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Estudios pedagógicos (Valdivia)

versión On-line ISSN 0718-0705

Estud. pedagóg. v.33 n.2 Valdivia  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-07052007000200003 

 

Estudios Pedagógicos XXXIII, N° 2: 45-57, 2007

INVESTIGACIONES

 

PERFIL SOCIOECONÓMICO DEL ESTUDIANTADO QUE ACCEDE A LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN CHILE (1990-2003)*

Socio economic student's profile that access to higher education in Chile (1990-2003)

Oscar Espinoza Díaz1, Luis Eduardo González Fiegehen2

Colaboradores: Daniel Uribe Jorquera, Dante Castillo Guajardo,Soledad González Fiegehen y Juan López.

1Universidad Diego Portales y Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE). Universidad Diego Portales, Vicerrectoría Académica, Manuel Rodríguez Sur # 415, Santiago. E-mail: oscar.espinoza@udp.cl

2Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE) y CINDA. Santa Magdalena 75, Piso 11, Providencia, Santiago. E-mail: legonza@netline.cl


Resumen

El propósito del presente paper es caracterizar a la población de 18 a 24 años que accede a la educación superior según nivel de ingresos familiares, de escolaridad y ocupación del Jefe del Hogar. Con este fin se trabajó con las Bases de Datos CASEN de los años 1990, 1996 y 2003. A modo de conclusión, se puede mencionar que se ha producido un incremento del acceso a los jóvenes a la educación terciaria en todos los niveles socioeconómicos como consecuencia directa de las políticas implementadas. No obstante, en el periodo 1990-2003 se ha mantenido la brecha entre las posibilidades de acceso de los jóvenes de menores ingresos y los de mayores ingresos. Para superar esta situación se sugiere optimizar la focalización de los recursos destinados a los programas de ayuda estudiantil.

Palabras clave: educación superior, acceso, nivel de ingresos familiares.

Abstract

By analyzing the access of different socio-economic groups to higher education institutions by quintile, this paper examines the impact produced by higher education policies in Chile during the 1990-2003 period. To this end, CASEN household databases provide valuable information to measure: a) access of students (18-24 year-old group) by family per capita income level; b) access of students by household level of schooling; and c) access of students by household employment. Major conclusions set up that even though higher education policies have increased access to the system of economical disadvantaged students, inequity in access still persist. In order to reduce the inequity gap it is recommended to improve allocation of resources oriented to student aid programs.

Key words: higher education, access, family income level.


 

1. FORMULACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN

La presente investigación pretende determinar cómo ha variado el acceso a la educación superior por parte de los distintos grupos socioeconómicos en el período 1990-2003.

Durante la década de 1980 y 1990 los sistemas de educación superior (públicos y privados) experimentaron enormes cambios en todo el mundo como consecuencia de la demanda que se produjo por ingresar a este nivel (Albornoz 1993; Altbach 1996; Brunner 2000; Neave & van Vught 1994) y como resultado de los programas de ajuste económico estructural (structural adjustment programs) que operaron en muchos países subdesarrollados desde comienzos de los años ochenta (Espinoza 2002). Estos cambios en la educación superior se reflejan especialmente en la expansión, diversificación y privatización del sistema y en el establecimiento de nuevas instituciones postsecundarias que buscan responder a las necesidades y demandas de la sociedad. Esta situación implica un tremendo desafío para los gobiernos (Banco Mundial 2000; De Moura Castro y Navarro 1999).

Al menos tres factores podrían ser asociados con la expansión de los sistemas de educación superior: (i) la creciente complejidad de las sociedades y economías contemporáneas que han estado demandando de manera continua personal altamente calificado (Espinoza 2000); (ii) las competencias entre distintos grupos socioeconómicos por alcanzar credenciales educacionales, y (iii) los esfuerzos hechos por grupos de elite ligados al aparato estatal, a través de iniciativas como el fortalecimiento de programas de ayuda estudiantil, por absorber jóvenes que de otra forma podrían estar en las calles.

