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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.44 n.1 Santiago mar. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272006000100012 

Rev Chil Neuro-Psiquiat 2006; 44(1): 63-70

CRÓNICA

 

Nombramiento del Profesor Mario Gomberoff Jodorkovsky "Maestro de la Psiquiatría Chilena"
Jueves 17 de Noviembre 2005
60º Congreso Anual de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía

 

Juan Maass1, Juan Francisco Jordán2, Sonia Tardito3 y Jorge Vega4

1 Psiquiatra y Secretario General, Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía
2 Psiquiatra y Psicoanalista
3 Psiquiatra y Subdirectora del Instituto José Horwitz Barak
4 Psiquiatra y Experto en Salud Mental


 

Autoridades, estimados colegas, queridos socios:

La Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía me ha encomendado la honrosa tarea de presentar hoy, aquí en Pucón, al Dr. Mario Gomberoff Jodorkovsky como el nuevo Maestro de la Psiquiatría Chilena.

Antes de dar inicio a este "Laudatio" creo conveniente señalar que la vastedad y diversidad de intereses y actividades desarrolladas por el Dr. Gomberoff durante su exitosa carrera sólo permiten exponer en estos minutos un breve resumen de los principales hitos de su brillante biografía.

Esta diversidad me ha exigido integrar otras miradas, representativas de facetas importantes en la vida del Dr. Gomberoff. Como verán la Dra. Sonia Tardito y el Dr. Juan Francisco Jordán, contribuyeron junto al Dr. Jorge Vega en ampliar esta presentación.

Sus Orígenes

Mario Gomberoff cree que proviene de la tribu de los "Jázaros", rusos caucásicos, diferentes fenotípicamente a los judíos clásicos. Se dice que en la Edad Media, los "Jázaros", no tenían religión, por lo que en una convención decidieron adoptar la religión judía. A fines del siglo antepasado, en Europa se realizaban con inquietante frecuencia "pogroms", nombre dado a las matanzas de judíos por odios étnicos y religiosos. Muchos judíos migraron a Latinoamérica y especialmente a Argentina, transformándose algunos en improvisados campesinos en la provincia de Entrerrios, desde donde la mayoría emigró a Buenos Aires.

Ese fue, creemos, el camino que siguió, evitando la policía secreta del Zar,"María la Roja", abuela materna de Mario Gomberoff, que conoció a su futuro marido en la travesía en barco desde Europa a Argentina. Afincados un período en esas latitudes, la familia decide trasladarse a Chile. Instalados en Valparaíso, el papá del Dr. Gomberoff fue condiscípulo, en el Liceo y luego en la Escuela de Medicina, de un descollante dirigente social y político chileno: el Dr. Salvador Allende Gossens.

Los abuelos y sus hijos se radicaron finalmente en Santiago donde se dedicaron laboriosamente a instalar pequeñas industrias, siendo una de ellas "Yale Schirt" de camisas, en el Centro y otra la "Magotex", de tejidos, en la calle Ejército. Su padre se inclinó tempranamente por el estudio de la medicina, pero el prestigioso Dr. Juan Noé le impidió este camino y "lo rajó", recomendándole ¡lo suyo es la ley...! al dejarlo fuera de carrera.

Mario Gomberoff Jodorkovsky nació en Ñuñoa el 16 de Diciembre de 1936. Hijo del Abogado Sr. León Gomberoff y de la Sra. Frida Jodorkovsky. Su padre participó activamente en el Movimiento Sionista; lo recuerda entre los años 1940 y 1942 muy preocupado por la situación judía durante la Segunda Guerra Mundial, escuchando por radio los avances de las tropas de Hitler en Europa y diseñando un mapa del estado de las cosas. Se temía lo peor. Llegó a ser Presidente de la Federación Sionista Chilena, movimiento político judío que abogaba por Sion (Estado de Israel).

Los pasos en el mundo social y político de Mario Gomberoff se expresan en un significativo primer acto cívico. Se desarrolló en la "Rambla de Cartagena" a sus 3 años de edad, cuando, mientras paseaba con sus padres, reconoció frente a ellos al Presidente de la República Pedro Aguirre Cerda, a quien -adelantándose a su familia- extendió los brazos diciéndole "Sr. Presidente".

