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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. vol.59 no.1 Santiago mar. 2021

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272021000100049 

Artículo de Revisión

El Complejo De Edipo Reactualizado

The Updated Oedipus Complex

Rafael Estay Toloza1 

1Profesor adjunto, Departamento de Psiquiatría, Facultad de Medicina Universidad de Valparaíso.

Resumen

El complejo de Edipo se convirtió en la piedra angular estructurante del aparato psíquico según Freud. Desde sus primeras menciones del mismo hacia fines del siglo XIX hasta el año de su muerte, transcurrieron más de 40 años en los que continuó elaborando sus ideas al respecto.

Nos podemos preguntar sobre el valor y la permanencia de un postulado que se comenzó a desarrollar en plena época victoriana, habiendo transcurrido ya dos décadas del siglo XXI.

El presente trabajo tiene como objetivo escudriñar su vigencia y como puede ser entendido el Complejo de Edipo en la actualidad.

Palabras clave: Complejo de Edipo; incesto; castración; proceso de individuación

ABSTRACT

The Oedipus complex became the structuring cornerstone of the psychic apparatus according to Freud. From his first mentions of it towards the end of the 19th century until the year of his death, more than 40 years passed in which he continued to elaborate his ideas on the matter.

We can ask ourselves about the value and permanence of a postulate that began to develop in the Victorian era, two decades of the 21st century having already passed.

The present work aims to scrutinize its validity and how the Oedipus Complex can be understood today.

Keywords: Oedipus Complex; incest; castration; individuation process

El Complejo De Edipo Reactualizado

El Complejo de Edipo(11) se transformó en la piedra angular de la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud. Sus esbozos los comenzó a plantear hace más de 100 años en una carta a su amigo Fliess en 1897(2), y luego siguió un extenso periplo con “La interpretación de los sueños”(3) en 1900, “Totem y Tabú” en 1912(4) y “El Yo y el Ello” de 1923(5), entre otros escritos(6), para terminar el año de su muerte, en 1939, con “Moisés y el monoteísmo”(7).

Habiendo transcurrido este largo período se hace conveniente intentar una actualización y comprensión a la luz de la evolución que ha experimentado el conocimiento del la psique y la sociedad misma en estas ya dos décadas del siglo XXI.

Partamos recordando brevemente la tragedia de Edipo (que en griego quiere decir “el de los pies hinchados”) según Sófocles(17).

Edipo era hijo de los reyes de Tebas, Layo y Yocasta. El oráculo le predice a Layo que su hijo lo asesinará cuando sea adulto. Ante esto, Layo decide entregarle el recién nacido a un pastor y le exige que le vende los pies (de ahí el nombre) y lo abandone en el bosque. El pastor se apiada del niño y se lo entrega a otro pastor, quien posteriormente se lo da a Pólibo y Mérope, reyes de Corinto. Es así que Edipo crece pensando que ellos son sus verdaderos padres. Cuando de adulto acude al oráculo de Delfos, recibe el vaticinio de que matará a su padre y se casará con su madre.

Para escapar del augurio, se marcha de Corinto hacia Tebas. Sin embargo, en una encrucijada en el camino, se produce un incidente con una pequeña caravana que escoltaba a Layo. Edipo lo mata, sin saber que era su real padre. (Acá surge un gran cuestionamiento, pues el relato no deja absolutamente claro que Edipo fuese quien realmente mató a Layo; se trata de evidencia que podría considerarse circunstancial). Al llegar a Tebas y descifrar el enigma de la esfinge, que tenía aterrorizada a la ciudad, termina casado con Yocasta, su madre real.