Tal como ha ocurrido en otras sociedades y sistemas educativos, Chile experimentó una reforma radical en el sistema de educación superior durante la década de los ochenta que tuvo su origen en una política global de liberalization que culminó en un conjunto de cuerpos legales promulgados por el gobierno militar a partir de 1980. En rigor, la reforma que se practicó al sistema terciario modificó la estructura del sistema, su coordinación y los mecanismos de financiamiento1. Desde el control estatal al libre mercado fue la dirección de los cambios promovidos por el gobierno militar que, tras una década para la implementation y gracias a una gran concentración del poder, consiguió reorientar los principios reguladores del sistema postsecundario y alinearlos con la agenda neoliberal.

Los cambios promovidos a comienzos del 80 se reforzaron mediante un sistema que incentivó el autofinanciamiento institucional incluyendo el cobro de aranceles y matrículas y la creación de un sistema de créditos y becas. Los aspectos antes mencionados ciertamente han tenido un impacto directo en el acceso al sistema terciario, así como en la permanencia en el mismo, cuestión que pretende dilucidar la presente investigación. Más allá de los juicios que se puedan hacer sobre el carácter de las reformas, es irrefutable que Chile actualmente cuenta con un sistema masivo y diversificado que ha ido incrementando su cobertura y oportunidades de acceso en distintos niveles socioeconómicos.

Pero el acceso al sistema terciario no está únicamente condicionado por factores de orden económico. En efecto, Crossland (1976: 529) sostiene que, en términos generales, el acceso al sistema de educación superior está limitado por condicionantes económicas, sociales y culturales, incluyendo: carencia de recursos financieros (discriminación socioeconómica); excesiva lejanía entre el hogar de los jóvenes y los centros de educación superior; discriminación por sexo; inadecuada preparación académica por parte de las escuelas primarias y secundarias; prejuicios contra ciertas minorías étnicas, religiosas o políticas; exámenes de ingreso estandarizados culturalmente prejuiciados; discapacidad física (pero no mental) que inhibe la movilidad, y discriminación por edad.

Ciertamente un efecto combinado de una mayor demanda por educación superior, una mayor oferta y diversiñcacion y el incremento de los ingresos de los hogares pueden ser las razones por las cuales el crecimiento de la educación superior puede explicarse. Sin embargo, un aspecto que podría ser interesante de examinar es qué implicancia tienen los hechos señalados en términos de movilidad social. Un tema clásico de las ciencias sociales, específicamente de disciplinas como la sociología, ha sido estudiar el rol que juega la educación en los patrones de movilidad socioeconómica que tienen las sociedades, grupos sociales e individuos (una buena síntesis puede encontrarse en Goldthorpe 2003 y Aldridge 2001). Para un hogar de escasos recursos, el hecho de "colocar" a uno de sus integrantes en el sistema de educación terciario constituye un buen proxy para alcanzar lo que se conoce como movilidad intergeneracional, en este caso ascendente.

Sin embargo, los estudios disponibles muestran que el acceso a la educación superior aún está primordialmente condicionado por el origen socioeconómico de los jóvenes. De acuerdo a Larrañaga (2002), existe una alta correlación entre el nivel socioeconómico de los estudiantes y el puntaje obtenido en las pruebas de selección. El logro medido por las pruebas de selección, que aluden básicamente a la segmentación de la educación secundaria, muestran que aún en un contexto de expansión y diversiñcacion socioeconómica del estudiantado, la variable socioeconómica sigue siendo el principal freno al acceso masivo de estudiantes de nivel socioeconómico bajo (Bravo y Manzi 2002).

Por su parte, en Chile la mayoría de las políticas educacionales impulsadas legalmente e implementadas durante el régimen militar estuvieron asociadas con la retórica de la equidad en el acceso y la igualdad de las oportunidades educacionales (Espinoza 2002). No obstante, con la llegada de los gobiernos democráticos al poder desde 1990 ha habido un creciente énfasis en el discurso gubernamental respecto de la necesidad de lograr la ansiada equidad en el acceso, como así también el proveer igualdad de oportunidades a todos los jóvenes independientemente de sus condiciones de origen.

2. PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN

Las preguntas que esta investigación se propone responder son las siguientes:

.  ¿Cómo ha evolucionado el perfil (educativo, ocupacional) de los hogares cuyos jóvenes ingresan al sistema de ES?

. ¿Cómo ha evolucionado el acceso de jóvenes al sistema de educación superior de hogares que tienen similares características en el tiempo?

La primera pregunta apunta a establecer una caracterización socioeconómica y de los hogares cuyos integrantes se han incorporado al sistema de educación superior y su variación en el tiempo. La segunda, está referida a establecer cómo se comporta el acceso a la educación superior de jóvenes provenientes de hogares con características constantes en distintos períodos de tiempo. Es decir, al establecer un modelo de hogar tipo2 que tenga las mismas características de ingreso, demográficas, ocupacionales y educacionales se determinará si existen diferencias en el acceso a la educación superior en el tiempo.

3.    OBJETIVOS

1.  Caracterizar en términos socioeconómicos a la población entre 18 y 24 años que ingresa a la educación superior en los tres subsectores, esto es, universidades (con y sin ñnanciamiento público), institutos profesionales y centros de formación técnica.

2. Caracterizar a la población entre 18 y 24 años que accede a la educación superior según nivel de escolaridad y ocupación del jefe de hogar.

3.  Caracterizar a la población entre 18 y 24 años que cursa estudios superiores según el tipo de institución a la que asiste y por nivel de escolaridad y ocupación del jefe de hogar.

4.    METODOLOGÍA

En un primer momento se procedió a caracterizar a la población que ha estado accediendo al nivel terciario en el período 1990-2003 tanto en universidades como en institutos profesionales y centros de formación técnica. Para ello se llevó a cabo un análisis de tendencias y se calcularon los estadígrafos descriptivos utilizando para estos fines las Bases de Datos CASEN3, de modo de obtener las respectivas distribuciones por quintiles de ingreso de los jóvenes que acceden al sistema terciario, así como la distribución de jóvenes según ocupación y nivel de escolaridad del jefe de hogar.

Al momento de procesarse las bases de datos CASEN se optó por trabajar con la población comprendida en el tramo 18 a 24 años, asumiendo que ese tramo de edad corresponde a la edad en que teóricamente se debieran cursar los estudios de nivel superior.

El análisis de los datos se estructuró sobre la base de dos variables:

a)    Acceso a la educación superior entendida como el evento de que el joven de 18 a 24 años en algún momento ingresó a la educación superior, situación que puede haber sido transitoria en el caso de aquellos que desertaron del sistema, que puede ser estable en el caso de los jóvenes que al momento de la encuesta estaban estudiando, o bien, puede darse el caso de egresados que hayan completado sus estudios al momento de responder la encuesta.

b)    El tipo de institución a la cual asiste el joven de 18 a 24 años que al momento de ser encuestado estaba estudiando. Los tipos de instituciones de educación superior chilena a las cuales acceden los jóvenes son los Centros de Formación Técnica que ofrecen carreras de 2 años y medio, Institutos Profesionales que ofrecen carreras de 4 o 5 años que no requieren licenciatura y las universidades que ofrecen carreras de 5 o más años que exigen licenciatura.

Para algunos de los cruces establecidos en el documento, como, por ejemplo, acceso a la educación superior y escolaridad del jefe del hogar, acceso a la educación superior y ocupación del jefe del hogar, tipo de institución a la cual asiste el joven y escolaridad del jefe de hogar, y tipo de institución a la cual asiste el joven y ocupación del jefe del hogar, las bases de datos se depuraron tomando como criterio los jóvenes de 18 a 24 años que eran hijos(as) de los jefes(as) de hogar. Se reestructuraron las bases de datos quedando en el mismo registro información sobre los jóvenes e información del jefe de hogar.