A sus 6 años fallece su abuela paterna. Vista tiempo antes por un famoso neuropsiquiatra de la época, recomendó a la familia entender el problema como un cuadro conversivo. Sin embargo se conoció, post morten que la causa de su deceso fue un tumor cerebral. Hecho significativo, que con seguridad influyó en la mirada integral de su enfoque clínico que muchos aprendimos.

Ya en el Liceo y en la época en que cursaba humanidades, se motivó para ingresar al Movimiento Sionista, Movimiento que acunaba entre sus filas diversas corrientes. Mario Gomberoff eligió la más radical, conocida como Hachomer Hatzair (Guardian joven), cuyos principios marxistas le permitían en un ambiente de adolescentes, mixto, plantearse la utopía de un Pueblo Judío proletarizado en un Kibutz. La proletarización de estos jóvenes normalizaría la pirámide social del pueblo judío transformándose en la capa obrera y campesina, base que no existía. Después de eso se efectuaría la verdadera lucha de clases. Estos proletarios de la base alcanzarían la cúspide del poder y normalizarían la convivencia humana postulando un Estado Binacional con el pueblo Palestino.

El alto compromiso con esta causa llevó al grupo entre los años 1949 y 1951 plantearse la posibilidad de llevar a la praxis estas ideas, preparándose para partir a Israel (Harían Ali). Mario Gomberoff sorpresivamente les planteó que si bien estaba dispuesto, quería irse con el grupo siendo médico, idea que fue discutida y aceptada, pero que lo obligaría a separarse de entrañables amigos, que partían de inmediato, llenos de idealismo a los nacientes Kibutzim. Mario Gomberoff se quedó sólo y culposo en Santiago y otros rumbos le llevarían a abandonar este grupo al salir del Liceo.

La realidad de los judíos en la Unión Soviética de Stalin, donde fueron amenazados y exterminados culturalmente produjo en Gomberoff un importante cambio en sus ideas. Mientras muchos de sus viejos camaradas continuaron en los Kibutz, y aún hoy de vez en cuando suelen verse y recordar ese período, Gomberoff ingresó a Medicina, donde vuelve a incursionar en el campo político estudiantil, incorporándose al CUJ, Grupo Universitario Judío. Otro militante de esta causa fue el destacado psicoanalista Dr. Otto Kernberg.

La Vida Universitaria

El Dr. Mario Gomberoff ingresó a la Universidad de Chile, casa de estudio que por motivos administrativos entregaba los puntajes después de la Universidad Católica, donde permaneció brevemente. Allí _sorprendentemente- lo aceptaron a pesar de que en la entrevista de ingreso se declaró partidario del aborto y del divorcio. Pero es la Universidad de Chile la que lo acompañará en el resto de su brillante carrera y donde posteriormente llegó a ser Profesor Titular.

Durante sus primeros años de medicina, siendo dirigente del CUJ, se siente obligado por segunda vez a involucrarse en una causa judía de ultramar. Se trata de una de las tantas guerras de Israel contra los árabes, guerra donde se requería de "voluntarios". Su inscripción sin embargo se vio frustrada por la rápida acción bélica, que hizo innecesaria la presencia de estos jóvenes voluntarios. Fue quizá la primera guerra imperialista en que se involucró Israel, sus aliados fueron Inglaterra y Francia y quizá por lo mismo la sensación de no participar, fue más grata que agria, aparte de las obvias consideraciones contrarias a cualquier guerra.

Siendo estudiante de 3º y 4º de Medicina en el Hospital San Juan de Dios, sus intereses derivaron hacia la actuación teatral, llegando a desarrollar giras a través del País. Una de ellas, memorable, fue la realizada al Sur, a Valdivia, donde los entonces estudiantes de medicina Gomberoff y Enrique París, en una gloriosa temporada estival, no sólo llenaron el Teatro local, sino incluso ganaron dinero suficiente para invitar a los integrantes de la Escuela de Temporada y a las autoridades de la Ciudad a una fiesta a "todo dar" en el mejor Hotel, gracias a la decisión del tesorero París. A tanto llegó el interés por la actuación, que confiesa haber tenido dudas vocacionales serias, entre el Teatro y la Medicina.

