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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.34 n.49-50 Valparaíso  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342001004900015 

Revista Signos, 34(49-50), 207-210

RESEÑAS

Neuschäfer, Hans-Jörg: La ética del Quijote. Función de las novelas intercaladas (Biblioteca Románica-Hispánica, Estudios y Ensayos N 414, Editorial Gredos, Madrid 1999).

 

Eduardo Godoy Gallardo


 

Uno de los problemas abordados por la crítica cervantina, desde el comienzo, se ha relacionado con las llamadas novelas o episodios intercalados. La discusión se ha enfocado preferentemente a la pertenencia o no pertenencia de dichas historias al texto, y a la manera cómo se relacionan o distorsionan el hacer quijotesco.

El texto que hoy reseño se enfrenta, una vez más, a meditar en torno al problema y ello nos convence que siempre habrá algo nuevo que agregar a esta discusión.

El primer capítulo (pp. 7-21) establece las diferencias entre acción principal y episodios intercalados que le permiten a Neuschäfer entrar en el campo que le interesa. Circunscribe la primera a todo lo centrado en torno a don Quijote y a Sancho, y a los segundos a aquellos momentos en que los personajes citados no intervienen o sólo lo hacen tangencialmente en la acción. Determina la diferencia entre ellos; "...la acción principal y los episodios pertenecen a distintos niveles de estilo y con ello a mundos diferentes -a la comicidad y a la vida cotidiana una, a la abstracción poética y al ámbito de los asuntos serios y hasta trágicos los otros-. Estas diferencias no se deben ocultar, más bien se tiene que preguntar por qué Cervantes, al interrelacionar los dos niveles, los separa cuidadosamente, colocándolos en una relación dialéctica" (p. 14), y aclara el presupuesto desde el cual abordará el desentrañamiento del texto cervantino: "...en el Quijote, existe un concepto estructural según el cual acción principal e intercalaciones se aclaran recíprocamente..." (p.17).

El segundo capítulo, Dulcinea encantada. Erich Auerbach y la problemática del Quijote (pp. 22-32), se centra en torno al conocido estudio en que Auerbach analiza el capítulo X del texto cervantino, en el que Sancho convierte a tres humildes aldeanas en Dulcinea y sus damas de compañía, momento eje de las novelas, ya que, desde ahora, don Quijote tendrá ante sí el problema de desencantar a su dama, motivo que atraviesa todo el texto cervantino. Auerbach defiende, en este ensayo, la no ­tragicidad del texto, posición contraria a lo sostenido por la crítica romántica: don Quijote no ayuda su mejora a nadie. Puesto a considerar en qué nivel estilístico se encuentra el Quijote, Auerbach sostiene que en el nivel bajo o cómico, según la teoría aristotélica.

Es aquí, en este aspecto, en que el ensayista manifiesta su discrepancia con Auerbach: la posición de éste la explica porque sólo considera la acción principal y no lo que sucede en los episodios intercalados. Realiza una rápida revisión de otros momentos y concluye: "...en el texto de Cervantes hay dos niveles estilísticos: por un lado el "divertimento" de la acción principal con predominio de la comicidad y, por otro, los episodios intercalados que, con sus problemas de gravedad, le añaden al divertimento el tono serio y hasta trágico, poniendo así de manifiesto que en el Quijote la vida no sólo es un juego, sino que este juego tiene sus límites, cuando están en tela de juicio los fundamentos de una moral cristiana y de un comportamiento verdaderamente ético..."(p. 31).

En el tercer capítulo, Soberbia y humildad: el sentido moral de la acción principal (pp. 33-48), el ensayista plantea una posición diferente a la sostenida por los románticos en cuanto a considerar a don Quijote como un personaje trágico: "En la realidad y en la intención de Cervantes no es don Quijote quien tiene razón, sino el mundo que lo rodea y el orden divino. Es, pues, indicado que no se mide el mundo desde el punto de vista de don Quijote (como lo hicieron los románticos) sino que, por el contrario se mide a don Quijote desde el punto de vista del mundo teniendo en cuenta las consecuencias que su comportamiento tiene para los otros" (pp. 33-94), y plantea su propia posición: "...hay que considerar dos aspectos bien distintos: por un lado, la relación que don Quijote tiene con los demás como aventurero andante, poseído por un quimérico ideal caballeresco: y, por el otro, la relación que tiene con el mundo como amigo de Sancho Panza (...) Don Quijote juega un rol completamente distinto como caballero andante y como amigo de Sancho" (p. 34).

