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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. vol.55 no.2 Santiago  2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272017000200006 

CASO CLÍNICO

 

Vivencias y percepciones de un hombre que comete filicidio

Experiences and perceptions of a man who committed filicide

 

Diego Alejandro Osorio-Cardona1

1 Magíster en Psicología Clínica, Universidad del Desarrollo; Psicólogo, Universidad Alberto Hurtado. Santiago, Chile.
Docente del Programa de Especialización en Psiquiatría, Universidad Diego Portales. Santiago, Chile.

 Correspondencia a:


Introduction: In Chile the problem of violence against children by parents was reported by 71% of children; and 51.5% were physical violence. There are few studies in Chile about filicide. A descriptive overview, from a qualitative research perspective, about the meanings and experiences is something that little has been investigated in filicide committed by men. Objective: Characterize and describe the experiences and perceptions of a man who killed his son, from the stories. Method: Research single case under the qualitative approach, exploratory, descriptive and crosssectional. The data were produced through 10 interviews, semi-structured character. The material was analyzed using some tools from the proposed analysis of Grounded Theory, particularly open and axial coding. Results: Of the descriptive analysis four main categories emerged: perception of himself as damaged; perception of himself as damaging; ambivalence in the bond with significant figures; and justification of his violent act. Relational analysis, emerged as main feature the perception and experience of itself, without agency self. Conclusion: The experience of lack of agency on the subject of the investigation led to the ambivalence in the responsibility for their acts, including the killing of his son. The result of physical abuse your child, is difficult to experience as their own, as a result of their actions, not feeling with agency self.

Key words: Man, Fathers, Qualitative Research, Case Study, child abuse, Father-Child Relations.


Resumen

Introducción: Aunque estadísticamente en Chile el problema de violencia infantil por parte de los padres ha sido reportado por un 71% de los niños y, un crítico 51,5% corresponde a violencia física, existen pocos estudios sobre casos en que esta violencia se extrema, como en el filicidio, y menos aún que profundicen las experiencias e historias de hombres que han dado muerte a sus hijos. Objetivo: En este contexto, el estudio que se presenta acometió el propósito de caracterizar y describir en su complejidad la experiencia de un hombre que asesinó a su propio hijo, y aportar con ello nuevos resultados que ponen en entre dicho la repugnancia cultural que invisibiliza socialmente el contenido de esta problemática y, ofrecen nuevos elementos para su interpretación y comprensión psicológica. Metodología: Siguiendo una estrategia de investigación cualitativa, el estudio efectuado, de carácter exploratorio, descriptivo y corte transversal, profundizó su experiencia mediante la realización de 10 entrevistas semiestructuradas y el análisis cualitativo basado en el modelo de procesamiento de información propuesto por la Teoría Fundamentada. Resultados: De este modo, se describió la vivencia y percepción sobre su propia experiencia de vida, cuyo vector de interpretación central conjugó la vivencia de no sentirse sujeto de su historia y, el reconocimiento de percibirse sin competencias para dirigir o agenciar su vida. Conclusión: Esto permitió comprender la ambivalente responsabilidad asumida por este hombre respecto de los maltratos físicos y muerte infligida a su hijo.

Palabras clave: Hombre; Padre; Investigación cualitativa, Estudio de caso; maltrato infantil; relaciones padre-hijo.


 

Introducción

En Chile, el 71% de los niños y niñas reconoce haber recibido algún tipo de violencia por parte de sus padres, entre estos un 51,5% que ha sido víctima de violencia física1. Pese a estas críticas cifras, en nuestro país se aprecia una repugnancia cultural intensa para aceptar que existe este problema, y cuánto más para reconocer su expresión extrema en la matanza de los hijos. Incluso en el medio académico su rigurosa denominación es desconocida. El término científicamente adecuado para denominar esta problemática es el de filicidio, palabra que proviene del latín filius, que significa hijo, y cidium-cide, que significa matar2. Resnick, hace una distinción acerca del homicidio de niños, donde infanticidio, es un término general para el asesinato de niños, mientras que el filicidio refiere a los casos en los cuales un padre da muerte a su hijo3. Al revisar datos más actuales acerca de filicidio, se constata que en los países del mundo occidental este delito representa entre un 5% y un 10% de los homicidios esclarecidos4. En Chile, entre los años 2010 y 2012, 55 niños perdieron la vida en mano de sus padres y a diferencia de lo que ocurre en muchas otras latitudes, hay más filicidio materno que paterno5.