Se podría decir que el curso de Medicina de Mario Gomberoff fue un fenómeno vocacional para la psiquiatría. Se distingue entre esos alumnos a 17 psiquiatras, algunos ya honoríficos Maestros de la Psiquiatría como Rafael Parada y Otto Dörr. También encontramos al prematuramente desaparecido Enrique París, a Hernán Montenegro, Fanny Pollarolo, Carlos Almonte, Martín Cordero, Julio Sepúlveda, Beltrán Elgart, Ximena Hiriart, Etty Hernández, Ruth Obrecht, Maren Ulriksen, Isaac Perera, Jaime Stifel, Eva Reichenstein.

Al terminar su carrera postuló a la misma Universidad de Chile iniciando su contrato sin beca formal de psiquiatría, en la cátedra del profesor Matte. En ese período no estaban bien estructurados los post grados en psiquiatría y Gomberoff no perdió su tiempo en las tierras fértiles de Matte Blanco y al año ya era profesor encargado de curso de psiquiatría, absorbiendo con sana voracidad la sustancia académica que le proporcionaba la cátedra de este insigne Profesor.

Tiene de un primer matrimonio, su hijo, Eduardo Gómberoff Soltanovich hoy de 42 años. Psicólogo. Director de una Escuela de Psicología. Se casa más adelante con Liliana Pualuan de ancestros drusos libaneses, suecos y alemanes, con quién tiene 2 hijos, León Ariel. Psicólogo, actualmente haciendo un doctorado en París. El menor de ellos Rodrigo Emilio, músico y librero.

Entretanto Mario Gómberoff se transformaba en el último discípulo de Ignacio Matte. Vientos de cambio sacudían la psiquiatría nacional, antes de la Reforma Universitaria. Destacan entre sus compañeros de trabajo en la Clínica Universitaria renombrados profesionales de la psiquiatría nacional como los Drs. Julio Dittborn, Brenio Onetto, Guido Solari, Fernando Oyarzún, Anibal Varela, Max Letelier, Juan Marconi, Claude Leclerc, Lola Hoffmann, Mario Palestini, Vilma Armengol, Leonardo Muñoz, Sergio Gaete, Adriana Schnacke, Raúl Vicencio, Sergio Rodríguez, Francisco Barilari, Inés Marchese, Sonia Abovich.

Muchos de ellos, anteriormente, influidos por el psicoanálisis y las corrientes dinámicas del profesor Ignacio Matte, se psicoanalizan con el mismo Matte. Gómberoff se enfrenta a una importante etapa de su vida, que es el encausar su futuro profesional hacia esta corriente. Disputas internas y el complejo mundo de la Universidad en período de prerreforma favorecen la progresiva dispersión del grupo.

Entretanto un líder emergente, desde muchísimos años antes el Dr. Armando Roa, reemplaza a Matte, que se va a Italia. La Reforma Universitaria está ad portas.

El psicoanálisis
Dr. Juan Francisco Jordán

Es un verdadero privilegio poder estar hoy presente y decir unas palabras en homenaje a un nuevo Maestro de la Psiquiatría y el Psicoanálisis Chileno.

Maestro es el que enseña y Mario ha sido tal para varias generaciones de analistas entre los cuales por supuesto me incluyo orgulloso. Pero ¿qué es lo que nos ha enseñado Mario a los psicoanalistas? La respuesta simple surge inmediatamente: nos ha enseñado el psicoanálisis. Esta respuesta, sin embargo, se hace más compleja cuando comprobamos que, a más de 100 años del invento de Freud, hoy no existe un solo psicoanálisis. Por de pronto no existe una sola versión teórica del psicoanálisis y, lo que a mi juicio es más importante, no existe una consenso entre los psicoanalistas acerca del lugar que ocupa y el servicio que brindan la teoría y la práctica del psicoanálisis en la comunidad en la cual se encuentra inserto.

