Loma Alta R47). 

De acuerdo con estas cantidades, más del 90% de los objetos provienen del recinto R47, un patio dentro del núcleo habitacional E con presencia de varias áreas de actividad (Scattolin, 1990). Durante la excavación de esta estructura se recuperaron 127 cuentas de valva, de diámetros variables entre 2 y 12 mm, 19 cuentas de mineral de cobre, un pendiente de valva, un anillo de cobre y dos apliques, uno de oro y otro de cobre (Figura 4j). Los pendientes de valva presentan un brillo nacarado y fueron asignados al género Diplodon ó Anodontites, ambos moluscos de agua dulce (Dr. Sergio Miquel com. pers.). Por su parte, un fragmento de valva procedente del nivel 5 de este recinto corresponde al género Megalobulimus (Dr. Sergio Miquel com. pers.).

Las cuentas de mineral de cobre recuperadas del R47 son 19 en total. Exhiben una variedad de formas y tonalidades: verdes, azuladas, turquesas (10GY 4/4 Dark Yellowish Green, 10G 8/2 Very Pale Green, 5BG 7/2 Pale Blue Green, 10GY 5/2 Greyish Green, 5BG 6/6 Light Blue Green, 5G 7/4 Light Green) y grisáceas (N6 Medium Light Gray). Son todas circulares con una perforación central (Figura 3k), a excepción de una de forma cilíndrica (Figura 3n) y un fragmento de otra que parece haber tenido una morfología similar. De este conjunto se destaca una cuenta de mineral en proceso de formatización, en tanto se observa que habría comenzado a ser horadada en su porción central por ambos lados, sin llegar a una perforación total (Figura 9). Al respecto, Scattolin (1990) apunta que la presencia de mineral de malaquita en bruto en este sitio podría haberse usado para la confección de cuentas de collar pulidas. Asimismo, el sitio se halla a unos 50 km de la mina cuprífera de Capillitas.

Figura 9 a. y b Cuenta de mineral de cobre en proceso de formatización procedente de Loma Alta (R47): ambas caras de la misma pieza. 

Por su parte, los apliques que provienen de este recinto fueron ambos confeccionados en metal. El primero es una fina lámina de oro trabajada por repujado en una de sus caras que presenta una imagen antropomorfa con ojos, nariz y cejas. Tiene cuatro horadaciones, dos en la parte superior y dos en la parte inferior, lo que indicaría que probablemente estuvo cosido en algún tipo de prenda o tocado (Figura 8a). Sus dimensiones son 4,8 mm de largo, 3,1 mm de ancho máximo y 0,4 mm de espesor. El segundo aplique está hecho sobre una lámina de cobre, con forma de medialuna y 23 mm de largo -aunque se halla fracturado- y pose dos orificios (Figura 8b).

Finalmente, el anillo, también confeccionado en cobre, es una lámina de 11 mm de alto plegada sobre sí misma. Se encuentra deformado probablemente debido a procesos postdepositacionales (Figura 7d y e).

El gran número de objetos de uso corporal recuperados en el R47 de Loma Alta, sumado a la presencia de un foso cavado en la roca de base y el hallazgo de una máscara antropomorfa de piedra en su cercanía (Scattolin, 2010: figura 10; Scattolin et al., 2010: figura 18), lleva a pensar que en ese recinto hubo un entierro y que su contenido fue perturbado antes de la excavación arqueológica. Debido a la profundidad en la que se hallaron los objetos, la perturbación debió ser antigua, quizás incluso natural, por la cantidad de cuevas de roedores que horadaron el relleno (Scattolin com. pers.)

Proveniente del R16, se destaca el hallazgo de un pendiente realizado sobre una lámina de cobre de forma aproximadamente rectangular con dos bordes redondeados y un orificio en su parte superior que guarda similitudes formales con el pendiente de la tumba C441 de Bordo Marcial (Figura 4l) y un segundo pendiente, en este caso confeccionado en cerámica y fracturado, recuperado del pasillo del Núcleo A (Figura 4k). Finalmente, de recolección superficial procede una cuenta de mineral de cobre de grandes dimensiones (11 x 10 mm), de forma cilíndrica y color verde intenso (10GY 4/4 Dark Yellowish Green) (Figura 3o, Tabla 1).