Luego se desata una epidemia sobre Tebas y el pueblo le suplica a Edipo que los salve. Edipo le pide a su cuñado Creonte que acuda al oráculo. Su mensaje es que la ciudad esta mancillada por el crimen de Layo y que es preciso buscar al culpable. Edipo promete al pueblo hacer todo lo que esté a su alcance para resolver este nuevo misterio –como ya lo había hecho con el de la esfinge– y desterrar al culpable. La verdad se va revelando a través de Tiresias (un adivino ciego), de un criado (pastor) y de la propia Yocasta. Cuando Edipo se da cuenta que ha asesinado a su padre y desposado a su madre, se arranca los ojos y finalmente marcha al destierro.

La culpa como pérdida de la libertad

Las evidencias que inculpan a Edipo podrían considerarse circunstanciales, pues el pastor que acompañaba a Layo, y único sobreviviente, declara que fue una multitud la que los atacó. Sin embargo, Edipo estaba solo durante el incidente. ¿Cómo conciliar una multitud con estar solo? ¿Por qué Edipo insiste en declararse culpable del crimen?

De lo que no hay dudas, según lo confirma el mismo pastor, es que Edipo es hijo de Yocasta y está cometiendo incesto. Al comprenderlo, puede que la culpa tenga tal carga, que se desplace al homicidio cometido en el camino a Tebas. La culpa ha hecho que Edipo pierda la capacidad de analizar objetivamente los hechos y, en cambio se imponga la necesidad de recibir castigo; es decir, el castigo prima sobre la verdad. De esa forma, lo que ocurrió a Edipo se convierte en un modelo universal de la pérdida de libertad que sufre la psique cuando está a merced de una emoción dominante (un complejo psíquico); en este caso, la culpa. Carl Jung diría que la libertad del yo llega hasta donde comienza el complejo(8).

Tenemos entonces que el pastor le confirma que es hijo de Yocasta, pero que no se pronuncia con respecto al homicidio. Asimismo, es el mismo que acompañaba a Layo y el mismo al que Layo le encargó matar a Edipo, cosa que no cumplió. Todo ello puede hacernos concluir que era una persona poco confiable, porque no obedeció órdenes. ¿Cuánta credibilidad tiene lo que pueda contarnos? Pero en él también se expresa la compasión por la criatura recién nacida: prefiere entregarla a otro pastor en vez de dejarla abandonada a su suerte en el monte Citerón. Nos queda la duda de si es fiable o no, y es una paradoja que hubiese sido más confiable si hubiese consumado la muerte de Edipo. ¿Quién es más digno de crédito: alguien que muestra compasión o alguien que cumple un encargo, de la naturaleza que sea, sin vacilar?

Edipo se culpa por cometer incesto y asesinar a su padre. Eso se puede entender como que los contenidos inconscientes que expresó el oráculo se plasmaron en Edipo. (En este caso, el oráculo es una manifestación del inconsciente, ya que se impone con una fuerza incontrarrestable al consciente). Por ende, si ya se confirmó la mitad del vaticinio -el incesto-, por qué la otra mitad no va a ser cierta. Es decir, tiene la fuerza de un material arquetípico que viene del inconsciente colectivo, que es donde nace el mito, subyugando al yo. …

Significado del complejo de Edipo

En la teoría freudiana, el complejo de Edipo se convierte en eje central estructurante del aparato psíquico(12)(15)(16). Para resolverlo, se forma el superyó (que podemos entender como “la autoridad de los padres interiorizados”) y, si todo marcha bien, se accederá a una adultez plena. La historia de Edipo es la del asesinato de padre y el parricidio como una fantasía infantil universal, pero el complejo de Edipo tiene que ver con la instauración simbólica del padre muerto como una entidad psíquica.

Lo que plantea Freud es que el hijo desea quedarse con el progenitor del sexo opuesto, en este caso la madre; para que eso ocurra, debería matar al del mismo sexo, el padre. Y todo lo anterior estaría mediado por un componente sexual y agresivo. Evidentemente, esto llevaría a que el padre quiera vengarse, lo que se traduciría en una mutilación del cuerpo, de los genitales (la castración) o incluso, en la muerte.

