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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.34 n.49-50 Valparaíso  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342001004900003 

Revista Signos, 34(49-50), 34-44

LITERATURA

Una figura modélica clásica en el Siglo XVII europeo

 

Patricia Guerrero B.

Universidad Católica de Valparaíso

Chile


RESUMEN

El mito de Andrómaca es esencial en la Antigüedad Clásica. Es Homero quien primero hace una visión literaria de este mito. En su perspectiva, Homero nos muestra a Andrómaca como paradigma del amor maternal y como símbolo de las ideas de su clase social. Siglos más tarde, Jean Racine reinterpreta la figura de Andrómaca en el contexto de su tiempo, es decir, del siglo XVII. Este ensayo, pretende seguir el camino que hace Racine frente al mito de Andrómaca, y cómo el autor francés reinventa este clásico mito de la literatura del mundo clásico.


ABSTRACT

The mith of Andrómaca is essential in classical antiquity. It is Homer who first creates a literary vision of this myth. In his perspective, Homer depicys Andrómaca as a paradigm of maternal love and conjugal fauthfulness characteristic of her class. Centuries later Jean Racine re-interprets the calssical mork of Andrómacain the context of seventeenth century Paris as he confers the mythical figure traits of his own invention. This essay depicts the way wich the classical work Andrómaca is interpreted by Racine in the context of XVII th. century Paris. As is a essencial myth in classical literature and such is reinvented by Racine.


 

En el primer prefacio de Andrómaca (1688), Racine se refiere al tercer libro de La Eneida, en el cual, en unos pocos versos, Eneas relata todo el asunto de la tragedia de Andrómaca:

"Littoraque Epiri Legimus, portuque subimus

Chaonio, et celsam Buthroti ascendimus urbem (...)

Solemnes tum forte dapes et tristia dona (...)

Libabat cineri Andromache, Manesque Vocabat

Hectoreum ad tumulum, viridi quem cespite inamen

Et geminas causam lacrimas, sacraverat aras (...)

Dejecit vultum, et damissa voce lacuta est:

¡O felix una ante alias. Priameia virgo,

Hostilem ad tumulum, Trojae sub moenibus altis,

Jussa mori! Quae sortitus non pertuli ullos,

Nec Victoris heri tetigit captiva cubile!

Nos, patria incensa, diversa per acquora vectae,

Stirpis Achilleae fastus juvenemque superbum,

Servitio enixae, tulimus, qui dende, secutus

Ledaem Hermionem, Laceda emoniosque hymenaos

Ast illum, ereptae magno inflammatus amore

Conjugis, et scelerum Furiis agitatus, Orestes

Excipit incautum, patriasque abtruncat ad aras."1

"Andrómaca" de Racine, es una pieza compleja. Su núcleo argumental es mucho más complicado que el de la obra clásica. Aparecen en escena cuatro personajes principales activos, que participan al menos en tres intrigas distintas, y en forma simultánea, ligándose entre ellas.

Encontramos, primeramente, a tres personajes a quienes martiriza al amor no correspondido, todo el mundo ama a quien ama a otro. Oretes ama a Hermione, pero ésta sólo piensa en Pirro, quien a su vez sólo suspira por Andrómaca. La felicidad parece inaccesible y todos ellos oscilan incesantemente entre su pasión desesperada y el odio que engendra el despecho, el cual no es sino la máscara del amor.

Así, se verá cómo Orestes, Hermione y Pirro solo piensan en su amor, siendo capaces de cualquier cosa a fin de conseguir lo que desean: Orestes traicionará los fines de su embajada, hasta caer en el regicidio; Hermione olvidará sus continuas humillaciones, se tragará su orgullo muchas veces, pero terminará siendo la introductora de un asesinato: Pirro, a su vez, cegado por la pasión, olvidará de quién es hijo, además olvidará los intereses de su reino, su propia dignidad, y dará la imagen de una corte donde solo se discuten cuestiones amorosas.

Sin embargo, el centro del drama no es ninguno de estos tres personajes, sino la cuarta figura: la que da título a esta pieza. Se trata de la troyana Andrómaca, mujer en la que emblemáticamente se manifiestan dos amores irrenunciables: su esposo muerto, Héctor; y su hijo Astianax, cautivo de Pirro, y cuya muerte exigen los griegos. Andrómaca ha puesto su felicidad en el recuerdo de su esposo muerto y en el hijo de ambos. Su amor, manifiesta una dimensión muy diferente al del torbellino de pasiones que la rodean.

