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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.31 n.43-44 Valparaíso  1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09341998000100006 

 

Revista Signos 1998, 31(43–44), 65–73

LITERATURA

Lafourcade y el Cuento Chileno (En torno a las Antologías de 1954 y 1959)

 

Eduardo Godoy Gallardo

Universidad Católica de Valparaíso

Chile


En la configuración de la Generación del 50 ocupan un lugar de privilegio las Antologías editadas por Enrique Lafourcade en los años 1954 y 1959, la primera con el nombre de Antología del Nuevo Cuento Chileno y la segunda con el de Cuentos de la Generación del 50.
En esos dos textos se reúnen una serie de autores que señalan los comienzos y la consolidación tanto del grupo generacional como la de algunos autores en particular. Las Antologías son siempre discutibles y éstas de Lafourcade no escapan a esa condición: al contrario, son polémicas y generaron discusiones y discrepancias. Sin embargo, no puede negarse el valor que ambas poseen.
Una revisión, después de casi cincuenta años, resulta necesaria para someter ajuicio ambos textos.

I ANTOLOGÍA DEL NUEVO CUENTO CHILENO
(Zig–Zag, 1954, 338 páginas)

A. Descripción
El material se organiza en tomo a los siguientes apartados: Prólogo del antologista (pp. 7–18), Antología de cuentos (pp. 19–334), Bibliografía (p.335).
En el primer apartado, el antologista divide su ensayo en dos partes: I. Del cuento y II. La nueva generación. En la primera intenta definir lo que es el cuento y establecer sus características; en la segunda entrega factores y escritores que permiten hablar de una nueva generación de creadores.
El cuento se circunscribe, en la óptica de Lafourcade, a cinco características (1. Es una narración en prosa; 2. De extensión breve; 3. Con un principio, un medio y un fin; 4. En que necesariamente debe contarse algo; 5. Real o imaginable); la llamada nueva generación es caracterizada por ocho puntos centrales (1. Individualista y hermética; 2. Pretenden realizar una literatura de élite, egregia; 3. Pretenden concebir la literatura por la literatura, por lo que ella misma significa como hecho estético, desentendiéndose de llamados, mensajes, reivindicaciones; 4. Es una generación cultural mente más amplia que las anteriores. Su formación intelectual ha sido sistemática. Conoce de literatura tanto como de filosofía e historia; 5. Es una generación abierta, sensible e inteligente; 6. Es una generación antirrevolucionaria; 7. Es una generación vocacionalmente comprometida; 8. Pretende ser una generación deshumanizada, a la vez que enumera los autores que pertenecerían a ella, todos presentes en la Antología.
Luego selecciona veinticuatro cuentistas y treinta cuentos. Cada autor va precedido de una presentación, de su propia definición de cuento y de una fotografía. Los creadores y los cuentos antologados son los siguientes: Margarita Aguirre: El nieto (pp. 21–30); Fernando Balmaceda: Dos niños (pp. 31–44); Guillermo Blanco: Pesadilla (pp. 45–56); Armando Cassígoli: En la gavia (pp. 57–72); José Donoso: China (pp. 73–82); Alfonso Echeverría: Naufragio (pp. 83–93); Jorge Edwards: La herida y Los pescados (pp.95– 108); Fernando Emmerich: Flor de ceibo y Diamantino (pp. 109–125); Mario Espinosa: Caída de un ángel (pp. 127–135); Pablo García: El ángel muerde sus cadenas y Otra vez la primavera (pp. 137–161); María Elena Gertner: Niñita (pp. 163–170); Claudio Giaconi: La mujer, el viejo y los trofeos y Aquí no ha pasado nada (pp. 171–195); César Ricardo Guerra: Curuninas de fuego (pp. 195–204); Yolanda Gutiérrez: Margarita María (pp.205–211); Eugenio Guzmán: La calle (pp. 213–220); Luis Alberto Heiremans: La novena luna y El cuerpo restante (pp. 221–241); Pilar Larraín: Rosita (pp. 243–253); Jaime Laso: La pierna perdida (pp.255–263); Enrique Lihn: El hombre y su sueño (pp. 265–281); Enrique Molleto: ¿Recuerdas? (pp. 283–293); Gloria Montaldo: Las flores, el jarrón y los perros (pp. 295–304); Herbert Müller: Perceval y Soliloquio o coloquio (pp. 305–316); Alberto Rubio: Los compadres (pp. 317–326) Y María Eugenia Sanhueza: Una historia de pesca (pp. 327–334).
La Bibliografía, brevísima, apenas diez obras citadas, refiere, fundamentalmente, a Antologías anteriores.