Respecto al primer punto, revisa, desde su perspectiva, las aventuras de Andrés y la de los mercaderes toledanos (hace referencias a la aventura de los galeatos y a la del Yelmo de Mambrino) y concluye: "...no se ajustan a una imagen romántica del Quijote, y de ninguna manera presentan al protagonista de la novela como un mártir incomprendido..." (pp. 41-42); en cuanto al segundo aspecto a considerar ­su relación con Sancho- se detiene en dos momentos claves en la relación de ambos personajes: lo sucedido en el capítulo 71 de la Segunda Parte, en que don Quijote le pide a Sancho que no se dé más azotes, a pesar del drama que representaba para él el no hacerlo, y lo acontecido en el capítulo 33, de 1615, en que Sancho establece, ante la duquesa, que prefiere no ser gobernador si ello significa abandonar a su señor.

Para el ensayista, la significación moral de don Quijote sólo se puede juzgar en su relación con Sancho: "...don Quijote al final no fracasa en verdad; pero muestra su grandeza en forma enteramente distinta a la que él originariamente había soñado: esto es, no con heroísmo ilusorio, sino con solidaridad humana; no con soberbia, sino con humildad. Como héroe es don Quijote en Cervantes una figura ridícula, mientras que como amigo y vecino, como compañero de caminos y desgracias de Sancho Panza, posee Alonso Quijano una gran talla, que se muestra también en su relación con otras personas, siempre que no entre en juego la locura caballeresca" (p. 47-48). En cuanto a la significación global del texto: "Desde el punto de vista histórico, se cierra con la gran obra de Cervantes: la era de las epopeyas heroicas, con sus aislados superhombres y se inicia la época en que el problema social y moral de la convivencia humana se irá convirtiendo, cada vez más, en tema central de la literatura"(p.48).

Soberbia en cuanto querer imponer al mundo su voluntad y punto de vista: humildad en reconocer y respetar en el otro a un prójimo, son las ideas centrales de este capítulo.

La función de los episodios intercalados en la Primera Parte es el título del capítulo cuarto (pp. 49-96). Considera, en primer lugar, que la historia de Grisóstomo y Marcela es un reflejo de lo sucedido en la acción principal: Grisóstomo, tal como don Quijote, quiere imponer su visión de mundo a la vez que Marcela trata de hacer prevalecer su voluntad; lo que sucede con las alteraciones sexuales de Rocinante son un reflejo del desenlace del episodio de Marcela (cap. 15) y la paliza que recibe don Quijote en la venta, con lo sucedido con Maritornes son repercusiones del episodio intercalado: "...la historia de Marcela no sólo añade a la crítica de los libros de caballerías otra nueva crítica: la de la novela pastoril y de su visión de mundo, sino que, además, cumple otra función primordial: el episodio intercalado es como un espejo en que se refleja la problemática moral de la acción principal...." (p. 58).

El segundo episodio revisado en este capítulo es El curioso impertinente. El ensayista analiza la manera cómo los episodios intercalados se relacionan con la acción principal: ve en ellos un entretejer sólido y dependiente uno de otro, a la vez que temáticamente todas las intercalaciones de la Primera parte "...son historias de amores complicados, que corresponden, de muy variada manera, al complicado amor de don Quijote. Sobre todo el amor acompañado de locura, es decir, por una pasión no controlada por la razón, se encuentra en los tres niveles de la composición: en el de la acción principal (don Quijote-Dulcinea); en el de Dorotea, Fernando, Cardenio y Luscinda; y en el del Curioso Impertinente" (p. 62).

La historia de amor y las connotaciones éticas que contiene El curioso impertinente, a juicio del ensayista, se relacionan íntimamente con problemas estructurales y temáticos del Quijote.

Con el título global de "Teatrum mundi" en la venta central agrupa las historias de Cardenio y Luscinda, Dorotea y Fernando, Clara y don Luis, y Zoraida y el cautivo. En todas ellas se revisa la forma graduada de presentación y su permanente juego de aparición ­ desaparición respecto a la historia central, lo que revela la interdependencia entre ambas. Lo que destaca al ensayista es la complementación de ambas líneas: todas ellas son historias de amor con desenlace feliz, salvo El curioso impertinente.

