SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.45 issue1Fluent progressive aphasia: A form of inicial presentation of semantic dementia?The use of immunoglobulines in Guillain-Barré Syndrome author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

Related links

Share


Revista chilena de neuro-psiquiatría

On-line version ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. vol.45 no.1 Santiago Mar. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272007000100009 

 

REV CHIL NEURO-PSIQUIAT 2007; 45 (1): 51-58

ARTÍCULO ORIGINAL

 

El Espejo del vacío: Trastorno por Stress Post Traumático y fenómenos disociativos en la narrativa de Paul Auster

The mirror of emptiness: Post traumatic stress disorder and dissociative phenomena in the literature of Paul Auster

 

Carlos Bennett C.1, Yerka Luksic y Consuelo Huidobro M.2

Facultad de Medicina, Universidad de Valparaíso, Chile:
1 Interno de Medicina de la Universidad de Valparaíso, Chile.
2 Alumna de Arqueología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile.


This paper considers the affinities among clinical psychiatry, relational psychoanalysis theories, and post-modern literature, particularly in the work of Paul Auster. A recurrent psychopathological entity is found throughout Paul Auster`s major novels: post traumatic stress disorder in which dissociation symptoms prevail. This is analyzed as a metaphor of an underlying conception of selfhood, which considers the latter as a shifting, dynamic, and contingent process.

Key words: Psychoanalysis, post-modern literature, Auster, depersonalization, post traumatic stress disorder.

Resumen

Este artículo trata las relaciones entre la psiquiatría clínica, corrientes como el psicoanálisis relacional y la literatura postmoderna, en particular las novelas de Paul Auster. Se propone el hallazgo de un cuadro psicopatológico recurrente presente a lo largo de las novelas mayores de Auster, conformado por un trastorno de stress postraumático en que predominan los síntomas disociativos, y se analiza este cuadro como metáfora de una concepción de identidad subyacente, que considera a esta última como un proceso cambiante, dinámico y contingente.

Palabras clave: Psicoanálisis, literatura postmoderna, Auster, identidad, despersonalización, trauma.


INTRODUCCIÓN

Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) es uno de los autores más respetados de la literatura contemporánea. Autor de novelas como "La Trilogía de Nueva York", "El Palacio de la Luna" y "Leviatán", ha sido apuntado como uno de los grandes escritores norteamericanos de la actualidad, si bien su éxito ha sido mucho más resonante en Europa y América Latina que en su propio país. Sus novelas son épicas urbanas que suelen tratar el tema de la identidad, la despersonalización y el alienamiento del hombre en el mundo contemporáneo.

Paul Auster es también uno de los nombres más frecuentemente asociados al postmodernismo literario, tendencia a la cual se atribuyen como características fundamentales una estética que celebra la fragmentación, así como una preocupación por la naturaleza de la subjetividad y la identidad, y la influencia de características culturales y políticas sobre ella1. Quienes critican el auge de la llamada "literatura postmoderna", sin embargo, señalan que, pese al tratamiento que se hace de estos temas, esta literatura parece carecer de una base teórica sobre la psicología y las dimensiones interpersonales de la experiencia de la identidad1. Como contraparte, se ha intentado crear una relación entre distintas corrientes psicológicas y la narrativa postmoderna que permitan sustentar teóricamente la cosmovisión de esta última, siendo habitualmente asociada al psicoanálisis relacional.

En este artículo pretendemos contribuir a este debate describiendo brevemente el uso de ciertos elementos psicopatológicos dentro de la narrativa de Auster, y su uso metafórico en el trato que el autor hace del tema de la identidad. Como hipótesis proponemos la existencia de un cuadro de stress postraumático con predominio de síntomas disociativos, específicamente despersonalización, que se presenta casi invariablemente a lo largo de las obras mayores de Auster.

Si bien el cuadro de stress post traumático y los síntomas disociativos que lo acompañan a veces pueden no agruparse en cuadros psicopatológicos creíbles para el clínico (crítica que no es nueva en la historia de la literatura, como señalara Figueroa en su artículo sobre la melancolía de Hamlet)2, concordamos en que, desde Aristóteles, la literatura no debe ser mimesis de la realidad, sino operar desde su lógica interna. Desde esta lógica, la psicopatología en la literatura cumple una doble función: develarnos la realidad ontológica del personaje como un constructo y, a través de él, develar nuestra propia realidad, como parte de la sociedad que ha sido la matriz de esta literatura. Si, como se ha señalado, "la psiquiatría revela mejor que otras ciencias el espíritu de una época"2, entonces es aún mayor el valor del análisis desde un punto de vista psiquiátrico de la literatura contemporánea, pues es en esta narrativa en donde están vertidas nuestras propias angustias.