B. Recepción Crítica
Esta Antología de Enrique Lafourcade señala un momento de especial significación: concretiza la idea de su autor de reunir en un volumen la producción de una nueva generación de narradores que fue expresada en las Jornadas sobre el cuento chileno realizadas el año anterior.
Dispar fue la recepción crítica. Alabada y criticada, se convirtió en obra polémica y en el primer hecho real que aglutinó a lo que pasó a denominarse generación del 50.1
Mario Espinosa, compañero de generación del antologador, enjuicia duramente la obra recién aparecida en un artículo titulado El desparpajo de un antologista (La Nación, 12/9/54) critica la definición de cuento, la afirmación de que todos los antologados pertenezcan a un mismo medio cultural, los componentes de la generación propiamente tal, así como la serie de hechos o características que la identifican, para terminar afirmando que «La ignorancia del señor Lafourcade es comparable a su desfachatez». Sin embargo, reconoce que «oo. el hecho mismo de la publicación de esta Antología del nuevo cuento chileno no deja de tener importancia, pues da a conocer trabajos literarios de considerable mérito».
Miguel Arteche, otro miembro generacional, dedica también un artículo (El Mercurio, 26/9/54) a esta Antología. Critica la parte pertinente a la definición del cuento, revisa cada uno de los rasgos establecidos como caracterizadores de los cuentistas incorporados e intenta valorizarlos. Así, destaca la presencia de una temática infantil en diez de los cuentos seleccionados y destaca: «...La forma esquemática –tal vez demasiado austera– de MülIer, el dramatismo incisivo y hondo de Giaconi, la sarcástica expresión de Cassígoli, la ceñida arquitectura –violenta y llena de soledad– de Laso, y el diálogo –con recuerdos de Hemingway o Saroyan– de Pablo García, constituyen auténticos descubrimientos», para tenninar afirmando que uno de los méritos de esta Antología consiste en «...habernos revelado cuatro o cinco nombres que tendrán un ámbito muy extenso en el campo de la última literatura chilena».
El revuelo que causa la publicación de esta Antología, lleva al diario Las Ultimas Noticias a entrevistar a Claudio Giaconi (Anverso y reverso de la Generación con que culmina el medio siglo: Antología los resume: 17/9/54) compañero también de grupo de Lafourcade. En ella, el cuentista determina los que, a su parecer, son rasgos identificadores del 50 a la vez que valoriza a algunos autores. Afirma que «...De estos 24 antologados, no será más de media docena... los que queden incorporados de manera definitiva a esta generación, que daremos en llamar del 53, o de final de medio siglo».
Revista Ercilla en su edición del 21 de septiembre de 1954, con el título Escritores jóvenes se atacan. La Antología del Nuevo Cuento Chileno nació con tempestuoso signo, da cuenta de la controversia que la selección de Lafourcade ha provocado. Aquí se mencionan las reacciones de Espinosa y Giaconi, y se caracteriza, globalmente, al grupo generacional a través de la Antología.
Eleazar Huerta (Las Ultimas Noticias, 2/9/54) somete a juicio tanto la definición de cuento como la manera de estructurar la Antología. Sobre los cuentistas, opina que: «...conocíamos ya a Jorge Edwards, a Mario Espinosa, a Luis Alberto Heiremans, que ponen finura,¡intención y fantasía en sus respectivos cuentos. Pablo García y Claudio Giaconi son vigorosos, aunque sucio el primero y poco original el segundo. Müller domina la técnica de contar, si bien tiene poco que decir. Emmerich, en su segundo cuento, y Rubio son amenos. Margarita Aguirre y Pilar Larraín son sentimentales. De los otros, sería prematuro opinar».
Eduardo Anguita dedica dos artículos a esta obra de Lafourcade (Antología del nuevo Cuento Chileno, La Nación, 30/10/54, y Jóvenes narradores chilenos, La Nación, 7/11/54). En el primero, califica a la Antología como «...una promiscuidad» y discrepa duramente de la definición de cuento elegida por el antologador; en el segundo, luego de comparar a estos cuentistas con los integrantes de la selección hecha por Miguel Serrano en Antología del verdadero cuento en Chile y hacer notar, para él, la tremenda diferencia existente, pasa revisión a siete autores seleccionados por Lafourcade: MargaritaAguirre, Fernando Balmaceda, Guillermo Blanco, Armando Cassígoli, José Donoso, Alfonso Echeverría y Jorge Edwards. Apunta su postura a destacar lo negativo.
Claudio Giaconi divaga sobre una posible definición del cuento (Alrededor de una nueva poética cuentística, El Diario Ilustrado, 21/11/54) y hace ver la imposibilidad de definirlo, para lo que usa la presente Antología sólo como pretexto.
Alone (El Mercurio 26/9/54) reconoce algún valor a esta Antología, sostiene su dificultad para terminar gran parte de los cuentos una vez emprendida su lectura, reconoce la inteligencia de algunos autores y concluye diciendo: «No basta el talento. Cada uno de estos jóvenes lo tiene a manos llenas; sólo les falta lo otro, esa pequeña almendra que da la vida: tener algo que contar».
Juan de Luigi (La Nación, 31/10/54) enfoca lapidariamente la Antología de Lafourcade y la descalifica en su totalidad: «El señor Enrique Lafourcade, perteneciente a la horrorosa clase de los siúticos, afirma que el cuento apareció hace unas cuantas semanas en Chile. Este país tuvo que esperar el nacimiento de Claudio Giaconi y de la simpática Quenita Sanhueza para tener cuentistas. El más ilustre de los narradores chilenos, el bien amado Federico Gana, era al parecer un pobre diablo. Así al menos lo da a entender este grávide Judas de la Tradición. ¿Y Anguita? ¿Y Braulio Arenas?...»

