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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  no.509 Concepción jun. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622014000100001 

Atenea N° 509. I Sem. 2014: 6-10

 

PRESENTACION

 


 


M. Rodríguez

Este número de Atenea está encabezado por el artículo de María Nieves Alonso y Luis Bravo sobre la novela de Rivera Letelier Santa María de las flores negras, un contrarrelato que viene a contar aquello que la historia oficial no quiere recordar.

Según el artículo, la novela trata del poder y el panoptismo, dispositivo de vigilancia que controla las relaciones sociales y, en la dimensión contraria, la resistencia a estas imposiciones mediante una utopía posible. Esta doble dimensión -escriben los autores- se traduce en una narración que podemos llamar cronística y otra narración poética que permite acceder a distintos niveles de realidad y contemplar deseos, traspasos de reinos, oír voces menores, hasta aquí censuradas, y ver símbolos y trazos de la utopía. En este doble discurso los autores destacan la importancia de variados in-tertextos que constituyen un mapa y una cronología rigurosa de los sucesos narrados. Cabe destacar entre estos intertextos las referencias a Pedro Páramo de Juan Rulfo y Canto general de Pablo Neruda.

Santa María de las flores negras se inscribe en la tradición literaria del imaginario de la pampa salitrera que recrea y reivindica, desmantelando el dispositivo panóptico, y buscando en el intertexto con grandes obras literarias latinoamericanas un diálogo con los muertos y el mito del pueblo indestructible.

El artículo siguiente de Bernardo Subercaseaux se propone revelar las representaciones a imaginarios despertados por la figura del perro en las literaturas hispánicas, europeas y norteamericanas. Para ello aborda un extenso corpus que va desde la mitología grecolatina -con el perro Cerbero-hasta la chilena Fátima Sime, autora de Carne de perra (2009), pasando por los perros de los conquistadores españoles empleados contra los indios, el Coloquio de los perros cervantino, llegando a La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, Perro come perro del norteamericano Edward Bunker para rematar en un buen número de variados autores y obras.

Subercaseaux examina diversas variables del imaginario: la históri-ca-social, la estético literaria, la filosófica y la científica. Particularmente interesante es la variable filosófica donde se exponen las tesis del filósofo italiano Giorgio Agamben sobre un nuevo humanismo que debe trabajar las divisiones seculares entre hombre y no hombre, humano y animal para terminar con los brutales binarismos de la "máquina antropocéntrica" que nos domina.

Humberto Giannini y María José López analizan, en el artículo que continúa, la acción comunicativa llamada promesa. El uso que se hace de la noción de acción comunicativa es altamente pragmático, lejos de las tesis de Habermas y más cerca de la noción de actos de habla de Austin y Searle, aunque no se puede identificar con ninguna de estas posiciones. La promesa establece un contrato entre quien promete y el que recibe esa promesa. Compromiso que dicho hoy se proyecta a un futuro abierto. El que promete adquiere una deuda que en cualquier momento el otro puede cobrar. Distintas son las promesas mutuas en las que el compromiso y la deuda se hacen uno dando origen a un nosotros, comunidad artificial creada por el acto del mutuo prometer. El trabajo finaliza analizando el carácter político de la promesa propuesto por dos autores: Arendt y Derrida. Para este último la democracia es siempre una democracia por venir, no en el sentido de denunciar que se trata de un proyecto político incumplido o irrealizable, sino que la democracia es siempre lo que se desplaza, lo que no está nunca a la mano, lo que se proyecta al futuro. Esta proyección para Derrida tiene la estructura de una promesa. Para Arendt la comunidad política es un nosotros que utiliza el dispositivo de la promesa para ligar lo que no está ligado, comprometiendo nuestro presente y nuestro futuro que nos invitan a conformar un mundo común, fundado en la promesa mutua.