El hecho de seleccionar jóvenes que viven con sus padres puede acarrear algunas distorsiones, por cuanto es probable que quienes no viven con sus padres tengan características distintas, lo cual es una limitación del instrumento al ser de corte transversal. De todas maneras, los jóvenes seleccionados para las muestras pareadas representan consistentemente alrededor del 70% de los jóvenes de entre 18 y 24 años de edad.

5. RESULTADOS

Los resultados que se presentan a continuación son producto del análisis de la información procesada directamente de las Bases de Datos CASEN de MIDEPLAN4. De entre las bases de datos disponibles se seleccionaron las correspondientes a los años 1990, 1996 y 2003. Se optó por estos años dado que se deseaba hacer un análisis de tendencias que permitiera visualizar el impacto de las políticas educacionales en materia de acceso al sistema (diferenciando incluso por tipo de institución de educación superior).

5.1. Acceso a la educación superior y quintil de ingreso. Cabe destacar que la proporción de jóvenes de 18 a 24 años que han accedido a la educación superior pertenecientes a los quintiles I y II ha experimentado un aumento de casi tres puntos porcentuales en el periodo 1990-2003, pasando de 4,9% a 7,7% en el primer caso, y de 10,3% a 13%

en el segundo caso. A su vez, la representatividad de los jóvenes pertenecientes a los quintiles III y IV no ha tenido variabilidad en el lapso ya señalado. Finalmente, los datos muestran que la participación relativa de los jóvenes que acceden a la educación terciaria y que pertenecen al quintil más rico (esto es el quintil V), disminuye respecto a los otros quintiles pasando de 39% el año 1990 a 32% el año 2003 (tabla 1).


Si bien es cierto que la probabilidad de encontrar un joven que haya tenido acceso a la educación superior del quintil I es en la actualidad mayor (8%), sigue siendo 4 veces mayor la posibilidad de que un joven del quintil V haya accedido al sistema (32%). En 1990 dicha razón era de 1 a 8.

Por otra parte, como se observa en la tabla 5.1.2, mientras en el año 1990 sólo un 5,1% de los jóvenes pertenecientes al quintil I accedía a la educación superior, dicha proporción se incrementó a 8,7% y 12% en los años 1996 y 2003, respectivamente. A su vez, los jóvenes del quintil II duplicaron su participación en el sistema pasando de 9,0% en 1990 a 18% el año 2003. Mientras los jóvenes del quintil III casi duplican su participación en el sistema en el período 1990-2003, los jóvenes de los quintiles más ricos que accedieron a la educación superior incrementaron su participación en forma notoria, pasando de 30% a 43% en el caso de los jóvenes del quintil IV, y de 52% a 69% en el caso de los jóvenes del quintil V

Si bien ha habido un aumento significativo en el acceso en los cinco quintiles de ingreso aún queda mucho por hacer en el caso de los jóvenes que pertenecen a los quintiles más pobres donde el nivel de participación sigue siendo deficitario en comparación con lo que acontece en los quintiles más ricos. En efecto, mientras los jóvenes pertenecientes al quintil V tienen una cobertura superior a los dos tercios en el sistema terciario, los jóvenes del quintil más pobre no superaban el 12% en el año 2003 y los jóvenes del quintil II no superaban aún el 20% (tabla 2).


5.2. Acceso a la educación superior y escolaridad del jefe de hogar. De los jóvenes que accedieron a la educación superior en 1990 un 30% tenía padres que habían alcanzado el mismo nivel educativo, en tanto que en 1996 dicha proporción se elevaba al 33% y en el año 2003 al 41%. Lo anterior implica que el aumento progresivo en el acceso al sistema terciario por parte de jóvenes de 18 a 24 años ha estado directamente asociado a un aumento en el nivel de escolaridad de los jefes de hogar en el período 1990-2003 (tabla 2).

De igual forma, la tabla 3 permite constatar que el 13% de los jóvenes que accedieron a la educación superior en el año 2003 tenían padres cuyo nivel de escolaridad no superaba la educación básica, en contraste con lo que acontecía en el año 1990 donde alrededor del 26% de los jóvenes que accedió al sistema tenía padres con escolaridad básica.

