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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.34 n.49-50 Valparaíso  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342001004900010 

Revista Signos, 34(49-50), 139-147

LINGÜISTICA

El discurso psicótico:una visión multidisciplinaria desde la lingüística y la psiquiatría

 

María Laura Pardo

Beatriz Lerner

Ciafic ­ Conicet

Asociación Psicoanalítica Argentina

Argentina


RESUMEN

Durante varios años y junto a la Dra. Lerner hemos estudiado el delirio psicótico y sus manifestaciones en el lenguaje. Nuestro interés no solo abarca una investigación del delirio de un individuo sino también al «deliro social» (Pardo y Lerner, 1997). En este artículo me propongo caracterizar aunque sea parcialmente el discurso psicótico desde un trabajo interdisciplinario realizado entre la psiquiatría y la lingüística. La aproximación dentro de esta última se realiza desde una subdisciplina el Análisis del Discurso y toma una perspectiva crítica (Análisis Crítico del Discurso) en su interpretación. Dicha caracterización, permitirá también: a) mostrar que es posible darle una metodología a esta disciplina que permita probar desde las formas del lenguaje, una alteración o patología psicológica que está representada también en la esfera del lenguaje. b) intentar un camino interdisciplinario que permita también el tratamiento del paciente desde un diagnóstico más preciso a través del reconocimiento de dichas formas lingüísticas y del descubrimiento de posibles escisiones apreciables a nivel del discurso que se presentan como lugares de trabajo importantes entre médico y paciente. La metodología es cualitativa y la ejemplificación, en consecuencia, se realizará mediante distintos casos de pacientes analizados.


ABATRACT

During a long period, Dr. Lerner and me have been studied the psicotic delirium and its manifestations at language. Our aim is a research about an individual delirium but social delirium too.In this paper I will characterized, at least partially, the psicotic discourse from an interdisciplinary work done between psiquiatrics and linguistics. The approach inside the linguistic area is made from Discourse Analysis and it takes a critical perspective (ACD) in its interpretation. Thus, this characterization allows, a) to show that it is possible to give a methodology to psiquiatrics that could demonstrate with linguistics forms, an alteration, a psicological pathology that is represented in the language sphere too, b) to try an interdisciplinary way that allows the patient treatment from a more precise diagnosis by the recognition of this linguistic forms and by the discovery of posibles scissions seen at the discurse level that are seen as important work places between patientes and medicals. Methodology is qualitative and the exemplification, in consequence, will be done by anlayzed patients cases.


 

INTRODUCCION

En este trabajo nos proponemos caracterizar aunque sea parcialmente el discurso psicótico desde un trabajo interdisciplinario realizado entre la psiquiatría y la lingüística. La aproximación dentro de esta última se realiza desde una subdisciplina el Análisis del Discurso y toma una perspectiva crítica (Análisis Crítico del Discurso) en su interpretación. La metodología en consecuencia es cualitativa.

Los objetivos de este trabajo son:

1) mostrar en qué y cómo el discurso psicótico se aparta del discurso habitual.

2) intentar un camino interdisciplinario entre la lingüística y la psiquiatría.

Consideramos de interés este camino interdisciplinar en tanto este análisis puede ayudar al lingüista a la hora de examinar discursos patológicos desde el punto de vista médico y, aunque no se trate de hacer diagnósticos, pensamos que puede enriquecer su comprensión del discurso en general agregándole, de este modo, una dimensión más.

En cuanto al psiquiatra, pensamos que puede ayudarle a un mejor o más rápido diagnóstico y, por ende, un más apropiado tratamiento de este tipo de pacientes. Mostrarles que es posible darle una metodología a esta disciplina que permita probar desde las formas del lenguaje, una alteración o patología psicológica que está representada también en esa esfera (la del lenguaje).

En lo que sigue, haremos una rápida ubicación de la problemática del delirio para pasar luego a algunas definiciones lingüístico-psiquiátricas y, finalmente, señalaremos con algo más de detalle las características encontradas en este particular discurso, el persecutorio-erotómano.

Metodología y corpus

El presente trabajo apunta al estudio de casos, por lo tanto la metodología es de orden cualitativo.

El Análisis del Discurso funciona aquí como teoría y método a la vez.

Hemos estudiado y analizado distintos discursos psicóticos de pacientes y también de discursos de este tipo que generan psicosis de caracter social (cf. Pardo y Dorfmann Lerner, 2000).