Pero antes de continuar con su enseñanza es necesario que les hable de su vocación, aquella que sustenta sus empeños de maestro. La vocación es un llamado y Mario es de aquellos privilegiados que escucharon el llamado muy tempranamente. Estudio Medicina con el objetivo de formarse como psicoanalista. En quinto año de Medicina ya se encontraba comprometido en la organización del Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis que se llevo a cabo en Chile en 1959 tiempo que muchos describen como la época de oro del psicoanálisis en Chile. Creo que la vocación psicoanalítica de Mario constituye un todo coherente con su particular inteligencia y manera de pensar, esto es, un pensamiento crudamente realista y capaz de iluminar aquello que a posteriori, una vez ya visto, parece como obvio y pleno de sentido común.

Creo que la maestría de Mario se refleja especialmente en su capacidad para ayudar a quienes se arriman a escucharlo a descubrir la propia vocación, escuchar el propio llamado, aquello que al modo de una invocación provoca a sostener una meta en la acción comprometida con la realidad, meta, que al comienzo, sólo se vislumbra tenuemente en la penumbra de los deseos.

Esta vocación es la que sustenta entonces el llamado a ejercer y a aprender un psicoanálisis que no se agota en las cuatro paredes del consultorio. Mario ha mantenido en la transmisión de su enseñanza lo mejor de la tradición del psicoanálisis chileno. Aquel psicoanálisis que floreció en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile bajo la dirección de Ignacio Matte. Un psicoanálisis inserto en lo universitario, abierto a explorar sus aplicaciones para insertarlo en la labor asistencial de los hospitales y consultorios, abierto a explorar, fertilizar y fertilizarse con sus fronteras, con las disciplinas afines, la psiquiatría, la neurociencia, la psicofarmacología, la filosofía.

Es un mérito de Mario haberse mantenido fiel al legado de los orígenes del psicoanálisis en Chile cuando la consigna de la mayoría de los analistas fue: a los consultorios a hacer el verdadero psicoanálisis, siguiendo el modelo argentino de aquellos años. De este modo para el psicoanálisis en Chile ha sido de suma importancia la función que ha cumplido Mario de establecer una continuidad entre los fundadores del psicoanálisis, muchos de quienes además emigraron fuera de Chile, y la generaciones actuales que se están formando tanto aquellas de la Asociación Psicoanalítica Chilena como así también en los ámbitos de la enseñaza en la Universidad y en el de la atención hospitalaria en donde gracias a sus empeños de profesor se ha sostenido plenamente vigente la Psiquiatría Dinámica. Debe destacarse en este aspecto que Mario ha sido editor, junto al Dr. Juan Pablo Jiménez, del único libro de Psiquiatría Dinámica editado en Chile.

Es innegable que el Psicoanálisis en Chile rebasó hace mucho los límites de la Asociación Psicoanalítica Chilena y en este desarrollo el aporte de Mario ha sido capital. Ha sido Presidente de la APCh además de haber ocupado varios cargos en diversos directorios durante los últimos 15 años. Un aporte central en términos institucionales de este maestro ha sido el cuestionar permanentemente los aspectos autoritarios y castradores de la formación de los psicoanalistas en la Institución. Sin embargo, esto mismo ha constituido motivo de conflicto con la institución psicoanalítica.

Son muchos los escritos de Mario acerca de la institución psicoanalítica y las propuestas que en ellos ha hecho para democratizarla intentando acercar la formación al ideal universitario del pluralismo y la argumentación como modo de resolver las controversias entre los diversos puntos de vista teóricos y técnicos que constituyen hoy en día la diversidad de lo que llamamos psicoanálisis. Como decía esta propuesta no ha podido más que generar conflictos con una institucionalidad que se resiste, a veces más a veces menos, y a veces enconadamente, a aceptar plenamente convivir con los nuevos tiempos del psicoanálisis en los cuales, por ejemplo, ya no solo existen los psicoanalistas que se forman en la Asociación Psicoanalítica Chilena.

Finalmente, quiero resaltar que de un Maestro no solo se aprende la particular disciplina que este transmite sino que la enseñanza se encuentra inscrita en un marco más amplio que tiene que ver con el traspaso de ciertos valores fundamentales en los que se basa las convivencia humana y que provee el fundamento de una práctica profesional tan delicada como el psicoanálisis en la cual de lo que se trata es de convivir con oto ser humano sesión tras sesión en la búsqueda de aquella comprensión de la particular manera en que se organiza la subjetividad del analizando y que le provoca sufrimiento a el y a los demás. Uno de estos valores fundamentales transmitidos por Mario ha sido el de la democracia, en especial su permanente insistencia que uno de sus aspectos esenciales es el respeto de los derechos de las minorías. Es evidente que los derechos de los pacientes se inscriben en este aspecto esencial de la democracia.