Si bien el ingreso al sistema terciario ha ido aumentando progresivamente en los últimos 15 años no deja de llamar la atención que de los jóvenes de 18 a 24 años que no accedieron a la educación superior en 1990 poco más del 4% tenían padres que sí accedieron a la educación superior, en tanto que en el año 2003 sobre el 8% de los jóvenes que no había accedido a la educación superior tenía padres con dicho nivel de escolaridad. Lo anterior implica que la proporción de jóvenes que no accede a educación superior con jefes de hogar que sí accedieron se duplicó en el lapso 1990-2003 (tabla 3). Esta situación debe analizarse en detalle considerando la posible influencia de la situación ocupacional del jefe de hogar, así como el aumento del acceso en los 90.


5.3. Acceso a la educación superior y ocupación del jefe de hogar5. Al cruzar las variables acceso a la educación superior y ocupación del Jefe de Hogar se verifica que ha aumentado notablemente la incorporación de jóvenes de 18 a 24 años provenientes de hogares cuyos jefes eran trabajadores manuales y agrícolas, pasando del 20% al 37% entre el año 1990 y el año 2003. Como contraparte, la representatividad de los jóvenes provenientes de hogares cuyo jefe era trabajador no manual ha disminuido del 80% al 64% en el lapso antes aludido. Lo anterior muestra que ha habido una redistribución de los jóvenes que acceden a la educación terciaria según ocupación del jefe de hogar (tabla 4).

Por otra parte, la representatividad de los jóvenes provenientes de hogares cuyos jefes son trabajadores agrícolas también ha disminuido proporcionalmente de un 8% a un 3% lo cual podría atribuirse a la migración campo-ciudad y a la menor oferta de educación superior en los sectores rurales (tabla 4).


5.4. Situación de los jóvenes que estaban cursando estudios superiores al momento de aplicarse la encuesta CASEN. A continuación se caracteriza a los jóvenes que estaban estudiando en el nivel terciario al momento de aplicarse la encuesta Casen según el nivel de escolaridad y tipo de ocupación del jefe de hogar.

Si se cruzan las variables tipo de institución donde los jóvenes cursaban estudios de educación superior al momento de aplicarse la encuesta y el nivel de escolaridad del jefe de hogar se constata que hay un incremento relativo de los jóvenes que estudian en el sistema terciario y que provienen de hogares cuyo jefes tienen mayor nivel educativo. En efecto, si se suman los casos con alta escolaridad del jefe de hogar (educación media y superior en conjunto) se tiene que en el periodo 1990-2003 hay un aumento de 68% a 77% de los jóvenes que asisten a IPs y CFTs y para las universidades varía de un 86% a un 92% en el mismo lapso (tabla 5).

Ahora bien, si se cruzan las variables tipo de institución a la que asisten los jóvenes que cursan estudios de educación superior y ocupación del jefe de hogar6 se corrobora que entre los jóvenes que asisten a los CFTs e IPs se ha duplicado la representación de quienes provienen de hogares cuyos jefes son trabajadores agrícolas y manuales pasando de un 23% en el año 1990 a un 52% en el año 2003. Por otra parte, en las universidades ocurre un fenómeno similar, variando desde un 14% a un 29% la representatividad de los jóvenes provenientes de este tipo de hogares (tabla 5).


Se observa al mismo tiempo que hay mayor representatividad de los jóvenes que pertenecen a hogares cuyos jefes son trabajadores manuales y agrícolas en los CFTs e IPs respecto de las universidades (52% versus 29%, respectivamente) (ver tabla 6)7.


Como contraparte, vale la pena mencionar en relación a los jóvenes que pertenecen a hogares cuyos jefes son trabajadores no manuales que ha habido un descenso en su representatividad variando de 77% a 48% en el caso de los CFTs y de 86% a 71% para el caso de las universidades en el periodo 1990-2003.