Manifiestamente, Racine hace surgir del cuarteto Andrómaca-Pirro-Hermine-Orestes a un grupo en el que el individuo deja de tener valor a título personal, para no existir sino en función del otro.

La acción de la pieza se abre con la llegada de la embajada de Orestes a Buthorte, país en el que reina Pirro, el unigénito de Aquiles. Los acontecimientos de "Andrómaca", tienen lugar un año después del final de la Guerra de Troya; así pues, Orestes ha tenido el tiempo suficiente para matar a su madre y a Egisto, hechos que nadie tiene el mal gusto de recordarle.

La misión que ha solicitado a los griegos cumplir en su embajada es la de arrancar de los brazos de Andrómaca al odiado hijo de Héctor, quien algún día podría querer vengar la destrucción de Troya y la de su familia. Sin embargo, el real deseo de Orestes es quitarle Hermione a Pirro, a pesar de saber que, desde un punto de vista amoroso, no existe para ella.

"je viens voir si l'on peut arracher de ses bras

Cet enfant dont la vie alarme tant d'Etats

Heureux si je pouvais, dans l'arduez qui me presse

Au lieu d'Astyanax, lui ravir ma princesse."2

No bien ha llegado a la ciudad, Orestes se ha enterado que Pirro permanece indiferente a los encantos de Hermione, pues ama apasionadamente a la viuda de Héctor, y parece poco dispuesto a concretar la boda con su princesa espartana.

La pasión de Pirro es conocida en toda Grecia y surgen protestas airadas, que reclaman por la protección que el monarca otorga al enemigo de su pueblo, el pequeño infeliz hijo de Héctor.

"j'entends de tous côtés qu'on manace Phyrhus

Toute la Grece éclate en murmures confus

On se plaint qu' oubliant son sang et sa promesse

Il éléve en sa cour l'ennemie de la Grece."3

Pero luego de haber agotado todos los recursos, astucias y tácticas más tradicionales: convencimiento, despertar de los celos, juegos de indiferencia, ternura, falsa ruptura, etc., aún no logra nada y lo espera todo.

Andrómaca es lo que el teatro del Neoclasicismo suele denominar un héroe "raro". Esta denominación responde a una táctica que se utiliza para manejar la aparición del héroe, restringir su presencia todo lo que se pueda, no mostrarlo, sino raras veces, pero utilizando todo el resto del tiempo disponible en hablar de él o de sus acciones para preparar mejor las escasas escenas en que aparece.

"non j'en ai pas bien dit tout ce qu'il lui faut dire:

Ma colére ã ses yeux n'a paru á demi

Elle ignore ã quel point je suis son ennemie

Retournons -y: je veux la braver ã sa vue,

Et donner ã ma haine une libre etendue.

Viens voir tous ses attraits, Phoenix, humiliés

Allons."4

En general, el héroe clásico del s. XVII, es bello, joven, valiente, y por supuesto, noble. Además de esas cualidades, está premunido de un tercer elemento: es irremediablemente desdichado. De acuerdo a los preceptos aristotélicos, la piedad es uno de los recursos más plenos para despertar emoción, y Andrómaca sí que la despierta a lo largo de toda la pieza. Si aparece "rara", lo es como ideal de la tragedia, como la celeste velada: su aparición en la cuarta escena del primer acto está preparada por la primera escena del acto, en la cual se expone la compleja intriga, supeditada a la decisión de la joven viuda. Las escenas dos y tres no hacen alusión a ella, sino indirectamente. En general, abundan más las escenas en que aparece Hermione.

Eurípides, en su Andrómaca, muestra a los protagonistas temerosos por la vida de Moloso, que es el hijo que ha tenido con Pirro -Astianax, el hijo de Héctor ha sido inmolado de Troya- y que Hermione se empeña en hacer morir junto a su madre.

En la tragedia de Racine, no aparece Moloso. Andrómaca no tiene más marido que Héctor, ni más hijo que Astianax. El autor ha querido hacer aparecer a Andrómaca como la viuda y madre inconsolable, puesto que la traidición que la transforma en una figura paradigmática la muestra así.

Si se ha visualizado a traqvés de la imagen que diseñó Homero, ha sido buscando la emoción e impresión de los espectadores, sentimiento que seguramente se hubieran diluido viéndola seguir su vida como si Héctor y Astianax no hubiesen existido. Esta es la razón más importante de por qué Racine debió prolongar la vida de Astianax.