El Trauma como elemento generador: "El País de las Ilusiones"

Las primeras descripciones del trastorno de stress postraumático vienen de la Grecia clásica, si bien como entidad clínica el nombre se adoptó en 1980 con el DSM III3. Este trastorno surge como respuesta a un acontecimiento estresante que causaría, por sí mismo, malestar generalizado en gran parte de las personas expuestas a catástrofes, combates, violaciones, accidentes graves o que son testigos de una muerte violenta. En general, se presenta con la tríada sintomatológica de fenómenos invasores, conductas de evitación y síntomas de hiperalerta por al menos un mes4. Pueden presentarse recuerdos recurrentes del hecho, pesadillas, evitación de conversaciones, personas o lugares que evoquen el trauma, alteraciones del sueño, irritabilidad e intensa angustia5; como veremos, muchas de estas características son presentadas en determinados momentos por los personajes de Auster.

"El Libro de las Ilusiones" (Anagrama, 2003)6 cuenta la historia de David Zimmer, un escritor y profesor de literatura de Vermont, que dedica su vida a investigar las películas de un desaparecido actor del cine mudo. Pero el libro se inicia antes de que la búsqueda del profesor Zimmer comience, o siquiera antes de que la imagine: el libro comienza inmediatamente tras la muerte de su esposa e hijos en un accidente aéreo. En este libro pueden descubrirse varias de las claves más características de un trastorno por stress postraumático: a través de las primeras páginas, el profesor Zimmer se descubre a menudo reviviendo el suceso del accidente. A consecuencia de esto cae en un profundo deterioro social y personal, abusando del alcohol y perdiendo su trabajo; el sólo pensar en viajar en avión le provoca un miedo terrible y un intenso disconfort psicológico, que lo lleva a buscar ayuda psiquiátrica y a medicarse con Alprazolam ante la necesidad de realizar un vuelo y el temor a experimentar un ataque de pánico:

"Me imagino que subo al avión, y antes de llegar siquiera a mi asiento, me vengo abajo. (…) Sí, me vengo abajo delante de 400 desconocidos, y me vuelvo loco. (..) Unas veces grito. Otras veces me pongo a dar puñetazos a gente en la cara"6.

Eventualmente, lo que salva a David Zimmer (la expiación y la redención son también temas frecuentes en el universo narrativo de Auster) es el hallazgo de las películas de Héctor Mann, un actor ficticio del cine mudo de los años `30, misteriosamente desaparecido en el apogeo de su carrera. La pasión por sus películas lo impulsa a un viaje por el mundo investigando sobre su obra, desencadenando una serie de sucesos que lo llevarán a develar el misterio de su desaparición. Pero en el centro del cambio que opera dentro de este personaje se encuentra el trauma; un trauma que es capaz de alienarlo, llevarlo fuera de si mismo y empujarlo a construirse de nuevo.

Antes de discutir las implicancias narrativas y psicológicas del uso que Auster hace del trauma, es necesario definirlo. Para el DSM IV, un evento traumático ocurre "si la persona experiencia, es testigo o es confrontada con un evento de daño o amenaza de daño a la integridad física de ella misma o de otros", y si la persona responde con miedo intenso, desesperanza u horror.4 El significado ulterior del trauma es discutido, y la mayoría de las teorías contemporáneas que asocian disociación y trauma han evolucionado fuera del psicoanálisis.7 Gullestad afirma que:

"la contribución específica del psicoanálisis (el énfasis en los conflictos subconscientes y su significado) ha sido excluido del discurso disociativo, generalmente dando lugar a una conceptualización "mecánica" del trauma…"7.

arguyendo posteriormente a favor de integrar el trauma, el conflicto, la intención inconciente y el significado personal en la comprensión de la disociación que sigue al trauma, proponiendo el hallazgo de patrones mentales específicos en estos pacientes, nacidos de las relaciones objetales con los objetos-del-trauma, idea que es atrayente desde el punto de vista de la narrativa postmoderna.