C. Valoración
La revisión de los cuentos que integran esta Antología, muestra, en primer lugar, una calidad dispar, tanto desde el punto de vista técnico como desde la manera de entregar el mundo temático que los configura. Algunos, incluso, definitivamente sin valor y, de hecho, sus autores no han tenido figuración prominente posterior.
Llama la atención la preferencia que se muestra por situar el argumento en tomo al mundo infantil. Es lo que sucede con los cuentos de Margarita Aguirre, de Fernando Balmaceda, de José Donoso, de Mario Espinosa, de María Elena Gertner y otros, en los cuales el tema de la infancia ocupa el centro del relato o se refiere tangencialmente a él. Junto con la temática señalada, otros motivos caracterizan el mundo entregado: muerte y soledad, incomunicación y angustia, fugacidad del tiempo, desengaño vital, están presentes en las creaciones de Blanco, de Echeverría, de García, de Giaconi, de Laso, de Müller...
Ese conjunto de motivos atraviesan, con mayor o menor intensidad, todo el entramado argumental de los cuentos seleccionados.
La presencia de las líneas temáticas señaladas no significan calidad. Algunos de los cuentos están muy lejos de representar alguna significación en la historia del cuento en Chile, podrían perfectamente no figurar en esta Antología así como no merecen mención en un recuento cuentístico. Ejemplos de 10 aseverado son El nieto, Dos niños, Caída de un ángel, Niñita, Curuninas de juego, Margarita María, La calle, La novena luna, Rosita, ¿Recuerdas?, Las flores, el jardín y los perros, Soliloquio o coloquio, Los compadres, Una historia de pesca.
He señalado catorce cuentos que, en mi opinión, tienen la calidad de prescindibles, que pueden eliminarse de esta selección al no contribuir a la representatividad a que aspira el antologador. Incluso, en algunos casos, cabe preguntarse si reúnen las condiciones para ser considerados cuentos.
La explicación podría encontrarse en que se trata de autores emergentes, muy pocos de ellos tienen obra editada. Lo afirmado es algo que se palpa claramente en las lecturas. Un ejemplo concreto es el caso de La gavia, de Armando Cassigoli: de lectura atrayente, conducido hábilmente por la mano del creador, un personaje problematizado que mantiene el interés del lector, pero cuyo desenlace lo destruye totalmente al no ser coherente con lo que se había venido relatando. Es el ejemplo más claro de un fracaso constructivo. Pero no todo es negativo en esta primera muestra conjunta de los integrantes del 50. Algunos de ellos se consolidarán posteriormente como figuras significativas de nuestra literatura: ahí están los nombres de Donoso, Edwards, Blanco, Giaconi, entre otros.
En el momento de hacer un balance de lo positivo encontrable en estos cuentos, tenemos que señalar la maestría en el empleo del diálogo en El ángel muerde sus cadenas (García); la temática atrayente y que toca lo maravilloso en Diamantino (Emmerich) y en El cuerpo restante (Heiremans); la meditación introspectiva muy bien lograda en La pierna perdida (Laso) y en Naufragio (Echeverría), así como la presencia de un mundo que caracterizará la creación posterior de Donoso (La China) y Edwards (La Herida).
Consideración especial merecen La mujer; el viejo y los trofeos, y Aquí no ha pasado nada de Claudio Giaconi. Ambos integran el volumen que bajo el título de La difícil juventud apareció en el mismo 1954 y que es considerado como uno de los momentos claves de la Generación del 502: en el primero, se entrega la desolada y desilusionada vejez de un jubilado de la administración pública que termina destrozando los trofeos que le habían dado en reconocimiento por su labor de años, es el hecho que marca su definitivo fracaso vital; el segundo recoge las impresiones de un muchacho ante la agonía de su padre, relato sobrecogedor en que se palpa, palabra tras palabra, los instantes finales del progenitor.
El volumen, en el cual están insertos los dos cuentos mencionados, tienen como pórtico un epígrafe que pertenece a Soliloquio del individuo de Nicanor Parra y que ilustra el temple de ánimo del mundo que se ficcionaliza:

Me preguntaron que de dónde venía.
Contesté que sí, que no tenía planes determinados.
–Contesté que no, que de ahí en adelante.

En general, el clima espiritual presentada en la Antología revisada está acorde con lo que señalan los tres versos de Parra.

II CUENTOS DE LA GENERACIÓN DEL 50
(Del Nuevo Extremo, 1959, 266 páginas)

Cinco años después de Antología del Nuevo Cuento Chileno, Enrique Lafourcade publica una segunda Antología, esta vez con el título de Cuentos de la Generación del 50. Da cuenta aquí del enfoque crítico sobre la generación e incorpora otra selección de relatos en que, como se observará, se repiten algunos nombres (trece, de los veinticuatro anteriores/para ser precisos): Aguirre, Blanco, Cassígoli, Donoso, Edwards, Espinosa, García, Gertner, Heiremans, Laso, Lihn, Molleto y Müller, a la vez que se incorporan relatos de 4 autores que no estaban en la primera: Jodorowsky, Zañartu, Vila y Lafourcade.

A. Descripción
El material se organiza en torno a los siguientes apartados: Prólogo del Antologista (pp. 9–13), Antología de Cuentos (pp. 15–249), Notas Bibliográficas (pp. 251–262) Y Bibliografía Cronológica de la Generación Literaria de 1950 (pp. 263–266).
En el primer apartado, el novelista da a conocer, en breves líneas, aspectos centrales de su generación y recopila una serie de opiniones, tanto negativas como positivas, de lo que la crítica ha sostenido sobre ella.
La segunda parte incorpora a diecisiete cuentistas y elige un cuento de cada uno. Los creadores y los cuentos antologados son los siguientes: Margarita Aguirre: Los muertos de la plaza (pp. 15–229, Guillermo Blanco: Adiós a Ruibarbo (pp. 23–32), Armando Cassígoli: Un recital memorable (pp.33–47), José Donoso: La puerta cerrada (pp. 51–78), Jorge Edwards: A la deriva (pp. 81–86), Mario Espinosa: H. M. (pp. 89–97), Pablo García: Extraña es tu noche, Josué (pp. 101–110), María Elena Gertner: Un juego de salón (pp. 113–120), Luis Alberto Heiremans: Miguelito (123–140), Alejandro Jodorowsky:
Zipelbrum (pp. 143–146), Enrique Lafourcade: La muerte del poeta (pp. 149–175), Jaime Laso: El hombre que no supo decir no (pp. 179–183), Enrique Lihn: Agua de arroz (pp. 187–202), Enrique Moletto: El testamento (pp. 205–212), Herbert MüIler: El Macfarlan (pp. 215–219), Waldo Vila: Eljuego de papel (pp. 225–234), José Zañartu: Primera muerte (pp. 237–249).
Cada cuento, excepto el último, es precedido por reseñas críticas de las que se mencionan los autores y no las fuentes. Las Notas Bibliográficas se refieren a datos biográficos, obras publicadas, referencias bibliográficas, premios literarios, oficios y direcciones de los autores antologados. El último apartado es un índice bibliográfico mínimo relativo a la generación y abarca desde 1954 hasta 1959.