Discusión y contextualización regional

Un primer análisis de la muestra permite observar que los objetos de uso corporal más frecuentes en los 17 sitios relevados son las cuentas, seguidos por los pendientes y, en muy menor medida, anillos, brazaletes y apliques. Esto es en parte esperable, ya que, suponiendo que las cuentas hayan sido componentes de collares o prendas de vestir, en la mayoría de los casos se utilizan gran cantidad de piezas. Las cuentas están presentes en 16 de los 17 los sitios, la única excepción al momento es el Cementerio de Bordo Marcial. No obstante, siendo este un lugar de enterratorio, muy probablemente exista este tipo de objetos, pero que aún no hayan sido recuperados durante las prospecciones realizadas.

Las cuentas han sido confeccionadas en dos tipos de materia prima: mineral de cobre (aún no identificado a nivel específico) y valva. Por su parte, para la confección de pendientes se han empleado cuatro materias primas: piedras y minerales, metal, valva y cerámica. Dos de los apliques han sido confeccionados en metal (oro y cobre), mientras que la tercera pieza clasificada como tal es de algún mineral de cobre similar al utilizado en las cuentas de collar (Cementerio Bordo Marcial). Finalmente, los brazaletes y los anillos fueron realizados en cobre.

A continuación, se discuten por separado las cinco categorías de objetos de uso corporal presentes en la muestra, a la vez que se ofrece una contextualización considerando otros hallazgos en el área de estudio los cuales fueron relevados de publicaciones y catálogos de museos.

Cuentas

Considerando su presencia o ausencia en los distintos sitios, se observó que la cantidad de cuentas de valva es muy menor a la de cuentas de mineral de cobre, mientras que en 15 de los 16 sitios estas son de materia prima mineral, sólo en cinco contextos se hallaron cuentas de valva. Esta abundancia relativa, no obstante, debe considerar aspectos mencionados como la baja visibilidad de estas últimas sobre superficies claras, dado su color blanquecino, en contraste con las cuentas de mineral de cobre en general de colores más vibrantes (azules, celestes, verdes). Asimismo, la mayor fragilidad de la valva en comparación con la piedra, y por ende su menor posibilidad de conservación, podría estar ejerciendo un sesgo en la muestra. Si bien es cierto que la mayor cantidad de cuentas (n=1680) son de valva, estas pertenecen a un único contexto funerario que, al estar contenido en una urna, probablemente hizo que su conservación haya sido excepcional, estando todas agrupadas en un pequeño sector donde se encontró la urna fracturada con los restos humanos.

Respecto de las cuentas de valva, una vez formatizadas, esto es, pulidas, abradidas y horadadas, es prácticamente imposible determinar el género al que pertenece el molusco utilizado como materia prima (Dr. Sergio Miquel, com. pers.). No obstante, considerando que varios fragmentos de concha hallados en los contextos arqueológicos muestreados han sido identificados como género Megalobulimus, es posible que este haya sido uno de los moluscos empleados a tal fin. Existe además, al menos un caso de un pendiente confeccionado en un molusco de agua dulce del género Diplodon ó Anodontites, distinguible por su reflejo nacarado. Esto indica que al menos dos clases de moluscos habrían sido usados para la formatización de objetos de uso corporal: gasterópodos terrestres y moluscos de agua dulce.

Las cuentas de mineral de cobre exhiben casi en su totalidad tonalidades turquesa-verdes. En menor medida hay cuentas de color azul -como las procedentes de Yutopián- y de colores oscuros como gris, marrón o negro. Aunque seguramente las primeras correspondan a algún mineral de cobre (e.g. malaquita, turquesa, azurita, crisocola, atacamita), no es posible establecerlo con seguridad hasta tanto puedan hacerse los análisis pertinentes. Como indica Carrión (2015, p. 273) “pruebas estadísticas realizadas para establecer asociación entre el color y el mineral indicaron que si bien existe tal asociación, esta es baja, por lo que no es posible establecer con seguridad una fase mineralógica basándose solamente en esta propiedad” y agrega que esto se debe a que puede depender de distintos factores tanto a nivel de formación del mineral, como a decisiones técnicas de los artesanos. Por esta razón es desaconsejable identificar la fase mineralógica a la que pertenecen dichos objetos basándose únicamente en propiedades como el color.

Como se mencionó, un estudio anterior indicó que las cuentas fueron los elementos más recurrentes en contextos funerarios del período Formativo, en una amplia área comprendida por los Valles Calchaquíes y la vertiente oriental andina (Cortés, 2005). Este patrón se constató tanto para el área de valles como yungas y, además, se observó que formaban parte del ajuar tanto de adultos como de subadultos. Dicho estudio también mostró una predominancia de la valva como materia prima para la confección de cuentas en la vertiente oriental, algo que ya había sido destacado por Ortiz (2003, p. 45) quien afirma que las cuentas de collar elaboradas sobre valvas de caracoles terrestres, en particular del género Strophocheilus sp., (hoy denominado Megalobulimus) “parecen propias de las tierras bajas del NOA”.