En un dominio literario, el trauma para Auster es claramente un elemento generativo al mismo tiempo que destructor, y algunos de los pasajes más bellos de sus novelas pueden leerse de esta forma (de manera bastante más literal que metafórica). En "Mr Vértigo" (Anagrama, 1994)8, Auster narra la historia de Walter Claireborne Rawley, un muchacho huérfano que es acogido a los 9 años por un extraño hombre que responde la nombre de Maestro Yehudi. Este le promete que le enseñará a volar; pero para hacerlo, debe someterlo a una serie de 33 pruebas. Estas incluyen un enterramiento en vida, pasar un día untado de miel y cubierto de abejas, un episodio de flagelación con un látigo y otras pruebas similares. Walter llega a pasar dos días atado al tejado de un establo sin comida ni agua; todas estas torturas llegan a estar cerca de quebrar su voluntad.

Una vez superadas estas pruebas, sin embargo, el Maestro Yehudi cumple su promesa, y Walter aprende a volar.

Como mencionábamos previamente, la existencia de un trastorno de stress postraumático en "El Libro de las Ilusiones" (probablemente el libro de Auster en que este trastorno se asemeja más a su forma clínica real) no es un fenómeno aislado; episodios similares cumplen roles preponderantes a lo largo de toda su obra, y su función es la misma: servir de metáfora y vehículo, como faro que marca el camino de la construcción de una nueva identidad.

Despersonalización y conflicto: "El Palacio de la Luna y Leviatán"

Hemos señalado que han existido múltiples intentos por relacionar distintas variantes psicoanalíticas con la narrativa postmoderna, en un esfuerzo por comprender y aprehender este fenómeno. Es posible que la escuela más relacionada con la denominada literatura postmoderna sea la del psicoanálisis relacional. Se ha dicho que ambas confluyen en la idea de la verdad como un constructo relacional, y de la identidad como un proceso cambiante, contingente y en cambio permanente1. El debate es difícil, puesto que tanto el psicoanálisis relacional como el concepto de postmodernismo literario no son entidades inmutables en el tiempo, siendo en si mismas objeto de debate; la controversia, entonces, trasciende aquel breve espacio intermedio para abarcar a las disciplinas propiamente tales.
Como mencionábamos, la obra de Auster no puede ni debe ser entendida desde un punto de vista eminentemente clínico, como si se pudieran sentar los personajes al sillón para develar sus cuadros específicos. El patrón psicopatológico que proponemos como hipótesis abarca a la novela en forma íntegra, y tiene su mayor valor en un sentido metafórico.

Este patrón (que incluye más que las manifestaciones psicopatológicas del stress postraumático, pues existe en un dominio literario y no clínico) abarca dos conceptos recurrentes y opuestos que son la identidad dada (como un fenómeno externo) y la no-identidad, surgida en forma de una crisis personal que lleva a la negación de la identidad previa. Siguiendo una lógica dialéctica, de la integración y superación de estos conceptos se llega a una nueva noción de identidad, la identidad verdadera: para Auster, esta sólo puede ser alcanzada después de un proceso de destrucción (metafórica y real) de los conceptos anteriores. Es aquí en donde los vínculos con la psiquiatría clínica toman más fuerza. Ya hemos dicho que Paul Auster se afirma de muchos conceptos prestados de esta disciplina para exponer sus imágenes e ideas, particularmente en torno a la destrucción de la identidad dada pasivamente, en la cual el trauma juega un rol clave. Pero no sólo el trauma juega un papel: otro fenómeno psicopatológico clave es la despersonalización, un síntoma disociativo frecuentemente asociado al trastorno de stress postraumático.

El DSM IV define la despersonalización como la alteración de la percepción o experiencia de uno mismo, de modo que uno se siente un observador externo del propio cuerpo o de los propios procesos mentales. Puede presentarse como síntoma en diversos trastornos o en forma del Trastorno de Despersonalización, en el cual es el síntoma principal. Como criterios para el diagnóstico este trastorno se requiere también que el sentido de la realidad del individuo permanezca intacto, y que la despersonalización provoque un malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo4.