Solo me resta decir en nombre de mis colegas analistas: Gracias Dr. Gomberoff.

La Reforma y El Proyecto Docente
Dr. Juan Maass

Las Cátedras se transforman en Departamentos; el Dr. Leonardo Muñoz dirigía el "Consejo del Departamento de Psiquiatría" integrado por los Drs. Mario Sepúlveda, Mario Zurita, Mario Gómberoff, Mario Poblete, Mario Palestini, Mario Vidal y Mario Fliman.

El Dr. Davanzo y el Dr. Mario Gomberoff se trasladan desde la Clínica Psiquiátrica al Hospital El Salvador. Cuando Gomberoff dirigía este naciente grupo se funda, el primer Servicio de Psiquiatría en un Hospital General, en momentos en que no existía aún suficiente interés público en dejar de lado los Hospitales Psiquiátricos.

En un momento difícil, el Dr. Armando Roa fue nombrado Director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, cuando el equipo docente estaba constituido por los Drs. Max Letelier, Rafael Parada, Otto Dörr y Guillermo Sura entre otros y un grupo de jóvenes psiquiatras en formación, los Drs Juan Pablo Jiménez, Juan Francisco Jordán, Patricio Olivos, Nils Biederman, Gloria Silva y Rodrigo Maturana. El grupo renuncia y el recientemente nombrado Jefe del Departamento Oriente de Psiquiatría, Mario Gomberoff les pide no abandonar al servicio público y les ofrece traslado.

El Dr. Montenegro, a la sazón Encargado de Salud Mental en el MINSAL, y luego de muchas gestiones, les da cargos en el Hospital El Salvador, en el recién fundado Servicio de Psiquiatría, donde se trasladan, constituyendo uno de los grupos psiquiátricos más importantes de Santiago.

El grupo se organiza y genera un proyecto docente asistencial con dos campos: el Hospital Psiquiátrico, con nuevos becados y docentes a cargo del Dr. Rafael Parada, Director de ese abandonado establecimiento después del Golpe Militar y el segundo, el Dr. Davanzo en el Servicio de Psiquiatría del Hospital El Salvador, mientras Mario Gómberoff, en plena dictadura, constituye el célebre proyecto docente asistencial del Servicio "B" del Hospital Psiquiátrico, donde radicaba la Jefatura del Departamento Oriente, creado previamente y del cual fue su primer Director.

En la última década Mario Gomberoff ha superado tres serias enfermedades sin desalentar. Recuerda que al recibirse de médico tuvo su primera experiencia de desánimo. Creemos que la segunda fue cuando, luego de establecer las raíces del proyecto docente asistencial que encabezaba, perdió la Dirección del Departamento Oriente de Psiquiatría en 1981.

El Docente
Dra. Sonia Tardito

Segunda mitad de los setentas; quiebres y profundos cambios que remecen al país…también afectan al ambiente universitario. La línea histórica de formación de psiquiatras ha estado tambaleando y trastabillando. Las instancias de relación y comunicación entre los especialistas se han distanciado. El contacto y el intercambio activo de conocimiento, opiniones y posiciones han disminuido.

El Departamento de Psiquiatría del Hospital Salvador tiene sus becas ocupadas por egresados de la sede oriente de Medicina. Nosotros, un grupo de médicos de la sede Norte, siguiendo a nuestros emigrados ex profesores, buscamos un puerto donde llegar y formarnos. El grupo del Hospital Salvador, con el Dr. Mario Gomberoff a la cabeza, accede a acogernos y nos incorpora al programa de formación de los becados formales.

A los docentes de ese entonces, Rafael Parada, Hernán Davanzo, Luis Gomberoff y Guillermo Sura, se agrega al poco tiempo Ramón Florenzano.