Así, Andrómaca bajo sus velos de viuda, se constituye en la imagen acabada de la piedad conyugal, del acatamiento a la tumba y del amor maternal.

Tradicionalmente, Andrómaca es definida por su amor y fidelidad a Héctor más que por su rol como madre. Astianax no es para ella sino la imagen física de su esposo muerto en sí, no es posible olvidar que el cuidado que debe al hijo ha sido expresamente ordenado por Héctor. Sin lugar a dudas, esta acotación podría hacer pensar que el personaje carece de las cualidades más relevantes y apreciadas en una mujer de su tiempo, el amor por sus hijos; sin embargo, la sumisión a la orden del marido obedece más bien a la necesidad de poner en relevancia la situación amorosa. Es, al fin, esa condición de amante la que hace que la tragedia exista y sea posible, que la muestra admirable por su grandeza de ánimo, puesto que si en un momento dado ella hubiera amado a otro hombre distinto a Héctor, por encima de los impulsos del corazón hubiera estado la fidelidad a una promesa y un pasado que no se puede olvidar.

Racine enfrenta a sus héroes a situaciones de hondo dramatismo, de gran intensidad y en las cuales el conflicto interior se objetiviza. Pirro, en la cúspide del poder y la gloria está desbordado por la personalidad fortísima de esta mujer a la que ha dado su amor y que lo rechaza, sus sentimientos heridos la hacen odiarla, y para castigarla le quitará la protección a Astianax. En su "Andrómaca", Racine no realiza una gran elaboración de los personajes. Los muestra tal como los poetas antigüos: Homero, Eurípides, Virgilio y Séneca. Lo que sí está claro es que se ha tomado ciertas libertades. Si se tuviera que mencionar alguna, no podría obviarse la elaboración de Pirro, al cual suaviza en buena medida su tradicional ferocidad, notoria sobre todo en "Las Troyanas" de Séneca:

"...desapruebas ahora de repente lo que te plugo

antes ¿y crees que es crueldad inmolar al hijo de

Peleo la hija de Príamo?, con todo, ¡oh padre

parricida, inmolaste a tu hija a Elena! Lo que

espero de ti ya lo hiciste, ya a ello estás

acostumbrado."5

Luego, en pos de convencer a Agamenón de la justicia de su petición -sacrificar a Polixena a Aquiles- continúa:

"inmolar vírgenes piensas es un crimen? (...)

ninguna ley perdona al cautivo o prohibe su

suplicio (...), al vencedor le es lícito todo

antojo."6

Así tradicionalmente el carácter que se atribuye a Pirro es su violenta naturaleza, a veces temperada por el amor.

Para Aristóteles, Pirro representa un carácter medio -tipo de personaje ideal para la tragedia-. Aristóteles no quiere que los personajes sean buenos del todo, puesto que el castigo de un hombre de bien provocaría la indignación, más que la piedad del espectador.

Tampoco pretende que los personajes de la tragedia sean totalmente malos, puesto que si así fueran nadie se compadecería de ellos. De esta manera, el carácter medio significa que deben tener una actitud mediana; es decir, que sean capaces de tener flaquezas, que no los hagan detestables, que caigan en desgracia por alguna culpa que los haga dignos de compasión.

La fuente de inspiración de este personaje la constituye un héroe arcaico de una época obscura y feroz de los tiempos más primitivos; de este personaje, Racine solo ha conservado sus raíces. No se puede pensar, por lo tanto, que Pirro representa el amor perfecto en el siglo XVII europeo. No podía aceptar resignarse a la voluntad de la amada, se le verá a lo largo de toda la obra, obstinado por casarse a toda costa con la cautiva, sin considerar los deseos de ésta.

Su comportamiento se mantiene entre la mesura y la brutalidad provocada por el despecho. Sin embargo, predomina en él una cierta frialdad y mesura. Se le ve más irritado por la resistencia que por la frustración de su deseo. Al Pirro raciniano se le verá respetar cierto formalismo de la época.

"D'aujorud' hui seulement je jouis de ma gloire;

Et mon coeur, aussi fier que tu l'as vu soumis

Croit avoir en l'amour vaincu mille ennemis."7

Existe un cierto encanto en este Pirro. Es innegable que inspira estima y todo lo que la simpatía puede acordar a un príncipe que sabe mantener su rango y sus prerrogativas, a pesar de los rasgos propios que del personaje clásico conserva, y que se hacen manifiestos ante los rechazos de la amada. En sí, el comportamiento de Pirro no es sólo el de un rey, sino el de un gentleman con lo que esto implica el dominio de sí -sofrosine- corrección y repugnancia por los excesos en el lenguaje y en los sentimientos; cuando decide romper con Hermione, él mismo es el encargado de buscarla y se explica ante ella sin recurrir a subterfugios.