Si bien el Trastorno por Despersonalización es raro, la despersonalización como síntoma es extremadamente frecuente. Su identificación como un trastorno independiente es tardía9, así como su inclusión en la categoría de los trastornos disociativos. Recientemente ha habido cierta discusión en torno a la real existencia de los trastornos disociativos como una entidad fenomenológica real, y se ha cuestionado su existencia como un constructo multidimensional. Sin embargo, desde los orígenes del término la despersonalización ha sido considerada un trastorno de la experiencia del yo10. Los límites difusos del concepto de la despersonalización y su relación histórica con una aparente negación de la identidad hacen de este síntoma una atractiva herramienta como símbolo de la perdida de identidad que la literatura contemporánea busca. Así, en el universo austeriano, se constituye como un elemento necesario en la relación dialéctica que lleva al establecimiento de una identidad nueva.

"Leviatán" (Anagrama, 1994)11 es una de las obras centrales en la narrativa de Auster. En ella el protagonista es Benjamín Sachs, un escritor y activista político moderado que sufre una caída desde un 5º piso. Previamente a este episodio traumático, Sachs se debate entre su pasión por la literatura y su necesidad de comprometerse políticamente, sintiéndose en parte incapaz de conciliar ambas realidades. Después de esta caída, todo dilema se resuelve: Sachs pasa un mes sin hablar, para luego alejar a su mujer y a sus amigos, abandonar la literatura para siempre y comenzar una vida de fugitivo anónimo y terrorista a través de Norteamérica, destruyendo con bombas hechizas cada una de las replicas de la Estatua de la Libertad que adornan cientos de plazas de pequeños pueblos y grandes ciudades de los Estados Unidos.

En esta novela el trauma (y el trastorno de stress postraumático agudo esbozado) también cumple el rol de motor argumental y metáfora sobre la identidad desde un punto de vista constructivista, al mismo tiempo en que se esboza con mayor claridad otro concepto recurrente en la literatura de Auster: la despersonalización como complemento ineludible del trauma y el stress postraumático en el rol de representar la destrucción del yo.

El episodio de la caída es la escena central en "Leviatán"; es durante ella que Sachs sufre su primer episodio de despersonalización:

"Mientras caía, ya estaba más allá del momento de llegar al suelo (…) cuando choqué con la cuerda de la ropa y aterricé sobre esas toallas y mantas, ya no estaba allí. Había abandonado mi cuerpo y durante una fracción de segundo me vi desaparecer"11.

Un ejemplo similar puede hallarse en "El Palacio de la Luna"12 (Anagrama, 1990). En esta novela el protagonista lleva el curioso nombre de M.S. Fogg, y es un huérfano criado por su tío. La muerte de este, víctima de un infarto cardíaco, golpea tan fuerte al protagonista que lo impulsa a abandonar su carrera en la Universidad de Columbia y lo lleva a caer en un estado de abulia absoluta ("nihilismo elevado al nivel de una proposición estética"). Durante los meses siguientes, el protagonista perderá todo, caerá en la indigencia, incluso dejará de comer y terminará viviendo en Central Park. En todo momento se rehusará concientemente a tomar cualquier acción que cambie el curso natural de las cosas.

En la génesis de todo se ubica nuevamente el trauma, pero acompañando el proceso de deterioro social y personal en que cae el protagonista se percibe una fuerte sensación de despersonalización: en todo momento, M.S. Fogg no se percibe como el responsable de su desgracia, sino más bien como un espectador de ésta:

"Intentaba separarme de mi cuerpo, eludir el dilema fingiendo que no existía (…) Para elevarme por encima de mi circunstancia tenía que convencerme de que yo no era real y el resultado fue que toda la realidad empezó a oscilar ante mí"12.

Otros ejemplos pueden tomarse si se considera el grupo de trastornos disociativos de manera más laxa. En "La noche del Oráculo"13, uno de los libros más recientes de Auster, también es posible encontrar las claves recurrentes del efecto del trauma sobre la identidad, así como de los episodios de despersonalización. En "La Noche del Oráculo" existe una novela contada dentro de la novela (herramienta frecuente de la literatura de Auster); el protagonista de esta novela, Nick Bowen, sufre una experiencia traumática en el momento en que, caminando por una calle de Brooklyn, ve como una antigua estatua de una gárgola se desprende de un edificio y va a estrellarse justo a sus pies. Convencido de que esta estatua debía de haberlo matado, Bowen simplemente toma un taxi y se dirige al aeropuerto. Allí toma el primer vuelo disponible (a Kansas), y, abandonado a su esposa y a su antigua vida, comienza una totalmente nueva, que lo llevará (entre otras cosas) a ser el guardián de un bunker subterráneo que contiene una enorme colección de guías telefónicas de todo el mundo.