Caracterizando más el problema, en el filicidio paterno es frecuente el suicidio del padre posterior al crimen4,6,7; quien ha experimentado múltiples estresores ambientales, una historia reconocida de violencia parental6,7,8, constante desempleo, aislamiento y sin redes de apoyo7 y, en suma, una común percepción del comportamiento del hijo, como amenazante, rechazante, provocativo7,8,9. Con todo, lo importante no es si la presencia de estas características puede ser establecida, sino que el individuo se perciba como tal. Y es que los sentimientos de injusticia y victimización juegan un rol preponderante en los actos delictivos10. Ciertamente, no se trata de plantear que la percepción sea una excusa o pretexto justificador de los delitos, sino que, se trata de un real sentimiento de injusticia enraizado profundamente en los delincuentes10.

Debido a lo anterior, el modelo teórico de apego es una teoría importante para la comprensión de la transmisión intergeneracional de la violencia, toda vez que los resultados de sus investigaciones sostienen que, cuando la madre maltrata a su hijo, lo predispone a convertirse en un maltratador en mucha mayor medida que si es el padre quien lo hace11.

Se sabe que una historia de trauma en el apego, en la infancia, debilitaría en la mayoría de las personas, la capacidad de explicar y dar significados a las conductas del otro, en términos de pensamientos, expectativas y sentimientos. Lo mismo para comprender la propia experiencia mental, particularmente en situaciones de intensa carga emocional. A esta capacidad que el apego potencia, y un trauma debilita, se le conoce como mentalización12.

Para el desarrollo de una organización mentalizante de la psicología del sujeto (self) es necesario que la exploración del estado mental del cuidador/a sensible capacite al niño para encontrar, en su mente, una imagen de sí mismo motivada por creencias, sentimientos e intenciones; en otras palabras, como un ser que mentaliza. En este sentido, hay considerable evidencia que apoya el punto de vista de que el apego seguro incrementa el desarrollo de la seguridad interna, de la autovalía y de la autonomía13.

Por otro lado, el desarrollo del self mentalizado se da en diferentes etapas. En la segunda mitad del primer año de vida la percepción que el niño tiene de los acontecimientos sociales es teleológica, vale decir, no requiere que se den representaciones mentales aún. En el segundo año de vida, los niños desarrollan una idea ya mentalista del sentido de agencia y construyen el self como agente intencional, empieza a comprender que el otro tiene intenciones anteriores a la actuación, y a atribuir intenciones a los agentes a través de la observación de la acción. Esto implica una capacidad de representar estados mentales intencionales (mentalismo) y la habilidad de predecir acciones dirigidas a un fin, a través de inferir intenciones, lo que implica la capacidad de pensar en términos de causalidad mental. A los cuatro años aproximadamente, ya hay un sentido de ser un agente mental y, a los cinco años de edad, tiene lugar la organización autobiográfica de los recuerdos como experimentados personalmente13.

En este sentido, la violencia y agresión que estos hombres infligen a otras personas se explica a partir de la experiencia de relación que mantuvieron en sus primeros años de vida, donde se les "capacitó" para externalizar aspectos intolerables de sí mismos, alterando con ello el sentido de la relación afectiva, el reconocimiento de la autoimagen que el ‘otro’ les brinda y la identidad particular de este último14.

Con todo, escasean las investigaciones que se centren en los elementos subjetivos y vivencias de quien comete el asesinato de un hijo. Durante el estudio sólo se encontraron en la literatura chilena, tres estudios relativos al problema: una revisión de casos en tribunales de padres maltratadores y filicidas, de la ciudad de Santiago9; otra que corres-ponde a una revisión teórica internacional15; y una tercera, que es empírica y describe la incidencia del filicidio en Chile5.

De manera que, una visión comprensiva, desde una perspectiva cualitativa de investigación, es imprescindible en nuestros tiempos; más, si se consideran las posibilidades que abre un estudio de estas características: una comprensión de la historia vital, la percepción de sí mismo y la afectividad vinculada al crimen de ese hijo.

