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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.34 n.49-50 Valparaíso  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342001004900014 

Revista Signos, 34(49-50), 203-206

RESEÑAS

Sender, Ramón: La Llave (Edición y Estudio Introductorio de Jesús Vived Mairal), Instituto de Estudios Altoaragoneses, Gobierno de Aragón, Departamento de Cultura y Turismo, Huesca 2001).

 

Eduardo Godoy Gallardo


 

El 20 de octubre de 1936, en plena guerra civil, se representaron en el Teatro Español, por la compañía teatral "Nueva Escena", tres obras: La llave, de Ramón J. Sender; Al amanecer, de Rafael Dieste, y Los salvadores de España de Rafael Alberti, previa aprobación de la censura impuesta por la España republicana.

Hoy, gracias a la labor investigadora de Jesús Vived, se cuenta con el texto inédito de La llave del escritor aragonés, considerado perdido durante la guerra. Pero el valor de la presente edición no sólo radica en su condición de obra inédita, sino que va mucho más allá: el ensayista revisa, además, tanto la producción dramática, nacida bajo el alero de la República, como la cultivada por el propio Sender.

El ensayista rastrea la vida de Ramón J. Sender desde sus primeros años y encuentra una preocupación por la obra teatral que se manifiesta tanto en su participación en obras representadas en sus años escolares como en la dirección de obras dramáticas. Todo lo que va a conducir a un escritor maduro preocupado por la situación que vive el teatro de su tiempo y que lo llevará a escribir, en 1932, su Teatro de masas, en donde rechaza la concepción teatral del arte por el arte y propicia un teatro "...conectado con las fuerzas instintivas o subconscientes del proletariado emergente..." (p. 13) y critica abiertamente a quienes copaban la escena española en esos momentos (Arniches, los Alvarez Quintero, Benavente, Martínez Sierra), para determinar que el principal factor teatral es "...el público, la masa, la multitud..." (p. 14): por estas razones, entre otras, es partidario de un teatro revolucionario en el que el anarquismo subyace en el fondo.

Se destaca la importancia que en los planteamientos teóricos tiene del conocimiento del teatro ruso, logrado muy en especial por el viaje realizado, en 1933, al asistir a la Primera Olimpíada de Teatro Revolucionario en Moscú; así como su posición crítica ejercida sobre autores, obras y movimientos, lo que se concreta en ensayos y artículos aparecidos en la prensa del tiempo.

El otro trabajo extenso sobre teoría teatral de Sender apareció en la revista Leviatán, en junio de 1936, bajo el título de El teatro nuevo; rechaza el llamado teatro burgués por "...distraer al público de las preocupaciones más apremiantes" (p.52) y se declara partidario de un teatro caracterizado por una concepción dinámica y no estética de la realidad: "...el teatro de masas no distrae" sino que lleva la preocupación y la inquietud del espectador hasta la turbación (...) Un teatro donde la vida se presenta serenamente bajo el prisma de un realismo dialéctico". Advierte Sender que si en el teatro burgués la evasión tiene cierta lógica, en el teatro de masas no puede tenerla "porque la realidad dialéctica (...) no es propicia siempre. Ir a ella, mostrarla al desnudo, tal como es, señalar sus causas y sus consecuencias, es un problema de esfuerzo y responsabilidad." Una realidad en avance y combate" (p.52).

Como se puede apreciar, hay una relación íntima entre los dos ensayos citados, así como, también, con El novelista y las masas, aparecido en Leviatán, en mayo de 1936.

La relación de Sender con el teatro no quedó sólo en estos comentarios teóricos, ya que es un autor teatral cuya primera expresión teatral es El Secreto que apareció en la revista Nueva Cultura en 1935. Se trata de un drama social en un Acto que posee un desenlace de acuerdo a lo planteado por el autor como teatro político; se representó en incontables oportunidades, incluso, según informa el propio Sender, lo fue durante más de un año en Moscú.

El tema que constituye el nervio central de El secreto se encuentra, también, en otras obras del escritor, como Los héroes, publicada en 1960, y en sucesos novelescos relacionados con dicha temática: La vida comienza ahora, último libro de Crónica del Alba, y el concepto de héroe que se maneja en el primer libro en la excursión al castillo de Sancho Garcés.

Con el título Cinco peripecias para la escena quedan registradas otras tantas obras senderianas en la revista Claridad del 3 de julio de 1936. Son El Cristo, El sumario, La llave, El duelo y El secreto, pero la guerra civil no hizo posible que todas llegaran a nuestras manos: sólo La llave y El secreto se salvaron del temporal bélico.

El ensayista se detiene en darnos informaciones respecto a la posible influencia de dos obras que fueron conocidas y comentadas por Sender en su momento: se trata de El delator de O'Flaherty y de Las vacaciones del diablo de Andreiev que dejaron su huella en El secreto, ya mencionado, y en El diario de Satanás, traducida y en versión de Sender, que no llegó a estrenarse. Esta última fue editada en 1958 con el título de El diantre, tragicomedia para el cine según un cuento de Andreiev.

Como se indicó, la otra línea de este estudio de Jesús Vived que antecede a La llave traza un panorama de la actividad teatral durante la República. Se crean grupos teatrales, como Misiones Pedagógicas, La Barraca, El Búho, El Teatro Universitario Catalán, Compañía del Teatro Proletario... Se destacan nombres importantes en esta actividad: García Lorca, Rafael Alberti, Alejandro Casona, María Teresa León, Luis Araquistáin y otros.

Al llegar la guerra civil, se crea la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, y ésta, a su vez, crea una sección teatral denominada Nueva Escena; en 1937 se crea el Consejo Nacional de Teatro y El teatro de arte y propaganda: este último es dirigido por María Teresa León.