B. Recepción Crítica
Esta Antología de Lafourcade es precedida de un escándalo que fue ampliamente difundido en la prensa de la época. Tiempo antes de su salida a la luz pública, se supo de la eliminación de un cuento que pertenecía a uno de los representantes más relevantes del grupo antologado: el cuento, El sueño de Amadeo; el creador, Claudio Giaconi. Razones personales y no estéticas fueron las que, realmente, incidieron en tal eliminación. Giaconi criticó la intervención del antologador en el foro que sobre la generación se efectuó en la Universidad de Chile en el artículo «Vigilantes en su tinta» (El Mercurio, 5 de julio de 1959), que terminó por quebrar las relaciones personales entre ambos.
Como respuesta a esta expulsión, Giaconi leyó el cuento eliminado en un programa que contó con los auspicios del Instituto Chileno Norteamericano de Cultura, el miércoles 8 de julio de 1959. Escritores que estuvieron presentes, como Jaime Laso, Eduardo Molina, Luis Menéndez y otros, al decir de Luis Sánchez Latorre «...opinaron que se trataba de una obra maestra en su género. El resto del público auditor tampoco ocultó su entusiasmo» (Las Ultimas Noticias, 11–julio–59). Posteriormente, El sueño de Amadeo fue editado por la Editorial Universitaria antecedido de un prólogo del autor.
Esta Antología nace, pues, con un signo polémico que dejará rasgos en los acercamientos críticos escritos en su entorno.3
Lo primero que se hace notar es que, a excepción de Alejandro Jodorowsky, Waldo Vila, José Zañartu y el autor, todos los autores incluidos en esta Antología ya lo habían sido en la Antología del nuevo cuento chileno (Zig–Zag 1954) del mismo Lafourcade y que, en realidad, inició la producción creativa de los autores más significativos del 50.
Varios calificativos le fueron adjudicados al grupo y en especial al antologador: coléricos, comerciantes, exhibicionistas, autopublicistas, sensacionalistas... El mismo Lafourcade en entrevista concedida a Las Ultimas Noticias (8–agosto–59), ha establecido que «Estoy seguro que esta Antología tendrá una divulgación insólita en nuestro país» y ante la pregunta «¿De los 17 nombres, cuántos serán todavía escritores en 1970?», contesta: «Rotundamente afirmo: ¡Todos!».
Otro integrante del grupo, el escritor José Donoso, en entrevista concedida a Las Noticias de Ultima Hora (4–octubre–59) expresa una opinión radicalmente diversa: «...la encuentro mala, poco seria, con inclusiones inaceptables...Son muy pocos los que tienen un afán serio de penetrar en las cuestiones fundamentales de nuestro tiempo ». El crítico Yerko Moretic (El Siglo, 16–agosto–59) ha hablado de «...carencia de seriedad... arbitrariedades cometidas... inclusiones compadreras... delirios exhibicionistas y publicitarios », a la vez que Francisco Dussuella ha definido como «...Es un reto a la maledicencia, un desafío a los detractores, una afirmación de personalidad y desde este punto de vista no merece sino elogios» (El Diario Ilustrado, 16–agosto–59). Los juicios de Luis Sánchez Latorre en un artículo, Una Antología sin sangre o la revolución traicionada (Las Ultimas Noticias, 22–agosto–59) demuelen lapidariamente la Antología y enjuician, negativamente, lo hecho por Enrique Lafourcade.
Existen una serie de aspectos que nos interesa destacar. Lo haremos basándonos en algunos acercamientos críticos que nos parecen, con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, más acertados.
El profesor Cedomil Goic (La Unión, Valparaíso, 20–septiembre–59) al enfrentarse al texto de Lafourcade lo tacha de arbitrario y luego lo enjuicia desde la perspectiva del método generacional de Ortega y Gasset: «...El criterio generacional, sin valor metódico alguno, utilizado sin pretensión alguna de validez es, por cierto, inservible. Ha abierto toda clase de posibilidades al acto arbitrario de generosidad desmedida o de mezquindad increíble» y le niega seriedad, pues «...es dudoso que un simple momento de exaltación propagandística constituya un fenómeno destacado en nuestra historia literaria, cuando no ha venido acompañado de una nueva formulación estética, o al menos, de una nueva conciencia estética», para terminar reduciendo la actitud de estos autores sólo a «...una enérgica afirmación vital» y a «...una garrafal falla de concepto».