En “Totem y Tabú”(4) dice Freud que los hermanos tuvieron que unirse para eliminar al padre que era un tirano que quería quedarse con todas las mujeres, pero una vez realizado ese acto, y para que no se repitiera la misma circunstancia de todos desear a todas las mujeres, tuvieron que aparecer ciertas prohibiciones, ciertos tabúes regulatorios. De ahí la imposibilidad de la sexualidad con madres y hermanas. Como resultado surgió la exogamia y la sociedad misma(14)(19).

Somos testigos de la producción de varios hechos: 1) si luego del asesinato del padre siguiesen todos los hombres deseando a todas las mujeres y por lo mismo, queriendo quedarse en exclusiva con ellas, se repetiría el conflicto que llevó a la eliminación del padre y estarían todos con el temor de que les sucediese lo mismo. Así que se establece un área de seguridad, de prohibición, de tabú, 2) esa área expresa una prohibición menor que la que representaba el padre. No son todas las mujeres en exclusiva para el padre (que es lo que se ve en el comportamiento de nuestros parientes más cercanos, los simios, cuyo macho alfa es el único, o al menos, el que más se reproduce)(19). Esto también puede ser comprendido en que la disponibilidad, por ejemplo de alimentos, o en un sentido más amplio, de bienes, se hace extensiva a todos y no solo al padre, 3) La prohibición del padre se interioriza, ya no es necesario que exista el padre físico. Pero al mismo tiempo, al interiorizarse se hace menos severa, a no ser que se produzca una patología del superyó.

El asesinato del padre es el comienzo de la sociedad y trae aparejada la renunciación y el sacrificio(14). La renunciación puede ser entendida como el abandono de la identidad infantil derivada de los padres, en ese sentido sería la muerte del padre, más precisamente aún, de los padres. En cuanto al sacrificio, se expresa en el comienzo del camino propio, el comienzo del camino del héroe tantas veces retratado en la mitología. El héroe tiene que descubrir su propio self(1), pero no le es tan fácil abandonar la comodidad en la que se encuentra, que, sin embargo, se trata de una comodidad infantil que ya no es posible de sustentar sin pagar el precio del estancamiento en el propio desarrollo. Por otro lado al abandonar el interés sexual con las mujeres de su círculo familiar más cercano, se asegura de seguir contando con el amor de ellas, y también del padre.

Este complejo paterno también sería el origen de las religiones patriarcales. Se le teme a un padre de los cielos no manifestado, inconsciente, que está más allá de la creación y se ensalza la virginidad de lo femenino en la figura de la madre del hijo de Dios Padre, en este caso de María. Es la figura del Padre, nada menos que del padre de los cielos, la que impone su voluntad sobre la mujer a quien solo se le anuncia su destino a través de un ángel, que quizás pudiese representar una cierta reparación o una cierta evolución en la consideración de lo femenino pues es un ser esencialmente andrógino, pero igual sometido a la autoridad del padre que lo usa como mero mensajero.

Como vemos, se puede entender el complejo de Edipo de una manera más amplia a la originalmente planteada por Freud, centrada en el temor a la castración debido al deseo de disponer del amor de madre en exclusividad.

Por el momento, quedémonos con que tiene dos componentes: las fantasías o deseos incestuosos con la madre, y el deseo parricida con el padre.

Mientras por un lado el parricidio representa el deseo de independencia del niño (que se va a plasmar en la sed de conocimientos y de establecer una identidad propia), las fantasías y deseos incestuosos representan la necesidad de unión con la madre (que, al ser frustrados, constituyen un acicate para salir al mundo)(13).