Para los temerosos becados de esa época, Mario estaba rodeado de un halo que a algunos activaba inseguridades y ansiedades. De alguna manera gatillaba las fantasías que el imaginario colectivo atribuye a los psiquiatras, y más aún a los psicoanalistas:

"….me va a pillar al tiro los puntos más débiles….",

"…se va a dar cuenta de los conflictos no resueltos con mis padres…."

"…seguro que apenas me mire sabrá que tengo dudas en mi relación de pareja y, peor aún, las va a relacionar con algún aspecto sumergido en mi inconciente, que ni siquiera yo sé que existe…"

O sea, ¡Casi una experiencia de transparencia psíquica! Desde esta perspectiva, cargada con algo de adolescencia tardía, propia de los recién egresados, tomar una supervisión individual con él, posibilidad que ofrecía la formación, era visto casi como enfrentar alguna de las pruebas de Hércules.

Sin embargo, una vez abordado el desafío se desplegaba la realidad profundamente enriquecedora que representaba esa oportunidad. Se aprendía de los psicodinamismos de los o las pacientes, y también se revisaban las angustias y sufrimientos que ellos pueden provocar , así que efectivamente había que enfrentar los propios puntos débiles, lo cual podía ser doloroso. En ocasiones surgía entonces la veta paternal apoyadora del Profesor Gomberoff, quien ofrecía una pastilla Cri-Cri, que sacaba de su bolsillo.

A poco andar, el campo clínico que ofrecía el Hospital Salvador se hizo un poco estrecho, ampliándose éste hacia algunas unidades del entonces Hospital Psiquiátrico.

Mario Gomberoff se traslada allá, como jefe del Departamento de Psiquiatría Oriente, junto con otros profesores, asumiendo a la vez como Jefe del Servicio B de esa institución. Desde esa época hasta la actualidad, la relación entre estos dos centros formadores ha vivido una fluctuación en sus distanciamientos y acercamientos.

En 1979, el equipo docente determina que 4 de las becas universitarias de la sede Oriente, se realicen íntegramente en el Psiquiátrico.

De ahí en adelante se marca su trayectoria ligada a esa Institución, actualmente Instituto Psiquiátrico, con una fuerte presencia en los dos ámbitos: en el académico, como Profesor Universitario de la U. de Chile, dirigiendo activamente los programas de formación, defendiendo permanentemente la condición del Psiquiátrico como centro formador, realizando supervisiones, ahora grupales, e instaurando el seminario de "Introducción al Psicoanálisis", que actualmente ya es conocido por los futuros psiquiatras desde antes de iniciar la beca. Y como Psiquiatra que asume funciones directivas en el Sistema Público de Salud, primero como Jefe de Servicio Clínico, el Servicio B, cargo ganado una vez que salió a concurso y posteriormente como Subdirector Médico, tarea que ejerció hasta su jubilación.

Desde fines de los setenta han pasado muchas aguas bajo el puente de la Psiquiatría, algunas calmas, otras más movidas, especialmente en el ámbito del Sistema Público. Mario Gomberoff siempre ha estado allí: opinando, rebatiendo, proponiendo, conduciendo… marcando huella.

Memorables son los primeros consejos técnicos del Servicio "B" en la antigua oficina instalada dentro del Sector 1, previo a su refacción obligada, debido a que empezaron a filtrar aguas de dudosa procedencia desde el Sector del 2º piso. Pasaban los años y la refacción no llegaba… los líquidos "percolados" pasaron a ser parte del entorno habitual. Mario, imperturbable usaba esta situación para plantear metáforas sobre aspectos del funcionamiento hospitalario, que implícitamente se sentía que eran extensivas a la realidad existente más allá de los muros institucionales, estimulando la reflexión y el análisis, así como asumir posiciones al respecto. Él, partidario de permanecer a pesar de precariedades diversas, predicaba con el ejemplo.

Sus intervenciones siempre han instado a tomar conciencia de la responsabilidad involucradas en las acciones: desde aquéllas pertenecientes a un rol más individual como terapeuta, hasta las de un impacto más grupal, como el de jefe de alguna Unidad.