Frente a esta posición negativa de Goic, se alzan las opiniones de tres críticos importantes de la época que validan positivamente lo hecho por el antologador y, por ende, por el grupo generacional: son ellos los profesores Ricardo Latcham, Alfredo Lefebre y Ricardo Benavides.
Ricardo Latcham (La Nación, 6–septiembre–59) destaca la actualidad de los antologados y afirma, de inmediato, que «Es un libro útil y copioso. Si faltaran pruebas de la existencia activa y eficaz de la discutida generación bastaría el conjunto presentado para ubicada...» Al considerar las características centrales de los distintos autores y creaciones, determina un rasgo diferenciador con las generaciones anteriores y ve aquí un elemento determinante a considerar: «Como reacción frente a otras promociones, la más nueva posee, en el campo de la narrativa, diferencias profundas que brotan nítidas en el volumen de Enrique Lafourcade. Aumenta ahora el registro de impresiones, emociones, sentimientos suscitados en el alma del evocador, a través de los sentidos puros, mediante el tratamientos de los incidentes, escenas y caracteres», para concluir luego de una revisión de los que le parecen más significativos de los relatos incorporados que «...Este libro animado y desconcertante confirma todo lo dicho anteriormente sobre la generación del 50... se encuentra aquí un material vasto tanto en la fabulación como en el planeamiento de la estructura narrativa brotada alrededor de 1950, con modalidades propias, peculiares e inconfundibles. Entonces, se puede afirmar sin ser desmentido que la ficción chilena ha conseguido una fisonomía bien categórica que la sitúa entre las más originales expresiones intelectuales de Hispanoamérica.. .»
Alfredo Lefebre (La Patria, Concepción, 20–septiembre–59) insiste en el cambio profundo de la expresión narrativa nacional; se narra, ahora, de otra manera: «..
.todos se adentran, en algún grado, en la humanidad de los problemas que tratan, en las almas que exhiben, o en algún vigoroso símbolo que pretende interpretar una concepción de la vida. Aquellas historias del criollismo ya pertenecen a otra época de nuestras letras. Todos quieren buscar en los penetrales del ser humano...» Además de plantear esta situación de quiebre, Lefebre insiste en la condición generacional: «El libro tiene la virtud de afirmar con vigor la existencia de una promoción literaria, esencialmente renovadora...»
Para el profesor Ricardo Benavides (La Libertad, 12–septiembre–59), la generación de escritores del 50 concreta, a través de esta Antología de Lafourcade, todo lo de esperanzador que se había vaticinado con anterioridad y rompe con la manera tradicional de entender la temática narrativa en nuestra historia literaria; lo dice con palabras meridianas: «...ha enfrentado la tarea nada minúscula de quitar a nuestra literatura su condición más o menos anticuada, de abolir su eterna discronía con lo europeo, escribiendo con irrenunciable autenticidad, atento
de una vez por todas a lo que pasa y no al adónde pasa». De acuerdo con estas palabras, ve el ensayista un cambio centro interés: la morosa descripción e influencia los espacios corte físico, se ha trasladado esencia interioridad del hombre: «...se desplazado ellos interés mundo circundante seres habitan. relación entre uno otro es problema constante. Su contingencia, inestabilidad, inseguridad, condicionan ambiente relatos otorgándole atmósfera común...» Revisa siete cuentos (La puerta cerrada, A la deriva, Miguelito, Agua de arroz, Zipelbrum, La muerte del poeta y Primera muerte) a los que considera excepcionales y sostiene que en ellos se encuentra «...un auténtico estilo generacional...» Podrá faltar algún relato representativo (como El capanga, de Jorge Guzmán), pero con lo que trae esta Antología nos dice el ensayista: «...basta para afirmar que la generación del 50 no sólo es más que un rótulo, que una promesa. Es una realidad rica y plena en que una problemática sin fronteras es atendida desde nuestras peculiaridades nacionales, fijándose en obras literarias de comprensión universal».
Como se puede apreciar, juicios polémicos que inciden en la calificación dispar. Pensamos que el juicio expresado en cuanto a lo innovador es lo más destacable.