Estos aspectos son sólo algunos elementos que aparecieron en el estudio de un caso de filicidio paterno. Pero de mayor importancia fueron los elementos emergentes que el análisis cualitativo constató, y que a la postre constituirán planteamientos sustantivos y ejemplares para la comprensión clínica, judicial y social de este problema; toda vez que nuestra sociedad resuelve su presencia y ocurrencia mediante el castigo y ‘desubjetivación’ de quien delinque. Desde una mirada psicológica y particularmente comprensiva, no puede pasarse por alto la subjetividad del autor del delito, sus relaciones y el medio en que se desenvolvió, cómo ve la vida quien comete el acto, sus percepciones y vivencias en el contexto en que ocurrieron los hechos.

Comprender es ejercer la capacidad de colocarse a sí mismo en el lugar del otro: el tú del pasado o del presente, con el cual el investigador, conforma la misma humanidad. Para comprender, es necesario tener en cuenta la singularidad del individuo, porque su subjetividad es una manifestación del vivir total16.

Ahora bien, comprender la vivencia del sujeto es, precisamente, conocer el contenido de su experiencia humana viva. Según Dilthey las ciencias comprensivas están fundadas en el nexo entre experiencia, vivencia y comprensión. Pero la vivencia se distingue de la experiencia, pues constituye el criterio individual responsable de la caracterización de lo real, es accionada por la resistencia ejercida por un mundo exterior sobre los movimientos de nuestro cuerpo y sobre el impulso de nuestra voluntad y nuestras emociones, respondiendo de este modo al surgimiento de los hechos de la conciencia, que a su vez se encuentran sometidos a las condiciones históricas, lo que hace de las vivencias una experiencia individual cargada de sentido colectivo16.

Por otra parte, comprender las percepciones del sujeto es conocer el contenido sensible a partir del cual éste, estructura el conocimiento de su experiencia y mundo circundante. La percepción es un mecanismo a través del cual las personas adquieren un conocimiento sensible del mundo exterior y su propio mundo interior17.

Entonces, sucintamente, el estudio aquí presentado se abocó a comprender la subjetividad del autor, incorporando en ello toda la complejidad de quien asesina a su hijo y la posibilidad de, quizás, dar un sentido al castigo recibido; mediante la identificación y descripción de elementos que destierran el acto filicida desde el sinsentido absoluto -si sólo se acoge la mirada de quien lo evalúa externamente- para situarlo en el relato del autor, en el que puede llegar a comprenderse de otra forma. Esto no significa dejar de condenar el asesinato de un hijo en cuanto a su brutalidad, sino que permite reconocer también que todo acto tiene significados intrincados con la subjetividad de quien los comete, y comparte una historia social. De ahí que la pregunta de esta investigación haya sido: ¿Cómo son las vivencias y percepciones de un hombre que dio muerte a su hijo, en relación a su vida?

Método

Se diseñó una estrategia de investigación cualitativa, de carácter exploratorio, descriptivo y corte transversal. Con ello se llevó a cabo un muestreo de caso único e intencionado, cuyos criterios de inclusión fueron: hombre, confeso, estar condenado por el delito de parricidio, y/o infanticidio, en específico por haber asesinado a su hijo, y enseñanza básica completa. Mientras que los criterios de exclusión fueron: tener antecedentes de esquizofrenia, psicosis, daño orgánico cerebral, alcoholismo o drogadicción, considerando que el interés fue indagar en la subjetividad, sin estar alterado el juicio de realidad. En seguida, las técnicas de producción de datos, fueron 10 entrevistas en profundidad de carácter semiestructurada, de hora y media de duración, grabadas y transcritas. El procedimiento consistió en entrevistar 14 personas condenadas por el delito de parricidio o infanticidio. Sólo dos hombres eran filicidas. De estas dos personas sólo una, accedió a proseguir en el proceso completo. De este modo, el corpus de texto construido fue analizado utilizando algunas herramientas de la propuesta de análisis de la Teoría Fundamentada (Grounded Theory)18, trabajando con los procesos de codificación abierta y axial. La codificación abierta implicó codificar los datos realizando conceptualizaciones, definiendo categorías y desarrollando sus propiedades y dimensiones para luego relacionarlas. Luego, la codificación axial, implicó reagrupar los datos fracturados en el proceso de codificación abierta, procediendo a relacionar las categorías y subcategorías obtenidas alrededor de un eje categorial para añadirle así profundidad y estructuración a los datos.

Cabe señalar que, la información fue recogida de forma anónima y confidencial, con consentimiento informado, y la participación del sujeto de la investigación fue voluntaria, gratuita, y con conocimiento del objetivo de la investigación.