Como madre e hijo están fusionados en una sola entidad en el comienzo de la vida(10), el niño no siente que la madre sea algo diferente a él. Están, por así decirlo, en un narcisismo primario, en una unidad perfecta. Mientras sea así, el niño no necesita apoderarse del amor de la madre, pues ya lo tiene. Entonces, el incesto necesariamente traduce que esa unión se ha resquebrajado, que el niño ya percibe a la madre como a un otro, que se establece una relación objetal madre-hijo, y que quiere apropiarse de esa relación, que nadie la interfiera, y volver al estado anterior fusionado. Es decir, en todo deseo incestuoso se expresa una fuerza regresiva. ¿Tendrá que ver la parte incestuosa del Edipo con la no satisfacción de los deseos en su más amplia acepción? ¿Se convertirá en un modelo paradigmático para lidiar con las frustraciones posteriores de la vida? Como la regresión a esa unidad primaria es imposible y tampoco se puede contar en exclusiva con el amor de la madre (están el padre, eventualmente los hermanos y un número cada vez mayor de personas), la única manera de satisfacer el deseo es transmutarlo en otro tipo de deseos, en “deseos supletorios” del incesto. Pero es más que eso: implica “lanzarse a la vida” abandonando lo conocido, abriéndose a lo nuevo y a la curiosidad, que es el gran motor del conocimiento y del desarrollo psíquico.

De esa forma, se está expresando paulatinamente una entidad psíquica única (Hans Loewald la llamó emancipación(13) y equivale al proceso de individuación en Jung)(1)(9) que ya no está engolfada en una relación con la madre o con una identidad prestada de los padres. Comienza a aparecer el self.

Perelberg(14) manifiesta que el ideal del yo debe ser diferenciado del superyó. El primero precede a la catexis (es decir, a la energetización o existencia misma de objeto), en este caso precede a la instauración de la figura del padre real y se comporta como “una añoranza por el padre”, pero por el padre arquetípico. Ella señala que es por el padre de la prehistoria. Acá vemos una expresión, con diferente terminología, de las ideas de arquetipo de Carl Jung(8)(9). También las podemos rastrear en Melanie Klein(14) cuando habla de consciencia inconsciente de pene y vagina y un conocimiento “natural” de la diferencia entre los sexos(10). Bion(14) plantea una preconcepción aguardando su realización y André Green(14) de fantasías inconscientes primarias que son reactualizadas a través de las experiencias individuales.

El superyó, en cambio, tiene que ver con las reglas y prohibiciones expresadas a través del padre, y para ello sí tiene que haber una energetización o catectización de dicha figura, tiene que ser identificada con una figura real de padre, que no siempre tiene que ser el padre biológico. Hay culturas en que este rol lo ocupa el hermano de la madre(16), y también existen algunas en que la ansiedad a la castración se expresa frente a otros tabúes como la menstruación(18). Luego, la ansiedad a la castración por parte del padre se hace menos definida, se despersonaliza, transformándose en una ansiedad a ser expulsado de la horda, de la sociedad. Expresado en otros términos, a sufrir la pérdida del amor y el ostracismo de los semejantes. A transformarse en un paria social.

¿Y cuándo se resuelve el Edipo?

Es difícil plantear que esos acontecimientos (creación de una identidad propia, con la magnitud de lo que ello implica y reconociendo que es un trabajo para toda la vida) pudiesen ocurrir antes de la pre-pubertad o de la pubertad misma.

El niño se pregunta qué es lo que acontece puesto que la madre de día es diferente que la madre de noche. La madre de día es cariñosa y preocupada en primer lugar de los cuidados del niño, pero en la noche, y una vez que ha llegado el padre, pasa algo de lo que el niño está excluido, y siente una madre que lo rechaza prefiriendo al padre. Entonces, la única forma de acceder nuevamente a esa madre amorosa presente durante el día es sometiéndose a las reglas del padre y de la madre durante la noche, debiéndose aceptar la ausencia de la madre y el misterio de qué estará sucediendo. Pero para que aquello acontezca, tiene que haberse ido construyendo un yo que lo entendemos como aquella entidad psíquica que va siendo consciente y que justamente, a través de esa consciencia, puede ir transformando la percepción en experiencia y aprendizaje. Paso a paso va despertando, el yo va ensanchando y acrecentando su conocimiento hasta que llega un momento en que se percibe como una entidad separada de los padres, en el más amplio contexto, con identidad y proyecto, con sentido de vida propio. Es decir, un instante en que existe la madurez psíquica necesaria para que el yo permita una mirada a la entidad que lo contiene, y que también es la depositaria del plan de vida único y personal. Estamos hablando del self.