En esta serie de historias, el ensayista se detiene, particularmente, en las del cautivo y Zoraida y don Luis y doña Clara: "...los episodios anteriores tenían que ver con problemas sentimentales y morales, los de ahora están relacionados con problemas de interés público y político: ­ la guerra contra los turcos, la cuestión de la fe verdadera (Cautivo) y la administración de las Indias (el Oidor)...." (p.89). Ambas son consideradas dependientes del discurso de las Armas y las Letras (cap. 37-38). En especial se refiere a la Historia del Cautivo en que ve un reflejo de lo que significó la guerra con los turcos que decidió el destino de la cristiandad.

El capítulo quinto (pp. 87-119) examina los episodios intercalados presentes en 1615. Se hace notar la diferencia entre ambos Quijotes: a la abierta presencia de las intercalaciones de 1605, corresponden, ahora en 1615, situaciones que son denominadas semi-episódicas, las que especifica en tres: la relación alternada entre don Quijote y Sancho (cap. 44-53), lo sucedido con Ricote y su hija (cap. 54, 63-65) y la presencia de Roque Guinart (cap. 60).

Respecto a lo primero, se determina la vinculación mantenida entre ambos y el acentuado contraste marcado por la alternancia capitular y de accionar. Sancho abandona la ínsula motivado por el convencimiento de que él no pertenece a ese mundo y prefiere aquel otro en que tenía la libertad de hacer su voluntad, lo que es confirmado por don Quijote en el capítulo 58 en que se refiere al valor que le asigna al ejercicio de la libertad. Esto le permite al ensayista sostener que "...reaparece aquí el gran tema moral de la Primera Parte: el tema de la soberbia y humildad. Pero mientras allí aparecía exclusivamente en las historias intercaladas y no en la acción principal, ahora sí está en las experiencias de los mismos protagonistas, por lo que los episodios ya no se encuentran separados de la historia, sino integrados en ella, formando una misma verdad" (p. 102).

La historia del moro Ricote y su hija Ana Félix le permite al ensayista mostrar similitudes y paralelos entre la acción principal y los acontecimientos denominados semi-episódicos que muestran la interdependencia entre ellos. Principalmente es destacable lo que el ensayista denomina regreso a casa en que es coincidente la historia de Ricote con la de don Quijote. En efecto, la solución para el problema que encarna Ricote y su hija es volver a España y al seno de la fe católica, la única que combina una justicia integral con un "espíritu de misericordia" (p. 14), regreso que es revisado en paralelo con la vuelta a casa de don Quijote, luego de ser derrotado en las playas de Barcelona.

El tercer semi-episodio examinado se refiere a lo acontecido con Roque Guinart: "...es como el espejo en que se refleja la esquizofrenia de don Quijote, es decir, la locura y la cordura, ya que, a pesar de su locura, es un personaje admirable y digno de respeto que, al fin y al cabo se va a salvar; sencillamente porque es, como Roque Guinart, bueno en el fondo. Roque Guinart el bueno, anuncia, pues, a Alonso Quijano el bueno, y su historia se debe leer como un presagio de lo que va a ser el final de la historia de don Quijote" (p. 117).

La lectura del texto reseñado muestra una serie de aproximaciones que no dudamos en calificar de interesantes y atrayentes; es más, creemos que significa un verdadero aporte a la interpretación y a cómo se integran las llamadas novelas intercaladas.

Pero nos quedan dos dudas: la primera es preguntarnos por qué no se incluyen episodios tan significativos -en el sentido apuntado por el profesor Neuschäfer- como lo sucedido con Eugenio y lo acontecido en las bodas de Camacho.

La segunda dice relación con la interpretación global del texto y del personaje cervantino. Al ser investido como caballero por escarnio en la primera venta (cap. 3), en el personaje se produce una doble cara: por un lado, el convencimiento de don Quijote de ser realmente un caballero y, por otro, lo que piensa el mundo que lo rodea. Inclinarse por uno o por otro entrega un personaje distinto. Este libro crítico se inclina, preferentemente, por la segunda posibilidad. Pienso que el texto se tergiversa si no se considera como punto de partida la situación en que se encuentra don Quijote: cree ser un caballero andante en un mundo en que le es negada tal categoría. No vacilo en calificarlo, por esto, como trágico. ¿No es preferible una posición crítica que aúne, sólidamente, la doble condición que lleva a calificarlo como cuerdo-loco? Creo que es ésta la forma certera y verdadera de aproximarnos al personaje y a la novela: lo dicho varía, sustancialmente, la interpretación, desde lo que se parte, del texto revisado.

 

 

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