Este trastorno suma nuevas características psicopatológicas del área de los trastornos disociativos, remedando en parte a una fuga disociativa. Si bien Bowen recuerda su pasado y su vida anterior, pero persistentemente sus recuerdos son percibidos como ajenos; en todo momento está presente la sensación de haber comenzado a ser otro.

Elementos similares pueden ser detectados en otros libros de Auster; particularmente "La trilogía de Nueva York", "Mr. Vertigo" y "La música del azar". En todos ellos se presenta el trauma como elemento central, junto con una reacción al trauma que incluye episodios de despersonalización y que impulsa al protagonista a cambiar sus objetivos vitales y su manera de relacionarse con otros y de percibirse a sí mismo. El mismo Auster señala al hablar de una experiencia de este tipo sufrida por Quinn, uno de sus personajes en "Ciudad de Cristal":

"…(esta experiencia) es un proceso de despojamiento, hasta llegar a una desnudez en donde tenemos que enfrentarnos con lo que somos. O con lo que no somos, que en definitiva viene a ser la misma cosa"14.

Es este limbo de despojamiento, esta desnudez que conlleva no la transformación súbita de una identidad dada a otra forjada, sino a la aceptación de la identidad como un proceso cambiante y sujeto a la contingencia, lo que está representado en la narrativa de Paul Auster: un espejo en el vacío, en que los personajes y nosotros mismos podemos reflejarnos.

Conclusiones: El Rol de la metáfora

Si bien el concepto de postmodernidad ha sido en general acogido en el mundo intelectual (con mayor o menor euforia), el de literatura postmoderna ha sido frecuentemente discutido, siendo controvertida aún su existencia. Diferencias semánticas se han establecido también entre los términos "postmodernismo" y "postmodernidad". En su artículo sobre literatura postmoderna y psicoanálisis1, Souter cita distintas visiones: para Eagleton, la postmodernidad es un estilo de pensamiento que sospecha de las nociones clásicas de verdad, razón, identidad y objetividad; el postmodernismo, en cambio, es un estilo de cultura ecléctico, pluralista, reflexivo y carente de centro. Otros autores, como Baumann, han negado una dicotomía entre postmodernismo y modernidad, predicando la coexistencia de ambos: "la postmodernidad es la modernidad, que ha admitido la imposibilidad de su proyecto original. La postmodernidad es la modernidad, reconciliada con su propia imposibilidad…"

Esta y otras disquisiciones son las que han llevado a algunos críticos a tildar a la literatura postmoderna como un invento de la academia; Petrovic lanza esta acusación de inexistencia parafraseando una frase de Salman Rushdie:

"…hasta los fantasmas pueden hacerse reales, si uno monta suficientes facultades, si uno escribe suficientes libros y asigna suficientes estudiantes de investigación (…) No existe en el sentido de que los escritores no la escriben, pero ese es un asunto de menor importancia"15.

En un espíritu similar, Umberto Eco lanza una acusación tal vez más feroz: este tipo de cogito interruptus (el que Petrovic atribuye a los inventores de la literatura postmoderna) sólo puede tener como objetivo el hacer perder al lector la capacidad de distinguir fenómenos.16 Sin embargo, manteniendo el espíritu de la afirmación de Umberto Eco, creemos que (al menos desde un punto de vista psicopatológico) efectivamente existe un fenómeno del que es necesario dar cuenta: la dispersión y fragmentación que ha asumido el tema del desarrollo de la identidad en la literatura contemporánea. Sólo reconociendo este fenómeno y por tanto nombrándolo es que el análisis puede ser fructífero.

Volviendo entonces a la definición de Eagleton, si la postmodernidad sospecha de los valores clásicos de verdad y objetividad, cabe preguntarse cuales son los conceptos que propone en cambio. En comunión con los pensadores postmodernos, Auster parece plantear la identidad como un proceso dinámico, cambiante y contingente. De mayor interés es, sin embargo, la segunda acepción que da Eagleton, la del postmodernismo como un estilo de cultura: es aquí donde la de la literatura de Auster y de otros escritores postmodernos puede entregarnos luces sobre el espíritu de la época.