En una de las partes más álgidas de la pieza se escuchará decir apasionadamente a Pirro:

"De combien de remords m'ont-ils rendu la proie!

Je souffre tous le maux que j'ai fais devant Troie.

Vaincu, chargé de fers, de regrets consumé.

Brûlé de plus de feux que ne n'en allumai

Tant de soins, tant de pleurs, tant d' ardeurs inquiétes...

Hélas! ¿Fus-je jamais si cruel que vous l'êtes?"8

Sin embargo, resulta indudable que sus palabras parten más de su cabeza que de su corazón. Ninguna locura hay que temer de él, aunque se haya asignado a sí mismo el rol de enamorado perdido, continúa siendo el racional, a veces feroz, pero encantador hijo de Aquiles.

La primera aproximación que entrega la obra de Pirro es a través de las palabras de la propia Andrómaca.

"Il suffit, je veux bien m'en reposer sur lui

je sais quel est Pyrrus: violent mais sincére

Céphise, il fera plus qu'il n'a promis de faire."9

Pirro, según sus propias palabras, es leal como pocos. Si ha traicionado a Hermione es por un sentimiento que lo sobrepasa, "más me vence este amor, un enlace funesto, me robó un corazón que ella misma detesta."

Para su desdicha, la bella Hermione, hija del rey de Esparta y de Helena, le había sido prometida en el campo de batalla; por otra parte, Andrómaca viuda de Héctor -el mejor de los hijos de Príamo, rey de Ilión- le había sido asignada junto a su pequeño hijo Astianax, como botín de guerra por sus innumerables hazañas.

No bien conoció Pirro a su bella esclava la amó desesperadamente, y permaneció ciego y sordo al amor que inspira en Hermione...

"le cruel! De quel oeil il m'a congediée

Sans pitié! Sans douleur, au moins étudiée

L'ai je vu se troubler, et me plaindre un moment?"10

Hay, sin lugar a dudas, de parte de Pirro, uò cruel indiferencia hacia su prometida. Ni deseos ni celos, sólo hastío y anhelo de que desaparezca como obstáculo insalvable.

Hermione ha comprometido el lugar que ocupa en el corazón del ingrato y continúa su lamento:

"En ai-je pu tirer un seul gémissement

Muet á mes souspirs, tranquille á mes alarmes,

Semblait-it seulement qu'il eut part á mes Larmes?"11

Para que un conflicto sea dramático, es necesario que el héroe enfrente dos problemas inconciliables: si las dos características emblemáticas de Andrómaca son la fidelidad y el amor maternal, es justamente en el vértice de estos elementos donde se sitúa el problema, puesto que si acepta a Pirro para salvar al pequeño Astianax, traicionará su amor a Héctor, y si por fidelidad al amor de su esposo lo rechaza, es ella misma quien condena a su hijo.

A menudo, el héroe enfrenta dos tipos de obstáculos: uno simple y el otro interior. El obstáculo simple es aquel contra el que se lucha por medios meramente físicos; en el segundo caso, el héroe razona, pesa las posibilidades que se le presentan y comprueba que es incapaz de realizar ninguna de las dos, puesto que cada una va en desmedro de la otra. Ese es su dilema.

Andrómaca busca salvar la vida de su hijo, pero también busca evitar un matrimonio que le causa horror. Orestes, Hermione y Pirro, no pueden elegir, porque en ellos mande el corazón. Andrómaca tampoco, puesto que el pasado ya ha elegido por ella.

Desde el inicio de la tragedia se ve que Andrómaca no pretende conquistar a un vencedor, sino por el contrario, escapar de él. No existe en ella deseos de seducción; al perder a Héctor, ha perdido para siempre el deseo de amar. Aunque se la adivina consciente de la seducción que provoca y que le parece tan natural, no está sino a medias sorprendida por el haber flechado a su enemigo. No se siente orgullosa ni herida por el amor de Pirro, pero le guarda rencor por lo que ella ha perdido por su causa.

La sexta escena del acto III, entrega una visión gloriosa, pero mucho más sobrecogedora que la visión que da Eurípides en su homónima griega de Andrómaca. Ante un ofuscado Pirro, se yergue imponente su dolor ante su enemigo.