Aquí presentamos el caso de Paula, una joven que estaba convencida de que un antiguo alumno se había enamorado de ella pero que, dada su timidez (la del muchacho), éste no había podido acercársele apropiadamente. En su lugar, le enviaba mensajes de diverso tipo para llamarle la atención. Estos "mensajes" habían llegado a perturbarla de tal modo que en el comienzo del tratamiento permanecía en cama largos días en estado de postración y durante varios meses suspendió sus actividades laborales. Si bien a lo largo de la relación terapéutica la influencia de estas ideas delirantes fue reduciéndose en amplitud e intensidad, a la vuelta de los años se encuentran aun rastros de anomalías en su discurso.

La coexistencia de ideas delirantes con una vida de relación relativamente corriente ha llevado a la idea de "escisión del yo" (Freud, 1937), una forma extrema de defensa contra situaciones traumáticas infantiles por la cual el sujeto se construye un mundo ficticio que le ayuda a sobrellevar la frustración sin, por ello, renunciar al total de su capacidad relacional con su contexto.

Estado del área

En este trabajo, como decíamos, nos proponemos presentar el discurso de una paciente con un delirio persecutorio-erotómano con el objeto de mostrar algunos aspectos en que este discurso se aparta del habla convencional. Esa inquietud proviene de lo difícil que resulta, en ocasiones, distinguir patología de normalidad en Psiquiatría. El estudio "verbatim" de transcripciones obtenidas durante sesiones psicoterapéuticas permite, sin embargo, algunos reconocimientos útiles a la hora de una más correcta ubicación del paciente y, en consecuencia, de su mejor tratamiento.

Haremos primeramente una breve introducción para encuadrar el problema desde el punto de vista psiquiátrico para pasar luego a consideraciones lingüísticas generales y, finalmente, caracterizando algunas de las diferencias anunciadas.

Las ideas delirantes siguen siendo una incógnita para quienes se ocupan de la salud mental. Su apartamiento de la realidad, su convicción de certeza y su incorregibilidad han desafiado hasta ahora toda comprensión. Diversas son las teorías que han intentado explicar su génesis, desde las ontológicas hasta las orgánicas y, en cuanto a sus posibilidades de "curación" la mayoría de los teóricos opinan que es irreductible.

Entre los que intentan explicar lo ontológico, un neurofisiólogo, P.J.McKenna, piensa que el delirio representa una disfunción tanto cerebral como cognitiva que involucra la memoria, especialmente la secundaria o de largo plazo. Estarían implicados el hipocampo, la amígdala, los cuerpos mamilares, los núcleos talámicos anteriores y la corteza frontal. El complejo estructural resultante (Swanson, 1978), se ha llamado sistema septohipocámpico y parece vincularse con la eficiencia, la flexibilidad y la sofisticación de la conducta aprendida (Gray, 1982). Cuando se lesiona este sistema, las ratas muestran perseveración e inhibición (que en los humanos parece corresponder a la ansiedad), y se hacen insensibles al cambio ambiental. Gray dice que los ingresos de monoamidas a este sistema sirven para controlar si los sucesos son o no esperables y, cuando no lo son, la noradrenalina alertaría acerca de los estímulos novedosos y la serotonina de los novedosos asociados con el castigo. Ambas orientarían al sistema en el sentido de la inhibición. En cuanto a la memoria, tanto la episódica como la semántica, ambas se ocupan de la adquisición, retención y utilización de información, cuyos contenidos pueden modificarse por la actividad consciente. En los síndromes amnésicos parece conservarse la memoria semántica, lo cual pareciera también ocurrir en el delirio.

Freud opinaba que, después del primer período silencioso de retracción de la líbido sobre el yo, ésta vuelve a investir objetos y aparecen las manifestaciones productivas de la restitución. Según A.Z. Arthur, las explicaciones del delirio pueden responder a uno de tres grupos: a) el que piensa que el sujeto que delira tiene una inteligencia o juicio defectuoso, entre ellos Griensinger y Meyerhof, opinión refutada por quienes encuentran que, en promedio, los grupos de pacientes no esquizofrénicos paranoides, tienden a ser más inteligentes que otros; b) el grupo que habla de trastornos de pensamiento, entre ellos Bleuler, quien pensaba en una perturbación del proceso normal de asociaciones debido a un debilitamiento mental, criticado por Gruhle, entre otros, pues existen pacientes con trastornos del pensamiento que no presentan delirio y otros que, con delirio, no tienen esos trastornos; c) los que piensan que los delirios se basan en modos de pensamientos arcaicos, entre ellos Arieti y Storch, quien toma de Freud los mecanismos de condensación y desplazamiento. Este grupo fue criticado por von Bayer, ya que las experiencias psicóticas parecen diferentes del pensamiento regresivo y supersticioso que consideramos modalidades primitivas del pensar.