En la muestra aquí considerada, las cuentas han aparecido en contextos funerarios, asociadas directamente a los cuerpos y también en sitios de habitación o áreas de cementerio. El caso del entierro en urna del niño en Bordo Marcial (C500) destaca por la cantidad de cuentas de valva que lo acompañan (n=1680), número que muy posiblemente esté subrepresentando la cantidad original, dada la baja integridad del contexto.

En cambio, otros contextos funerarios tales como la tumba C441 del Valle del Cajón, y el entierro de El Bañado-La Vaquería en el Valle de Santa María, presentaron una única cuenta de mineral de cobre asociada a los cuerpos de subadultos. Este último caso además guarda similitudes con el hallazgo realizado en el sitio Soria 2 (entierro 2), también del Valle de Santa María, un entierro de un neonato de ± 2 meses al interior de una olla de tipo ordinario, que poseía entre los objetos de ajuar, una única cuenta de collar discoidal cuya materia prima se estima sea crisocola y fue fechado en 180-504 cal DC (Palamarczuk, et al. 2007; Spano et al., 2015). El Bañado-La Vaquería y Soria 2 son ambos entierros de subadultos de corta edad que incluyen como parte de su ajuar, una cuenta de mineral de cobre cada uno, las cuales son, además, similares en forma y color. El hecho de que una única cuenta se haya recuperado en ambos contextos de entierros en urna, lejos de ser una coincidencia fortuita, podría deberse a una acción intencional. Esto es, si el objeto de uso corporal hubiera estado formado por múltiples cuentas (eg. un collar), lo más probable es que se hubieran recuperado más de una, considerando que el contenedor -la urna- habría impedido en gran medida que los elementos se dispersaran.

Las cuentas de collar aparecen asociadas tanto a individuos adultos como subadultos, mientras que objetos de uso corporal de metal como los brazaletes sólo aparecen asociados a adultos. Entre los subadultos, además, puede notarse una diferencia. La tumba C441 correspondiente a un individuo de entre 8 y 12 años de edad, esto es, un individuo “juvenil” según las categorías de Bogin (1999)5 presenta tanto una cuenta como un pendiente de cobre. En cambio, el entierro del “infante” de entre 9 y 12 meses y del niño de entre 5 y 6 años de edad de El Bañado-La Vaquería y el entierro de otro “infante” o perinato de ± 2 meses en Soria 2 -ambos asociados a una sola cuenta, podría indicar la posibilidad de que “portar” objetos de uso corporal de metal (cobre) se daría a partir de la juventud. Esto es, que los jóvenes atravesarían un paso en el ciclo de vida que los habilite a llevar tales objetos6.

Las materias primas utilizadas para la confección de cuentas y los formatos que estas exhiben en la muestra aquí analizada no agota, sin embargo, la diversidad detectada para el área de estudio. Un caso excepcional es el hallazgo de un collar de “mastuerzo” -una variedad de algarrobo (Prosopis strombulifera)-, que formaba parte del complejo acompañamiento de un infante depositado en una urna en Fuerte de Quilmes (Valle de Santa María). Este hallazgo, realizado por Rudolf Schreiter en 1930 -actualmente en el Varldskulturmuseerna, Gotemburgo, Suecia- fue datado por radiocarbono en unos 500 años AC (Stenborg y Muñoz, 1999).

Otro registro del área, el catálogo de la Colección Paz Posse del Instituto de Arqueología y Museo de la Universidad de Tucumán, menciona la existencia de dos collares de cuentas de hueso procedentes del Valle del Cajón, y cuentas de formas cuadrangulares y triangulares (Peña de Bascary, 2014), formatos y materia prima que no están presentes en la muestra aquí analizada. Lamentablemente ninguno de estos objetos posee imágenes o mayores datos de contexto.

Un aspecto interesante derivado de los tipos de materias primas empleadas en la confección de objetos de uso corporal -en particular las cuentas-, es que han demostrado en sobradas ocasiones la existencia de extensas redes de intercambio entre distintas regiones del NOA, el norte de Chile, y la vertiente oriental andina desde épocas muy tempranas. La presencia de cuentas realizadas con conchas de valva de especies de moluscos del Pacífico en el NOA, así como especies propias de las yungas halladas en el norte chileno, son evidencia de ello (e.g. Martínez Soler, 1959; Rees Holland, 1999; Núñez et al., 2005; Aschero, 2007; Delfino et al., 2007; López Campeny y Escola, 2007; Núñez y Santoro, 2011; Soto Rodríguez, 2006; Soto Rodríguez, 2015; Soto Rodríguez et al., 2018; Nielsen, 2003; Nielsen, 2013; Martínez, 2018). Aún restan por realizar análisis químicos en la muestra para corroborar dichas hipótesis en el área de estudio.