"J'ái vu mon pére mort nos murs embrasés;

j'ái vu trancher les jours de ma famille entiére,

et mon époux sanglant, trainé sur la poussiére,

Son fils, seul avec moi réservé pour les fers."12

Luego continúa tratando de apiadarlo recurriendo a su dignidad.

"Jadis Priamis soumis fut respecté d'Achille

J' attendais de son fils encor plus de bonté;

Pardonne, cher Héctor! á ma crédulité.

Je n'ai pu soupconner ton ennemi d'un crime

Malagré. Lui-meme enfin je l'ai cru magnánime.

Ah! S'il était assez pour nous laisser du mains

Au tambeau qu' á ta cendre ont éleve mes soins,

Et que, finissant lá sa haine et nos miséres,

Il ne séparat point des dépouilles si cherés!"13

Se trata ésta de una acción destinada a poner en evidencia la cruel disyuntiva en que se encuentra Andrómaca: salvar a Astianax es traicionar su fidelidad a Héctor -sobre todo por lo que la presencia y el amor de Pirro significan- no salvar a Astianax es perder nuevamente al esposo y dejar que con él muera el linaje de Príamo.

En la disyuntiva, recuerda el día en que vio por última vez al esposo amado. De "La Ilíada" se puede recordar la tierna escena en que con dolor, Héctor predice los aciagos momentos que aguardan a su amada y a su hijo si él muere en la batalla. Racine ha rodeado esta escena de una atmósfera aún más amorosa al situarla en el plano de los recuerdos de Andrómaca.

"Chére épouse, dit-il en essuyant mes larmes,

J'ignore quel succés le sort garde á mes armes

Je te laisse mon fils pour gage de ma foi:

S'il me perd, je prétends qu'il me retrove en toi

Si d'un heureux hymen la memoire t'est chere

Montre au fils á quel point tu cherissaais le pére."14

Toda esta escena expresa el amor de la pareja Héctor-Andrómaca, y de ambos hacia Astianax, personaje entendido como proyección de ese amor.

Astianax no puede morir. Andrómaca no puede traicionar al esposo. A fin de salvar al hijo, y ser fiel a Héctor, Andrómaca casi traicionará a Pirro, pues finalmente, acepta la proposición del rey: pretende unirse a su enemigo en los sagrados altares -uniendo también de esta forma a Pirro con su hijo, con un lazo inmortal que lo protegerá de por vida- y luego se inmolará. Al decir "sí", está dispuesta a morir y es ésa su resolución. En esta escena, Racine entrega la visión que dará lo que debe a su hijo, a Pirro, a Héctor y a ella misma.

Sin embargo, cada resolución tomada se transforma en una nueva disyuntiva: al elegir el suicidio permite vivir a Astianax, pero también significa separarse de una parte de Héctor y, en cierta forma, faltar a la promesa hecha al esposo muerto, al abandonar al hijo y dejar de ser su custodia. Pero la resolución está tomada Andrómaca se hace mediadora entre la muerte y la vida; al desaparecer ella, su hijo comenzará a existir realmente como una persona futura.

La escena III, acto V, afloja la tensión, creando otra en seguida: se anuncia la muerte del rey, Pirro ha dejado de existir, no como lo había proyectado Hermione, sino apuñalado por una turba de griegos furiosos al oír pronunciar las palabras de Pirro que convertían en reina a Andrómaca.

"Enfin avec transport prenent son diadéme,

sur le front d'Andromaque il l'a posé lui-même

je vous donne, a-t-il dit, ma couronne et ma foi."15

A partir de ese momento, la tensión declina, preparando todo para el desenlace. Racine, hace una última y gloriosa pintura de su heroína. Al morir Pirro, se yergue como la viuda más fiel, que ha ordenado vengarle y hacer la guerra a los asesinos del rey. Tal vez en "esos griegos asesinos", quiera vengar no solo a Pirro, sino también a Troya y a su amado Héctor.

El desenlace de la pieza es sin equívocos: Andrómaca toma expresamente el rol de monarca. Con Pirro muerto, ella decide vivir para reinar, no como una amante que por fin se ha librado de un odioso tirano, sino como una verdadera reina que ha heredado el trono de su marido muerto.

El magnicidio de Pirro no ha librado a Andrómaca. Al transformarse en su viuda, su figura se ha agigantado y es ella misma quien se ha hecho libre para decidir y actuar a partir de ese momento.