Por su parte la escuela de Heidelberg, una de las más influyentes en el pensamiento psiquiátrico de los delirios, entre ellos Jaspers, Schneider y Mayer-Gross considera que el delirio es literalmente una creencia incomprensible. Lo que existe es una perturbación del significado simbólico, dicen. Binswanger extendió los determinantes del delirio hasta incluir cualquier motivo inexplicable y falto de razón.

Kraepelin, en 1912 ya opinaba que los delirios se desarrollan por causas internas y como reacciones a grandes frustraciones, lo cual estaría dentro de la línea freudiana. Kant, más atrás describe en forma similar el deseo irrealizable del amor.

Maher (1974) propuso un modelo cognitivo para la formación de creencias, aplicable al caso del delirio. Dice que cuando un individuo se ve confrontado por hechos nuevos e inexplicables, la primera sorpresa da lugar a un examen por hipótesis explicativas, examen que culmina cuando se halla una hipótesis capaz de explicar lo nuevo. En un destello de insight se acepta esta explicación como verdadera y su certeza aumenta con los hechos que la confirman.

La explicación más abarcativa parece la que habla de una perturbación en el desarrollo de la personalidad. Los existencialistas y fenomenólogos, entre los que se cuentan Henri Ey, Wernicke y otros, señalan como predisponentes a los sentimientos anormales como los de insuficiencia (Cramer), de vacío (Janet) o de auto-referencia (Shneider), perturbaciones biológicas de la experiencia vital del ser (Guiraud), automatismos (Clérambault), inhibición cortical (Pavlov) y un aprendizaje anómalo (Dollar y Miller). Para Cameron, la fuente del delirio es la ansiedad debida a ciertos estímulos que pasan a transformarse en objeto de ideas paranoides. Bajo una intensa pulsión, la generalización de estos impulsos se hace cada vez mayor generando una espiral de estímulos y ansiedad que puede llegar a la desorganización perceptual. Son numerosos los autores que piensan que, para que el delirio ocurra, hacen falta, como para toda enfermedad, condiciones necesarias, concurrentes y desencadenantes.

El interés de su estudio reside en que la o las ideas delirantes rigen la conducta y, en gran cantidad de casos, limitan una feliz evolución de la personalidad. En muchos casos el delirio puede coexistir con un psiquismo capaz de desempeñarse satisfactoriamente en áreas ajenas a la temática delirante, por lo que se habla de un proceso de escisión de conciencia por el cual el sujeto puede admitir la irrealidad de lo que afirma pero olvidar totalmente esta comprensión en el momento en que, ante estímulos determinados, el delirio hace su aparición.

Un caso paradigmático de este tipo de delirios es el de erotomanía descrito magistralmente por Clérambault (único psiquiatra reconocido por J. Lacan), quien habló de la creencia del sujeto (generalmente una mujer) en que alguien estaba enamorado de él (o ella). Hasta ahí no parece registrarse problema alguno. Sin embargo, cuando esta creencia se hace convicción, el sujeto actúa en formas inaceptables para las normas sociales consensuadas y se establece un círculo vicioso entre sus conductas bizarras y la respuesta del medio. En el caso que presentamos, Paula estaba segura de que un antiguo alumno de ella había comenzado a molestarla haciendo "ruidos" y señales varias para llamar su atención. Cansada de esta persecución, decidió pedirle que dejara de molestarla. Nunca tuvo una respuesta directa de esta persona, por lo que, para explicarse lo incomprensible, esto es, el por qué de los "ruidos", tejió una trama interpretativa en la que el conocimiento de la situación erótica había cundido en el barrio y se había extendido más allá, haciéndole la vida poco menos que imposible.

El discurso de Paula, así como el del delirante en general, no presenta anomalías sintácticas pero sí semánticas y pragmáticas, lo que hace posible detectar algunos aspectos que vale la pena remarcar y el análisis de su discurso.

Algunas definiciones nuevas desde la vía interdisciplinar

El delirio es, para la psiquiatría, una creencia inamovible, producto de construcciones psíquicas del paciente apartadas de la realidad, que rigen la conducta. Ríos de tinta han tratado de aprehender este fenómeno que preocupa por las derivaciones personales y sociales que este tipo de creencias tienen sobre los sujetos afectados y su entorno. El interés de su cabal delinamiento se acrecienta cuando se tiene en cuenta que en los casos de "locuras razonantes" (Sérieux y Capgras, 1909), se hace difícil discernir adecuadamente, sobre todo en un principio, la naturaleza patológica del mismo.