C. Valoración
La segunda Antología muestra la consolidación de algunos autores que integraron la primera. De hecho, como ya se ha señalado, de los 17 autores que la integran, 13 de ellos ya habían figurado en la primera, sólo Jiodorowsky, Vila, Zañartu y el propio Lafourcade han sido incorporados en la segunda.
Lo dicho revela que existe una continuidad narrativa, la vinculación entre ambas es innegable.
La temática centrada en la infancia, que caracterizaba a la primera, aquí se reduce a lo mínimo, aunque persiste en un cuento notable, Adiós a Ruibarbo, de Guillermo Blanco. El mundo desolado y amargo que señalan los versos de Nicanor Parra se encuentra en casi todos los relatos y marcan, también, a la Antología de 1959.
Por otra parte, la temática amorosa, tal como sucedía en 1954, no tiene lugar preferente en 1959, y cuando lo está se lo señala con el signo del fracaso.
Los muertos de la plaza, un hecho social marca el desacuerdo amoroso; Adiós a Ruibarbo se estructura por una profunda amargura de un pequeño ante lo inevitable; Un recital memorable centrado en el fracaso de una conferencista; La puerta cerrada muestra el enfrentamiento del protagonista con un mundo que le niega toda posibilidad de salida ante su problemática personal; A la deriva, la rutina de lo cotidiano, H. M. revela el claro oscuro de un hombre honorable; Miguelito o el angustioso vivir entre una infancia que se mantiene y una madurez dominada por el miedo; Zipelbrum marcado por lo mágico y lo irreal; La muerte del poeta, escrito en clave que relata los últimos momentos de un poeta en Cartagena; El hombre que no supo decir no termina convertido en verdugo, oficio que él reprueba, pero que fatalmente termina aceptando; Agua de arroz o una quebrazón familiar; El Macfarlan centrado en un amor compartido; Primera muerte entrega el conocimiento que un pequeño tiene de la muerte y su entrada al mundo mayor.
He anotado trece cuentos en los que se percibe el influjo del epígrafe de Nicanor Parra. No he incluido Un juego de salón que es un relato de corte policial; El juego de papel, una intrascendente historia infantil; El testamento que se construye en torno a los últimos momentos de una anciana acaudalada que decide, ante el temor al infierno y apremiada por su confesor, dejar sus bienes a la Iglesia; Extraña es tu noche, Josué que gira en torno a una temática religiosa: estos cuatro relatos son diferentes a los anteriormente citados.
Notables son algunos de los cuentos incorporados en esta Antología: Adiós a Ruibarbo de Guillermo Blanco, La puerta cerrada de José Donoso, Zipelbrum de Alejadro Jodorowsky, Miguelito de LuisA. Heiremans y La muerte del poeta de Enrique Lafourcade.