Con Andrómaca, Homero entrega un carácter, pues retrata en la mujer de Héctor a la perfecta ama de casa, a la amante, madre y fiel esposa. Une en una misma ternura a su hijo y a su marido. Se la ve habitar el palacio de Príamo, discreta, laboriosa y distinguida, como corresponde a su rango. Cuando Aquiles hace morir al esposo, será la viuda más adolorida y triste, pero siempre mesurada, preocupada más del destino de su hijo que de sí misma.

Eurípides, por su parte, da una visión de ella aún más dramática: es la princesa viuda, hoy cautiva y esclava del vástago de su peor enemigo. En una situación desmedrada y peligrosa, cautiva de Neoptólemo, de quien tiene un niño, lucha con su rival Hermione por la vida de su hijo y por la protección que ahora le otorga el hijo de Aquiles. Si bien su tradicional fidelidad conyugal a Héctor parece atenuada, su amor maternal, no por ello pierde las características que le son propias.

Racine, al escribir su obra, se inspiró en los acontecimientos que narraba Eurípides en su tragedia, pero el personaje fue tomado, sin lugar a dudas, directamente de Homero. La Andrómaca raciniana es más sensible, más interesante que la clásica. Fiel se la ve dispuesta a morir por salvar la vida de su hijo y no traicionar la fe que en ella ha puesto Héctor al morir. Así, Andrómaca, más que ninguna otra, es poseedora de todas las virtudes que le otorga la tradición, para hacer de ella una figura paradigmática del ideal femenino y mucho más.

Así los contecimientos y los personajes que rodean a la heroína troyana, pueden variar, empobrecerse o enriquecerse de acuerdo a las necesidades o al gusto del autor que las trata, además del tiempo en que se vivía y las costumbres imperantes. Sin embargo, Andrómaca aparece siempre como el personaje señero, capaz de encarnar la fidelidad conyugal, el amor maternal y la heroicidad -sin armas- de la mujer.

 

NOTAS

1 "Por cuanto a Epiro costa a costa fuimos/ y, del caonio puerto en tierra entrando/ a la ciudad Butroto nos subimos (...),/ Aquí Andrómaca el duelo renovaba/ De Héctor y tristes dones ofrecía./ La alma al hectoreo túmulo llamaba/ El cual de verde césped hecho había/ Y puesto dos altares en memoria/ De la funesta y lamentable historia (...)/ Con baja voz, rostro en tierra puesto,/ Confusa y encogida responde esto:/ ¡o sola más que todas fortunada/ Polixena, que de una ya acabaste/ Y, junto a Troya al hierro agudo dada/ El aquileo sepulcro ensangrentaste/ y no fue sobre ti la suerte echada/ de cautividad dura te escapaste/ ni del griego señor la odiosa cama/ amancilló tu clara y casta forma/ Yo sin ventura, Troya ya encendioda/ por mil mares y tierras me llevaron,/ Del presuntuoso Pirro fui oprimida/ y a sufrir su soberbia me forzaron/ del cual siendo de Hermione querido/ de se casar entrambos acordaron/ y fuese a Lacidemonia, aquí dejome/ Orestes, en celoso amor vehemente/ por su robada Hermione inflamado/ y por el matricidio, horriblemente/ de las estigias Furias instigado,/ Mató en el patrio altar al imprudente/ Pirro de tal traición muy descuidado." Virgilio. Virgilii Maronis, edit. Classique, París, 1885. Libro III, pp. 260-262."

2 Racine, Jean. Théatre, Les Classiques du Monde, París, 1947.

3 Racine, Jean. Ibíd., p. 225.

4 Racine, Jean. Ibíd., p. 247.

5 Séneca. Obras Completas, Aguilar, sin fecha, p. 951.

6 Séneca. Ibíd., 952.

7 Racine, Jean. Théatre, p. 245.

8 Racine, ibíd., pp. 233-234.

9 Ibíd., p. 264.

10 Ibíd., p. 275.

11 Ibíd., p. 275.

12 Ibíd., p. 258.

13 Ibíd., p. 259.

14 Ibíd., p. 261.

15 Ibíd., p. 279.

 

REFERENCIAS

Racine, Jean. Théatre, Les Classiques du Monde, París, 1947.

Séneca. Obras Completas, Aguilar, sin fecha, p. 951.

Virgilio. Virgilii Maronis, edit. Classique, París, 1885. Libro III, pp. 260-262

 

 

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