Asimismo, se plantea que las cuentas de minerales de cobre pudieron haber provenido de la región de San Pedro de Atacama y la subregión del río Salado en el norte de Chile (eg. Rees Holland, 1999; Domínguez Bella y Sampietro Vattuone, 2005; Nielsen, 2013; Sampietro et al., 2017). Piezas terminadas y materias primas como malaquita y azurita han sido halladas en sitios de campamento en rutas caravaneras entre San Pedro de Atacama y el NOA (Nielsen, 2013). Al respecto, cabe recordar que el aplique de mineral de cobre del Cementerio de Bordo Marcial presenta similitudes formales con objetos ornitomorfos de conchas del Pacífico con procedencia de Solcor-3, un sitio asignado al Formativo Medio y Superior en San Pedro de Atacama (Bravo y Llagostera, 1986; Figura 5). Es importante destacar además que dichas piezas son excepcionales y de muy baja frecuencia en la colección atacameña. Dicha similitud podría indicar no solo la circulación de materias primas, sino también, de recursos simbólicos entre ambas regiones.

También se ha constatado la existencia de talleres de manufactura de cuentas en la región de Antofagasta de la Sierra (López Campeny y Escola, 2007) y el Salar de Atacama en el norte de Chile (e.g. Núñez, 2005; Soto Rodríguez, 2010). Allí se hallaron herramientas empleadas para su formatización como perforadores y vestigios indicativos de una secuencia de producción, incluyendo nódulos, matrices, desechos de reducción, cuentas sin terminar y cuentas terminadas (Rees Holland, 1999; López Campeny y Escola, 2007; Núñez, 2005; Soto Rodríguez, 2010; Horta Tricallotis y Faundes Catalán, 2018). López Campeny y Escola (2007) postulan la producción doméstica de cuentas en Antofagasta de la Sierra como un posible producto para intercambio, siendo las materias primas detectadas -atacamita, develina, arturita, aragonita, espinelo, cuarzo de colores y filita- originarias del ambiente puneño. Cabe destacar que investigaciones recientes han dado a conocer la primera fuente de mineral de turquesa del NOA en Cueva Inca Viejo, Puna de Salta, con evidencias de explotación antrópica (López et al., 2018).

En sentido inverso, la ausencia de evidencias de manufactura, materias primas o instrumentos para la formatización de cuentas, es indicativa para algunos investigadores, de que dichos objetos habrían sido confeccionados en otras regiones y arribado a los sitios como productos terminados (e.g. Gianfransisco, 2017; Sampietro et al., 2017). Al respecto cabe destacar que, la presencia de una cuenta de mineral de cobre en proceso de formatización el sitio Loma Alta (Figura 9), evidencia una posible producción local de estos objetos en la Falda Occidental del Aconquija, ya que, tal como se mencionó, la presencia de mineral de malaquita en bruto en este sitio podría haberse usado para la confección de cuentas de collar pulidas (Scattolin,1990). Es preciso destacar que la mina Capillitas, que constituye uno de los centros cupríferos más importantes del NOA y se encuentra a corta distancia del sitio Loma Alta -unos 30 km-, pudo haber sido fuente de la materia prima. Asimismo, en Punta de Balasto, se han reportado socavones para la extracción de minerales de cobre usados en época inkaica y colonial (González, 1998). Esta es sólo una hipótesis tentativa teniendo en cuenta que para dar solidez a esta aseveración deberían hallarse desechos de manufactura, así como instrumentos para su formatización.