"Lenguaje y cultura: Una mirada semiótica al discurso del arrabal", artículo perteneciente a Alejandra Leal Ladrón de Guevara, analiza el lenguaje semiótico del tango de principios del siglo XX, tomando como referente "Melodía del arrabal". La autora aborda la lectura de los signos en las letras de los tangos como discursos del arrabal. La lectura de estos signos se desarrolla bajo la idea que corresponden a distintos códigos culturales femeninos (pebeta, mina, yira), masculinos (bacán, ciruja, chorro) en el nivel agencial, en tanto que el espacial se organiza en torno a las modalidades de interior (bulín, keko, cotorro) y exterior (arrabal, barrial, callejón). La misma modalidad binarista se encuentra en el código sonoro que puede contener: sonidos armónicos (gorjeo, cayengue, valsecito) versus inarmónicos (queja, resonga), como también en el código cromático: luna, farol, estrellas versus sombras, noche. El lenguaje o sociolecto del lunfardo conforma los campos semánticos de cada código. Así, la interpretación de los textos-canciones, efectuada por la autora, llega a la determinación que las letras nos entregan un estereotipo del mundo suburbano que exalta la acción conjunta del malevaje.

Gastón Salamanca y Ariella Ramírez presentan un trabajo que es una continuación de los "Apuntes sociolingüísticos sobre la presencia de argentinismos en el léxico español de Chile", publicado en esta misma revista. Los autores comienzan analizando palabras que pueden ser consideradas argentinismos, presentes en el habla coloquial chilena.

El artículo presenta nuevas evidencias que contribuyen a sustentar las tesis, ya desarrolladas por Salamanca, de la permeabilidad cultural chilena, permeabilidad que se verifica especialmente en aquellas variantes consideradas como prestigiosas. En este sentido, es bastante probable que este fenómeno de argentinización se afiance en Chile, mientras se mantenga la reputación artística y deportiva (especialmente futbolística) que hacen de Argentina una nación prestigiosa para el hablante chileno.

"Los silencios y las palabras: El testimonio como posibilidad" de María Olga Ruiz es el estudio que sigue. La autora se hace cargo de la presencia cada vez más significativa de la forma testimonial en América Latina. El testimonio se produce como un discurso de resistencia que permite a los sectores subalternos hablar por sí mismos, superando la vergüenza que significa que otros (casi siempre los estratos sociales dominantes) hablan por ellos. Desde la instalación de las dictaduras militares en el cono sur los testimonios, junto con expresar la denuncia de la violencia criminal, se han instalado, según María Olga Ruiz, como un desafío a las estructuras del poder político y académico configuradas por los marcos disciplinarios tradicionales.

En el artículo que sigue a continuación, Pablo Artaza Barrios analiza el caso del movimiento social salitrero la Mancomunal de Obreros de Iquique (1900-1909) para enfrentarse a la cuestión social en Chile. Dado el fenómeno de la falta de legitimación de los partidos políticos, este movimiento obrerista de comienzos del siglo XX, que planteó la relación problemática entre la base social y las formas partidarias, puede ser muy interesante proyectado a la actualidad.

Miguel Ángel Mansilla escribe sobre las representaciones de la muerte en la poesía de los obreros del salitre chileno en la época que va desde 1890 a 1910. La muerte es concebida como tragedia, precariedad e indignidad, a semejanza de la vida a que están condenados estos obreros. El autor explora diversas concepciones de la muerte. Entre ellas se destaca el morir de hambre, morir trabajando, morir pobre. Al mismo tiempo propone imágenes arquetípicas sobre la muerte de los obreros, como la de la víctima sacrificial y la metáfora teratógena del Estado. El sustento teórico del trabajo está compuesto, fundamentalmente, por las tesis de Blanchot sobre la muerte.

Sophie Dorothee von Werder estudia la escritura de Alfredo Bryce Echenique encuadrada en un tipo de narración diferente que no hace distinción entre lo ficcional y lo no ficcional o autobiográfico. No se trata, escribe la articulista, de una oscilación entre ambos conceptos, sino una apertura que posibilita la conquista de un tercer espacio, un "entre" intersticial. Podríamos decir que estamos frente a la forma que la crítica llama "autoficción".