Desde el punto de vista lingüístico, definimos DELIRIO DISCURSIVO como aquel discurso fijo, impenetrable y monologista que hace imposible la comunicación tal como la entendemos habitualmente. Entendemos por comunicación la posibilidad de que exista un Principio de Cooperación mutua entre un hablante y un oyente para llevar a cabo una instancia dialógica que respeta ciertas Máximas y en las que se sigue un hilo temático común (Grice).

Entendemos por DISCURSO RAZONANTE aquel en el cual, aun cuando la estructura del razonamiento sea correcta, premisas delirantes llevan a conclusiones incongruentes y por tanto no presenta adecuación entre su significado y la situación de habla.

Por FIJEZA entendemos que el discurso no admite variación en sentido sintáctico ni semántico, sobre todo en el aspecto de la referencia léxica y en la de los tópicos o juego de roles discursivos (nodos semánticos).

Con IMPENETRABILIDAD, nos referimos a que el discurso es autoritario o monológico.

Con MONOLOGICO nos referimos a que tal discurso no admite otra voz que la propia (Discurso directo) o utiliza las voces de otros como confirmación de sí mismo (Discurso referido), (Bajtin). Vale decir, este monologismo no admite confrontación interactiva con ninguna voz opuesta a él en la realidad aunque dentro de sí mismo puedan existir voces de estatuto polifónico "ficcionalizado", esto es, voces que si bien reconocen su origen en elementos de la realidad se van alejando de ella para ponerse al servicio de sus propios fines, motivados por su propia necesidad y/o deseo.

En cuanto al SISTEMA DE CREENCIAS, decimos que es un conjunto de postulados verdaderos o falsos sobre la realidad que son compartidos por una comunidad determinada. Este sistema de creencias obviamente delimita qué es delirio y qué no en una comunidad determinada, pero además el discurso delirante individual posee un sistema de creencias netamente fijo al menos en el nodo central de su problemática. Esta fijación suele encontrarse también en el ámbito social, en instituciones y en grandes sectores de algunas sociedades. De allí que para una buena consideración de la psicosis sea necesaria también una definición de la ideología. Aunque no es tema de este trabajo queremos señalar que es importante también desarrollar la noción de autoritarismo, como la de ciertos procesos cognitivos que involucran las representaciones cognitivo-discursivas sociales (Cf. Pardo y Lerner Dorfman, 2000), los distintos tipos de memoria, y áreas como la de la Epidemiología de la Ciencia (Sperber, 1992).

Una vez aclaradas estas nociones que consideramos básicas para un análisis lingüístico del discurso psicótico, pasemos al análisis del discurso de Paula.

Análisis del Discurso psicótico persecutorio (caso: delirio interpretativo de autorreferencia de contenido erótico)

La macroestrategia lingüística del discurso psicótico persecutorio justamente tiende a tratar de persuadir lingüísticamente a los otros sobre la existencia de alguna persecución en contra del productor de dicho discurso. Para lograr esta persuasión de carácter lingüístico el hablante recurre a estrategias como las siguientes:

a) "Todo significa" especialmente en relación con el sujeto. La sobredimensión del significado deriva de la autorreferencia psiquiátrica, esto es, de la referencia a sí misma de cualquier hecho inesperado o desacostumbrado. Hechos de esta naturaleza son interpretados por el/la paciente como intencionados respecto de sí.

Ejemplo (a cada punto le corresponde un ejemplo): Paula (de aquí en más: P): "Cuando salí de casa encontré un perro muerto en la vereda, justo delante de la puerta. Claro, me estaban diciendo que voy muerta si sigo yendo a ese grupo"

b) Indiferenciación de la agentividad entre primera y tercera persona con lo que se produce una amplificación del yo: los dichos correspondientes al yo son atribuidos a otros y es a estos otros a quienes se asignan sus contenidos, esto es, lo que acontece con la primera persona se refleja en la tercera plural. Los mecanismos psicológicos involucrados son los de desplazamiento y proyección. En el ejemplo anterior, me estaban diciendo atribuye a otros sus propios contenidos psíquicos.

P: . (...) pero da la casualidad... (sigue)..."...mi prima me llamó y (me pregunta) 'cómo le fue a tu sobrina' pero ya como sabiendo que le fue mal (...)"