Desde 1980 hasta la fecha actual se han formado aproximadamente 166 becados en el Instituto Psiquiátrico, los que han recibido, entre otras influencias, la impronta de su mirada psicoanalítica cuestionadora de lo aparente; mirada que con frecuencia tiene el dejo de un humor irónico que puede llegar a ser cáustico, si la circunstancia lo amerita; pero que también aporta profundidad y encamina en el aprendizaje de leer entre líneas.

Psiquiatras que estuvieron bajo su formación, algunos de vasta trayectoria, así como otros que recién inician su camino como especialistas, agradecen las herramientas técnicas que el Profesor Gomberoff les entregó en su oportunidad. Me sumo a ellos.

Al consultar a diversos ex becados y becadas sobre el legado que representa, surgen ciertas constantes:

- Su gran capacidad para hacer claridad y comunicar en forma simple la comprensión del ser humano desde una teoría como la psicoanalítica, abriendo la compuerta para la introducción a un cuerpo conceptual que en los primeros acercamientos puede resultar complejo, difícil o incluso hermético.

- Su posición, como psicoanalista que opta por permanecer en el Servicio Público, poniendo la teoría al servicio de la población más desprotegida.

- El estilo muy directo con el que a veces plantea aspectos de la realidad, estilo que puede ser sentido como duro, pero que a muchos ha servido para evitar quedar entrampados en alguna tentadora y blanda autoindulgencia, así como para frenar cualquier peligroso amago de narcisismo.

- Su consistencia; si plantea un límite, lo sostiene a través del tiempo.

Aquí surge una reflexión respecto a las dos características recién mencionadas: traen a la memoria el planteamiento de Levy-Strauss, en el sentido de que el hombre necesitó un tabú, una prohibición o Ley básica que pusiera un límite al devenir natural, para que pudiera surgir la cultura, manifestación esencialmente humana que nos diferenciaría del resto del mundo animal. Se puede plantear del mismo modo, que en la vida individual, en el quehacer cotidiano, el límite y la confrontación con la realidad permiten la reflexión, el desarrollo del mundo interno y por lo tanto, seguramente un mejor despliegue del potencial de cada uno.

Recientemente asistí de polizón a una sesión del seminario que Mario aún hasta la fecha actual dicta para los becados.

El "Prof", mediante figuras amebiformes representaba los yoes con y sin vacíos autistas. Recordé las primeras exposiciones que tuve la oportunidad de escucharle, quedando algunos hechos en relieve: los contenidos han evolucionado y se han complejizado, la infraestructura también: del dibujo hecho con tiza a veces chirriante sobre un negro pizarrón, ahora las figuras se proyectaban elegante y limpiamente mediante un data show; finalmente lo que sí permanece y pareció más significativo:

- La patente concentración, entusiasmo y motivación de los asistentes, así como la brillante claridad y el genuino interés del expositor pusieron de evidencia que hay Profesor Mario Gomberoff para rato.

- Finalmente, también he sabido que los dulces cri-cri de los '80 han evolucionado pasando por maní y quequitos nacionales de diversa índole, hasta llegar a finos alfajores argentinos.

A Modo de Síntesis
Dr. Juan Maass

Político de la psiquiatría, de humor irónico, controversial, y caústico; severo y exigente en el espacio docente; afectuoso y cálido en el mundo privado, nunca de consenso. Admirado por su lucidez. Gomberoff el Maestro, el académico, el analista.

Recopilando algo de lo que aquí se ha dicho, Mario Gomberoff nunca dejó de trabajar en el sistema Público de Salud, entregándose por completo a la docencia de sus alumnos y a los pacientes. Prueba de ello son sus largos años de trabajo clínico en el Hospital Psiquiátrico, a la postre, Instituto Psiquiátrico Dr. José Horvitz Barak, junto a los pacientes pobres, humildes y psicóticos y siempre rodeado de estudiantes de pre o post grado. Así crecieron bajo su alero, connotados colegas que hoy ocupan importantes cargos en la psiquiatría nacional. Así fue también como muchos psiquiatras conocimos de cerca las bondades de la aproximación dinámica de la psiquiatría, de la importancia de la relación médico paciente, de las ventajas del examen clínico riguroso y del contacto con la medicina y psicología.

Son estas cualidades las que nos llevan hoy a entregar esta distinción para quién solicito entonces un merecido aplauso.

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