Con referencia al uso de estas piezas, si bien las cuentas probablemente hayan sido enhebradas para formar collares, existen pocas, pero certeras evidencias que demuestran que su uso en relación a los cuerpos pudo haber sido mucho más variado. A modo de ejemplo y aunque ajeno al área y período de estudio, vale la pena mencionar un hallazgo excepcional proveniente del Yacimiento 26 del sitio Doncellas (Puna de Jujuy), un contexto de inhumación con una antigüedad de 4811±39 años AP (Pérez de Micou, 2009), en tanto ilustra otras posibles formas de empleo de estos objetos. Allí se recuperó una “diadema de lana con aplicaciones de concha” que corresponde a dos fragmentos tejidos de forma rectangular cubiertos íntegramente en una de sus caras por cuentas blancas de material “posiblemente óseo o malacológico” (Pérez de Micou, 2009, p. 82). Se estima que este objeto podría haberse usado como vincha. Del mismo sitio se recuperó además, una cabeza momificada con el pelo trenzado con una sarta de cuentas entrelazadas (Pérez de Micou, 2009). Este singular hallazgo nos indica que las cuentas también formaban parte de los peinados o tocados cefálicos, algo que tempranamente Eric Boman infiere sobre uno de los esqueletos hallados en el cementerio Gólgota de la Quebrada del Toro asignado al Formativo Superior (Cigliano et al., 1976). Este llevaba cuentas ubicadas detrás de la cabeza, las cuales, según dicho autor corresponderían “tal vez un adorno para la cabellera” (Boman, 1908). Asimismo, Quiroga (1903, p. 47) reproduce un pasaje de Ambrosetti citando a Jerónimo Luis de Cabrera “gran conocedor y guerrero de Calchaquí” quien relata que “las camisetas que traen vestidas son hechas de lana y texidas [sic] primorosamente con Chaquira manera de malla menuda”. Dentro de esta variación de usos, ya sea como collares, tobilleras, tocados, integrantes de peinados o cosidas en la ropa, las cuentas, sin embargo, siguen teniendo una asociación directa con los cuerpos.

No obstante, en algunas ocasiones estos objetos fueron utilizados con otros propósitos que no involucran al cuerpo humano. Por ejemplo, han sido empleados con fines decorativos en diversos artefactos, siendo un ejemplo destacable un kero de madera que exhibe un felino en actitud rampante cuyo cuerpo fue cubierto por cuentas simulando las manchas de un jaguar (Scattolin, 2006, figura 14). Esta pieza, hallada en San Pedro de Atacama, fue atribuida al componente cultural Aguada (Núñez et al., 1994). Asimismo, tabletas de inhalación de madera, halladas en el NOA también asociadas a contextos Aguada, y otras en San Pedro de Atacama, presentan este mismo tipo de decoración (Llagostera, 2006; Horta Tricallotis y Faundes Catalán, 2018).

Pendientes

Los pendientes son piezas en general elongadas que habrían formado parte de collares o tobilleras combinados con cuentas o bien haber sido usado en solitario como colgantes o aros. Estos han sido confeccionados en una variedad de materias primas incluyendo metal (cobre), mineral y piedra (aún no determinados a nivel específico), valva (género Anodontites ó Diplodon) y cerámica. Es interesante destacar que, pese a que la cerámica pudo haber sido una buena materia prima para realizar cuentas o pendientes por pulido y abrasión, no es frecuente el hallazgo de objetos de adorno realizados en dicho material (cf. Prieto, 2015)7. Dos de los pendientes realizados sobre piedras procedentes de Cardonal presentan un aserrado lateral (Figura 4a y b) al igual que aquél recuperado en El Bañado (Figura 4g). Por su parte, los pendientes de cobre procedentes de la tumba C441 de Bordo Marcial y del Recinto 16 de Loma Alta presentan forma y dimensiones casi idénticas. Ambos, además, son muy similares a otro pendiente de cobre hallado en el sitio Alamito Sitio H-1, contexto datado en 280-645 cal DC (Gianfrancisco, 2017, Figura 3) lo que indica que esta habría sido una elección estética o recurso estilístico que perduró por al menos 1500 años.

Brazaletes y anillos

Los anillos y el brazalete procedentes del sitio Lampacito fueron realizados a partir de una tira redondeada de cobre con una forma circular que no llega a cerrarse totalmente. Esta coincide con la forma “a. Tipo simple” identificada por González (1979, p. 145). El anillo de Loma Alta, en cambio, es una tira chata y ancha doblada sobre sí misma, aunque se halla deformado por aplastamiento. Por su parte, el brazalete de Yutopián también está formado por una lámina chata. Como se mencionó, al contrario de lo que sucede con las cuentas o pendientes, cuya asociación en contextos funerarios se da tanto con adultos y subadultos, anillos y brazaletes parecen estar exclusivamente asociados a individuos adultos (Cortés, 2005).