III SÍNTESIS

La revisión de las Antologías cuentísticas realizada por Enrique Lafourcade permite afirmar que se trata de documentos claves en la puesta en vigencia de los elementos que caracterizan a la Generación del 50: por un lado, la primera de ellas, la de 1954, es un toque de alerta en cuanto dar a conocer un grupo generacional; por otro, la de 1959, señala la consolidación de algunos autores que integraban la anterior.
La concepción de mundo de ambas Antologías señala un interés primordial por delatar una atmósfera caracterizada por la desesperanza, la angustia y la fragilidad del existir, en que casi no hay espacio para la concreción del amor en sentido positivo.
Es el hombre con sus conflictos interiores el que ocupa el centro del relato. En este sentido, es clarificador comparar esta temática con lo que sucedía en el cuento criollista. Se huye de todo indicio que podría vincularse con lo nacional, una problemática centrada en el hombre en sí, lo que interesa es el qué sucede en un sentido existencial, se constituye en la primera preocupación.
¿Qué valor tuvieron, y tienen, estas Antologías de Enrique Lafourcade?
Nacieron en la inquietante década del 50 al 60 en que la literatura se convirtió en motivo de discusión nacional: como muestra de lo afirmado ahí está la polémica literaria del 594 ambas jugaron un rol importante en ese momento.
Poseen, además, un objetivo distinto: mientras la primera dio a conocer un grupo de escritores desconocidos o casi desconocidos, la segunda entrega un grupo de cuentistas que tienen ya obra publicada. Esta última está estrictamente relacionada con la primera, y muestra una realidad concreta.
Combatidas y negadas en el momento de sus apariciones, hoy, a una distancia de casi 50 años, no puede negarse su validez.

 

NOTAS

1 Las críticas que aquí se reseñan se encuentran en Godoy, E.: La generación del 50 en Chile. Historia de un movimiento literario (La Noria, 1991, pp. 25–35).

2 La valoración de la crítica respecto a La dificil juventud, se encuentra recopilada en Godoy, E.: La generación de/50. cit. pp. 37–50.

3 Las críticas aquí sintetizadas se encuentran en Gaday, E.: La generación del 50... cit. pp. 272– 287.

4 La polémica literaria de 1959 es rastreada en Godoy, E.: La Generación... cit. pp. 203–267. Una revisión de ella se encuentra en Godoy, E.: La Generación del 50 en Chile: razones y efectos de una polémica (América, Presses de La Sorbonne Nouvelle, n° 21, 1998, pp. 369–375), ensayo que fue expuesto en el Symposio Polémiques et Manifestes en Amérique Latine XIXe et XXe siècles, realizado en marzo de 1996 en la Universidad de La Sorbonne.

 

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