6. CONCLUSIONES

En referencia al acceso a la educación superior y al tipo de institución al que asiste el joven, se pueden establecer las siguientes conclusiones:

>    Se observa un aumento de la proporción de jóvenes que acceden al sistema terciario para el período estudiado. Dicho fenómeno se asocia a su vez al incremento del nivel de escolaridad de los jefes de hogar. En tal sentido, la tendencia que indica el análisis es que en el periodo 1990-2003 ha ido aumentando la proporción de jóvenes que ingresan al sistema que proceden de hogares cuyos jefes habían tenido niveles educativos inferiores.

>    Se observa una mayor representación en el sistema terciario de jóvenes que provienen de hogares cuyos jefes asistieron a la educación media científico-humanista, versus los jóvenes de hogares encabezados por jefes que asistieron a la educación media técnico-profesional. Esto podría indicar que la educación científico-humanista recibida por los jefes de hogar influiría de manera positiva en los jóvenes en el acceso a la educación superior.

>    Por otra parte, se constata que al analizar la relación entre el acceso de jóvenes a la educación superior y el nivel de ingresos de los hogares la participación de los jóvenes pertenecientes a hogares situados en los quintiles I y II ha experimentado un aumento cercano a tres puntos porcentuales en el periodo 1990-2003, en tanto que en los quintiles III y IV se ha mantenido constante y sin variaciones, y en el caso de los jóvenes pertenecientes al quintil V ha decrecido la participación en alrededor de un 5%, lo que muestra cambios en la estructura socioeconómica de la población estudiantil. Pese a ello, estas variaciones indican que la participación de jóvenes provenientes de hogares de menores recursos es aún baja.

>    El 60% de los jóvenes de 18-24 años que alguna vez han estudiado en una institución de educación superior es hijo de un jefe de hogar que no accedió a la educación superior. Luego podría concluirse que la movilidad educacional es crecientemente ascendente entre ambas generaciones.

>    Es relevante también señalar que al cruzar la variable acceso con la ocupación u oficio del jefe de hogar siguiendo la clasificación de Erickson y Goldthorpe, se advierte que la participación de los jóvenes de hogares con jefes cuya ocupación es de carácter manual ha aumentado significativamente en el periodo 1990-2003, pasando de un 12% a un 33%. En contraste, el acceso de los jóvenes de hogares cuya ocupación del jefe de hogar es de carácter no manual ha disminuido su representación proporcionalmente al aumento experimentado por los jóvenes provenientes de hogares cuyos jefes ostentaban una ocupación manual. Por su parte, en el caso de los hogares con jefe con ocupación agrícola, se observa una disminución que podría ser atribuible a la misma disminución que ha experimentado el sector agrícola nacional.

>    Al observar, por otra parte, la relación entre el tipo de institución de educación superior a la que asistía el joven y el nivel de escolaridad del jefe de hogar se comprueba que la tendencia de los jóvenes con jefes de hogar que tiene educación superior es proseguir estudios superiores universitarios. En este mismo sentido, se observa que en el caso de los jóvenes que proceden de hogares con jefes que alcanzaron educación básica el porcentaje de jóvenes que cursaban estudios en CFTs e IPs era bastante mayor que en las universidades. Una situación similar a la anterior se aprecia en el caso de los jóvenes que provienen de hogares con jefes que alcanzaron educación media, pues la proporción que accede a los IPs y CFTs es mayor que la proporción observada en el acceso a las universidades.

>    En lo concerniente a la relación entre el tipo de institución a la cual asiste el joven y la ocupación del jefe de hogar se puede concluir que la incorporación de jóvenes que provienen de hogares cuyos jefes son trabajadores manuales y agrícolas es proporcionalmente más alta en el caso de los CFTs e IPs. Mientras que los jóvenes de hogares con jefes de ocupación no manual optan preferentemente la educación universitaria. Esto podría explicarse por las necesidades tempranas que tienen los jóvenes pertenecientes a este segmento de ingresar al mercado laboral, o bien debido a los altos costos que implican las carreras universitarias.