Este "...como sabiendo..." marca la convicción de Paula de la existencia de una cadena de chismes (liderada por el "muchacho") que difunde los acontecimientos que le ocurren (a Paula o sus allegados). Acá se trata del fracaso de la sobrina, que, según Paula, ya resulta del conocimiento de la prima en virtud de aquella cadena.

c) Simbolización y ecuación: el símbolo se vuelve lo simbolizado; símbolo=simbolizado.

En el ejemplo anterior dado para el punto a): "perro muerto", símbolo, es para la paciente lo mismo que "voy muerta...", lo simbolizado.

d) Casualidad como causalidad. Aunque la paciente utiliza el término casualidad, en el contexto de su habla su intención es irónica (una forma de burlarse de la terapeuta que sí cree en la casualidad), pues para la paciente no existen la casualidad ni la independencia entre los hechos. Todo está concatenado.

P. (...) pero da la casualidad que todos los familiares, amistades así de la chica de al lado, mi prima me llamó y "cómo le fue a tu sobrina" pero ya como sabiendo que le fue mal (...)

e) Desplazamiento y ausencia de la referencialidad: creación de agentes de neto carácter ontológico sin dicha entidad (sin referente exocéntrico).

P. Pero yo le llevaba esa ramita a mi sobrina que era una planta de ella, claro les da mucha bronca que yo vaya a almorzar a la casa de ella

f) Amenazas sin entidad ontólogica o discursiva: representaciones discursivas de amenazas sin entidad referencial a nivel discursivo y ontológico.

P: Como uno como que no se te ocurra volver a hacerlo porque mirá las cosas que te van a pasar o algo así (SIC)

g) Literalidad: autorreferencia discursiva al propio texto y al discurso delirante.

P. "...Como que las cosas se van así como enlazando, es todo un entrelazado (se refiere a la secuencia de hechos que hila en su imaginación concatenando unos con otros en forma arbitraria, como se mencionó: el "enlazado" en la vida a la que Paula se refiere se reproduce ahora en la hilación, también arbitraria, del discurso). Analista (de aquí en más A). Pareciera más bien que el entrelazado está en su cabeza, Paula. P. Puede ser que el entrelazado esté en mi cabeza (...) Mi sobrina no es de decir disparates.

Peca por omisión. Paula quiere justificar de este modo que el "entrelazado" no surgió de los dichos de la sobrina a terceros sino que, de modo misterioso, "ellos" se enteraron de todo. Ver el punto d.

Y remata:

P: "..No sé si es tan importante no estar loca, lo que pasa es que uno a veces necesita referencias."

h) Autorreferencia: la primera persona del singular (yo) como causa y centro del mundo de creencias.

El mundo del paciente se desarrolla a partir de que el yo aparece como eje y causa (obsérvese la frecuencia del "porqué") de dicho mundo que encuentra su sentido en esa interpretación sobre-exagerada.

....Y porque ayer llovió mucho y esa lluvia me la mandó Dios porque yo soy muy pecadora, porque yo llamé al muchacho de enfrente y él está conectado con los dioses y entonces los dioses me quieren castigar a mí y son los dioses los que hacen que este que haya llovido y que () (ríe) que eso me hace mucho daño a mí y que me está haciendo enfermar de esos dioses ()...bueno.

Estas son algunas de las estrategias y recursos lingüísticos que encontramos que recurren en los textos de lo/a/s pacientes. Por supuesto, estos se presentan con una frecuencia de uso llamativa respecto de lo que uno llamaría un discurso o texto no marcado (esto es, que sigue las generales de lo considerado normal en nuestra comunidad).

Conclusiones

Es una tarea ardua y compleja detectar en el uso del lenguaje elementos que puedan ayudarnos a caracterizar una patología como la psicosis. Esto se debe a que las alteraciones lingúísticas que se producen responden a cuestiones de forma, función y frecuencia pero especialmente de estas dos últimas.

No es el lexema, ni la gramaticalidad, ni la cohesión (cf. Labov y Fanshel) lo que se transforma en el paciente sino el modo en que construye discursivamente un sistema de creencias cuyos referentes no encuentran correlato en el mundo, pero no de un modo total como en ciertas ficciones, sino que esa construcción linda con un mundo, llamémoslo real, o "creíble" desde distintas ópticas. El lugar del desfasaje, de la ruptura solo puede verse en el estudio de cada caso, armando casi una gramática para cada paciente. Gramática y Semántica (como nos gusta llamarlo) que permite ir entendiendo incluso el armado de su discurso psicótico que como una novela en su entramado también guarda cierta coherencia.

Creemos que en el caso de Paula hemos llegado a algunas generalizaciones que pueden tomarse como pautas a seguir en el análisis del discurso psicótico.

 

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