Hay que resaltar que no menos de 80 pulseras de cobre fueron encontradas en asociación a entierros en la localidad de La Quebrada del Valle del Cajón (actualmente en la Colección Rudolf Schreiter en el Varldskulturmuseerna, Gotemburgo, Suecia). Según Schreiter, estos brazaletes fueron hallados en los brazos y piernas de esqueletos de individuos adultos en diferentes cistas de piedra. De acuerdo a las fotografías disponibles, dos de ellos presentan incisiones simétricas a lo largo de toda su extensión y un modelado en relieve en la parte central. Un tercero, en cambio, es de tipo cinta (Stenborg y Muñoz, 1999, p. 168; Tabla 2). Desafortunadamente, ninguna de estas pulseras posee información cronológica.

También con procedencia del Valle del Cajón, el mencionado catálogo de la colección Paz Posse reporta un total de 32 brazaletes y pulseras (Peña de Bascary, 2014). Ocho de las piezas que en dicho catálogo se consignan como “brazaletes” son de oro y solo cuatro de ellas han sido ilustradas (Uriondo y Rivadeneira, 1952-54; Tabla 2). Las “pulseras” -24 en total- son todas de cobre, pero desconocemos la existencia de dibujos o fotografías de las mismas8. Finalmente, esta colección menciona seis pulseras de cobre procedentes del Valle de Santa María (Tabla 2).

Tabla 2 Brazaletes y anillos de la muestra y de colecciones mencionados en el texto. [Descargar tabla]. 

Nota. Abreviaturas: n.d. (no disponible); Descon. (desconocido)

Al contrario de lo que sucede con la abundancia de brazaletes y pulseras en el área de estudio, la presencia de anillos es nula a excepción de los hallazgos en Lampacito y Loma Alta. Las referencias a anillos en otras regiones del NOA también son escasas. Asignados al período Formativo puede mencionarse el hallazgo de “dos anillos de metal” en el Sitio 4 de Tafí del Valle fechado en 1375±70 AP, y asociado a contextos Candelaria (González y Núñez Regueiro, 1960), un anillo procedente del sitio formativo de Las Cuevas en la Quebrada del Toro (Cigliano et al., 1976), y Aguas Negras y Saladillo Redondo en el área del Río San Francisco (Ortiz, 2003). Por su parte, en la colección Paz Posse se mencionan dos anillos de cobre procedentes de Corral Quemado y Samari Huasi (Dpto. de Belén, Catamarca), de los cuales no existen imágenes, referencias cronológicas o contextuales.

Apliques

Dentro de la categoría apliques se consideraron tres objetos en la muestra: la figura antropomorfa repujada en una lámina de oro procedente de Loma Alta que exhibe dos perforaciones simétricas en su parte superior e inferior, una lámina semilunar de cobre con dos orificios procedente del mismo sitio y, la pequeña pieza zooantropomorfa del Cementerio Bordo Marcial, tallada en algún mineral de cobre no identificado, que exhibe cuatro horadaciones opuestas entre sí. Este es un hallazgo único en el área, pero como se indicó, presenta notables similitudes formales con otros objetos de San Pedro de Atacama (Figura 5). Se estima que estas piezas pudieron haber estado cosidas en alguna prenda de vestir, tocado cefálico o gorro.

Existe un significativo número de apliques realizados en láminas de oro con procedencia del área de estudio que han sido ilustrados y descriptos en distintas publicaciones (Uriondo y Rivadeneira, 1952-54; González, 1977; González, 1979; González, 1992; Goretti, 2006; Peña de Bascary, 2014). La mayoría presentan motivos geométricos, antropo o zoomorfos repujados, y uno o varios orificios. Algunos de ellos también exhiben caladuras de formas geométricas en la parte central (Tabla 3). Si bien carecen de asociación contextual, varios han sido asignados por Alberto Rex González al Período Temprano por asociación tipológica (González, 1992). La mayoría forman parte de la colección Paz Posse, aunque como se mencionó, actualmente se desconoce el paradero de casi todas estas piezas (Peña de Bascary, 2014). Los otros repositorios son la colección Baudilio Vázquez del Museo Eric Boman de Santa María, Catamarca y el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti, Buenos Aires.