Presentación del caso

Un hombre de 38 años con estudios completos de enseñanza media, de nivel socioeconómico precario. Sufrió abandonos reiterados en su infancia del padre antes de los 4 años, y más adelante por la madre. Vivió desde los 7 a los 17 años en una residencia de protección del Estado, donde sufrió abusos sexuales reiterados. Tiene un trastorno de personalidad narcisista maligno.

Este hombre estuvo cesante seis meses previos al crimen, y convivía con su pareja, con quien tuvo dos hijos. El segundo hijo fue ocultado durante el embarazo por la madre hasta el parto, donde intentó abortarlo, pero el hombre logró evitarlo. Sin embargo, al mes le da muerte, y es condenado como autor del delito de parricidio.

Resultados

Los resultados emergentes de la codificación abierta permitieron describir las vivencias y percepciones de este hombre acerca de su vida, identificándose a sí mismo como alguien dañado, alguien que daña, con ambivalencia afectiva en los vínculos que tiene con las personas significativas; y que justifica su actuar violento.

La vivencia y percepción de sí mismo como alguien dañado fue caracterizada en la percepción de una vida miserable y llena de injusticias, haber sido abandonado y maltratado por sus cuidadores, quienes no le dieron herramientas para desenvolverse en la vida y desarrollar la capacidad de decidir sobre sus propios actos. Así, se percibe a sí mismo como alguien débil y sin la autoridad para hacerse respetar y dominar a otros (Figura 1). Al respecto, el hombre expresó:

 

Figura 1.

 

"No me dieron las herramientas (...) para poder moverme (VI, 247-249); "No fui bien incorporado a este mundo como para tener una capacidad para poder ser respetado, tener planes, así poder soportarme en la vida (...)" (VI, 241).

La vivencia y percepción de sí mismo como alguien que daña fue caracterizada en la percepción de ser un mal padre con sus hijos, indolente con la muerte de su hijo, y una rabia que lo desborda: "(...) yo le pegaba al niño antes que lo matara, yo creo que sí, jaja (...) zamarrear así, no sé por qué, a lo mejor sé, no sé, no hallo cómo decírselo: Ya ¡deja de llorar! Uno empieza a zamarrearlo, por último, si recibe algunos golpes puede estar callado (...)" (VII, 224-225, 227-229).

 

Figura 2.

 

La vivencia de ambivalencia en los vínculos con las personas más importantes para él fue caracterizada a partir de las dudas que el hombre sentía en relación con el amor de la madre, el sentimiento de amor a su pareja, y el afecto que les tiene a sus familiares, a quienes los quiere, pero también siente que lo han abandonado (Figura 3).

 

Figura 3.

 

"no sé, pero a veces quiero seguir mi vida solo (...) tengo que estar con ella porque no tengo a nadie más, que haga lo que yo quiero, que sean momentos gratos" (X, 375, 377).

"me da pena, porque no puedo estar con ella, voy a estar 15 años aquí (en la cárcel), no tengo ningún porvenir" (X, 397).

Finalmente, la justificación de su actuar violento fue caracterizada a partir de la percepción de sí como igual a su padre, de ser ignorante sobre cómo ser padre, y en la justificación de su actuar por la falta de apoyo de su pareja (Figura 4).

 

Figura 4.

 

"Lo que me ha pasado con mi hijo, es la misma experiencia que mi papá, el abandono, golpear a mi hijo" (X, 391-393).

"Porque no fui o no soy buen padre, o nunca me enseñaron, o nunca me imaginé que iba a ser un papá" (VII, 193, 195).

Habida cuenta de las descripciones anteriores, la codificación axial permitió identificar como fenómeno y característica principal del relato de vida, este hombre que dio muerte a su hijo: la vivencia y percepción de sí mismo sin agencia. El contexto de aparición de este fenómeno es la pobreza, estar privado de libertad en la cárcel por dar muerte a uno de sus hijos, una infancia vivida en una residencia del Estado y compartida con niños vulnerados. Por otra parte, los antecedentes de este fenómeno son la percepción de una historia de vida carente de cuidados y un sostén afectivo de parte de quienes tenían la responsabilidad de cuidarlo. Por otro lado, esta característica central de su relato se sostiene en la consideración de sí mismo como alguien desprovisto y sin herramientas para vivir, que lo llevaron a una permanente vivencia de no saber cómo desenvolverse y enfrentar las relaciones, los problemas y hacer un plan de vida sin autoridad, y sin poder sentirse respetado por los demás, por el contrario, como una víctima, sin apoyo familiar, ni de pareja.