Es muy significativa la primera vez que el self se contempla a sí mismo (a través del yo)(1) como una entidad independiente en cuanto individuo; ello implica ocupar un lugar único en el universo y ser cada vez más consciente de las responsabilidades que acarrea cada decisión.

Recién entonces las personas comienzan a tomar conciencia de su propia individualidad. Es como si empezaran a visualizarse como seres individuales en el más amplio sentido, separados de sus padres y viviendo eso como una epifanía, como una revelación del gran abanico que la vida les abre por delante.

Coincidiendo con el cambio físico y el paulatino abandono del aspecto infantil, también se produce un cambio psíquico. Comienza a manifestarse una nueva identidad que al principio es extraña, sorprendente, incluso temible y difícil de controlar, pero que está abierta a ser llenada por las fuerzas de la vida. Esas mismas fuerzas pueden abrumar al yo; de ahí que los adolescentes necesiten pertenecer a un grupo que hace las veces de un gran yo auxiliar.

En este acontecer, el rol del superyó es de primera magnitud, pues es la instancia psíquica que nos permite evaluar las consecuencias de nuestro accionar. En un comienzo va a estar muy supeditado a los valores, reglas, recompensas y castigos transmitidos por los padres. De a poco empieza una espiral creciente de conocimiento o consciencia de sí mismo. Para que no se produzca un conflicto o desequilibrio intrapsíquico, a medida que el yo va adquiriendo paulatina autonomía, debe ir ocurriendo lo mismo con el superyó. Ambos tienen que ir ganando autonomía. Eso se traduce en que el superyó va abandonando los marcos fijados por los padres y va adquiriendo una flexibilidad propia y única. Cuando decimos que no hay dos seres humanos iguales, estamos diciendo que no hay dos yo y superyó idénticos.

En vez de usar la palabra superyó, Loewald propone un aspecto del self –derivado de la autoridad de los padres– que evalúa y se hace responsable de quién es uno y cómo se conduce(13). Una medida de la salud mental será que cada uno siga su proceso con la mayor libertad posible, sin tener que estar supeditado al constante aplacamiento de un superyó castigador.

Sin embargo, para que esto suceda, los padres tienen que haber entregado un mínimo de estabilidad durante la niñez. Eso posibilitará que la psique del niño los incorpore con un predominio de lo creativo sobre lo destructivo; es decir, del amor sobre la agresión, del eros o pulsión libidinal sobre el tanatos o pulsión de muerte. La fuente de ese amor provendrá del que se tenían los progenitores y que precisamente permitió el nacimiento de sus descendientes.

Visto así, lo principal del Edipo no será el incesto, sino el parricidio simbólico que implica flexibilizar reglas y límites, y adquirir conocimientos y metas que van más allá de lo que alcanzaron los padres. Más aún, es el establecer una entidad propia que trasciende, pero que no elimina a los padres. Por ende, y entendiéndose como una reparación por el parricidio cometido, los padres traspasan sus propios límites y pueden seguir viviendo y proyectándose a través de la vida de sus hijos(13), construyéndose una nueva entidad en que prime la emancipación de la nueva generación pero, que al mismo tiempo, mantenga viva la llama de la herencia de sus ancestros.

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Recibido: 17 de Noviembre de 2020; Aprobado: 18 de Diciembre de 2021

Correspondencia: Rafael Estay Toloza Avenida Libertad 1405, oficina 508, Viña del Mar. doctorestay2012@gmail.com 32-2884030 Celular 997448982

Los autores declaran no tener conflictos de intereses.

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