El análisis intuitivo de cómo la literatura traduce (e influye) la mentalidad postmoderna está más allá de los horizontes de este artículo, pero debe entenderse que la literatura no puede ni debe fabricarse con verdades explícitas; todo un libro puede ser interpretado como una gran metáfora, que actúa como una conexión entre algo que sabemos o creemos que conocer, y algo que es difícil de entender. El asunto cobra más importancia si se comprende que estas metáforas pueden ser generativas: lo familiar ilumina lo desconocido, pero al mismo tiempo es capaz de producir un cambio en el contexto mismo en que se desarrolla17. Y ese es el trasfondo sobre el cual la literatura postmoderna se está escribiendo e interpretando. Si bien, como decíamos, no puede sentarse a un personaje en un sillón como si fuera un paciente, si puede ser de alguna utilidad pedirle a un libro que tome asiento. -

Cabe recordar que la metáfora en psiquiatría ha tenido un campo de utilización más directa, incluso en el campo de los fenómenos disociativos, como señala Way18:

"Para víctimas de trauma, particularmente de trauma interpersonal (el más propenso a causar síntomas disociativos severos) las metáforas pueden decir lo indecible, pueden abrir brechas en la memoria, o permitir la expresión cuando el discurso ha sido directa o indirectamente prohibido".

Y si bien la autora habla de la metáfora en un contexto clínico, esto no es menos cierto para la literatura. El concepto esencial es el mismo; en un dominio literario Alessandro Baricco lo ha expresado de la siguiente manera:"Cuando no podemos decir algo, contamos una historia. Así ha sido siempre. Desde hace siglos"19.

 

REFERENCIAS

1. Souter K T. The products of the imagination: psychoanalytic theory and postmodern literary criticism. Am J Psychoanal 2000; 60 (4): 341-59.         [ Links ]

2. Figueroa G. Hamlet's Mental Disorder: a Dialogue with H. Tellenbach. Rev Chil Neuro-psiquiatr 2000; 38 (2): 72-83.         [ Links ]

3. American Psychiatric Association: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, ed 3. Washington, DC, American Psychiatric Press, 1980.         [ Links ]

4. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statical Manual of Mental Disorder. 4th ed. American Psychiatric Press. Washington, DC. 1994.         [ Links ]

5. Carbonell M C G, Carvajal A C. El trastorno por estrés postraumático: una consecuencia de los asaltos. Rev Méd Chile 2004; 132 (7): 832-8.         [ Links ]

6. Auster P. El libro de las Ilusiones. Barcelona: Editorial Anagrama, 2003.         [ Links ]

7. Gullestad S E. Who is 'who' in dissociation?: A plea for psychodynamics in a time of trauma. Int J Psychoanal 2005; 86: 639-56.         [ Links ]

8. Auster P. Mr vertigo. Barcelona: Editorial Anagrama, 1994.         [ Links ]

9. Berrios G E, Sierra M. Depersonalization: a conceptual history. Hist Psychiatry 1997; 8 (30 Pt 2): 213-29.         [ Links ]

10. González Calvo J M, Rejon Altable C. Estrangement in psychopathology: depersonalization, derealization, disorders of the self? Actas Esp Psiquiatr 2002; 30 (6): 382-91.         [ Links ]

11. Auster P. Leviatán. Barcelona: Editorial Anagrama, 1993.         [ Links ]

12. Auster P. El Palacio de la Luna. Barcelona: Editorial Anagrama, 1990.         [ Links ]

13. Auster P. La noche del Oráculo. Barcelona: Editorial Anagrama, 2004.         [ Links ]

14. Auster P. Experimentos con la verdad. Barcelona: Editorial Anagrama, 2000.         [ Links ]

15. Petrovic L. Postmodern literatura does not exists. Linguistics and Literature 2002; 9 (2): 281-301         [ Links ]

16. Eco U. Travels in Hyperreality, Picador, 1987, 231.         [ Links ]

17. Maasen S, Weingart P. Metaphors and the dynamics of knowledge. Nueva York: Routledge; 2000.         [ Links ]

18. Way K G. How metaphors shape the concept and treatment of dissociation. Psychiatr Clin North Am 2006; 29 (1): 27-43, vii-viii.         [ Links ]

19. Baricco A. Seda. Barcelona: Editorial Anagrama, 1996.         [ Links ]

 

Correspondencia:
Carlos Bennett C.
E-mail:

Recibido: 23 de marzo de 2006
Aceptado: 7 de diciembre de 2006

 

Creative Commons License All the contents of this journal, except where otherwise noted, is licensed under a Creative Commons Attribution License