Claudio y Flavio Gutiérrez analizan la figura del Dr. Poenisch, quien trazó el desarrollo de la enseñanza de las matemáticas en Chile en la primera mitad del siglo XX, logrando profesionalizarla. Poenisch arriba a Chile en 1889 gracias a la reforma educacional promovida bajo el gobierno de José Manuel Balmaceda. Este ilustre patriota pensaba que "es la ilustración la ley del espíritu y la moral aplicada con discernimiento a las acciones de los hombres. Ella constituye el más seguro fundamento de los derechos individuales y la más segura garantía de la prosperidad general".

Para realizar la línea central de la reforma -el plan concéntrico y la concepción cultural del saber científico- el gobierno fundó el Instituto Pedagógico mediante decreto del 29 de abril de 1889. A este plantel universitario ingresó en 1907 el Dr. Poenisch. Allí el doctor continuó enseñando los nuevos métodos y publicando Los elementos de matemáticas, en seis tomos, que se usaron en los liceos chilenos durante más de veinte años.

Jorge Valenzuela Garcés propone que el primer cuento peruano inscrito en el sistema ideológico marxista perteneció al gran escritor César Vallejo. El cuento se llama "Paco Yunque".

El autor del trabajo precisa que "Paco Yunque" es el primer cuento para niños escrito en el Perú. Por su inscripción abierta a una concepción ideológica del mundo, el relato significa un cambio revolucionario del cuento infantil canónico. Vallejo escribe su cuento dentro de la necesidad de crear un arte proletario, de quien hace la defensa en su ensayo El arte y la revolución. Jorge Valenzuela dice que se trata de un cuento proletario porque hunde sus raíces en una coyuntura social y política concreta bajo la óptica de la lucha de clases. Esta óptica se fundamenta en la concepción materialista de la historia. El cuento rompe las expectativas propias de la recepción de la literatura para niños, lo que reafirma su carácter revolucionario frente al canon imperante.

El artículo que sigue, de María Illanes Oliva, analiza lo que ella llama la cuarta frontera. La tesis se basa en la percepción que los procesos de conquista y colonización en América no fueron homogéneos sino heterogéneos, lo que permite hablar de modalidades de conquista y de colonizaciones regionales. En su trabajo, María Illanes identifica la cuarta frontera como "territorio valdiviano" demarcado por el río Toltén, frontera velada, subsumida por los estudios fronterizos canónicos. Ellos se han concentrado en el norte del Biobío, Araucanía y territorio sur-oriente cordillerano-pehuenche del sur del Biobío, que conforman los tres espacios fronterizos. El término de cuarta frontera se refiere a un concepto de colonización a través del cual se reconoce el carácter de territorio no conquistado -"país de indios"- donde conviven dos sociedades sin que ninguna predomine sobre la otra, manteniendo el intercambio como forma de relación privilegiada. Sin embargo, también se puede percibir un avance del Estado chileno y de la constitución de la propiedad privada en el seno del territorio indígena.

El artículo final es un estudio de la hechicería amorosa en la Lima virreinal a cargo de José Manuel Rodríguez, Natalia Urra y María Fernanda Insulza. Se trata de una investigación acuciosa en los archivos de la Inquisición madrileña donde se conservan los procesos inquisitoriales realizados en la Lima colonial. Los autores llegan a determinar que la hechicería limeña se realizó a partir de tres matices culturales: la europea, la africana y la indígena. El artículo enfrenta la complejidad del tema hechicería haciendo una distinción entre esas prácticas. La hechicería está basada en conjuros, la brujería tiene que ver con el chamanismo, la magia funciona como una actividad mental. Un enfoque social de estas distinciones permite apreciar que la magia es evidentemente elitista, mientras la brujería se integra a la cultura popular. Desde esta perspectiva la hechicería limeña, marginal y sin acceso a los bienes culturales de las clases dominantes en la colonia, representa un intento de sacudirse del rígido poder virreinal, resistir la discriminación a que estaban sujetas las mujeres y abrirse a la alteridad una y otra vez negada, alteridad que aseguraba que también los subordinados y marginales tienen alma.

El número finaliza con una reseña sobre el libro Poesía continua & Deber de urbanidad de Waldo Rojas.

 

MARIO RODRÍGUEZ F.
DIRECTOR