Cuarenta y cinco de estos apliques tienen procedencia del Valle del Cajón (40 de los cuales son de oro). De éstos, 17 poseen foto y/o dibujos publicados y se reproducen en la Tabla 3. Estos objetos no tienen procedencia más precisa dentro del Valle, a excepción de dos piezas que provienen específicamente del área de La Quebrada. Se trata de dos pendientes gemelos con cabezas de felinos confeccionados en oro laminado (Tabla 3, ítem 13). Es muy probable que el Cementerio Duna de esta localidad sea uno de los lugares de procedencia de esa colección, el cual sabemos, ha sido objeto de reiterados saqueos. Los pobladores de La Quebrada recuerdan al Padre Baudilio Vázquez quién solía quedarse en la iglesia de este poblado durante un novenario, y según comentan “lo primero que hacía era preguntar por los antiguitos”. El párroco intercambiaba con los pobladores objetos arqueológicos por imágenes de santos. Muchas de estas piezas probablemente sean las que hoy integran la colección que lleva su nombre. Es preciso mencionar que, durante nuestras prospecciones en el área del Cementerio Duna hemos hallado un fragmento de oro laminado en superficie (Cortés, 2012, Figura 4).

Tabla 3 Apliques de metal procedentes del área de estudio. [ Descargar tabla]. 

Nota. Abreviaturas: n.d.(no disponible); Descon. (desconocido)

Finalmente, 14 apliques mencionados en dicha colección proceden del Valle de Santa María, 11 de los cuales son de oro. De estos, sólo 12 han sido publicados (Tabla 3). Los que tienen indicación de procedencia dentro del Valle, provienen de las localidades de Los Zazos, Andalhuala, Loro Huasi, Fuerte Quemado y Quixa Utula. Al igual que el resto de las piezas del Cajón, en ningún caso poseen asociación contextual o mayores datos sobre su hallazgo.

En relación a su uso, y de acuerdo a lo observado por Adán Quiroga, algunas de las piezas reproducidas en la Tabla 3 podrían haber sido adornos cefálicos:

En varias figurillas de Calchaquí nótase otro adorno en la cabeza: discos de cobre, de plata, y aun de oro, sobre la parte superior del frontal encima de las sienes. Son redondos, adornados con diferentes labores, y se sujetan al cráneo con cuerdas, cintas fajas, para lo cual los discos tienen sus broches ó agujerillos salientes. (Quiroga, 1903, p. 20)

En su clasificación sobre los artefactos de metal del período Formativo, A. R. González observa que gran parte de las piezas son ítems de uso personal (González, 1979). La muestra indica que tanto el oro como el cobre fueron empleados en la confección de pendientes, apliques, anillos y brazaletes. Esto es, en todas las categorías de objetos de uso corporal aquí consideradas, a excepción de las cuentas. Como menciona Scattolin (2006, p. 358), al parecer, en los primeros siglos DC la metalurgia temprana se manifiesta en forma de aleaciones de cobre y adornos de oro martillado hallados en tumbas. Es interesante destacar que algunos de estos apliques de oro poseían restos de pigmento rojo. Por otro lado, dado que en ciertos casos se indica que determinadas piezas habrían formado parte de collares de cuentas, no se descarta que parte de los objetos que aquí se han definido como apliques pudieran haber sido utilizados también como pendientes (González, 1992, piezas no. 15, 19, 30, 66, 67). Por tanto, las categorías de objetos de uso corporal aquí definidas podrían no ser excluyentes. Sujetas a futuras revisiones, no obstante, constituyen un primer intento de clasificación. Resta por indagar, además, la llamativa ausencia de otros objetos de uso corporal, como los tembetás, ítems presentes en tumbas del período Formativo en otras zonas geográficas como San Pedro de Atacama (eg. Torres-Rouff, 2003).

Conclusión

Los objetos de uso corporal poseen la particularidad de funcionar como “cartas de presentación”, en tanto se trasladan con los individuos de manera permanente y son inmediatamente visibles para otras personas, actuando tanto como demarcadores al interior de la sociedad como frente a otros grupos. Esta cualidad es comparable con la de las vestimentas, peinados, las modificaciones corporales y los tatuajes. El hecho de que las materias hayan sido modificadas para formar parte de los cuerpos (horadadas, martilladas, abradidas) y que los cuerpos hayan sido modificados para fusionarse con las materias (perforaciones de orejas, labios, narices), comulga con la perspectiva que considera que la línea entre los cuerpos y las materias es difusa, unos y otros siendo constitutivos y constituyentes de la persona como ser social.

Aquí se ha propuesto utilizar el término “objetos de uso corporal” con el fin de desasociar estos artefactos de la categoría “adornos” u “ornamentos” que en nuestro imaginario hacen referencia a una función predominantemente estética. Aun así, como toda clasificación, no está exenta de excepciones, tal es el caso comprobado de que algunos de estos objetos -por ejemplo, las cuentas de minerales de cobre- fueron usadas en la “decoración” de artefactos. En este sentido, resta por indagar cuál es la cualidad de las piezas o imágenes que comparten el “uso” de objetos corporales con las personas y viceversa. Su presencia recurrente en contextos de entierro nos permite pensar, además, en el carácter intransferible de estos objetos, que se llevan a la tumba con la persona y concluyen su trayectoria de vida con el individuo mismo.