El teatro se convierte en un arte de urgencia cuyos destinatarios y finalidades no ofrecen dudas. Revistas del tiempo ­como Hora de España, Octubre, El Mono Azul ...- dan cabida preferencial a obras teatrales que caen bajo la denominación de revolucionarios.

Es en estos momentos en que el ensayista ubica la pieza dramática editada. Es una de las primeras representaciones de la compañía recién creada Nueva Escena.

Obra de pocos personajes ­sólo seis- se ambienta en la Asturias revolucionaria de octubre de 1934. Una casa de dos pisos componen el único escenario: arriba viven don Avelino y su mujer, y abajo lo hacen los militantes de un destacamento rojo, según se dice acotacionalmente.

La casa es invadida por los soldados, y uno de ellos se encuentra gravemente herido. Don Avelino y su mujer sienten amenazadas sus vidas y bienes, y en forma especial una caja que contiene todos sus ahorros. El marido posee la llave de dicha caja y no quiere entregar ninguna información a su mujer que, aprovechando la situación de peligro que viven, quiere obtenerla para cumplir sus ambiciones. Los soldados acosan al matrimonio para que les entreguen la llave, lo que les permitirá obtener dinero para salvar a los compañeros heridos. Don Avelino termina tragándose la llave, enferma a consecuencias de ello y ante el temor de que le hagan una autopsia, pide el médico revolucionario que lo ayuda en estos momentos, que no lo abran.

Sentimientos encontrados sacuden el mundo dramático de La llave: la ambición y el egoísmo, por parte del matrimonio; el compromiso y la solidaridad de los soldados.

Diversas obras publicó Sender con dicho título, tanto versiones teatrales como novelescas, pero cada una de ellas presenta rasgos caracterizadores. Se mantiene sí en todas ellas la crisis matrimonial y el sentido económico y de dominio que posee la llave que es el centro del núcleo dramático.

Vived revisa con precisión el origen y presencia de las temáticas que nos ocupa en la obra de Sender y señala el aspecto clave que tiene la obra por él editada: "...en La Llave de 1936, la crisis interna de don Avelino y su mujer alcanza una proyección insospechada. Ya no es solamente la pugna entre sí. El matrimonio se encuentra con la necesidad apremiante de los mineros instalados en su domicilio por conseguir dinero con el fin de atender a dos compañeros gravemente heridos (...) El autor marcó con precisión el contraste entre el matrimonio burgués, chato de minas, y la honradez de unos revolucionarios, cuyo jefe médico se aprestó a ayudar a don Avelino en trance crítico tras haberse tragado la llave. Trance que deviene irremisiblente en trágico desenlace. Con esta obra, Ramón J. Sender cumplía con los presupuestos del teatro revolucionario por él propugnado" (pp. 70-71).

Localizado en la revolución de octubre de 1934, La llave es un buen ejemplo del teatro representado en la zona republicana y en la posición ideológica marcada en el quehacer senderiano. Se alude a crítica que enmarcan dicha representación en el contexto y se incluyen las autorizaciones dadas por el organismo de censura del tiempo, las que se conviertan en testimonio de indudable valor.

La última parte del Estudio Preliminar de Jesús Vived se centra en la producción dramática senderiana a partir del exilio iniciado en 1939. En efecto, apenas llegado a México publica Hernán Cortés, basado en la crónica de Berral Díaz del Castillo que, remodelada, se convirtió en Jubileo en el Zócalo (1964). A partir de ese momento, diversas obras teatrales jalonan su quehacer literario: El diantre, ya mencionado; Don Juan en la mancebía (1968) cuyo referente es El burlador de Sevilla de Tirso; Donde nace la marihuana (1973) que lo tiene en El curioso impertinente cervantino; la novela dialogada Los laurales de Anselmo (1958) vinculada con La vida es sueño de Calderón; obras de corte bíblico como The house of Lot (1950) y The wind (1963); La fotografía (1951) publicada como Comedieta... Algunas obras teatrales se integran a narraciones posteriores: The house of Lot se inserta en La puerta grande, primera de las Tres novelas teresianas; The wind en El pez de oro, y las ya mencionadas El secreto y Los héroes en Crónica del Alba.

La preocupación senderiana por el teatro repercutió en su crítica. En este sentido, Monte Odina (1980) es un excelente ejemplo para registrar su actitud y sus ideas sobre el teatro, así como Valle-Inclán y las dificultades de la tragedia (Gredos, 1965) es un estudio que clarifica las posturas teatrales del escritor gallego, tan admirado por Sender, y aclara, también, las del propio Sender.

Una Bibliografía en que se enumeran las aproximaciones críticas consultadas y se enumeran, básicamente, las obras teatrales senderianas completan el texto.

Jesús Vived, reconocido especialista en la vida y obra de Ramón J. Sender, ha entregado un valioso aporte a los estudios senderianos con el texto que he comentado. La sola recuperación de un texto perdido, como es el caso de La Llave, merece el reconocimiento de todos aquellos que nos acercamos al escritor aragonés. Pero hay otro hecho tanto o más importante que el anotado: las ochenta y siete páginas que conforman el Estudio Introductorio proporcionan indicaciones y reflexiones de indudable valor para rastrear las motivaciones íntimas del hacer teatro de Sender y de la España Republicana en el período 1936-1939. La nota justa, la indicación precisa, la reflexión inteligente revelan al investigador serio y documentado, conocedor como pocos de la vida y obra de Sender. Todo lo señalado está expresado, además, en una prosa fina y sin ripios, lo que convierte a este prólogo en un ensayo ejemplar que enriquece los estudios senderianos.

 

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