 

Figura 5. Análisis relacional.

 

Con todo, la falta de agencia es experimentada en la vivencia y percepción de no tener propiedad sobre sus acciones y sentimientos, de no lograr sentirse sujeto de su propia historia, y con competencias para dirigir su vida.

La principal consecuencia de esta vivencia y percepción de sí mismo sin agencia, es la ambivalencia en la responsabilidad de sus actos, incluido el dar muerte a su hijo. El resultado de los malos tratos físicos al hijo es algo difícil de vivenciar como propio, producto de sus actos y vivencias, al no sentirse con agencia de sí. Otras consecuencias de la falta de agencia de sí, es la dificultad para cuidarse y cuidar a otro. El sentir que no le enseñaron lo que, a ser padre, se asocia con no saber qué hacer frente a las demandas de otro, que impliquen colocarse en un lugar de sujeto que asume una responsabilidad de acoger las necesidades que ese otro demande. La falta de agencia también genera una gran dificultad para regularse así mismo, tolerar las emociones, sin lograr contenerse, exteriorizar sus tensiones a través de actos. En este sentido, ejerce violencia en sus relaciones, intentando sentir dominio, control y autoridad para hacerse respetar, pasando de ser sometido a ser quien somete, pasando de ser víctima a victimario.

Conclusión y Discusión

El estudio permitió responder al objetivo general de caracterizar y describir en su complejidad la experiencia de un hombre que asesinó a su propio hijo. Este vive y se percibe como alguien sin agencia, y en ambivalente responsabilidad respecto de sus actos. "El resultado de sus malos tratos físicos" es algo difícil de posicionar como propio, como producto de sus actos, de sus vivencias, al no sentirse con agencia de sí y de los otros, en una relación. Todo se debería a injusticias. En él, predomina una vivencia del mundo y de sí miserable, con una percepción de sí como alguien débil, dañado por los malos tratos de sus cuidadores, incompleto y sin herramientas para poder ‘soportarse’ y soportar el mundo. Por el contrario, percibe y vivencia que puede lograr sus propósitos imponiéndose al otro, dañándolo, e intentando sentir dominio, control y autoridad para hacerse respetar.

Siguiendo a Fonagy y Target12, al darse en su infancia una falla sistemática del apego, se generó un impacto en las habilidades de mentalización de este hombre, visibles en la manera de interpretar sus relaciones. El llanto de su hijo era intolerable, una molestia que no lograba acallar. Esto lo impacientaba y descontrolaba, pues le devolvía una imagen de sí sin agencia, sin capacidad de controlar lo intolerable, cuanto más si se trataba del dolor de su propio hijo, viendo en este, el destino miserable que el mismo ha tenido en la vida.

Las implicancias de estos resultados para la clínica están en considerar el favorecer la agencia y la mentalización como objetivos terapéuticos centrales. Ubicarse desde una perspectiva de no experto, favoreciendo incluir al paciente como protagonista en un proceso mentalizador compartido, y promoviendo la progresiva ubicación como coautor de los resultados que se consigan, lo que trae consigo mayor sentimiento de competencia y autoestima.

Para futura investigación, surgen preguntas, sobre cómo es la agencia personal en otros sujetos que hayan cometido filicidio, y en casos en que han sido víctimas y no han sido después victimarios. También, ya que no emergió en los resultados, sería interesante saber en el participante, cómo percibía y vivenciaba a este hijo al que no da muerte, y triangular el contenido con los hallazgos de este estudio.

Agradecimientos

Agradezco la colaboración de PhD., María Elisa Molina P. quien fue la profesora guía de esta investigación, dentro del contexto de la tesis "Vivencias y Percepciones de un hombre que comete filicidio, en relación a su vida", para optar al grado de Magíster en Psicología Clínica, en la Universidad del Desarrollo.

 

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Recibido: 06/10/2016
Aceptado: 09/06/2017

El autor no presenta ningún tipo de conflicto de interés.

Correspondencia: Diego Alejandro Osorio Cardona
Alonso de Córdova 5870, of. 1802, Las Condes. Teléfono: 56999936933
E-mail: psdosorio@gmail.com

 

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