>    En síntesis, se podría inferir que las políticas en materia de educación superior han tendido hacia el incremento del acceso de los jóvenes a la educación terciaria; sin embargo, se observan enormes brechas, las que se encuentran determinadas por el nivel de ingreso de los hogares, el nivel educacional y la ocupación de los jefes de hogar. Esto implica optimizar la focalización de los recursos destinados a programas de ayudas estudiantiles, de manera de asegurar el acceso a todos los jóvenes de bajos recursos que reúnan los méritos necesarios para cursar estudios de educación superior. Es necesario que las políticas de equidad también se orienten al proceso educativo y no sólo a las condiciones de acceso. En este sentido las políticas orientadas a mejorar la eficiencia docente y la innovación curricular cumplen un rol clave.

Notas

1 En 1980, esto es con anterioridad a la reforma estructural que modificó el sistema postsecundario, egresaban aproximadamente 120.000 jóvenes de la educación secundaria, de los cuales 30.000 conseguían acceder a la educación superior. En otras palabras, 1 de cada 4 egresados de la educación media ingresaba al sistema terciario. En cambio, en la actualidad de los 140.000 jóvenes que egresan de la educación media cerca de 80.000 acceden a la educación superior, sin contar a los rezagados (Espinoza 2002).

2 Ante la ausencia de datos longitudinales, en la investigación se establecieron, utilizando la serie de encuestas CASEN 1990-2003, distintos tipos de hogar que puedan ser comparables a lo largo del período. Esto tiene por objeto establecer si hay diferencias en el acceso al sistema terciario al tener controlada la variable ingreso per capita de hogar, tomando como unidad de medida la canasta básica definida por MIDEPLAN para cada encuesta (ver sección metodología para un mayor detalle).

3 La Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) es conducida desde el año 1987 por el Ministerio de Planificación y Cooperación que se realiza bianualmente con una muestra representativa a nivel de comunas. Por sus características, la Encuesta corresponde al modelo de encuestas de hogares que se aplican en diversos países de América Latina. Su propósito es proveer información relevante para la definición e implementación de políticas públicas.

4 Al tratarse de una encuesta de hogares cuyo fin es medir el impacto de los programas sociales es esperable que en la medida que se trabaje con subgrupos pequeños de la muestra, los niveles de error muestral sean más altos. Ello implica que en la medida que los subgrupos sean más pequeños, la precisión estadística se reduzca. La diferencia entre la matrícula que reporta la Encuesta CASEN y la que reporta el MINEDUC ha sido sobrestimada en un 15% por la Encuesta CASEN, lo cual es válido desde el año 1990 en adelante.

5 La variable categorías ocupacionales que considera la Clasificación CIUO 88 fue agrupada en tres categorías siguiendo a Erikson y Goldthorpe (1993), como se detalla a continuación:

Trabajadores manuales: Incluye artesanos, operarios, operadores y montadores y trabajadores no calificados; Trabajadores no manuales: Fuerzas Armadas y de Orden, profesionales, científicos y afines, técnicos, directivos de empresas y poder ejecutivo y empleados de oficina y vendedores de comercio y mercados, y Trabajadores agrícolas: Incluye agricultores y pescadores (comercial y de subsistencia).

6 Para construir la tabla 5 se agruparon las categorías ocupacionales siguiendo la clasificación de Erickson y Goldthorpe.

7 Los datos no permiten hacer la desagregación entre institutos profesionales y CFTs para todos los años considerados en el estudio.

 

7. BIBLIOGRAFÍA

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*Los autores agradecen el financiamiento otorgado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICYT) a través del Proyecto FONDECYT 1050142 titulado "Condicionantes que determinan el acceso al sistema de educación superior en Chile en el marco de las políticas educacionales promovidas en el periodo 1990-2003". El proyecto contempla a nivel de resultados, además del presente paper, un análisis acerca del acceso a ayudas estudiantiles (becas y créditos), de las condicionantes que determinan el acceso y la movilidad social en Chile.

 

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