Para concluir, podemos decir que una primera aproximación a la variabilidad de objetos de uso corporal del período Formativo, recuperados en el sur del Valle del Cajón, el Valle de Santa María y la Falda Occidental del Aconquija evidenció que los tipos presentes corresponden a cuentas, pendientes, anillos, brazaletes y apliques. Las materias primas utilizadas para su confección han sido variables según el tipo de objeto: minerales de cobre, materias primas líticas y valva, para cuentas y pendientes; metal (cobre y oro) para pendientes, brazaletes, anillos y apliques; y cerámica exclusivamente para pendientes. Es preciso destacar, que la llamativa cantidad de brazaletes de cobre y apliques de oro con procedencia del Valle del Cajón y, en menor medida, del Valle de Santa María, es evidencia de que el uso de estos objetos debió haber sido ampliamente generalizado para dichos valles. Si bien aún los datos son escasos, se plantea a modo de hipótesis, que brazaletes y objetos de metal (cobre) habrían sido usados exclusivamente por personas adultas o desde la etapa juvenil hasta la adultez, no así las cuentas de mineral de cobre o valva, que aparecen con frecuencia asociadas a individuos neonatos, infantes o niños.

La homogeneidad estética y tecnológica observada dada por elecciones no arbitrarias de formas y texturas, nos indica, además, la existencia de recursos materiales y estilísticos compartidos al sur de los Valles Calchaquíes durante el período Formativo.

Agradecimientos

Al Dr. Sergio Miquel (CONICET-Museo Argentino de Ciencias Naturales) por la identificación del material malacológico. Al Dr. Sergio Martínez (Depto. de Paleontología, Facultad de Ciencias, Universidad de la República, Uruguay) por su asesoramiento profesional. A Cristina Scattolin por su valiosa lectura crítica que ayudó a mejorar este trabajo. A todos los compañeros y compañeras que participaron de las campañas arqueológicas. A Florencia Ávila. La investigación fue financiada por el proyecto ANPCyT PICT Raíces 2016 343. A los dos evaluadores anónimos cuyos comentarios mejoraron significativamente este artículo. No obstante, cualquier error u omisión es de mi exclusiva responsabilidad.

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1 Las investigaciones arqueológicas dirigidas por María Cristina Scattolin han contado con el apoyo financiero de varios proyectos otorgados por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad Nacional de La Plata, Argentina.

2Los análisis químicos para determinar el tipo de mineral de cobre de los objetos en la muestra aún no han sido realizados por tanto no se indica su composición específica.

3Megalobulimus es la denominación actual dada al género Strophocheilus, anteriormente Borus (Dr. Sergio Miquel, com. pers., noviembre 2019).

4Los análisis fueron realizados en la Comisión Nacional de Energía Atómica, Centro Atómico Constituyentes (Argentina) por la Lic. Silvia Noemí Balart.

5Bogin (1999) establece 5 categorías en el el patrón postnatal de crecimiento humano: 1. infancia (nacimiento hasta 36 meses, coincidiendo con el destete), 2. niñez (4-6 años aproximadamente), 3. juventud (etapa prepuberal), 4. adolescencia (inicio de la pubertad y maduración sexual) y 5. adultez (desde la finalización del crecimiento óseo). Estas categorías se usan aquí a modo de hipótesis interpretativa, no implicando que estas etapas fueran significantes en las sociedades estudiadas.

6No obstante, se debe tener en cuenta la presencia de neonatos con pendientes de oro en el sitio Tulán 54 (Núñez et al., 2005).

7Si bien Prieto (2015, p. 3) incluye dentro de la categoría adornos a los denominados “torteros” -piezas circulares pulidas y abradidas a partir de un tiesto cerámico con una horadación central-, no se consideran aquí estos objetos como de uso corporal en tanto no se descarta que su función haya sido la de contrapeso para los husos de hilado.

8La Colección Paz Posse hoy alojada en el Instituto de Arqueología y Museo de la Universidad Nacional de Tucumán sufrió, en apariencia, numerosos robos que diezmaron su acervo desde la década de 1970 (Peña de Bascary, 2014, p. 32-34). Afortunadamente, sin embargo, se conserva el catálogo original publicado y fotos e ilustraciones de la colección.

Received: August 05, 2021; Accepted: November 19, 2021

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